jueves, 27 de agosto de 2015

¡Que se resumen en dos!

No entiendo nada. Absolutamente nada. Cada vez leo más opiniones y escucho más comentarios de guardianes de la fe que me recuerdan al Santo Oficio. Un amigo mío habla de tener “paciencia histórica”. Va a ser eso, que debo ejercitar más la paciencia. Hubo un hombre, fundador de una Orden religiosa, una especie de Job, que en su momento estuvo en el punto de mira de la Inquisición. No se amilanó. Su fe era fuerte. Continuó su apoyo y amistad con un apestado de la época y mandó al P Clemente Settimi a atenderle. Ese hombre es San José de Calasanz y Galileo es Galileo. De los inquisidores no se acuerda nadie, a Dios gracias. Bueno, a Dios gracias la Iglesia en camino recuerda al menos un día al año a las ánimas del purgatorio, si no… ¡Pobrecillos! No me extraña nada que, cuando San Alfonso atravesaba momentos complicados encontrara consuelo leyendo la vida de Calasanz. Recientemente las críticas han recaido sobre algien a quien aprecio, que me hace crecer con sus libros, sus blogs, sus posts… uno de esos regalos de las RRSS a quien sólo he visto dos veces. Su sonrisa y su fe le delatan: parece un tipo feliz, tranquilo.

A veces parece que la gente no avanza. Ni leyendo el Evangelio; ni diciendo que se cree y sigue el Evangelio. Miembros anónimos de sanedrines de corrala. Avanza la Iglesia. A su ritmo, pero lo hace. De ahí lo de la paciencia histórica. Dentro de mucho, muchos años, otro Papa que igual ya ni vestirá de blanco, pedirá perdón por esos hijos de ceja levantada, aire crispado e índices rígidos, aunque ninguna culpa tenga él. Por cierto ¿vestiría San Pedro de blanco? ¿Usaría zapatos rojos? ¿Irían los Apóstoles uniformados de rojo, o de morado? Avanza. Que sí, que la Iglesia va avanzando. Con altibajos, como cualquier organización formada por personas, pero segura porque quien lleva la caña es el propio Cristo.

¡Cómo nos gusta la teatralización! ¡Cómo nos gustan unas normas que seguir para sentirnos seguros! Pero, en cualquier caso, sentirse seguro no es lo mismo que sentirse superior. Y todo aquel que se siente superior es, en el fondo, un pobre hombre acomplejado e inseguro.

Lo que no entiendo muy bien es cómo, con unas normas establecidas con claridad, con un veredicto que no es de los electores sino del Espíritu Santo, no aceptan esas normas ni la decisión del Espíritu cuando éste elige a quien les incomoda. Mi mujer trato en su TFG en Magisterio en Edicación Infantil sobre la enseñanza del pensamiento crítico desde la infancia. Esta visto que son como niños, porque realmente lo de enseñar a pensar en las escuelas desde la edad más temprana ni está ni ha estado nunca de moda.

Cada vez que escucho críticas lacerantes tiendo a aturdirme un poco. Luego rezo por el pobre aquel a quien quieren someter a una suerte de escarnio, y también por los justicieros. No son muchos, lo sé, pero meten ruido. Hay cosas peores, por supuesto.

Venga, chicos ¡Relajaos! Si lo dicen las propias normas. Estos Diez mandamientos se resumen en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Amén.


Amad. Seguid el Evangelio. Intentad remar sin prejuicios por la Evangelii Gaudium. Si queréis, llamad a Francisco, Pedro. A ver qué tal. Seguro que acabáis sonriendo. Caminad por la vida en gerundio, amando.

martes, 25 de agosto de 2015

Scholarum Piarum

La foto no es buena. La estampa está gastada por el paso del tiempo porque me acompaña desde segundo de EGB y ya ando cerca de los 49 años. Recuerdo perfectamente cómo me la dio el P Manuel en los Escolapios de Santander y cada una de las palabras que me dijo. Lo recuerdo.

La influencia de Calasanz en mi vida ha sido siempre fuerte y viva. Un día fui uno de esos niños que aparecen en la estampita, en el cuadro, acercándose al Santo. En mi corazón están muchos clérigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, muchos profesores. Los defectos se desvanecen en el agradecimiento de vidas desgastadas por los niños y los jóvenes, siguiendo un ejemplo, un camino, un carisma concreto. Cuántas incomprensiones y cuántas ingratitudes que ya habrán obtenido su premio.

Educar, formar, enseñar a orar, acercar a Dios. Cada 25 de agosto es para mí un día de agradecimiento infinito, de reflexión, de recuerdos alejados de la tentación de la nostalgia. Cada 25 de agosto lo dedico a San José de Calasanz.

Sin embargo, éste año, mi oración tendrá presentes de una manera especial a un matrimonio que el Señor me trajo hace unos pocos años a través de la pantalla del ordenador. No voy a darle más vueltas a que internet y las redes sociales son un lugar más donde encontrar a Dios en tantas buenas personas porque es una obviedad cansina. Ese matrimonio, esa familia, comienza una nueva andadura. Impulsan el rumbo de sus vidas siguiendo plenamente a su santo fundador. Laicos Escolapios haciendo camino calasancio, en Familia, scalando en Familia. Generosos, alegres, entregados; normales. Esther Morales y Santi Casanova, de quienes aprendo y con quienes crezco. Tejiendo veredas en comunión hacia una misma meta. Gracias por vuestro fiat. Y gracias siempre a José Fernando Juan Santos que hace cinco años me regaló “El año con Calasanz”, de Miguel Ángel Asiain.

Otro 25 de agosto, en 1646, José de Calasanz escribía al P. Novari: “Cuanto más le parezca estar abandonado por los auxilios humanos, tanto más cerca estará de ser ayudado por el auxilio divino.” Santi, Esther, recordadlo siempre. Recordémoslo todos.


Si alguien lee estas líneas le animo a rezar por todos aquellos que emplean sus dones en la educación de niños y jóvenes. Unidos, scalando en Familia.

sábado, 8 de agosto de 2015

El cura con vaqueros pitillo

“Yo lo del cura con vaqueros pitillo me perdonáis pero :(“

Andaba yo tuiteando inocentemente sobre #EEJ2015 de Ávila cuando me topé con el tuit que adorna como inicio la entrada de hoy. Pensé si contestar o no, porque yo soy persona de sangre caliente, pero como la edad y la tranquilidad de espíritu van templando el carácter pues me he decidido a hacerlo.

No contestar, porque los prejuicios no tienen más respuesta que unas manos sobre la cabeza, pero para ello se han de dar los consabidos arrepentimiento y propósito de enmienda. Simplemente comentaré algunas reflexiones personales.

Los prejuicios son, entre otras cosas, una torpeza. Suponen juzgar sin conocer, juzgar de antemano. Esa puede ser una actitud casi inconsciente que limita el crecimiento intelectual, emocional y moral. Moralmente todo prejuicio es insano en sí mismo. Coarta la evolución personal y social. Y yo asumo que tampoco estoy libre de ello. Uno trata de corregirse, pero penosamente acaba cayendo, lo reconozco.

Que un cura lleve vaqueros pitillo, bermudas, zapatillas de deporte, alzacuellos o sotana a mi, personalmente, me es absolutamente indiferente. Hay santos de todo tipo, sacerdotes que arrastran con la fuerza del Espíritu sea cual sea su indumentaria. Los hay también mediocres de buena voluntad, como ha habido monstruos parapetados tras alzacuellos. Lo lamentable y escandaloso es que sean monstruos, no el alzacuellos.

Ese tuit de inicio resulta que fue del agrado de otro sacerdote. Sin duda será un buen hombre que, a lo que parece, se piensa mejor sacerdote por usar clergyman. Una pena. Quizás lo sea, no lo sé; no le conozco. Sin embargo, por el tiempo en que se publicó el tuit, entre los hastags de #EEJ2015, me da la sensación de que yo sí conozco al de los vaqueros pitillo. Sí, prejuzgo quién es ese sacerdote, ya dije que no estoy libre… Se trata de un hermano mío a quien no solamente conozco, le quiero. Pensé haber ilustrado la entrada con imágenes suyas en alguna misión en el tercer mundo como la India u Honduras, o vistiendo el hábito de su Congregación, o rodeado en algún retiro de los cientos de jóvenes a los que arrastra, pero enseguida me he dado cuenta de que los prejuicios ni se vencen ni se combaten desde afuera. Los prejuicios solamente comienzan a desaparecer cuando uno Ama.

El de los vaqueros pitillo es un sacerdote extraordinario, con una fe robusta como la de todos sus cohermanos, un misionero ejemplar. No necesita defensa, mucho menos por mi parte que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias (sí, es que a veces también usa sandalias).

El autor del tuit sabe que sinceramente goza de mis simpatías. No nos conocemos, pero lo sabe. No hay más.

Ojalá hubiera muchos curas jóvenes con pantalones pitillo que hagan, como éste, que tantos vuelvan a casa o la conozcan por primera vez. Ojalá hubiera muchos más curas jóvenes con alzacuellos que lleguen a los alejados. Ojalá hubiera muchos más curas y laicos humildes y santos que, sin creerse mejores que nadie, acerquen el Reino a la tierra, a los pobres y abandonados, a todos los necesitados de auxilios.


Gracias al autor del tuit esta noche me acostaré rezando por las vocaciones.