Scala News

lunes, 31 de diciembre de 2012

Para el 2013


¿Qué le pido yo al 2013? Nada. ¿Qué le pido a Dios para el 2013? Buff, siempre he sido muy tímido a la hora de pedir; no soy de pedir grandes cosas.

El año que acaba ha tenido de todo, como cualquiera, como la vida. En su conjunto ha sido un año más de gracia, con Dios a nuestro lado. Me gusta resaltar la cotidianeidad de la vida; que para mí lo grande sea la normalidad del día a día, lejos de ser una expresión de falsa humildad es ambicionar los carismas mayores, saber reconocer a Dios en cualquier situación. No busco grandes alharacas ni zarzas ardiendo; en el cuarto de estar, con mis hijas jugando, mi mujer a mi lado, nuestro amigo espanzurrado viendo una peli, una conversación por teléfono con mi madre, las notas del cole. No pido más.

Del 2012, dentro de los ritmos de la vida, destaco, sin duda, el ejemplo de mi madre atendiendo a mi padre; acompañar a mi padre en su suspiro final y mis hijas viviéndolo con naturalidad; unas latas de coca cola normal en la despensa de casa; un par de entrañables y divertidísimas conversaciones por whatsapp; una conversación con Pedro en su despacho; el #iEncuentro; dos amigos que no se conocían cenando juntos en casa hace algunos días; el abrazo de Paula a su oso de peluche en PS, abrazo de despedida porque lo daba para otros. Sé que pueden no parecer grandes momentos, pero son mis grandes momentos.

Y para el 2013 ¿qué? Pues creo que dejarme sorprender, aprender sorprendiéndome y agradecer la sorpresa. Continuar scalando en Familia, reconocerle a mi lado, quererle a mi lado, contribuir a que otros le vean o quieran verle y sentirle a su lado; tratar de hacerle presente. Ver crecer a mis hijas felices, ser una familia feliz, con nuestros problemas pero Él entre nosotros para aceptarlos y superarlos; acompañar a mi madre aunque sea en la distancia. Ser un poco más dúctil, más maleable, más humilde, desde Su firmeza; siempre sobre la Roca. Poder acompañar, con María, Toya y Paula a algún amigo el 27 de abril en Granada, que otro permanezca con nosotros esté en donde esté. Será el año en el que se case Nacho, mi sobrino y ahijado, de modo que pido que sea por lo menos tan feliz como soy yo. Serenidad para aceptar los cambios que puedan producirse. Dormir tranquilo; vivir tomado de Su mano; despertar cada mañana junto a mi mujer.

No pido loterías ni fortunas. Le pido a Él como tesoro.

Le pido a Dios, para el año que empezará en unas horas, continuar scalando en Familia.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Una familia más


El de hoy es una fiesta preciosa y la verdad, teniendo un blog que se llama scalandoenfamilia, no podía dejar de escribir. Con más motivo tras haber renovado los votos esta mañana en la misa de las familias en la Parroquia Redentorista de Santander.

La familia es mucho más que aquello que aparece en un registro civil (de donde, por cierto, han desaparecido las palabras padre y madre para sustituirlas por progenitor A y progenitor B). Cambios que no son solamente producto de los tiempos, sino que implican, además de un destrozo etimológico, una intencionalidad clara; de hecho mucho de los tiempos actuales no es más que consecuencia medida de una idea llevada a la práctica, no un devenir natural de la sociedad. Un padre o una madre son mucho más que un progenitor, ahí tenemos a San José.

Por mucho que los modelos de familia que tengamos en la actualidad sean variados, por muy variopintos que sean aquellos que se pretendan crear, el ejemplo de Nazaret es insustituible. Los afectos, la entrega, la gratuidad, el don de la vida y Cristo como centro. Y entiendo aquí el don de la vida al mismo nivel en los casos en los que ésta se gesta biológicamente en su núcleo, y aquellos en los que la maternidad o la paternidad se encuentran y expresan haciendo suyos a tanto niño necesitado de padres.

La familia estructura la sociedad, la nutre y la sustenta. Sólo por eso creo que ha de ser defendida más allá de ideologías y credos. Pero no por eso hemos de dejar de reconocer ciertas realidades existentes que tratan de compararse con el modelo tradicional e ideal de familia. No hablo de alentar esas vías paralelas, pero de lo que sí que hablo es de tratar de exportar lo fundamental de la Familia de Nazaret a esas otras realidades, y lo fundamental es Cristo, el Amor. Hablo de misericordia, de comprensión, de acogida, de Amor.

Por muchos que sean los ataques –ninguno espontáneo ni gratuito- no creo que nadie acabe con la familia. Ésta sólo podrá ser destruida desde adentro, y sólo lo será cuando de ella se saque a Dios.

Hablo de una célula social que no tiene otro sentido que el Amor, del que nace y al que tiende. No me refiero ni a pasiones ni a atracciones pasajeras, que no son malas ni buenas en sí mismas, pero que ni son un matrimonio ni fundamento para la creación de nada. Cada uno de sus miembros es valorado por lo que es, hijo de Dios. Me refiero a esa Roca firme.

El ejemplo vivo y real de Nazaret molesta a quienes ven a un padre, una madre y un hijo como modelo, esto es, un hombre, una mujer y un hijo. Porque no quieren ver ni a Dios, ni a la aceptación sin reservas de la voluntad de Dios; no quieren ver al Amor, que es quien sustenta y plenifica la familia. No todas son perfectas, no todas son modélicas y puede que no lo sean porque se cierran puertas y ventanas para impedir que Él entre a regir sus destinos. En un día como este toma de nuevo pleno sentido la lectura del libro de Tobías que tan intencionadamente elegí el día de nuestra boda: “…sino solamente para fundar una familia en la que se bendiga tu nombre por siempre”. Y el Señor fue generoso y nos lo concedió.

Y ya juntos, como familia, encontramos otra donde ya se bendecía Su nombre y que nos acogió como acoge una madre; en ella vamos Scalando en Familia.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Santos Inocentes


Cada 28 de diciembre tengo un recuerdo especial por nuestras dos criaturas que no llegaron a nacer. El Señor las reclamó para sí antes de que vieran la luz del sol para ver directamente las de su Amor. Nunca me he preguntado por qué. La ilusión de la espera, la ilusión y el amor que generaron sus breves meses de existencia fueron un regalo, aunque no llegáramos a verles. Creo que poder contemplar la vida de esta manera no es más que una gracia, otro regalo para nosotros.

Pero los realmente inocentes en el día de hoy son todos aquellos que no llegan a nacer porque alguien decide que no nazcan, que son incómodos, que complican la vida, que no serán perfectos a los ojos humanos, que vienen para terminar de destrozar vidas de antemano destrozadas, a arruinar corazones sin fortuna, a eliminar adolescencias ya perdidas bajo el imperio del sexo; los inocentes hoy, son aquellos que no han llegado a nacer porque les han matado. Ellos son santos e inocentes. Yo hoy pido por sus madres, por las que se vieron sin ayuda, asustadas, desamparadas y a las que la sociedad, y tantas personas de manera individual, no les ofrecieron otra salida que el aborto. La vía rápida. Hoy las contemplo con misericordia en su dolor, y pido por ellas. Pero pido también por quienes simplemente lo hacen por una cuestión de incomodidad, sin el más mínimo remordimiento: que el Señor ablande su corazón y conozcan también de manera activa, no solamente pasiva, la misericordia. Como pido por todas aquellas personas que participan de esa barbarie, sea como sanitarios, como consejeros, como asistentes o como lo que sea; por los que tienen responsabilidades médicas, como padres, como asistentes o como consejeros espirituales, que de todo hay. El Señor se apiadará de ellos, que ellos se apiaden de los inocentes. Porque en muchísimas ocasiones víctima es la madre, pero mucho más lo es el inocente indefenso en el seno de su madre.

No son los únicos. Igual de inocentes –ni más, ni menos- son todos los niños que a diario mueren de hambre en el mundo o víctimas de la guerra, los niños maltratados, abusados, manipulados, los niños soldados, los empujados a la prostitución. Por ellos pido. Pido por los niños que sufren por situaciones individuales y por quienes lo hacen a causa de unas estructuras viciadas y mantenidas por sociedades enfermas.

No abrimos los ojos, no acabamos de abrir los ojos. Y no lo haremos si antes no abrimos el corazón. Por eso, a los Santos Inocentes les pido hoy que intercedan por nosotros, ya que “los niños Inocentes cantan alabanzas al Señor; lo que en esta vida no pudieron hacer lo han realizado después de su muerte”.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Catequistas de retiro


Hoy, un grupo de catequistas de mi parroquia, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, parten a un retiro de tres días. Fechas de vacaciones para muchos, de estar en familia, y esta gente se reúne, se agrupa, se congrega en un retiro. ¡Qué raros son! ¿verdad? Pues yo les envidio y les admiro, a ellos y al sacerdote que les acompaña. Admiro su fe, su entrega, su disponibilidad, su actitud de servicio a la Comunidad e individuo a individuo.

Mi mujer tenía que haber ido con ellos, deseaba haber ido con ellos. Me sorprendió hace no muchos días cómo alguien le preguntó si iría al retiro con cara de “tú no vienes ni en broma”. Y efectivamente no irá, y no lo hará no porque no le apetezca o no lo necesite, no lo hará porque estará donde ahora más se le necesita, que es en Santander. El Señor marca los tiempos y los acontecimientos sean cuales sean nuestros planes previos.

Creo que a veces no somos conscientes de la capacidad de entrega de catequistas, religiosos y sacerdotes, y me temo que no lo somos porque, si bien puede que de manera inconsciente, a todos nos invade de vez en cuando nuestro propio “yo” ocupándolo todo. Y, mientras, ellos son un continuo darse, sin darse casi un respiro para ellos mismos.

Por eso creo que lo mejor que puedo hacer hoy, que me quedo completamente solo en Madrid, es dedicarles mi día, ofrecerles mi día, lo que tenga de bueno y lo que me traiga de no tan bueno; desde lo bueno que pueda hacer hasta mis propias debilidades. Para que se dejen llenar por el Amor del Niño, por un Redentor chiquitín y entre pañales que nos acaba de nacer a todos, y que se encuentra al cuidado de unos padres primerizos que supieron dejarse hacer, que decidieron dejarse hacer; y aceptar la voluntad de Dios aunque puede que no entendieran del todo.

Conozco las caras de muchos, conozco las expresiones de muchos, de cansancio, de entrega, de alegría, de pasión, de frustración, pero también sé que, como María y José, saben dejarse hacer y aceptan la voluntad de Dios aunque puede que no entiendan del todo. Y eso es algo que yo aprendo y admiro de ellos. Quiero también poder decir un Fiat como el suyo.

martes, 25 de diciembre de 2012

Amar a un Dios hecho niño


Cuando en una representación teatral uno se acuerda de la extraordinaria riqueza de la liturgia que, en sus variantes, no es más que una vía para acercarnos el Misterio y siente con dolor cómo la realidad se difumina entre el omnia vanitas, el sí pero no y la representación deja lugar a tanto yo ahogando al Humilde, puede ser uno mismo quien se ahogue y abandone la platea.

Hay épocas en las que uno no es que no debiera ir al teatro, sino que debe elegir bien cuáles son las obras que va a ver (y, desde luego, jamás subir al escenario sin conocer el libreto), porque de lo contrario se puede dejar arrastrar por el sinsentido de una forma brusca e inmisericorde. Actor, director, guionista, abogado, taxista, recogepelotas o ministro, no se puede ser todo a la vez y al mismo tiempo, hay que elegir.

Pero como no estamos en épocas de ficciones, sino más bien de ir a la Esencia, un comentario anecdótico en una profunda conversación con alguien querido o una inocente conversación con una cuñada hacen que a uno le venga a la nariz el olor a Nenuco entre pajas. Y ese corazón que tenía preparado para acoger y que de manera inesperada y súbita quedó encogido, se esponje de nuevo, abrace y se deje abrazar. Y es curioso, porque en el abrazo abrazamos, y abrazando nos abrimos a la misericordia a nosotros mismos y a los demás.

Hoy iremos los cuatro a misa de nueve a PS para, por fin, adorar al Niño; estamos deseando que llegue la hora. Ya nos dijo San Alfonso María de Ligorio “almas venid a amar a un Dios hecho niño y hecho pobre, que es tan amable que bajó del cielo para entregársenos por completo”. De eso se trata, de Amar; y dejarse Amar.

lunes, 24 de diciembre de 2012

#iEncuentro en Madrid


He decidido intentar un cambio, pasar de sentirme anonadado y sobrecogido a ni siquiera plantearme un por qué, y dejarme hacer y llevar. Ayer por la tarde tuvimos un #iEncuentro de #iMisión, y no paraba de preguntarme qué hacía yo entre tanta gente tan buena, tan preparada, tan de Dios; qué podría aportar. No voy a fijarme tanto en mi nada, en mis debilidades. Creo que me limitaré a tener más confianza en que lo que yo no pueda Él lo suplirá.

El entorno ya era espectacular, y para mí de una emoción especial, ni más ni menos que el colegio de los Padres Escolapios en Getafe, que este 2012 celebra sus 275 años de existencia. Para mí, antiguo alumno de los Escolapios de Santander, ver a Calasanz por todas partes me hacía sentirme seguro y en casa; claro, que también ayudaba a eso la espontaneidad y simpatía desbordante del anfitrión, el P José Fernando Juan Santos SchP (un activo de especial relevancia para su Orden y para la Iglesia), y la estupenda organización de Susana Hortigosa.

Comenzaron las presentaciones, y aunque yo me sentía muy, muy pequeñito (además de por cuestiones obvias), lo importante es que allí estaba. Un par de –como ellas se definen- conversas, militantes de Acción Católica, algún laico, un miembro de OFS, de Obra de la Iglesia, dos sacerdotes diocesanos, un Jesuita, dos Escolapios – uno sacerdote y otro laico de la Fraternidad de Betania- un director de cine y yo. Cuando empezó Santi lo primero que pensé fue “anda San Alfonso, ilumíname porque a ver qué cuento yo de mí mismo”; en fin. Pero todo surgió de manera natural, y no fui más que eso, yo mismo. El ritmo fue de una Comunión tan natural, tan familiar, que creo que eso mismo es lo que debemos hacer, #iMisionar de manera natural. Fue algo así como la #iIglesia poniendo cara a unos poquitos de sus miembros.

Y salí encantado, con ganas, con ilusión.

Esta mañana, cuando en PS limpiábamos y engalanábamos el templo para que estuviera adecuadamente preparado para celebrar el Nacimiento del Niño Dios en la Misa del Gallo, se lo contaba al P Ambel CSsR tratando de ser mesurado, que él sabe bien de mis entusiasmos.

El caso es que, tras el camino de Adviento, creo que me encuentro con el corazón lo suficientemente calentito para acoger al Niño y un año más, tomado de su mano, continuar Scalando en Familia; también con #iMisión.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Aún estás a tiempo


Algo falla. Una persona a quien conozco bien me acaba de confesar que no tiene sensación de Navidad. Algo falla, porque estamos tan cerca que ya casi huele a bebé en el Belén. Me preocupa.

Un amigo escribió ayer un artículo extraordinario titulado “Ponerse en la piel del otro”, y hay ocasiones en las que por mucho que lo intentes ese otro se ocupa en poner tantos blindajes que es casi imposible atisbar un solo sentimiento. Una pena no saber o no poder ponerme en su piel. Una pena que todavía no tenga sensación de Navidad. Una pena no ser capaz de contagiar. Una pena no haberme dado cuenta.

Algo falla en esa persona, casi tanto como algo falla en mí por no contagiar. Pero aún estamos a tiempo. Aún está a tiempo.

Quizás te resulte más fácil si te fijas en la carita de cualquier niño que ya va reflejando esa ilusión; si miras un escaparate, y en lugar de ver cosas lo que te sorprende es ese pequeño Misterio que han colocado; si a tu lado, observando eso mismo hay alguien que mira lo que no podrá tener, sin ser ni siquiera consciente de que a quien ya tiene es a Él. Un villancico expresa una alegría pero no trae al Niño.

Quizás te entre ese espíritu si miras tu vida. Te sorprenderás viendo que tu sonrisa refleja el Amor para muchos, que tus frases aparentemente seguras son acicate para muchos, que tus horas diarias y semanales de entrega no son sino un tímido reflejo de la Luz que brillará cuando nazca. ¿No ves? ¡Pero si tú contagias ese espíritu!

Ánimo, que está cerca. Tú has sido Posada este año para quien lo necesitó. ¡Si gracias a ti otro bebé llegará a nacer!

Mírate fijamente a los ojos en un espejo y verás que viene, luego quédate a solas, en silencio, a oscuras, mírate bien adentro: te quitarás blindajes y le harás hueco para que acampe.

¡Ánimo, que aún estás a tiempo!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Hacerse niño


Viendo las caras de mis hijas hay veces en las que me gustaría ser un niño de nuevo. Las sonrisas abiertas, la expresión de sorpresa, de curiosidad; la fuerza, la franqueza; seguridad descubierta y miedos que buscan cobijo; el sentido del humor, la sencillez, la falta de prejuicios; unos ojos que absorben el mundo; un corazón que se asoma al balcón de su mirada y se deja empapar como una esponja. ¡Esa ilusión!

Envidiable, la verdad. Aunque, en el fondo, procuro aprender con ellas tantas cosas que me siento también un poco niño. Enseñarlas a ir creciendo supone en muchas ocasiones soltar lastre, vaciarse, reaprender, corregir errores; sentar bases que muestran cómo hay bases que hay que derribar. Dejarlas que vayan siendo ellas mismas, firmes y flexibles, es en sí mismo un ejercicio de autodepuración, porque puede traer como consecuencia descubrirse a uno mismo. Mirarse a uno mismo con misericordia y sorprenderse. Y comprender.

Verme con esos ojos acercarme a Dios, con la sorpresa de un niño, la confianza de un niño, la franqueza de un niño; presentarle mis miedos en busca de cobijo y dejarme empapar; con la fe de un hombre y la confianza de un niño. Es hermoso.

Educar a los hijos es una oportunidad de comenzar de nuevo, no para proyectarnos en ellos, sino para hacernos niños, observarnos y recomenzar. Descubrir cimientos que hay que derribar es como contemplar la certeza de que no hay más cimiento que Él, y eso me hace firme. Descubrir la certeza de que todo se resume en el Amor me lleva a contemplar con asombro que también soy flexible.

Hacerme niño de ese modo, afianza al hombre. Y me hace comprender.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Dios ya sabe de qué se trata


Un amigo me ha pedido una oración por algo concreto. Esta frase casi me retrotrae a mis años escolares con mis queridos Escolapios, a la clase de lengua: sujeto, verbo, predicado, etc. Pero en esta ocasión el análisis va mucho más allá, incluso, del metódico análisis de texto en el que tan concienzudos eran D. José o el Sr. Allende. Lo primero que me encuentro es al “amigo”. El sujeto más interligado que nunca al verbo, porque en el fondo implica una relación de reciprocidad que debería siempre ir implícita en la amistad. La apertura de corazón no solamente se muestra al dar, también al pedir. El hecho de que un amigo se acerque de este modo a mi me produce una alegría inmensa, porque de algún modo me está regalando parte de su intimidad para presentársela al Señor. Y aquí viene otro elemento fundamental de la frase: “oración”. No pide cualquier cosa, no, pide lo más grande, la oración. Otra vez alegría, porque me considera digno de ser escuchado; realmente todos lo somos ("Si soy ruin y miserable ¿sobre qué fundamento puedo apoyar mi confianza de alcanzar lo que pida? Sobre la promesa infalible de Jesucristo: Pedid y recibiréis", San Alfonso). Y si me acojo ahora a la oración como “la elevación del alma y del corazón a Dios, para adorarle, darle gracias y pedirle lo que necesitamos", tal y como nos enseña San Alfonso Mª de Ligorio (aprovecho para recomendar a todo el mundo la lectura de “El gran medio de la oración”, de este santo del siglo de las Luces, porque a pesar del lenguaje dieciochesco, creo firmemente que hoy en día casi todo el mundo tiene luces suficientes para entender en el siglo XXI cualquiera de sus obras, a no ser que efectivamente los planes de educación sean tan nefastos como nos dicen y no hagamos nada por remediarlo, como alentar a la lectura), pues bien, acogiéndome como digo a esa acepción, mi amigo me está ofreciendo la oportunidad de elevar mi alma y mi corazón al Señor; es decir, me está haciendo un regalo impagable.

Cuál sea la intención –ese “algo concreto”- es lo de menos, es cosa de su intimidad, no de la mía, con lo que sobre ella guardo silencio.

Y bien sabe que su petición será –es- atendida, lo es no como un do ut des. Es atendida como cualquier amigo que me pide algo, porque sí, porque es mi amigo. Con mayor motivo porque lo que solicita es oración, algo que no se le puede negar a nadie, o yo estaría en otra liga diferente a la de la fe o mi Iglesia. Y además llevada a efecto con gozo por todo lo explicado hasta ahora.

De modo que si alguien lee estas líneas, le “renvío” el mensaje, y le pido que rece por la intención de mi amigo. Dios ya sabe de qué se trata.

De unos cuantos amigos


Hoy es uno de esos días en los que me acuesto feliz. Los hierbajos del camino a Belén se van secando y las nubes del horizonte se van disipando. Pasos que ayudan a escurrir la esponja del corazón para que llegue a la noche del 24 en perfecto estado para dejarse empapar por el Amor del Niño. Una tímida sonrisa comienza a esbozarse, casi a modo de ensayo, para ir abriéndose franca y ofrecerse al Recién Nacido, y el corazón se oxigena para que las brasas se vayan poniendo a tono y poder calentarle un poquito también a Él con mi amor.

Un amigo del alma que está en el ADN de esta pequeña familia, que forma parte de esta pequeña familia y con quien scalamos a diario, sufrimos, disfrutamos, crecemos, nos mosqueamos y nos partimos de risa (y además nos provee de unas pelis estupendas); un amigo de la infancia a quien hace muchísimos años que no veo, y que me ha emocionado hasta las lágrimas con su mensaje de Facebook por la muerte de mi padre (“recuerda que los viejos amigos lo somos para siempre, aunque cada cual siguiera su camino”), ¡gracias Manolo!; una invitación por las bodas de plata de otro; dos amigos que se han encontrado, traspasando la red; mis amigos de siempre organizando para este viernes una cena a la que no podré acudir; otra cena para este fin de semana con dos personas tan especiales que creo que María y yo estaremos flotando, en una nube porque será estar más cerca del cielo; musiquita poniéndome rojo y Virgi secundándola; la entrada diaria de Laura que debería estar recetada como antidepresivo; la propia Bárbara Jr. de quien espero que acabe su día como yo el mío; la tarde de este sábado y la del domingo. También hay otro encuentro (norte/sur) que no tendrá lugar ahora, pero seguro que el Niño nos lo traerá para después de Reyes. Más las cenas del 20, del 21, el iEncuentro del 23…

En fin, que es un auténtico gozo ver cómo todos vamos caminando a Belén, scalando hacia el Pesebre. No se trata ni siquiera de las cenas en sí mismas, se trata del amor que une a todo ello, que fluye y se dirige con paso firme hacia el Amor absoluto, pequeñito e infinito. En cada uno de esos amigos late un poquito del propio Bebé.

Y esa alegría, desgraciadamente, no la tenemos todos, no la vivimos todos. Es un hecho. Pero un hecho que puede cambiar, que DEBE cambiar.

Por eso, si hace un par de días os decía ¡ANIMAOS! Hoy os digo a quienes ya lo estáis: ¡ANIMAD! Porque el gozo del nacimiento del Redentor es para TODOS, porque nace para TODOS, porque la Redención es para TODOS. Animad a los decaídos, despertad a los dormidos, acompañad a quienes están solos. Aún estamos a tiempo, aún están a tiempo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Scalando en Adviento


Las lecturas de este tiempo de Adviento son una maravilla, como maravilla es lo que viene, Aquel a quien esperamos. No paro de leer entradas en blogs bastante más que edificantes. Pero yo hoy no puedo evitar sentirme casi como Pedro, Santiago y Juan en Getsemaní sorprendidos dormidos por dos veces. Es algo personal e íntimo que sólo a mí me atañe. Y ahí está.

Uno cree que emprende bien el camino, que va soltando lastre, y se siente contento porque va abriendo hueco en el corazón para que sólo lo llene la sonrisa de un Bebé, la Luz de un Bebé. Cree incluso haberlo iniciado de la mejor manera que podía, hasta que zaca bum, un chasquido interior te despierta. ¡Estaba dormido! Dormido quizás simplemente por no ver, por pensar en mí mismo, por no medir las consecuencias de mis actos; creyendo ver, creyendo no pensar en mí, creyendo ser mesurado.

Esto no me afecta más que a mí, no va dirigido a nadie, pero ya que he tomado el hábito de teclear y publicar,  y he perdido el pudor en hacerlo, simplemente lo cuento. Cómo se sintieron Pedro, Santiago y Juan al dejar sólo al Redentor lo desconozco; sé cómo me siento yo, y estoy deseando que llegue el viernes para acercarme a PS a las 19h. Puede que entonces cese ese punzón,  y se atempere el pequeño ataque de psoriasis que empezó hace algunos días y hoy ha florecido con verdaderas ganas (hacía muchísimo tiempo que no tenía un brote, pero hay veces en las que el cuerpo responde a su manera).

Pero ahí está la fe que es la que te levanta, empuja y mueve. Y ahí voy, retomando el camino de Adviento. Sin timidez, con decisión y con lo único importante, con fe. Pondré de mi parte todo lo que tenga que poner y el resto lo hará un Redentor entre pañales. Mantengo firme la esperanza en llegar sonriente y con el corazón como una esponja para dejarse empapar por el Amor del Niño.

Caminando, scalando en Familia; sé que scalando en Familia. Con los ojos bien abiertos y los cristales de las gafas bien limpios para no tropezar. Aún estoy a tiempo.

Todos estamos a tiempo así que ¡ANIMAOS! Animaos los decaídos, despertad los dormidos. Aún estamos a tiempo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Eso será la poesía


Algunos tweets intercambiados estos días con gente mucho más buena, mucho más sensata y mucho más erudita que yo, me han inquietado. Tanto como me inquietan a veces los intentos del cambio en el lenguaje, que yo veo no como intento de adaptación de un determinado mensaje, sino como una estructurada y estudiada manera de ir vaciando de contenido ese mensaje, para que al primer soplo desaparezca. Sé que la intención de los autores de esos tweets es cualquier cosa menos esa, pero también sé que ciertas corrientes que vienen de muy lejos van calando lenta pero firmemente en la sociedad y tratan de ir avanzando en sus objetivos. Me preocupa no porque crea que finalmente acabarán venciendo, que no lo harán, me preocupa como cuando veo equivocarse a mis hijas. A unos les quiero, a otros les aprecio y a todos les tengo en altísima estima. Si no fuera así, sus opiniones me resultarían abiertamente indiferentes. Pero sé que cielo y tierra pasarán, más Su Palabra no pasará. No pasará, aunque se presente –con la mejor intención- para animar a su lectura como unos textos meramente poéticos. Lo que me ha hecho pensar en la poesía pura, recordándome estos versos de León Felipe:

“Deshaced este verso,

Quitadle los caireles de la rima,

El metro, la cadencia

Y hasta la idea misma…

Aventad las palabras…

Y si después queda algo todavía

Eso

Será la poesía”

El caso es que la vida de todos ellos muestra que, aunque le quiten los caireles de la rima, expanden la idea misma a cada paso. Pero yo soy más de al pan, pan y al vino, vino. Con naturalidad y sin tapujos. No hablar con claridad, acogida, misericordia y un lenguaje atractivo, actual y adaptado –pero al grano- al medio/largo plazo puede traer desiertos tan áridos como el de Atacama.

Y por aquello de las cosas claritas, con claridad les hablo a mis hijas. Tras unas fechas en las que mis pequeñas han tenido la suerte de vivir con toda la normalidad de la Vida el paso de la muerte, ayer les hablaba de esa “Virgen”, una joven llamada María, y tras colocar el Belén y rezar ante él en lugar de hacerlo ya en sus camas, las he explicado que esta Navidad acogeremos al Niño Dios con más ganas que nunca y lo celebraremos todo con renovados ánimo e ilusión porque será la primera que su abuelo Juan pase en el cielo.

Uno, que es así de bruto.

martes, 4 de diciembre de 2012

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!


Esta es una de esas ocasiones en las que se me hace difícil escribir la entrada en el blog. Se me hace difícil porque las palabras se me agolpan a borbotones con la misma intensidad que los sentimientos. No es que no tenga palabras, es que ahora ni sé cómo estructurarlas, porque todas se hacen pequeñas, diminutas, si trato de expresar lo vivido esta tarde, si trato de mostrar el agradecimiento y el cariño. Gracias, gracias, gracias.

A las ocho y media, en mi casa, en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, tuvo lugar un funeral por mi padre. Las voces de parte de mis queridísimos jóvenes de la parroquia anunciaban la entrada de parte de mi Familia: Jorge Ambel un sacerdote al que quiero como a un hermano, Nicanor Brasa, Pedro López, Marciano Vidal, Juan Antonio González Terrón, Octavio Hidalgo y el diácono Damián Mª Montes. Y en los primeros bancos mi familia al completo, con la excepción de Nacho, mi ahijado, que no pudo venir desde Santander. Y un templo repleto de Amigos; amigos de mis padres, de mis hermanos, de mi mujer y mis cuñados, de mis sobrinos, mis “comunitarios” Laicos de PS, los hermanos del Grupo de Matrimonios, muchas personas de la parroquia, amigos míos.

Y el respeto de un silencio sepulcral, roto solamente por el amoroso sonido de las voces del coro o de quien presidía, el Padre Jorge Ambel Galán.

Si en algún momento contuve las lágrimas estas no fueron producto de la pena sino de la emoción de recibir y experimentar tanto Amor. No puedo expresarlo de otra forma. Todo en sí mismo era una inmensa oración por el eterno descanso del alma de mi padre. Era tal la fuerza que podía haber habido una gigantesca explosión de Amor.

Y ante esto uno simplemente puede decir, tímidamente, gracias. Ni siquiera con mayúsculas. He vivido el cariño de la comunidad Redentorista, de los jóvenes, de todos quienes hicieron el esfuerzo por hacerse presentes, desde los más jóvenes a los casi centenarios; y a él uní todas las expresiones de afecto recibidas estos días.

La cercanía de ese hermano con mi madre, el afecto de Pedro con ella, las palabras de Nicanor, el calor de todos. Y esos jóvenes a quienes tanto quiero, y todos, todos, todos.

La emoción de mis hermanos, la enhorabuena de mi madre por esa Familia, tantos amigos.

Aún floto entre el aturdimiento y el agradecimiento, pero con la paz y la alegría que no son producto más que de la fe. Porque lo más importante, lo importante, lo único importante es Él, entorno a Quien todos estábamos reunidos. Y el Perpetuo Socorro de María, el Icono con la Virgen sosteniendo al Niño, la Madre en cuyos brazos se durmió mi padre para despertar en el cielo.

Cuando uno no sabe qué decir, o cómo decirlo, lo normal es que sea mejor callar; pero yo no lo hago, de modo que: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.