jueves, 31 de mayo de 2012

Las ofrendas de un joven


Me llegan noticias desde una red social de que un joven ha estado ofreciendo sus horas de estudio por una enferma que ya está en su casa, y no lo sabía. Bueno, pues no te preocupes, seguro que esas flores de mayo habrán ido a alguna otra; además, se muestran efectivas, que ya está sana.

Unos amigos, una familia al completo, me comentaron que están ofreciendo sus desvelos diarios hasta mediados de junio por la salud de otra persona -de un hermano-, el padre creo que hace algún sacrificio extra e incluso ha colgado su petición por él en May Feelings; desde que me lo dijeron yo también le dedico alguna oración (y si alguien lee esto y se anima bienvenidas serán, no me cabe duda).

Lo importante es que todo llega a lo Alto como el incienso, que genera comunión, que es agradable a Sus ojos y que alguien se beneficia seguro.

Personalmente me gustan mucho más este tipo de ofrendas que las promesas casi tipo chantaje.

Pero vuelvo a fijarme en el inicio: un joven que ofrece un sacrificio por alguien. Es que hay jóvenes raros, rarísimos. Que se divierten como todos, que lo pasan fatal como todos, que tienen los problemas y desvelos de su edad y además sufren con los demás, se preocupan por los demás, se sacrifican por los demás, se entregan a los demás. Su indignación produce Amor, es fruto del Amor, provoca Amor. Su acampada es la Acampada del Señor en sus corazones. Jóvenes que se mantienen bajo la mirada de Dios y que son un ejemplo para aquellos que están a su alrededor. Jóvenes que se cansan y sonríen; que se agotan y continúan; que se caen y se levantan. ¡Y son FELICES! ¡Pero qué raros son! Jóvenes que no están solos, que cuentan con la compañía de otros y son acompañados. Jóvenes que dan Vida con la suya.

Me quedo con estos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Carla Royo-Villanova y Miguel Aranguren con Casa Abierta


Tengo la suerte de poder decir lo orgulloso que me siento de mis amigos. Hoy de dos de manera concreta: Carla Royo-Villanova y Miguel Aranguren.

El próximo domingo 24 de junio, en los jardines del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, tendrá lugar una Comida Solidaria, con mercadillo y rifa incluidos,  para recaudar fondos destinados  a financiar el proyecto CasAbierta (http://www.perpetuosocorro.org/madrid/casabierta.html#comsol12). Estará organizado por los Laicos Redentoristas y Asociación para la Solidaridad, la ONGd Redentorista.

No ha sido necesaria ni siquiera una llamada de teléfono, ni media explicación, ni una sola pregunta. Un simple mensaje a Carla y a Miguel a través de Facebook y la respuesta fue inmediata, clara y sin tapujos ni condiciones: sí. En el mensaje les pedía alguna aportación para la rifa. Pensé haber escrito que FB obró el milagro, o alguna necedad semejante, cuando lo realmente cierto es que su generosidad es innata, y gracias a ella podremos contar para la rifa también con productos de belleza de Carla Bulgaria Roses Beauty y con alguna novela del escritor Miguel Aranguren.

Cuando el pasado mes de septiembre, con motivo de ser galardonada por la FEDEPE con el premio “Mejor empresaria del año”, escribí una entrada (http://scalandoenfamilia.blogspot.com.es/2011/09/empresaria-del-ano.html ) en la que calificaba a Carla Royo-Villanova como “solidaria”, hubo gente que se sorprendió. Les respondí en privado. Eso me demostró que de los prejuicios nadie está libre, nadie, y lo equivocados y dañinos que pueden ser. Pues aquí lo tienen, una pequeña demostración, con su contribución de productos de belleza Carla Bulgaria Roses Beauty; una pequeña aportación a la lucha contra la explotación sexual, en este caso en Uruguay. Gracias Carla, porque granito a granito, muchas veces en silencio o en el anonimato, vas haciendo camino a un mundo mejor.

Del escritor Miguel Aranguren ¿qué podría decir? Un chaval que publicó su primera novela con 19 años y hoy es un renombrado escritor, periodista y articulista en diversos medios; “La hija del ministro”, “La sangre del pelícano”, “Monzón sobre Bombay” y un largo etcétera hasta su último gran éxito literario "El arca de la isla". Ni la cooperación internacional, ni el voluntariado para el desarrollo en el Tercer Mundo le son ajenos. Otro “SÍ” inmediato que contribuirá con alguna de sus novelas a este proyecto. Un hombre de corazón desmedido, clara y abiertamente comprometido; una familia con quien la mía scala hacia el mismo sito. Más que un amigo: alguien a quien me unen “lazos que vienen de lo alto” (http://vocacion.wordpress.com/2012/05/23/tengo-amigos-y-hermanos/).

Podría no ser objetivo con ninguno de los dos y dejarme llevar por el cariño, pero sus hechos hablan, su actitud marca, y sus pasos siembran el camino de huellas.

Dos amigos solidarios, cada uno con su granito de arena, posibilitando –junto a otros muchos- que el próximo 24 de junio todos podamos disfrutar en la Comida Solidaria y contribuir por el proyecto Casa Abierta. Y yo me siento orgulloso de ellos.


lunes, 28 de mayo de 2012

Veo Luz y Veo fe


Hoy he comenzado el día con una conversación que definiría como adorable, profunda, serena y reconfortante. Un casi imperceptible enrojecimiento súbito me hizo además sentir cercanía, comprensión e identificación; y lo sabe. Toda una alegría para mí haber vuelto a vernos, más teniendo en cuenta que el esfuerzo para esta persona ha sido casi sobrehumano, que le ha costado del cuatro de noviembre al veintiocho de mayo levantar la negativa a hablar conmigo; todo un gesto y toda una alegría, alegría de las de verdad. Me ha hecho comenzar el día con optimismo. 

Quizás por ese buen rollito constante mantenido durante la jornada, con la casa ya en silencio, me ha dado por releer algunas de las entradas del blog, desde la primera. Me ha gustado; me ha gustado lo que he visto. Es simplemente una bonita historia de fe tratando de recorrer un Camino. Veo subidones, rápidos, corrientes y un sólo soterradamente confesado y breve tiempo en barbecho que finalizó como el de todos los “fuertes débiles”. Una scalada hermosísima y feliz que ahora se encuentra en un sereno remanso de paz. Limitadamente sereno, porque eso es ya inevitablemente cuestión de carácter. Veo un camino recorrido con María y mis hijas, pero no solos; el acompañamiento de alguien especial ha sido –ES- fundamental. Veo a mucha más gente que nos sostiene y con la que realizamos la misma scalada. Veo una casi escandalosa falta de pudor por mi parte para hablar de mi Vida, para hablar de Dios; y me encanta. Veo Esperanza. Veo Pasión y ganas de contagiarla. Veo torpezas y veo aciertos. Veo a un Miura saliendo de toriles y hoy a un hombre inquieto; inquieto y sereno. Veo a un hombre que llegó a un lugar como un niño que da sus primeros pasos, con los brazos extendidos y allí le alzaron. Veo a un padre feliz, a un marido feliz, a una familia feliz y en una Familia feliz. Veo saltos con pértiga, piedras esquivadas, tambaleos y a un hombre erguido y ubicado. Veo una mano firme agarrando constantemente el piolet para continuar scalando sí o sí. Veo pasión, ilusión y tozudez. Veo a una Familia. Veo a un hermano. Veo Amor.

Veo Luz y veo fe. Me veo a mí. Le veo a Él.

domingo, 27 de mayo de 2012

Entra hasta el fondo del alma


Menudo fin de semana intenso. Un fin de semana extraordinario, que me ha brindado la oportunidad de darme cuenta de que soy un privilegiado, porque soy feliz, con una familia feliz, en un entorno feliz. Darse cuenta de ello es todo un lujo. Es un regalo, porque no hablo de una felicidad blandurria y facilona, no. Es una felicidad que también trae esfuerzo e incomprensiones súbitas y dolorosas, pero nadie dijo que fuera fácil. Así es la vida que he elegido y que camino de la mano de mi mujer y nuestras hijas; así es la vida.

El viernes por la noche, como locos preparando las cartulinas con los siete dones para la Vigilia del Arciprestazgo que tuvo lugar el sábado en PS. Cuatro horitas de sueño hasta el sábado, trabajo (lo que es en sí mismo una suerte) y a las tres de vuelta a casa donde María y las niñas casi habían terminado los dibujos y yo les eché una mano. La Vigilia fue una oración familiar, entrañable e intensa, como hacemos las cosas en mi Parroquia. Al finalizar, se repartieron galletas etiquetadas cada una con un don. A mi me tocó Inteligencia; ahí es nada… Y de manera espontánea, Mane, una amiga Catequista Sopeña me hizo un regalo con una frase de la Beata Dolores Sopeña y uno de los Frutos del Espíritu Santo, la Paciencia; ahí es nada… creo que Alguien me estaba susurrando algo.

Hoy domingo la homilía de la Eucaristía de nueve ha sido espectacular porque parecía que el sacerdote era una representación sonriente y viva de los siete dones; no voy a hablar más de ella, sólo que salí entusiasmado y contagiado. Ha sido además especial ya que hemos rezado por Damián Mª que era enviado a una misión en Honduras; el envío de cualquier misionero es siempre especial, pero para mí en ésta ocasión había un plus: Damián.

Pero justo antes de la misa de nueve, tuve una llamada sorprendente y un poco triste porque lo único que refleja es no conocer la Raíz de mi felicidad, de nuestra felicidad. Mientras escuchaba, me vinieron a la cabeza el don y el fruto que me habían regalado ayer, y traté de ponerlos en movimiento… Pero me ha servido para pedir también por quien me hizo la llamada, para que a los dos, como dice la secuencia de Pentecostés, …nos entre hasta el fondo del alma.

jueves, 24 de mayo de 2012

Amando


Gracias a mi horario laboral puedo comenzar la jornada, casi a diario, con la Eucaristía de 9 en PS. Hoy he llegado un pelín tarde, al inicio de la primera lectura. Cuando iba de camino una mujer se resbaló al cruzar la acera y traté de ayudarla. Había bastante gente, y solamente nos paramos dos. Nada grave, no le pasó nada, pero eso no lo supimos hasta que nos acercamos.

No me voy a fijar en el hecho de que hubo quienes pasaron de largo, sino en que yo me paré. No tiene ningún mérito, es algo natural y normal. Si ayer decía que una hermana de un grupo concreto de PS me dijo algo que me acercó a la realidad de que el Señor me ama, algo tan casual como un resbalón me ha hecho darme cuenta, de  nuevo, de que yo amo. Tampoco es ningún mérito, al contrario, lo veo como un regalo. Nada me resulta ajeno, y esto puede a veces complicar la vida. No me refiero solamente a amar a quienes conozco, a personas concretas con nombres y caras, hablo también de personas concretas con nombres y caras que desconozco.

Amar a mi gente es algo natural en principio, aunque confieso que en ocasiones me he preguntado, casi reprochado, cómo podía seguir amando -porque duele- a los indiferentes, a los que no me soportan y se ven obligados a tratarme y, más aún, a aquellos que consciente o inconscientemente me han hecho algún daño, que de todo hay. Pero uno es así, aprende a perdonar y continuar amando. El “problema” real me viene de los desconocidos, porque me hace tener que asumir mi propia pequeñez, mi debilidad, mi no saber cómo, mi no saber qué. Sé que en la vida diaria se contribuye desde lo nimio, desde la actitud, desde los simples gestos, pero también sé cómo siento que no me basta, y ese no llegar me abre un inmenso agujero en el estómago.

Esta mujer, que se dirigía al metro para ir a trabajar –y esto ya la hace afortunada-, nos miró y sonriendo agradecida dijo: “ojalá pudiera hacer algo por vosotros”. Bueno, devolviendo la sonrisa directamente a sus ojos la contesté: “Pues creo que puedes, hoy es María Reina Auxiliadora, acuérdate un poco de ella y rézale a la Virgen”. Me miró como quien tiene a un loco ante sí. Acertaba.

Al poco, entro en misa, y en el Evangelio escucho las Palabras de Jesús: “Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino por los que crean en mi por la palabra de ellos”.

De modo que no me queda sino agradecer cómo empiezo el día, amando.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Dios me ama


Hoy ha sido un día bastante redondo. Uno de esos días en los que, ya tranquilamente en casa, después del trabajo, con las pequeñas acostadas y mi mujer a mi lado, me doy cuenta de lo afortunado que soy. No porque las cosas hayan ido bien, que también, porque Dios me ama y soy plenamente consciente de ello. Darse cuenta de eso, en un día más o menos brillante, es bastante fácil; no es eso. Si es redondo del todo, lo es porque ha habido algo que me ha hecho recordar que cuando más consciente me he reconocido como una creatura verdaderamente amada por Dios ha sido cuando las cosas no han sido fáciles, cuando no iban bien, y de la mano de mi mujer, bajo la mirada del Señor me he mantenido erguido, firme, seguro y paso a paso en pos de su Luz entre las tinieblas del mundo.

Esta tarde, como cada miércoles, me he acercado a PS a recoger a mi niña a la salida de catequesis para la Primera Comunión. Mi niña ya es mayor y conoce bien el camino de vuelta a casa – de hecho es catequista y es mi mujer-, pero a mi me gusta ir allí, verla salir siempre sonriente por la puerta y pasar un tiempo charlando con gente amiga. Hoy, entre esas personas, había una especial que está atravesando momentos de preocupación y se mantiene firme en el Señor. Sus limpios ojos azules, mostraban un poco el cansancio y la preocupación, que yo comparto desde el cariño y la oración, por mucho más que la pertenencia común a un mismo grupo; ella y su marido, saben que nos tienen para lo que puedan necesitar. Su cara mostraba la firmeza de la fe y esa sonrisa casi permanente. Hemos hablado de más temas y, durante la conversación, algo concreto que ella me ha dicho ha reflejado abiertamente cómo me ama Dios, igual que le ama a ella incluso desde la cama de un hospital infantil.

Hoy María tenía una reunión allí, por lo que me volví solo, pidiendo por una niña pequeña y por sus padres. Ya en casa, acostando a mis hijas, todos lo hicimos juntos. Tras la cena, enciendo el ordenador, y me encuentro con un nuevo, acertado, alentador y extraordinario artículo en el blog de un amigo Escolapio –al que no nombro porque acabará dándome un capón- titulado “Tengo amigos y hermanos”. En él, en esa entrada, he podido ver de nuevo la tierna presencia del amor de Dios, porque me ha recordado que yo también tengo amigos y hermanos, y de éstos últimos destaco a dos –uno casado y con cuatro hijos y otro religioso- que me han sostenido como Su propia presencia en esos malos momentos, uno a quien estoy unido desde antes de dar mis primeros pasos, y otro a quien “me siento unido por lazos que vienen de lo alto”. Ojalá ambos lo leyeran y pudieran también reconocerme a mí.

Y ya para terminar, miro ahora a mi derecha, veo a María recostada junto a mí, y sólo puedo pensar: gracias Señor por saber que me amas.

martes, 22 de mayo de 2012

Fuertes débiles


No recuerdo cuándo ni dónde leí que en una entrevista Benedicto XVI dijo que hay tantos caminos para llegar a Dios como seres humanos. Quizás porque todos somos hechos a Su imagen, y cada persona ha de recorrer el suyo.

La condición humana es tan variopinta como lo son los individuos, de forma aislada y sumergidos en sus circunstancias concretas.

Hay fuertes alegres, risueños, y los hay de gesto serio, un tanto adusto e incapaces a veces de exteriorizar la alegría que sienten. Los hay bondadosos a flor de piel y los hay iracundos aunque su corazón albergue una bondad pura. Hay fuertes casi permanentes, y los hay que solamente lo parecen precisamente porque la bondad de su corazón, su sentido de responsabilidad no les da un respiro, no se permiten mostrar flaqueza ni duda para que éstas no arrastren a los demás. Hay fuertes acompañados, y los hay que sin terner esa suerte no se permiten mostrar ni un atisbo de soledad, ni un ápice de duda. Todos se mantienen hasta la extenuación interior, unos como una roca, otros casi de barro. Pero de estos fuertes que pueden correr el riesgo de derrumbarse, los hay que se sostienen en la fe entre sus miedos, conscientes precisamente de eso, de que no son roca, de que son barro en manos de un Alfarero; conscientes de que en algún lugar del mundo hay gente rezando porque ese Alfarero construya día a día una pieza bella.

Esa es la grandeza de esos fuertes débiles, que de su debilidad tratan de hacer fortaleza; que de sus dudas construyen respuestas; que de su soledad interna acaban encontrando la compañía de Quien todo lo alcanza. La grandeza de la debilidad que quiere ser fortaleza para los demás más que para uno mismo; la grandeza de que su debilidad es ánimo para otros; la grandeza de que su debilidad es seguridad para muchos; la grandeza de que la debilidad de sus soledad es compañía para otros.

Y mientras caminan ofreciendo manos, llegan a olvidarse de que también las buscan, porque les importa más ofrecer las suyas.

Esos fuertes, son en el fondo unos pobres humildes. Es su humildad, su debilidad, su falta de orgullo para mendigar, aunque lo hagan sin hacerse notar, lo que les hace fuertes. Porque lo que les hace fuertes no es otra cosa que su fe. Yo pido por ellos, porque en ocasiones los más fuertes pueden ser los más débiles; como pido por quienes oran por ellos y por quienes les niegan la mano.

domingo, 20 de mayo de 2012

Fraternidad Escolapia


El próximo sábado 26, durante la Vigilia de Pentecostés, en la Residencia Calasanz de Madrid, tendrá lugar la constitución de la Fraternidad Escolapia de la Tercera Demarcación. Me han invitado, y lo agradezco con la mirada de un niño que por primera vez oye hablar de Calasanz y el corazón de un hombre firme y ubicado, pero sencillamente les acompañaré desde la oración, con profunda y sincera alegría.

No es una acto banal, es una fiesta para la Orden Calasancia y para la Iglesia, porque constituye el compromiso (y bien sabe Dios que yo soy una persona de compromisos) público de cuarenta y nueve almas – personas individuales, matrimonios, familias, comunidades – de PERTENECIA y presencia. Es mucho más que un signo: serán reconocidos y aceptados por la Orden como presencia escolapia, como PORTADORES del CARISMA de las Escuelas Pías en el mundo. ENVIDIABLE.

Envidiable, que personas concretas –y no pienso solamente en los amigos que yo tengo entre ellos tanto laicos como religiosos- se sientan tan enamorados por un carisma de la Iglesia como para comprometerse públicamente; envidiable que tengan la oportunidad de que ese sentimiento –esa vocación real- se concrete y materialice, que puedan hacerlo; envidiable que una Orden que camina hacia los cuatrocientos años de historia se moje con los laicos, apueste por los laicos, comprenda, INVITE, anime, aliente, acoja a los laicos en su seno y los reconozca como portadores del mismo carisma.

Mi familia y yo estaremos con vosotros en la oración, y en mi corazón una familia en concreto –lo sabéis, mis casi homónimos- ahora que vais a materializar el gozo de la diferencia entre ESTAR y SER. El gozo del compromiso. El gozo de haberlo recibido y de ser acogidos. El gozo del reconocimiento. El gozo y la responsabilidad de SER presencia en el mundo de vuestro propio carisma.

¡Enhorabuena por estos cuarenta y nueve nuevos Escolapios!

sábado, 19 de mayo de 2012

El soplo del Espíritu me levantó del banco


Un 19 de mayo comenzó, sin saberlo, la scalada. No era el monte Horeb, pero me vino preparando para sentirle, escucharle y dejarme arrastrar. Tampoco había una zarza ardiendo. Sin embargo Él estaba ahí para hablarme. Era una capilla,  y escuché su Palabra (Hc 20, 28-38 y Jn 17, 11b-19). Tampoco apareció Moisés, pero el sacerdote con su homilía terminó por conseguir que me rindiera. Aún hoy, cierro los ojos y le oigo; eso es una gracia porque hace que no caiga al abismo, que desee continuar scalando. No era una zarza ardiendo, no, pero el calor de su fuego no se ha extinguido.

El Señor le prepara a uno incluso sin saberlo, y cuando te rescata desde abajo te coge de la mano y te sube a lo alto sin escalas y de manera súbita. Cuando eso ocurre no hay ni siquiera desconcierto ni aturdimiento, y el miedo inicial que te hace temblar se ve superado por un impulso desde tu debilidad que se convierte en fortaleza y en entrega, en abandono. A mi ese impulso, el soplo del Espíritu, me llevó, tal día como hoy, a encaminar mis pasos hacia la sacristía de PS y dirigirme a quien había celebrado la Eucaristía y predicado. Creo que fui realmente consciente de que había intercambiado a penas unas frases con él, de regreso a mi casa. Ni siquiera yo, que he perdido el pudor para hablar de mí mismo, soy capaz de contar cómo estaba cuando cerré la puerta. Tenía una semana por delante para prepararme para lo que fue mucho más que una larga, intensa y acogedora charla con aquel misionero. Un habitación acristalada que ya no volverá, y no éramos dos, porque el Señor estaba con nosotros a través de ese presbítero, y mi vida a Sus pies. Este hombre, abierto, dotado de una inteligencia singular y de un don de gentes que maneja con habilidad, me hizo pensar mucho en las vocaciones sacerdotales; más vale –pensaba- un solo sacerdote como él que setenta veces siete tibios, distantes, rígidos, displicentes, perezosos, ambiguos, desapegados; Dios sabe bien a quien llama y mejor a quien elije. Pero luego fui conociendo a muchos más como él, como grandes regalos envueltos con el papel de sus vidas, adornados con el lazo de su entrega y etiquetados con el carisma de San Alfonso. Y he tenido, tengo, la impagable suerte de conocer a más llamados que van preparándose o iniciándose en la preparación.

Yo no pretendía más, ni siquiera había planeado entrar en aquella sacristía, ni dirigirme a ese individuo a quien no había visto hasta entonces, aunque pareciera que le conozco desde el principio de los tiempos. Pero le buscaba a Él, con insistencia, sed y fe (porque “tener fe es andar en esta oscuridad, andar por una senda, ciertamente poco iluminada, con la confianza de que es la que me llevará al encuentro definitivo de Aquel que hemos intuido, rozado, sentido y que nos ha enloquecido” Romano Guardini). Quizás por eso he aprendido a no hacer planes, porque sean los que sean palidecen ante los que Él pueda tener para cada uno de nosotros. No pedí nada, no imaginé nada, no esperé nada. Pero a esa primera charla de un 26 de mayo se sucedieron otras, y ahora, mirando hacia atrás hasta aquel 19 veo un sendero marcado por el dedo de Dios que he ido recorriendo tomado de Su mano y la compañía de aquel Redentorista; con mis torpezas, con mis insistencias, con mis quejas, con mis tropezones, incluso con mis reproches, pero veo no sólo mis huellas; en el suelo, junto a las mías, resaltan las marcas de los pies de mi mujer y de otros cuatro diminutos que han ido haciéndose un poco más grandes pasito a paso. Y me veo como un hombre feliz, con una familia feliz y entre una Familia feliz. Confío en ser capaz de continuar de la mano de María, Toya y Paula por ese sendero.

No hubo pretensión de ningún tipo, y casi sin darme cuenta, como lo más natural, mis hijas lo adoran, mi mujer y yo le queremos, quizás por esa su Familia entre cuyos miembros los cuatro vamos creciendo.

Ha sido todo tan natural, tan normal que uno no se da cuenta sino cuando se para a recapacitar, por mucho que todo haya devenido de manera voluntaria, consciente y con una no pequeña dosis de persistencia –o más bien incómoda tozudez- por mi parte.

Aquí estoy hoy, dando gracias a Dios, sintiendo que aquella lectura (Tb 8, 5-7) que con tanta intención elegí para mi boda toma más sentido que nunca; o mejor, expande su dimensión, porque no nos conformamos con que bendigamos Su nombre por siempre, sino con ser Su instrumento. Hoy no solamente somos nosotros, porque nos bendijo con cuatro criaturas, dos decidió reservárselas para Sí, las otras dos son nuestra misión primera y juntos al servicio de lo que se nos pueda necesitar –si es que en algo podemos ser útiles- en la mejor Familia y rodeados de las mejores personas.

Y yo, que me veo muy de fechas y aniversarios, hoy mi Señor y mi Dios te doy gracias porque un día llamaras y eligieras a ese joven en concreto, lo pusieras en mi camino, me dispusieras a escucharle, lo hicieras "cauce de tu Agua de Vida para mí".

Feliz de ir scalando de Su mano en el camino de la Vida.

viernes, 18 de mayo de 2012

Estructuras


Una sociedad enrarecida, una sociedad enferma, una sociedad ciega, una sociedad sorda, una sociedad sin corazón, un inmenso teatro de vanidades. Y de repente te ves casi formando parte del teatro, como espectador o como tramoyista, pero formando parte. Porque en el teatro sin los espectadores no hay representación. Representación que mantiene estructuras que se retroalimentan, nocivas en casi todos los sentidos.

Y cuando en plena representación te sientes firmemente bajo la mirada del Señor, algo te golpea, algo se te rompe por dentro; quizás ese romperse algo interior sea un tímido primer paso para romper cadenas. O puede que el primer paso viniera antes, y de ahí la consciencia sobre trama, argumento, actores y espectadores.

Pero tras ellos, tras toda esta representación, tras la gigantesca hoguera de las vanidades, hay otro mundo que subsiste, que malvive, que medio se mantiene, que lucha por salir adelante.

Sin juzgar, sin personalizar, pero con la realidad ante los ojos. Algo tan asumido por muchos como natural que ni siquiera les hace sentirse partícipes; otros ven un engranaje metódico y justo. Otros conscientemente mantienen la locomotora en marcha.

Sabes que al rato volverás a tu cotidianeidad, y eso queda tras de ti; o no. Puede ser una opción. Pero la opción de alguien ciego y sordo. Cuando alcanzas el punto en el que nada te es ajeno, cuando de verdad comprendes que el mundo no está formado por compartimentos estancos, cuando ya no te es posible evadirte solamente te preguntas pero ¿cómo? No es solamente Jn 2, 13-22, son los Evangelios al completo, es la propia Vida, es aquello en lo que crees, quieres y te comprometes. Ese “¿cómo?” te persigue a la espera de respuesta. Buscas una mano, no para descargar sobre ella la respuesta, buscas mano, oídos, hombros, para compartir y encontrar luz, para ayudarte a discernir.

Dar respuesta a ese “cómo” depende de uno mismo. El “¿cuándo?” empezó al hacerte la pregunta.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Scalando


Hace unos días, tras una conversación telefónica con alguien a quien quiero, me planteé (entre otras cuestiones) qué hago yo por aquí, casi a diario, tecleando, poniendo corazón y fe en la yema de los dedos. Creí encontrar un atisbo en las visitas (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, India, Rusia, Lituania, Países Bajos, Italia, Alemania, Francia, Luxemburgo, Irlanda, Ucrania, Rumanía, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Perú, Méjico, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, Puerto Rico, Honduras, Paraguay, Ecuador, Argentina, Chile, Colombia, Marruecos, Guinea Ecuatorial y claro, España –no sé si me dejaré alguno). No son muchas las que recibo, empezaron tímidamente y ahora son algo más de mil al mes, pero son constantes, y al fin y al cabo esto es algo humilde y sencillo. No me fijé en el número, más bien en la diversidad de países, y me sobrecogieron la fidelidad y la constancia. A continuación pensé en los comentarios que no publico –más que nada por vergüenza, por laudatorios-, y pasé de sobrecogido a abrumado. Confieso que he estado a punto de tomar la decisión de no continuar; pero luego me dije, son sólo reflexiones y sentimientos particulares de un padre de familia que se siente comprometido, nada más.

Y cuando estaba en ello, en el sí o en el no, recibí en mi correo electrónico lo que iba a ser la última entrada en el blog de un amigo. Lo primero que se me vino a la cabeza al empezar a leerlo fue un ¿no será verdad?, avancé en sus palabras –lo que es tanto como meterte un poquito en su alma, y eso eleva; le comprendí. Solamente nos hemos visto una vez, compartiendo una tarde en familia, si bien más que un amigo es un hermano de fe, algo que nos une mucho más allá de la historia de cada uno; él camina, yo scalo. Olvidé las dudas sobre mí, como si nunca las hubiera tenido, me centré en él y le puse unas líneas. Eso es todo.

Esta tarde, en mi visita vespertina al Santísimo, ofreciéndole lo que ha sido un día complejo por una niñita de seis años que necesita de la oración de todos, sin esperar nada, sin buscar nada, sin pedir más que por ella, por Lucía, sentí claramente algo: Enrique, tu estás aquí orando por alguien a quien no conoces gracias a May Feelings, a aquel hermano lo conociste por su blog, has afianzado lazos de hermandad a través de internet, sigues a gente, sus reflexiones, sus escritos, creciendo de ellos. Tienes los mismos motivos para hacerlo e igual constancia que aquellos que te siguen a ti. Arrodillado, recordé cuatro o cinco comentarios que me emocionaron de manera especial, sinceros, alguno desgarrador, alguno entrañable, y en todas las reacciones que han suscitado de manera espontánea mis entradas; aquellas reacciones que libre y espontáneamente me han querido comunicar de manera directa, tanto de desconocidos como de conocidos, cercanos y amigos, del prójimo sin rostro y del prójimo próximo.

Fue entonces cuando decidí continuar. Llegué a casa, y tras acostar a mis hijas, consulto mi correo electrónico y me encuentro con la agradabilísima sorpresa de una entrada más de mi amigo; aunque los motivos iniciales no eran exactamente los mismos, el decidió continuar caminando y yo coger el piolet y clavarlo más arriba para continuar scalando.

martes, 15 de mayo de 2012

La grandeza de lo pequeño


No me lo puedo callar. Hoy he visto a un enorme misionero, no por su dilatada experiencia, que también, porque sus ojos en la homilía reflejaban precisamente el corazón de un misionero enorme. Unos ojos vivos, que muestran a diario la inteligencia y cercanía de un hombre entregado; unos ojos que se iban abriendo con cada palabra, engrandeciendo lo sencillo. Porque eso es lo que Juan Antonio nos ha mostrado hoy, la grandeza de la sencillez. Le he visto feliz.

Todos sabemos, con mayor o menor profundidad, quién es San Isidro Labrador, el Patrón de Madrid. Pero la homilía de esta mañana en la misa de 11 en PS, nos ha acercado con claridad, sencillez y entusiasmo, la grandeza incomparable de lo humilde, de lo sencillo en la vida de este labrador que ni sabía leer, pero que “leía a Dios en el Universo”. Quizás por la vida del Santo, por quién era el Santo, el sacerdote y misionero se ha crecido desde lo pequeño, como de puntillas, casi sin pretenderlo transmitiéndonos a los feligreses la santidad en la humildad, en la sencillez. Gracias, porque hoy me ha hecho entender y vibrar; su propia discreción se ha hecho enorme. Y esa grandeza a cada palabra a cada palabra abría más y más los ojos de un hombre que entrega su vida misionando, y la luz de los ojos de ese hombre acabó iluminando el templo.

La santidad paso a paso, consecuencia de una Vida sembrando Vida. Sea cual sea el origen de cada uno; es una opción vengamos de donde vengamos. No es el origen, es el paso diario, es el final, lo que nos hayamos entregado. Tenemos un ejemplo bien explícito. El mismo día en el que se proclamó la Santidad de Isidro, de un hombre de origen humilde, fue proclamada Santa una “niña bien” de Ávila (Teresa de Cepeda y Ahumada), el otrora militar Íñigo López de Recalde (Ignacio de Loyola) y el aristócrata Francisco de Jaso y Azpilicueta (Francisco Javier). Distintos orígenes en el mundo, aunque uno común: el Amor de Dios. Los cuatro eligieron a Cristo. Todo es cuestión de elección porque “nuestra” vida no es sólo para nosotros, es para darla; tempus fugit. Y hoy, un magnífico Redentorista, nos ha mostrado que se puede hacer con discreción y desde lo pequeño.

Cuando llega la noche


¿Qué es lo que queda cuando llega la noche, cuando llega el vacío, cuando en la escucha ni siquiera aciertas a oír tu propio latido? Pues yo finalmente siento que todo, porque esa oquedad no es más que un frío pasajero, un invierno como un instante, y las estaciones se suceden como se suceden los segundos.

Él está también ahí, para hacernos humildes, para mostrarnos que sin Él no somos nada, que nada podemos por nosotros mismos. Y en la miseria de mí mismo me cubro con el abrigo pesado de mi propia debilidad para comenzar a calentarme de nuevo; lleno el hueco aparente con el recuerdo de Su presencia intensa y la llamita comienza a brillar, aunque no sea más que en una minúscula y tímida brasa que lucha por encontrar el aire necesario para expandirse. Es entonces cuando sencillamente te dejas, sin otra pretensión más que esa, dejarte. Abandonas el peso, abandonas las torpezas que impedían la Luz sin otra pretensión que esa, abandonarte.

Porque el recuerdo banal, no es más que una anécdota que puede convertirse en un lastre, pero el recuerdo real de Su presencia es una presencia en sí misma constante. No es Él quien abandona; su fidelidad es incomparable. Abandona uno mismo, abandonan los demás en su condición humana. Pero Él no lo hace nunca; Su presencia es activa, su presencia es espera, su presencia es acogida, su presencia no se agota.

Él está en nosotros, frente a nosotros, a nuestro lado. Lo está frente al espejo tanto como lo está en aquellos con quienes convivimos; está en el templo de la calle tanto como en cualquier otro. Está en el Pan y está en la Palabra.

Cuando llega la noche, cuando llega el vacío, nos regala una oportunidad nueva para buscarle, una ocasión de perseverancia y entrega incondicional; sin cuestionar. Una respuesta de amor a su Amor primero.

Porque la noche, porque el vacío pueden ser una excusa para la desesperanza; pero sólo una excusa. Sin juzgarla, pero sólo una excusa. Podemos zambullirnos en el abismo oscuro, podemos ser respuesta filial, o podemos recurrir al hermano dispuesto. Depende sólo de nosotros, porque Él nos deja libertad hasta para liberarnos de nosotros mismos.

domingo, 13 de mayo de 2012

Reflexiones de un fin de semana singular


Gracias a unos extraordinarios amigos hemos podido vivir un inolvidable fin de semana lleno de sonrisas y emociones intensas en Eurodisney. Unos auténticos privilegiados.

Si toda opinión que no atente contra la Ley Natural es respetable, imagino que también habrá de serlo la mía, aunque soy consciente de que se salga de la norma (a menudo es incluso incómoda, lo sé). Y sé que se sale de la norma, porque lo que he vivido y visto me ha provocado sensaciones diferentes.

Una familia, un matrimonio con sus dos hijas, entregados a que disfrutaran cada momento, pero con una cierta mesura. Realmente había tres niñas, porque posiblemente mi mujer fuera la más niña de todas. Ha sido una expresión palpable y en estado puro de lo distintas que son, reconociendo lo que de su madre y de mi mismo tiene cada una y lo muy “ellas mismas” que son ya. A la mayor, de una sensibilidad y responsabilidad muy fuera de lo común, el corazón se le salía por los ojos; disfrutaba viendo; disfrutaba disfrutando; disfrutaba viendo disfrutar y, quizás para su desgracia, he percibido mucho de mí en ella. Esos ojazos oscuros eran la expresión misma de todo lo que iba interiorizando. A su hermana, dos años más pequeña, el corazón se le salía por cada extremidad; lanzada, queriendo no perderse nada, probarlo todo, experimentarlo todo, con las pequeñas limitaciones de su condición de celíaca que allí se hicieron especialmente patentes y crueles; tan intrépida como su madre. María, la mayor de las tres niñas, llevaba el corazón en su sonrisa permanente. Para mí eso ha sido la mejor atracción, el mayor espectáculo. No ha sido un salir de la rutina habitual, ha sido todo un regalazo aprovechado al máximo. Viviendo todo quizás de una manera singular, observando y gozando a la vez de la felicidad de esas tres niñucas.

Pero he de reconocer que, ese mundo irreal de ilusiones enlatadas, ese paréntesis rosa en la cotidianeidad humana, no es en absoluto mi ideal. He visto una gigante industria que proporciona un enorme número de puestos de trabajo, cierto, y eso también me ha hecho disfrutar. Pero es una industria focalizada –realmente como toda industria- a la obtención de beneficios, sin tener en cuenta particularidades hoy en día bastante más que generalizadas: niños con cara de desilusión porque sus padres no podían comprarles ni una sola chuche en un mundo dedicado a los niños, porque nadie sabía las especificidades de alérgenos; imagino que debe de ser muy difícil formar a un personal de tan alta rotación, pero quizás un mínimo etiquetado fuera suficiente (los españolitos somos muy críticos con nosotros mismos, pero hay cosas que hacemos o muy bien o mucho mejor) . El personal sencillamente encantador, de los que destaco una portuguesa adorable que se desvivió porque Paula pudiera cenar de manera adecuada la primera noche, y un granadino entrañable de nombre José. He visto padres que desconocen el “no” para sus hijos, con lo que esos niños parecían tener el rigor tiránico de la exigencia permanente en la punta de la lengua; eso me ha dado un poquito de miedo. He visto matrimonios de muy avanzada edad, solos y emocionados en ese universo de cuentos; algo más que curioso.

Me he dado cuenta del desarrollo galopante de un país: el mío. Quedaron muy lejos esos años en los que los españoles éramos conocidos por dar la nota, porque sin ningún género de dudas –corroborado por los empleados del lugar- si por algo destacamos es por educación. Pero ese desarrollo tiene también sus consecuencias: la media de hijos de los matrimonios españoles e hispanos afincados en Europa que pasan por Disneyland Paris es de uno o dos, mientras que la media de los rubios rubísimos ha superado ya los tres; esto me apena y me hace pensar.

Las dos pequeñas se lo pasaron en grande a pesar –o puede que también por eso- de todos los “no” que tuvieron que escuchar por nuestra parte viendo el consumismo enloquecido que nos rodeaba. Con alguna pequeña reflexión, como al lanzar la moneda al pozo de los deseos: “tirad la moneda, pero lo que queráis pedir se lo pedís a Dios, a través de la Virgen, de los santos o directamente, pero sobre todo fuerza y ánimo para conseguirlo por vosotras mismas”. Y lo confieso, yo disfrutando como un enano, incluido mi iBreviary en el móvil. Esforzándome porque la mayor venciera sus miedos, y aprendiendo que cada uno es como es, y si bien se debe alentar y animar no es bueno forzar; disfrutaba con el ambiente y quiso probar también la giga atracción, una contraindicada a hipertensos y cardiópatas a la que yo me iba a montar para que ella pudiera hacerlo. Justo en el último momento se arrepintió y nos salimos los dos. Ya afuera, hablando con un señor que resultó ser un cardiólogo andaluz algo más joven que yo, me dijo “¿estás loco? Pues piensa que puede que tu hija te haya salvado la vida”; hombre, digo yo que no fuera para tanto, aunque por si acaso yo ya había enviado un tweet medio en broma con alguna última petición dirigida a unas buenas y queridas personas.

Estando allí, he recordado cómo, de pequeño, cuando jugaba a las cartas, al juego de las familias, me importaba un bledo ganar o no, formar o no las familias completas, lo que me importaba era lo que había detrás de lo que representaban; y he recordado que un día, como con siete u ocho años, un señor que se llamaba Hermano Esteban – y no voy a aclarar hoy ni porque era “hermano” ni a que Familia pertenecía- me dijo simple y llanamente: “un día, Enriquín, te darás cuenta de que esas preguntas no te las haces tu sólo, Alguien te las hace a ti”. Sí, en efecto, ese día llegó.

Y aunque San Alfonso me daría un tirón de orejas por aquello del orgullo, he vuelto muy satisfecho por mis hijas; creo que, de momento, no lo estamos haciendo mal del todo.

Diana y Marcos, GRACIAS por un fin de semana inolvidable.

jueves, 10 de mayo de 2012

Primeras Comuniones


Estamos en un mes de celebraciones durante el que una importante cantidad de niños se disponen a celebrar su Primera Comunión. Encuentro que es un momento de especial importancia y no sólo para ellos mismos, para sus familias, para sus catequistas y para la comunidad cristiana en general.

Pero claramente no es solo un momento, es un paso en la Vida, en el crecimiento en la fe, que ha de darse como lo que es, como un paso, con un pie en el suelo y el otro levantado para continuar caminando. Acompañados de familias, sacerdotes, catequistas y la propia comunidad.

Los tiempos actuales no son los mismos que cuando me tocó a mi, dados el clima generalizado de hostilidad en la sociedad y el desapego por lo religioso. Por eso son fundamentales todos los acicates que podamos ofrecer a los niños para que puedan continuar y profundizar su vida como cristianos y, si bien el núcleo familiar es fundamental, también lo es el trabajo generoso de catequistas, religiosos, sacerdotes y la vida dentro de una comunidad de fe, sea parroquial o no. La posibilidad de que los chavales cuenten con grupos en los que desarrollarse de una manera sana y alegre en sus distintas etapas de madurez les facilita el asentamiento de la seguridad personal, sensación de libertad y fortalecimiento del carácter, además de apertura de mente para descubrir su propia ubicación en el mundo.

La generosa entrega de los catequistas es, sin duda, ejemplo de su ubicación en el mundo como respuesta a una vocación concreta para darse a los demás; su tiempo al servicio del hermano.

Hoy, que celebramos la festividad de San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes españoles, felicito y agradezco a todos los que conozco, y a aquellos que se preparan y forman para serlo. Sin ellos, ni esas Primeras Comuniones –ni ninguna otra- serían posibles; no tendríamos quien consagrara el Pan y el Vino.

Pido por ellos, como por los niños que comulgarán; pero sobre todo por los que no lo harán porque sus padres han decidido que crezcan al margen de Dios, por todos los niños que nunca han oído hablar de Cristo, por todos aquellos a los que nadie les ha hablado de la Buena Noticia. Y en la labor de su propagación hemos de estar implicados y empeñados todos los que formamos parte del pueblo de Dios, porque no somos espectadores de una película, somos todos protagonistas y cada uno de nosotros tenemos nuestro papel y por ello debemos de estar dispuestos a cumplirlo de la mejor forma, con la actitud más alegre, con la entrega más fiel y la mayor apertura.

martes, 8 de mayo de 2012

Ángeles con nombre


El viernes nos vamos a Eurodisney. Es un paréntesis lúdico que ya ha comenzado. Viendo la ilusión de las tres niñas, a veces tengo la impresión de que ya estamos allí. Las dos pequeñas están felices, y la mayor disfrutando como lo que es, como una niñuca grande. Sólo por estos días previos ya merece la pena. Aunque simplemente sea un fin de semana de diversión efímera se lo merecen, las tres, pero especialmente la mayor de ellas.

A Jesús y sus discípulos les invitaron a una boda en Galilea, y a nosotros, que en la nuestra fundamos nuestro matrimonio para que se bendijera Su nombre por siempre (Tb 8, 5-7), nos invitan dos especie de ángeles (Diana y Marcos) que no convertirán el agua en vino, pero que se han ocupado hasta de que a Paula no le falten sus menús para celíacos. Y partimos con la alegría incomparable que sólo da caminar tomados de Su mano.

Les conocimos en el portal hace pocos años y esa Navidad ya brindamos juntos en casa. Nos han visto los tres últimos años de larga travesía en el desierto no siempre lo suficientemente animosos, aunque sobrellevando el transcurrir de los días de la mejor manera que hemos podido y sabido. El Señor fue colocando en nuestro camino personas con nombre y apellidos que nos han ayudado a caminar, que nos han sostenido y alentado. No hemos vivido las Posadas porque casi todas las puertas se abrieron, y en bastantes ocasiones sin necesidad de llamar. Al Señor se le reconoce tanto cuando uno se ofrece como cuando acepta el ofrecimiento. Si nosotros pretendemos que los demás puedan ver un poquito de Él en nuestra vida, también Le hemos tenido en el hermano, y a menudo de manera inesperada. Como inesperada fue la noticia que nos dieron con motivo del cumpleaños de las niñas, invitarlas – a los cuatro- a Disneyland Paris. Fue un momento de desconcierto tras el cual no podía no aceptar, por la niñas, por las tres.

Pasan las semanas y se va acercando el día en que esta familia americana cambie de destino, pero los cuatro, Diana, Marcos, Bella y Nico seguirán un poco anclados en Madrid, porque nunca saldrán de nuestro corazón, de nuestra oración y de nuestro recuerdo. Pero antes, los que nos vamos somos nosotros, tomados de Su mano, a que pasee entre los niños en Eurodisney y volveremos con tiempo de sobra para ir a darle gracias en Su día, el domingo.

La vida no es un suspiro


"La vida es un suspiro", lo siento, pero no me gusta nada esa frase, porque no lo es, es todo menos un suspiro. La Vida es eterna desde aquí mismo.

Esta tarde María y yo hemos estado en un funeral en la iglesia de los Jesuitas en la calle Serrano de Madrid. La iglesia estaba a reventar; en los laterales la gente no podía ni moverse. Pero eso es anecdótico. Digamos que se celebraba por el descanso de alguien cercano a mi familia, a mi historia. Allí estaban los pocos amigos (amigas, realmente es un hecho que las mujeres sobreviven a sus maridos) de mis padres que aún viven. Muchos recuerdos, mucho de mi infancia, caras más que familiares.

En el presbiterio varios sacerdotes Jesuitas, el Abad del Valle de los Caídos, un amigo que ya ha hecho la profesión perpetua como Benedictino y presidiendo un sacerdote que, desde el principio, estaba claro que ni era Jesuita ni Benedictino, y no precisamente por su acento mejicano. La homilía me pareció una preciosidad, y no solamente reflejaba el profundo conocimiento y cariño hacia aquel por quien se celebraba el funeral y su familia; la encontré elevada, profunda e incluso con algún puntito de cercanía al común de los mortales. Pero el tempo litúrgico, la pomposidad forzada, bufffffffff, de verdad, de verdad que no. Me he dado cuenta de que magnifico los recuerdos de mi más tierna infancia respecto a la liturgia de la misa, porque cuando los revivo hoy en día –y son muy pocas las ocasiones- lo encuentro absolutamente extemporáneo y casi ficticio. Que conste que no hablo ni siquiera de la misa de espaldas, ni en latín, no. Pero tres minutos completos solamente en la elevación de la Sagrada Forma más casi otros tres con la Sangre de Cristo, unido a que al ir a comulgar me tuvo un buen rato con la Forma ante mi boca mientras me miraba inquisitorialmente (finalmente claudicó, y al ver que yo no me movía y empezaba a organizarse un tremendo atasco, la colocó sobre la palma de mi mano) es ya demasiado, demasiado. Y por si alguien piensa que quien presidía era un venerable anciano, diré que no, no creo que llegara a los treinta y cinco ni en broma.

Me resultó curioso que muchos al salir teníamos la sensación de haber pasado por un túnel del tiempo, y sin embargo pudimos ver arrebolados con la ceremonia a bastantes famosetes, incluido algún vidente de postín; …et omnia vanitas.

Pero eso es anecdótico. Lo importante es que a pesar de la frase entresacada de la homilía, la Vida no es un suspiro, es eterna, comienza aquí en la tierra y es labor de todos tratar de traer esa Vida a los hermanos. La homilía, como dije bastante acertada, nos acercó al largo final de un hombre joven que no “asumió” lo que se le venía, sino que lo abrazó con deseo, alegría y humor, con ganas de abrazar a Cristo; y pudo vivirlo con su mujer y sus dos hijos. Yo oré por él, pero también lo hice por enfermos concretos, por mi padre, por alguna niña con leucemia a quien no conozco, por un señor con algún problema de corazón cuya mano sólo he estrechado en dos ocasiones, por una señora que va perdiendo sus recuerdos, por mis amigos enfermos del albergue de San Isidro. Estaba rodeado de gente, algunos de los cuales me conocen casi desde antes de que naciera, acolitó un Benedictino amigo de mi hermano desde la cuna. Dentro de la tristeza por la pérdida, era todo simbólicamente hermoso; pero yo me di cuenta como nunca de que lo realmente importante es que quien murió en la Cruz resucitó y nos regaló la Redención Abundante, alce el sacerdote su Cuerpo durante media hora o cinco segundos; que lo verdaderamente importante es acercar esa realidad a quien no la conoce. La Redención que nos regala es lo que hace que la Vida sea todo menos un suspiro, y de nuestra actitud, nuestro esfuerzo y nuestra vida puede depender que otros lo sepan o no.

De vuelta a casa con María me sentía contento por la riqueza, diversidad y pluralidad de nuestra Iglesia, y tan FELIZ por mi opción voluntaria de estar donde estoy, que casi podía escuchar las voces de unos jóvenes cantando mientras acolita otro joven extraordinario y celebra alguien cercano. Gozosamente feliz de estar con mi familia en una Familia enorme, y totalmente seguro de que la Vida no es un suspiro.

viernes, 4 de mayo de 2012

Bebés con alzacuellos


Esto de la edad es algo eminentemente subjetivo, por mucho que lo cuantifiquemos año tras año. Yo me siento como si acabara de aprobar la selectividad, hay jóvenes que desgraciadamente parecen ancianos, conozco a un par de jovencitas que peinan canas. En fin, que hay mucho de actitud.

En el autobús que cogí de vuelta a casa a la hora de comer había una importante cantidad de niños de las guarderías de la zona. Uno de ellos hizo que me acordara de Herodes; pobrecito, que no es culpa suya. Le vengo observando desde hace varias semanas. Su madre le deja hacer lo que le venga en gana, y hoy se ha comportado como una especie de tirano adulto en miniatura.

La soberbia y prepotencia de esa criatura me ha hecho reflexionar sobre la suerte que tuve el día 1 de mayo comprobando cómo hay bebés que parecen sabios. Fue con ocasión de la Ordenación diaconal de dos religiosos Redentoristas. Allí había un niñuco que cumplía dos años, un bebé que celebraba un año de su primera Palabra, otro de meses. Ese es exactamente el tiempo transcurrido desde que fueron ordenados sacerdotes. La verdad es que, hablando con ellos da la sensación de que llevan toda una vida siendo sacerdotes. No sé si es por el rigor y los años de preparación como religiosos en el seno de la Congregación del Santísimo Redentor, pero impresiona pensar lo grandes que son siendo tan, tan pequeñitos. Ojalá muchos supiéramos llevar con tamaño estoicismo la novatada que le gastó el Señor a uno de ellos metiéndome a mí en una sacristía a los 19 días de ordenarse.

La sensibilidad no extraña, porque de los infantitos es tan propia como la crueldad descarnada, pero la profundidad descoloca; como lo hace la entrega. La ilusión de sus ojos sí que revela su edad; aunque bien pensado, esa misma ilusión se veía en los ojos de otros que ya pasan los setenta y los ochenta años, con lo que imagino que tampoco esto es cuestión de la edad, más bien de fe, de pasión, de convencimiento, de ganas de contagiar y gritar la Buena Nueva. Los ojos de unos enamorados, de Cristo y en Él de cada ser humano, especialmente de los más necesitados.

De la preparación teológica ni hablo porque directamente apabulla, pero es que además va unida a una inteligencia poco común y a una habilidad para el cuerpo a cuerpo sorprendente.

La cercanía es común a cualquier niño, porque ¿qué chavalín no se acerca a otro y rompe barreras de manera natural? Claro, que en este caso los mayores hacen lo mismo. Mira que va a ser que es la cercanía del propio Cristo.

Los bebés captan la atención con facilidad, les sigues un ratito, pero la verdad, acaban cansando. Sin embargo, a estos se les sigue de una manera incansable, aunque a veces, tratando de hacerlo uno acabe con la lengua fuera. Y, a juzgar por lo que vi, tienen cola de seguidores de todas las edades. No es de extrañar, contagian; aunque alguno quiera hacerse el sordo, contagian. Pero también es natural en los niños que sean ellos los que se cansen, que te hagan caso sólo un momento, que usen un juguete y al rato lo cambien por otro; a éstos eso no les pasa, porque son la misma entrega entre pañales.

Y quizás todo esto porque llevan en ellos el signo de lo que nos ofrecen a todos, la eternidad, la Redención Copiosa.

Eso sí, en esa tierna edad –bueno, como en cualquier otra- no se les puede estar corrigiendo, regañando y frunciendo el ceño continuamente. La exigencia está bien, pero ha de ir acompañada de amor. Los que somos padres sabemos muy bien con qué facilidad pasamos de medio reñir por tirar el mismo peluche 300 veces seguidas al suelo, a abrazar a nuestros hijos y lanzarlos al aire para que suelten una carcajada. Estos seguro que tendrán en común la necesidad del abrazo, del cariñín, aunque sea de vez en cuando. ¿Cuántas veces lo hacemos? Pues ya sabemos….

Sin embargo, lo que más les diferencia de los “reales” es que estos chiquitines de quienes hablo, todo menos chuparse el dedo. Bueno, y que en lugar de babero, ese día en concreto llevaban alzacuellos.


miércoles, 2 de mayo de 2012

Ya sabes Señor, te propongo Granada





Allí me colé y en su fiesta me planté. Así definiría cómo acabé en la Ordenación diaconal de Damián y Víctor. Ya sabía que acudiría algún grupo de PS, pero yo lo tenía difícil por varias cuestiones que no vienen al caso, sólo que una de ellas puede ser producto de un innato no querer meterme donde no me llaman (imagino que por aquello de que dónde no te llaman qué te querrán), aunque sé que en ocasiones parece exactamente lo contrario. El caso es que una conversación espontánea en la sacristía antes de la misa de las Familias del domingo pasado, y alguna en privado, me hicieron ponerme las pilas: “sabes Señor cuánto lo deseo, así que Tú mismo”. Cuando el hombre propone, Dios dispone; y dispuso. Dispuso una vez más el desprendimiento de María, la generosidad de alguien más, y  lo aunó a la sinceridad de mi corazón y la firmeza de mi voluntad. De modo que manos a la obra desde ese mismo domingo. AVE inviable; bus reservado para irme sólo y por mi cuenta; el coche de María a disposición de quienes lo necesitáramos. Finalmente Sergio Gallego Naranjo, Íñigo Montero Manglano, Guillermo Rejas Thomas y yo salimos hacia Valencia en el coche de Guille. ¡Qué felicidad Dios mío! Soy tan raro, tan libra (aunque no creo en la influencia de los signos zodiacales), que cuando me invade la felicidad o me da por ser una explosión que avasalla, o directamente me aturdo. Y ayer me aturdí. ¡Ojalá hubieran podido venir María, Paula y Toya! Te propongo Granada, Señor, así que ya sabes…

No sé si los jóvenes con quienes compartí coche e ilusión alucinaron o no con el friki que llevaban abordo y sus largos rezos para el viaje, latinajos incluidos (a pesar de que usé la versión corta). La conversación fue impresionante en todos los sentidos, y me permitió vivir con gozo el producto del buen hacer de los misioneros Redentoristas con estos chicos, así como ir conociendo más a uno de estos jóvenes (si bien en mi época con 25 ya no eras joven) descubriendo a un imponente Sergio Gallego. Que nadie me vuelva a hablar sólo de una juventud adormecida, que nadie me vuelva a hablar sólo de una juventud pasiva, que nadie me vuelva a hablar sólo de una juventud perdida. Porque existe una juventud con fe, entregada, generosa, incansable, solidaria y con un corazón que nos les cabe en el cuerpo, y yo soy testigo, les conozco y les quiero. Allí, en Valencia, llevaba ya varios días parte de ese grupo. Si es que no hay más que mirarles a la cara, no hay más que mirarles al fondo de sus ojos, incluso cuando están inquietos o tienen problemas, como todos, porque así es la vida. Pero su entrega es como un capítulo más, una extensión del Evangelio. Y aunque las vanaglorias no son más que eso, vanitas vanitatis, el sacerdote que los acompaña puede sentirse bien, pero bien orgulloso de ellos y de sí mismo. Así como ellos lo estarán de él. Es una juventud amplia y extensa. Con parte de esos jóvenes compartí mesa durante la comida, de Valencia y llegados de varias parroquias Redentoristas de España. Encantado, verdaderamente contento de ser por estar con esa gran Familia.

La presencia de mis tres niñas era permanente conmigo. Llegar y contemplar la cara de felicidad de Mariel Casasempere al verme, al ver que finalmente pude ir, es una expresión sincera y entrañable de su propia bondad. Y llegó el encuentro con los protagonistas, el abrazo a Damián y a Víctor; confieso que tragué saliva con los ojos cerrados. Y en mi abrazo no estaba solamente mi cariño más profundo, estaban también los brazos de mi mujer y mis hijas.

La ceremonia, presidida por un paisano, fue para mí especial, personalmente especial. Hacía nueve años la misma persona, por entonces arzobispo de Oviedo, presidió el funeral de alguien que había entregado su vida al Señor en su propia familia, dedicada -desde que ya no pudo trabajar más- a su marido y sus hijos mientras luchaba durante años con fe, entereza y ejemplaridad contra el cáncer. Su siguiente meta a la que llegar era mi boda, y no lo hizo. María y yo estábamos con algún amigo más como extensión del duelo, en la iglesia de los Jerónimos de Madrid. Ahora estaba feliz y en la parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados en Nazaret, en Valencia. Una parroquia Redentorista en un lugar humilde; imagen viva del carisma de la Congregación. Y los protagonistas dos jóvenes misioneros cuya vida es día a día menos suya y más de Él. Todo ello un símbolo de que en realidad la Redención Copiosa se nos ofrece a todos.

Pues ya sabes, mi buen Dios, a ver si en Granada nos colamos cuatro…