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lunes, 16 de octubre de 2023

Bajo el Perpetuo Socorro de María

 La mano de Dios y el poder de la oración se nos hacen presentes en lo pequeño y en lo grande. Podemos verlo o no, podemos ser conscientes o no pero el poder de la oración, la mano de Dios y el Perpetuo Socorro de María nos acompañan siempre de manera tan gratuita e incansable como la acción de nuestros Ángeles de la Guarda individuales y personales. Estamos permanentemente bajo la atenta mirada del Todomisericordioso

Este fin de semana mi hija mayor estaba disfrutando en el campo con un amplio grupo de amigos, jóvenes sensatos, formados e íntegros; todos ellos. Celebraban el 18 cumpleaños de quien, junto a sus padres, los acogía. Una chica que es una hija más para nosotros, "la número 3".

María y yo acabábamos de llegar a casa tras la misa de una y aperitivo. Mientras comenzaba a preparar la comida consulté el móvil y vi que tenía una llamada perdida, la devolví y al otro lado del teléfono, la madre de "número 3" me comunicó rota de dolor y preocupación que varios de los chicos habían sufrido un accidente conduciendo dentro de la finca; nos quiso tranquilizar, pude hablar con Toya y, tras descargar a nuestra amiga de lo que era sin dudas una responsabilidad inexistente nos pusimos en marcha camino de un hospital de Albacete.

Recé y llamamos a unos contraparientes del lugar quienes de manera inmediata pusieron todo su corazón, esfuerzo, contactos y presencia al servicio de unos desconocidos que son los amigos de Toya, tanto como de mi propia hija. Iban acutando y nos iban tranquilizando y nosotros procuramos ir retransmitiendo la información que nos daban. Impagable su gran corazón. Dolores, Manuela y Pedro. Simplemente esos nombres que ayer se acercaron a un lugar preferente en la Mesa del Padre cuando llegue el momento. No tengo palabras suficientes para tanto agradecimiento. Más allá de un sentimiento de familia fueron un bálsamo también para todos los demás.

Llegar y abrazar al padre comprendiendo, poniéndome en su lugar. Gracias a Dios, pronto pudimos comprobar que todos movían los miembros y estaban razonablemente bien para lo que podía haber sucedido. Hoy sólo quedan dos ingresados un chico y una chica; rezad por los dos. Preservo nombres, que son lo de menos. Su intimidad es suya. Pero mío el orgullo infinito que sentí cuando nos dejaron entrar a verlos; orgullo por todos ellos. No pude sino íntimamente dar gracias a Dios. La imagen era impactante por la unión, el cariño y la serenidad que mostraba de esas grandes personas. Lo de ayer, sea lo que sea lo que depare el futuro a cada uno de ellos, sean cuales sean sus caminos en la Vida, fue la expresión patente de que los amigos de verdad son la familia que uno elige.

Cuando llegaron las primeras personas a auxiliarles, según me contaron con todo lujo de detalles, se encontraron un silencio sobrecogedor, roto por los sonidos de las quejas de algunos esparcidos por el suelo, uno de ellos atrapado bajo el vehículo y todos rezando. Sí, rezando. Jóvenes de 18 años. Los chicos afanándose para levantar el coche y tratar de aliviar a quien estaba atrapado. Rezando. Creo que es importante decir que este tipo de juventud existe. No es un cuento. Y no son pocos; son legión aunque no hagan el ruido estridente con que nos ensordece el Mal. Me mostraron fotos.....sin comentarios..... Cuando las ví, de manera instantánea recordé que cada día -también ayer-, antes de ir a trabajar, cuando salgo de paseo con el perro a las 7 de la mañana rosario en mano, dentro de mi retahíla de encomiendas siempre, siempre, están los amigos de mis hijas. Recordé que a cada una le acompaña siempre una reliquia de San Gerardo CSsR (hoy, 16 de octubre es su Festividad litúrgica). Recordé que era Santa Teresa de Ávila, la Santa de cabecera de San Alfonso Mª de Ligorio. Recordé que, como archicofrades, siempre están amparadas por el Perpetuo Socorro de María. Pensé en el ajetreo del Ángel de la Guarda de cada uno de ellos. Pensé en los padres, en ellos rezando en ese momento......no puedo expresar el orgullo infinito por ese grupo de amigos y un tímido destello de satisfacción porque vamos cumpliendo con nuestra misión como custodios de sus Vidas.

Un accidente tonto, sin culpa alguna de nadie, de absolutamente nadie. No fue una mala suerte. Muy al contrario, sus Ángeles de la Guarda, sus Santos Patronos y María se ocuparon de ampararlos. Actuaron directamente. Y también lo hicieron a través de quien tuvo el valor de sobreponerse, coger otro coche y salir corriendo a pedir ayuda; a través de quien rápidamente llamó para avisar a padres y 112. Los brazos de esos chicos tratando de alzar el coche para aliviar a su amigo fueron la fortaleza misma del Señor. Y todos ellos rezando, un córo de Ángeles bajo el Manto protector de María.

Ahí estaban la fe y el poder de la oración.

Os pido que os unáis a mí en acción de gracias porque hoy no lloramos aunque continuamos rezando. Y os pido también que os unáis en oración por los dos hospitalizados, para que se recuperen pronto.

Aquí seguimos, scalando en Familia. Y hoy, como Redentoristas, especialmente acogidos a la protección de San Gerardo María Mayela CSsR.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Halloween


Hace ya algunos años que por estas fechas me invade la misma pereza con respecto al tema de Halloween.  Me parece tan absurdo como que empecemos a celebrar funerales celestes, o a quemar cadáveres, aquí en Madrid, en el Manzanares. Estos ejemplos creo que no están muy bien puestos, la verdad, porque ambos responden a expresiones religiosas. Nada más alejado de eso que Halloween, al menos en la actualidad, al menos lo que en España se ha tratado de importar. Es el proceso inverso a la inculturación.

Tras años (que los jóvenes de hoy no han vivido), en los que la transmisión de la fe no era, en líneas generales, realizada de una manera gozosa, sino más bien impositiva, pasamos al modelo mega progre y de súper buen rollito, donde el todo o casi todo valía con tal de ser “feliz” (una felicidad meliflua y efímera), un buenismo sin sustento e intranscendente. Nos encontramos con el mundo de la inmediatez, el “yo”, la autojustificación según “mis” circunstancias y “mi” psicología (que llevan de manera natural a eliminar casi cualquier sentimiento de culpa), la exacerbación del materialismo bien por el exceso de acumulación o bien por la falta sangrante. Y, al menos en parte, todos nos dejamos arrastrar. Un nuevo modo de vida que fue poco a poco eliminando la transcendencia y, no la “idea”, sino la realidad de Dios, la cotidianeidad de Dios en nuestras vidas, en el mundo, en el hombre.

Se crio a una generación que aprendió a vivir de espaldas a Dios; una generación a la que no se le habló con gozo y alegría de Jesús, del Evangelio, pero de una manera clara y explícita. Como mucho metáforas, palabras a medias, casi parábolas (pero para Parábolas ya tenemos las del propio Evangelio). Primero se vació el concepto de Dios, se eliminó a Cristo incluso como concepto cultural (la falta de cultura religiosa en la actualidad es escandalosa). Esa generación tuvo hijos, chicos que ahora son adolescentes, preadolescentes, niños. Son muchachos que buscan no saben muy bien el qué, que caminan a veces entre el desencanto, la falta de perspectivas claras, el propio hedonismo, una afectividad en formación y su mismo “yo”; y en una época de crisis económica lacerante. Una sociedad en muchos aspectos vacía, sexualizada al extremo, materialista….

Bueno, ahora que ya lo tenemos todo a punto, ofrezcámosles algo aparentemente divertido, un pretexto más de fiesta, y que les haga no ser ellos mismos por un día, y, al mismo tiempo les aleje el pensamiento de lo perniciosa que podría ser una festividad religiosa. Démosles Halloween. Y por miedo a “perderles”, a no “tenerlos” contentos, a no llevarles la contraria, no les hablemos de otras cosas, no vayan a no ser “felices”.

Pues ahí lo tenemos. Algo que no es ni bueno ni malo en sí mismo. Algo que a mi me da una pereza infinita.

Que ya, que ya sé que el panorama no es tan negro, y que la generalización anterior puede que sea desmedida. La inmensa mayoría de los jóvenes que yo conozco no responden al modelo descrito; pero es que la inmensa mayoría de los jóvenes que yo conozco puede que sean una inmensa minoría.

Y mientras, en el cole de mis hijas –que debe de ser rarísimo- no celebran Halloween. Sin embargo, esta semana les han hablado de la vida de algún santo, y en el curso de la mayor (segundo de Primaria) hoy tenían que llevar una redacción sobre el que ellas eligieran (por cierto, que Toya la ha llevado sobre Santa Teresa de Ávila, para que no nos llamen pesados con Alfonso, Clemente, Gerardo, Juan Neumann…). Son así de raros ¡que incluso les han explicado la fiesta del 1 de noviembre! Y se lo pasan bomba, y son felices. Y los miércoles, cuando llega a casa de la catequesis de Primera Comunión en el Perpetuo Socorro, vuelve entusiasmada; y los domingos en misa en PS disfrutan como niñas. Y a mi me encanta, aunque no deja de sorprenderme que mis hijas y sus amigas casi tengan más cultura religiosa ya que muchos de diecisiete años. Pero como van creciendo en una comunidad Redentorista, van aprendiendo desde ya que sus manos son para darlas, su sonrisa para compartirla y su vida para anunciar la Redención. E inmensamente felices. De modo que ahí vamos, scalando en Familia.

Y para raros, raros, esta noche al acostar a nuestras hijas variaremos la oración, rezaremos la Letanía de los Santos.

Y ahora que lo pienso, si que hubo una noche de un 31 de octubre en la que yo me disfracé, y María, mi mujer. Fue en el año 2003. Ella iba de blanco y yo me puse un chaqué: el día de nuestra boda hoy hace nueve años.

sábado, 21 de abril de 2012

Compartiendo Vida


Qué gran tarde con qué gente tan buena. El milagro de la tecnología fue, hace ya bastante tiempo, provocando contactos iniciales; el milagro de la fe fue propiciando encuentro, generando comunión. Esta tarde se materializó físicamente la reunión de dos familias, los Casanova, Escolapios, y los Casanueva, Redentoristas.

Una estupenda representación de La Guerra de Troya para niños en Caixaforum y una entrañable merienda en Vip´s. El encuentro inicial fue con Esther y sus hijos, cómodo, muy, muy cómodo. Impresionante comprobar la capacidad infantil de incorporarse al otro, de integrarse, hacerlo propio con una naturalidad envidiable que lamentablemente tantas veces se va perdiendo con el paso de los años. Al poco rato llegó Santi. Le vi avanzar y me acerqué a él como si hiciera tiempo que no nos viéramos, aunque aquel fue en realidad el primer abrazo.

Reflexionar ahora en casa, tranquilamente, sobre la naturalidad y apertura de cómo transcurrió todo, es darse cuenta de la comunión, de la hermandad que genera una misma fe. Creo que no es más que una gracia; no tengo otra manera de explicarlo. Ahí estábamos todos, como si tal cosa. Compartiendo tiempo, compartiendo nuestra visión sobre una Iglesia plural, sobre la Iglesia que es presencia real también en los ámbitos más cotidianos de la vida, sobre los Laicos; compartiendo Vida. Charla sobre Escolapios, sobre Redentoristas, sobre los religiosos jóvenes, sobre las ganas, sobre el empuje, sobre la fuerza, sobre las ideas que me llevó a sentir que otras dos personas, dos religiosos y sacerdotes de treinta y dos años, estaban también merendando con nosotros.

Niños, trabajo, dones, padres, jóvenes…. Un poquito de Evangelio entre quesadillas y hamburguesas, y ese genial comentario sobre un señor que hace más de dos mil años convertía el agua en vino y andaba entre prostitutas, y que a mi casi me hizo sonreir al darme la sensación de que una tal Inma se incorporaba a la conversación… mientras sonaban –quizás demasiado alto- las voces y las risas de los pequeños.

Una tarde en comunión que debo agradecer a un señor de Peralta de la Sal, a un señor de Marianela; a José Fernando, a Jorge. Una tarde que agradecer a Dios. Ocho corazones latiendo por Él.

martes, 27 de marzo de 2012

Javier Grijota, catequista en PS


Si yo hoy me quería acostar prontito, de verdad. Pero que no puedo. No puedo irme a la cama sin soltar antes unas cuantas letras.

Hace apenas unos minutos que me ha llegado algo de un amigo, un hombre de fe, uno de esos jóvenes de los que ya he escrito en muchas ocasiones, y no me puedo callar. Ha abierto un Blog que se llama caminando en PS (http://caminarescaminar.blogspot.com.es/p/caminando-en-ps.html). En él encontraréis una expresión de PS desde la vitalidad, el empuje y la entrega de un hombre a quien conocí el pasado mes de agosto. En junio cumplirá 22 años, un extremeño de Don Benito. Brillantísimo estudiante de Ciencas Físicas, con una inteligencia privilegiada pero que parece minúscula si la comparamos con su corazón. Y no lo digo por decir; lo digo porque le conozco, por su vida, por su ejemplo y porque me da la gana, la verdad. Es un hecho fácilmente comprobable.

Él es uno de esos jóvenes que desarrollan su vida de fe en el ambiente Redentorista del Perpetuo Socorro de Madrid. La desarrolla y la entrega como catequista. Y además, ahora, lo cuenta. A quienes soléis leer las cosillas que voy escribiendo os animo a que comencéis a hacer lo mismo con el Blog de Javi y así podréis redondear la idea sobre la labor de los misioneros Redentoristas. La visión de un tipo delgadito, alto, de 21 años y la de otro, gordo, bajito y de 45. Uno de Don Benito y otro de Santander. Con una misma fe y compartiendo una misma Familia. Bueno, con una diferencia fundamental, no nos engañemos, él entrega gran parte de su vida allí y yo simplemente cuento lo que vivo. Ya, ya, no sé ni cómo me atrevo.

Pues él, como todos esos jóvenes, son un auténtico orgullo para la Iglesia, son consecuencia patente de la evangelización de ésta Congregación; son consecuencia y parte activa de su propia misión evangelizadora. Son parte de esa misma Familia. Y yo me siento tan, pero tan orgulloso que no me puedo callar. Uno no puede sino quererlos.

Después de esto, comprenderéis todos que no me podía acostar sin darle, una vez más, públicamente las gracias a San Alfonso.

lunes, 26 de marzo de 2012

Toda una lección


Sin parar de aprender. Hoy no he parado de aprender. Cuando uno está lo suficientemente abierto aprende a mirar en lo pequeño y a hacerse diminuto ante la inmensidad que ofrece lo sencillo y lo humilde. Pero otras veces la lección te circunda, te impregna y te deja pasmado palideciendo frente a su grandeza.

Esto me ha ocurrido a mí a lo largo del día de hoy. La primera lección ha venido de Lalo, sí de Álvaro Ortiz Jiménez de Cisneros. Todo un hombre de veinte años, entregado siempre a los demás, con un corazón elástico hasta el infinito, entero, sereno, sensato, y con una fe tan robusta como la de los miembros de la Comunidad donde yo le conocí, los Redentoristas. Hoy el cariño se ha teñido de admiración y orgullo por un joven, que incluso en los momentos que vivía continuaba preocupado por quien necesita de él. Su dolor, su fe, su actitud, han dibujado una sonrisa de admiración y orgullo en el fondo de mi alma.

Una lección de acogida y entrega de Familia, de fe, de cercanía, de Amor, de Vida que ha venido de la mano de dos sacerdotes Redentoristas. No es ninguna sorpresa, pero vivirlo en estado puro una vez más me ha hecho sentirme orgulloso y agradecido.

Una lección de los mayores de la Parroquia del Perpetuo Socorro, acompañando y arropando a uno de sus miembros jóvenes y su familia.

Una lección de un numerosísimo grupo de jóvenes ofreciendo su voz, sus dones, su presencia, su cariño, su fe, su vida, su consuelo, su AMISTAD, a un hermano y su familia.

Una lección aún más explícita de cuatro chicas de ese mismo grupo con las que compartí comida y conversación. Una conversación que ha sido para mí toda una catequesis, un compendio condensado de fe, doctrina, moral, práctica, entrega. Unas mujeres extraordinarias. Tampoco ha sido una sorpresa porque las conozco, pero evidenciarlo en tiempos fuertes de semejante forma a uno no deja de asombrarle. Y manifestando de forma explícita la impagable labor y la eficaz Pastoral de la Comunidad en la que sirven, y la inteligencia, entrega y bondad del sacerdote que les acompaña.

Una lección de una niña pequeña queriendo abrazar a Lalo.

Una lección de entereza de toda su familia.

Una lección también de mi mujer que, generosa, me ha permitido estar, hacerme presente.

Sintiendo el abrazo para todos de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, y la mirada satisfecha desde el Cielo de más de un padre.

sábado, 25 de febrero de 2012

Confirmandos en PS


Qué lujazo de tarde Señor, entre qué lujazo de gente y en qué lujazo de Santuario. Sí, sé que soy un tanto apasionado, pero lo soy con eso, con lo que me apasiona, con lo que quiero, para lo bueno y para lo malo, y como lo siento lo cuento; como lo vivo.

Esta tarde, a las 21h en la Parroquia del Perpetuo Socorro de Madrid, mi mujer y yo hemos tenido la suerte de asistir a una vigilia de oración para acompañar a unos jóvenes valientes. Unos chicos que, tal y como está el patio, han tenido el valor de dar un SÍ abierto y consciente a Cristo: el sábado 25 de febrero recibirán el Sacramento de la Confirmación. Enhorabuena muchachos y GRACIAS.

No he podido evitar acordarme de mi propia Confirmación, y eso me ha hecho darme cuenta de que los tiempos no son los mismos, con lo que el valor del sí no es igual; el suyo es mucho más significativo. Además hay una diferencia importante: yo me confirmé junto a un grupo de amigos de toda la vida y que, gracias a Dios, continúan siéndolo hoy, pero no lo hicimos en una Comunidad como esta. Me hubiera gustado coger el micro, casi estuve a punto de hacerlo, pero creí que no debía, porque yo ahí era el último en llegar por mucho que sienta que llevo en PS los 280 años que la Congregación del Santísimo Redentor cumplirá este año. Los propios confirmandos llevan más tiempo que yo, y estábamos rodeados de Redentoristas –laicos y religiosos- cómo iba a decirles nada si yo no soy más que un corazón que late en aquel lugar. Pero les habría simplemente comentado que valoren precisamente eso, la comunidad en la que están que es una Familia con mayúsculas; no se confirmarán en un sitio más, ni se han preparado de cualquier forma. Lo han hecho en una Familia que arropa, sostiene y acoge de tal forma que no se puede explicar; hay que vivirlo. En los buenos tiempos todo es fácil, pero es que en los malos te intuyen y alientan (Vicente, yo sé bien eso: gracias). Con lo bueno y con lo menos bueno, pero que lo valoren, que no lo olviden, que lo mimen. Como en toda familia habrá momentos buenos y menos buenos, de manera individual se podrá tener un día más o menos acertado como cualquier persona en cualquier familia, pero al final siempre te encuentras lo mismo en cada uno de sus miembros: el calor de un abrazo Redentor, una entrega sin límites. Ese es un valor que deben cuidar, atesorar, compartir y transmitir. Se lo vino a expresar así el inmenso Antonio Yriraz, otro joven ejemplar. La diferencia, el estilo, lo marca de manera indiscutible Alfonso María de Ligorio día a día, porque al Santo Fundador de esta Congregación le podemos encontrar en cada Redentorista con el que entremos en contacto.

Ha sido eso, una vigilia familiar, dirigida por el P Ambel, del que no voy a decir nada porque hay veces en las que para quedarse corto es mejor callarse; rodeados de gente querida y admirada, con una persona sentada a nuestro lado que es ya bastante más que especial para nosotros; mucho más que simplemente especial para nosotros cuatro.

Y nosotros, que no somos más que unos corazones entregados, ahí estábamos, latiendo con ellos como si tal cosa.

jueves, 16 de febrero de 2012

Una alfombra roja


Hoy he vuelto a mi infancia, al lugar en donde me enseñaron a orar, a hablar con Dios, a ser realmente consciente de que me amaba, a mí, a un niño llamado Enrique. Seis años, sentado en el suelo ante el Santísimo en pequeños grupos. En aquella Capilla, en la Cuaresma de 1973, sentí por primera vez un intenso calor. Asustado, empecé a aprender a callar.

El de hoy no ha sido mi mejor día; difícil, inquieto, torpe y extraño. Como cada jueves he acudido a la Oración a PS, pero hoy había algo diferente, especial. Ese algo diferente hizo que bajo la barba, las gafas y la ingente capa de grasa de un señor de 45 años aflorara un niño de 1º de EGB, con sus rizos rubios sobre la frente; el corazón de los dos era uno, y sintió el mismo calor que entonces, pero la madurez y las incontables piedras con las que he venido tropezando a lo largo del camino de mi vida marcan la diferencia, porque ni el niño ni el hombre tuvieron ya miedo sino una paz casi perfecta. La misma persona ante el mismo Cuerpo de Cristo. Como cada semana, pero con una alfombra roja de diferencia. No recuerdo el color de aquella sobre la que yo me sentaba de niño, pero esta era roja. Sobre ella, a los mismo pies del altar, a los pies de la Custodia, un grupo de jóvenes adorando al Señor. Recogidos, con el impresionante respeto que dan la normalidad y la confianza. Las velas iluminando repartidas, y el incienso elevando nuestra oración. Yo esta tarde quería presentarle, entre otras cosas, el sufrimiento del abuelo de uno de ellos, y lo he hecho, pero era casi innecesario porque la fe, la actitud y la vida de ese chico arrodillado en el suelo hacen que su oración llegue a varios cuerpos de distancia de la mía.

Al contemplar al Señor era imposible no ver a esos muchachos; no conocía a todos, solamente a tres, y los quiero aunque haya a quien le cueste creerlo. Sobre esa alfombra roja he creído ver a un niño pequeño, impresionado, confundido, comenzando su vida de preguntas sin respuesta.

Además, hoy la Oración ha sido muy especial porque dos Redentoristas nos ofrecían la oportunidad del sacramento de la Reconciliación. Y eso era lo que yo necesitaba. En el confesionario entró un torpe señor de 45 años, y de él salió un niño feliz de seis queriendo correr hacia la alfombra a adorar en silencio. Y el hombre sentado en su banco se vio sorprendido por una lágrima.

jueves, 2 de febrero de 2012

Religios@s: GRACIAS

Hoy se celebra la Jornada de la Vida Consagrada. No es más que un día en el que nos acordamos de quienes desde el instante mismo de su Consagración dedican cada día de su propia vida a los demás.
No es mucho, la verdad, por quien da tanto que recemos por ellos, por su entrega y su fidelidad al Evangelio; por el seguimiento a Cristo según sus diferentes carismas; por quien se desgasta olvidándose de sí mismo. No es más que un día. En casa pedimos por ellos, y pedimos por las vocaciones.
Quizás sea sólo un día para recordarles, mientras muchos emplean el resto del año en exigirles, porque escucho y leo a personas a quienes TODO les parece poco.
No quiero hacer un repaso de nada más que de mi propia experiencia personal. Y lo hago solamente para dar las GRACIAS. GRACIAS a los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías en uno de cuyos colegios estudié desde 1º de EGB hasta 3º de BUP; GRACIAS a los Salesianos, en cuyo colegio cursé COU; GRACIAS a las Siervas de María, que en casa de mis padres cuidaron durante años a mi abuela; GRACIAS a las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús a quienes he tratado a lo largo de mi juventud en Santander; GRACIAS a las Hermanas de la Caridad quienes, siendo un chaval joven, sí me consideraron digno para trabajar con ellas como voluntario en uno de sus asilos; GRACIAS a los Carmelitas, Jesuitas y Franciscanos porque en bastantes de sus parroquias me han acercado la Eucaristía y el Perdón de la mano de muchos de sus miembros; GRACIAS a los Benedictinos y las Carmelitas porque alguno de ellos reza a diario directamente por mí y mi familia; GRACIAS a las Catequistas Dolores Sopeña por darme a conocer un gran carisma en la Iglesia; GRACIAS al Regnum Christi y a los Legionarios de Cristo porque en uno de sus colegios trabaja mi mujer y estudian mis hijas; GRACIAS a los Agustinos porque con su ayuda algún amigo consiguió salir adelante; GRACIAS a Teresa de Cepeda y Juan de Yepes por hacerme disfrutar y crecer con su obra.
GRACIAS a quienes, con Cristo por bandera, lucharon contra la esclavitud y las injusticias, y a los que hoy en día continúan haciéndolo; GRACIAS a los que se ocupan de parados, prostitutas, comedores sociales, asilos, enfermos de SIDA, leprosos, hospitales, centros educativos, inmigrantes, encarcelados, cementerios, clases bajas, clases medias, clases altas y reyes.
GRACIAS a la Congregación del Santísimo Redentor porque uno de sus congregados me dio por primera vez el Cuerpo de Cristo; porque uno de sus congregados despejó mi alma y me abrió el corazón y la mente a la obra de su Fundador; porque en una de sus Parroquias, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, junto a mi mujer y mis hijas puedo vivir mi fe.
Gracias a San Alfonso María de Ligorio, San José de Calasanz, San Juan Bosco, Santa María Soledad, Santa Rafaela Mª del Sagrado Corazón, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Benito, San Vicente de Paúl, Santa Luisa de Marillac, San Francisco de Asís, Inocencio IV, Beata Dolores Sopeña, Fundadores de las Familias religiosas que nombro; GRACIAS a todos los Fundadores y refundadores de cualquier Orden, Congregación o Instituto por traer VIDA al mundo.
GRACIAS a todos aquellos laicos que, sintiéndose llamados, son considerados dignos para cooperar con ellos.
Gracias Señor por seguir llamando obreros a tu mies, y GRACIAS a todos los jóvenes que sintiéndose llamados te responden: SÍ.
GRACIAS a Damián Mª, a Víctor, a Carlos, a Pablo, a Antonio.

domingo, 29 de enero de 2012

Damián Mª Montes y Víctor Chacón

Acabo de presenciar en la misa de nueve del Perpetuo Socorro cómo dos especiales misioneros Redentoristas recibían las antiguas Órdenes Menores, siendo instituidos como Acólitos y Lectores. Es un paso más hacia la Ordenación Sacerdotal, una alegría para la Iglesia Universal.
Son dos personas especiales, tocadas por la mano de Dios, llamados por Él, donados a Él. Se llaman Damián Mª y Víctor y les une el mismo amor a Cristo y la misma entrega incondicional a Él en el carisma Redentorista. ¡Casi nada!
Dos caracteres diferentes con un estilo propio y un buen hacer común. Una preparación extraordinaria y una formación vivida y desarrollada en el seno de una Familia que se desvive por los demás.
Me cuesta mucho, mucho ser objetivo con ellos y lo siento. Porque el cariño es grande y puede empañar una opinión aséptica, aunque no oscurecer la realidad.
A Víctor le conocí la pasada JMJ y, la verdad, si no fuera por su juventud habría creído que ya era sacerdote; un gran sacerdote curtido en una pastoral cercana, cálida y abierta. Y lo era, aunque no estuviera ordenado. Mirarle tranquilamente a los ojos es zambullirse en el mar de paz sobre cuyas aguas anduvo Jesús. Y son las aguas de su bondad, sensatez, sencillez y profundidad las que pone a Su servicio. Hablar con él eleva el alma y baja la presión arterial. Uno no puede conocerle y no quererle. Cruzar dos frases con él engancha; pasar varios días seguidos a su lado, entrega.
A Damián lo conocí por internet. Vi un vídeo en el que contaba su experiencia en Calcuta y le puse un mensaje porque me impresionó. Pasado el tiempo, un día que entraba en PS, un chico sonriente me dijo ¡Hola Enrique! Era él. Su nuevo destino era precisamente el Perpetuo Socorro de Madrid. He tenido la suerte de ir conociéndole poquito a poco, domingo a domingo. Y poquito a poco, domingo a domingo le he ido viendo crecer y he ido aprendiendo a quererle casi desde el silencio de una espiritualidad oriental. Y desde la profundidad de ese silencio llega el calor del abrazo y el sonido impactante de la comunicación del corazón. No es una metáfora; guardo el abrazo al entrar en PS para la Misa del Gallo. No fue un “abrazo eclesial”. Como diría el padre Guembe, fue mucho más que un abrazo eclesial.
Dos grandes hombres, dos grandes Misioneros Redentoristas, que serán dos imponentes sacerdotes. Dos jóvenes a los que admirar y a los que agradecer su entrega.
Y no puedo dejar pasar por alto las palabras del P Pedro López animando a los jóvenes a seguir ese mismo camino.
Damián, Víctor: ¡Gracias, gracias, gracias!

lunes, 19 de diciembre de 2011

La Luz de Belén

Ya luce en mi casa la luz de Belén. La traen de la Gruta de la Natividad los Scouts de Austria, y desde allí nos la ofrecen en la Parroquia Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, en la calle Manuel Silvela 14, de manera que todos podemos acercarnos a por ella para que luzca en nuestros hogares.
Con este cuarto domingo de Adviento, ya están encendidas todas las velas de la corona, y ahora, con la Luz de Belén notamos cómo empieza a sentirse el calorcito del Portal.
Esta noche, en misa de nueve, la misa que la Parroquia dedica de manera especial a los jóvenes, no se notaba tímidamente la cercanía de ese calor, la iglesia directamente ardía. Con las luces apagadas a la espera del comienzo, todos esos jóvenes eran como un ejército de luciérnagas.
Nada más entrar – siempre me gusta llegar pronto- me encontré con el templo abarrotado de jóvenes, y eso hoy en día sorprende. Sorprende si no se tiene en cuenta que estamos en una parroquia Redentorista, porque sabiéndolo es de lo más natural que el grupo de jóvenes sea mucho más que nutrido. La Constitución 20 dice que “no presumen de sí”, pero la ventaja que tiene no ser más que un laico es poder presumir de ellos abiertamente y a pulmón lleno, sacando pecho como quien presume de un hermano o de cualquier miembro de la familia; del sacerdote que presidió la Eucaristía y que realiza una labor con los jóvenes inconmensurable, entregada, constante, alegre; del sacerdote que nos leyó la Palabra, del religioso sentado a su lado. Como presumo del sacerdote de la Misa de niños, del sacerdote que nos acompaña en el grupo de matrimonios, del párroco y de todos y cada uno de los que forman parte de esa Comunidad. La luz de Belén estaba hoy ahí, y yo fui con la vela en un farolillo para traérmela a casa y poder celebrar el Nacimiento con la misma luz que en la Natividad de Belén.
Y aunque ellos no presuman de sí, como yo no tengo porqué no hacerlo, confieso que una llamita de la Luz, mucho de su Calor, se ve a diario en Jorge, en Pedro, en Damián, en Juan Antonio, en Octavio, en Nicanor, en Olegario, como en Víctor, en Carlos, en Miguel, en José Luis, en Bryan, en Gerard o en cualquier otro Redentorista de cualquier punto del mundo. La sientes cuando estás personalmente con ellos, o aunque la relación sea por la pantalla de un ordenador.
Tratarlos es quererlos y llevándolos en el corazón llevas una pequeña brasa encendida. El “problema” se te puede presentar cuando tomas consciencia de que tu propio calorcito interior no puede quedarse simplemente ahí dentro porque no sería más que estéril; de que comunicarlo y compartirlo se convierte en una necesidad. Rendido a la evidencia, ya encontrarás el cómo y el dónde, o ya te ayudarán a encontrarlo. Sea cual sea tu estado, sea cual sea tu circunstancia. Lo importante es rendirte y abandonarte a la evidencia de que no se va a apagar.
Como ejemplo de esa Luz esparcida por el mundo, dos jóvenes nos relataron su experiencia misionera en Honduras con la comunidad Redentorista del lugar. Cada vez que escucho una historia similar a un laico, hay un hilo conductor común: la alegría, la felicidad de la que han sido contagiados.
La Luz ya brilla en mi casa, y si Dios quiere, con ella celebraremos la Nochebuena, la cena en familia. Y con esa luz en el rostro acudiremos a la Misa del gallo para seguir celebrando en familia.
En familia, María y yo tratamos de que esa luz prenda en el corazón de nuestras hijas. Y lo hacemos con convencimiento, con fe, con pasión, con alegría y con la absoluta seguridad de que lo hacemos dentro de una gran y entregada Familia.

sábado, 26 de noviembre de 2011

La indescriptible lección de unos jóvenes tocados por la mano de Dios

Hay ocasiones en las que uno se rinde a la evidencia de que no es si no un mero espectador de su propia vida. Eso me está ocurriendo a mí. Tras unos días expectante ante el acontecimiento que nos han regalado hoy, finalmente me vi a mi mismo sentado en uno de los bancos del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. Y para mí es como estar en casa. No he podido evitar ir haciendo rápidos viajes de retorno a mi infancia y mi juventud.
Los jóvenes de la parroquia, junto al coro del Colegio Blanca de Castilla nos han hecho un auténtico regalo de Amor, para presentarnos el proyecto de Navidad de la ONGd Asociación para la Solidaridad. Esta mañana, durante el ensayo general, escuchar al coro dirigido por Manuela Hens, una artista de una sensibilidad superlativa, simplemente me emocionó. Y no era más que el ensayo. He tenido el privilegio de un cierto trato con muchos de los grandes intérpretes de la música clásica internacional. Y ahí sentado, me ví a mí mismo escuchando de niño a Nikita Magaloff o a Alicia de Larrocha ensayando en el mítico Steinway de mi abuelo Eduardo antes de los conciertos en el Festival Internacional de la Plaza Porticada en Santander. Mi vida en casa de mis padres fue una vida rodeada de música. Desde los cinco o seis años nos llevaban a cada concierto. He escuchado las mejores voces, Lieder, recitales, Coros de voces blancas, óperas. El violín insuperable de Anne Sophie Mutter. En otros estilos musicales, vibré en directo con Leonard Cohen. Una parte del pasado que atesoro y de la que estoy agradecido.
Pero lo siento, nada de aquello es ni de lejos comparable a lo que como espectador de mi propia historia he visto hoy en PS. He tenido la suerte de escuchar el inicio de los ensayos; he tenido el privilegio de comprobar la ilusión, el esfuerzo, los nervios de un grupo de jóvenes que no tiene precio. Y la representación en directo ha sido una grandiosa explosión de alegría, de seguridad, de sensibilidad. Una inyección de optimismo. Una lección de esfuerzo, trabajo, humildad y saber hacer. Unos MAESTROS que han conseguido emocionar, tocar los corazones de todo el aforo. Aseguro que soy todo lo objetivo que puedo, aseguro que no me ciega la pasión ni el cariño. Simplemente rindo desde aquí un pequeño homenaje a una realidad incontestable: el genio, el ingenio, el talento, la entrega, la bondad, la simpatía, la templanza y el nervio. La grandeza de unos chicos que dedican con generosidad una parte importante de su tiempo a los demás sólo por Amor. No personalizo en ninguno, porque esto se convertiría en una lista interminable, pero todos y cada uno de ellos están presentes al nombrar, como exponente de unos religiosos fuera de lo común (los Redentoristas) el trabajo, el desgaste, la inteligencia, la habilidad, la paciencia, la bondad del P Jorge Ambel Galán. Y aquí sabe también todo el que me conoce que de nuevo no hago más que un sincero homenaje a la objetividad: los hechos hablan por sí mismos. De los jóvenes para todos, e incluyendo la colaboración de miembros de otros grupos parroquiales leyendo unos textos que aireaban la profundidad de una juventud brillante. La actuación, la puesta en escena, ha sido INMEJORABLE. Las caras de satisfacción eran más que justificadas. Lo de esta noche ha sido una expresión de fe en estado puro, una contagiosa concienciación, un sentimiento común que impregnó cada poro de piel, que caló en el alma.
Retirado el Santísimo, sí, pero Dios estaba en Su casa. Ahí estaba, y seguro que contemplando satisfecho. Estaba en cada noche de insomnio de esos chicos, en cada sueño, en cada esfuerzo, en cada desvelo. Estaba en cada espectador entregado a la grandeza de esos jóvenes. Creo que todo era por Él y para Él.
Sí, porque todo esto es para el hermano, para el necesitado, para llevar la esperanza en esta ocasión hasta Kenia a través del proyecto de Asociación para la Solidaridad “Una gota de esperanza en Kenia”, con el que mejorar las condiciones de vida de las niñas de cinco comunidades de aquel país. Y es en el hermano, en el necesitado, entre los pobres, donde podemos contemplar el rostro de Cristo. ¿Cómo no colaborar con este proyecto en concreto? ¿Cómo no colaborar con Asociación para la Solidaridad?
Y yo ahí, ante toda esa maravilla. Hubo un momento en el que recordando a la estatua de San Alfonso María de Ligorio pensaba que le deberían estar dando ganas de bajarse a aplaudir.
Las caras de mis hijas y de una amiga suya a la que llevamos al concierto eran otro espectáculo en sí mismas. Poder haber estado hoy en PS con mis hijas y mi mujer ha sido un regalo del Señor para disfrutar en comunidad de un impactante regalo de los jóvenes. ¡GRACIAS CHICOS! GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
Y como un simple espectador de mi propia vida me he contemplado como un padre satisfecho por su familia, y por verse a la puerta de la Familia Redentorista. Un hombre diminuto al que le pesan sus manos vacías.

martes, 22 de noviembre de 2011

#nohagasplanesel26

#nohagasplanesel26 ¿Por qué? Por el acontecimiento que tendrá lugar el sábado 26 de noviembre en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, en la calle Manuel Silvela 14. No os lo podéis perder.
No sé ni siquiera cómo denominarlo. Ellos lo llaman concierto, pero de lo que sí estoy seguro es de que se trata de mucho más que eso. Hablan de que se valdrán de la música, la imagen y la palabra para llegar al público. Que digan eso no es más que una muestra de la sencillez y humildad con que hacen las cosas. El Grupo de Jóvenes de PS ya está utilizando algo mucho más grande, porque se está entregando con tesón, aunque no quiera alardear de que lo hace desplegando sus mejores armas: ilusión, empeño, esfuerzo, talento y sobretodo fe. Sin esta última ni sería posible ni tendría sentido. Nos van a introducir en el Adviento de la mejor manera posible con una fiesta sensacional. Y ¿para qué? Pues para presentarnos el PROYECTO SOLIDARIO DE NAVIDAD de Asociación para la Solidaridad, la ONGd Redentorista.
Es una oportunidad única para disfrutar de lo que seguro será un espectáculo intenso, de Corazón a Corazón, y para que los que no conocéis aún esta ONGd podáis no simplemente comprobar lo que hacen unos pocos “locos de Amor”, podáis desde esta primera presentación colaborar por un mundo mejor para todos. Os aseguro que indiferentes no os va a dejar. Por eso os animo a todos a que vuestro plan para el 26 esté en PS, a todos en general. Y a todos los buenos amigos que sé que me seguís por aquí, no os animo, os PIDO que vayáis a conocer una parte de esas personas a las que ya me habéis leído y escuchado hablar como "mi Familia” (que sí, que sí, que qué raro soy, lo sé).
#nohagasplanesel26 Mi plan para ese día era precisamente empaparme de la puesta en escena que tanto tiempo llevan preparando; acudir con mi mujer y mis hijas a disfrutar en familia del espectáculo. Y mi idea era escribir una entrada en el blog al día siguiente. Pero como realmente los planes del Señor no siempre coinciden con los nuestros, me lo voy a perder. Y tengo una pena inmensa por ello. Me lo contarán María y las niñas, me lo contarán amigos, pero yo no podré estar físicamente allí. La vida manda, y yo estaré en Santander, aunque mi oración por su éxito y el calor de mi cariño seguro que les llega porque es inmenso.
¡ÁNIMO CHICOS!

domingo, 30 de octubre de 2011

Unos jóvenes inmensos

Ayer disfruté de una noche estupenda rodeado de buena gente, realmente buena gente. Un grupo de jóvenes universitarios, un amigo de mi grupo de matrimonios y yo. Y todos de PS. Unas copas hasta las tantas, una conversación de lo más enriquecedora y una compañía inmejorable.
Mientras dábamos un intenso repaso al anecdotario personal y la conversación iba fluyendo de manera natural hacia todo tipo de temas, yo, que era el más añejo de la reunión,  pensaba que tenía frente a mí a una magnífica representación del futuro. Del futuro de mi país y de mi Iglesia. Y ahora, mientras escribo esto, me tranquiliza pensar que el futuro para mis hijas no está perdido, porque entre ellas y yo hay una generación magnífica.
Gente sana, divertida, sensata, preparada, solidaria, religiosa, comprometida; un grupo de jóvenes que representa lo mejor del género humano tanto de forma individual como colectiva. Uno de tantos grupos de amigos que no meten ruido, que no salen en la prensa escrita ni son noticia en los telediarios porque son simple y llanamente NORMALES. Constituyen una masa enorme de personas que se desarrollan en medio de una sociedad en descomposición, y habrán de arreglárselas para tratar de enderezar el rumbo moral y económico de una España a la deriva. Chicos y chicas cargados de cordura y valores, generadores de lo que por fuerza será un mundo diferente; está en sus manos. Y de nosotros depende no ponérselo aún más difícil de lo que ya lo tienen; de todos depende que vayan mejorando las cosas para que puedan, cuando les llegue el momento, incorporarse al mercado laboral y aporten con su esfuerzo y su ilusión toda la grandeza que llevan dentro.
Me han dejado una sensación de esperanza y orgullo.
Esperanza porque con ellos no todo está perdido; esperanza porque son el ejemplo vivo de que la juventud no es realmente la que se empeñan en presentarnos con insistencia machacona y dramatismo en la televisión. Al menos hay otra juventud.
Orgullo porque todos ellos pertenecen de una u otra forma a mi propia Comunidad Parroquial, porque los conozco y los considero parte de “mi gente”. Orgullo también porque a su cohesión contribuyen de manera fundamental unos misioneros ejemplares, los Redentoristas; una pequeña muestra más de lo bien que hacen las cosas y de la fuerza, el empuje y vitalidad de mi Iglesia.
Por todo ello, hoy durante la Eucaristía en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, le he dado gracias al Señor.
Chicos, qué grandes sois.

lunes, 3 de octubre de 2011

Hoy la Viña estaba en PS

El domingo por la mañana vivimos una preciosa eucaristía en PS. La primera presidida por el nuevo equipo responsable de la catequesis infantil: el P Juan Antonio y Damián un joven y entusiasta Redentorista. Y con ellos una parte del incomparable equipo de catequistas; algo de encuadre dentro de la Comunidad Parroquial como familia, no sólo de manera individual. Estar ahí, como esposo, como padre, en mi Comunidad ha sido algo realmente armonioso; engrandecido por el segundo plano: ver a María en representación de esta pequeña familia saliendo con nuestro Libro de Familia en las ofrendas me ha resultado extraño. Extraño por inusual dado el carácter de mi mujer, extraño por lo hermoso, y extraño por lo significativo. Pero precisamente por todo ello grande y hermoso.
Saberme a los pies del Altar con Toya, Paula y María sujetando los carteles que nos habían dado con la frase “La Familia es la viña del Señor” es algo pleno de sentido más allá de la frase y que, por el momento que estoy viviendo, hizo que todo yo estuviera tratando de absorber cada sensación, de interiorizar cada palabra, de impregnarme de cada rostro. Algo para no olvidar jamás. Pleno de sentido más allá de la frase porque yo era consciente de estar conformado en una familia más amplia; y ahora en bloque, con mi mujer y mis hijas. Una familia dentro de otra viéndose ampliada, conformada y sostenida. Tenía frente a mí a la feligresía mientras el Padre continuaba con la homilía, y yo al escucharle no podía dejar de ver a gente querida, mayores y jóvenes a quienes en poco pero intenso tiempo he podido ir conociendo y queriendo. Mayores entregados por la Comunidad parroquial y unos extraordinarios jóvenes con todo el entusiasmo y la pasión de su edad, cierto, y con toda la fe, todo su empeño y todo el cariño de sus corazones. Lo pueden llamar como quieran, pero eso es también una familia. Y nosotros allí; para mí todo un símbolo, porque cuando mis hijas tengan edad de estar en esos primeros bancos del coro nosotros habremos alcanzado ya “una cierta edad” que dirían en Francia para no llamarte viejo. Y quizás alguno de los chicos del coro sea padre de familia en esta misma comunidad o quizás alguno esté implicado de una manera aún más intensa e imprescindible. Y yo a esas personas, le choque a quien le choque, le pese a quien le pese, las quiero. Y me he sentido enormemente orgulloso de estar ahí con mi mujer y mis hijas, a los pies del Señor y entre ellos. Orgulloso, agradecido y satisfecho por que puedo proporcionar a mis hijas la vivencia de la fe, más allá de nuestro hogar, en el mejor entorno. Y con el ejemplo de unos jóvenes que serán referente para ellas.
Y ni siquiera ha sido el inicio. Ha sido, como dijo Damián el tímido arranque de la locomotora. Iremos viendo qué es lo que nos va trayendo el curso; sea lo que sea, aquí en casa, en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid será algo alegre, sorprendente y hermoso. Porque vendrá de la mano de la Familia Redentorista, y la Familia es la viña del Señor.