Scala News

lunes, 15 de abril de 2019

Cielo y tierra pasarán

Ver cómo arde la Catredral de Notre-Dame de Paris es ver cómo arde un protagonista, testigo y símbolo de la historia de Francia, de la historia de Europa.

París, junto con Londres y Madrid ha sido una de las ciudades dónde me he sentido en casa como emigrante. Quizás no debería nombrar a Madrid porque llevo viviendo aquí mucho más tiempo que en mí Santander natal; es ya también mí ciudad. El caso es que conozco muy bien  esa Catedral, he pasado muchas horas ahí adentro; sí,  rezando. Sin embargo no es el cariño lo que me pesa al ver cómo cae devorada por el fuego, es el derrumbe de más de ocho siglos de historia en el corazón de Europa lo que me puede en este sentimiento de impotencia y anonadamiento. 

Desde hace dos años paso aproximadamente tres días a la semana por Europa: Bélgica, Francia – ahora comenzaré con Austria y Alemania. Veo cómo ha cambiado el paisaje social, como ha ido cambiando ante nuestra propia pasividad. No me interesa ahora profundizar en ese cambio que a mí no me agrada, pero es radical. Es un cambio social y sociológico radical y preocupante. Ver convertirse en cenizas a semejante templo católico, que es también un  símbolo de la Cristiandad en nuestro continente y, por eso mismo, un símbolo a nivel global, ver cómo sucumbe…. Confrontar sus ruinas y los cambios de las últimas décadas…. me abruma. 

Sin embargo, al tiempo que contemplo desde mí casa el dantesco espectáculo de las llamas, mientras sigo la noticia en televisión y a través de Internet, leo cómo cada vez más numerosos pequeños grupos de católicos se van concentrando pacíficamente en rincones de los aledaños del templo simplemente para rezar. Esa luz, la luz de la oración, la luz de la fe de esos desconocidos que se congregan alrededor de Notre-Dame es lo que realmente mueve el mundo. Es la fe que llevó a levantar el  templo. Se nos llena la boca diciendo que hay que salir de las iglesias, pero ellos se congregan alrededor de las ruinas de la más emblemática de París. Piedras que han sido transmisoras de la fe, vidrieras que han sido catequesis viva. En ellas se custodia y transmite la fe. Sin Notre-Dame,  como sin San Pedro del Vaticano, Santo Toribio de Liébana o Santiago de Compostela… qué  fe nos habría llegado,  qué saber se habría perdido. El mundo, nuestro mundo sería otro. Sin ellas no sé ni qué idioma hablaríamos,  ni a quién rezaríamos si es que lo hiciéramos, ni mirando hacia donde.

No olvidemos jamás que podemos salir de las iglesias precisamente porque las tenemos. Hoy los que estaban fuera la arropan con su oración. Su oración sea incienso. Su fe es la mía. Rezo con ellos, en familia. Desde mí rincón del mundo hoy el corazón es el mismo y late con ellos rezando con ellos.

La fe de esa gente muestra que no todo está perdido. Quiera Díos que esas cenizas sean abono de nuevos frutos y que el fuego purifique a Su Iglesia.
 Cielo y tierra pasarán, más tu Palabra, Señor, no pasará. 

jueves, 14 de marzo de 2019

Seminaristas


Hace poco he tenido una charla con un amigo seminarista. Publicó una preciosa poesía de un jesuita en una red social y el tema de la poesía me hizo sospechar que algo podía no ir bien. En el fondo todo está en orden…

Pedimos por las vocaciones, nos preocupamos de los sacerdotes, pero desde lejos y casi como si fueran seres mágicos que salieran de la nada; un día, de repente aparece un sacerdote. Los necesitamos, los queremos santos, perfectos, sin tacha alguna. Ah, y que además sean simpáticos y estén siempre de buen humor y disponibles. No tenemos ni idea de cuál es su proceso, los períodos por los que pasan hasta ser admitidos al Orden, sus dudas, sus crisis, sus frustraciones, su formación.

Los tiempos que corren actualmente, los escándalos que manchan a distintas y muy altas capas eclesiales a mi personalmente me llevan a redoblar la oración por los seminaristas diocesanos, así como por los postulantes, estudiantes y novicios de las Congregaciones Religiosas. Temas tan sucios y enrevesados que en ocasiones pareciera que el silencio esconde una especie de organización para delinquir. Ser un chico joven y sentirse llamado hoy en día tiene el plus de valentía por situarse directamente en el centro de la diana de quienes simplifican y no discriminan ni separan el polvo de la paja.

Por muy injusto que sea en cualquier colectivo meter a todo el mundo en el mismo saco, la realidad es la que es y los dedos de la nueva inquisición laica deseosa de escándalos, señalan a quienes señalan.

En casa, en familia, esta Cuaresma incluimos en los rezos nocturnos a éstos jóvenes valientes, para que no decaigan, por su perseverancia y la fortaleza de su fe. Rezamos y les hacemos saber a los que conocemos que aquí nos tienen. Pedimos por ellos y por su formación. Por una sólida formación teológica, moral, intelectual, social, emocional…; sí, pero con los pies en la tierra, claramente en la tierra y en el tiempo en el que vivimos que es el siglo XXI. Una formación para este tiempo y el que viene por delante.

Un pequeño propósito para esta Cuaresma. Rezar por otros también ayuda a la conversión personal. ¿Alguien se anima? Nosotros lo hacemos cada noche Scalando en Familia.

lunes, 14 de enero de 2019

Nuevo Gobierno Provincial CSsR - Madrid


Recientemente se han elegido en varias Provincias nuevos Gobiernos de la Congregación del Santísimo Redentor. Bueno, por “Provincias”, para entendernos, más bien diríamos países. Conozco a alguno de los nuevos “Provinciales” así como a varios de los Consejeros; conozco, aprecio y quiero.

El Espíritu sopla con libertad, quizás por eso puede aparentemente hacerlo con distinto signo en cada lugar. En realidad, cada lugar es diferente, cada lugar tiene un pueblo de Dios concreto, ovejas con nombres, apellidos e historias concretas, aunque peregrinemos todos juntos. El nombre de cada uno de ellos, de cada uno de nosotros está grabado en la palma de Sus manos.

El carisma es compartido, son todos hijos de San Alfonso, pero cada uno es un individuo concreto y específico, con ideas concretas y específicas. Aunarlas en un Gobierno es un milagro en sí mismo.

La elección de quienes han de marcar los pasos de una Congregación en un espacio geográfico determinado por un período de tiempo concreto no influye exclusivamente en los Congregados. Pensar eso sería un error de base de difícil solución. No es un asunto meramente administrativo o de gestión. Influye en aquellos sobre quienes indefectiblemente habrán de apoyarse, influye en aquellos a quienes acompañan, influye en el rebaño asignado, influye en los más necesitados de auxilios. Influye en la misión, en el Pueblo de Dios y, por lo tanto, ha de tender siempre a la Salvación.

No solo atañe a los religiosos. A los misioneros laicos, laicos asociados… nos corresponde orar por ellos, obviamente, pero también cooperar, ayudar, apoyar… y asesorar, orientar. La disposición de dones y talentos a un fin común, sí; tanto como la fraterna corrección cuando sea necesaria. Dones y talentos. La misión es compartida.

Pido por Riu y Portugal, Dan e Irlanda o Ronald y Londres. Y en mi oración incluyo a Nicole Barber o Nana Henry tanto como a los hermanos portugueses que hicieron su compromiso como Misioneros Laicos del Santísimo Redentor el pasado noviembre. Pido por todos ellos y el camino por delante.

                                                                                                                                               
En nuestro caso, en España, también hay un nuevo equipo desde el pasado día 10 de enero. Pido por Francis, por el M. R. P. Francisco Javier Caballero Ávila, y por todo el nuevo Gobierno Provincial (los Padres José Luis Bartolomé, Ignacio González, Juan Carlos Arias y Damián María Montes). Que el Señor les ilumine, san Alfonso los inspire y que Nuestra Madre del Perpetuo Socorro nos abrace a todos. Con profundo cariño les deseo los mayores aciertos y el éxito en su labor. Con el cariño de esta pequeña Familia.



Oración, manos tendidas y ritmo acompasado. Os animo a uníos en la oración.

Todos juntos scalando en #Familia

Dando el primer paso se comienza a caminar. Porque en Él está la abundante Redención.