Scala News

viernes, 27 de marzo de 2020

GONE WITH THE VIRUS


No me encuentro bien. No lo voy a negar. Ya mejoraré. Pero es lo que hay y simplemente queda asumirlo. Obedecer, cumplir lo que me manden y rezar. Lo peor posiblemente es que hoy iba a abandonar mi aislamiento, me encontraba ya casi perfecto, pero he amanecido con neumonía y un dolor muy fuerte en el costado derecho. Antibiótico; sigo en casa, pero si empeoro sólo un poco, o aparece algún otro síntoma, me dice el médico del centro de salud que a urgencias y me ingresarán. Ya sé que la azitromicina tampoco es el bálsamo de fierabrás, pero el dolor ahí está. Me ha abrazado y parece que con un cierto cariño…

Ya conozco a alguno que se quedó en el intento (aquí seguro que podréis poner nombres), a alguno que lo superó (Ramón y Mónica, Jorge), a alguno que está ingresado (Íñigo), a alguno que lucha por sobrevivir (Javier), a alguno que lo pasa en casa (Patxi, Javi). No le tengo miedo a nada; y cuando digo nada es exactamente a nada. Sólo me asusta tener que ser ingresado, pero nada más que por mis hijas. Verme salir con todo lo que oyen les puede hacer pasar por sustos innecesarios, aunque por otro lado les puede tener preparadas, que nunca se sabe. Por mis hijas y por mi madre; sola, mayor y aislada a cientos de kilómetros todo se magnifica. María es fuerte, extraordinariamente fuerte.

Sin miedo y, sin embargo, no puedo evitar emocionarme con la cantidad de gente que está pendiente y rezando. La familia Redentorista pendiente desde distintos continentes, ex compañeros de trabajo y jefes de casi todas las empresas en las que he trabajado (curiosamente de todas de las que guardo un buen recuerdo). Me sorprenden las muestras de afecto y apoyo de aquellos con quienes no tengo un trato cotidiano. No meto a mi familia, ni a esa extensión de mi mismo que es Gonzalo o los amigos de siempre (autonombraros). No meto a nadie de mi vida diaria, ni física ni en las redes. Sin embargo, no dejo de emocionarme. No dejo de emocionarme con Elías tan cariñoso siempre con sus mensajes cotidianos; con Manolito, que nos habremos visto sólo 20 veces desde los 20 y está siempre ahí; hoy especialmente con Pota u Orbeuca; con Almudena de Maeztu y sus ánimos por Facebook. Todas estas muestras de interés, todos los mensajes en las redes se revelan casi como una historia de uno mismo, el recorrido de uno mismo. Pasos dados y lugares habitados.

Si salgo este fin de semana de casa lo haré teniendo presentes dos incógnitas dolorosas: ¿habré perdido perdón a todos? ¿por qué desapareció Joaquín? Y punto. Adelante y rezando.

Y a la vuelta a casa seguirán esas incógnitas. Pero también, punto. Adelante y rezando. La primavera volverá a reír y cada mañana nos visitará el sol que nace de lo Alto, estemos aquí o ya en lo Alto. Y se seguirá riendo, y se seguirá llorando y se seguirá sufriendo y se seguirá luchando, y levantando y perdonando. Siempre en gerundio. Vida en estado puro.

Y mientras, escucho a mi mujer desvivirse junto con un grupo de madres de la clase PAI 2B del Colegio Alegra, y en pleno ERTE, gestionar el transporte y la logística de todos los EPI’s que están consiguiendo y/o confeccionando y entregando por Hospitales y Residencias de la Comunidad de Madrid. La veo bregar con transportistas altruistas, donantes, costureras, fabricantes… La levantaría un monumento. Una especie de Melanie Hamilton cuidando a heridos durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, mientras piensa en Ashley Wilkes. En el fondo es una historia de superación y reconstrucción. Esto no es Tara, pero hay que sacarle el punto de romanticismo a todo.

A los que apoyáis en la distancia: gracias. A los que rezáis en la distancia: GRACIAS. A los de siempre: GRACIAS. A los de a veces: gracias. Sobre todo y siempre, gracias a Dios.

Que no decaiga nadie ni aunque caiga. Mantengamos todos el ánimo y sonriamos, aunque a veces se nos pongan los ojos vidriosos. Y recemos unos por otros.

sábado, 21 de marzo de 2020

¿Iglesias vacias?


Desde que inicié hace 10 días el aislamiento en mi habitación, sigo la Eucaristía diariamente a través de Youtube o Facebook. Comencé siguiendo la misa celebrada por Patxi Bronchalo desde Valdemoro, desde el epicentro de la pandemia en la Comunidad de Madrid. A él y otros sacerdotes se les fueron añadiendo algunos que incluso no eran muy duchos en redes sociales, pero sí bien celosos de su función sacerdotal. Ese celo y desvelo por tratar de ofrecer acompañamiento a sus parroquianos les impulsó a ponerse aceleradamente al día para continuar sirviendo. Pidieron ayuda y la respuesta en las redes fue rápida y espectacularmente eficiente. Hay que saber pedir, en los tiempos y la situación actual pedir es una oración en sí misma; demuestra humildad, responsabilidad, sentido del deber. Hay que olvidarse de sí mismo cuando se pide para otros, por otros, para continuar sirviendo. Tratar de optimizar fuerzas y recursos para ser lo más eficiente posible. Es por el pueblo de Dios, no por uno mismo.

Entre esos sacerdotes que se pusieron manos a la obra para llegar a sus feligreses está el párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Zaragoza, al él le siguieron el perfil de Youtube de la Provincia y algunas otras parroquias. Desde entonces tenemos la oportunidad de mantenernos unidos y en #Familia. Oraciones, meditaciones, Eucaristías… Hoy le ha tocado a St. Mary’s, la Parroquia Redentorista de Clapham en Londres. Reconozco que me sigue entusiasmando la, digamos, meticulosidad y pulcritud británicas. Celebró, además, un amigo, Fr. Richard Reid CSsR. Todo un lujazo.

Pero además de mi familia redentorista, la inmensa familia de la Iglesia está inundando las redes. No es que se hayan vaciado las iglesias, es que hemos cambiado de lugar para llenar este otro espacio.

Volveremos a llenarlas, volveremos a adorar a Jesús Sacramentado, volverán a colocar unas manos sobre nuestras cabezas para perdonar nuestros pecados. Ahora toca acompañar al Señor en quienes tenemos a nuestro lado. Volverá a reír la primavera.

Mientras, nos vamos sosteniendo en la oración. Mientras, héroes arriesgan sus vidas en hospitales y residencias de ancianos llevando los sacramentos y auxilios espirituales a enfermos y moribundos. Mientras, esos héroes entierran los cadáveres de quienes en muchas ocasiones los familiares supérstites no han podido ni siquiera despedirse. Es el momento que nos ha tocado vivir. Tenemos que mantenernos firmes en la fe, animosos, dar la talla.

Mientras los héroes médicos y sanitarios se juegan la vida para salvarnos; mientras los héroes de limpieza se desgastan como nunca; mientras los héroes transportistas no tienen ni un apeadero para comer; mientras ejército y fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se desviven en beneficio de todos; mientras supermercados y trabajadores del campo nos abastecen; mientras empresarios de éxito donan millones, materiales de todo tipo, infraestructuras; mientras hoteleros ponen a disposición del bien común establecimientos para medicalizarlos y aumentar el número de camas; mientras monjas de clausura cosen mascarillas; mientras grupos anónimos de personas se organizan para confeccionar batas o mascarillas; mientras España demuestra una vez más que es un país extraordinario, mientras eso ocurre continúo escuchando ruedas de prensa de autoridades dependientes del Gobierno central mintiendo impunemente, a la cara de todos y sobre el cuerpo de los muertos. Pido para ellos, con absoluta sinceridad el perdón del Todo Misericordioso, y el peso de la justica. En Francia ya han denunciado al Primer Ministro Édouard Philippe y a la anterior Ministra de Sanidad Agnès Buzyn. Les ha denunciado un colectivo de más de 600 médicos. Bravo por los franceses que no confunden la unidad de acción de un país con dar un inmerecido espaldarazo a sus dirigentes. “Mentira de Estado”. Mientras escribo esto en Francia son ya 562 los fallecidos por COVID19, frente a los 1326 en España; y tienen 20 millones de habitantes más que nosotros…

No me quitan la paz. Tampoco nublan mi entendimiento ni tuercen mi ecuanimidad. Pido por ellos. Pero ante todo pido por los fallecidos y sus familiares. Y por los enfermos para que, como yo, vayan mejorando hasta superarlo.

No me quitan la paz. Me quedo con la Paz de la oración en #Familia. Me quedo con la Eucaristía de hoy desde Clapham, Fr Richard y el Icono. Y pido para que el Perpetuo Socorro de María nos alcance a todos. Que sea especialmente sotén de quienes no van a poder despedirse de sus seres queridos. Así me quedo, scalandoenfamilia.

viernes, 13 de marzo de 2020

COVID-19 ¿Aislado?


No cabe duda de que estoy viviendo un período de gracia. Pero por ahora soy un privilegiado por poder vivirlo así. No es lo mismo eso que abrazarse a la cruz, que es lo que ya comienzan a hacer todas las personas que empiezan a quedarse sin trabajo por causa de la pandemia del COVID-19. Ya empieza a hacer estragos económicos en muchas empresas y familias y también eso irá en aumento.

Muertos por este virus más los que se registren o puedan registrar como neumonías. E irán viniendo muchos más casos. Todo triste, muy triste. De lo inevitable nadie tiene culpa, pero en el caso de España sinceramente creo que desde el gobierno central ha habido una negligencia punible inmisericorde, por no hablar de ocultar datos para seguir alentando manifestaciones multitudinarias el 8 de marzo. ¿Que me gustaría verlos en un banquillo y juzgados? YA LO CREO QUE SÍ. ¿Que pido para ellos el perdón del Todo Misericordioso? TAMBIÉN. Pienso en ellos y me aumenta la disnea...

No voy a contar aquí mi periplo desde las 7 de la mañana de ayer llamando al 900102112, ni las llamadas infructuosas a mi centro de salud a donde me derivaron por vía telefónica desde el número oficial. Fue surrealista. Penoso y surrealista. Tampoco hablaré de mi paso por el Hospital de Puerta de Hierro de Madrid, ni mi recepción allí, ni el trato en la primera criba. Surrealista. Agradezco el trato recibido una vez pasado al nivel 2 Naranja, por médicos y sanitarios. Especialmente agradezco el empeño de la Doctora Lobón de mi Centro de Salud y hoy de la Doctora Concha Rodríguez también de mi Centro de Salud. No hacen las pruebas porque no hay reactivos suficientes como me han confirmado directamente esta mañama. Eso estaba claro, pero lo que no soporto, lo que me saca de quicio es que me den excusas inverosímiles, que me tomen por tonto. Que encima me lo traten de explicar médicamente como si me fuera a tragar algo… En fin. Es lo que hay, no me planteo más. Pero lo de que me tomen por tonto, no.

Yo estoy ¿aislado? en mi casa y perfectamente atendido por mi mujer. Con una profilaxis escrupulosa. Por favor, si esto lo lee alguien, en serio, manteneos en casa. No juguéis no ya con vuestra salud, no juguéis con la salud de los demás. Podéis estar contagiando sin saberlo. Aquí no hay medias tintas.

Dios nos acompaña. El señor nos acompaña. Pero soy un privilegiado; no me siento aislado. Hoy rezo, y lo hago con una intensidad a corazón abierto por aquellos enfermos que estén solos. Por los ancianos asustados. Quizás no lo sepan, pero no están solos. Os animo a uníos en oración por ellos. Y por los enfermos y por quienes nos cuidan. Y por los médicos y personal sanitario, y por los proveedores, empresas logísticas, de transporte y sus trabajadores.

Por otro lado, también confieso que me sorprende el rigor, los escrúpulos y la falta de comprensión de algunos clérigos y laicos. Lo veo en las redes sociales y me parece sorprendente en pleno año del Señor 2020. Sí, año del Señor; suyo es, suyos somos.

Pongo como ejemplo los desvelos y lo que nos va retransmitiendo el Padre Patxi Bronchalo, de Valdemoro, foco azotado por este virus. Encomiable hasta la extenuación. Un orgullo poder llamarle amigo, hermano, padre. Él y muchos otros anónimos. Santos anónimos. Dándose a los demás en situaciones extremas y críticas.

Yo no soy una persona de escrúpulo fácil, al contrario que mi padre San Alfonso. Por eso mismo, aunque estuviera sano, no acudiría a la misa dominical. Pero me parece duro dejar esa decisión sobre los fieles. Al menos sabemos que en la diócesis de Madrid nos han levantado ese precepto.

Nada hay comparable ni tan hermoso y comunitario para un católico como la Eucarístia; nada. Recibir el Cuerpo de Cristo, compartir con los hermanos… Cierto.

No obstante, estamos hechos a su imagen y semejanza. Dios está en los sanitarios que nos atienden y – por mucho que me cueste verlo- en los gobernantes que nos han puesto a los pies de los caballos. Al Señor ahora más que nunca lo tengo palpable en mi mujer que me cuida, en los ojos asustados de mis hijas tras las mascarillas. En las manos que se nos ofrecen de amigos, y vecinos primos. Está en los médicos que me llaman a diario concienzudamente desde el Centro de Salud. Lo está en los ánimos a través de las redes sociales y las oraciones que nos brindan. No es sólo que esté ahí, es que eso es también una inmensa Comunidad. La inabarcable comunidad de los hijos de Dios, estemos donde estemos.

No salir de casa en vano es hoy no tomar el nombre de Dios en vano. Rezad, cuidaos, sed pacientes, fijaos en ese Dios prójimo, el próximo más próximo que tengamos a nuestro lado. Somos una Comunidad generosa y solidaria. Escribo esto mientras escucho que Matutes ofrece el Gran Hotel Colón para convertirlo en Hospital ante la crisis o Quique Sarasola con Room Mate. Saquemos todos lo mejor de nosotros mismos. Yo lo único que puedo hacer es ser un buen paciente. Y rezar. Cierro los ojos y casi puedo oler el incienso purficando. Siempre rezando, siempre en gerundio.

Como recordaba ayer en Facebook Almudena de Maeztu, “volverá a reír la primavera...”. Mientras tanto nosotros sabemos que nos visitará cada mañana el Sol que nace de lo Alto. 

#QuédateEnCasa #ScalandoEnFamilia

miércoles, 26 de febrero de 2020

Por #Vosotros


Ya estoy deseando llegar esta tarde a misa para la imposición de la ceniza. No sé si podrá cuadrar en PS o en la parroquia de Aravaca, pero haré lo posible. Lo haré yo y desde Arriba me lo ponen fácil, la verdad. Una reunión imprevista en Madrid a las 4 de la tarde me lo facilitará. Toda una alegría. Recibir la ceniza como un susurro del Señor que me dice al oído del alma que cada vez queda menos para la Pascua… Porque cada vez queda menos.

No sé que es lo que me ha impulsado hoy de una manera potente a querer tener especialmente presentes en este camino de purificación, conversión y perdón a mis amigos perdidos. No me refiero a los muertos, que esos ya vieron cara a cara al Redentor. Me refiero a los perdidos… Ya empezó ese ronroneo en casa hace unas semanas hablando del proyecto Andrómeda, pero hoy es una llamada nítida a pedir por ellos estos días. Y aclaro, no es que estén perdidos, en absoluto. Fueron desapareciendo de mi vida sin hacer ruido, como queriendo que no se notase. Las malas rachas no ayudan a que la gente permanezca a tu lado, y yo hace tiempo las tuve. Casi no quedaron guardianes en las ocho puertas de las murallas, pero los que se mantuvieron son roca firme, de eso no hay duda.

Continúo contando con ellos, continúo rezando por ellos. La vida nos va llevando por caminos diferentes, es cierto. Todo está bien, no hay mayor problema. Pero igual que cuando yo caigo y siempre, siempre encuentro al Señor a mis pies para recomponerme quiero dedicarles mi Cuaresma, pedir especialmente por ellos para que siempre sepan ver al Señor a su lado, donde quiera que estén. Cierro los ojos, y casi queriendo oler los jazmines de Jerusalén se los llevo al Señor a caminar por sus calles. 

Y no hay camino interior sano sin una sana mirada introspectiva. ¿Qué hice yo y cuántas veces para apartarme del Señor? ¿Por qué?

Agachar la cabeza y recibir la ceniza. Alzarla y comenzar a andar. Y brotará la luz como la aurora. Isaías 58, 7-10.

Ahí voy, scalando en Familia. ¿Alguien se anima a caminar conmigo?


lunes, 10 de febrero de 2020

En Sus manos


Anoche me acostaba con la triste noticia de la muerte de David Gistau. No le conocía absolutamente de nada y, sin embargo, era alguien cercano. Una de esas voces que me acompañan a diario en el programa de Carlos Herrera en la COPE durante el largo trayecto en coche desde mi casa a la oficina. Unos 45 minutos diarios cuando estoy en España. Voces que corresponden a personas con historia propia, más allá de la actualidad que comentan o la noticia que nos acercan.

La de Gistau era tan potente como sus ideas, como su verbo y como su inteligencia. Eran mucho más numerosas las veces en las que estaba de acuerdo con su opinión que aquellas que disentía. Hoy me conmueve su pérdida. Me conmueve especialmente tras releer “Del Martini al meconio”, un artículo en el que expresaba su miedo a morir joven para su hijo Luca, o escuchar su voz en una más reciente entrevista en la que insistía en la preocupación de morir joven para sus hijos. No quería que fueran, como lo fue él, unos adolescentes enfadados con el mundo por haber perdido a su padre. Pido por él, que haya visto cara a cara a su Redentor. Y por su familia, por sus hijos. Os animo a unios. 

En el citado artículo manifestaba su intención de dejar de fumar, ergo hacer lo posible por cuidarse para los suyos.

Yo abandoné el tabaco hace más de un año. En ese tiempo aumenté una considerable cantidad de kilos y actualmente me encuentro en proceso de descenso. No obstante, no todo depende de nosotros. Hacemos lo que podemos y lo mejor que creemos. Si yo actualmente me cuido es porque no me seduce nada la idea de dejar a mi mujer viuda y a mis hijas huérfanas, no por el miedo en sí mismo a la muerte, que es algo que tengo bien aceptado como el paso definitivo. No he llegado al “muero porque no muero “de Santa Teresa, pero trato de hacer lo posible en mi vida diaria para que la idea del tránsito no sólo no me asuste si no que la vea como un descanso, un inmerecido regalo, confiando siempre en la infinita bondad del Todo Misericordioso, del Redentor. 


No me preocupa el recuerdo que deje tanto como el amor a mi mujer y a mis hijas, a los míos. La solidez que haya sido capaz de hacer crecer en las dos vidas que el Señor nos dio en custodia; que algo de Él hayan podido ver en mí. Haber acertado a ser un tímido remedo de su Luz sería ya suficiente; seminans ad seminandum.

Trabajemos, oremos y confiemos. Amando. Siempre en gerundio. Scalando en Familia.

Empeño, esfuerzo trabajo, voluntad, son básicos. Pero nada son sin ponerlos en Sus manos y dejarnos llevar mecidos por la fe y acunados por la Esperanza.

jueves, 30 de enero de 2020

Amigos en #COMUNIÓN


Apurando enero esta primera entrada de 2020. Con ilusión y Esperanza. Lo que llega en su justo momento, sin forzar, fuera de nuestros planes suele venir de la mano de Dios.

Ayer un grupo de amigos en comunión nos reunimos en casa. Distintas familias religiosas más el Pater. Uno vino a por un premio acompañado de dos. A otro el Señor le puso un inesperado viaje a Madrid. Desde Arriba van haciendo las cosas. Y en nuestra galaxia particular hubo quien se desplazó a propósito cientos de kilómetros.

Hacía años que no nos veíamos (demasiados), pero la fe, y esa comunión que nos hizo caminar juntos en proyectos comunes sigue intacta. Y cuando nos reunimos en Su nombre, se hace presente. Faltaron bastantes que no pudieron venir, pero junto con el Señor, éramos 12. Y estábamos en el 12.

Mi mujer y yo no concebimos el concepto de "casa", "hogar", si no es abierta y acogedora. Recibirlos en casa, que es la suya, fue algo grande. Grande por lo pequeño y lo íntimo. Cuando lo pequeño se hace grande los éxitos de los grandes los disfrutamos los pequeños. Ayer constaté que no estamos dispersos, que somos una masa compacta de sentimientos y fe. Siendo tan dispares, latimos al unísono; un solo Corazón. Una máquina imparable.

Y de entre todos ellos, una voz siempre inteligente con acento gallego. El tempo adecuado, el ritmo equilibrado, la tensión justa, las palabras acertadas y una idea compartida por todos. #Inspirado #Madurando Perseo rompiendo las cadenas. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres el Evangelio, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-18). Pues eso.

Esta es una entrada inusualmente breve pero, aunque con calma, llena de ilusión y Esperanza. Y en gerundio. Siempre en gerundio.

Por aquí seguimos, scalando en Familia.

Si alguien lee esto, simplemente le pido que rece por nosotros. ¡GRACIAS!