domingo, 28 de abril de 2013

P Víctor Chacón CSsR, 1ª Misa


Hoy, 28 de abril de 2013, el P Víctor Chacón Huertas CSsR ha celebrado su Primera Misa. Creo que llevo esperando este momento desde el 16 de agosto de 2011, el día que le conocí. Fue en la Plaza de San Juan de la Cruz, durante la JMJ, donde estaba montado digamos que el Cuartel General para la acreditación de los sacerdotes que acudirían a Madrid para concelebrar con S.S. Benedicto XVI en Cuatro Vientos. Me lo presentó Manuela Hens (la extraordinaria directora del coro de jóvenes del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, cuya voz no es más que un pequeño reflejo de su interior), iba vestido con el polo verde de voluntario. Sólo puedo decir que en ese momento se coló en mi corazón. Dicen que la verdadera la llave del corazón la tenemos para abrir desde adentro, pues Víctor se coló sin pretenderlo desde fuera; quizás porque la fuerza de la Luz invade hasta el fondo del alma, y sus ojos ya la irradiaban entonces. No supe hasta unas horas más tarde que era estudiante Redentorista.

Pues a la Ordenación Sacerdotal de Víctor y de Damián Mª Montes nos hemos ido toda la familia a Granada este fin de semana. La llegada, la recepción y la acogida han sido fuera de lo normal, no digo más. Los cuatro teníamos muchos motivos poderosos para que la ilusión por esta nuestra primera visita fuera incomparable. Vigilia en el Santuario del Perpetuo Socorro el mismo viernes. El sábado, tras el paseo guiado por un alma buena, llegó la Ordenación y la impresión causada por la visita a la Alhambra. Un día fantástico y alegre en el que no incidiré demasiado porque las caras de los dos neopresbíteros nublan cualquier palabra que sobre su Ordenación se pueda escribir.

Hoy me fijo en la Primera Misa de Víctor en Deifontes, Granada. Un sacerdote naturalmente feliz, con una felicidad y naturalidad casi insultantes, emocionado e irradiando una Luz cegadora; tan sensato como siempre y muy, muy divertido. Las palabras que nos dirigió al final de la ceremonia aumentan mi admiración; todas y cada una de ellas. Al final de la ceremonia, porque la homilía se la “cedió” a alguien que fue un formador suyo, el Padre Francisco Tejerizo CSsR. Era la primera vez que escuchaba predicar al P Tejerizo y creo que aún no salgo de mi asombro. La contundencia, sensatez, profundidad, inteligencia, sensibilidad, bondad y cercanía me han parecido extraordinarias; a eso le llamo yo elevar espiritual e intelectualmente el tono de las homilías (prédicas que elevan y educan), lo que equivale a pastorear con amor instruyendo a las ovejas. ¡Qué suerte tienen sus parroquianos! No pude menos que acercarme al salir a decírselo (uno es así) y, esta vez, no le besé la mano, le di un abrazo tras un sincero intercambio verbal.

Pero vuelvo a la ceremonia, porque ver a Víctor celebrando me llenó de orgullo, no lo puedo evitar. Y contemplar a todos esos Redentoristas, a tantas personas queridas, la cara de satisfacción del Padre Provincial (el último abrazo antes de montarnos en el coche de vuelta a Madrid fue para él; no podía menos, querido Pedro, que darte la enhorabuena) que estalló en carcajada, como la de todos, en algún momento, fue algo verdaderamente intenso. E insisto, la impresionante homilía, que casi me hace romper el techo de la nave con la cabeza, porque ni con plomo en los pies podía evitar levitar (como le gusta decir acertadamente a Damián que me pasa con algunas homilías).

Una suerte haber podido conocer a algunos Redentoristas más, con mi mujer y mis hijas. Y todo porque un 19 de mayo de hace algunos años entré en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, y la fuerza de la Luz estaba en quien presidía y predicó una breve homilía que no olvidaré jamás, y si llego a la vejez y la falta de memoria que puede conllevar arrasa con el recuerdo, permanecerá viva su semilla.

Creo que los cuatro, junto a todos los que fuimos de Madrid y de Valencia y de Pamplona y de muchos lugares más, niños, jóvenes y mayores, no podíamos haber imaginado un fin de semana tan feliz, gracias también a la sensacional acogida de algún lugareño especial.

¿Es o no es ir scalando en Familia? Una Familia enorme.

jueves, 25 de abril de 2013

¿Coincidencias?

“Bendita coincidencia…” me han dicho hoy. La verdad es que los dos sabemos que hay coincidencias que son tales sólo por que hay que ponerles un nombre, pero que en realidad son regalitos que el Señor nos va mandando. Su Amor es tan desmedido que a veces da la sensación de que se le cayera; en unas ocasiones desborda y te inunda, en otras son gotitas que refrescan y alegran el día.

No es necesario que sean grandes cosas sonoras, no; menudencias, pequeñeces que, además de ser un regalo, nos sirven para recordarnos cómo Dios está en lo humilde, en lo pequeñito e incluso en lo que nos podría parecer superfluo.

El amigo que me hablaba de la bendita coincidencia, un alma buena, apareció –por resumirlo- un domingo cualquiera como otra coincidencia, caído de Arriba. Qué curioso es que, aunque tengamos los regalos delante de los ojos, necesitemos unas gotas de colirio desde lo Alto para que se abran; y en ocasiones se abren también los del alma para ver más allá de lo que tienes delante, para comprender. Callas, rezas, agradeces y sonríes por dentro. El resto (ese resto que uno tantas veces no puede ni evitar), el cariño, viene por añadidura y de manera inseparable.

Naderías cotidianas que te alegran el día; incomprensibles regalos que te pueden cambiar la vida. Ni son casualidades ni son coincidencias, aunque así las llamemos. Se nos presentan de improviso y de nosotros depende también que nos alegren el día o nos cambien la vida.

En breve se cumplirán años de uno de esos acontecimientos espontáneos; uno concreto que supuso un punto de inflexión en mi vida y en la de mi familia. Ni coincidencia ni casualidad: acontecimiento. Una de esas ocasiones en las que el Amor de Dios se desbordó, y a mí me cogió debajo de la catarata.

Toca ser breve, muy, muy breve y no encuentro mejor forma de terminar que con el final del Evangelio de hoy: “…y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban”.

martes, 23 de abril de 2013

Caminas delante


Que no, que no vas tan mal. No te cuestiones tanto, no te exijas tanto –al menos no te exijas todo-, no te tomes tan en serio. Haces lo que puedes y lo que puedes lo haces de buena fe. Hoy Santi y Jota han publicado un nuevo #Narraluz, esa dosis de poesía bidireccional entre la imagen y la palabra. Cualquier otro día podrías haberte visto reflejado, pero hoy no. Las palabras podrían haberte definido, pero la imagen mostraba aperos casi de scalada que te han abierto los ojos porque, viejo amigo, no haces otra cosa. Puede que tu problema, el principal de tus problemas sea que lo haces todo con corazón, ni con mucho ni con poco, con todo el corazón; a veces pareciera que las emociones te precedieran. Eres así y no lo puedes evitar, lo sabes. Pero relájate; date un respiro. Te dueles tú y te duelen los demás. Pero haces lo que puedes y lo haces de buena fe.

Aprende a mirar atrás y, como mucho, sonreír. Sin dolor, que el Señor camina a tu lado. Prescinde de opiniones extemporáneas de quien ni sabe, pero pide también por los inmisericordes, porque de lo que nos juzgarán a todos será del Amor. Conoces Su voz, la única voz que importa, lo único que importa. Sabes que, hoy en día, mirar hacia atrás no sólo es mirar a popa, es mirar hacia abajo; no te fijes en el abismo, que ya sabes que tienes vértigo, fíjate en lo ascendido y si caes simplemente sonríe, porque sabes que escucharás Su voz, alzarás los ojos y encontrarás una mano a la que asirte con tu nombre tatuado en su palma.

Vuelvo al #Narraluz, miro los aperos, me miro al espejo y miro al fondo de los ojos de esa imagen. Y veo tantos motivos por los que sonreír que, como me ha pasado hoy en PS, se me nubla la imagen por las lágrimas. Y me veo en el regazo de María, como el Niño en el Icono, con la mano de la Virgen sosteniendo la mía, aunque esté a punto de perder la sandalia; no hay Arcángeles anunciando la Pasión, pero puede que si fijo la mirada aparezcan mis demonios. Eso es bueno, porque sé cuáles son, y en brazos de la Madre (¡El Perpetuo Socorro de María!) soy firmemente consciente de que Cristo me dio el poder de vencerlos. Sonrío; sonrío y lloro.

Si hoy tuviera que hacerle un regalo a un amigo que me quisiera le diría: “tranquilo, envaina la espada y cabalga tranquilo, de tu voz escuché Su voz y la reconocí. La puerta está abierta. Estoy en PAZ. Gracias por caminar delante.”

viernes, 19 de abril de 2013

Por las vocaciones

Con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, este fin de semana, empezando desde hoy viernes 19 a las 20:30h y hasta el domingo 21 a las 13h, se desarrollará una larga Adoración Eucarística en el Seminario de Madrid (calle San Buenaventura 9). Cada uno se puede unir cuando quiera y mi mujer y yo iremos al acabar la reunión de hoy en PS del Grupo de Matrimonios.

Distintos grupos parroquiales, de laicos y de muy diferentes familias religiosas se irán encargando de la oración. Yo recibí la invitación y no me lo pensé dos veces: iré.

Rezar por el aumento de vocaciones santas no es ya sólo una cuestión de coherencia, es casi de egoísmo. Que haya laicos, casados o no, que, como yo, sintamos la imparable necesidad vital de “algo más” –no me voy a meter ahora en más honduras porque daría para mucho-, que nos devanemos en su búsqueda y seamos plenamente felices auto desvaneciéndonos ante ese “algo más”; que esa necesidad, que ese “algo más” sea una cuestión sobre todo ajena y no propia, que ese “algo más” sea un todo en el que y por el que ir scalando en Familia, creo que es hoy en día urgente y necesario: no por la culminación de objetivos personales ni promocionales –vanitas vanitatis-, no por el afán de figurar ni adquirir un cierto marchamo ni, mucho menos, por una obsesión enfermiza de clericalizar la vida seglar. Más bien por una manera expresa de conformar la Iglesia. Sin embargo, lo que es primordial, lo que es realmente fundamental es la llamada y la respuesta a esa llamada a la vida religiosa, misionera o sacerdotal.

Mi oración no va a ir dirigida hacia la llamada, pediré por la respuesta. El Señor llama, y el individuo, no siempre haciendo uso de un libre albedrío verdaderamente libre, responde de una u otra forma. Soy consciente de lo que quiero decir. La desorientación, el miedo, la desubicación vividas en real soledad, sin nadie a quién contárselo, sin nadie adecuado con quién hablar y a quien abrir el corazón de dentro hacia fuera, pueden no llevar más que a la frustración, el desconcierto o la desesperación. En esa tarea de facilitar el camino a los llamados estamos todos, debemos estar todos. No me refiero en absoluto a inmiscuirnos en la vida o el corazón de nadie, sino a generar en nuestro entorno, en la sociedad, un clima de normalidad absoluta hacia lo extraordinario. En el ambiente propicio el joven – o el no tan joven- podrá experimentar con igual intensidad los miedos y el desconcierto, pero nunca el desamparo. Sabemos que la sociedad ultramaterialista, individualista y pansexualizada no ayuda. Pues ayudemos nosotros, uno a uno. Siempre con la oración y, desde ella, con la vida, los gestos concretos y las palabras concretas: la vida con la normalidad; el gesto de la sonrisa o un simple abrazo en el momento adecuado; las palabras, a ser posible sin usarlas y, de hacerlo, simplemente sugiriendo la luz en el espejo, las palabras dejémoslas a la persona adecuada, como mucho mostremos, sin hacerlo, quién puede ser. Contemplación y acción. Que la profundidad se viva también en lo sencillo y humilde. Pero que cada llamado encuentre al acompañante espiritual adecuado y, en él, el Amor de Cristo.

El cambio de clima puede empezar en nosotros, sin fariseísmos. En nosotros, los padres, cuando un hijo en lugar de hablarnos de su vocación nos manifieste su decisión madurada y correctamente acompañada. En el apoyo de los amigos, aunque simplemente sea un apoyo a la felicidad encontrada. El cambio colectivo empieza por un cambio en el propio individuo.

De algo de lo que me siento realmente satisfecho es de que mi mujer y yo vemos crecer a nuestras hijas en un entorno alegre, sano, normal y libre; con la extraordinaria libertad generada por la fe y el conocimiento, esto es, le fe vivida en plenitud y correctamente formada. Vivida bajo el carisma de San Alfonso, con sencillez y alegría, con la desbordante naturalidad y alegría Redentoristas. Pero no todos tienen la misma suerte.

Os animo a pedir por quienes se sienten llamados, por quienes ni saben que están siendo llamados, por quienes ni saben qué les ocurre. Para que encuentren a su lado a la persona que les ayude a discernir, madurar y responder libremente; para que cada alma buena llamada por el Señor encuentre siempre la mano amorosa de María y su Perpetuo Socorro.

jueves, 18 de abril de 2013

Jueves en @parroquiaps

Jueves. Para mí un día especial de la semana, el día de la Oración ante el Santísimo en PS, mi παροικία. He estado consultando el diccionario de la RAE para ver cuál es la definición de parroquia que nos ofrece y, obviando la referente a la demarcación administrativa, no llega. Aparecen cinco acepciones, pero el lenguaje no abarca lo hondo, lo profundo del corazón del Perpetuo Socorro; ni alcanza a definir plenamente la realidad de mi parroquia, de PS. Se queda corto, frío, impersonal. Pero, ésta digamos que asepsia conceptual, me ayuda a entender el asombro que ha manifestado cada una de las personas de mi entorno que por alguna circunstancia ocasional ha tenido la oportunidad de acercarse allí. Me emociona pensar en los niños de PS, que un día serán jóvenes, padres, abuelos, quizás bastantes de ellos sigan contribuyendo a conformar entonces lo que hoy vivimos, a la luz del Evangelio, según los signos de sus tiempos y bajo el personal estilo Redentorista. Y otros podrán llevar la lucecita de su corazón que allí creció, a los lugares donde se encuentren. Alguno puede que sea sacerdote Redentorista, y cada cual dirá su propio “Fiat”. Y todos bajo el Perpetuo Socorro de María.

Una comunidad cristiana que no sé si será mejor o peor que otras, que como todas tendrá sus defectos y sus virtudes; como toda comunidad cristiana es un exponente vivo del hombre, un exponente vivo de Cristo. Pero es la mía, y la quiero con sus virtudes y sus defectos.

Y hoy es jueves. Me gusta pensar que Alfonso contempla satisfecho cada #Oracióndelosjueves, por la comunidad que acude ante ese pedazo de Pan que es Cristo Vivo a meditar, orar, agradecer con ese “Trato familiar con Dios” que él nos enseña, y con un hijo suyo presidiendo cada jueves como si cada jueves un hijo suyo escribiera una versión actualizada de las “Visitas al Santísimo Sacramento”. Cada semana varía la cifra, las edades van desde los más jóvenes a los más mayores. Permanente: la perseverancia tan alfonsiana y los anhelos del corazón humano. Invariable e inmutable: Cristo.

Seguro que cerca de vuestra casa o de vuestro trabajo tenéis una iglesia o una capilla donde cada jueves se exponga el Santísimo. No lo dudéis, entrad y habladle con la confianza con la que habláis a vuestro más querido Amigo. Os está esperando; siempre nos espera.

Yo iré a PS. Si estáis por Chamberí, en la calle Manuel Silvela 14 nos juntamos unos cuantos. Unas veces hay guitarras, otras no. Te puede tocar el día que vayas un “Tantum Ergo” o “Tu fidelidad es grande”. Da igual, el que no falta nunca es el Señor.

martes, 16 de abril de 2013

No lo entiendo

Elevando mi oración por las víctimas de Boston no puedo evitar que me surjan varias preguntas, imagino que fruto de la incoherencia, pero…

No entiendo por qué unos muertos tienen más repercusión que otros, siendo todas las muertes violentas tremendamente injustas; no entiendo por qué las víctimas del opulento Occidente tienen más repercusión que las del Tercer Mundo; no entiendo por qué una vida arrebatada a los siete o a los diecisiete años tiene más repercusión que una vida arrebatada en el seno de su madre; no entiendo por qué los muertos a diario por el hambre son menos dignos de ser publicitados; no entiendo por qué los muertos a manos de la guerra, las guerrillas o el terrorismo (que lo mismo me da) pierden o no valor en los índices de audiencia según las circunstancias; no entiendo por qué los cristianos asesinados por su fe son noticia o no dependiendo del medio; no entiendo por qué unos muertos valen más que otros; no entiendo por qué no todas las muertes violentas conmueven por igual. No lo entiendo, pero rezo por todos esos muertos, por sus asesinos, por todos los que solamente nos conmovemos según y cómo, por quienes deciden qué tipo de víctimas pueden ser – o deben ser- más o menos noticia.

Justo hoy, lo primero que he leído en Twitter bien temprano, ha sido el tuit que @parroquiaps ha publicado, y que corresponde a la antífona del salmo de Laudes: “Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya”. Continuamos en tiempo de Pascua, y a la vista de tanto muerto como hay en el mundo creo que es un deber natural, y muestra de coherencia en la fe, tratar de contribuir a devolver la vida a tanto muerto como nos rodea. Muertos por la desesperación, la falta de perspectivas, la pobreza, la tristeza, el hambre, por los agobios de la vida diaria; muertos porque no conocen a Cristo, y no conociéndole no pueden saber que resucitó. Mortecinos a causa de la opresión, la envida, las críticas que, aunque sí que conocieron en algún momento al Resucitado ya han olvidado hasta la esperanza.

Que muchas de las injusticias se enmarquen y sostengan en un mundo globalizado no es una excusa, porque el poder de nuestra actitud vital es un corrosivo –aunque sea a largo plazo- para romper las cadenas. Vivir al Resucitado nos lleva a querer mantenernos bajo la mirada de Dios, y eso no es mantenernos en una posición beatífica o de autocomplacencia. Mantenernos bajo la mirada de Dios supone tratar de ver al otro como Dios le ve, aunque nos cueste; mantenernos bajo la mirada de Dios debe traer como consecuencia la natural querencia a la fidelidad y coherencia; mantenernos bajo la mirada de Dios nos da unos ojos iluminados por la misericordia, un corazón cargado de caridad y unas manos dispuestas a entregarse; mantenernos bajo la mirada de Dios es vivir la contemplación de una manera activa. Mantenernos bajo la mirada de Dios es tener a Cristo en nuestro centro, como eje y cimiento. Cada uno según sus dones, talentos o fuerzas, pero aspirando siempre a los carismas mayores, tratando de huir de la mediocridad, practicando la coherencia y ansiando la fidelidad a nuestra fe; mostrando el camino de la excelencia en la misericordia y la coherencia a los más jóvenes.

No hablo de grandes gestas, no, que no todos están llamados a ellas, y quienes lo están a buen seguro habrán sido preparados para alcanzarlas a base de la superación diaria desde las nimiedades. Hablo de la vida diaria, de la de cada uno. Hablo de una sonrisa, de unos oídos dispuestos a escuchar, de unos ojos que reflejen amor y compresión, de un corazón que no juzgue. Hablo de paciencia, de comprensión, de mano tendida. Hablo de acercarte y estar dispuesto cuando recurran a ti. Hablo de comprender angustias, desesperación y tristeza, sin juzgar. Hablo de mirar desde abajo, pegados al suelo, en la realidad de la vida propia y ajena; mirar desde abajo al hermano y decirle “no, no te tienes que preocupar”, "te entiendo, tengo tiempo y estoy dispuesto". Hablo de llevar el Evangelio en la cotidianeidad más mundana. Hablo de caer y levantarte; de caer y dejar que te ayuden; de caer y pedir ayuda. Hablo de ir scalando y no deambulando. Hablo, sí, de glorificar a Dios con nuestra vida.

Los muertos no son solamente los que están en las fosas, todos lo somos a veces. Lo que no entiendo es no mostrar la excelencia de la coherencia en la fe,  aun cuando caes, aun cuando sepas que en algún momento caerás… o no.

Yo tengo la suerte de que mi fe se sostiene también en la fe de mi mujer, en la fe de quien me acompaña y en la fe de cada miembro de la comunidad donde la vivo. Mi fe se nutre de la oración y crece entre mis debilidades, la fe de los demás y las debilidades ajenas. Eso es ir scalando en Familia. Estaré loco, pero hoy en día no entiendo no contarlo; no lo entiendo.

Aunque haya tantas cosas que no entienda acabo ya, pidiendo la Luz de la eterna claridad para quienes fallecen de manera violenta en cualquier parte del mundo, y contando la alegría de la sobreabundante Redención, porque “Tú nos devuelves la vida, y tu pueblo, Señor, se alegra contigo. Aleluya”.

domingo, 14 de abril de 2013

Que Cristo sea el centro


Termino una buena semana e inicio otra mejor, cargado de motivos de agradecimiento. Pensar en mí mismo, tanto cuando lo hago en mis propias debilidades como en los posibles aciertos, incluso cuando pueda parecerme necesario detenerme a mirarme un poco, tiene un punto de egoísmo que me lleva a perder la perspectiva de lo fundamental. Cada individuo tiene una manera concreta de encarar la vida, de ir acumulando las horas transcurridas al caminar, o bien de ir scalando de la mejor manera que pueda o sepa. Sea como sea yo, desde bien pequeño, siempre he sido más feliz cuando me alejaba de mí y ponía en el centro a otros. Esto no quiere decir nada, ni que fuera mejor ni peor que otros (peor sin duda en muchas cosas), simplemente que yo disfrutaba de una manera diferente. Al pasar los años esto ha permanecido invariable, como invariable permanece la distorsión o el desenfoque que me produce volver a meterme en el centro; desenfoca la visión correcta, descentra y desazona. Es un hecho.

Cuando, además, uno ha tenido la suerte de vivir o experimentar un encuentro con “Jesús el Señor” (brillante, claro, rotundo, sensato y contagioso ha estado hoy Damián Montes CSsR), la cosa cambia; cambia radicalmente y, aunque resulte paradójico, el desenfoque de esa mirada al ombligo es ya simplemente turbador. Pero la llama, precisamente por ese encuentro, permanece siempre viva; por eso, una conversación con la persona adecuada, el corazón y tu vida ante el Santísimo y la paz encontrada, colocan el foco de nuevo en lo esencial.

Recuperado el foco, a pesar del buen tiempo, este sábado cambiamos un poco los planes familiares. Pensábamos haber ido de excursión, pero yo había notado una ausencia. La ausencia de una persona servicial, siempre sonriente, siempre de buen humor, siempre dispuesta. La ausencia de una persona a quien veo a diario en PS, y que a diario me regala una sonrisa. Pregunté por él a un compañero suyo y me contó que estaba hospitalizado. Por lo que él me ha ido relatando en las charlas que hemos mantenido, su vida no ha sido precisamente fácil y estando en un país extraño, con el corazón dañado de nuevo y sin familia, pensé que la mejor manera de emplear mi mañana del sábado era acompañándole un rato en su habitación del Hospital de San Carlos. Allí fui y me encontré con la habitación vacía; pregunté por él y me dijeron que posiblemente estaría rezando (sí, es un hombre de fe). Al volverme le vi caminando por el pasillo. No puedo explicar la sonrisa que me regaló, como no puedo explicar el regalo que fue para mí esa visita. Esta noche el P. Jorge Ambel CSsR ha ido desgranando unas palabras que nos han ido abriendo los ojos y encendiendo el corazón a todos los que las escuchamos, mecidos por el silencio de peces atentos al pescador. En esas palabras estaba Cristo, el Cristo de la unidad de urgencias coronarias del San Carlos, que así se llama mi amigo. Ese Cristo siempre sonriente ante la adversidad; ese Cristo aferrado a María; ese Cristo que me ha enseñado que, cuando la fe es real, tu sonrisa la transmite sean cuales sean las circunstancias. Un Cristo pescador.

Sí, mucho de las palabras de Jorge mostraban la actitud de este hombre que con su vida, con su sonrisa, con su ejemplo es también un pescador. Cristo y Jorge me han recordado con claridad cuál es el camino, y el camino por el que yo soy feliz.

Que el centro sea mi mujer y no yo; que lo sean mis hijas y no yo; que lo sea el hermano y no yo.

Animaos. Es solamente una sugerencia. Poned a otro en el centro; y luego a otro, y a otro… y con el tiempo tendréis que tratar de disimular la sonrisa.

Que el centro sea Cristo. Y salir a pescar.

miércoles, 10 de abril de 2013

Scalando a la luz

Esta mañana he podido disfrutar de tiempo más que suficiente para ir, sin prisas, a PS bien temprano y, móvil en mano, rezar allí Laudes, en la Capilla de la Coronación (qué bonita es la vidriera del ábside representando la Coronación de Nuestra Señora de Velázquez). Combinado eso con los besos de despedida matutina en casa de mi mujer y mis hijas… no hay mejor manera de comenzar la jornada.

Al ir caminando hacia el Santuario leí el tuit diario de @parroquiaps, en esta ocasión con una frase de San Alfonso que sustancialmente nos invita a presentar al Señor los problemas ajenos, los del prójimo, olvidándonos de los nuestros. Lo cierto es que, en mi caso, hay prójimos que son propios, por lo que sus problemas nunca me son ajenos, y algunos van presentes a diario (estando en mi corazón no pueden sino caminar siempre conmigo); últimamente le doy muchísimo la lata mirándome el ombligo, así que me dije: Enrique, por hoy te abstienes de ti mismo. Dicho esto así pudiera parecer que me costó algo, pero como esos prójimos son tan, pero tan próximos, simplemente resulta algo natural.

Salí contento del templo y me monté en el coche sin demasiadas prisas, porque aún quedaba bastante para la reunión que tenía cerrada desde ayer. Por resumir: casi una hora de espera, excusas y justificaciones para resultar en un tremendo plantón. Será por la recomendación de San Alfonso, será por cómo había empezado mi día pero, pedí por aquel con quien había quedado mientras, por fin, me dirigía a la oficina, porque quizás habría tenido algún problema. Este hecho tan simplón me ha afianzado más en la certeza de que cuanto más humana es nuestra propia mirada sobre los demás –lejanos o allegados- más comprensiva es nuestra consideración hacia ellos (sus problemas, lo que vemos, lo que cuentan, lo que callan y lo que sabemos a pesar de los silencios), más caritativa y más misericordiosa; cuanto más humana es nuestra mirada a nosotros mismos, idem. En el fondo, cuanto más humana es la mirada del hombre más se acerca a la mirada de Dios. Por eso mismo, uno no puede conformarse libremente según la voluntad del Padre si no lo hace desde un corazón plenamente humano; plena y descarnadamente humano como Cristo ya Resucitado, Dios Vivo, verdadero hombre y verdadero Dios.

El tuit de @parroquiaps, el Salmo que nos ofrece la Liturgia para hoy “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha”… …en fin, pidamos por los afligidos; especialmente por los afligidos que ya ni piden porque les han abandonado las fuerzas y han abandonado la esperanza. Pidamos por ellos, estemos a su lado y contémosles la Buena Noticia aunque convoquen el Sanedrín contra nosotros; porque la Buena Noticia como la condensa hoy San Juan es para no callarla, para contarla sin parar. Es tan para contarla que el propio Juan varía el estilo que ha venido usando, abandona la conversación para dar paso al relato, a la lección. Difícil decir más en tan pocas líneas; lo dice TODO. “…Dios no mandó su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. “…todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz…”. …el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

En ese empeño vamos, scalando a la luz.

domingo, 7 de abril de 2013

¡Gracias, Víctor!


Un plantel de lujo hemos tenido hoy en el presbiterio en la misa de 21h en PS: Manuel Cabello, Damián Mª Montes Nieto y Víctor Chacón Huertas, junto a dos monaguillos. Jorge y Manuel Sacerdotes Redentoristas, Damián y Víctor diáconos y también Redentoristas; diáconos por poco tiempo porque, si Dios quiere, serán ordenados sacerdotes el próximo día 27 de este mes en el Santuario del Perpetuo Socorro de Granada. Y con tal motivo allí iremos los cuatro a acompañarles, porque los queremos, porque vamos scalando en Familia, porque queremos ser partícipes también de su alegría, que es la nuestra, de la Congregación y de la Iglesia.

Hoy nos ha proclamado la Buena Noticia y ha predicado Víctor. Domingo de la Divina Misericordia. Señores, qué pedazo de homilía en qué pedazo de celebración (confieso que esto de sentarme en los primeros bancos me gusta especialmente cuando llega con fuerza, como ha sido el caso, el embriagador olor del incienso, me entusiasma). Así he salido, entusiasmado; sin miedo, exultante más que alegre, y con ganas de contarlo. Con ganas de continuar contando que Cristo resucitó, lo cual es el mayor motivo de gozo, el motivo del que nace el gozo real. Y con ganas de contar que la Iglesia va a ganar, también con Víctor, a un sensacional sacerdote. Sensato, profundo, tranquilo, normal y contagioso; contagia con la naturalidad de andar por casa propia de la Congregación. Hoy he vuelto a casa, una vez más, levitando. Sí, un poco de sensación de orgullo, como me pasa cada vez que veo brillar a quien tengo un cariño especial, cada vez que aprendo de aquellos a quienes tengo un cariño especial, no lo puedo evitar.

Estaba de paso hacia su comunidad, en Valencia (esa suerte tienen los valencianos de Nazaret). Damián y él acababan de llegar de unos días de retiro en un monasterio Cisterciense. Lo que hayan vivido, orado y meditado allí ha debido de ser realmente especial, a juzgar por el especial abrazo con Damián, y lo especial de su mirada (lentillas aparte). Abrazo y palabras antes de iniciar la Eucaristía que me confirman lo bien que conoce Damián, al menos, una parte de mí.

Si yo hoy he vuelto a mi casa levitando, ni me imagino cómo estará el Provincial de contento el próximo 27, cuando estos dos jóvenes Redentoristas sean ordenados sacerdotes; y ya veo a San Alfonso fardando un pelín entre los santos. Porque no es que yo sea muy raro (que sí, que lo soy, no lo voy a negar), es que las caras de los feligreses, del pueblo de Dios, creo que eran como la mía, un poco de sensación de mirarte a un espejo de sonrisa en sonrisa.

Estoy acostumbrado a aprender y crecer con las reflexiones que publica, pero escucharlas es incomparable. Gracias Víctor, porque hoy has sido tú quien ha provocado que inicie la semana sin miedo, alegre y con ganas de contarlo, que inicie la semana de la mejor manera: sonriendo.

Os pido a todos los que leáis éstas líneas que le regaléis a alguien una sonrisa, que perdáis el miedo, estéis alegres y continuéis contando a todos que sí, que Cristo resucitó; os pido a todos, además, que recéis por estos dos jóvenes diáconos que el 27 de abril, para alegría de la Iglesia, se convertirán en presbíteros.

miércoles, 3 de abril de 2013

Porque atardece

¡Qué maravilla la lectura y el Evangelio de hoy (Hch 3, 1-10 y Lc 24, 13-35)! Tantas veces anda uno ensimismado en sus necedades, en sus miserias, que entra en una espiral que, cuando menos, puede llevarnos a olvidarlo. El gozo de la Resurrección y la alegría de las lecturas de la Pascua no solamente dan confianza, a mi me ayudan, además, a espabilarme y llenarme de Esperanza.

“Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”. Ahí iban esos dos discípulos ensimismados en su conversación, apenados porque habían perdido al profeta poderoso, dándole vueltas a lo que las mujeres de su grupo les habían relatado, pero cegados por el propio discurso. Y se les acercó un forastero.

Le tenían ahí, en carne y hueso; el propio Jesús en carne y hueso les salió al encuentro en el camino, y nada, que no le reconocían. Se les puso ha hablar, y seguían aparentemente sin reconocerlo, aunque su corazón ardía. Hasta que no partió el pan no se les abrieron los ojos.

No nos acabamos de dar cuenta de que se quedó con nosotros de verdad: se quedó en la Palabra, se quedó en el Pan y se quedó en el hermano. Nos hace arder el corazón, y cuando escuchamos la Palabra y compartimos el Pan con el hermano la llama aumenta. ¿Cuántas veces no le vemos en el amigo, en el hermano o en el forastero? ¿Cuántas veces no le vemos en nuestra mujer o en nuestros hijos? ¿Cuántas veces no le vemos en el espejo? Y quienes tenemos el gozo de haberle reconocido en nuestra mujer, hijos o Amigo ¿cuántas veces lo olvidamos? ¿Cuántas veces lo ignoramos? Necesitamos resucitar con Él para renovar el gozo y la esperanza;  necesitamos resucitar con Él para descubrirle en nuestro tiempo y nuestro entorno; necesitamos resucitar con Él para reconocer los signos, sentirnos signo y serlo de verdad. Ser corazón ardiente que lleve calor.

Quizás los signos sean silencios; quizás los signos sean sequedades; quizás los signos sean angustias; quizás los signos sean mensajes de madrugada; quizás los signos sean risas y lágrimas compartidas.

Dejemos que nos salga al encuentro en el camino y salgamos nosotros mismos al encuentro de los demás en sus caminos. Hemos de dar un paso, o dos; o, mejor, no parar de caminar. Le tendremos a nuestro lado sí, pero ¿y si no le invitamos a entrar? Si Cleofás y su amigo no le hubieran apremiado “quédate con nosotros, porque atardece, y el día va de caída” no habrían llegado a compartir el pan y no lo habrían visto a pesar del calor de la Palabra… Él hizo ademán de seguir adelante, pero le pidieron que se quedara y se quedó. Pues no dejemos de pedirle porque, como nos recuerda San Alfonso Mª de Ligorio “no parece sino que, al oír nuestra oración, olvida nuestras culpas”. No nos juzga, nos Ama.

Y porque está en nosotros, por la gracia de la fe y la fuerza de su Espíritu continúa haciendo milagros también a través de los hombres, como Pedro en la lectura de los Hechos de los Apóstoles; o como el santo que celebramos hoy, San Luigi Scrosoppi, por cuya intercesión sanó un enfermo de sida de Zambia, Peter Changu Shitima. ¡Esa comunión de los Santos!

Como nos anima el Salmo de hoy, recurramos al Señor y su poder, busquemos continuamente su rostro. Pidámosle que se quede, dejémonos resucitar y salgamos al encuentro del hermano en su camino. Ahora que estamos en primavera y en Pascua no caigamos en la astenia, al menos espiritual: busquemos su rostro, seamos su rostro. Que nadie nos diga mirándonos a los ojos: "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.

lunes, 1 de abril de 2013

Qué ¿resucitó?


Qué ¿resucitó? Posiblemente te sigas preguntando si resucitó o no. Por qué tanta gente dice que sí, que se sienten nuevos porque resucitaron con Él y tú, pobre hombre o mujer, continúes necesitado de auxilios. Quizás te hayas levantado igual que te acostaste: sabiendo que llegará un lunes en que no irás a trabajar porque no tienes trabajo; pensando en cómo darás de comer a tus hijos o en cómo evolucionará tu enfermedad o la de tu madre; necesitando quién te consuele o aclare tus dudas irresueltas; sabiendo que aquella persona a quien tanto quieres te colocó públicamente a los pies de los caballos y encontró excusas para hacerlo. Por ello puede que pienses que todos aquellos felices por la Resurrección son una panda de locos.

Pues perdóname pero no has entendido NADA. Quizás has querido ver en la Buena Noticia una suerte de manual de autoayuda para momentos puntuales de la vida, una especie de bálsamo de fierabrás que solucione problemas concretos. Pues ya lo siento porque te has equivocado. Los milagros existen, claro que existen, pero son eso, milagros. Luego está la providencia. Y también Dios en el otro.

Dale una vuelta a todo lo que te han contado y piensa en Dios en el otro. Dios actúa también en el otro, a través del otro: de quien se devana los sesos y arriesga sus caudales por crear empleo; de quien emplea su tiempo consiguiendo alimentos, ropa o dinero para atender a tantos como lo necesitan; de quien emplea su tiempo “libre” en atender al prójimo con sus propias manos; de quien cuida de enfermos o pone sus dones al servicio de la ciencia para que mejore la salud de todos, también la tuya o la de tu madre aunque quizás no les toque ahora, pero seguro la de otros en el futuro; del hermano que te consoló, y que puede que fuera quien te puso al día siguiente a los pies de los caballos en público. Es más, puede que incluso te des cuenta cuánto le sigues queriendo a pesar de todo. ¿A que sí? Pues claro, porque Dios también está en ti; ¿recuerdas? “No toma cuentas del mal”, como tantas veces escuchaste a Pablo en Corintios 1. Ahí está; ahí está Cristo RESUCITADO y VIVO. ¿Ves cómo también has resucitado con Él? ¡Si sigues amando!

No, que no están locos. Que ellos también tienen los mismos problemas que antes del Domingo de Resurrección. También se despertaron con legañas. Porque no es ESO; no hablan ni viven de un manual de autoayuda. Una vez que lo entiendas será cuando tu vida cambie y quieras ser tú mismo instrumento del Señor para que otros Vivan. Ser instrumento para acercar el Reino e ir aliviando este Valle de Lágrimas.

Si alguna vez vuelves a entender toda esta historia como un manual de autoayuda para buscar el instante melifluo más o menos duradero, ten presente una frase de San Alfonso Mª de Ligorio con la que @parroquiaps nos saludaba en Twitter la mañana feliz del Domingo de Pascua: “Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final”.

De ahí viene la verdadera alegría, de la consciencia y seguridad de que Cristo murió y resucitó para darnos vida, sí, pero la Vida Eterna. Así, entendiendo eso, su donación absoluta por ti en concreto, puede que comprendas por qué a aquel amigo le sigues queriendo tanto a pesar de entregarte por otros; por qué tantos se donan por muchos. Así, entendiendo eso, seguro que querrás ser uno de tantos, de esos tantos. Así comprenderás la felicidad exultante que provoca creer en la Resurrección. Así amarás; sabiendo que está en ti, como está en el hermano.

Qué ¿resucitó? ¿A que sí?