martes, 31 de enero de 2012

Desde mi balcón al fango

“Perdón, por asomarme desde mi balcón,
a las miserias de la tierra,
a la gente que no interesa,
por no meterme en el fango,
y hacer mío su dolor.”
Muchos domingos seguidos escuchando este canto, innumerables homilías inspiradas, un entorno determinado, mi propia familia, una gran Familia, una admirable gestión del acompañamiento; un poco de cada y tras ellos, o sobre ellos, el Señor, me han empujado ha tomar por mi cuenta y riesgo la decisión de lanzarme desde mi balcón al fango.
Hoy he comenzado a servir como voluntario a un grupo de “sin techo” enfermos de la ciudad de Madrid. Llevaba ya mucho tiempo queriendo hacer algo, intentando hacer algo; en algún sitio no fue compatible y para otro puede que simplemente no sea digno, que los silencios hielan el alma, y cuando estás congelado si tropiezas directamente te rompes. Podía haber elegido colaborar con otra institución eclesial diferente a las dos a las que primero me insinué. Puede que me atrajera más algo vinculado directamente con un puntito claro de evangelización o simplemente de transmisión de la fe; aún no pierdo la esperanza para esto. El caso era ponerse en marcha, y el propio caminar me fue enfocando. Acabé decidiéndome por una organización completamente aconfesional, me presentaron varios proyectos permanentes y entre ellos me decidí por hacer un poquito entre aquellos que me parecieron los más abandonados. Este ha sido de manera resumida el proceso.
Puesto en manos del Señor para el servicio, cuando a las nueve de la mañana entré en aquel lugar, me di de bruces con una realidad cruel de nuestra ciudad; a diez minutos y tres paradas de metro de mi casa. Unas doscientas cincuenta personas sin hogar, necesitados de verdad de auxilios, gente que no interesa y que son producto generado por nuestra sociedad. Una sociedad capaz de permitirlo es una sociedad enferma; una sociedad capaz de permitir que los bebés no lleguen a nacer es una sociedad enferma; una sociedad capaz de permitir que la gente muera de hambre es una sociedad enferma; una sociedad capaz de abandonar a los mayores es una sociedad enferma; una sociedad capaz de permitir las injusticias es una sociedad enferma. Cuando, como católico, llegas a un punto en el que no te puedes abstraer de esa realidad porque nada te es ajeno, abandonas el balcón para bajar a la calle. Y no hace falta ir muy lejos. Tampoco son necesarios gestos grandilocuentes aunque sean bienvenidos, es más sencillo: vivir aquello que decimos creer en nuestro día a día. Y hacerlo de verdad. Un poquito más de Rerum Novarum; un poquito más de doctrina social de la Iglesia y creo firmemente que la sociedad no estaría como está.
Estoy en ese camino, en un proyecto de acompañamiento a esas personas; pero esto es algo englobado dentro de una historia personal.
He recibido una gran lección de humildad y me han abrumado mis quejas absurdas del día a día.
Y también me han hecho consciente de que mi propia realidad es mucho más amplia y profunda de lo que yo creía. Ni caben orgullos esperpénticos ni falsa humildad. Llegó un momento en que tras la visita al médico con la señora a la que acompañaba, con la hermana a la que acompañaba, me preguntaron por curiosidad cuánto cobrábamos los voluntarios. “Vamos a ver, que si nos llamamos voluntarios es porque no cobramos”. Me preguntó más, y al enterarse de que iba como voluntario en una organización aconfesional dijo: “para que luego digan que la Iglesia está detrás de estas ayudas”. Buffff, mira que tenía intención inicial de no tener que tocar ese tema, que la diferencia radical entre solidaridad y caridad no la marcara más que una cierta actitud; pero, claro, uno es débil y no sabe morderse la lengua. “Perdona que te aclare –le dije muy sonriente-, pero en el caso concreto de quien tienes delante, tienes razón, la Iglesia no está detrás, está dentro porque yo soy Iglesia Católica –me sentí como la campaña de la Renta- si no fuera por la Iglesia, si yo no fuera católico no estaría aquí, aunque efectivamente esta organización es aconfesional.” Me quedé más ancho que largo. Y la señora a la que acompañaba, me sonrió y me dijo: “Jeje, muy bien, le has dejao planchao”.
He dudado mucho si escribir o no esta entrada por aquello de “que no sepa tu derecha lo que hace tu izquierda”, y si lo hago es llanamente por si alguien lo lee que no lo dude, que se anime. El día es largo, las semanas más y el hermano está en la calle, en el piso de enfrente o en tu propia casa; es Cristo quien está a la vuelta de la esquina. No se trata de vaciar los templos para lanzarse a la calle como he oído en algún sitio; eso me parece un error de base y una aberración según quién lo diga. Creo firmemente que la acción por la acción no lleva sino a la increencia propia y ajena. En la oración está la base y en el Señor el sustento.
¡Animaos!

domingo, 29 de enero de 2012

Damián Mª Montes y Víctor Chacón

Acabo de presenciar en la misa de nueve del Perpetuo Socorro cómo dos especiales misioneros Redentoristas recibían las antiguas Órdenes Menores, siendo instituidos como Acólitos y Lectores. Es un paso más hacia la Ordenación Sacerdotal, una alegría para la Iglesia Universal.
Son dos personas especiales, tocadas por la mano de Dios, llamados por Él, donados a Él. Se llaman Damián Mª y Víctor y les une el mismo amor a Cristo y la misma entrega incondicional a Él en el carisma Redentorista. ¡Casi nada!
Dos caracteres diferentes con un estilo propio y un buen hacer común. Una preparación extraordinaria y una formación vivida y desarrollada en el seno de una Familia que se desvive por los demás.
Me cuesta mucho, mucho ser objetivo con ellos y lo siento. Porque el cariño es grande y puede empañar una opinión aséptica, aunque no oscurecer la realidad.
A Víctor le conocí la pasada JMJ y, la verdad, si no fuera por su juventud habría creído que ya era sacerdote; un gran sacerdote curtido en una pastoral cercana, cálida y abierta. Y lo era, aunque no estuviera ordenado. Mirarle tranquilamente a los ojos es zambullirse en el mar de paz sobre cuyas aguas anduvo Jesús. Y son las aguas de su bondad, sensatez, sencillez y profundidad las que pone a Su servicio. Hablar con él eleva el alma y baja la presión arterial. Uno no puede conocerle y no quererle. Cruzar dos frases con él engancha; pasar varios días seguidos a su lado, entrega.
A Damián lo conocí por internet. Vi un vídeo en el que contaba su experiencia en Calcuta y le puse un mensaje porque me impresionó. Pasado el tiempo, un día que entraba en PS, un chico sonriente me dijo ¡Hola Enrique! Era él. Su nuevo destino era precisamente el Perpetuo Socorro de Madrid. He tenido la suerte de ir conociéndole poquito a poco, domingo a domingo. Y poquito a poco, domingo a domingo le he ido viendo crecer y he ido aprendiendo a quererle casi desde el silencio de una espiritualidad oriental. Y desde la profundidad de ese silencio llega el calor del abrazo y el sonido impactante de la comunicación del corazón. No es una metáfora; guardo el abrazo al entrar en PS para la Misa del Gallo. No fue un “abrazo eclesial”. Como diría el padre Guembe, fue mucho más que un abrazo eclesial.
Dos grandes hombres, dos grandes Misioneros Redentoristas, que serán dos imponentes sacerdotes. Dos jóvenes a los que admirar y a los que agradecer su entrega.
Y no puedo dejar pasar por alto las palabras del P Pedro López animando a los jóvenes a seguir ese mismo camino.
Damián, Víctor: ¡Gracias, gracias, gracias!

Niños y Vida Consagrada

Me resulta curioso comprobar cómo lo más sencillo nos conduce de una manera silenciosa a lo más profundo de nosotros mismos.
Este fin de semana he estado ayudando a mi hija mayor a hacer un pequeño trabajo para su colegio. Estudia en un centro dirigido por Consagradas del Regnum Christi y Sacerdotes Legionarios de Cristo. Esta semana que entra la dedicarán a las vocaciones con una campaña entre los niños de Primaria bajo el lema “En mi familia conocemos y queremos a los sacerdotes”. Todo ello centrado en el día 2 de febrero en que la Iglesia celebra el día de la Vida Consagrada.
Lo cierto es que para ella misma, dentro de la inocencia de una niña de seis años, ha resultado fácil. Y lo ha sido porque en nuestra casa tenemos la suerte de que el trato con religiosos es algo que fluye de manera tan natural como el respirar. La idea del colegio me ha parecido buenísima, porque no todo el mundo tiene la misma suerte, y acercará a muchos padres a una generosa realidad de la Iglesia a través de sus propios hijos. De hecho resulta casi sorprendente ver cómo para unas niñas pequeñas, lo que se plantea como un ejercicio extraordinario, es simplemente natural, porque ellas mismas se sienten parte de la Familia Redentorista, y como a tales los quieren. Pero la naturalidad de la vida diaria lleva con la misma naturalidad al compromiso y a un modo de vivir y, por lo tanto, transmitir que ya no puede ser casual. Tanto en el actuar de una niña de cuatro años como en el de un señor de 45. Haber conseguido esto no es simplemente por empeño de unos padres, lo es como génesis por la propia vida de unos misioneros descomunales, su ejemplo, la forma en la que llevan la Buena Nueva desde el instante mismo en que comienzan a sonreírte antes de hablar.
El Espíritu no es casual cuando sopla, y el día en que a mí me llevó a ellos lo hizo con mi carga histórica y biológica. Que yo cayera de bruces ante ellos y su carisma no necesariamente significaba que lo hiciera el resto de mi familia. Pero un día llega tu hija del cole con esos deberes y es como si terminaras de ponerle la última pieza al puzzle, mostrando una imagen tan hermosa como jamás habrías podido llegar a soñar. El Espíritu me llevó a un innombrable y hoy su nombre no se cae de la boca de mis hijas. Y, además, mi mujer es catequista en PS y uno se siente diluido en su propia normalidad.
A medida que nos parábamos a pensar cuál es nuestra relación con ellos iba quedando claro que – salvando las obvias distancias- nos resultaba muy difícil separar con palabras lo que el corazón une de manera permanente, con lo que llegamos a la conclusión de que más que un “ellos” lo que realmente sentimos es un “nosotros”.
A mi me ha servido para reflexionar, y solamente encuentro como conclusión una serena felicidad; el agradecimiento ha dejado paso a algo muy diferente. Muy, muy distinto. Quizás porque sale de tan adentro que lo asumo como una identificación y deseo de implicación.
Y a través del trabajo de mi hija he recordado a los miembros de mi familia y de la de mi mujer que un día decidieron consagrarse al Señor como Carmelitas, Escolapios, Jesuitas, Hermanas de la Caridad o Esclavas.
Por un momento he pretendido imaginar un mudo sin religiosos y me ha aterrorizado lo que he visto. La imagen es espeluznante tanto desde el punto de vista espiritual como humano. Tres cuartas partes de la humanidad sin evangelizar, sin conocer a Cristo. Leprosos abandonados, enfermos de sida muriendo en soledad, niños sin educar, jóvenes sin instruir, bebés a su suerte, ancianos de los que nadie se acuerda, prostitutas sin atención, oprimidos sin que nadie reclame justicia por ellos, personas esclavizadas, moribundos enfrentándose a la muerte o solos o aterrorizados por un Juicio. Una Redención sin anunciar.
Eliminemos a los religiosos de la faz de la faz de la tierra y habremos eliminado a parte de mi familia.
Eliminemos a los religiosos de la faz de la tierra y nos encontraremos algo parecido al infierno en la tierra.
Unos sencillos deberes escolares para recordar a unos padres quién y cómo propaga la Palabra.

lunes, 23 de enero de 2012

Vida Consagrada, un Reality y un artículo

Acabo de leer un artículo en el que se afirma que la participación de un religioso y sacerdote en un “reality show” es un producto natural (exagerado y desquiciante, si se quiere; pero natural) de la descomposición de la vida consagrada. Lo siento pero desde mi experiencia personal como un simple católico no puedo estar en absoluto de acuerdo. No soy ningún especialista, no soy ningún erudito; simplemente un cristiano que conoce, quiere y se identifica en concreto con una específica Congregación religiosa y que conoce bastante bien a otras muchas.
Todos los religiosos que conozco son gente no sólo de una fe robusta, sino testigos fieles y ejemplares del Evangelio, fieles a la Palabra, fieles a la Iglesia y fieles al hombre. Compaginan el seguimiento extremo a la llamada concreta a cada uno a seguir a Jesús según diferentes carismas, con fidelidad a la tradición recibida en sus propias Congregaciones, Órdenes o Institutos con el acompañamiento a ancianos, jóvenes, niños, matrimonios, separados… atendiendo a cada situación social de una manera genérica y concreta en cada persona. Sembradores, pescadores, acompañantes en el discernimiento, entre los más pobres, entre los desheredados del mundo tanto del nuestro como en cualquier punto del planeta; los predilectos de Jesús sí, pero sin rechazar a un solo Epulón. Sin preocuparse de sí mismos, sin pensar en sí mismos tan sólo desviviéndose porque todos conozcan la Buena Noticia del Evangelio. Entregando literalmente su propia vida.
Hospitales, colegios, Universidades, Residencias de Ancianos, Parroquias, la calle, el hombre. Los hay con hábito y sin él, porque no sólo el hábito no hace al monje, sino que una determinada vida dignifica unos vaqueros como el más precioso de los hábitos, igual que una vida desordenada ensucia hábitos o alzacuellos en apariencia pulcros.
Estoy felizmente casado y soy padre de dos hijas, pero me he sentido tocado y dolido por una afirmación genérica que considero manifiestamente injusta; meter en el saco de tamaña afirmación a quienes considero mis hermanos es algo que me duele por radicalmente falso y no puedo ni quiero quedarme callado.
Todos conocemos casos concretos de todo tipo y en cualquier orden de la vida, y ninguno da derecho a una generalización impune. Las situaciones irregulares pueden ser sonoras, pero creo que ya está bien de mezclar churras con merinas. Que se identifiquen y señalen las que se quieran, pero que no se haga caso común de lo que no dejan de ser situaciones particulares y/o concretas. Los problemas que existan que los resuelva el Ordinario, su Superior, la Congregación para los Institutos de Vida Religiosa y Sociedades de Vida Apostólica o quien tenga que hacerlo.
Yo de la Vida Consagrada no conozco descomposición, conozco Vida, entrega, sacrificio y generosidad, identificación plena con Cristo, no descomposición. Universalizar de esa forma equivale a señalar a quienes quiero como mis hermanos, y ya que esto lo trae un concreto programa de televisión, dándole la vuelta a la famosa frase de una conocida televisiva: yo por mi familia me dejo matar.

sábado, 21 de enero de 2012

Beata Dolores Sopeña

Siempre he dicho – y sigo opinando igual – que no hay nada que más me asuste que lo que se esconda detrás de una sonrisa permanente; por ficticia, por antinatural. Pero hace ya bastante tiempo que me topé en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid con unas chicas sonrientes que me sorprendieron. Pasado el tiempo, durante la JMJ Madrid 2011, tuve el privilegio de conocer un poco más lo que se escondía detrás de esas sonrisas, y descubrí la paz que irradiaban, una bondad producto de su felicidad inmensa. Eran algunas de las religiosas del Instituto Catequista Dolores Sopeña. Con alguna de ellas tuve más trato que con otras, o simplemente por afinidad, o por compartir una pasión común por la música del P Cristóbal Fones S.J. Da lo mismo, porque en el fondo, en la trastienda de esos rostros amables y sonrientes se recoge un común amor por Cristo. Por eso mismo, lejos de producirme desconfianza, su sonrisa tiene el atractivo especial que da la felicidad producto de la entrega y el abandono. Seguro que algo así podría verse en las caras de los Apóstoles.
Un grupo de mujeres entregadas en dar a conocer a Jesús, al Evangelio, entre las familias trabajadoras, para hacerlas sabedoras de que son también acreedoras – con más motivo – de Su propio mensaje.
El trato personal hace tejer relaciones sólidas y afectuosas. Me gustaría decir que cuando se comparte una misma fe, un mismo objetivo, una misma vida, eso se ve acrecentado, pero sería falsear la situación; sería casi como pretender comparar la pobre existencia del torpe que escribe con unas almas cargadas de valor y de amor por Cristo en los demás, y eso no sería justo. Enfrentar unas manos vacías a una vida plena es, además, incluso vanidoso. Pero la realidad tumba a la lógica, y el cariño por mi parte ahí está.
Una de esas chicas, una de esas religiosas que aparecieron este verano en la reunión que Benedicto XVI tuvo con las religiosas en el Escorial, revestidas con el hábito incomparable de su propia vida – que no con otro, porque según sus constituciones, no visten más hábito específico que el sudor de su trabajo – me invitó a acudir con mi familia a la eucaristía que se celebró ayer, viernes 20 de enero, en PS. Lamentablemente ni mi mujer ni mis hijas me pudieron acompañar físicamente, aunque siempre van de mi mano. Pero yo me sentí feliz, en primer lugar por la invitación, en segundo lugar porque aunque simplemente con mi presencia pude arropar a mis amigas religiosas, en tercer lugar por ser una manifestación gozosa y explícita de un hijo de la Iglesia hacia una de sus muchas familias, en cuarto lugar por poder aprender un poquito más de la beata Dolores Sopeña con la soberbia homilía del padre Redentorista que presidió la celebración. Yo estaba en casa por estar allí, me sentía implicado con sinceridad, pero mucho más por ser un trabajador que no puede hacerlo (quizás alguien que me conozca y me lea puede pensar que esta afirmación por mi parte es incluso una injusta impertinencia, pero sólo lo hará quien tenga su corazón cargado de prejuicios e inundado por el desconocimiento real).
El caso es que, si bien yo me considero parte de la Familia Redentorista, me considero también hermano de estas grandes mujeres aunque sólo sea por ser miembro y partícipe de la misma Iglesia.
Venerar la reliquia de su beata fundadora no ha sido por mi parte un acto simplemente estético, ha sido un signo de fe.
Y como miembro de la Iglesia común no puedo sino agradecer la existencia de esa familia, y le pido al Señor que acreciente el número de sus obreras con más miembros activos en su seno por la Justicia y a favor de los más desprotegidos, sus predilectos. Además, por qué no decirlo si ya lo sabe una de ellas, porque son mis religiosas favoritas.

lunes, 16 de enero de 2012

¡VENID Y LO VEREIS!

Menuda pedazo de HOMILÍA acabo de escuchar. Ir a una parroquia Redentorista es apostar sobre seguro, pero lo de esta tarde ha sido llegar a la excelencia con una seguridad, claridad, sencillez y naturalidad contundentes. Todas ellas son cualidades comunes a los miembros de esta congregación que el Padre en cuestión nos ha servido aunadas y engrandecidas. Silencio sepulcral durante la homilía, aunque mejor sería decir reverencial ateniéndonos a la RAE porque como poco incluía respeto de una manera evidente.
Sin soslayar ni la segunda Lectura, lo cual es también de agradecer, pero centrándonos a todos con claridad en el “Venid y lo veréis”. Sin sensiblerías, con un lenguaje cercano y entendible por todos. Tocando con el dedo de la Palabra el corazón y la cabeza de quienes allí estábamos. Un sembrador en toda regla, regando el terreno abonado con el agua del ejemplo y la sensatez.
Vuelvo a la RAE para quedarme con la primera acepción que nos ofrece de la vocación: “Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión”. La llamada al estado religioso o sacerdotal es la faceta más significativa, evidente y sonora de la vocación; pero no es la única. Por esa misma inspiración Dios nos llama a seguirle, a cada persona de una manera única y concreta. Yo tengo claro cómo, cuándo y dónde me puso delante a María como regalo para seguirle a Él en ella, con ella, en el matrimonio; luego nos bendijo con dos niñas. Mi caso no es el de una vocación clara al matrimonio, sino el de una vocación clarísima al matrimonio en la persona de mi mujer, a seguirle a Él de la mano de mi mujer. Por eso puedo afirmar que mi misión primera es mi esposa, mi familia. Pero no se queda simplemente ahí porque Cristo nos llama cada día a seguirle, tanto con nuestra vida diaria, en nuestro entorno, como de una forma más específica. La respuesta es sólo nuestra, y aquello a lo que nos llame, sea lo que sea y cómo sea, siempre es algo objetivamente realizable aunque dudemos de nuestras capacidades o nuestras fuerzas: “Da quod iubes et iube quod vis”, Agustín de Hipona. Ni siquiera la radicalidad depende de nosotros, sino de lo que Él nos pida; lo que de nosotros depende no es más que la respuesta. Pero la radicalidad misma puede estar una vez más en nuestro propio estilo de vida, no centrado ni asentado más que en Él. Si creemos que nos muestra otro tipo de caminos, pero vemos el horizonte nebuloso, nada como la oración y el acompañamiento para discernir; y decisión para responder. Despejadas las nubes no cuenta la tibieza y no te podrás zafar de responder porque a Él lo verás en cada rostro que te cruces por la calle, y de una manera más patente y clara en cada abandonado, en cada necesitado de auxilios.
Cuando lo tengas claro, cuando asumas como propias las palabras del Evangelio “Fuit homo missus a Deo cui nomen erat….”, poniendo tu propio nombre al final de la frase, como cooperador no sólo a tu propia salvación sino a la común, como cooperador a la propagación de la Palabra, como cooperador a la Justicia, de lo único que quizás te arrepientas es de no haber respondido antes y de la torpeza de tus excusas.
Sobre la vocación ha versado la homilía de un sacerdote extraordinario; sí, extraordinario, pero eso es algo común en los religiosos y sacerdotes de la Familia Redentorista.

viernes, 13 de enero de 2012

Beato Pedro Donders

El catorce de enero se celebra la fiesta del Beato Redentorista Pedro Donders. Cuando uno se acerca a conocer algo de la vida de este hombre se encuentra con un personaje fuera de lo común. Débil físicamente sí, pero lejos de permitir que esto fuera un condicionante sobre el que girara su existencia, centró ésta en Dios y los pobres; creo que esto es una plasmación real de la afirmación de Tomás en su Suma Teológica “la salud del cuerpo se ordena al bien del alma”, y por supuesto de 2 Corintios 12, 9-10.
Trabaja como tejedor desde los 12 años para contribuir al sustento familiar, y trabaja también para poder pagar sus estudios. Con 29 años ingresa en el seminario mayor, donde, dado su interés por las misiones, el Rector le orienta hacia la vida religiosa lo que le lleva a dirigirse a Jesuitas, Franciscanos y Redentoristas, pero no le abrieron sus puertas, le rechazaron por diferentes motivos.
Es ordenado sacerdote en 1841. En 1842 llega a Surinam (“adonde me llamó el Señor”), encontrándose con una “corrupción total de la moralidad”. Esfuerzo personal y oración donados para los esclavos y leprosos, todo para elevar las condiciones de esas gentes.
Veintiún años después de su llegada Guillermo de Holanda abole la esclavitud, y desde Roma se envía a los Redentoristas para encargarse de la misión. Dos de los sacerdotes seculares que venían atendiéndola, Romme y Donders, ingresan en la Congregación del Santísimo Redentor. Pedro realizó sus votos en 1867, tras más de treinta de misión.
Con la llegada de más de sus hermanos de Congregación su actividad, lejos de relajarse, aumenta; su trabajo es incansable, se multiplica. Leprosos, indios, cimarrones. Luchador frente a los poderosos por los más abandonados, evangelizador, catequista. Conversiones, bautismos, abandonos de la depravación y vicio. Y era un niño débil.
Y ese niño débil, siendo un anciano Redentorista escribe sobre “la felicidad de la vocación en esta Congregación”. Falleció un catorce de enero, y dos días antes dijo “moriré el viernes a las tres”. Y así fue, el viernes 14 de enero de 1887, a la hora de la Misericordia, se encontró con el Redentor.
La historia de un “débil”. Y yo me pregunto “¿de qué me quejo? ¿cómo soy capaz de flaquear?”. Pero no es esa la única pregunta que me hago y la respuesta a ésta se va acercando.
Una historia de superación, de fe, de entrega, de sacrificio y también de espera. De amor a Dios en el amor al prójimo, al más abandonado. La historia de un Redentorista; muchos otros fallecen como santos anónimos. Éste fue declarado Beato para toda la Iglesia el 23 de mayo de 1982 por SS el Papa Juan Pablo II.

miércoles, 11 de enero de 2012

Interior Intimo Meo

Haciendo un alto entre tema y tema salí a dar un paseo para despejarme un poco, aunque confieso que es la primera vez que me cuesta dejar de estudiar (quizás porque es la primera vez que disfruto estudiando, disfruto como un niño). Iba repasando mentalmente algunas de las ideas vistas, cuando un ciclista amenazó con abalanzarse sobre mí. Una bastante más que agradable sorpresa. Un viejo amigo de Santander con quien siempre es un placer encontrarse. Un tipo culto, inteligente, divertido y que desprende un optimismo vital continuo; bueno, además tiene la extraña cualidad de ser una muy buena persona. Estuvimos charlando un rato, y al final me dijo que había leído un par de entradas en mi blog. Le pareció curioso, y se mostró un tanto sorprendido: “pero si tu nunca has sido un come Santos”; hombre, tampoco lo soy ahora en sentido estricto por mucho que anoche terminara “El gran medio de la oración”, de San Alfonso Mª de Ligorio. “Si hemos hablado muchas veces de religión y siempre has tenido una mente muy abierta”. Creo que como ahora, exactamente igual que ahora. “Bueno, ya sabes que yo no soy religioso, pero tampoco anticlerical”. No había ningún reproche por su parte, más bien sorpresa y conformidad, ya digo que además de encantador es una persona inteligente.
Es esta una reacción simpática, aunque de vez en cuando recibo comentarios a las entradas que escribo que no lo son tanto; no los publico porque prefiero abstenerme de polémicas estériles y de mal gusto.
En verdad encontrarme con este amigo ha sido un ejercicio práctico para la reflexión de uno de los temas que acababa de repasar (sí, amigo ciclista, estoy estudiando Teología). Ya he manifestado en algunos artículos (creo que soy un libro abierto), que he vivido la presencia casi constante del, llamémoslo Misterio, en mi vida. Más o menos intensa, pero real. Silenciosa ad extra, pero llega un momento en el que cuando esa presencia no es un eco, sino más bien una realidad palpable, se genera en uno la necesidad voluntaria de dar respuesta a la Voz que produce el eco; tratar de secundar a quien reconozco de manera efectiva a la vez Superior Summo Meo e Interior Intimo Meo. Justo cuando vas preguntándote cómo dar respuesta a esa Su acción primera, llega alguien pedaleando para hacerte consciente de que quizás estas torpes reflexiones que hago públicas sean en sí mismas una nanorespuesta. Algo minúsculo y casi imperceptible, pero respuesta en cierto modo activa. Claro que no basta, no me basta en absoluto y creo que continuaré con una cierta desazón hasta que averigüe cómo y dónde dar respuesta activa y constante.
Al menos en algunos lectores, lo que no son más que unas reflexiones personales, causan algún tipo de reacción, y en ciertos casos doy gracias a Dios por esa reacción, por la que aún permanezco perplejo.
Y aquí estoy, a mis cuarenta y cinco años, como a los siete, como a los quince, como a los dieciocho, como siempre. Con la misma mente abierta de siempre –esto le sorprenderá a alguno que cree que la tengo más bien estrecha-, pero con la diferencia radical que da la respuesta. Bueno, y con una mujer maravillosa a mi lado consciente de la respuesta, y dos hijas a las que rendir ejemplo.

De un roscón sin gluten

La celiaquía es una enfermedad autoinmune crónica que hace que el organismo de quien la padece desarrolle distintas respuestas anormales ante la presencia del gluten, proteína que se encuentra sustancialmente en algunos cereales como trigo, centeno, cebada o avena; sin control puede derivar en diferentes patologías. Esto se complica porque muchísimos de los alimentos contienen gluten directamente en su composición, o los aromas, esencias o conservantes están realizados usando gluten, además de la contaminación cruzada en fábricas, restaurantes, comedores de colectividades o las cocinas de los propios hogares.
Cuando el miembro de la familia que padece la enfermedad es un niño la vida por un lado se desarrolla de una forma más natural que cuando el diagnóstico se realiza a un adulto, porque aprende a vivir con ello, pero por otro la tentación de chuches, chocolates, postres es casi continua, y aprender a vencerla es una tarea casi tan ardua como la continencia. Por suerte hoy en día podemos encontrar casi de todo exento de gluten, lo único que se resiente es el bolsillo, porque el precio de la cesta de la compra de un celíaco es más de tres veces superior a la de quien no lo es. A pesar de la gran cantidad de productos a nuestro alcance, los hábitos familiares cambian. En nuestro caso el gluten ha desaparecido de manera radical de nuestra casa, y solamente nos permitimos su entrada en situaciones o épocas especiales. Una de ellas ha sido la Navidad.
Mi mujer se va haciendo una experta repostera, casi de laboratorio, porque el uso de harinas y levaduras especiales obliga a una prueba/error casi continua hasta dar con la receta adecuada para que el resultado sea un bizcocho, una tarta, o unas galletas lo más apetecibles posible. Aunque ya se difumina por la popa la estela de ilusión dejada por los Reyes Magos en los niños, continúa para mí resplandeciendo el empeño de María para que nuestra hija pequeña pudiera disfrutar de un roscón “lo más roscón” que pudo. Estaba feliz sentada a la mesa con todos y comiendo como todos un roscón con sorpresa incluida. No habría pasado más si no lo hubiera conseguido porque se conforma sorprendentemente bien con su realidad.
La aceptación personal, la normalidad dentro de lo inusual, de la propia realidad individual es producto de la educación y de la manera de ser de cada uno, pero también de la sociedad. Y se nota que en este aspecto la sociedad evoluciona positivamente; cada vez es más habitual que en los cumpleaños o fiestas infantiles los padres tengan en cuenta que entre los invitados hay niños que no pueden comer de todo, y hacen lo posible por encontrar todo tipo de chuches sin gluten. Se agradece.
Hay otra Madre que también hace lo posible por atender las necesidades de sus hijos, la Iglesia, aunque paradójicamente lo tiene más difícil. Me refiero obviamente a la Comunión, y al acceso a Ella por parte de los enfermos celíacos. La Iglesia es administradora que no dueña de los sacramentos, por lo que en lo que a éste respecta no puede cambiar la disposición del propio Cristo, de modo que sólo se pueden utilizar pan y vino. Lo tiene más difícil porque hoy por hoy, para que realmente sea pan la hostia que se consagre debe necesariamente de contener gluten, de otra forma no se consigue la panificación; es decir, las hostias especiales “quibus glutinum ablatum est” son materia inválida para el Sacramento. Sin embargo, en 1995, siendo Prefecto para la Doctrina de la Fe el Cardenal Joseph Ratzinger, se aprobó el uso de las formas con una mínima cantidad de la dichosa proteína. No obstante, en nuestro caso esto no es suficiente dado el alto grado de sensibilidad; necesitará incluso un cáliz distinto para poder comulgar con vino. Será posible para el día en que reciba su Primera Comunión, pero no habitualmente. Aún queda mucho tiempo, quizás el suficiente para que la ciencia avance, o, como soñar es gratis, para que se produzca una redefinición de qué es realmente pan.
Todavía le queda seguir creciendo sana y feliz, pasar por la preparación para ese día de manos de los catequistas de la comunidad Redentorista del Perpetuo Socorro, aprender a encontrarse con Cristo día a día. De momento, gracias a su madre, este año ha podido disfrutar de un estupendo roscón.

domingo, 8 de enero de 2012

Alrededor de un roscón

Un simple roscón, como un pedazo de pan, hemos compartido esta tarde en casa. Y lo hemos hecho en familia. Éramos más de los que estábamos físicamente, bien porque en la conversación surgieron nombres comunes, bien porque además de mencionarle, un innombrable estaba en mi memoria y en la de mi mujer y mis hijas. “¿Papi, viene el innombrable?”, me preguntó la mayor, entristecida cuando le dije que no, como se entristeció por no ver ni a Cris ni “a la que canta”.
Todos a la mesa preparada con normalidad pero de la mejor manera posible, para ofrecer lo mejor a los mejores; desde los cuatro a los cuarenta y nueve años. No sé los demás, pero yo estaba feliz de poder compartir este último día antes del tiempo ordinario, con mi mujer, mis hijas, un hombre superior, un cantaor que lo hace con la mirada, un grande de España al que sencillamente adoramos, un excepcional extremeño, el del biberón y todo un “marqués”.
Una merienda familiar para recibir el año y despedir un tiempo fuerte como la Navidad. Hace tiempo escuché a un actor, Eduardo Verástegui, que las amistades son como los ascensores, o te elevan o te llevan al subsuelo. Pues todos ellos pueden hacerte tocar casi el cielo, y más cuando lo compartes junto a tus hijas en la misma mesa. Que las niñas convivan junto a los mayores me parece fundamental para su educación, y que lo puedan hacer con semejantes individuos es un lujo para ellas que espero que valoren el día de mañana.
Varios de ellos Redentoristas y, aunque ya están acostumbradas, es una oportunidad más para que vivan que una Comunidad como esta excede a las paredes de un Templo. Que la identificación te lleva a la calle como si estuvieras allí adentro. Quizás sea solamente un símbolo, pero lo suficientemente expresivo.
Y mañana a recoger adornos, Misterio, Belén y a comenzar el nuevo tiempo con la fuerza adquirida durante estos días. Eso sí, reconociendo que los Redentoristas hacen de lo ordinario extraordinario, de lo habitual una aventura maravillosa para la propagación de la Palabra, del día a día una consecución inacabable de oportunidades.
¡Gracias!

sábado, 7 de enero de 2012

Mi regalo de Reyes

Ya hemos recogido juguetes, hecho maletas y lo tenemos todo preparado para regresar a Madrid, a casa, tras haber vivido unas Navidades estupendas. El Niño entre nosotros proporcionándonos calor de hogar en familia, y el contacto con otra Familia que nos llega por el ordenador y el teléfono móvil (aunque solamente fuera por esto, ya soy un fan incondicional de las nuevas tecnologías y de las redes sociales).
Calor en el día a día, intensificado en las fechas clave. La felicidad de mi madre viendo a mis hijas cómo disfrutan en casa de los abuelos; los nervios de mis hijas escribiendo la carta a los Reyes; las uvas en un cuarto de estar a estallar de gente, entre los presentes y los que aportábamos en nuestros corazones; la entrega de los deseos a Melchor y Baltasar que, como son Magos, saben perfectamente cómo nos hemos portado a lo largo del año y lo que nos merecemos o no; la comida en casa de mis padres con el P José Luis regalando a nuestras vidas bondad, inteligencia y un incomparable sentido del humor (y lo que a mí me pareció casi satisfacción por su parte escuchando a las niñas cómo quieren a un innombrable "-pues os monto  en el coche y nos vamos los tres a verle a Ganada", dixit-), cargado de anécdotas sobre personas a las que quiero como mi Familia; la inquietud expectante de anoche; la preparación y colocación de los regalos, el picoteo para Sus Majestades y el agua y la comida para los camellos.
Y hoy el día D para todos los niños sea cual sea su edad. Confieso que este año los Reyes, por muy Magos que sean, se han equivocado completamente, porque ni de lejos he sido lo suficientemente bueno a lo largo del 2011 para el reglo con el que me he encontrado esta mañana: la emoción de mis hijas al despertar; las caras atónitas al entrar en el salón y la emoción desatada al abrir los paquetes; la emoción incontenida de María; los ojos, los ojazos negros de mi madre disfrutando del espectáculo (una niñuca de setenta y siete  años con la sonrisa y la mirada de una chiquilla de siete). Poder contemplar algo así es el mejor regalo para cualquier marido, para cualquier padre, para cualquier hijo. Y todo sucedió alrededor del Misterio con una vela prendida a los pies del Niño.
Mientras veía semejante espectáculo no pude dejar de recordar algunas escenas de estos días: la cena de Nochebuena; la Misa del Gallo; un gran hombre sentado a mi lado en una Eucaristía de 9 en PS antes de que acolitara y el inmenso Pastor que la presidió; un chaval solo ante Melchor. Ese chaval lleva en mis oraciones desde que le vi, completamente solo, darle su carta al Rey. Debería de tener unos nueve años, iba sin compañía, y simplemente le dejó el papel sin mediar palabra; pero la cara que vi irradiaba felicidad y esperanza. Él ha hecho que esta mañana, en la Misa de Niños de los Redentoristas de Santander, le tuviera presente junto a todos aquellos que esta mañana no han tenido regalos, con todos los que esta mañana no han tenido una familia con la que compartir ni siquiera la nada.
Ya está todo listo para partir mañana hacia casa. Mis manos están preparadas para el 2012.

lunes, 2 de enero de 2012

ICONO

Hoy he podido leer el primer número de éste año de la revista ICONO. Nueva estética, el comienzo de un nuevo diseño de la mano del nuevo director, Francisco Javier Caballero, CSsR. Sin embargo, el corazón es el mismo: acercar a nuestros hogares la Buena Nueva de la mano de los Misioneros Redentoristas, las propias noticias sobre los hijos de San Alfonso, artículos con los que aprender, reflexionar e incluso orar en familia, siempre bajo la mirada de Santa María, nuestro Perpetuo Socorro.
Seguro que irán introduciendo cambios acordes a los tiempos para que llegue hasta el último rincón de nuestras casas la mayor de las novedades, la Palabra. Y su propio testimonio.
Hojear Icono y fijarse en las firmas de los artículos es como estar en el cuarto de estar con miembros de tu propia familia, incluso antes de adentrarse en la profundidad de la sencillez de cada frase escrita.
La centenaria ICONO, Sal&Luz, RADIOPS…… la labor de los miembros de la Congregación del Santísimo Redentor es incansable en todos los ámbitos. Incansable y al día en todos los medios, desde el papel a las redes sociales. Incansable y desinteresada. Incansable y entregada. Incansable y fructífera. Incansable y alegre. Incansable y FAMILIAR. Como lo ha sido durante años el trabajo del P. Octavio Hidalgo al frente de la revista.
Con el número de hoy llegan aires nuevos en el inicio de un nuevo año dando continuidad no un proyecto de más de cien, sino al emprendido por San Alfonso el nueve de noviembre de 1732 y que se extiende por los cinco continentes. En este ejemplar continuamos aprendiendo de firmas añejas, bondadosas y serenas curtidas en la misión, y podemos disfrutar de la savia joven de algunos estudiantes que demuestran la fuerza y empuje de una Congregación que camina segura y vigorosa por el siglo XXI anunciando el Evangelio y con el Icono del Perpetuo Socorro como bandera; el Mensaje invariable del Jesucristo y la Imagen de su Madre. Un lujo para los creyentes y un orgullo para aquellos que, enamorados de la espiritualidad Alfonsiana, admiramos agradecidos a todos los Redentoristas.
Por ello, desde la humilde identificación con estos misioneros, no puedo sino animar gozoso al nuevo director deseándole los mejores éxitos, es decir, los mejores frutos de su trabajo. Y lo hago con el más sincero, abierto y espontáneo GRACIAS.

A bandazos

Después de muchísimos años me he encontrado por la calle con uno de mis profesores del colegio. Fue mi profesor de inglés durante varios cursos. Le paré y me conoció, y eso a uno ya le anima. Siempre fue un gran tipo, un muy buen profesor y una persona ecuánime y serena, y poder decir eso de los profesores de mi colegio es ya decir muchísimo. Charlamos durante un buen rato en el que él manifestó su añoranza por aquellas épocas y se quejaba abiertamente tanto de los alumnos como de los padres de ahora. Un canto a la falta de respeto, a la falta de educación, a la violencia verbal, al ninguneo al profesor; desprecio absoluto por el esfuerzo, la valía personal, la autoridad e incluso el pasado. No todos, pero sí un porcentaje muy alto. Nada nuevo, porque es algo que se repite casi en cada centro escolar, y eso que este es de lo mejorcito de Santander.
Yo, todo lo suave que pude, le dije que una parte muy importante de ese resultado se debe directamente a ellos mismos. Pasamos de besar las manos a los sacerdotes (todos con sus sotanas impolutas), tratar de usted al profesor, ponernos en pie cuando alguien mayor entraba en el aula, guardar silencio, pedir permiso mano alzada…… a que a la vuelta de un verano, de repente y sin periodo de adaptación, reinara el colegueo más absoluto. Todos los sacerdotes de calle (y que conste que me parece muy bien) y a tratarles de tú; los profesores ya no eran “don” sino un colega más al que tutear. La autoridad pasaba a discutirse porque todo se votaba; entrara quien entrara en el aula no sólo no te levantabas, sino que aprovechabas para hablar ese ratito. No fue el cambio de una ley de educación, fue un cambio de mentalidad voluntario, que no simplemente de estética. Un cambio de la noche a la mañana que venía a tirar por tierra todo lo que se había venido enseñando, a modo de “lo que os enseñamos no vale, ergo no creemos en ello, lo de ahora sí que ya somos super modernos y en esto sí que creemos”. Empezaron a criarse unas generaciones perdidas, pero no solamente por los Gobiernos de turno; muchos educadores son también y en gran medida responsables, los mismos que ahora se lamentan sin reconocer su error.
Comprendo que quizás fueron momentos difíciles, de transición y adaptación en todos los sentidos, pero en muchos casos no se supieron hacer las cosas lo suficientemente bien. Pasar del rigor de una época al rollito amigos de un día para otro es lo que tiene.
Me dio la razón, quizás porque ese profesor, que jamás levantó la voz, que jamás insultó a un alumno y al que jamás nos vimos obligados a tutear de repente, fue un auténtico ejemplo se sensatez. Y cómo se agradece la sensatez en un país acostumbrado a ir del blanco al negro sin prestar la más mínima atención a la escala de colores.
No sé si en algún momento seremos capaces de abandonar los bandazos.