sábado, 31 de diciembre de 2011

Para el 2012

Ya es 31 de diciembre, el último día del que ha sido un año extraordinario para mí. Alguien me ha preguntado qué le pedía al 2012. Francamente yo al Año Nuevo no le pido nada de nada; pedir, lo que se dice pedir, lo hago al Señor directamente o mediante la intercesión de los Santos y de su Madre. Soy así de raro, pero creo a pies juntillas en la oración que recitamos los domingos en misa, en mi profesión de fe, y por lo tanto en la comunión de los Santos. Esperar tampoco espero nada. Me dejo sorprender por Sus planes.
2011 me ha hecho crecer como nunca lo hubiera pensado, he sentido de nuevo la presencia de mi Amigo en mi vida de una forma casi física.
Como casi física es la presencia de unas cuantas personas: ya lo estaba antes, pero un innombrable que hincó su piolet en mi corazón hace tiempo se ha pegado a él como una lapa, y vaya adonde vaya ahí seguirá para siempre (de lo que he sido radicalmente consciente gracias a una inocentada); como lo ha hecho especialmente un “Grande de España de los de verdad”, y también un individuo “superior”, un cantaor, dos párrocos que se salen, una chica que canta, otra de La Cavada, uno de Don Benito, un ciclista extremeño, alguien al que llaman “marqués”, otro Blue, una chica que llena la vida de colores como sabores, un estudiante de medicina granaíno, un buenazo de Bilbao, otro enganchado a un “biberón”, una mujer Bárbara y su hijo, otra tan adorable como su nombre, un señor permanentemente asentado en una editorial, todo un pedazo de Pan de Granada afincado en Valencia, un abogado del Estado y su mujer, un grupo de personas con las que me reúno cada quince días en las escuelas, otra que sabiamente escribió que el destino determina quién entra en tu vida pero que es uno el que decide quién se queda, una O pequeñita, dos jovencitas que peinan canas, una chilena, los hijos de un señor de Nápoles que han acampado para siempre; y a través del ordenador un padrecito desde Nicaragua, otro desde Irlanda y ambelsen.
¿Quién habría sido capaz de esperar tanto? ¿Quién habría esperado poder mirar a los ojos a un Pedro anciano? ¿Quién se hubiera imaginado la felicidad de estar con su familia en otra Familia autoasignada como propia?
Ver crecer (con María) felices a mis hijas, continuar disfrutando de mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. El puñado de mis impagables amigos.
¿Qué voy a pedir? Lo que hago es pensar qué puedo hacer yo durante el año que empieza. No puedo pedir ni hacer planes porque, sean cuales sean, los que hayan de venir serán los míos. Deseo lo que el Señor me tenga preparado aunque no lo conozca.
Esta noche, ante el televisor, en el cuarto de estar de la casa de mis padres, cuando vayan a dar las campanadas, no solamente estaremos los doce que cenemos juntos porque conmigo estaréis todos aquellos a los que he nombrado y alguno que puede que me deje (no sé cómo vamos a entrar). Y Dios con todos nosotros.

viernes, 30 de diciembre de 2011

El Cardenal Tarancón

Me pareció magnífica la película que anoche emitió la primera cadena de RTVE sobre el Cardenal Tarancón. Un hombre extraordinario en todos los sentidos. Además de haber leído hace tiempo sus memorias, recuerdo con bastante nitidez aquellas fechas aunque por mi edad quizás no debiera, lo recuerdo por la intensidad con la que se vivió en mi casa –como imagino que en casi todos los hogares de España-, y porque siempre hemos convivido los pequeños con los ancianos escuchando de manera natural todo tipo de conversaciones. Eso es algo enriquecedor y de lo que disfruto con mis hijas cada vez que venimos a Santander a casa de mis padres.
Pertenezco a una familia esencialmente liberal por ambas ramas y esta tarde ha surgido la conversación sobre el Cardenal con mis padres y algunos tíos, lo que ha dado lugar a todo tipo de batallitas que casi me evocaban escenas de película, como cuando un hermano de mi padre de 83 años contaba cómo a los 11 años, en el colegio les dejaron a todos un día sin recreo para formar filas frente al Padre Prefecto y varios representantes de Falange para que se alistaran al Frente de Juventudes y de los cerca de 800 alumnos solamente 13 no lo hicieron, entre ellos mi padre y mis tíos paternos y materno. Ocurrió en casi todos los colegios, pero no así en el de mi madre; se nota que las monjas de su cole eran francesas.
Supongo que a mis hijas todo eso les suene a ciencia ficción, gracias a Dios. El caso es que todos elogiaban, como lo hacían en su momento, la figura de Tarancón. A mi se me ocurrió hablar del lamentable papel de gran parte de la jerarquía de la Iglesia española, que no de los sacerdotes y religiosos de calle; todos de acuerdo. Continuaban con las excelencias de gran liberal de D. Vicente en lo personal y en su faceta colateral de político. Llegado este punto yo opiné, que independientemente de la visión política, fundamentalmente intentó aplicar la doctrina de la Iglesia y que comenzara a hacerse efectivo el Concilio Vaticano II, acabar con una jerarquía eclesiástica con muchos puntos en común con la actual Iglesia Oficial china aunque por el otro lado (porque la potestad en el nombramiento de los Obispos por parte de Franco….., en fin, sin comentarios). Pues ese simple comentario hizo torcer el rostro de uno de mis tíos; sí, el laicismo hace estragos.
Sin embargo, una visión que trata de ser abierta y comprensiva (admitiendo poder estar equivocado) casi puede parecer retrógrada ante determinadas personas que pretenden retorcer el mensaje del Evangelio hasta hacerlo casi irreconocible para adecuarlo a ciertas situaciones sociales injustificables (y no pienso únicamente en la hermana Forcades…).
Hombres de Iglesia como D. Vicente Enrique y Tarancón han contribuido de una manera esencial –aunque no siempre visible- a que hoy podamos disfrutar de las libertades actuales, alentando las conciencias desde púlpitos y confesionarios.
Lo malo de este país es que damos demasiados bandazos, lo que, una vez más, me hace darme cuenta de lo inmensamente afortunado que soy pudiendo vivir mi fe entre la entregada y siempre sensata familia Redentorista.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La Oración de los Jueves

Como cada jueves he acudido a la Oración ante el Santísimo, en esta ocasión no en el Perpetuo Socorro de Madrid, sino en la parroquia de la Inmaculada en Santander, ambas Comunidades Redentoristas. Es lo mismo dónde sea, porque lo realmente importante es Jesús Sacramentado, pero en ambos casos yo estoy de verdad en casa.
Mi Parroquia es el Perpetuo Socorro, pero tengo la suerte de que en ese aspecto, cada vez que vengo a Santander a casa de mis padres puedo hacer la misma vida. Eso sí, la feligresía es diferente, porque tengo que reconocer que la de mi ciudad natal es ciertamente hierática, aunque creo que deseosa de recibir un empujón. Algo así como un grito interior y exterior de “ESPABILAD”, como sugirió durante unas catequesis para el Adviento un sacerdote Redentorista.
El comienzo fue completamente diferente al que estoy acostumbrado y que realmente me entusiasma. Hoy al empezar he recordado las Adoraciones de mi infancia porque la estética era muy parecida. Simplemente la estética, nada más; en cuanto empezó a hablar ahí estaba él, el P. Víctor, todo un Redentorista. Una prédica cargada de inteligencia, sentido del humor, bondad, sensatez, alegría, ánimo, impulso y motivos suficientes para que todos reflexionáramos. El lenguaje y el fondo propios de unas personas que tienen la asombrosa capacidad de cautivar, de contagiar; misioneros que enganchan, que arrastran, que enamoran porque te llevan a enamorarte directamente de Jesús, que es lo suyo. Y te contagian a dejarte a arrastrar para querer arrastrar; que enamoran para enamorar; que cautivan para cautivar. Cada misionero de esta Congregación es una invitación a ponerte en marcha, hacen surgir en uno un resorte para abandonar el hieratismo, romper los respetos humanos y querer lanzarte al ruedo en lo que sea. Y hoy claramente nos han invitado a hacerlo pero con alegría, con una alegría no fingida sino nacida como consecuencia natural de Aquel que nació el 25 en un humilde pesebre para liberarnos a todos, para ofrecernos la Redención.
Hoy en la oración, mientras leía el Evangelio de Nochebuena, no pude evitar pensar que no es anecdótico que los primeros a quienes se les apareció el Ángel fueran unos pastores, lo más bajo de la sociedad de aquel lugar y momento, excluidos del Templo, incultos y pobres. Como más de 1700 años después unos pastores inspiraron a Alfonso Mª de Ligorio un camino florecido con la  fundación de la Congregación del Santísimo Redentor, en cuya casa estábamos.
Villancicos, un discreto uso del latín, el magnífico Tantum Ergo, el Humeral sobre los hombros del sacerdote para la bendición con el Santísimo. Una combinación litúrgica ortodoxa y, no sólo abierta, sino incitando a la participación, en un ambiente alegre y completamente natural.
Los ritmos rituales los marcan quienes ofician, preparan y participan, y yo me he impregnado en PS de unos ritmos estéticos que he asumido gozosamente como propios. Dependen de las personas, los tiempos y los puntos geográficos. El todo a Quien adoramos. Pero el fondo va más allá de las personas, porque implica al carisma mismo que un día les llevó a seguir los pasos de San Alfonso. Y ese fondo estaba tan vivo hoy como cada jueves en el Perpetuo Socorro de Madrid. El mismo que a mi me hace sentirme en casa y feliz sea cual sea la parroquia Redentorista en la que me encuentre. Por él doy gracias; por poder vivir mi fe con mi mujer y mis hijas en esa gigante Familia.

Inocentadas

Creo que este 28 de diciembre era el primero en mucho tiempo que iba pasando sin pena ni gloria en cuanto a las inocentadas, hasta que un año más he caído todo lo inocentón que soy. Y no una sino tres veces. La primera se refería al traslado de alguien a quien he conocido a través de internet; en teoría se iba con toda su familia fuera de España, y aunque él vive en Getafe y yo en Madrid lo primero que pensé fue: vaya me voy a quedar sin conocerle. Y resultó que no, que era una broma. La segunda ha sido realmente anodina, y la tercera me llegó vía twitter. Eso me pasa por estar enganchado a las redes sociales. Con esta última casi se me sale el corazón por la boca; a mí y a los que estaban conmigo en ese momento. También se refería a un traslado, aunque en esta ocasión circunscrito al territorio nacional. Francamente confieso que me dio una pena inmensa pensar en perder la compañía de esas dos personas, así, de improviso. Me invadió una pena tremenda por mí, por mi mujer, por mis hijas y por unas cuantas personas más.
Por mucho que conozcas la itinerancia, tratar de asumirla fuera de tiempo y sin posibilidad de despedida era realmente duro. Se me pasaron todo tipo de cosas por la cabeza en no más de un par de minutos, entre ellas recibir con los brazos abiertos a quien viniera nuevo. Esto me demuestra por un lado mi bastante más que cariño real por algo “superior”, y por otro que el cariño específico por personas concretas no se desvanece nunca en una generalidad. Me apenaba pensar que una de esas personas a la que estoy aprendiendo a querer a velocidad de crucero pudiera limitarse al recuerdo de un tiempo; respecto a la otra era algo así como si a mi hermano le destinaran a Oriente Medio. Sí, una faena, pero no pasa más. Bueno, sí pasa, porque además creí –dado lo expedito del notición- que no tenía ni la oportunidad del abrazo de despedida. Pero ya volverá, ya nos veremos, nos comunicaremos por teléfono o por internet (una mera ilusión conociendo al individuo en cuestión). Y como un tontorrón me emocionaba sentir pena pero no orfandad, gracias a lo que viene siendo una genial gestión del acompañamiento. Al mismo tiempo que tenía presente el agradecimiento profundo y sincero de una entrega incondicional pensaba en el primero afianzándome en la idea de que nos seguiríamos viendo, cuando menos en una profesión… (la rapidez con la que funciona la mente en momentos de tensión es impresionante).
Hasta que me hacen saber que es 28 de diciembre. Creo que las carcajadas de mi mujer y mi madre aún hacen eco. Ver la cara de mi madre con ese espontáneo ataque de risa al contemplar mi expresión de panoli rabioso me hizo feliz. Era el primer año en que ella misma no gastaba ninguna, y nos trajo una larga conversación de recuerdos. Una inocentada que ha contribuido al calorcito de hogar estas fechas.

domingo, 25 de diciembre de 2011

La Misa del Gallo en el Perpetuo Socorro de Madrid

Hace 41 años que no asistía a la Misa del Gallo; tenía cuatro y me dormí. La misma edad que mi hija pequeña, que también acabó dormidita. Pero hay una diferencia fundamental, yo recuerdo un aburrimiento soporífero y una imagen que había en los Capuchinos de Santander y que me aterrorizaba. Ella, sin embargo, podrá recordar una fiesta sensacional de la que formó parte. El sonido de los cascabeles con los que, junto a su hermana recorrió el pasillo de la iglesia, el dibujo con unas campanas que llevó en el ofertorio y que recogió un cariñosísimo P Nicanor. O puede que no lo recuerde. Aquella Misa del Gallo de 1970 fue algo circunstancial en mi vida, como lo fue esa iglesia; ni siquiera sé por qué fuimos allí ya que nuestra parroquia era La Inmaculada (los Redentoristas como directamente la conoce todo el mundo en Santander), imagino que porque nos cogía de camino de vuelta a casa desde la de mis abuelos maternos.
Mis hijas puede que no lo recuerden porque mi mujer y yo nos esforzamos (lo cierto es que no es un esfuerzo sino un gozo) en que crezcan y vivan su fe en la Comunidad del Perpetuo Socorro de Madrid, con la Familia Redentorista; de esas edades suelen recordarse hechos extraordinarios por buenos o por desagradables, pero la cotidianeidad al hacerse propia se diluye en una especie de ADN vital, que es justo lo que pretendemos con la naturalidad del día a día en el mejor entorno que podemos ofrecerles porque es el entorno en el que el Señor un día quiso que apareciéramos y del que nos enamoramos.
La Misa del Gallo, la celebración de esa Noche Santa, es una Fiesta en sí misma, pero lo de ayer fue la exaltación de la celebración del Nacimiento del Niño Dios. Una familia pequeña como la nuestra en una Familia gigantesca que es la nuestra. Yo realmente me salía de contento y emocionado contemplando al Niño, a una Comunidad concelebrando al completo, escuchando a un Párroco que ya empieza a acostumbrarnos a la excelencia, a un Superior Provincial que estuvo eso, superior, a tanta gente querida. Nuestra entrada en el templo fue acompañada del abrazo especial de un religioso al que aprendo a querer a medida que le trato y le conozco, y la salida con el abrazo de un sacerdote que es como un hermano.
El coro de esos jóvenes que hacen que el cielo baje a la tierra con su entrega, su esfuerzo, su fe y su alegría. La feligresía inacabable, montones de familias reunidas entorno a un Bebé que nacía por y para cada uno de nosotros. El chocolate que nos ofrecieron a todos a la salida. Jamás me cansaré de contar las maravillas de esta Comunidad porque son inagotables. Pero es que, además, tengo la constatación objetiva de que ni me ciega la pasión ni lo que es mucho más que un inmenso cariño. Allí estuvieron por primera vez unos vecinos nuestros, atraídos por el entusiasmo con el que hablamos de estos gigantes misioneros. Son católicos norteamericanos y en Madrid acuden los domingos a celebrar la Eucaristía junto a la comunidad angloparlante, pero anoche eligieron el Santuario del Perpetuo Socorro. Hoy por la tarde, celebrando la Navidad en su casa junto a otros vecinos nos dijeron que se quedaron sorprendidos por la fuerza y el empuje que habían visto en mi Parroquia. Lo que a mi me faltaba para seguir engordando en estas fechas…. Porque me hicieron engordar de orgullo. No sé si mis hijas lo recordarán, pero para mi mujer y para mí esta será una Navidad INOLVIDABLE.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Adorando al Niño

Hoy mi Niño, mi Dios, me ha invadido rotunda y serena la voz del Ángel que me impele adorarte. No soy un pastor, tan sólo un hombre desnudo ante Ti que llega tras haber partido con temor a acercarse para no manchar tus pañales con la porquería de sus manos vacías, para no rozar las pajas del pesebre con sus dedos ajados por los errores.
Mi cuévano, Señor, este año venía cargado de paquetes vacíos, de dolor causado de manera inconsciente a quien pusiste ante mí, de días sin trabajo, de angustias, de noches en vela, de segundos sucedidos como lustros, de oportunidades perdidas, de tenerte en los demás y no haberte visto, de no saber ni cómo ni dónde, de martillear los clavos cada vez que pequé. Una carga tan pesada que encorva los hombros con la misma fuerza con la que encorva el alma.
No me atrevía a acercarme mi Dios, y sin embargo, quise recorrer con tu Madre el camino de Adviento, hacerlo también con el callado José para ir avanzando tímidamente, porque eres un Bebé que me llama, una Luz que me atrae. Y a cada paso, cada día transcurrido, sentía cómo tu calor iba secando las lágrimas de mi corazón, iba notando cómo quemas Jesusito. Hasta que hoy Señor has conseguido que me rinda ante la realidad de que mi corazón es un músculo elástico cargado de amor, y que la pesadez de mi cuévano se aligera ante el misterio que tengo delante, ante la inmensidad de tu Amor. Y eres tú mismo quien me muestra lo que hay dentro de él, me haces ver de nuevo la maravilla de tu proyecto para mí: los ojos, la sonrisa y el apoyo callado y constante de mi mujer, la compañera que pensaste para mí desde el principio de los tiempos, mi amor; las risas, las caritas, los abrazos de mis hijas, su candor, su capacidad de asombro y su absoluta confianza y seguridad en María y en mí; el que fue mi propio pesebre a quinientos kilómetros de distancia donde esta Noche te adoran mis padres, una madre entregada a Tí en la decrepitud de un padre al que has regalado más tiempo; mis hermanos y los de María, nuestros sobrinos, mi Alquimista. Y lo iluminas para que pueda observar cómo, sin romperse, también están en él acampados para siempre junto a Alfonso sus hijos, la Comunidad de Sacerdotes y Religiosos que me ha mostrado Tu Redención Copiosa. Mis Amigos y todos aquellos que nos sostienen. Me asusta mirar por si con tanta gente hay ruido que pueda desvelar la placidez de tu sueño, pero lo hago, y me encuentro con un sensacional grupo de jóvenes y un grupo de matrimonios, asentados y acomodados bien profundo y seguros rodeados de más miembros de PS; allí permanecen rostros que me has traído en la pantalla de un ordenador, las Catequistas Sopeña, consagradas, sacerdotes y laicos de una pequeña habitación en San Juan de la Cruz, participantes en la Alfonsiana, otras gentes con nombres que apenas recuerdo y dos millones de personas más que no quieren salir. Y no se rompe. ¡¿Cómo es posible que no estalle?!
Pero me incitas a mirar más adentro, y me asusta descubrir aún una oquedad infinita, como esperando recibir, esperando a llenarse aunque no sepa ni cómo. Y no se romperá, yo sé que no permitirás que se resquebraje.
Desnudo y arrodillado ante un Recién Nacido, me avergüenzo por haber iniciado el Camino pensando en ofrecerle un cuévano cargado de nada. No, no es eso lo que debo ofrecerte; ni siquiera mi corazón que no es más que mi vida, tu propio regalo. Es, mi Señor, ese hueco que aún queda lo que te ofrezco. Un hueco es lo único que tengo para darte. Enséñame a llenarlo. No quiero cargarlo con mis planes ni con mis deseos; sólo quiero que sean Tus planes los que lo colmen. Toma para ello mis manos; ayúdame a que el año próximo estén limpias. O mejor, mi Señor y mi Dios, ayúdame a ensuciarlas, a mostrártelas ajadas por los demás, por contribuir aunque sea solamente un poquito a que este mundo sea mejor y que quizás alguien llegue a sentirte como te siento yo. Enséñame porque no sé cómo.
Enfrentar la vacuidad de la inutilidad a la grandeza infinita de un Bebé que ha nacido también por mí enaltece el espíritu, regenera la dignidad, recobra los ánimos y riega de alegría porque inunda de Vida y Esperanza. Ya no siento que mi espalda pese. No quiero apartarme de aquí, no quiero levantarme. Simplemente aspiro a permanecer así, abrasado por el calor de tu Amor.
Ahora mis manos ya pueden cogerte para arroparte calentito dentro del cuévano por fin vacío, e igual que las montañesas con sus hijos en las labores del campo, llevarte seguro en cada paso de mi vida. Estás tan enraizado en mí corazón que cada vez que palpita te expandes; por eso, como los pastores, con su mismo entusiasmo, me vuelvo gozoso con mi mujer y mis hijas a dar gloria y alabanza.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Ángel Sanz Briz

No soy ningún experto en cine (realmente no soy experto en nada) por lo que no voy a hablar de la calidad de la película ni de la interpretación, pero el Ángel de Budapest (que emite la primera cadena de RTVE) refleja lo mejor y lo peor del género humano. La bajeza del sinsentido del desprecio a una etnia, raza o religión, la rastrera displicencia que un ser humano puede llegar a tener por la vida, el odio, la humillación, la arrogancia de sentirse superior, la debilidad de quien se camufla y hace renuncia de su esencia por pura subsistencia. Frente a ello la figura de un auténtico Señor, de un caballero de los de antes, reflejo de un alma que abriga el mejor sentido de la hidalguía, la generosidad, la entrega, el amor al prójimo, el auténtico sentido de la justicia y de la Justicia; donación hecha esfuerzo y empeño por los demás a costa de sí mismo. Emblema de un tipo de personas, de una estirpe de hombres que debería de ser estudiada y protegida, porque de ellos quedan menos ejemplares que del lince ibérico. Gente que huye de los prejuicios, que hace de su educación, formación y corazón valor para el prójimo. Un diplomático, casado con una Señora de la más alta sociedad santanderina, que puso en riesgo su vida por el otro. El prejuicio de unos le habría metido en el saco de algún estereotipo sin duda falso. Podría haber tenido una salida fácil y airosa, sin riesgos y sin críticas. Podría haber mirado para otro lado. Pero su educación, su corazón y su propio ser sin duda le impelían a lo contrario. La diferencia entre el ser y el deber ser. Algo que parece desconocido hoy en día.
Ángel Sanz Briz, producto de una época, de una educación y de un entorno que formaron a un hombre no solamente inteligente, sino tocado por la mano de Dios. La generosidad personificada, sin arrogancias y sin altanería. Un español de una región recia y noble, un aragonés que hace honor a su tierra, un zaragozano que revive su particular “Sitio de Zaragoza” en tierra extraña, defendiendo a otros que son los suyos simplemente porque son seres humanos. Un Justo entre las Naciones que sin duda se ganó un lugar por sus propios méritos en la Mesa del Padre. Y mientras, la mayoría miraba para otro lado en el mejor de los casos; mientras él se la jugaba salvando la vida a más de cinco mil judíos. Un ejemplo de español protagonista de una gesta digna de ser enseñada.
Mucho de esto personificaba Adela Quijano Secades, su mujer. Independientemente del cariño que yo pudiera tenerla, Adela era una señora de una personalidad arrolladora, de una simpatía fuera de lo común, y de una elegancia propias de su época y de su origen.
Una de sus nietas, Oliva Andrada-Vanderwilde Sanz-Briz, hereda parte de los rasgos de sus abuelos, porque hay perfiles que cuando son inculcados desde pequeños pasan a formar parte de la personalidad como pegados a la piel. Porque la educación marca. Y como la educación marca, hemos de esforzarnos por que la reciban los más pequeños; propios y ajenos. A quienes podemos influir de manera directa, y quienes no tienen más recursos que nuestro propio ejemplo. Algo que dar a quien no tiene.
Ejemplos que derriban falsos mitos y eliminan prejuicios.
Pero el Ángel de Budapest no es sólo un ejemplo para su familia, lo debería ser para todos los españoles, para la gente de bien, para cualquiera que conozca su historia. Alguien no simplemente a quien respetar; alguien a quien honrar y de quien aprender.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Buscando un regalo para el Niño

Se va acercando la llegada del Niño y trato de ir soltando lastre, recapitulando lo que ha sido este año, eliminando todo aquello inservible. Intento ir buscando qué podré ofrecerle. Quiero presentarme desnudo ante él para entregarle lo mejor y más puro que tenga, aquello que le sea más grato. Pero por mucho que lo intento, por el momento, todo lo que encuentro son los regalos que Él mismo me ha ido haciendo.
Es cierta la crudeza del paro, que marca y tumba, que desestabiliza desde muchos puntos de vista, mostrándote una realidad descarnada. Pero ahí le veo también a Él cogiéndome de la mano para ni siquiera asomarme al abismo. Es mucho, muchísimo más lo que me ha regalado. Está conmigo. Le siento y además cuento con quien me ayuda a reconocer esta realidad. Poder vivir tu propia fe en una comunidad sólida; el apoyo de mi mujer, mis hijas, el acompañamiento paciente y generoso. Y todos los nombres que este año han entrado en mi vida; en mi vida y en la de mi familia. Y todo por nada. Y todo casi a base de casualidades, en las que no creo. Su mano ha ido guiando los pasos para colocarme donde debía estar y toparme con las personas que Él mismo quería y de las que no paro de aprender. Y eso me hace feliz.
Estoy ahora ante la Luz de Belén, y sentado en el suelo bien cerca no siento más que la luz y el tibio calor que desprende. Pero es extraño porque apenas acierto a distinguir si ese calor viene de fuera o me sale de dentro. Está también dentro, pero deseando salir y compartirlo.
Me encuentro sereno, aunque creo que me voy acercando a la realidad de que me falta algo. Y creo que cada día soy más consciente de que es la inactividad (no sólo la laboral) la que marca el vacío que me señala hoy incompleto. Porque tenerle y no saber darlo es el mayor acto de egoísmo que pueda cometer cualquier ser humano. Busco el cómo. Asentado en Él, he de ubicarme en el mundo.
Continúo escudriñando cada día de atrás hacia adelante para hallar en mí algo que ofrecerle. Como un niño hunde las manos abiertas en la arena yo trato de meterlas en mi corazón, pero o lo que hay se cuela entre los dedos  o sencillamente no hay nada, porque salen vacías.
Queda poco, pero sé que aún estoy a tiempo. Por eso me afano en la búsqueda.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Antón Pirulero

"Cada cual atienda a su juego, y el que no lo atienda pagará una prenda". Sonará raro, pero esta mañana, ante el Cristo del Perdón en PS me he acordado de esta canción infantil. Creo que ha sido por lo del pagar la prenda.
A los pies del Cristo nos ofrecen dos oraciones. La primera es la Ignaciana “Anima Christi” que me encanta, aunque a mí me gusta más la versión original “et pone me iuxta te” en lugar del “iube me venire at te”, tal y como aparece manuscrita por primera vez en Excercitia Espiritualia de 1548. Me parece que expresa mejor la acción primera de Dios que es quien nos ama primero y es quien nos salva y nos redime; más que ordenarnos ir a Él es Él mismo quien nos sienta a su mesa. Puedo ser un friki, pero la rezamos en versión original cada noche con las niñas. La segunda oración, y la que realmente me trajo a la cabeza el Antón Pirulero, es el tradicional soneto español “No me mueve, mi Dios, para quererte”. Y lo hizo por contraposición al “no me mueve el infierno tan temido”, que sería algo así como la prenda. Siento de verdad que ni me mueve el Cielo prometido ni el infierno temido para quererle. Supongo que se debe a una evolución personal, a la fe, que no es si no la respuesta a una llamada. Y sé que se debe en gran parte a quien me acompaña y a la gente entre quien tengo la suerte de vivir mi fe. Yo he decidido atender a mi juego, y dónde hacerlo; adónde me lleve no es cosa mía, sino Suya.
El caso es que cada uno sea capaz de atender a su juego, que se atreva a jugarlo. Ni por la prenda ni por el premio. Por el hecho de jugarlo; porque hacerlo es una consecuencia natural de sentirse amado por Quien nos amó primero. Porque el juego de la Vida es un juego de amor y por amor para ser compartido. Otra cosa no es Vida. Algo así como caminar a Dios con Dios en los demás. El pasado 22 de marzo, escuché a un sacerdote Redentorista en unas catequesis que no se puede caminar a Dios sin Dios. Pues no se puede caminar en la vida sin los demás, porque también en ellos está Él. No se puede caminar sólo para uno mismo, más bien debe hacerse para los demás. Compartir el Amor que uno siente y del que no es ni acreedor ni propietario; no se es más que mero depositario o custodio. Pero para compartirlo.
Y ahora que está próximo el nacimiento de la encarnación del Amor y me siento ansioso por su llegada y nervioso por acogerle, voy acercándome a la consciencia de –a pesar de todos los sinsabores- lo extraordinario que ha sido este año para mí, y que me voy acercando al Pesebre aún con timidez, pero arropado por las mejores personas y en la mejor Comunidad.
Entre otras cosas, este año me ha ayudado a derribar mitos con rotundidad, y uno de ellos ha sido sobre las distintas familias de la Iglesia. He podido comprobar que nuestra Iglesia es la institución más plural del mundo, con una cantidad ingente de carismas y familias; aunque incluso desde dentro, a veces, haya quien no quiera verlo así. Una Gracia impagable para la propia Iglesia; formas de jugar que nos vienen ofrecidas por ese pulmón amazónico del que habló Monseñor Tobin recientemente.
Lo importante es jugar, no ser un simple espectador del juego de otros o, más triste aún, un espectador del propio caminar. Buscad quien os anime, os aliente y os acompañe; si os dan largas algo falla, y no tenéis porqué ser vosotros.
Yo sé claramente donde quiero atender a mi juego. Animo a todos los que ya sientan esas pequeñas ganas de lanzarse al tablero, que elijan para empezar a mover ficha; mover ficha, porque la partida empezó el día en que Dios decidió amarnos, el día en que fuimos concebidos. Juegos hay tantos como personas, y los lugares donde jugar inagotables. Simplemente hay que atender al propio juego.
Y voy jugando al tiempo que con tímidos pasos creía acercarme a una supernova; pero sé que no lo es, porque esa Luz que me va atrayendo ni decrece ni se extingue.
Animaos y atended a vuestro juego; no sabemos cuándo aparecerá el "game over".

La Luz de Belén

Ya luce en mi casa la luz de Belén. La traen de la Gruta de la Natividad los Scouts de Austria, y desde allí nos la ofrecen en la Parroquia Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, en la calle Manuel Silvela 14, de manera que todos podemos acercarnos a por ella para que luzca en nuestros hogares.
Con este cuarto domingo de Adviento, ya están encendidas todas las velas de la corona, y ahora, con la Luz de Belén notamos cómo empieza a sentirse el calorcito del Portal.
Esta noche, en misa de nueve, la misa que la Parroquia dedica de manera especial a los jóvenes, no se notaba tímidamente la cercanía de ese calor, la iglesia directamente ardía. Con las luces apagadas a la espera del comienzo, todos esos jóvenes eran como un ejército de luciérnagas.
Nada más entrar – siempre me gusta llegar pronto- me encontré con el templo abarrotado de jóvenes, y eso hoy en día sorprende. Sorprende si no se tiene en cuenta que estamos en una parroquia Redentorista, porque sabiéndolo es de lo más natural que el grupo de jóvenes sea mucho más que nutrido. La Constitución 20 dice que “no presumen de sí”, pero la ventaja que tiene no ser más que un laico es poder presumir de ellos abiertamente y a pulmón lleno, sacando pecho como quien presume de un hermano o de cualquier miembro de la familia; del sacerdote que presidió la Eucaristía y que realiza una labor con los jóvenes inconmensurable, entregada, constante, alegre; del sacerdote que nos leyó la Palabra, del religioso sentado a su lado. Como presumo del sacerdote de la Misa de niños, del sacerdote que nos acompaña en el grupo de matrimonios, del párroco y de todos y cada uno de los que forman parte de esa Comunidad. La luz de Belén estaba hoy ahí, y yo fui con la vela en un farolillo para traérmela a casa y poder celebrar el Nacimiento con la misma luz que en la Natividad de Belén.
Y aunque ellos no presuman de sí, como yo no tengo porqué no hacerlo, confieso que una llamita de la Luz, mucho de su Calor, se ve a diario en Jorge, en Pedro, en Damián, en Juan Antonio, en Octavio, en Nicanor, en Olegario, como en Víctor, en Carlos, en Miguel, en José Luis, en Bryan, en Gerard o en cualquier otro Redentorista de cualquier punto del mundo. La sientes cuando estás personalmente con ellos, o aunque la relación sea por la pantalla de un ordenador.
Tratarlos es quererlos y llevándolos en el corazón llevas una pequeña brasa encendida. El “problema” se te puede presentar cuando tomas consciencia de que tu propio calorcito interior no puede quedarse simplemente ahí dentro porque no sería más que estéril; de que comunicarlo y compartirlo se convierte en una necesidad. Rendido a la evidencia, ya encontrarás el cómo y el dónde, o ya te ayudarán a encontrarlo. Sea cual sea tu estado, sea cual sea tu circunstancia. Lo importante es rendirte y abandonarte a la evidencia de que no se va a apagar.
Como ejemplo de esa Luz esparcida por el mundo, dos jóvenes nos relataron su experiencia misionera en Honduras con la comunidad Redentorista del lugar. Cada vez que escucho una historia similar a un laico, hay un hilo conductor común: la alegría, la felicidad de la que han sido contagiados.
La Luz ya brilla en mi casa, y si Dios quiere, con ella celebraremos la Nochebuena, la cena en familia. Y con esa luz en el rostro acudiremos a la Misa del gallo para seguir celebrando en familia.
En familia, María y yo tratamos de que esa luz prenda en el corazón de nuestras hijas. Y lo hacemos con convencimiento, con fe, con pasión, con alegría y con la absoluta seguridad de que lo hacemos dentro de una gran y entregada Familia.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Cena en Familia. Lugar: PS

¿Qué ocurre en la casa de cualquier familia ante una cena navideña? Pues que se corren muebles y se hace hueco, porque normalmente viene más gente de lo habitual; se coloca la mesa, el mantel; la cocina se convierte en un lugar de especial ajetreo, preparando la comida, afanándose en que esté a punto y lo mejor presentada posible. Cada miembro de la familia, aportando algo de sí, ayudando en lo que puede o en lo que se le manda. Y además, todo ello con especial ilusión, una ilusión individual y colectiva, porque hasta eso se comparte.
Una vez listo cada detalle, se recibe a los que van llegando, y antes de empezar a cenar, se bendice la mesa de una forma especial, ya que estamos en Navidad.
También es bastante normal que se acabe con una pequeña – o grande- borrachera, que las copas es lo que tienen.
Todo eso, absolutamente todo eso, ha pasado esta noche en PS. Eso y mucho, muchísimo más.
Para mi mujer, mis hijas y para mí ha sido nuestra primera Cena Parroquial navideña en esa Familia. Y así lo hemos vivido, en familia, en una enorme familia.
Preparar la Capilla, adonde acudo a diario a la Eucaristía que es precisamente la conmemoración de la Última Cena, para mí ha sido simplemente como preparar el comedor de mi casa. Quizás a alguien le parezca una barbaridad, pero así es. Era la primera vez, y ya sabemos que las primeras veces son especiales e inolvidables se trate de lo que se trate. Pero claro, tenía al mejor maestro de ceremonias, al que iba ayudando, porque hacerlo con Nacho facilita las cosas. Tengo la manía de querer empaparme de todo, de tratar de interiorizarlo todo, lo que hace que a veces parezca bastante más serio de lo que soy. Bueno, uno es como es, pero iba esculpiendo en mis retinas cada colocación, cada gesto. Y disfrutando como un niño, como lo hacen mis hijas cuando nos ayudan a poner la mesa cuando viene un invitado especial. Y fueron llegando más miembros de la familia, y se seguía intentando ayudar, aunque fuera en casi nada.
Vestidas las mesas, fueron trayendo carritos con bandejas que fueron convenientemente distribuidas. Mientras, los niños iban ensayando con Lalo – un tipo tan extraordinario que utilizar esa palabra unida a su nombre cambia el significado originario de “tipo” por algo así como Grande de España, pero de los de verdad, de los grandes por inmensos-.
Cuando vi entrar a María con Toya y Paula el corazón casi me rompe las costillas. Uno es así de raro. La familia en la familia.
Se abrieron las puertas y aquello eran ríos de personas. Ni me lo podía imaginar. Una Familia inacabable.
La actuación de los niños, del grupo de mayores, el baile y la zarzuela IMPAGABLES, Damián…… ¿qué decir de Damián a pleno pulmón? Pues nada, porque para quedarme corto es mejor no decir nada, sólo que ahí estuvo regalándonos, además, su voz.
El Padre Nicanor bendiciendo…….. y ¡al ataque!!! Los niños disfrutando como enanos, todos pasándolo bomba. El Padre “Guti” sirviendo el caldito, el Padre Olegario iluminándolo todo con esa paz especial de su sonrisa (lo siento, pero no me pienso quedar sin decirlo: yo secuestraría al Padre Olegario para traérmelo directamente a casa y poder disfrutar permanentemente de la bondad que desprende). Todos un poco borrachos; sí, borrachos. O locos. Porque aunque no había ni una gota de alcohol, la borrachera de alegría era más que evidente. Iba a haber escrito “buen rollito”, pero no era eso, era algo más. ¿Por qué era algo más? Porque celebrábamos que en breve nacerá un Pequeñín. Sólo por eso. De locos ¿verdad?
Y encima, en la rifa va y…… que me toca un ajedrez (de iridio, eso sí, porque qué barbaridad cómo pesa, menos mal que Julio y Pilar me lo trajeron en coche).
Una cena en familia, en la que, como en casi todas, algún pequeño caía por el sueño o el cansancio.
Y yo ahí. Que sí, que en casa, que en familia. Pero es que casi no me lo acabo de creer. Y además pude estar desde los preparativos. Y todo ¡GRACIAS! a un innombrable.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Virgen y las fotos eróticas de un calendario

Acabo de ver alguna de las fotos para un calendario de una marca de galletas alemana en las que Paz Vega aparece fotografiada utilizando el morbo sensual y la Virgen.
He de reconocer que me molesta profundamente. No puedo evitarlo, y eso que soy cántabro, y conozco no solamente los capiteles románicos con escenas eróticas de la Colegiata de Cervatos, sino los repartidos por el resto de Campoo, Valderredible y casi toda la zona sur de Cantabria. En fin, creo que es una barbaridad por mi parte que se me haya ocurrido equiparar el románico con esas fotos, por muy buena que esté la actriz.
Hay un par de hechos que me parecen de especial mal gusto:
-         EL primero, utilizar de semejante forma la imagen o la misma idea de María, la siempre Virgen María, con una tía en cueros, cubierta solamente por una mantilla, haciendo que reza arrodillada dentro de un lugar santo.
-         El segundo, que en otra de las fotografías, en las que aparece “disfrazada” de Dolorosa, se utiliza la propia imagen de la patrona de Gerena, la Virgen de la Encarnación.
Me ha molestado y me ha ofendido, pero no me ha escandalizado, que uno ya no se escandaliza casi por nada. Desde luego, de esa individua, no me ha sorprendido lo más mínimo. Y me molesta y me ofende a mí, a título particular e individual, como católico, como devoto de la Madre de Dios; me molesta y ofende especialmente teniendo en cuenta que en breve celebraremos el nacimiento de su Hijo, el Redentor. Sí, Dios, hijo de Dios y Redentor de todos; porque la quieran o no, lo crean o no, les guste o no Copiosa Apud Eum Redemptio, en Él la redención es abundante. Y se ofrece también a esa ciudadana, a los dueños y accionistas de esa marca de dulces, a los fotógrafos, iluminadores, a quienes compren el calendario de marras, incluso a los miembros de la Hermandad del Santísimo Sacramento del Altar y Nuestra Señora de la Encarnación ¡que manda huevos!
De ser cierto lo que aparece en los medios online, lo que veo sin ninguna duda más grave es que alguna de esas fotos se realizara con el consentimiento de la Hermandad. Eso sí que ya no tiene nombre. Nos pongamos como nos pongamos, no tiene nombre. Lo de Paz Vega, y quienes financian y realizan el calendario no es más que cuestión de la libertad personal de cada uno, aunque a veces se ejerza ofendiendo a creencias y personas. Pero, por ser sincero, aún no conociendo en absoluto a esa Hermandad, tampoco me sorprende nada. Y no me sorprende por el discurso erótico-laical que ha calado en la sociedad. La realidad te tumba. La realidad de la banalización del cuerpo y el sexo. La banalización de lo sagrado. La realidad del colegueo no solamente de los fieles, si no de fieles y algunos curas pseudoprogres que, quizás por buenismo, entran al trapo de una manera brutal y descarnada por insensata en el desmadre erótico-sexual, al ritmo del “es que es lo que hay, la juventud hoy es así, la hormona es la hormona, si no pasa nada, e incluso algún ¿virginiqué? que otro”. Y seguro que muchos de los que se meten en ese discurso, en el fondo ni se lo creen. En fin, también para ellos es esa Redención. Pero de esos “polvos”, vienen los lodos que nos arrasan en la actualidad. No hay más. No quiero parecer un puritano impenitente, porque no lo soy. Ni tengo intención de lanzar ninguna piedra. Además uno de mis libros favoritos es “Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”, de José Luis Martín Descalzo. Allá cada cual. Todo lo normal, es normal, y lo que se excede, o bien hace saltar la línea o cortarse los pies sobre el filo de la navaja mojándonos a todos con gotitas de sangre que no son precisamente las derramadas en la Cruz.
Eso sí, hay cosas que permanecen invariables. La primera la Palabra, el Evangelio, el Mensaje de Cristo. Es el que es y no otro. Pero también la juventud, que siempre ha sido igual, y la hormona siempre ha sido la hormona (y no he oído de nadie que llegara a estallar por un pelín de normalidad en su vida). Coño, ni que fuera nuevo.
Bueno, hay otra cosa invariable desde el inicio de los tiempos: siempre hay cretinos dando la nota.

De lo que no me cabe tampoco ninguna duda es de que la menos ofendida es la Virgen. Entristecida puede, pero ofendida ni en broma. Al fin y al cabo es Perpetuo Socorro para todos ellos, para todos nosotros.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Parroquia de La Inmaculada, Alto de Miranda; sí, Redentoristas

Mini puente en Familia. Nada más entrar en casa de mis padres y ver cómo mis hijas iluminaban la cara de mi madre, le di a mi padre una cierta cruz bendecida por un sacerdote amigo; verle agarrado a ella llevándola a la vista, además de hacerme sonreír porque parece un obispo con la Cruz Pectoral, me llena de orgullo. Llegamos de Madrid a Santander el día de la Purísima, con lo que teníamos claro que siendo la Patrona de los Redentoristas nuestra misa no podía ser en otra iglesia que en La Inmaculada, en el Alto de Miranda.
El viernes disfruté de una mucho más que agradable y abierta tarde con un inmenso misionero de esa Congregación. Ha empezado a acompañar a mi padre casi de la mano del sacerdote que me acompaña a mí; eso me llena también de orgullo. Quizás no esté bien que así sea pero es lo que hay. Hay cosas que son como son. Ya le conocía porque habíamos coincidido en alguna ocasión en Madrid, pero la del viernes fue una conversación profunda, sincera y muy divertida. Un corazón, el mío, al aire entorno a unos cuantos cafés. Espontánea y sin dobleces. Y otro corazón, el suyo, curtido en el Amor y la entrega en la Misión. Bondad, inteligencia y humor a raudales.
Sentarte a hablar con un Redentorista, incluso aunque apenas le conozcas, es como continuar con una conversación ya iniciada, como si tu interlocutor formara parte de tu vida desde siempre. Sin medir las palabras, sin miedo a hablar de más ni a meter la pata (y últimamente me estoy especializando en esto por muy buena intención que tenga). Te parece sentir el fuego de una chimenea y escuchar el crepitar de la leña porque se genera una sensación de hogar casi de película. Y despedirte te deja un cierto sabor a algo inacabado, a haberte dejado algo, casi como reflejo del deseo de que no termine nunca, o como simple excusa para poder continuar en otra oportunidad.
Más allá del cariño a las personas, y bien sabe Dios que lo tengo por alguno en concreto, se produce una suerte de identificación profunda y sincera que te implica y autocompromete. Una conexión no simplemente voluntaria, una conexión que no se inicia en uno mismo si no que es acogida como venida de fuera con un gozo sorprendente. Y se expande a tu entorno con una felicidad que a veces no entienden. Alegría sin ruidos. Ni unos entienden la autoimplicación ni otros la felicidad.
El caso es que de la mano de éste Padre he tenido la fortuna de recorrer cada rincón de la casa, me han abierto cada hueco, mostrado cada esquina. Ni siquiera flotaba: estaba andando por allí como si ya lo hubiera hecho antes. Saber que comenzaré el 2012 comiendo con mi mujer junto a la Comunidad es una nueva causa de felicidad.
Una tarde inolvidable junto a un párroco del que no quisieras despedirte.
Y la misa de niños del domingo –obviamente en el mismo lugar- ha terminado de poner la guinda de un puente exclusivamente familiar. Qué idea más buena la de dar a los niños, plastificado, el CREDO, para que puedan ir memorizándolo e interiorizándolo de forma natural, que para algo es nuestra profesión de FE.
Y todo gracias a Dios, y a alguien a quien ni nombro pero que es, por encima de todo, un pedazo de Pan.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El florecer de Atacama camino de Belén

Ponernos en disposición de vivir el Adviento como tiempo de preparación para la gozosa Venida del Niño Dios es sencillamente una gracia en sí misma. Yo tengo la suerte de poder hacerlo en familia, y en una comunidad sólida y que impregna cada actividad de una alegría que sólo puede provenir del Redentor.
Comenzarlo interiormente de la mano de Juan, para ir siguiendo los pasos de María y José hace que vayan cayendo como minúsculas gotas de Su Gracia para ir vistiendo de color el arenal de mi alma. Esta mañana, escuchando el canto de entrada de la Misa Pampina del jesuita Cristóbal Fones, me he dado cuenta de cómo en estos días que ya han transcurrido desde que comenzó el nuevo Año Litúrgico, se van notando las gotas del manantial de Agua de Vida que esperamos la Noche del 24, capaz de hacer florecer incluso el Atacama, el desierto más árido del planeta; capaz de hacer florecer el alma más reseca regándola con su Palabra e iluminándola con su Luz.
La voluntad y la disposición han de ser individuales, pero qué fáciles ponen las cosas los Redentoristas, sacerdotes, religiosos y laicos. Ya, ya sé que obviamente puedo no resultar objetivo a primera vista, pero mirando bien los hechos, podemos darnos cuenta de que lo que afirmo es de una objetividad que casi lleva al hiperrealismo vital:
            Comenzamos con un concierto ya mítico organizado por el Grupo de Jóvenes; desde el lunes de la semana I nos ofrecen unas catequesis semanales que nos despiertan, edifican y animan para recibir al Niño; tenemos la posibilidad de rezar Laudes cada mañana con parte de la Comunidad, algo que para mí está siendo indescriptible, y vísperas en la misa de 19h; este sábado un numeroso grupo de familias pasamos una intensa jornada en Cercedilla compartiendo el día catecúmenos de Primera Comunión y de Confirmación, catequistas y padres, jugando, reflexionando y orando sobre este tiempo; ese mismo día, otros participaron en una Marcha Solidaria a beneficio de AS, la ONGd Redentorista; el Triduo a la Inmaculada… Y no hablo de lo que queda por que ya irá viniendo.
Y no es algo improvisado o que llegue de la nada, porque cada día del año van plantando semillas de Redención que florecen con la lluvia de la Gracia, por eso en los tiempos fuertes todo se intensifica. Por eso, sean cuales sean las circunstancias o a pesar de ellas, al escuchar la canción de Fones me he dado cuenta de cómo mis nubes han empezado a disiparse, la Luz ilumina y se va empezando a sentir el calor del Pesebre.
Y así voy recorriendo este tiempo de Adviento, bajo una Estrella y camino de Belén.