martes, 30 de septiembre de 2014

San Jerónimo

Me gusta San Jerónimo, me cae simpático. Aunque realmente, lo que se dice simpático, no sé yo… Mucho más allá de su traducción de la Biblia (aunque eso ya bastaría), de su obra, lo que realmente me atrae de éste santo es su carácter. No porque ser directo sea atrayente; no porque ser sarcástico sea atrayente; no porque la energía de ánimo en sí misma sea atrayente… más bien por todo lo contrario. Todo un carácter abrazado también a la ternura.

Me atrae porque la acidez dialéctica, la pasión, los prontos, la imaginación, incluso la ira, son características que comparte con un individuo al que voy aprendiendo a coger incluso cariño con los años, y con el que me encuentro cada mañana frente al espejo en el cuarto de baño. 

Ya, que sí, que es lo único que comparto con el santo, pero eso no deja de ser un motivo de esperanza. ¡Un enorme saco de pecados puede llegar a ser santo! Eso ya lo sabemos, pero tener identificados en un mismo ejemplar un buen número de mis mayores defectos… aumenta la esperanza.

Un carácter que me lleva, casi cada vez que escucho lo de ir a trabajar a la viña, a responder con un sonoro, rotundo, enérgico y malhumorado “no quiero”, aunque luego vaya. Porque acabo yendo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni cómo; ahí me veo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni para qué.

Quizás sea un buen ejercicio para cada uno de nosotros, identificar no solamente nuestros más llamativos puntos de mejora, sino los pecados que sólo le confesamos a Él en la reconciliación y ver qué santos han compartido nuestras mismas debilidades. Porque de todo ha habido, pero como todos han Amado, así los reconocemos, como santos. De todo, desde el Buen Ladrón a San Andrés Wounters de Heynoor, cura borracho y mujeriego del siglo XVI que sufrió martirio a manos calvinistas repitiendo su famosa frase: “Fornicador siempre fui, pero hereje, nunca”. De todo.

Cuando nos licuemos tanto como para creer que nuestras debilidades nos van a vencer; cuando nuestras debilidades nos vencen, no es mala cosa echar mano del ejemplo de esos santos que cayeron como nosotros; de esos santos que se superaron a sí mismos; de esos santos que hicieron de su Vida un ejemplo de camino ascendente.

Fijémonos también en ellos y encomendémonos, porque siguen repartiendo Vida. De modo que ánimo, amor a Dios y perseverancia que, como enseña San Alfonso, son las dos gracias más necesarias para la salvación. Eso sí, sin olvidar que el amor a Dios no es tal sin el amor a quien tenemos al lado o al que está lejos; al hermano.


Yo hoy doy gracias por el lado más humano de San Jerónimo que, aunque no sea el más erudito, sin duda es el más divino. Doy gracias porque lo intento, y porque no lo hago sólo, lo hago en comunidad y unido en la oración a los que están distantes. Scalando en Familia.

martes, 23 de septiembre de 2014

El clamor de la conciencia

“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

Con la frase de arriba acaba la Primera Lectura propuesta para hoy, 23 de septiembre de 2014. “Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios” es otra perla de esta inquietante lectura. Digo inquietante porque me hace cuestionarme a mí mismo. Ese clamor del necesitado siempre ha resonado en mi cabeza; incluso en la época en que era mi nombre de fondo la música que oía, ahí estaba siempre la preocupación por el necesitado. Y cuando es tu nombre la música de fondo, al final acabas por dejarla sonar y, con las notas va todo el resto. Uno no es ni mejor ni peor por ello. Quizás pueda serlo por la respuesta que cada uno de a ese clamor, y la respuesta no puede ser más que la justicia y el derecho, que, en este caso, es algo así como la praxis del Amor de Dios.

No cerrando los oídos, abres los ojos y extiendes las manos. Al menos lo intentas. La tragedia propia y ajena está en no intentarlo.

El clamor del necesitado. Y necesitado es nuestro hermano más cercano; el necesitado puede estar en nuestro propio hogar, en nuestra casa y familia. Necesitado es el desamparado, quien se encuentra en una situación límite sea cual sea, el incomprendido. Necesitado es el anciano desmemoriado y el niño desvalido. Necesitado es el padre que no puede alimentar a sus hijos, la madre que no puede alimentar a sus hijos, los hijos que pasan necesidad. Necesitado es el marido incomprendido, la mujer maltratada, el hijo ninguneado. Necesitado es el enfermo a la intemperie en el Tercer Mundo y el misionero que le abraza. Necesitadas son las prostitutas y necesitadas las Oblatas que les muestran las manos de Dios. Necesitados son los novios apaleados en una calle de Madrid porque los dos son del mismo género. Necesitados son los niños soldados y quienes mueren con el cuello rebanado en mitad del desierto. Necesitado es el parado y necesitado lo es el empresario que arriesga y pierde hacienda y empresa por crear puestos de trabajo. Necesitados son el preso, la víctima y el juez. Necesitado es el emigrante agarrado a una valla y necesitado es el Guardia Civil. Necesitado es el “sin techo” de nuestro propio barrio y necesitado el voluntario que hace lo que puede por ayudar. Necesitado es un ser humano en una patera y necesitado es el soldado en una misión humanitaria. Necesitado es el indigente, el voluntario de Caritas y, muchas veces, quien se acerca a donar una bolsa con ropa o comida. Necesitado es el desahuciado, el niño que no entiende por qué tiene hambre, la madre que vela insomne las angustias. Necesitado es el amigo que nos pide comprensión con la mirada o con el silencio. Necesitada es la madre anciana que en la distancia caldea la estufa de los recuerdos para no caer en el frío de la soledad. Necesitadas son mis hijas o mi mujer ahogando mis miedos. Necesitado soy yo temblando por no saber cómo, acompañado de mí sombra por la calle, tendiendo torpemente unas manos vacías o con el corazón acelerado ante el Sagrario.

La necesidad se puede graduar, pero no se juzga. La necesidad se puede priorizar, pero no acallar. La necesidad se escucha, se identifica y se combate.

Aprovecharse de la necesidad ajena es lo más indigno que un ser humano pueda hacer conscientemente. Aprovecharse de los inocentes necesitados, es una indignidad escandalosa. Y se aprovecha de la inocencia ajena quien promete aplacar el clamor de los más débiles para encumbrarse y, una vez en la cima, cierra sus oídos al clamor del necesitado; después de todo, esos más débiles abortados no meten ruido. Los muertos no hablan. Pero claman a través de quienes no callamos.

Necesitados son aquellos que, queriéndolos, no pueden tener hijos. Necesitadas son las madres que abortan, los padres de los bebés abortados a los que no se les pide ni opinión; necesitados son los bebés a los que no se les brinda la oportunidad de nacer.

Hoy, 23 de septiembre de 2014, el Gobierno se ha carcajeado, una vez más, de sus votantes. Hoy, el ministro de Justicia de ese Gobierno - se esté o no de acuerdo con él- ha tenido una demostración de dignidad y coherencia acorde a su conciencia inusual en nuestro espectro político. Ensalzo la actitud de Alberto Ruiz-Gallardón. Que el Gobierno se ría o no de aquellos que le votaron me preocupa poco o nada ahora. Lo que es una lamentable realidad es que los necesitados no serán escuchados en sus gritos. Quien no escucha el clamor de su propia conciencia no puede escuchar a nadie, servir a nadie, vivir por nadie salvo sí mismo. Y sí, hoy, hablo de los niños no nacidos, de esos necesitados.


“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Albania, sin complejos

El Papa ya vuela de regreso a Roma tras su visita a Albania mientras escribo estas torpes palabras.

Desde hace algunos días vengo leyendo noticias de ese país a través de las crónicas que comparte el P Laureano del Otero, un sacerdote redentorista querido que ha arribado a aquellas tierras en la reciente nueva Fundación Redentorista en Tirana; a diario las espero con ilusión, admiración y un puntito de envidia (y con agradecimiento a las redes sociales que permiten a los hermanos unidos en la oración estarlo también con una presencia constante). Por eso, esta mañana, en la misa de las familias de la parroquia redentorista de Santander, cuando el celebrante micrófono en mano nos invitó a que compartiéramos cada uno la oración de los fieles, yo pedí –no se me puede poner un micro delante porque me crezco- por el viaje del Papa y por la misión Redentorista, teniendo a Lauri en el corazón.

Mientras el Papa llevaba la Buena Noticia a los albaneses, por aquí celebrábamos el día del Alzheimer y, en muchas ciudades de España, se desarrollaban manifestaciones a favor de la vida de los no nacidos; sin complejos, alto y claro. Defensa de la vida de los más indefensos, sin más aristas ni más vueltas. Muchos de los manifestantes se sentían engañados y utilizados por un gobierno que no cumple sus promesas. “Cuando en nombre de una ideología se quiere expulsar a Dios de la sociedad, se acaba por adorar ídolos y enseguida el hombre se pierde” (S.S. Francisco), sean esos ídolos el dinero, la búsqueda ávida de votantes a costa de lo que sea, las propias pasiones, el propio yo, aquello que nos esclavice a cada uno.

Sin complejos, el Papa ha hablado, como siempre, sin complejos, libre, llevando la Verdad y en nombre de la Verdad. Ha estado con mártires de la persecución comunista, tal cual y sin eufemismos tipo “persecución del siglo XX”; no, persecución comunista.

Sin complejos y libres de prejuicios he visto a religiosos con hábito que serán vistos simple y llanamente como lo que son. Libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan un hábito o un alzacuellos; libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan a un cura en vaqueros, en zapatillas de deporte o en traje de baño. Con la complejidad, incertidumbre y riesgos de misionar en un país como Albania. Pero sin complejos.

La frescura, la sencillez, la cercanía, la profundidad y la bondad de un hombre normal que es Papa llevada a un país con un ínfimo porcentaje de católicos. Bondad, profundidad, cercanía, sencillez, frescura que son tan redentoristas y que permanecen ahora en Albania tras la Fundación de los hijos de San Alfonso. Hoy hemos rezado por ellos y a ellos nos unimos en la oración. Son unos recién llegados, quizás los últimos del Evangelio de hoy…


Y yo –o tu-, sin necesidad de ir fuera ¿qué haces con tu vida? ¿qué haces por los demás? La confianza en Dios supone prestarle nuestras manos, nuestro tiempo, nuestras palabras, para que otros le vean cercano, real y presente en sus vidas. No importa que no te hayas “arrancado” hasta ahora, que seas también un último… lo que importa es que te pongas en camino, que comiences a scalar en Familia. 

Y así, sin complejos, a modo de sugerencia ¿qué tal si como inicio del camino oras por el camino que emprende la nueva Comunidad Redentorista de Albania?

jueves, 11 de septiembre de 2014

Negociando con talentos

Una de las diferencias entre la pobreza y la miseria es precisamente aquello que define y califica a quien no se fija en su propia riqueza y le separa de quien no para de señalar las pobrezas ajenas. Porque hay personas ahítas de rencor, de soberbia, tan alejadas de la luz que lo ven todo negro, tan enriquecidas de miserias de otros que no son sino unos miserables. Lleven jeans, alzacuellos, zapatillas de deporte, mono, uniforme militar, smoking o hábito de monja mediática, su estrechez de miras se circunscribe a pegar el ojo a la cerradura del corazón humano a la búsqueda ávida de miserias. Miserables.

Ayer falleció un paisano mío. No me voy a fijar en lo que se llevó, porque eso es el cúmulo de una vida y una conciencia, y aquello que se llevó sólo le interesa a Dios que es a quien se lo habrá de presentar. Y a buen seguro le habrá mirado con tanta misericordia como mirará en su día a los inmisericordes miserables que señalan con unos dedos larguísimos y muy tiesos, escondidos tras falsas sonrisas beatíficas.

Lo que se llevó es cosa suya y del Creador. Yo me fijo en lo que dejó tras de sí, y lo hago teniendo en cuenta la particularidad de que este paisanuco mío podía haber vivido una vida absolutamente relajada, sin haber trabajado ni un solo día de su existencia. Sin embargo recorrió una vida sembrada de trabajo, dejando tras de sí riqueza y puestos de trabajo; así, fríamente y sin demagogias facilonas. No solamente llevó el nombre de su ciudad, Santander, por el mundo entero, sino que se empeñó de igual forma en generar riqueza en ella de una manera constante e imparable. Obras sociales, donaciones multimillonarias que contribuyeron a hacer del Marqués de Valdecilla un hospital puntero del sistema público de salud, el impactante Centro Cultural que no llegó a ver en marcha (a pesar de haber pagado para su construcción hasta las obras de adaptación urbanas), becas, dotaciones económicas a Universidades… Me fijo en esto porque es lo público, ni hablo de su familia, ni de la dimensión privada de otras “obras sociales” precisamente por ser privadas. Y hoy, los empleados que quieran pueden acudir a la Eucaristía que se celebrará en la Capilla que quiso que se instalara en la Ciudad Financiera que se empeñó en levantar. Vamos, todo muy carca. Capilla, rezos… Carca y bíblico, porque en cuanto los heredó se puso a negociar con sus talentos y los multiplicó…

Podía haber visto la vida pasar, pero se pasó su vida mirando al futuro, innovando, generando empleo, trabajando. Hoy, ya al otro lado del ojo de la aguja, habrá visto cara a cara a su Redentor. Descansa en Paz, Emilio. Lo harás, mientras otros miran la vida con el ojo pegado a la cerradura de las miserias humanas, quizás por miedo a ver las propias.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mirando a la Vida

Se acabaron los días de descanso. No quedan atrás. En el olvido se desvanece lo innecesario, aquello que nos hace crecer viene con nosotros a cada paso, aquello que es realmente Vida nos conforma. Errores, aciertos, tristezas, alegrías. Y la Vida lo es más cuando es compartida.

Doy gracias a Dios por este tiempo en Familia. Lo iniciamos, mi mujer y yo con nuestras niñas, con una estancia en Astorga, en Casa San Alfonso, acogiendo peregrinos del Camino de Santiago. La ilusión, la inocencia, la entrega a lo que fuera, las caras de mis hijas no han sido solamente motivo de alegría; cuando uno es padre de niños pequeños, y trata de ver el mundo como ellos lo hacen, es como descubrir al hermano con los ojos de Dios, adentrarse en la creación con los ojos de Dios. Y labor de los padres es propiciarles las condiciones adecuadas para que no pierdan esa mirada.

La cotidianeidad con su abuela, lo normal de disfrutar de la abuela que no tienen a diario es una gracia. Verlas crecer, es otra. Compartir en Familia. Primos, amigos, croquet, playa, montaña, cartas, pueblo, normalidad, Amor. Armonía, esa palabra tan habitual en boca del Papa y tan extraña a veces en la vida de los hombres.

El Monasterio Redentorista de Nuestra Señora de El Espino, en Santa Gadea del Cid, donde con tanta naturalidad como intensidad y gozo interior fui desgranando mis “Sí, me comprometo” a cada una de las cinco preguntas que mi querido amigo el Padre Pedro López, Superior Provincial de la Congregación del Santísimo Redentor, nos iba regalando como paso final a quienes nos comprometimos y fuimos agregados a la Congregación como Misioneros Laicos del Santísimo Redentor. La delicadeza de Mari Ángeles ofreciéndole a mi mujer leer la Primera Lectura en esa Eucaristía. Mis hijas. Los hermanos venidos de Madrid. Vida compartida en Familia. Tan intensa fue esa celebración como el tiempo de desierto, en el que los recuerdos de cómo y de la mano de quién comenzó este maravilloso regalo se me agolpaban con tal fuerza que parecía revivirlos en presente. A solas con el Señor, en los jardines del Monasterio, no había excusa para no regalarme alguna lágrima recorriendo feliz, el rostro feliz de un pobre hombre enamorado.

Mi hija mayor recibió por primera vez el Cuerpo de Cristo. En Familia. Ante nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de manos de quien es un hermano. Exactamente cuarenta años después de que yo lo recibiera de manos de otro Redentorista. Acompañados también de quienes estaban en nuestro corazón aunque no en persona. Agradecido al Señor por tanto, por tanta Vida.

La mano de nuestra Madre del Perpetuo Socorro en lo que inexplicablemente acabó en nada; un accidente que podía haber cambiado el rumbo de la historia de nuestra hija pequeña. Acababa de decirle, apenas un par de minutos antes: “Paula, ven que te ponga la medalla de la Perpe que se te cayó hace unos días”. Y las piedras del suelo sobre el que cayó a plomo desde aquellos metros de altura, se volvieron las manos de María para recogerla. ¿Coincidencias? ¿Diosidades?

Creí que había cerrado el periodo estival con mi paso de nuevo por Astorga. No fue así. Lo di por cerrado anoche, tras leer el sensacional post de un peregrino del Camino de Santiago, Miguel Pérez. La fe ha de compartirse, lo extraordinario ha de compartirse, aquello que puede ayudar a otros ha de compartirse, por eso me tomo la libertad de compartir el enlace, no dejéis de leerlo y meditarlo: http://mesarinconcafe.blogspot.com.es/2014/09/de-sarria-la-gloria.html Gracias, Miguel, por hacerme comprender lo afortunado que soy sabiéndome tan pequeño, tan nada, tan grande simplemente por ser hijo de Dios.

Recibo septiembre con la Esperanza ahogando los miedos, limpio, con las manos abiertas, con el corazón abierto y confiado en la bondad del Padre que nunca nos abandona. Con la ilusión del impagable regalo que nos ha hecho el Papa Francisco con el nuevo Arzobispo de la diócesis de Madrid, mi paisano Don Carlos Osoro; leer sus entrevistas estos días es como recibir en la cara del alma la suave brisa del aire fresco. Un aire que, como el de Francisco, me resulta familiar… 

Abríos al Señor, abríos a la Vida, zambullid vuestros miedos en el mar de la Esperanza y recibid agradecidos el presente de cada día del mes que comienza. Mirad a la Vida a los ojos y compartidla, no la dejéis pasar.


Recibo septiembre scalando en Familia, agradeciendo al Señor, agradeciendo las manos tendidas, en gerundio.