Scala News

Mostrando entradas con la etiqueta San Gerardo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Gerardo. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de febrero de 2013

Redentoristas en España: 150 años

“… los más necesitados de auxilios espirituales…”. Éstas sencillas palabras del Supplex Libellus que, en 1748, San Alfonso María de Ligorio elevó a S.S. Benedicto XIV solicitando la aprobación de la Congregación del Santísimo Redentor, constituyen el núcleo que acabó por cautivarme. Cierto es que, cuando el Señor mueve los hilos, vaya si sabe lo que hace. El día en que puso ante mí a uno de los hijos de Alfonso, cuando yo era realmente un pobre hombre necesitado de auxilios, descubrí plenamente el sentido de la benignidad pastoral tan característica de los Redentoristas. Tiene este hombre, siendo él mismo, algo de Alfonso, algo de Gerardo, algo de Clemente y todo, fundamentalmente, de un gran y humilde pastor; aunque no es de Capadocia sino de Granada y su blanco caballo sea el carisma que encarna, creo que cambió la espada en mano por esa fe robusta tan de su Congregación que le lleva a blandir la Buena Noticia de una manera especial. Parte de la grandeza común es que, compartiendo la esencia fundamental del carisma propio, cada uno sobresale –quieran o no- por sus propios dones, lo que enriquece el conjunto tanto propio como de quienes les queremos y caminamos a su lado.

Rendido por la benignidad que comento, me prestó un libro gracias al cual, antes de comenzarlo, me sorprendí con esas palabras que yo aún no sabía que procedían del Supplex Libellus. Sé que hay quien ve quizás una extrema velocidad en lo que llevo scalado, con fe, ayuda, amor, constancia y cabezonería, y mi pecado puede que esté en lo poco que me preocupa, la verdad. Continúan impresionándome: “…los más necesitados de auxilios espirituales…”. Alfonso y sus compañeros los identificaron en un lugar y tiempo concretos, Clemente en otros, como Juan Nepomuceno en Estados Unidos, y cada uno de ellos esté donde esté. Atendiendo a quienes acudimos a ellos tanto como yendo a buscarles. Misioneros de tomo y lomo. Unos con trabajos más visibles, otros con trabajos más callados; todos incansables.

Pues estos días, en Madrid, nos vamos preparando para comenzar unas celebraciones especiales: los 150 años de la llegada a España de los Redentoristas. No voy a hacer aquí un relato de cómo, quiénes y cuándo llegaron exactamente. Yo hoy simplemente celebro que llevan en España 150 años anunciando la sobreabundante Redención; que se quedaron; que les conocí; que me enamoré primero yo, luego mi mujer y nosotros cuatros vamos juntos scalando en Familia; que hoy, bajo el Pontificado de Benedicto XVI, siguen resplandeciendo las palabras que aquel gran defensor del Papa que fue San Alfonso Mª de Ligorio dirigiera a Benedicto XIV; que hoy, los hijos del Patrono de confesores y moralistas son unos extraordinarios acompañantes en el caminar a la Vida; que yo estoy a su lado con María y nuestras niñas crecen en la fe alegres y seguras.

Uno no puede sino sentirse además de feliz, orgulloso. De ellos, de mi parroquia, de todos los laicos que ofrecen tiempo, talentos y dones. Orgulloso tanto de los trabajos callados y silenciosos, como de los agotadores esfuerzos del Provincial porque todo sea un éxito para todos. Orgulloso de las manos que se ofrecen.

Hoy, en la Oración de los jueves ante el Santísimo en @parroquiaps, daré gracias al Señor por esta familia de la Iglesia, porque llegaron y se quedaron llevando la Buena Noticia; por un 19 de mayo. Y en silencio le daré las gracias por lo que alberga mi corazón y el de mi pequeña familia, porque el silencio habla cuando las palabras no pueden.

Desde aquí os pido que recéis estos días por los Redentoristas, por quienes de una u otra forma formamos parte de esa Familia, pero sobre todo por los sacerdotes y religiosos de la Congregación. Y os animo a que nos acompañéis el próximo domingo 24, a través de la segunda cadena de RTVE, durante la Eucaristía que tendrá lugar a las 10:30h en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, y celebréis con nosotros que la Congregación del Santísimo Redentor lleva ya 150 años en España anunciando la sobreabundante Redención y propagando la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

lunes, 17 de octubre de 2011

Eucaristía de Envío


16 de octubre de 2011, festividad de San Gerardo Mª Maiela. Una fiesta Redentorista en el día de la Misa de Envío en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. Doble motivo de alegría por lo tanto, para la Comunidad Parroquial y para todos los Redentoristas. Quizás esta última afirmación sea un tanto limitada, porque realmente debería ser una festividad para toda la Iglesia.

Y yo estaba ahí, con mi mujer y mis dos hijas, con más familias de nuestro Grupo de Matrimonios de la Parroquia, con algún co-voluntario de la pasada JMJ, con la Comunidad Parroquial. Nos “saltamos” la eucaristía de las familias para acudir a ésta con toda la intención por mi parte, porque se quiera o no, yo me siento parte integrada de esta Comunidad, y verme rodeado de gente a la que he ido conociendo me hace sentirme cómodo y en familia. No solamente por la feligresía, sino también, y de manera fundamental, por los Redentoristas. Mi empeño personal en permanecer entre ellos con mi familia no es algo ni gratuito ni caprichoso; es casi una necesidad. Hay un hecho diferenciador importantísimo: la Congregación del Santísimo Redentor. No encuentro otra manera de decirlo que siendo simplemente explícito. Estoy rodeado de iglesias estupendas, cada una con su propia comunidad más o menos estructurada; en todas o casi todas existen distintos tipos de grupos parroquiales, y en todas se desarrollan catequesis a todos los niveles. Y eso es una gracia enriquecedora para la Iglesia en general. Pero yo hablo de algo más, vivo algo más y siento algo más y ese algo más se debe simple y llanamente a los “hijos” de San Alfonso Mª de Ligorio, su carisma, el carácter que imprimen a su misión. Creo que no lo puedo decir más claro. Y ese algo más, me lleva a que me sienta en casa sea cual sea la iglesia o parroquia Redentorista en la que me encuentre, que me sienta tocado cada vez que se habla de los Redentoristas o de cualquiera de los miembros de esta Congregación, que me alegre de lo bueno, y me duelan las críticas. Y a mí eso sólo me pasa cuando hablan de mi familia. Raro, raro, raro; lo sé, pero soy así.

El caso es que esa manera de hacer las cosas, esa naturalidad fuera de lo común para llevar el Evangelio a la calle, la vivimos ayer de una manera muy especial. El párroco, mi párroco, el P. Nicanor Brasa Prieto, simplemente se creció. La procesión de entrada, la presentación de los Dones, la implicación de personas de la Comunidad Parroquial durante la celebración, fantástico, pero Nicanor se creció. Se salió. Y que se creciera quiere decir que casi daban ganas de aplaudir. Una celebración solemne, cercana, clara, expresiva; una hora de celebración en la que mis hijas de seis y cuatro años, estuvieron sin moverse y eso es un gran indicativo de que se puede también enganchar a los pequeños sin una sobreactuación. Cuando digo que se salió, quiero decir que sus palabras excedían de sí mismo, que más allá de un discurso acertado fue una Homilía Inspirada, y va toda la intención con las mayúsculas. Incluso la forma, que siempre es una expresión más del fondo, fue pausada, cercana, cómoda y natural. Pudimos escuchar a un párroco más pastor que nunca, claro, integrador, sosegado. Y a medida que le escuchaba, he de confesar que yo me iba hinchando por dentro, por el mensaje y porque me sentía orgulloso de él, de los sacerdotes y el religioso que estaban en el Presbiterio, del coro, de los catequistas, de mi Comunidad. Y también tengo que confesar que, ya que siguiendo la sugerencia del P. Juan Antonio el domingo anterior, había invitado a algunos amigos a acudir con sus familias a esta eucaristía, pensaba “ojalá hayan podido venir”. Era simplemente un sentimiento para compartir con mis amigos el gozo de una sensacional fiesta en mi Comunidad; no con otra intención, que todos ellos están integrados cada uno en su sitio, incluso dando un paso más siguiendo la Regla de Vida como Laico de alguna otra Orden, o como Supernumerario de la Prelatura del Opus Dei. Ya, ya, un poco de “¿veis? Esos son mis chicos”, lo reconozco.

Y yo respondí con plena consciencia a todas y cada una de las preguntas de la Celebración del Envío, y saboreé cada una de las palabras de la Oración.

Acogida e integración. Creo que lo resumiría con esas dos palabras. Y la forma reflejaba esa “bondad suave” que comentó este año S.S. Benedicto XVI refiriéndose al modo de actuar de San Alfonso.

Ayer mi párroco se salió, y me hizo sentirme feliz de poder poner mi corazón y mis manos al servicio de la Comunidad Redentorista.

Gracias Nicanor.