domingo, 30 de octubre de 2011

Unos jóvenes inmensos

Ayer disfruté de una noche estupenda rodeado de buena gente, realmente buena gente. Un grupo de jóvenes universitarios, un amigo de mi grupo de matrimonios y yo. Y todos de PS. Unas copas hasta las tantas, una conversación de lo más enriquecedora y una compañía inmejorable.
Mientras dábamos un intenso repaso al anecdotario personal y la conversación iba fluyendo de manera natural hacia todo tipo de temas, yo, que era el más añejo de la reunión,  pensaba que tenía frente a mí a una magnífica representación del futuro. Del futuro de mi país y de mi Iglesia. Y ahora, mientras escribo esto, me tranquiliza pensar que el futuro para mis hijas no está perdido, porque entre ellas y yo hay una generación magnífica.
Gente sana, divertida, sensata, preparada, solidaria, religiosa, comprometida; un grupo de jóvenes que representa lo mejor del género humano tanto de forma individual como colectiva. Uno de tantos grupos de amigos que no meten ruido, que no salen en la prensa escrita ni son noticia en los telediarios porque son simple y llanamente NORMALES. Constituyen una masa enorme de personas que se desarrollan en medio de una sociedad en descomposición, y habrán de arreglárselas para tratar de enderezar el rumbo moral y económico de una España a la deriva. Chicos y chicas cargados de cordura y valores, generadores de lo que por fuerza será un mundo diferente; está en sus manos. Y de nosotros depende no ponérselo aún más difícil de lo que ya lo tienen; de todos depende que vayan mejorando las cosas para que puedan, cuando les llegue el momento, incorporarse al mercado laboral y aporten con su esfuerzo y su ilusión toda la grandeza que llevan dentro.
Me han dejado una sensación de esperanza y orgullo.
Esperanza porque con ellos no todo está perdido; esperanza porque son el ejemplo vivo de que la juventud no es realmente la que se empeñan en presentarnos con insistencia machacona y dramatismo en la televisión. Al menos hay otra juventud.
Orgullo porque todos ellos pertenecen de una u otra forma a mi propia Comunidad Parroquial, porque los conozco y los considero parte de “mi gente”. Orgullo también porque a su cohesión contribuyen de manera fundamental unos misioneros ejemplares, los Redentoristas; una pequeña muestra más de lo bien que hacen las cosas y de la fuerza, el empuje y vitalidad de mi Iglesia.
Por todo ello, hoy durante la Eucaristía en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, le he dado gracias al Señor.
Chicos, qué grandes sois.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un humilde pastor


Hoy, mi día ha comenzado de una manera extraña. Ni siquiera acierto a definirla. He retomado contacto con un queridísimo amigo a quien no veo desde el día de mi boda, y el lunes hará ocho años que me casé.

Este amigo es una extraordinaria persona, un auténtico pedazo de pan y aunque la vida nos llevara por caminos distintos siempre ha permanecido en mi corazón, porque no dejas de querer a la gente aunque no la veas. Nuestra conversación se inició de una manera espontánea e intensa a la vez, y yo le estaba animando a acercarse a los Redentoristas, cuando de repente me dice que se encuentra en un pueblecito de Castilla y León acompañando a un pastor que se está muriendo en su casa. Me habla de las maravillas de aquel hombre, de buena gente en busca de fe, y me pide ayuda; me pide ayuda y consejo para ese pastor en ese mismo momento, porque no hay tiempo para más. Lo que hablamos queda entre nosotros. A mi me demostró la fe de mi amigo, me demostró una vez más que el Señor vuelve a tocarnos de manera inesperada, y de hecho mi amigo se pasará por mi parroquia en unas semanas donde seguro que encontrará a un Redentorista que le escuche.

Cuando llevábamos cruzadas unas pocas reflexiones y yo creía que podía servirle de algo, me sorprendió con el motivo real de esta toma de contacto. No me dio tiempo ni siquiera a pensar; lo único importante era qué podía decirle, cómo podía transmitirle algo para el consuelo de aquel pastor en el momento más crucial de su vida. Torpemente hice lo que pude, pero con el hilo conductor presente en ese momento de San Alfonso y los pastores de Scala. Todo ha sido muy rápido, y ahí estaba presente en mi cabeza. Y sin dudas, pero con un enorme miedo en el fondo, tratando de ser simple, claro, sencillo; intentando transmitirle fe, intentando transmitirle la esperanza y la seguridad de la Redención. Miedo a no saber, a no acertar con las palabras; pero ni había tiempo para avisar a nadie ni para llamar a nadie. Y por lo que entendí no sólo no tenían tiempo para solicitar la ayuda de un sacerdote; era una mezcla entre querer y no atreverse.

Les pido a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y a San Alfonso Mª de Ligorio que  reciban el alma de ese hombre para presentársela al Redentor. Pido por él, por toda la gente en busca de fe, por todos aquellos que no conocen al Señor, por quienes mueren solos. Y doy gracias a Dios. Gracias por la fe, aunque no paro de pedirle precisamente fe. Gracias a todos aquellos que nos acompañan y ayudan a mantenernos firmes; gracias a todos aquellos con los que puedo compartir mi fe. Gracias por poder vivir mi fe en comunidad.

Y no dejo de preguntarme por qué después de tanto tiempo fue conmigo con quien mi amigo quiso ponerse en contacto para esto. Pero sobre todo no dejo de preguntarme: Señor ¿por qué yo, tan torpe y objetivamente indigno?

lunes, 24 de octubre de 2011

La Liturgia de las Horas


Por fin esta mañana he conseguido sintonizar Radio María en el coche. Me ha costado pero por fin lo conseguí. Desde que madrugo un poquito más para sacar un rato de estudio por la mañana en la oficina, antes de que empiece la jornada laboral, he tenido que abandonar Laudes y ¡cómo lo echo de menos!

Hace ya tiempo que le pedí tímidamente a un sacerdote Redentorista que me viene acompañando que me indicara cómo seguir el rezo de las horas y desde entonces tengo que confesar que me he enganchado. Obviamente, no las intermedias, uno hace lo que puede dentro de la estructura de su vida, y las intermedias no tienen cabida. El caso es que los madrugones me llevaron a abandonar Laudes entre semana; creo que para hacerlo aprisa es mejor no hacerlo. Requiere su tiempo y un cierto climax. Parecerá un contrasentido, pero el atascazo es perfecto. Mejor dicho, lo que es perfecto es poder seguirlo con Radio María por que el convencimiento de que rezas con gran parte de la Iglesia se hace realidad. Sin duda, comienzas el día de otra manera. Y a mí me venía haciendo falta, después de una semana poco acertada, justo la semana –menuda coincidencia- en que no seguí Laudes. En fin, ya ha comenzado otra. Y de las torpezas propias no podemos más que aprender, cuando del error hacemos enseñanza para tratar de no volver a caer en él. Una simple torpeza que, sin intención alguna, puede herir a los demás. No me habría dado cuenta, si mi torpeza no hubiera tocado a alguien querido y cercano y que me muestra que, por querido y cercano, en ocasiones al menos habla con claridad meridiana y confianza lo que quiere decir que uno algo también le importa. Muchas veces no medimos nuestras palabras, no le damos importancia, y ni nos enteramos. El caso es que caer, aparte de las magulladuras, nos da la oportunidad de mejorar. De mejorar y de poder pedir perdón que cuando se ofende o simplemente decepciona, es un ejercicio sanísimo; perdón a la persona afectada. Me quedo con eso. Y ahí vamos, scalando poquito a poco; unas veces parece que te vas a caer al abismo, otras que te quedarás permanentemente colgado, y de repente viene una mano firme que te ayuda a asir con fuerza el piolet.

Laudes o cualquier otra oración, cualquiera que nos ponga de verdad, de corazón en disposición de ofrecer nuestra jornada al Señor es la mejor manera de empezar el día. Ese sacerdote que me acompaña dio hace unos meses una charla sobre la oración que por profunda, clara, explícita, sincera y breve creo que debería ser conocida por todos. He tenido la oportunidad de releerla recientemente y confieso que no deja de asombrarme. Es un lujo poder contar con alguien cercano, tan normal y de semejante calado espiritual; y hacerlo en familia y con mi familia no tiene precio.

El caso es que animo a todo el que quiera acercarse a descubrir la Liturgia de las Horas a que lo haga sin dudarlo. No es algo sólo para conventos o sacerdotes; pertenece a todo el pueblo de Dios, “a todo el cuerpo de la Iglesia”, a todos los fieles, y por lo tanto también a los laicos. No seáis tímidos, animaos e intentadlo.

Yo hoy me quedo con una parte del salmo 41:

“¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro Dios mío.”




lunes, 17 de octubre de 2011

Eucaristía de Envío


16 de octubre de 2011, festividad de San Gerardo Mª Maiela. Una fiesta Redentorista en el día de la Misa de Envío en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. Doble motivo de alegría por lo tanto, para la Comunidad Parroquial y para todos los Redentoristas. Quizás esta última afirmación sea un tanto limitada, porque realmente debería ser una festividad para toda la Iglesia.

Y yo estaba ahí, con mi mujer y mis dos hijas, con más familias de nuestro Grupo de Matrimonios de la Parroquia, con algún co-voluntario de la pasada JMJ, con la Comunidad Parroquial. Nos “saltamos” la eucaristía de las familias para acudir a ésta con toda la intención por mi parte, porque se quiera o no, yo me siento parte integrada de esta Comunidad, y verme rodeado de gente a la que he ido conociendo me hace sentirme cómodo y en familia. No solamente por la feligresía, sino también, y de manera fundamental, por los Redentoristas. Mi empeño personal en permanecer entre ellos con mi familia no es algo ni gratuito ni caprichoso; es casi una necesidad. Hay un hecho diferenciador importantísimo: la Congregación del Santísimo Redentor. No encuentro otra manera de decirlo que siendo simplemente explícito. Estoy rodeado de iglesias estupendas, cada una con su propia comunidad más o menos estructurada; en todas o casi todas existen distintos tipos de grupos parroquiales, y en todas se desarrollan catequesis a todos los niveles. Y eso es una gracia enriquecedora para la Iglesia en general. Pero yo hablo de algo más, vivo algo más y siento algo más y ese algo más se debe simple y llanamente a los “hijos” de San Alfonso Mª de Ligorio, su carisma, el carácter que imprimen a su misión. Creo que no lo puedo decir más claro. Y ese algo más, me lleva a que me sienta en casa sea cual sea la iglesia o parroquia Redentorista en la que me encuentre, que me sienta tocado cada vez que se habla de los Redentoristas o de cualquiera de los miembros de esta Congregación, que me alegre de lo bueno, y me duelan las críticas. Y a mí eso sólo me pasa cuando hablan de mi familia. Raro, raro, raro; lo sé, pero soy así.

El caso es que esa manera de hacer las cosas, esa naturalidad fuera de lo común para llevar el Evangelio a la calle, la vivimos ayer de una manera muy especial. El párroco, mi párroco, el P. Nicanor Brasa Prieto, simplemente se creció. La procesión de entrada, la presentación de los Dones, la implicación de personas de la Comunidad Parroquial durante la celebración, fantástico, pero Nicanor se creció. Se salió. Y que se creciera quiere decir que casi daban ganas de aplaudir. Una celebración solemne, cercana, clara, expresiva; una hora de celebración en la que mis hijas de seis y cuatro años, estuvieron sin moverse y eso es un gran indicativo de que se puede también enganchar a los pequeños sin una sobreactuación. Cuando digo que se salió, quiero decir que sus palabras excedían de sí mismo, que más allá de un discurso acertado fue una Homilía Inspirada, y va toda la intención con las mayúsculas. Incluso la forma, que siempre es una expresión más del fondo, fue pausada, cercana, cómoda y natural. Pudimos escuchar a un párroco más pastor que nunca, claro, integrador, sosegado. Y a medida que le escuchaba, he de confesar que yo me iba hinchando por dentro, por el mensaje y porque me sentía orgulloso de él, de los sacerdotes y el religioso que estaban en el Presbiterio, del coro, de los catequistas, de mi Comunidad. Y también tengo que confesar que, ya que siguiendo la sugerencia del P. Juan Antonio el domingo anterior, había invitado a algunos amigos a acudir con sus familias a esta eucaristía, pensaba “ojalá hayan podido venir”. Era simplemente un sentimiento para compartir con mis amigos el gozo de una sensacional fiesta en mi Comunidad; no con otra intención, que todos ellos están integrados cada uno en su sitio, incluso dando un paso más siguiendo la Regla de Vida como Laico de alguna otra Orden, o como Supernumerario de la Prelatura del Opus Dei. Ya, ya, un poco de “¿veis? Esos son mis chicos”, lo reconozco.

Y yo respondí con plena consciencia a todas y cada una de las preguntas de la Celebración del Envío, y saboreé cada una de las palabras de la Oración.

Acogida e integración. Creo que lo resumiría con esas dos palabras. Y la forma reflejaba esa “bondad suave” que comentó este año S.S. Benedicto XVI refiriéndose al modo de actuar de San Alfonso.

Ayer mi párroco se salió, y me hizo sentirme feliz de poder poner mi corazón y mis manos al servicio de la Comunidad Redentorista.

Gracias Nicanor.

martes, 11 de octubre de 2011

Estudiar a los 45


Estudiar a los 45, trabajando y siendo esposo y padre de familia requiere un esfuerzo extra.

Aunque me he pasado una gran parte de mi vida estudiando y participando en todo tipo de cursos y seminarios: Derecho, Comercio Exterior, Gestión Comercial, Relaciones Internacionales, las oposiciones…… y aunque sea un lector empedernido (fundamentalmente poesía, biografías, ensayos de Historia y desde hace ya algún tiempo -gracias a la influencia de un libra impredecible- temas de mayor enjundia y transcendencia) se notan tanto el paso de los años como el cambio de los tiempos. Supone un motivo más para ubicarte en tu propia realidad, y por muy joven que te sientas, o por muy joven que sea tu mentalidad los años pasan, y hay que realizar un trabajo extra para desoxidar las neuronas adormecidas y deshabituadas al estudio. Además está el factor tiempo; en mi caso, aunque mis motivos para esta nueva carrera son algo más que un hobby, es casi una necesidad vital, no deja de ser simplemente voluntario, y en juego no hay más que la satisfacción y el crecimiento. Pero es bastante complicado arañarle horas al día, cuando a priori parecía que ya las tenía todas ocupadas.

Un amigo –joven y estudiante de Teleco- me aconsejaba la semana pasada que tratara de hacerme horarios semanales. Pues, aunque necesariamente tienen que estar abiertos a cambios improvisados, he de decir que funciona. Conlleva madrugones de más para estudiar en la oficina antes de empezar la jornada, y sacar otro par de horas comiendo un bocadillo en mi mesa; y con el tiempo robará una pequeña parte de mi fin de semana. Pero afirmo con rotundidad que compensa. No sé si será la ilusión del principiante, pero puede que sea la primera vez que realmente disfruto con lo que estudio y aprendo.

Hace ya tantísimo tiempo que incluso el sistema es diferente. Ahora, y por pura necesidad, el sistema que empleo es de tutorías on-line y grupos pequeños de trabajo. Acostumbrado a tragarme y memorizar libros gordísimos y cargados de datos, me encuentro con algo nuevo, mucho más ágil, práctico y provechoso. Por supuesto que la memoria es indispensable y fundamental, pero se deja paso a la reflexión, el diálogo y los trabajos. Mucho, muchísimo más interesante y enriquecedor. Se resume en “utilizar la cabeza” para algo más que un cajón donde almacenar datos. Infinitamente más dinámico, pero por novedoso requiere también de una cierta adaptación (seguro que a más de uno que lea esto se le ocurrirá algún chascarrillo con lo de que “utilizar la cabeza” sea nuevo para mí; en fin, lo asumo).

Estoy entusiasmado, la verdad. Pero yo ahora sólo quería hacer algunas reflexiones rápidas:

·      Que el consejo de alguien que por edad podría ser mi hijo me está resultando utilísimo, lo que muestra por un lado que siempre hemos de estar abiertos a aprender con humildad, y que la sensatez y la madurez no necesariamente van parejas al número de días o años “consumidos”. Evidenciando que ahí fuera, en el mundo real, hay una juventud extraordinaria.

·      Que nunca es tarde para estudiar, o para emprender algo que realmente queremos. Por que la voluntad y la firmeza acaban primando.

·      Que la cabeza, el espíritu y el ánimo pueden con mucho a cualquier fecha en un DNI.

·      Que es importantísimo, fundamental, sea cual sea la edad, el acompañamiento si es plenamente sincero, claro y sin ambages, el consejo y el apoyo. Una intensa propuesta abierta al entusiasmo.

·      Que lo que hacemos por Él, nos ha de llevar a buen puerto, y aunque cueste, siempre podemos mirar a San Alfonso que algo tiene que enseñarnos sobre la perseverancia (y esto aplicado a todos los ámbitos).


Resumiendo, que estoy encantado.

¡¿Quién me lo iba a decir?! Y mi mujer, aunque un tanto perpleja, está partida de la risa. Y ahora que mi hija mayor, empieza a tener deberes, también me va a servir como ejemplo para tratar de enseñarle el hábito del estudio, el esfuerzo y la responsabilidad.

jueves, 6 de octubre de 2011

¡45 años!


Hoy cumplo cuarenta y cinco años. Cuarenta y cinco; no me lo acabo de creer, la verdad, pero así es. Lo rápido que han pasado. ¡¿Cómo me verán mis hijas?! Supongo que como un venerable anciano. Pero lo cierto es que me siento ni siquiera de veinticinco, más bien como si acabara de aprobar la selectividad...... y anda que no ha llovido. Debe ser cuestión de carácter. Pero el espejo y la báscula te llevan de manera cruel a la realidad: de un bebé peloncete a un gordo barbudo. Y aunque justo estos días he empezado una nueva carrera, lo cierto es que la vida como hombre casado, padre de familia y trabajador me obliga a hacer juegos malabares para sacar ratos de estudio; y sin embargo estoy feliz. ¡Y parece que fue ayer cuando embarcaba rumbo a Londres…!

Uno detrás de otro hasta cuarenta y cinco. Ufff. Es un cumpleaños más, pero quizás por aquello de las cifras redondas tiendo a recapitular cada vez que cumplo otro lustro. En esta ocasión no voy a hacerlo demasiado, porque ya llevo un buen añito de reflexión, recapitulación y cargado de intensidad. 

Pero sí siento en un día como hoy la cercanía de mi madre, que en realidad debería ser la protagonista, porque es quien pasó lo suyo aquel 6 de octubre. De ella es de quien tengo mi primer recuerdo, en sus brazos, con su calor y sus besos. Hay una foto que me encanta en "La Gaviota", la casa de mis abuelos, en la que estoy en sus brazos que me recuerda a un cierto icono. Aún en la distancia, y yo con 45 y ella con 77, así la siento hoy. Una vida familiar normal, de la que recuerdo como fogonazos tantos momentos felices; no solamente a mis padres. También a mis hermanos, a Ana que no es sólo una hermana, es mucho más que eso y necesitaría otros 45 sólo para poder explicarlo. A Juan que me ayudó a crecer durante los muchísimos años que vivimos solos, a pesar de no ponérselo nada fácil. A Nacho; un cuñado de quien tienes el primer recuerdo a los siete años llevándote a las ferias, no es un cuñado, es alguien que también excede a su definición, por tantos motivos que el agradecimiento se haría demasiado largo. A Pilar que me acogió en su casa los primeros años de su matrimonio. Y no puedo evitar el dolor por mi hermana perdida. Mis sobrinos, Nacho y Ana, dos bebés convertidos en un hombre y una mujer fuera de lo común.

Fogonazos de felicidad con mi abuela en casa, la impagable experiencia de que mi abuela viviera sus últimos años con nosotros; nuestras largas conversaciones. La vida y la muerte como ejemplo, tránsito y comprensión de la transcendencia del ser humano. Un ejemplo ahora que tanto se manipula la muerte con leyes disparatadas y eufemismos como "muerte digna"; como si morirse, en lugar de un hecho normalmente natural, fuera algo indigno en sí mismo.

La suerte de que mis amigos de siempre, desde la primera infancia, sigan a mi lado: Gonzalo y Belén, Ana y Curro, Ramón, Pilar y Gonzalo, María y Pepe, Íñigo y Marta; casi toda una vida compartida. Las incorporaciones que se produjeron como auténticos regalos: Pota y Patricia (y Tilde, Lalo..), Miguel y Mayra, Pipiolo, Joaquín y Luisa, Gonzalo y Suyapa. Y tantos otros: una Keka recuperada, Pérez, Ruiz, Antoñanzas, Rocío, Javichu, y ese puñado de grandes personas de PS mayores y jóvenes...... Los queridos escolapios que han vuelto a mi vida gracias a la presencia tecnológica del P José Fernando Juan Santos trayéndome de nuevo los recuerdos más lejanos de mis primeros contactos con Calasanz; para mí ha sido algo gozoso e importante.

Mis Redentoristas, una bendición, un auténtico regalo del Señor en el momento más adecuado. No se limita al día de hoy, uno de los fogonazos más nítidos e intensos es la imagen del P Benigno Colina en Santander dándome la Primera Comunión, y muchos del Hermano Esteban quien me regaló mi primer Icono del Perpetuo Socorro. Este año, ya siendo cofrade, el P Pedro Guembe me regaló el segundo. Y de su mano una Comunidad generosa y entregada aquí, en Madrid, en la calle Manuel Silvela. Unos misioneros fuera de lo común, y un puñado de personas generosas que han entrado en mi vida. En el Santuario del Perpetuo Socorro donde un individuo impredecible me presentó a San Alfonso. Y de su mano, de la de todos ellos, un hito de fe incomparable: la JMJ.

Los cinco últimos años encierran también la época más dura de mi vida: la crudeza del paro, la realidad que te golpea directamente en la línea de flotación, y te lleva a la consciencia palpable de que tus pies son de barro comprendiendo que la realidad de la debilidad es la realidad de la vida (Memento, homo, quia pulvis erit et in pulverem reverterit). Y el Señor que no abandona, que te socorre, hecho carne en personas reales, la primera como siempre mi mujer. El Señor, cuyos brazos te acogen, te sostienen; y de Él la llegada dichosa e impagable del P Jorge Ambel Galán quien me agarró de la mano y me ayudó a afianzar el piolet de mi vida en la Scalada de la fe hacia el Señor. Alguien a quien, le guste o no, quiero de verdad y siento parte viva de mi propia familia. Porque le reconozco hermano más allá de los afectos, hermano en Cristo Redentor; aunque él sea Padre, o precisamente porque lo es.

Y María, mi mujer: el mejor regalo de Dios que puso frente a mí un 15 de agosto. Paciente y generosa. Mi apoyo, mi sostén, mi Amor. Mi Camino. El recuerdo siempre vivo de ese primer día en que Íñigo me presentó, gracias a las hermanas Pinedo, a "una chica muy hacendosa", sin saberse portador de un regalo de lo Alto, y mi llegada a casa diciendo que acababa de conocer a la mujer con quien me iba a casar. Contemplarla enamorado aquel 31 de octubre entrando por la Iglesia mientras el coro entonaba el gregoriano "Ave mundi spes María". Mi todo. Y de ella esta familia en la que nos esforzamos por que se bendiga Su nombre: nuestras dos hijas, Toya y Paula. Lo único realmente bueno y bello que he sido capaz de crear en estos 45 años. Esa primera vez en mis brazos, sintiéndome más pequeño que ellas, henchido de amor y responsabilidad. Ellas tres son mi misión primera, mi Amor, mi entrega.

Con un futuro ante Él y para Él. Cargado de nuevos proyectos y abierto a Él. Dispuesto a dejarme sorprender.

Son cuarenta y cinco años en los que el Señor me ha regalado la vida cada día; como cada día me da una oportunidad más para mejorar. Y a cada caída encuentro su mano para levantarme de nuevo. Cuarenta y cinco años por los que dar gracias. Por eso hoy en casa, en el Perpetuo Socorro, durante la Oración ante el Santísimo le daré en silencio las gracias, de tu a Tu, y le ofreceré el tiempo que decida regalarme.

Tb 8, 5-10 "... para que se bendiga Tu nombre por siempre."

lunes, 3 de octubre de 2011

Hoy la Viña estaba en PS

El domingo por la mañana vivimos una preciosa eucaristía en PS. La primera presidida por el nuevo equipo responsable de la catequesis infantil: el P Juan Antonio y Damián un joven y entusiasta Redentorista. Y con ellos una parte del incomparable equipo de catequistas; algo de encuadre dentro de la Comunidad Parroquial como familia, no sólo de manera individual. Estar ahí, como esposo, como padre, en mi Comunidad ha sido algo realmente armonioso; engrandecido por el segundo plano: ver a María en representación de esta pequeña familia saliendo con nuestro Libro de Familia en las ofrendas me ha resultado extraño. Extraño por inusual dado el carácter de mi mujer, extraño por lo hermoso, y extraño por lo significativo. Pero precisamente por todo ello grande y hermoso.
Saberme a los pies del Altar con Toya, Paula y María sujetando los carteles que nos habían dado con la frase “La Familia es la viña del Señor” es algo pleno de sentido más allá de la frase y que, por el momento que estoy viviendo, hizo que todo yo estuviera tratando de absorber cada sensación, de interiorizar cada palabra, de impregnarme de cada rostro. Algo para no olvidar jamás. Pleno de sentido más allá de la frase porque yo era consciente de estar conformado en una familia más amplia; y ahora en bloque, con mi mujer y mis hijas. Una familia dentro de otra viéndose ampliada, conformada y sostenida. Tenía frente a mí a la feligresía mientras el Padre continuaba con la homilía, y yo al escucharle no podía dejar de ver a gente querida, mayores y jóvenes a quienes en poco pero intenso tiempo he podido ir conociendo y queriendo. Mayores entregados por la Comunidad parroquial y unos extraordinarios jóvenes con todo el entusiasmo y la pasión de su edad, cierto, y con toda la fe, todo su empeño y todo el cariño de sus corazones. Lo pueden llamar como quieran, pero eso es también una familia. Y nosotros allí; para mí todo un símbolo, porque cuando mis hijas tengan edad de estar en esos primeros bancos del coro nosotros habremos alcanzado ya “una cierta edad” que dirían en Francia para no llamarte viejo. Y quizás alguno de los chicos del coro sea padre de familia en esta misma comunidad o quizás alguno esté implicado de una manera aún más intensa e imprescindible. Y yo a esas personas, le choque a quien le choque, le pese a quien le pese, las quiero. Y me he sentido enormemente orgulloso de estar ahí con mi mujer y mis hijas, a los pies del Señor y entre ellos. Orgulloso, agradecido y satisfecho por que puedo proporcionar a mis hijas la vivencia de la fe, más allá de nuestro hogar, en el mejor entorno. Y con el ejemplo de unos jóvenes que serán referente para ellas.
Y ni siquiera ha sido el inicio. Ha sido, como dijo Damián el tímido arranque de la locomotora. Iremos viendo qué es lo que nos va trayendo el curso; sea lo que sea, aquí en casa, en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid será algo alegre, sorprendente y hermoso. Porque vendrá de la mano de la Familia Redentorista, y la Familia es la viña del Señor.