miércoles, 30 de septiembre de 2015

Dando gracias

Cinco minutos. Solamente cinco minutos para dar gracias en persona por un buen mes de septiembre. Nuevo trabajo para mi mujer y para mí y la vida en orden. Lo de la vida diaria en orden es un regalo del que no solemos darnos cuenta por lo cotidiano, por lo normal. Cada pequeño regalo de nuestro día a día es un pequeño regalo; un pequeño e inmerecido regalo. Quizás no nos acordemos a menudo de agradecer porque en el fondo nos pensamos que las pequeñas menudencias de la vida nos son debidas. Cuando realmente todo es simplemente un regalo. Ir y agradecer al Señor y a la Perpe en persona es lo mínimo. Desde allí mismo publiqué un tuit que no decía más que “dando gracias”, con una foto del móvil de la capilla de la Coronación del Santuario.

Muchos son los que no tienen esos pequeños regalos, esos instantes de paz o de serenidad quizás porque nosotros no se los regalamos. Demasiada tirantez, demasiada prisa, demasiado egoísmo, demasiado a lo nuestro. No pensar en el otro, no ponerse en su lugar, ignorarlo, es una especie de pecado de omisión. Un sentido “¿cómo estás?”, una sonrisa, un “buenos días”, un “gracias”, un contar hasta tres y morderse la lengua, ese comentario hiriente que nos ahorramos, el reproche que no hacemos… Comprender al otro, respetar al otro, no juzgar al otro, ayudar al otro, sobrellevar al otro… … Amar al otro. Gestos que no cuestan nada, que son gratis y que podemos regalar. ¿Por qué no hacerlo?

Yo tenía mucho que agradecer. Inmerecido y gratuito. Inmediato, cercano, y no tanto. Agradecí una llamada de hace ya tiempo de Santi Casanova, alguien realmente entregado y desprendido, invitándome a participar en iMisión. Un Regalo con mayúsculas, él e iMisión. Éste fin de semana casi todo el equipo se reunirá en la provincia de Madrid para preparar el curso. Yo no podré ir; me duele. Me acercaré con mi mujer y mis hijas el domingo. ¡El mejor día! Os pido oraciones por ellos. Las debilidades de cada uno suman las fortalezas de un gran proyecto. Apoyad con la oración.

A uno, a veces, le pesa no llegar, no poder, no saber multiplicar el tiempo ni las fuerzas. Pongo ese peso a los pies de la Misericordia y lo balanceo con la oración. La fe cuesta; la fe lleva al descanso. Les pongo a todos en manos del Perpetuo Socorro de María y les encomiendo a un inmenso misionero, San Alfonso. ¡Cuántas veces lo he imaginado tuiteando su Teología moral! Si normalizó como lo hizo el lenguaje en las homilías en pleno siglo de las luces para acercarlo al pueblo qué no habría hecho de haber conocido internet, las redes sociales, la iEvangelización…


En fin, que os pido ese pequeño regalo para iMisión y cada uno de sus miembro. Desde ya os lo agradezco. Acabo como empecé, dando gracias.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Javier Aranguren Echevarría

Voy a hablar de alguien a quien apenas conozco. Soy tan osado que en ocasiones me permito esos lujos. Compartimos algunas horas hace unos tres o cuatro años en casa, en Cabezón de la Sal. Es hermano de un gran amigo y, por lo que voy descubriendo, mucho más que un buen hombre. A veces pareciera que la bondad, como en éste caso, se derrocha en algunas familias casi al completo. Se llama Javier Aranguren Echevarría.

Hoy, día en que los redentoristas celebramos al Beato Gaspar Stanggassinger (http://www.redentoristas.org/redentoristas/santos-y-beatos/gaspar-stanggassinger), sacerdote, profesor y encargado de estudios del Seminario Menor de Dürnberg a finales del siglo XIX, me he acordado de éste otro profesor, Javier. No le he recordado por azar. Casi a diario sigo sus cuitas en su perfil de Facebook. Me he suscrito a su perfil para ir creciendo admirado y, a cada relato, tengo la sensación de estar descubriendo a alguien enorme.

Javier sigue el carisma de San Josemaría Escribá de Balaguer y el pasado 26 de julio volaba hacia África. Lo hacía con billete de ida. No hay fecha de regreso. Esas son las cosas del Espíritu; ya decidirá cuándo ha de regresar o adónde irá después. Javier se ha convertido en un misionero en Kenia que, mostrando su día a día en una red social, lo hace también como iMisionero.

Sencillez en las palabras, magníficas imágenes, naturalidad a raudales y sentido del humor. Nos muestra el mundo de la pobreza a los cómodos occidentales; denuncia las injusticias y las desigualdades. Parece que su vida allí se descubre un auténtico caminar del Evangelio que muestra ese Camino a los abandonados a los que sirve, también, como profesor. Esos niños y sus familias encuentran en los surcos que dejan sus pies pequeñas lucecitas que les guían. Abandonados, necesitados de auxilios materiales y espirituales. ¡Y qué sonrisas!

Las imágenes que comparte son la expresión viva de la felicidad, como lo son las palabras con que él las ilustra. Esa felicidad que es nexo común de todos los misioneros que conozco la descubro en él con admiración y respeto.


Hoy os dejo una tarea, en la festividad de Gaspar, pedidle por Javier. Él los une.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La Cruz comunista

Confieso que he encontrado sentido a la Cruz con la hoz que Evo Morales regaló al Papa Francisco, y lo he encontrado precisamente con la visita del Papa a Cuba.

Es la tercera vez que Pedro visita la Isla:

·    En la persona del Papa santo Juan Pablo II. Un Papa que padeció el rigor del régimen comunista y que influyó de manera contundente a su caída en el seno de Europa. “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades”.

·   En la persona de Benedicto XVI, el Papa teólogo. “Luchen por una sociedad abierta y renovada”.

·   En la persona de Francisco, un papa hispanoamericano. “Pueblo con heridas”, “No se olviden”, “soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que éste mundo sea distinto”, “no te arrugues”, “La esperanza es sufrida”, “juntos buscando la esperanza”, “no tirarnos piedras por lo que nos separa”, “nunca el servicio es ideológico, ya que no sirve a ideas, sino que sirve a las personas”.

Siempre Pedro.

Distintas formas, distintas maneras, distintos ritmos, la misma Buena Noticia.

“El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres el Evangelio, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.” Lucas 4, 18-19

Si pienso en Albania, en Afganistán, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Vietnam, en la antigua Unión Soviética, en tantos países de África, en tantísimos lugares del mundo y, también, en Cuba, encuentro sentido a esa hoz a los pies de la Cruz. Tantos muertos, oprimidos, encadenados, abusados, presos, niños, prostitutas, homosexuales, todos los marginados y perseguidos por ese régimen y las estructuras generadas por él a lo largo de su historia, regados por la sangre de Cristo. Regados ellos y los opresores. Porque la grandeza de la Cruz, la Redención, se nos ofrece a todos. Opresores y oprimidos por cualquier régimen totalitario, por cualquier estructura de poder injusta, por cualquier estructura económica opresora, también por el comunismo.

Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados. Hoy todos esperan palabras de consuelo, ternura y esperanza por parte de ese padre que es el Papa. Los tiempos son distintos, entre otras, cosas por el influjo de los dos anteriores. A tiempos diferentes no se puede llevar la esperanza de la misma manera, con igual lenguaje, con idénticos gestos. Cristo maneja el timón de la Iglesia y el Espíritu elige a su Cabeza. Eso siempre lo he visto, y hoy brilla en éste viaje. La esperanza se muestra en palabras sutiles y conciliadoras. “Entonces los justos brillarán como el Sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga” Mateo 13, 43. Pues eso, el que tenga oídos que oiga.
Sutileza en las palabras y sutileza en los gestos.


Hay un gesto de cura hacia un anciano al final de sus días que me parece sensacional por tierno, por profundo, por sutil. Un simple cura con un anciano que actúa como un cura con un simple anciano. Que Francisco regalara a Fidel un libro y dos CD del Padre Armando Llorente SJ, el profesor de Castro exiliado a causa del régimen y que anhelaba poder confesarle y que recobrara la lucidez, es como decirle, “conviértete” o “¿quieres confesarte?”. Hacerle ese regalo es ofrecerle en un gesto la Redención de Cristo. Un Papa y un dictador. Ojalá llegue a reaccionar como Dimas.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Vocación Redentorista


Es la una de la mañana. No son horas, o sí.

O cada uno es muy peculiar, que todos lo somos, o Dios se las ingenia para llamar a cada uno a su manera, a su ritmo, en su lugar y por su camino.

Hemos iniciado el encuentro de Agentes de Pastoral de la Familia Redentorista, de los distintos puntos de la geografía nacional y de diferentes estados de Vida. Pero en la misma Familia, en la misma Iglesia y compartiendo un mismo carisma.

El Señor sigue llamando. A unos a través de la liturgia, a otros por el sonido de unas campanas, una película, una mirada... Yo qué sé. A cada uno a su manera y, estoy convencido, de que atendiendo a sus debilidades, sus dones, sus necesidades...pero sobre todo atendiendo a las necesidades de su rebaño.

No nos engañemos, la llamada no es exclusivamente a lo que conocemos como Vida Religiosa o Sacerdotal. La llamada es personal y de seguimiento directo e individual a Cristo. A Él, por todos, pero a Él.

La donación se puede dar diferentes maneras. Como consagrados y como laicos. Yo pertenezco a una familia concreta. No me refiero a mi, si no a mi familia nuclear, mi mujer y mis hijas. Como familia pertenecemos a la Familia Redentorista. No producto de la casualidad, consecuencia de la respuesta a una llamada concreta de manera individual y familiar. Es un hecho, un gozo y un servicio.

¿Porqué cuento esto ahora y desde el móvil? Porque hay cosas que uno se ve empujado a compartir. Y cómo no compartir la alegría de la Redención.

No se puede vivir a espaldas de uno mismo.

La grandeza de los carismas pluricentenarios es que no se encapsulan en sí mismos; son revoluciones del Espíritu vivas, que avanzan con el sensus fidelium, de acuerdo a los tiempos. Son útiles y vivas en tanto que son capaces no sólo de dar respuestas, si no de generar preguntas que Cristo responde en cada momento concreto de la Historia de la humanidad. Si fueran estáticas serían estériles. Son opciones abiertas y concretas, caminos ofrecidos en la historia de la Salvación y para propia salvación y superaciones humanas.

En una sociedad como la actual, interconectada, cambiante, hedonista, complejamente simplista, cada respuesta según el Evangelio a cada pregunta concreta es una respuesta eficaz. El problema, muchas veces, es que el individuo no es capaz de reconocer la duda, la debilidad, el miedo o el fracaso como una pregunta personal o concreta. La sociedad genera sordos, y éstos cuando oyen ni se atreven ni saben cómo escuchar, y sin escucha no puede haber respuesta.

Mi familia, la Familia Redentorista, da respuesta desde la alegría más absoluta, con la naturalidad más rompedora, el Amor más tierno y la comprensión más maternal. Cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia, tenemos la responsabilidad de ser testigos. El testimonio que vivimos los Redentoristas, personas, comunidades, familias, religiosos o laicos es de felicidad y alegría, y la opción de la llamada creo que se encuadra precisamente en la alegría como respuesta a los más necesitados. Cuanto más sincero sea nuestro compromiso y nuestra vida mayor será la atracción, la generación de preguntas y el encuentro de respuestas.

No solamente los religiosos, no solamente las comunidades parroquiales, también las familias cristianas somos -hemos de ser- nítidos focos de irradiación vocacional. Yo lo veo así. Mostrar un camino de Vida con la propia vida.

Ya es tarde, pero no estoy cansado. Escribo desde el móvil, lo que no es fácil. Estoy feliz y agradecido. Yo vivo cada día el camino del Evangelio según la inspiración de San Alfonso; le siento más actual cada día. Y al camino que inició se suman jóvenes en todos los lugares del mundo. Todos con la misma alegría de Javier, Borja o Alejandro, tres de los postulantes españoles.

Esa es la vía quizás más generosa, es su vía personal. Pero también se suman familias como la de César y Marta García - Rincón y tantas otras.

No es cuestión de dejar la vida pasar, es cuestión de entregarla con pasión y alegría, respondiendo con valor. Acompañando, tendiendo manos y siendo faros aunque no nos creamos ni dignos ni capaces.

Me acuesto feliz. Tranquilo. Consciente de que mi felicidad no es individual, es compartida en familia y en gerundio. 

Quisiera que también fuera vuestra.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Desborda la indiferencia

Desborda la angustia, desborda la desesperación, desborda el miedo, desborda la miseria, desborda el hambre, desborda el frío, desborda la persecución, desborda el desamparo. Hombres, mujeres, niños desbordan fronteras.

Masas de personas huyendo, buscando nada más que vivir; nada más que vivir. No ya dignamente. Simplemente vivir. Yo veo una enorme dignidad en su huida, la dignidad de la lucha, de la supervivencia. Seguro que en ese proceso se dan situaciones tan dramáticas dentro del propio drama que harán aflorar lo mejor y lo peor que cada uno lleva dentro. Sacar lo bueno es siempre elogiable, y yo, desde mi cómodo desconocimiento que me lleva a permitirme el lujo de teclear y opinar, creo lo que aflora entre ellos es en la inmensa mayoría lo mejor. Y cuando aflore lo peor hay que atenerse a las circunstancias vividas y no juzgar.

No son ni animales, ni delincuentes, ni desechos; no son despojos humanos. Son hombres y mujeres como tú y como yo. Son hermanos. Son hijos de Dios, como tú y como yo. Vagando por un mundo que es de todos. Vengan de donde vengan, sea cual sea el idioma que hablen, llamen como llamen a Dios.

Hoy he leído que en Islandia, uno de los cincuenta países más ateos del mundo, la gente quiere abrir las puertas de su casa a los refugiados. Uno de los cincuenta países más ateos del mundo…

Me duele el corazón y me duele la conciencia. Me grita el corazón y me grita la conciencia. No me puedo llamar cristiano y no hacer nada; sería una hipocresía insultante. No me puedo mirar al espejo y no hacer nada sin bajar la mirada. No puedo entrar en una iglesia, arrodillarme o sentarme ante el Sagrario y no hacer nada. Oro y lloro. Pero… ¿qué más? Está en el Sagrario y está buscando asilo, pan, cobijo, justicia. Está en los campos de refugiados buscando algún hermano que lo ampare. No se pueden ver cada día las noticias o leer los periódicos y no hacer nada.

Tengo el corazón desbordado por el horror de quienes desbordan fronteras. Desbordado de dolor. Desbordado de miedo. ¿Desbordado de Amor…? O de indiferencia…

¿Qué se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cómo? Nos examinarán del amor… ¿Tendremos el valor de decir que sí, que amamos, y no hicimos nada…?

Las historia de la humanidad, en su propio deambular, tiene episodios grandiosos y episodios deleznables, demoníacos. Pues nosotros somos protagonistas de éste momento de la historia. No hay momento más importante de nuestra historia que éste.

Que el Señor me ilumine. Que el Señor nos ilumine a todos los hombres de buena voluntad, aunque no sepamos que sea Él quien lo hace. Doliendo. En gerundio.
¿Capaz de rezar con tus hijos pequeños al Niño Jesús y permanecer impasible ante ésta foto?