domingo, 25 de agosto de 2013

Ha abandonado el grupo

“X ha abandonado el grupo”. Una simple frase en el Whatsapp de mi mujer que ayer nos trajo a la realidad de que incluso en vacaciones el mundo sigue girando, incluso en vacaciones los ausentes van con nosotros en el corazón y la memoria; frías palabras que dejan un regusto un pelín amargo aunque cargado de cariño y agradecimiento, teniendo siempre presente lo hermosos que son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la Paz…

Y al monte nos fuimos de excursión, dos horas largas de caminata por la Sierra del Escudo de Cabuérniga. Al acabar, antes de ir a cenar con los 12 niños y dos matrimonios amigos, yo me quedé un ratito en el monte, a solas. Recé vísperas con iBreviary en ese maravilloso templo de la naturaleza. Fue un momento de Paz en el que se condensaron más de tres años de recuerdos, de risas, de lágrimas, de agradecimiento, de discusiones, de amistad, de Amor; más de tres años durante los que mi pequeña familia y yo hemos estado, de su mano, mecidos por la mano de Dios. Bastó un instante para que entrara en nuestros corazones y el día a día para asentarse en el ADN familiar, y eso no hay ni química ni distancia capaz de deshacerlo porque, además, la familia se asienta sobre Roca Firme.

No son cosas que salgan de mi santiscario, son gotas de cariño en cada momento compartido –incluida cada una de las discusiones, que yo soy un tipo difícil- iluminadas por la Luz de la Palabra desde que yo la escuché clara y nítida en su voz un 19 de mayo. Mucho e intenso lo compartido en familia, y así es como nos quedamos gracias a él: scalando en Familia. El ejemplo constante, a veces incluso con la palabra, de un inolvidable Pastor.

Le echaremos de menos, mucho, muchísimo. Siempre. No solamente yo, también mis tres niñas. Pero en lugar de pensar en ello trataremos de pensar en todos aquellos a quienes ni conocemos pero que, gracias a él, conocerán de primera mano la Buena Noticia de la Sobreabuntante Redención. Y permanece.

Sólo, anocheciendo, rodeado de árboles y montes, cada una de las palabras de Vísperas era por él, casi estaba sentado a mi lado.

Empuñando la espada o la lanza vencerá al dragón allá donde esté. Y el Señor le acompañará a cada paso, porque a cada paso coloca sus pies sobre las huellas de Cristo.

Hoy le doy gracias a Dios por ponerlo en mi camino y le doy las gracias a él por entrar en nuestra Vida. No se lo puse fácil y se mantuvo imperturbable.

Y así nos deja: scalando en Familia, en Camino, bajo la mirada de Dios y con San Alfonso.

¡¡¡GRACIAS!!!

miércoles, 14 de agosto de 2013

Vivir el momento

Vivir el momento con la conciencia tranquila, en Paz, compartiendo, no se limita simplemente a ese rato; condensa casi en un instante tu propia historia, plenifica, da sentido y convierte el transcurrir del reloj en Vida. Tratar de ser feliz intentando hacer felices a quienes están contigo convierte la vida en oración y, hacerlo en plena naturaleza, es orar en el templo de la Creación. Conversaciones que se desgranan casi como las cuentas de un rosario. Es en el presente cuando vivimos con Dios, de Dios, para Dios en los demás. Es en el presente cuando Cristo se hace eso, presente. El presente sólo puede vivirse ahora, sin lamentos, con intensidad, con entrega, con ilusión y en gerundio.

Algo tan sencillo y habitual en vacaciones como una simple excursión a pie por el campo puede convertirse en el mejor de los regalos si lo sabes ver con los ojos limpios, con la mirada adecuada.

Y en un instante de silencio, breve pero intenso, en el que traje a la memoria, para hacerlos presentes, a varias personas que siempre van en mi corazón, una de ellas me envía un whatsapp desde Cádiz: “justo ahora me estaba acordando de vosotros”. Con las botas de trekking, con la mochila, con los bocatas, con la vara prestada venía un innombrable, un grupo de españolitos que se reunieron en San Sperate, nuestros “amigos pa tó”, un puñado de iMisioneros, unos ancianos de Astorga, algún peregrino. Vamos, que caminando, ahí iba yo hoy scalando en Familia. ¡Y no pesaban! Les llevé a dar un paseo entre Cantabria y Asturias y me hicieron más ligero cada paso.

Convivir con quienes salimos hoy hacia Pendueles es hacerlo en Paz. No éramos tres matrimonios con trece niños entre los catorce y los dos años, éramos muchos más, y todos bajo Su mirada. Y en pleno Camino de Santiago…

Hay veces en que lo efímero se hace eterno simplemente porque enfocamos de la manera correcta. De igual forma que escuchamos frases que, aún dichas de manera espontánea, te traspasan; y ese “es vuestra cultura” que me han dicho hoy ha evidenciado que, también ad extra, es patente que nuestra Familia, aquella con la que scalamos, está e nuestro ADN.

Algunos días de la primera semana de agosto me tocó acostarme tras escribir una breve crónica de la jornada, y siempre acababa con frase con la que termino hoy: “un día por el que dar gracias a Dios”. 

martes, 6 de agosto de 2013

Casa San Alfonso

He tenido la suerte de formar parte durante unos días de la Comunidad Redentorista de Casa San Alfonso, en Astorga, formada para la Acogida Cristiana a los peregrinos del Camino de Santiago por sacerdotes, religiosos y laicos, de diferentes nacionalidades.

Salí de Madrid con una ilusión enorme pero con una duda aún mayor ¿Qué podía aportar yo de utilidad a ese proyecto? Es decir, ¿qué podía aportar yo de utilidad a los peregrinos?

Llegué en medio de la Oración que se desarrolla en varios idiomas. Dejé mi coche en la puerta de la casa y entré en la iglesia del Perpetuo Socorro (eso ya es como entrar en casa). Me senté al fondo y, la verdad, ni escuché. Simplemente me puse a los pies del Señor: aquí me tienes, mi tiempo, mis manos y lo que de mi haya utilizable y de provecho para esto. No podía hacer más; no tenía más. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso presiden el templo, así que, un poco como el santo, me propuse que las 24h de cada día estuvieran dedicadas a los peregrinos. Para eso estaba allí.

Uno se pone en marcha y, sin embargo, el primer acogido fui yo. Por la Comunidad y, en concreto, por un joven estudiante Redentorista que con rapidez me fue explicando lo necesario para comenzar a "trabajar" al día siguiente, a servir. Y como ese “día siguiente” era la fiesta de San Alfonso Mª de Ligorio, la Comunidad Redentorista local nos invitó a compartir comida. Ahí estaba yo, en Familia y como en casa. Hablando de algunos de los Padres que fueron parte del paisaje natural de mi infancia, Elejalde, Ribela, Colinas… y escuchando a ancianos cuya vida ha estado entregada al anuncio constante de la Buena Noticia, de la Sobreabundante Redención, por distintos puntos del planeta. Miraba, escuchaba, observaba y, a la vez que participaba de la conversación, me sentía todo un privilegiado. A la tarde visita al convento de clausura de las Madres Redentoristas, en fin… otro regalo.

No voy a hablar, aunque quizás fuera lo suyo, del día a día con los peregrinos, porque aunque anónimos, es algo que pertenece a su historia personal e individual. Solamente un par de apuntes: la intensidad de lo compartido con un Franciscano cuya casa está muy cerca de Marianela, la Casa Natal de San Alfonso, y las palabras de agradecimiento de una peregrina joven anoche quien, al acabar la Oración, se mostró agradecida por el auxilio recibido para recuperar el sentido del Camino y de la Vida. Necesitada de auxilio, justo para lo que San Alfonso fundó la Congregación del Santísimo Redentor… me vino el Génesis a la cabeza: “…y vio Dios que era bueno”.

En cada una de las noches, en mi oración estaban mi mujer y mis hijas, la persona por la que mi familia y yo un día comenzamos a scalar en Familia y que peregrinará a otro destino, un amigo enfermo que se pensaba ausente y, ayer, el padre de otro que llegó a su destino final poco antes de comenzar la oración.

Llevar la Oración en español, inglés y francés, convivir en Comunidad, aprender de los peregrinos, la intensidad de mi oración personal. No puedo dejar de darle gracias a Dios por estos días. Distintos colores, razas, orígenes personales, idiomas, edades, inquietudes… y una misma fe que cada noche nos reunía en familia.

Los peregrinos cuentan ya en Astorga con un “nuevo” lugar donde encontrar auxilio espiritual, donde descansar el corazón de los pasos del Camino, donde recobrar el sentido real y redescubrir que Cristo, el Resucitado, va a nuestro lado a cada paso y en Él está la Redención: Casa San Alfonso.

viernes, 2 de agosto de 2013

Un mirada limpia

Se puede decir que no le conocía. De vista sí; de algún saludo. Ambos sabíamos nuestros nombres y quiénes éramos. Poco más.

Yo sabía más de él que él de mí. Algo que, de entrada, marcaba el camino de mi admiración. Porque un joven que decide entregar su Vida a Cristo en los demás ya es digno de admiración, de aplauso y de agradecimiento. Estuve presente, durante una Jornada Alfonsiana en San Gerardo, en Madrid, en sus primeros votos temporales. Después de eso, alguna coincidencia, saludos… poco más.

Sí, nos une la fe y una Familia… pero… es que: le he mirado a los ojos. Algo que cambia. ¡Qué importante es mirar a los ojos a la gente! Y… ¡Ver!

No es sólo ilusión, entrega, ganas, pasión… he visto bondad. La mirada en la que un peregrino puede encontrar calma, confianza, seguridad. Unos ojos que acogen antes de que les mires. Una mirada en la que un alma cansada puede abrirse al consuelo.

Tiene la fuerza de su edad, la pasión de la fe, la serenidad y la calma que sólo vienen de Arriba. Podría ser mi hijo, y de momento es un hermano hasta que sea Padre.

Aprendo de él cada día, a cada momento, en cada frase. Podría decir que su bondad y su humildad son envidiables, pero yo me quedo con que son imitables; un ejemplo al que imitar.

Esta noche, en silencio, en el corazón –sin nombrarle por que estará presente- le pondré a los pies del Señor. Pediré por él; para que nunca pierda esa mirada, porque es la mirada de un hombre bueno. Que cuando sea un venerable sacerdote Redentorista mayor, conserve la mirada de hoy. Será un sabio anciano en cuyos ojos muchos habrán encontrado el consuelo y la Paz.

Se llama Antonio, y pido al Señor que siempre tenga esa mirada que es la expresión viva de Aquel a quien ya anuncia. La mirada de un peregrino camino de la Vida que anuncia a Cristo. Ojos que están siendo acogida de muchos peregrinos.

Ayer en el día de San Alfonso, durante la misa, pensaba que el propio Santo le estaría mirando con esos mismos ojos.

Y tengo la suerte de que me acogió cuando llegué a Astorga a la Casa San Alfonso, y de estar a su lado, y de aprender de él. Y crecer con él scalandoenfamilia.