jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!


“Jesús mío, mi soberano Señor y verdadero Dios: ¿Qué fuerza te ha hecho descender del cielo a una gruta sino la fuerza de tu amor por nosotros?
Tú que habitas el seno del Padre, tú que reposas  en un pesebre.
Tú que reinas más allá de las estrellas, tú vienes a nacer sobre un poco de paja…
Tú que eres la alegría del cielo, yo te escucho gemir y llorar.
Dime, oh Jesús mío: ¿Qué fuerza desconocida te ha reducido a tal abajamiento?
Una sola, la fuerza de tu amor por nosotros.” San Alfonso Mª de Ligorio


Hoy, ante ese Niño pobre que hemos adorado en Familia en la Misa del Gallo del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, he entonado mi acción de gracias. Gracias por mi mujer, por poder ver crecer a mis hijas, por poder disfrutar de mi madre, de mi Familia; por una año maravilloso y lleno de Vida; por haber respondido “sí” a cada una de las preguntas que mi querido P. Pedro López, como Superior Provincial de la CSsR, nos hizo el 18 de julio a los nuevos Misioneros Laicos del Santísimo Redentor; gracias por haber podido vivir cómo mi hija mayor, Toya, recibía por primera vez el Cuerpo de Cristo, el nueve de agosto, de manos de quien es un miembro más de nuestra familia; gracias por una Comunidad que es nuestra Familia; gracias por tener un trabajo con el que, además, disfruto.

Adorando al Niño, como si estuviera físicamente con nosotros, estaba a quien tenemos siempre en el corazón pero no vemos a menudo. Este año he llevado también a Cris, que pasará su primera Navidad como médico de guardia, a Xiskya y a Josué, hermanos de iMisión, que pasan su Navidad junto a los refugiados en Irak que son perseguidos por ser cristianos; Flavia, Antonio y Carlota con su capacidad de lucha y superación. Alicante, Mérida, Irak… pero allí estaban, en PS, junto a mí. Y unidos a los que nos han precedido a la Iglesia del cielo, todos en alabanza.

Yo lo tengo todo, y en el primer mundo. Le he dado gracias, sí, pero también he pedido por quienes no tienen más que tristeza y frío; por los parados, por las personas sin hogar; por quienes son perseguidos nada más que por creer que un Niño pobre, frágil, entre pajas y nacido en una gruta es realmente el Redentor; por todos lo nunca llegaron a nacer. Una locura. He pedido por quienes entregan su vida por anunciarle. Y por mi familia, y por mi trabajo y para que me enseñe a llevar un poquito de Luz.

Celebrar el nacimiento de Cristo, en PS, con la comunidad Redentorista y la comunidad parroquial es hacerlo en Familia. Salir con ese calorcito interior y celebrarlo con el chocolate caliente que nos ofrece la comunidad religiosa es celebrar la Navidad en Familia después de una cena en Familia. Recibir al Redentor en mi corazón y en el corazón de la comunidad, es asentarse en la Roca para continuar, un año más, scalando en Familia.

Dios ha nacido y es un bebé ¿Cómo no amarlo? Dios ha nacido ¿Cómo no estar alegre? ¡Contagiemos un poquito de esa alegría!


¡FELIZ NAVIDAD!


martes, 16 de diciembre de 2014

Las Posadas

Hoy comienzan las Posadas, una celebración habitual en muchos países hispanoamericanos que conmemora el peregrinaje de José y María en busca de cobijo, a la vista de que el parto se acerca. Me parece una celebración preciosa para prepararnos no solamente a recibir al Niño, sino para acompañar a María y a José. Una oportunidad para ser nosotros mismos Posada y para ayudarles a que otros lo sean también.

Llaman a la puerta interior de cada uno de nosotros para que seamos refugio seguro y cálido del Redentor. El tiempo avanza y ya va siendo hora de que preparemos un corazón limpio en el que se sienta seguro y a gusto.

Que le ofrezcamos un lugar confortable implica que en nuestro entorno también creemos el clima necesario de Amor. En la Familia, en el trabajo, en nuestra Comunidad. Un corazón preparado para servirle. En mi parroquia, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, ya tenemos, como en tantas otras, la Posada preparada. Hemos recorrido el tiempo que llevamos de Adviento en acción y oración, y así seguimos: con una alegría que desborda las manos. Porque, en realidad, no hay alegría sincera si ésta no te empuja a darte, a ayudar, a anunciar su venida a los demás. Regalar tu tiempo, tus manos y tu sonrisa. Sólo sirviendo con los pies en la tierra, sólo caminando en los problemas reales, anunciaremos la Paz.

¿Cuántas malas caras? ¿Cuánto mirar para otro lado ante las necesidades ajenas? ¿Cuánta preparación de festejos sin reparar en quien no tiene ni lecho? ¿Cuánto sonreir sin mirar a los ojos al triste? ¿Cuánto planificar sin tener en cuenta las carencias de los demás? ¿Cuánta autocomplacencia sin pararnos a pensar en todos los hermanos perseguidos, asesinados, por ser cristianos? ¿Cuánto señalar y endurecer la mirada sin vaciarnos del todo para que el Redentor lo ocupe todo?

¿Nos dejamos llevar por el consumismo? ¿Nos dejamos arrastrar por los hábitos? ¿Repetimos gestos año tras año llevados por la inercia de la historia y la costumbre?

¿Creemos realmente que el Redentor nació y viene de nuevo a nuestra vida y nuestra historia?

Cada vez que juzgamos les cerramos la puerta de la Posada; cada vez que torcemos la vista a las necesidades de los hermanos les negamos cobijo; cada vez que bajamos la mirada ante el triste, el enfermo, el humillado, el necesitado o el angustiado les damos un sonoro portazo. Y no se les puede acompañar sin oración.

Os animo a que tratéis de hacer el ejercicio diario de caminar a su lado, meditar sobre su situación, su realidad y sus necesidades. Ensuciándonos los pies con el polvo del mundo; sintiendo el dolor que precede a la Alegría. Veréis cómo a cada paso junto a ellos, tras cada puerta cerrada, sintiendo los miedos de la Madre y las angustias de José os iréis vaciando un poquito, y acabaréis con una cuna confortable en vuestro interior.

Porque ellos llaman a nuestra puerta sin salir de casa, en nuestra mujer o nuestros hijos; tantos parados o desahuciados buscando Posada; cristianos iraquíes que son unos peregrinos permanentes en busca de Posada; niños no nacidos cuya vida está en cuestión; madres o padres angustiados a quienes la situación les hace dudar sobre el futuro del hijo que esperan; niños explotados, abusados, en cualquier parte del mundo…

Y mañana de nuevo, al salir a la calle, en el metro, al llegar a la oficina… ese compañero de trabajo con quien no congeniamos; la parte del trabajo que más pereza nos dé; al hacer la compra… cualquier circunstancia nos ayudará a ir abriéndoles la puerta.

Una oportunidad más para los rezagados de espabilar, ponerse a tono, reconciliarse consigo mismo para hacerlo con los demás. Merece la pena. Él pone todo de su parte; poner un poco de la nuestra es el primer paso para hacerlo por entero. Ser pequeñas luciérnagas que iluminen su camino. Seamos diminutos puntos de luz que señalen: aquí nacerá el Niño, aquí se asentará la Luz. ¿Lo hacemos juntos? ¿Vamos con ellos scalando en Familia?


Probadlo los rezagados, los indecisos; los tristes abandonad vuestra tristeza para ocupaos de la de otro. Intentadlo los incrédulos, los hastiados. Si queréis lo vamos hablando… Quizás acabemos juntos en la Misa del Gallo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

¡Alegraos!

Gaudete. ¡Regocíjense! ¡Regocijaos! ¿No lo notáis? ¿Seguro que no? Tratad de ir acompañamdo a María y a José, porque Él ya está cerca. Aún estáis a tiempo los rezagados. Animaos. Sí, levantad el ánimo y la cabeza para poder mirar a los ojos, y ahí, en esos otros ojos ver y mostrar que está cada vez más cerca.

Soy un privilegiado, lo reconozco. He tenido la suerte de vivir el pasado jueves una maravillosa vigilia en PS a la que no solamente fueron alentados todos los grupos parroquiales, si no cualquier feligrés. El P Nicanor, mi párroco, nos ayudó a allanar el camino, individual y comunitariamente. Una parroquia misionera, una Congregación misionera. Por eso no se limitó a ayudar a la disposición interior de nuestros corazones, si no que insufló las fuerzas para que saliéramos a ser testigos de Esperanza. Un privilegiado, porque a cada paso, es mi Parroquia la que está en permanente estado de misión; y en Familia. Un privilegiado.

El viernes también en PS, una familia misionera del movimiento de Schoenstatt que en enero próximo irán a vivir a Costa Rica como lo que son, misioneros, nos contó su proceso de discernimiento, su proceso vocacional familiar. Una bonita manera de conocer de primera mano otras realidades eclesiales que muestran la felicidad, la alegría del Evangelio. Un matrimonio alegre, padres de cuatro hijos que transmitían paz. Un privilegiado.

El mismo viernes una especial Eucaristía del grupo de matrimonios en la Capilla de la Comunidad. Sin palabras las palabras del P Octavio. En casa, en Familia, entre hermanos. Compartidos el Pan, la Palabra y la oración. Una gozada. Benedictus como preludio al fuit homo missus a Deo cui nomen erat Ioanes del Evangelio del domingo de Gaudete. Y el jueves, en la vigilia, me tocó ponerle voz a Juan… Un privilegiado.

E #iMisión en plena ebullición de proyectos, ilusiones, iComunión. Proyectos e ilusiones individuales y grupales. #iComunión.

Y mañana más, y a lo largo de la semana más. Pero yo ahora empiezo a necesitar aumentar mis ratos de silencio. De calma y oración en silencio. Calma, oración y silencio. Estar rodeado de personas que irradian luz de tal forma tanto en directo como en la red, a veces le hace sentirse a uno diminuto y frágil. Saberse diminuto y frágil también es una gracia cuando uno se da cuenta de que Dios se hizo diminuto y frágil, un bebé indefenso producto de un embarazo digamos que no planificado…

Impresiona el Amor del Padre para con todos nosotros. Impresiona su Amor sabiendo por todo lo que habría de pasar. Impresiona la confianza, la fe, de una chiquilla, de una jovencita, que hizo posible esta maravillosa historia de salvación. Impresiona la fe silenciosa de José; impresiona la humildad del padre del Hijo de Dios. Impresiona la fragilidad de Jesús, la fragilidad de esa minúscula cantidad de Redentor desde su concepción. Impresiona pensar que si María, al día siguiente de su fiat, se hubiera tomado la píldora del día después, no habría nada que celebrar.

Impresiona tanto Amor. Me impresiona pensar que ese Amor es por mí y por mi mujer, y por mis hijas. Impresiona pensar que ese Amor es por los cristianos perseguidos y por quienes les persiguen; por los mendigos que duermen a la intemperie; por todos y cada uno de los que sienten que no tienen nada que celebrar. Me impresiona nuestra propia libertad para seguirle o no, para dar o no Esperanza. ¿Qué hacemos con nuestra libertad?

Yo soy un privilegiado no por lo que tengo, que también, si no por lo que atesoro: la fe.

¿Eres simplemente un perezoso espiritual? ¡Pues espabila! Ahí afuera hay mucha gente que te necesita, que necesita que les animes y les lleves su Esperanza.

¿Eres un consumista compulsivo que basa estos días en comidas y regalos? Pues párate y recapacita. Piensa un poco, quizás simplemente necesites darte un respiro, contemplar la fría gruta donde nacerá el Hijo de Dios… ¿No sabes dónde? ¿Seguro? Date una vuelta por tu ciudad, la noche ya bien entrada, y fíjate en cualquier soportal, en la boca de alguna parada de metro, en alguna sucursal de cualquier entidad bancaria; sí, esas cajas de cartón, esas vidas rotas… Mira a los ojos; trata de mirar a los ojos. ¡Belén no está tan lejos!


¿Eres tú uno de los que sienten que no hay nada que celebrar? ¿De verdad? Pues hablemos… a ver si acabamos juntos en la Misa del Gallo.