viernes, 31 de agosto de 2012

Primer año de "Scalando"


Hoy, 31 de agosto, hace un año que empecé este blog. Por qué lo hice da lo mismo ahora, simplemente recité la Oración de Fernando III El Santo al Espíritu Santo, con la mayor naturalidad me puse manos a la obra, escribí la primera entrada (http://scalandoenfamilia.blogspot.com.es/2011/08/me-dijeron-que-era-mi-amigo.html) y lo colgué en mi perfil de Facebook. Y seguí.
Hubo quien me comentó que esto no era más que producto de un subidón espiritual tras la JMJ y que, como tal subidón, sería efímero (“durarás un par de meses como mucho”). Lo cierto es que aquellos días de agosto fueron un tiempo gozoso extraordinario, en casi todos los aspectos incomparable, aunque también hubo momentos de una soledad intensa (siempre recordaré y agradeceré aquella conversación telefónica, a las dos de la mañana, con mi querido Javier Torres, el jueves 18). Quienes mejor me conocen saben que yo encaré aquello desde bastantes meses atrás surfeando ya hacia la cresta (uno de ellos me recomendó que escribiera; claro, que no dijo nada de que lo hiciera público). Y también de una intimidad profunda. Descubrí muchas de mis debilidades y de mis innumerables fallos. Sin embargo el gozo fue extraordinario.

En seguida llegaron los primeros comentarios a las entradas. Algunos me ruborizaron tanto y me parecieron tan incomprensibles que decidí no publicarlos. Tras las visitas de España y Latinoamérica empezaron las de algún país árabe, Asia, Estados Unidos, Europa Oriental… y continuaba con el desconcierto y la sorpresa. Y el agradecimiento más sincero. Supongo que, se encuentre uno donde se encuentre, para tomarse la molestia de visitar esto de una manera periódica pueda darse al menos una suerte de identificación en algo común, y eso genera un sentimiento de hermandad. Aunque de todo ha habido, claro: quien se ha sentido –sin yo pretenderlo- incómodo, quien me ha aconsejado que lo deje, quien se ha sorprendido, quien se ha asustado, quien me ha “descubierto” tras toda una vida, quien ha confirmado sus “sospechas” desde niños, quien me pide que le hable de esa Familia, quien no me ve en ella y quien sí lo hace.

Y aquí me encuentro un año después, Scalando con mi mujer y mis hijas y en Familia, feliz y encantado de la Vida. Desnudo ante el mundo, eso sí, pero sin importarme lo más mínimo. Lo que escribo sale del corazón, por eso no es más que una visión personal, de la Vida desde la fe, pero mi visión personal. Es sólo eso. Con el Redentor en el corazón y el corazón en la yema de los dedos.

Un año más viejo, seguro; un año más sabio, no lo sé; un año más agradecido, sin ningún género de dudas. Agradecido a quienes lo leen. Agradecido a aquellos a los que alguna entrada les ha servido de algo y así me lo han hecho saber. Agradecido a las redes sociales que me han acercado a un puñado de almas (a alguno os he conocido en persona, y otros… ya sabes Padrecito las ganas que tengo de cruzar el charco). Agradecido a quienes me alientan. Agradecido a quien me hace “Preguntarme y Buscar”. Agradecido a un puñado de jóvenes. Agradecido a los que se van y a los que se quedan. Agradecido a San Alfonso y a la Familia Redentorista. Agradecido a Dios.

La entrada de hace un año se titulaba “Me dijeron que era mi Amigo”; aunque apenas nos veamos sabes que siempre estás en mi corazón y en el de mi familia, gracias a ti que me recordaste que ES mi Amigo.

Aquí sigo; aquí seguimos. Scalando en Familia.

domingo, 26 de agosto de 2012

Historia de una Piñata


Cuando la Luz del Amor golpea la Piñata de tu vida el aturdimiento inicial te descoloca pero, tras despejar la incógnita (por mucho que asuste en un principio), ves que ese dulce batacazo ha rasgado el finísimo papel de la piñata. Queda así plenamente visible ver el agujero por el que de manera súbita han caído al suelo tantas menudencias “fundamentales” en las que creías radicar tú día a día y un altísimo porcentaje de tu felicidad.

Ya nada es igual siendo todo idéntico. La Piñata se bambolea y casi pareciera un farolillo por la magnífica Luz que ahora se aprecia a su través.

Pero de ella aun cuelgan estrechitas cintas de colores y llega un punto en el que te ves a ti mismo asiendo una de ellas y tirando con fuerza para que caigan más de esas menudencias y pueda entrar más luz. No hacen falta grandes peroratas ni enjundiosos sustentos teológicos; basta la necesidad y el deseo de simplificarlo todo para dejar paso a esa Luz. No hay más. Y lo haces. La Piñata se ve airosa y con la humildad de una diminuta luciérnaga; una piñata luciendo libre.

Y ahora en casa, de vuelta en Madrid tras mis vacaciones, así me siento, como si hubiera tirado de varias de esas cintas con la fuerza que dan la fe, el deseo, el coraje y la necesidad. Creo que nunca he pasado unas vacaciones tan sencillas, tan ligeras, tan intensas y tan felices. Con mis tres niñas, en familia, con los mejores amigos (quienes estaban físicamente, los que han elegido permanecer “conectados” y aquellos pocos que saben que les llevo siempre en mi corazón vaya adonde vaya y esté en donde esté), disfrutando fundamentalmente de todos esos regalos en las maravillas de la naturaleza que nos permite contemplar la grandeza de la Creación y a Él en ella y entre nosotros. Privilegiado, afortunado y dichoso.

Y ya estoy de vuelta. Pero consciente de que no todo lo bueno se acaba si queremos que continúe en nosotros; todo aquello que es bueno lo es por y para que algo, alguien, sea mejor. Es cuestión de cómo miremos, de cómo veamos la realidad... ¡y cambiarla!

Aunque aun quedan cintas de colores colgando de la Piñata... Scalando.

sábado, 25 de agosto de 2012

No marca la vida


25 de agosto, festividad de San José de Calasanz. En unos días en los se habla de la discriminación o no de la educación diferenciada por sexos, yo, que soy muy básico, simplemente pienso que hay zotes salidos de ambos tipos de aulas, que hay gente cargada de prejuicios tanto exalumnos de colegios mixtos como de colegios con “educación diferenciada”. Estudié en los Escolapios de Santander, en el Colegio San José de la Calle Canalejas; en mi época solamente éramos chicos. Mi sobrino y ahijado lo hizo en el mismo Centro, y ya era mixto. No veo diferencia entre él y yo salvo la lógica de la edad y de los tiempos. Quizás sea por esa imagen que había en cada aula junto a la Cruz; no por la imagen en sí misma, obviamente, que no es otra que la de Calasanz, sino por lo que significa “Piedad y letras”, por lo que desde hace siglos vienen imprimiendo en niños y jóvenes tantos hijos entregados del Santo de Peralta de la Sal. No se trata solamente de datos, números, conocimientos. Forman en la fe, preparan para la vida en cada época y abren los corazones al encuentro.

Días atrás, en una conversación, escuché decir cómo nos marca la vida. No estoy de acuerdo con esa afirmación. La vida sencillamente la vivimos y cómo lo hagamos depende de esa formación inicial y nuestro libre albedrío, sean cuales sean las circunstancias. De nosotros depende scalar o no por la Vida. Marcan acontecimientos, encuentros, personas y nosotros podemos hacerlo en los demás.

Hace unos pocos años, navegando por internet, me encontré con una página, escribí un comentario a una entrada que me llamó la atención y resulta que me contestó “un amigo de toda la vida aunque aún no lo sabíamos”. Cualquiera que lea estas páginas ya sabrá que me refiero al P. José Fernando Juan Santos SchP., (hoy agradezco especialmente al Señor por este regalo y le felicito por el día de Calasanz, como a los Casanova Morales, llegados a nuestra vida también por internet). Seguro que, si no lo hacen ya, sus alumnos agradecerán el tiempo pasado junto a él; algo así como una imagen viva de su propio Fundador. Y es que los santos tienen la facultad extraordinaria de, estando en el cielo, traernos el cielo a la tierra en cada uno de sus hijos, les vemos en ellos, les sentimos en ellos, pero ni por ellos ni para ellos; por Él y para Él.

Las nuevas tecnologías me acercaron a esos Escolapios, y me mantienen a diario cercano a hermanos a quienes, con la ayuda de Dios, algún día abrazaré, ¿Verdad, Bryan? Porque no es la vida la que nos marca. Nos vamos preparando quizás para dejarnos marcar por ciertos acontecimientos, y si es un acontecimiento especial el que lo hace, si se produce un “encuentro afectante”, éste necesariamente nos conmueve y mueve a salir de nosotros mismos. Puede que sea por eso mismo por lo que, de una manera natural, el agua de las redes sociales transcurre por un cauce común para muchos.

Encuentro que enamora y empuja. Y a uno ya le va apeteciendo que comience el curso, y una conversación para septiembre pendiente desde hace un año.

lunes, 20 de agosto de 2012

Los "Viejos recuerdos" de mi tío


Acabo de empezar a leer un libro que ha escrito un chavaluco de 80 años, se llama Javier Casanueva y es el hermano pequeño de mi padre. El libro se titula “Viejos recuerdos”, y si bien es fundamentalmente un relato magnífico de una pequeña parte de la historia familiar, se ha convertido sin pretenderlo en todo un compendio de recuerdos de la historia musical y cultural de Santander. Arranca a finales el siglo XIX con el premio extraordinario de mi bisabuela María González Sologaistúa en el Conservatorio de Paris, virtuosa pianista aficionada que junto con mi bisabuelo Juan Manuel Casanueva Granados (primo del compositor) inocularon en los genes familiares un gusto y sensibilidad especiales para la música.

Es a partir de la creación de la Sociedad Filarmónica por parte mi abuelo Eduardo Casanueva, Francisco Alvear, Estanislao Abarca y Alejandro Vega, cuando el libro comienza a ser más que interesante para los santanderinos. Un prosa amena y cargada de anécdotas de un siglo de conciertos, desde aquella Sociedad Filarmónica al Festival Internacional de Santander; un curiosísimo relato también fotográfico de todos aquellos que ensayaban e incluso algunos vivían en “La Gaviota”, la casa de mis abuelos: Jacques Thibaud, Gaspar Cassadó, Claudio Arrau, Walter Gieseking, José Cubiles, Joaquín Rodrigo, Regino Sainz de la Maza, Karl Hammer, Yehudi Menuhin, Alicia de Larrocha, Arturo Rubinstein, Nikita Magaloff…. y un interminable etcétera de nombres y recuerdos de los más importantes intérpretes internacionales de la música clásica.

Todo esto está muy bien, y el libro es mucho más que entretenido, pero a mi lo que me ha conmovido es algo que obviamente conocía de sobra, pero verlo impreso impresiona: que mi abuelo, que lo tenía todo en la vida, se empeñara –gratis et amore- en traer a su ciudad natal lo mejor de la música clásica; se esforzara con tres amigos por elevar el nivel musical y cultural de su ciudad para que el mayor número de gente posible pudiera crecer y cultivarse. Por amor a la música y a su ciudad, abriendo su casa y cediendo su “Steinway & sons” a la Porticada. No eran unos “representantes” –hoy en día a veces casi pienso que ojalá lo hubieran sido…-, quizás podían haberse recorrido el mundo de concierto en concierto, pero lo que quisieron hacer fue traer el mundo a Santander, y con un agujero en el bolsillo... Así nacen muchas veces las cosas, aunque la gente no lo sepa. Y aunque hoy sólo nos quede el recuerdo.

El libro casi podría ser también un  siglo condensado de crónica social, y aquí lo que me parece más curioso -comparándolas con muchas de las publicadas en la actualidad- son las crónicas periodísticas hechas hasta más o menos finales de los sesenta del siglo pasado, porque reflejan críticas musicales, gente sensible de cualquier condición, culta, que realmente acudía a cada concierto a disfrutar y elevarse un poquito; a partir de los setenta más o menos la cosa va cambiando, y hoy en día se muestra descarnadamente en muchos el omnia vanitas, ir a ser visto, modelitos… una sociedad en descomposición.

Un repaso por la historia de una ciudad, desde la música y con elementos relevantes y unificadores como también la literatura, la pintura y todos los personajes importantes que pasaron por un lugar emblemático “los Escolapios de Villacarriedo”. Entre éstos último aparece mi abuelo materno, Enrique Pérez-Llantada, otro personaje inusual porque fue un auténtico médico por vocación que iba a visitar a muchos pacientes con las medicinas o algo más, que no colaba en su consulta a un poderoso si había un humilde esperando, aferrado a su fe y su familia. Y justo la semana pasada supe de alguien conocido, también médico de un cierto prestigio, con su plaza asegurada, pensando en irse a ejercer a Dubai simplemente por el dinero; quizás con la que cae ahora, para un médico vocacional –y además con un futuro asegurado- sea éste el momento de permanecer aquí precisamente para tantos que no tendrán cómo, ni dónde ni con quién. Signo también de una sociedad enrarecida.

Pero no quiero terminar con tristeza, sino agradeciendo a mi tío Javier haber escrito este libro, no porque conserva una pequeña parte la historia familiar, sino porque muestra –aunque quizás no lo pretendiera- que lo realmente importante, no es de dónde venimos, sino lo que hacemos por los demás mientras scalamos.

viernes, 17 de agosto de 2012

Oración de los jueves en Comillas


Ayer estuvimos en la imponente iglesia del San Cristóbal, en Comillas. Un enorme templo del siglo XVIII abarrotado de fieles. No caímos allí por casualidad. Un grupo de veraneantes viene organizando cada jueves la adoración ante el Santísimo. Que alguien de vacaciones se dedique a algo así es bastante más que significativo y digno de aplauso, más en un verano como el actual en la provincia de Cantabria, con altísimas temperaturas, sol radiante a diario y sin agua (algo a lo que, francamente, no estamos acostumbrados por aquí). Hay personas que no entienden sus vacaciones como un “desconectar” de todo, “móvil off”, ni paréntesis en sus vidas, sino que son eso, vacaciones; con todo el contacto real con todo.

Yo no entiendo este período ni como un evadirse, ni escabullirse, ni recargar no sé muy bien el qué, ni un paréntesis en la vida; nunca lo he hecho y no me gustan nada los compartimentos estancos. A veces parece que la gente tuviera la necesidad de huir de algo. Pero bueno, cada uno es como es.

Lo cierto es que ayer por la tarde me quedé impresionado de la cantidad de veraneantes de todas las edades (muchísimos jóvenes) entorno a Jesús Eucaristía. A mí me convocó en la playa una mujer especial, de una sensibilidad especial, y una simpatía especial: Dominica Martínez-Cubells. Lo que no sabía es que también su voz es especial. Sentados ante el Señor, comienzo a escuchar los acordes de la guitarra y una voz prodigiosa (por cierto, espectacular la acústica de la iglesia); miro a mi derecha y quien tocaba la guitarra y cantaba con un gusto fuera de lo común el Pange Lingua era la propia Dominica. No daba crédito.

Gracias Dominica por animarme a ir a la Oración de Comillas, sobre todo por mostrarme la realidad que muchas veces no vemos, menos aún en vacaciones, de que no estamos solos, de que hay una multitud de jóvenes como los que yo conozco también en vacaciones; somos muchos, muchísimos. Y que seamos muchísimos más depende de cada uno de nosotros; mostrar al mundo la alegría de la fe depende da cada uno de nosotros, es una obligación para cada uno de nosotros, es un impulso gozoso para cada uno de nosotros. Es una necesidad para mi.

miércoles, 15 de agosto de 2012

FIAT


Oruña, Cantabria, ya iniciado el día de la Asunción de la Virgen María del año 2002. Volviste la cabeza con un golpe de pelo; sonreíste, mientras con un rápido revoloteo tus larguísimas pestañas llegaron al fondo de mi alma despejando el polvo. No es que fueran los ojos más hermosos que jamás había visto, es que, antes incluso de zambullirme en ellos, supe que ahí estábamos el uno para el otro desde el principio de los tiempos; así nos pensó Él. No había nadie más entre toda esa gente, sólo nosotros tres: Él, tú y yo. Ya lo sabes, tú y todo el que me lo fue preguntando; fue un instante, el instante de la eternidad. Todos los presentes pudieron contemplar la fuerza irrefrenable del impacto.

Así son los caminos del Señor, insondables. Justo cuando mi “alma era lo mismo que una ranita verde” –la ranita de Dámaso Alonso en “Hijos de la ira”-, y, al atardecer de mis treinta y seis años había decidido liberarme de mí mismo, dejarme arrastrar, dejarme arrebatar, resultó que Su Amor eras tú. Quizás Él simplemente esperaba una respuesta.

Al día siguiente, en mi casa me preguntaron qué tal me había ido. Respondí como siempre, entre impasible y socarrón: “¿anoche? Ah, bien, conocí a la mujer con la que me voy a casar”.

Al tercer día –tu conoces muy bien que no fue casual que fuera al tercero-, llegó la primera cita, y durante aquella cena nuestra tercera conversación, que devino de manera natural en un resumen condensado y descarnado de nuestras vidas –después de todo desde la Creación a entonces teníamos que ponernos al día- mientras yo no paraba de surfear en tu mirada.

Porque yo sí creo que el matrimonio es cosa de tres; porque el amor del Amor se nutre y por ello es un FIAT. Y acampó entre nosotros. Y con Él entre nosotros los tropezones, los malos humores, los problemas cotidianos, las carencias, las debilidades, pueden ser sólo anécdotas; porque la casa se asienta sobre Roca firme. Con una voluntad común de mantenernos bajo Su mirada.

Mi historia no es la de un hombre con vocación al matrimonio. Mi historia es la de un hombre llamado Enrique con vocación concreta al matrimonio en la persona de María. Mi mujer. Y un 31 de octubre entrabas radiante por el pasillo central de la iglesia mientras el coro entonaba el gregoriano “Ave, mundi spes, Maria” para darnos el sí definitivo. Fiat.

Nuestra vida en Sus manos sin mayores planes. Cuatro regalos: dos que nos esperan en el Cielo y Toya y Paula, que nos acercan un poquito el Cielo a nuestras vidas. Y con Él entre nosotros, un compromiso constante ad intra y ad extra. Una pequeña familia en una gran Familia. Y un permanente GRACIAS a Dios.

Fechas a no olvidar jamás: 15 de agosto, 31 de octubre, 2 de marzo, 27 de febrero, 19 de mayo. Sí, esas cinco.

Diez años. Scalando en Familia.

sábado, 11 de agosto de 2012

La playa como templo


La vida es Vida en las cosas más pequeñas y humildes, en las nimiedades aparentes y en los contextos más cotidianos. Pero cuando uno reconoce a Dios como Amor, como un Amor absoluto, y lo reconoce no solamente como Fuente, sino con una necesidad a la vez de ser amado, todo cambia. No hablo de un cambio melindroso, sensiblón ni beatífico. Me refiero a una transformación real y alegre.

Por mucho que las situaciones sean las mismas y repetitivas, por mucho que los contextos sean similares al “antes” transformador, nada se ve igual, ni situaciones, ni contextos, ni personas. Y conste que aquí no entran ni juicios ni valoraciones, pero sí aparece una sensibilidad nueva que impele al individuo a reparar en lo que antes ni tomaba en cuenta, a tomar partido ante banalizaciones hirientes, a salirse de la norma y del cauce en el que transcurría. Y todo dentro de la normalidad y cotidianeidad más absolutas. Conversaciones corrientes y respuestas que hacen que a uno le miren como a un extraterrestre; situaciones en las que te sientes cómodo y otras simplemente fuera de lugar; bromas que te resultan molestas. Pequeñas gotitas que te traen a la realidad de que el Agua por la que nadas es ahora otra, y el Cauce lleva al Absoluto; nada más. Los mismos lugares, las mismas personas, el mismo entorno, y todo diferente. Y aunque no sin dolor, sí con una alegría inmensa que tratas discretamente de compartir. La carcasa que habitas es la misma, la gente es la misma, pero nada es ya igual.

Lo mejor es que ni puedes ni quieres cerrar los ojos. La playa no es ya solamente una playa, es una de las maravillas de la creación y un templo maravilloso donde orar; precisamente por eso, lo siento, pero cuanta más gente pueda disfrutar de ella mejor ¡y gratis!  El monte es un grandioso regalo para encontrarse con el Misterio. Sí, y mis impuestos prefiero que sirvan para atender a inmigrantes sin papeles en los ambulatorios –como Posadas sanadoras de Cristos dolientes- antes que a políticos incompetentes, cuando no corruptos.

“¡Hombre Enrique, eso es relativo!” No, no lo es. Hay prismas pero una sola realidad, y lo único que varía es la mirada. ¿Quiero que mi mirada se asemeje a la de Cristo ante la realidad en la que me encuentre? ¿Quiero prestarle mis ojos, mi sonrisa y mis manos? Ese “te doy el corazón y el alma mía” no son más que palabras insinceras si no van acompañadas del resto; y ese “resto” no es otra cosa que actitud y acción. Enfangarte sonriente en tu vida diaria; y más allá. Sin sermones huecos, sin leccioncillas timoratas, sin reproches; con un poquitín de comprensión, acogida y amor. Cada día con un poquitín más de Amor.

Sonrisitas de suficiencia que duelen; bromitas de superioridad que hieren; comentarios crueles y autocomplacientes como hiel. Reflejan ceguera de ojos y de corazón y dejan desnudas demasiadas cadenas. Les quieres igual, aunque nada sea lo mismo.

Mucho de inercia y poco de creencia de verdad en la Palabra.

Y uno se encuentra torpe, pobre, débil, limitado e inútil, pero tremendamente libre aun reconociéndose pecador y fallido. Y todo sin nombrar, a propósito, ni a Dios ni a Cristo. Al despedirte te dan un abrazo con un beso y en broma te dicen: “Fray Enrique, ¡qué envidia me das!”. Y te piden de nuevo, ya a la vuelta de vacaciones, en Madrid, una comida con alguien que ya ni está; lástima que esa comida nunca vaya a tener lugar.

¡Qué hermoso es descubrir las vacaciones como una larga oración!

jueves, 9 de agosto de 2012

El Amor es la Ley y la medida


Cuando la realidad te abofetea las teorías caen para dejar que prevalezca la esencia; nada más.

Ahora tengo bien cerca a alguien realmente necesitado, necesitado no sé muy bien de qué, pero desde luego necesitado de auxilio. Y yo, por él, quiero estar a su lado. Puedo no ser el más adecuado, ni el más sabio, ni el más hábil; pero ahí estoy. Le quiero, y si algo he aprendido estos largos últimos tiempos es que el Amor es fuente y delta, raíz y fin; Vida.

Nunca he estado así, aunque me haya roto. Y roto el Señor entró en mi vida, de la mano de algo así como un ángel rapado, pero fue Él quien entró. Los razonamientos están muy bien, las construcciones intelectuales asientan, pero de poco valen sin un encuentro directo y personal con Cristo. Y cuando esto realmente ocurre la nada se reestructura, caen barreras, se abaten mitos, las “certezas” se derrumban por los suelos, la ley a la que te asías sólo es ley para levantarse nueva el alma de un hombre desnudo con la inmensidad del Amor que todo lo ordena y acoge.  A partir de ahí sí entran en juego el intelecto y la razón. Pero sólo desde Cristo y hacia el propio hombre.

No seré nada ni nadie, pero un ser que Ama y lo intenta, que se entrega y tiende su mano.

Hubo un día en que un individuo puso en mis manos “El santo del siglo de las luces”. No estaba previsto que me enamorara de San Alfonso, ni de Cristo a través de San Alfonso, como no estaba previsto que llegara a querer íntegramente a quien me lo regaló como a un miembro de mi propia familia. Pero así fue. Al poco de poner sus manos sobre mi cabeza, colocó ese libro entre las mías. De ahí comenzó una vida nueva. El mundo era el mismo, pero no los ojos con los que lo miraba. Reaprender, revisar conceptos, limpiar de telarañas los recovecos del alma. Y de asomarme como espectador me bajé del balcón.

He puesto entre las manos de alguien esa biografía de Alfonso. No es más que una biografía; algo sobre él, no de él. Simplemente espero que conozca, que se abra, que escuche. Y que pida. Ahora nada más me importa.

El proceso no es el mismo. Yo partí de un desconocido que hoy es una parte radical de mi familia. Sin hablar, sin saber, sin ver, sin siquiera esperar. Porque el Amor no es un dou dest; el Amor de verdad es total y radicalmente incondicional. No irracional, sino pleno.

Con este individuo parto a la inversa. Vino de lo alto, he llegado a quererle, con su familia forma parte de la nuestra, y ahora no está en su mejor momento. Ni sé cómo manejarlo. Pero a mí se me cayeron todos los prejuicios, todos los miedos, todas las barreras, todos los pudores, todos los rigores. Entendí que todo es Amor; el Amor Redentor de Dios en Cristo y hacia el hombre. No hay más ni nada más importa; el Amor es la Ley y la medida.

Pero si soy, o estoy, o estoy porque soy –qué más dará eso ahora- aquí me tienes. En tus manos ya tienes a Alfonso.

jueves, 2 de agosto de 2012

Cuando el corazón habla


Es grandioso experimentar cómo cuando el ritmo de la Vida se acelera para alguien querido y le ves próximo a recogerse en los brazos de María para la gran presentación, uno puede sentir un profundo gozo en el alma. Es un privilegio comprometedor sentir plenamente, creer firmemente que en Él está la Redención Copiosa.

Vivirlo en la soledad de la distancia contribuye con fuerza a la vez a un sentido integral de la individualidad del ser humano como tal y su engrandecimiento en comunidad. Del dolor al gozo y de la soledad a la compañía.

Mientras la arena va cayendo en el reloj a mi me gustaría estar ahora mismo en familia, necesito perderme en los ojos de mi mujer. Pero me resulta curioso también sentir que me gustaría tener el abrazo de algunas personas; ya lo saben, porque se lo he hecho llegar vía facebook. Me faltó alguien a quien no incluí intencionadamente, por una simple cuestión generacional. Es curiosísimo sentir en el dolor la alegría y en la soledad el calor de la compañía. Darme cuenta del abrazo permanente del Padre y de la Madre, ver que están ahí, y que sólo de nosotros depende cobijarnos en Sus brazos, compromete. Compromete a gritarlo, contarlo, mostrarlo. Compromete a hacerlo saber a quienes no lo conocen.

Esta mañana he tenido una conversación en la que casi ni me reconozco; me sorprendo y estoy feliz por ello. Momentos de la Vida en los que todo cobra sentido.

Como individuo eres tú mismo, pero eres minúsculo e inútil sin los demás; eres minúsculo e inútil si no eres para los demás. Ayer recibí un mensaje directo en twitter del director de una revista en respuesta a otro mío felicitándole por San Alfonso, que casi provoca que mi caja torácica se resquebrajara; ese, unido a otros muchos, fueron engrandeciendo el día. Hoy, como nunca, siento ese “ser”; ahora, como nunca, me autoreconozco ubicado. Y agradezco tantos elefantes abriendo los ojos a la zarigüeya (recognoscere et immanere).

Es curioso cómo en ciertos momentos es el corazón el que habla y no te fijas en quién te quiere, es tu corazón quien señala a quién quieres; y a ellos recurres.

Y qué agradable es sentir en la soledad cómo me pierdo en los ojos de mi mujer, mientras me acurruco en los brazos de María.

Y ahora, confiando en que quede arena en el reloj, me voy a Santander; quizás cuando llegue se ha dado la vuelta de nuevo, porque eso sólo Dios lo sabe.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¡FELIZ SAN ALFONSO!


Hoy es un día grande y feliz para la Familia Redentorista, para la Iglesia en general, porque celebramos la festividad de San Alfonso María de Ligorio, Fundador de los Redentoristas, obispo, Doctor de la Iglesia y patrono celestial de confesores y moralistas.

No voy a hablar de San Alfonso, del Alfonso histórico. Mi primer contacto adulto con él fue en uno de sus hijos, el P Ambel; sí, la preposición está perfectamente escogida, no es un error. Éste, en los inicios del acompañamiento, me prestó un libro, “El santo del siglo de las luces” de Theodule Rey-Mermet, y no creo para nada que fuera consciente de que así se iniciaba una historia de Amor en la que se embarcaría toda mi familia. Lo leí tres veces seguidas; casi puedo decir que lo “estudié”. Después me prestó alguna de las obras del santo, y yo, por mi cuenta fui leyendo más y más de y sobre él. Pero lo que es mucho más importante, comencé a ser un observador silencioso y distanciado de la práctica viva y actual de mucho de aquello que de él había leído. De ahí pasé a dejarme arrastrar.

La Vida se construye paso a paso, el Señor se nos muestra discretamente, y el libre albedrío, nuestra voluntad consciente nos lleva a seguirle o no; depende solamente de nosotros, de nuestra propia libertad. En esos pasos hay hitos que marcan un antes y un después, momentos imperecederos que hacen que en tu Vida haya un antes y un después. En la mía hay varios. El fundamental y explosivo es un 15 de agosto, cuando yo encontré al Señor en la eternidad de un instante en los ojos de María (eso y no otra cosa es el Amor, la eternidad del Amor), mi mujer, con quien fundé una familia (Tb 8, 5-10). El segundo un 19 de mayo en que se me ofrecía a la vista en un sacerdote Redentorista, y en él a Alfonso, entre quienes encontré una Familia.

Esta noche se cumplirá un año del primer día en que un grupo de jóvenes entró en mi casa con las puertas -como las de mi corazón- abiertas de par en par. Acabo de darme cuenta de eso; solamente un año. Aunque a mi me parece toda una Vida. No, no voy a hablar de Alfonso; le veo a diario.

Hace poco alguien que es mucho, muchísimo más que un amigo, delante del P Ambel, en PS, me dijo que le fuera hablando de la Congregación del Santísimo Redentor, que le fuera contando cosas de sus hijos. Creo que lo mejor que puedo hacer es poner en sus manos “El santo del siglo de las luces”.

Hoy he amanecido con algún mensaje de felicitación inesperado llegado desde Santander, bastantes venidos de fuera y algunos de dentro en respuesta a los míos; de éstos ha habido uno muy, muy especial que me ha emocionado, porque viene de un sacerdote Redentorista y porque finaliza así: “…..y tu ser redentorista”. No tengo palabras…

… y como no las tengo, acabaré con las de Dámaso Alonso en “El alma era lo mismo que una ranita verde”:

“… ¡Ay, Dios,

Cómo me has arrastrado,

Cómo me has desarraigado,

Cómo me llevas

En tu invencible frenesí,

Cómo me arrebataste hacia tu amor!

Yo dudaba.

No, no dudo:

Dame tu incógnita aventura,

Tu inundación, tu océano,

Tu final,

La tromba indefinida de tu mente,

Dame tu nombre,

En ti.”