jueves, 29 de mayo de 2014

Padre y tierno

Esta tarde se ha generado un espontáneo debate en Twitter. Comenzando con la clase de Religión se ha acabado tocando el papel de la madre y el padre en la transmisión de la fe. Las conversaciones son así cuando son espontáneas y sinceras: empiezan de una manera y terminan ve a saber cómo.

Cada uno es como es y yo, ya lo he dicho muchas veces, soy un tipo peculiar. Tan peculiar que desde el minuto uno me entusiasmó el especial énfasis del Papa Francisco sobre la ternura. Yo reivindico la ternura del padre tanto como la de la madre. Reivindico, no una utopía, sino el reconocimiento de un hecho real.

Cada vez que afirmamos que es la madre la transmisora de la fe, que es la madre quien se encarga de la educación y el cuidado de los hijos establecemos unas diferencias artificiales que no son solamente lingüísticas, sino que contribuyen a asentar estereotipos alejados de la realidad y de la sociedad actuales. Me parece injusto porque en el fondo aparta a la mujer de las mismas oportunidades laborales que el hombre; me parece injusto porque aparta al hombre de su derecho a ejercer con ternura y responsabilidad la custodia de esas vidas con que el Señor nos regala a los padres. Me parece injusto y retrógrado infundir en los pequeños la imagen de épocas pasadas y que creo que hay que superar. Es tan injusto y doloroso como que se conceda la custodia de la prole a las madres por el mero hecho de serlo.

Yo soy de Santander, pero vivo en un piso en Madrid, no en una cueva como la de Altamira. Mi época no es el Magdaleniense, vivo en el siglo XXI. No salgo a cazar bisontes, ni mi mujer se dedica en exclusiva al cuidado de las niñas. Ambos luchamos por ellas, ambos nos desvivimos por ellas con el amor y la ternura con los que hemos sido dotados de manera individual, y que se ven acrecentados como matrimonio. No hay Mamuts por la Castellana. La vida es quizás más compleja y el género humano ha evolucionado desde entonces. Ni siquiera he visitado las del Soplao porque no me seduce nada la idea de meterme en una cueva; lo encuentro regresivo. Soy así, qué le voy a hacer.

Pero no soy tan raro. Son muchos los casos, como el nuestro, en los que los padres por igual transmiten la fe a sus hijos; como hay casos en los que es la madre quien lo hace, o es el padre. No es una cuestión de sexo. Es precisamente eso, una cuestión de fe y ésta es un don independientemente del sexo; es una cuestión de responsabilidad, y ésta es independiente del sexo; es una cuestión de ternura, y ésta es independiente del sexo; es una cuestión de educación, y ésta es –o debería ser- independiente del sexo.


Debo de ser rarísimo, pero soy un hombre, soy padre y soy tierno. Y me encanta.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La Vida a lo grande

Las palabras del P Pedro y de Daniel Primo fueron las que me hicieron fijarme en los ojos de aquellos chicos; sí, brillaban más que las velitas diseminadas por el suelo y sobre el altar. Si la fe les salía por los ojos debían de estar ardiendo por dentro.

Toda una suerte poder estar frente a ellos dirigiéndoles unas palabras, junto a Dani y a su hija Blanca. Una suerte vivir tan intensamente la Vida. Orar con y por un puñado de jóvenes que en breve recibirán el sacramento de la Confirmación. La Vida en directo impulsada por el mismo Espíritu. Unos jóvenes sanos, normales; unos jóvenes como hay millones en el mundo. Unos jóvenes extraordinarios que pueden y quieren decir “sí” a Cristo. Bajo la mirada del Padre, tras el camino del Hijo y alentados por el Espíritu. Eso es vivir la Vida a lo grande.

Arropados por sus Catequistas, por la Comunidad del Perpetuo Socorro. Cómo dijo el P Damián, qué contentos debían sentirse San Alfonso por esos jóvenes y Santa Rafaela María por quienes de ellos estudian o han estudiado en el colegio de las Esclavas de Martínez Campos.

Mientras transcurría la Oración en la Capilla de la Coronación, en la Iglesia se celebraba un funeral. El trece de junio serán las confirmaciones. Éste sábado tendrán lugar las Primeras Comuniones. Habrá también algún bautizo. Eso es la Vida. El ritmo normal de cualquier Parroquia, el ritmo normal de la Vida. La Vida a lo grande. Porque entre la vida y la Vida, es la fe la que eleva los dos palitos de la “V”, es la alegría de la fe lo que hace la Vida extraordinaria. Bajo la mirada del Padre, tras el camino del Hijo, infundidos del Espíritu. Pero no somos tontos. Somos “locos”, pero no tontos. Sabemos que ese camino es el de la Cruz; no hay Vida sin Cruz. Pero las cruces de la vida no ensombrecen la certeza de la Vida.

Esos jóvenes, los niños que comulgarán por primera vez, cada corazón que late en el vientre de una madre son la confianza de Dios en el hombre, son la esperanza del hombre en Dios.

Y en PS lo vivimos en Familia, nos arropamos en Familia, nos sostenemos en Familia. Ahí estaba yo, scalando en Familia, dando gracias a Dios por tanto joven bueno; ahí estaba yo, scalando en Familia, pidiendo al Señor por quienes o no le conocen o le niegan.


Hoy me acostaré de nuevo agradecido por vivir la Vida, sencillamente, a lo grande: con fe. Hoy, una noche más, la Esperanza velará mi sueño.

miércoles, 21 de mayo de 2014

De la perseverancia

Cuando los nubarrones son tan espesos que el día parece noche, cuando la respuesta no parece ser otra que el silencio, cuando el frío atenaza las entrañas, el temple muestra la solidez de la fe. Perseverar, orar. El gran maestro de la oración y la perseverancia, San Alfonso, sale en ayuda mostrando el camino de la oración y la perseverancia. Ambas. Perseverar en la oración aunque a veces parezca estéril. Y perseverar en la oración cuando ésta se nos antoja estéril es otro acto de fe.

Pero vuelves a entender que cada mañana nos visita el sol que nace de lo alto, más allá de las nubes; que la respuesta, a veces, es el silencio; que es con frío cómo más se agradece el fuego en el hogar.

La oración como gran medio para ir scalando al cielo y la perseverancia que serena los ánimos. Y con ellas la confianza y la espera. Permanecer en Él y dar fruto abundante. Aprender a no confundir el éxito con el fruto, porque quizás el camino sea ir haciéndose cada vez más pequeñito; aprender a no mirar hacia atrás ni siquiera en busca del fruto; aprender a confiar en que éste llegará lo veamos o no. Lo importante es el fruto, no el hecho de ser conscientes de su existencia; eso puede agradar, más en ese agrado también se puede refugiar el orgullo.

Oración, perseverancia, confianza, espera. Y el gozo de sentirse amado, de permanecer en Su amor. E ir scalando a la Alegría. Permanecer en Él y pidiéndole.

Perseverar a plena luz del sol, en el diálogo claro y con fuego interior no es perseverar, es gozarse de una realidad. Es en las condiciones adversas cuando la perseverancia muestra su grandeza y descubre la grandeza de los humildes; porque para perseverar hay que ser humilde. Es bajo los oscuros nubarrones cuando la perseverancia se revela faro y la oración camino.


De la mano de San Alfonso, así voy: perseverando, orando, confiando, esperando. Con todo de mi parte y dejándole hacer.

sábado, 10 de mayo de 2014

A la luz de mi conciencia

Cuestión de conciencia, de la mía y, por lo tanto, lo que expreso en estas líneas no es más que una opinión meramente personal e individual.

Estamos de nuevo inmersos en la pesadez necesaria de una nueva campaña electoral y, a la hora de discernir con claridad la emisión de mi voto, a mí, que soy un tipo de lo más peculiar, me pesa la conciencia.

Por mucho que se traten de elecciones al Parlamento Europeo, y nos parezca a priori lejano, son realmente importantes porque, entre otras cosas, aquello sobre lo que no tienen potestad de legislar hoy quizás la tengan mañana; la vida, por ejemplo. Y, en el tema de la vida, mi conciencia me impide otorgar mi voto a ningún partido que no la proteja como un derecho irrenunciable desde el momento de la concepción; a ninguno. El nasciturus. Como no admito la eliminación de la vida fuera del seno materno. Aquí no me sirven aplicaciones de la teoría del mal menor; no me sirven descartes ni antes de nacer ni en la ancianidad o en la enfermedad. La Vida le pesa a mi conciencia.

Tampoco me permite mi conciencia apoyar a quienes eliminan la dignidad de los más débiles, ningunean a los más débiles, porque los más débiles son quienes más han de ser protegidos por la sociedad y, por lo tanto, por el Estado. Otorgar mi voto a quienes generan la debilidad y la pobreza llevando a todo un país a la ruina, creando demenciales fracturas sociales de manera casi sistemática sería, a la luz de mi conciencia, una indecencia, una irresponsabilidad que clama al cielo.

Fortaleciendo al individuo se fortalece a la sociedad, cuando esto se hace con una visión social individual y global, y el papá Estado ha de velar por su conjunto, es decir, por el individuo y por la sociedad que conforma; velar por la propiedad privada y por una justa distribución de la riqueza. La pobreza le pesa a mi conciencia y clama al cielo. La pobreza interna le pesa tanto a mi conciencia como lo hacen las concertinas. La primacía de la libertad individual debe estar encauzada al bien común. Tampoco puede ir mi voto para quien no contemple así la realidad social de mi país, porque el peso de la Historia y la salvaguardia de las fronteras no tienen por qué estar reñidos con la justicia humana.

Las cosas mejoran, eso es ya innegable. Lo hacen de momento en un plano global, porque la sangría nacional en puestos de trabajo fue tan brutal, sólida y despiadada que el daño ha sido dramático, que los niveles de desigualdad social generados han sido indignos y la pobreza vergonzosa, injusta y cruel. La cosas mejoran y, una vez más, parece que los mismos de siempre nos vuelven a sacar de un desastre indigno. Pero la elección de por dónde recortar, es elección de quien gobierna, y se ha elegido mantener un elefante administrativo y una duplicidad de administraciones, y recortar por abajo aumentando la debilidad de los más débiles. Pesa una vez más mi conciencia.

Para qué hablar de la educación si llevamos décadas de adoctrinamiento en reinos de Taifas; han convertido la Educación en manipulación de la historia, en el opio del pueblo para poder ser manejado. Meter aquí la conciencia sería casi correr el riesgo de acabar esquizofrénico si los políticos, todos, no son capaces de llegar a un pacto ajeno a los colores de cada uno.

La corrupción es tan sangrante por casi todas partes que su existencia clama al cielo y le pesa a mi conciencia.

Votar es importante y, para mí, hacerlo es una cuestión de conciencia. Porque es desde dentro, con un simple papel, como podemos contribuir de una manera pacífica y efectiva a mejorar el presente y el futuro de nuestra sociedad. Alentar a los jóvenes a la política dentro del juego democrático, es alentar también la cultura del esfuerzo. La manera más justa y la única democrática de canalizar la indignación, el descontento o el aplauso, también la de los jóvenes, sean cuales sean sus ideas, es a través de la urnas.

No seguiré poniendo ejemplos porque, lamentablemente, podría eternizarme. Votar en conciencia es vivir en armonía con la propia conciencia. Ahora me queda, a la luz de mi conciencia, ver si de la baraja de los partidos me queda alguna carta con la que poder jugar. Y creo que sí.

lunes, 5 de mayo de 2014

Sonrió desde el cielo

Esta tarde he estado en un funeral. Bueno, no simplemente he estado. He participado con la oración y el corazón. No conocí a la persona por quien se celebraba, pero sí a alguno de sus hijos y de sus nietos.

Yo, para esto de los funerales y las muertes soy un tipo raro. Siempre lo vivo como algo normal, sin dramas. La pena del vacío está siempre presente, pero encuentro tan humana, tan divina una muerte en Sus manos que la presencia de la Luz minimiza el resto para que resplandezca lo fundamental, la verdadera Vida.

No sé si será psicológico o directamente producto de la fe, pero así lo vivo. La pena viene luego, pero lo hace de una manera serena independientemente de los dramas terrenales que pervivan. Lo sé. Soy un tipo peculiar.

No conocí a la persona por quien se celebraba el funeral, pero quiero a alguno de sus hijos y de sus nietos, y no por ser yo un tipo peculiar, sino porque ellos son, cada uno a su modo, extraordinarios. Tras la Eucaristía de hoy, tengo el convencimiento de que eso que les hace extraordinarios, la bondad, o es genética o inoculada y transmitida por quien les acaba de dejar, su madre y abuela, de lo que deduzco que debió de ser una mujer también extraordinaria, generadora de una familia de buenos. Y esto de la bondad, francamente, no abunda. Radicada en la fe, una bondad en la que uno puede confiar tranquilo sólo mirando al fondo de los ojos de muchos de los miembros de esa familia. Seguro que sabrán transmitirla a los pequeños biznietos.

Me gustan los funerales en los que resplandecen la fe de quien se fue y de su familia. Que sí, que soy peculiar. Me gustan porque hacen de los fieles, de la Iglesia, una Familia real, una oración conjunta y en familia. Dicho así puede parecer naif, pero es la realidad. El de hoy ha tenido lugar en casa, en PS, presidido por alguien a quien quiero, concelebrado por sacerdotes a quienes quiero. El santuario hoy estaba lleno de gente que quiere a esa familia, siguiendo, participando en la ceremonia con un respeto que va mucho más allá de convencionalismos. Yo les había saludado antes de la misa, por lo que tras la comunión me fui al fondo del templo y, desde allí, pude contemplar la imagen bellísima del calor y el respeto de quienes decidieron acompañar a unos amigos despidiendo a su madre. Se respiraba cariño; sí, el cariño caldeaba el ambiente. Significativo. Envidiable.


Sin duda hoy alguien sonrió desde el cielo.