lunes, 30 de julio de 2012

Juan 6, 1-5


Tras un estupendo fin de semana en familia, contemplando cómo un anciano amaga de nuevo con emerger como un Ave Fenix, ya sufro otra vez los rigores del calor de Madrid y el eco de una casa vacía, por mucho que mis amigos se esfuercen por mitigar éste último.

No quise volverme sin hacer una visita a la Parroquia de la Inmaculada, y dar un abrazo al P José Luis. Allí me encontré con una familia a la que he visto alguna vez en PS y estuvimos hablando un rato. Historias paralelas. Es algo hermoso lo que nos une, por mucho que ellos sean más de lo que yo estoy. Era la primera vez que hablábamos con calma, y preveo que no será la última; aunque el futuro no esté en mi mano, ni en las suyas. En muchas otras he visto antes la bondad de sus caras.

El viaje de vuelta en el coche de unos amigos, como el de ida. Pero esta vez venía alguien más. Me confesó que de vez en cuando leía las entradas del blog, aunque no lo comparte. Se manifiesta ateo, no lo comparte, lo respeta y le hace pensar. A mi eso también me ha hecho pensar; pensar en qué puede ser lo que a una persona atea le lleva a volver a visitar y leer un blog como este. No sé. Pero también recordé a ese muchacho que tenía cinco panes y dos peces, solamente eso, y posibilitó el milagro de Jesús. Esto me llevó a alguna de las homilías del P Colinas durante la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Nuestras manos, nuestros ojos, nuestro tiempo, nuestra sonrisa pueden posibilitar pequeños milagros para algunos; nuestra vida como cooperación, lo que somos y lo que tenemos. Quizás por eso, cuando aquel amigo que confiesa su ateísmo dijo que había cerrado el blog en el que iba plasmando sus reflexiones, yo pensé que solamente una visita recurrente a mi me valía para no cerrar el mío. Naif, lo sé, pero uno es así.

Casi cinco horas de conversaciones de recuerdos. Yo me evadí un poco a mi vida actual, y no pude dejar de sentir una pena enorme por algún amigo que siento que se nos escapa entre los dedos, aunque soy consciente de que, quizás, dejar nuestras manos abiertas sea el mayor y también el único acto de Amor que podamos ofrecer, con lo que somos y lo que tenemos.

Y ahora que solamente suenan las teclas de mi PC, mi oración nocturna irá por él y por mis tres niñas, cuyas voces me gustaría tanto seguir escuchando.

miércoles, 25 de julio de 2012

Pelillos a la mar


Acabo de mantener una breve conversación con alguien que no ha pasado por su mejor momento, y se muestra dolida con quienes no han estado a su lado.

Se trata de una chica de un fondo mucho más que generoso y una vitalidad que se le escapa por los ojos. Su sonrisa casi permanente no es el reflejo, que también, de un estado de ánimo efímero sino producto de un gozo mucho más profundo y arraigado. Parece mentira que una mujer pequeñita albergue un corazón más grande que su propio cuerpo. Una mujer de carácter fuerte, pero que le hablen, por ejemplo, a San Jerónimo de caracteres fuertes.

Es comprensible y humano que usemos el filtro de las propias experiencias como criba que distinga quién sí y quién no. Sin duda duele, pero todo sana. Sé que cuesta, pero sinceramente yo no lo tendría muy en cuenta. Y no por eso de allá cada cual o arrieritos somos, no. ¿Cómo se sintió Jesús ante los tres “no” de Pedro? Y, sin embargo, ya ves quién fue su roca. La angustia le llevó en su soledad a sudar gotas de sangre en Getsemaní, y por tres veces encontró a Pedro, Santiago y Juan durmiendo. No todo el mundo es así, pero hemos de reconocer que está en la condición humana tanto como en nuestra propia mano dar setenta veces siete oportunidades.

Caemos y nos levantamos. Ay de esa primera piedra… Yo he caído y me he encontrado para levantarme la mano de aquel a quien había decepcionado (a veces lo hacemos sin darnos cuenta); sí, toda una lección de perdón y de Amor.

Alguien a quien ambos queremos nos dijo un día a ti, a mí, a muchísimos, que fuéramos como custodias de Cristo. Ni nos dijo que lo fuéramos sólo una semana, ni nos dijo que fuera a ser fácil ¿verdad? Pues podemos serlo también con nuestra actitud.

Cuando nos fallan la pelota puede que esté en nuestro terreno, y de nuestra actitud, de nuestra reacción, puede que dependan muchas otras. Quienes un día nos decepcionan puede que otro nos sorprendan. Son pequeños grandes gestos que, persona a persona, contribuyen a que el mundo pueda ir cambiando. Porque al final, como todo, se trata de Amor, que es lo que mueve el mundo.

lunes, 23 de julio de 2012

La muerte en el ritmo de la Vida


Contemplar de cerca los pesados pasos de la fría parca con su implacable guadaña, contemplar de cerca la lenta llegada de la muerte, es contemplar de cerca el ritmo de la Vida.

Observar de cerca cómo un cuerpo anciano se deteriora, cómo una larga existencia siente el acecho de la llamada definitiva a subirse al tren que le habrá de llevar a la Casa del Padre, es observar el ritmo de la Vida.

Presenciar cómo una jovencísima anciana se desgasta en los cuidados de aquel junto a quien lleva recorridos mas de cincuenta años, como quien se afana en los cuidados de un Cristo doliente, presenciar su fe, su silencio, contemplar su hermosísima sonrisa, el cansancio y la tristeza que sus aun impresionantes ojos negros tratan de ocultar, es presenciar el ritmo de la Vida.

Ser testigo en dos niñas de siete y cinco años de la normalidad absoluta de todo ello, es ver cómo aprenden desde la fe la naturalidad del ritmo de la Vida.

Ni hay frio, ni parca, ni guadaña. Hay una Vida, habitando un cuerpo en lenta desintegración y de una fortaleza sorprendente, que transita despacio y con sufrimiento al encuentro con el Redentor, en quien todo se consuma y cobra sentido y plenitud.

Recuerdos acallados en la oración para ir presentando día a día la vida de este anciano al Todo Misericordioso es emplear el transcurso de mi propia vida en algo tan hermoso como la reconciliación. La pena se disipa ante el gozo de la fe, y en su momento el vacío se irá llenando con el transcurso de la Vida.

El ejemplo del sentido del deber, de la fe, de la dignidad y la entrega de esa mujer es una lección de Amor impagable. La contemplación de la vida de ese anciano que se entrega poco a poco es otro ejemplo impagable para reafirmar la necesidad de no desaprovechar la propia; tempus fugit.

Ya lo he vivido mas veces y el tren pasó de largo, pero ahora avanza a baja máquina para hacer una parada en la que se monte con el alma como único equipaje, dejando tan solo aquí lo que en polvo habrá de convertirse; dejando tras de si esposa, hijos y nietos. Haber sido elegido por el Creador como transmisor de Vida es un privilegio y una responsabilidad de la que no siempre somos conscientes los padres; formamos, educamos y custodiamos un tesoro que es Vida y Amor del Padre, en Él, por Él y para Él; por ellos, para ellos y para los demás.

Porque Dios plenifica y consuma en la Redención que nos ofrece el propio Cristo. Porque el don de la fe conmueve y mueve a darnos a los demás.

Porque mi madre desgastándose es ahora la imagen más nítida del Señor para mi padre.

Eso es para mí, y no otra cosa, una muerte digna; eso es para mí la grandeza de una Vida digna también ante la muerte.

jueves, 19 de julio de 2012

¿Y los que no son jóvenes?


Ayer tuve una curiosa conversación con un desconocido; desconocido al principio, porque cuando se habla con franqueza terminas por conocer un poquito. Es alguien que busca, pero que se encuentra en pleno desconcierto. Es más o menos de mi edad, y está desubicado. Le encanta el giro que parece estar tomando la Iglesia hacia los jóvenes en general porque entiende que eso mismo hace que la propia Iglesia rejuvenezca, pero al mismo tiempo tiene una desafortunada sensación de abandono.

“¿Y nosotros, los que no somos jóvenes?” No se refería a quienes participan de manera activa, aunque no sea más que con la Eucaristía dominical, hablaba de aquellos que comienzan a tener sed, de aquellos que quieren acercarse de nuevo –o incluso por vez primera- y que, en muchos casos, son incluso padres de esos jóvenes sobre los que la Iglesia comienza a poner una atención especial. Quieren y no saben cómo; se ven intimidados por la falta de acento. Algo les atrae, y ese algo es la actitud de los miembros de la Iglesia ante la crisis, la atención de Cáritas, el desvelo de voluntarios, religiosos y sacerdotes; la Palabra llevada a la práctica.

“Todo son los jóvenes, parece que solamente existieran los jóvenes”. Le sentí realmente necesitado de auxilio espiritual. Cuando le dije que acudiera a cualquier parroquia a hablar con un sacerdote (incluso le nombré como cinco en los alrededores) me contestó: “Ya, y luego qué”. Independientemente de la edad era el alma de un niño necesitada de acompañamiento y formación, con el natural y más que comprensible egoísmo que tienen algunos niños. Quizás porque primero hay que encontrarse, hallar respuestas, afianzarse, para poder vaciarse, ponerse en Sus manos y darse a los demás; y empezar a caminar, pero no solo. Entendía que los jóvenes son el presente y el futuro, pero ni el único presente ni el único futuro. Le atraían las formas nuevas, pero me comentó que conocía a bastantes a los que esas formas y lenguaje nuevos les estaban haciendo distanciarse a velocidad de crucero. Decía sentirse casi como una espinilla entre su hijo mayor y sus padres; aunque también habló de cómo sus padres empezaban a verse alejados y sentirse no incluidos.

La conversación me hizo darme cuenta de la cantidad de gente necesitada que busca y no lo vemos, que muchísimos son padres o familiares de los jóvenes que se sienten atraídos por una Iglesia en movimiento, aunque me apenó que puedan sentirse como algo meramente residual. Deberíamos valernos del tirón de los jóvenes para atender y dar respuesta no puntual a esas personas. Ahí también debe estar con empeño la Iglesia misionera.

miércoles, 18 de julio de 2012

Gracias por la invitación


Esta tarde alguien cercano y querido me ha reiterado una invitación para toda la familia; la he acogido con alegría, y aunque el corazón me impulsara a gritar (que no decir) que sí, ha sido la cabeza la que me ha aconsejado verbalizar lo contrario. Aquel que busca y no encuentra es pronto a la desazón y a la frustración, como es pronto al halago una vez aprehendido aquello que procura. El que sin buscar halla, descubre ante sí un Tesoro presentado en formas y con expresiones y actitudes concretas, y, abandonado el desconcierto inicial, vencidos los miedos, se reconoce enamorado por esa Verdad y bucea con avidez insistente entre el presente activo y el corazón de un anciano fallecido hace casi 225 años, simplemente vive gozoso un cambio imparable en su Vida. De una fuerza centrípeta a una explosión centrífuga en su entorno. Una realidad que impele el consciente y el inconsciente, que deriva en pasión consciente, que hace huir de la pasividad. Una variación tan radical que produce una valoración nueva de la realidad, de la propia realidad. Algo que transforma al individuo y, a la vez, su entorno inmediato. Si además esa dicha es compartida, esa transformación es compartida, el gozo es de una familia; sí, de nosotros cuatro.

De buena gana habría gritado que sí. Pero la sensatez me ha llevado a decir que no; que no ahora. No era el momento; es el momento de los jóvenes y, aunque sé que puede no parecerlo, no me gusta perturbar el flujo natural. Ese es exclusivamente el motivo. No otro. Ni siquiera la abismal diferencia entre ser y estar. Ser implica compromiso y re-cognoscere; ser, cuando connota de manera evidente una suerte de immanere lleva inherente una misma y común esencia; immanere que presupongo en acogida, ni exclusivo, ni excluyente, ni cerrado y, por lo tanto, abierto al incontenible futuro. Cuando simplemente estás –o eres porque estás- se evidencia la posibilidad real de temporalidad, transitoriedad o abandono, y el Amor no pasa nunca; quizás aceptable para quien albergue intenciones de mera efectividad inmediata, que sin duda pueden ser loables cuando son sanas y tienden ad bonum commune en una causa concreta, delimitada y específica. Porque si hay tantas maneras de llegar a Dios como seres humanos, en el mundo unos se ven siguiendo Sus pasos y, de ellos, algunos sentimos la gozosa necesidad de hacerlo por una vereda determinada (Apostolicam actuositatem http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html); y hacerlo plenamente por el irreflenable attirer francés, no por el "es a tí a quien empujan" de Mefistófeles en el Fausto de Goethe.

Es una espina clavada, como la de la frente de esa Santa Rita que el pasado fin de semana veló el sueño de un joven amigo común en Cabezón de la Sal y que sí estará allí, porque es su momento.

De buena gana te habría dicho que sí; lo sabes. “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”. "¡Deseas volar y no te ves libre del vértigo!", decía Goethe, pero es que éste no se vence sino cuando llegas a lo alto.

No sabes cuánto, cuánto, te lo he agradecido.

lunes, 16 de julio de 2012

De un email a la Cruz de Cristo


No hay fecha concreta; iba a decir que este fin de semana empezó con un email que envié el 13 de septiembre de 2011, pero esa no es la realidad. El comienzo fue con el principio de los tiempos. Él nos Ama, nos piensa, nos crea, nos pone en este mundo y nosotros vamos scalando, caminando, conociendo y discerniendo; y a cada paso se nos va mostrando, seamos o no capaces de reconocerlo.

Lo que sí es cierto es que escribí y envié ese correo electrónico. El destinatario era un chico alegre y bueno a quien había empezado a apreciar durante la JMJ, aunque en la distancia, en la sombra, hacía tiempo que venía viéndole crecer. No sólo yo. El corazón de un niño es la mejor criba para descubrir la semilla entre la paja y la tierra, mostrándola limpia y nítida, y yo ya llevaba tiempo observando cómo mis hijas se mostraban confiadas y seguras con él, venciendo timidez y recelos con la naturalidad y frescura con que solamente los niños y las almas puras saben desenvolverse. Pasaban los domingos, pasaban los días y las semanas y me sentía contento al contemplar cómo mis tres niñas iban también queriendo a ese muchacho. Y los días, las semanas y los meses me fueron descubriendo el alma buena que yo había visto (sin ningún mérito porque la luz siempre brilla en la oscuridad). Había algo en él que me recordaba a mí a su edad, y muchísimo que me separaba de él: su sensatez, su cordura y, sobre todo, su valor. Poco a poco iba emergiendo no solamente un joven con una cabeza admirablemente bien amueblada, sino una persona entregada, incansable, comprometida, alegre y de una fe verdaderamente robusta. Un hombre que resplandeció aleccionador en sus momentos más duros. Para entonces ya le queríamos con todas las consecuencias que implica querer a alguien, Amar.

Le he visto erguido cuando otros se abaten, le he visto luchador en la adversidad, le he visto incansable por su comunidad, le he visto feliz entre sus amigos, le he visto comprometido con los niños, le he visto solidario entre los jóvenes: le he visto mostrar a Cristo y ahora le veo seguirle.

Y yo no puedo –tampoco mi mujer- ni quiero evitar sentirme orgulloso y feliz, simplemente porque le queremos.

Este fin de semana hemos tenido la impagable fortuna de compartir en Familia fe y ocio. Juntos hemos acudido a Santo Toribio de Liébana, en jubileo extraordinario, a besar el madero en el que –según la tradición- fue crucificado Jesús por todos nosotros. Eucaristía, confesión, comunión. Que mis labios tocaran un humilde trozo de madera por el que corrió la sangre derramada por la Redención de todos me deja sin palabras; y compartirlo con María, Toya, Paula y él ronda la máxima expresión del gozo de la fe.

Y como tiempo hay para todo, tiempo nos dio para disfrutar de las maravillas de la creación por Potes, por el Río Deva, por Gerra, por Cabezón de la Sal, por Santander. Y a María, a Toya, a Paula y a mí el Señor nos regaló una extraordinaria oportunidad para disfrutar con él y de él. Incluso mis padres, en su casa, pudieron compartir un rato con un joven bueno.

Por cierto, aunque le llamamos Lalo, se llama Álvaro. Y sí, ya va anunciando la Buena Noticia con su vida.

viernes, 13 de julio de 2012

A Santo Toribio de Liébana


En un par de horas salgo camino de Cabezón de la Sal para ir a Santo Toribio de Liébana, que es desde el 23 de septiembre de 1512, uno de los lugares santos para los católicos junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz. En este monasterio franciscano se conserva y custodia el Lignum Crucis, según la tradición el trozo más grande conocido de la Cruz de Cristo. Este no es Año Jubilar Lebaniego pero, al cumplirse los quinientos años de la concesión de la bula, el 15 de abril se abrió un periodo jubilar de seis meses.

No hay mayor signo de Amor que la Cruz, por eso para mí es especialmente significativo con quien iré a ponerme a Sus pies: mi mujer, mis hijas y Lalo. María es el Amor y regalo del Amor, mis hijas el fruto que el Señor nos regaló, y Lalo otro regalo venido de lo Alto que es una expresión andante de ese Amor. ¿Se puede tener mejor compañía?

Pero no estaremos solamente nosotros; en mi corazón llevaré a un puñado de personas: mi madre; Jorge, Guille, Bárbara, José Fernando, Miguel A.; mi ahijado Nacho y su futuro matrimonio; Pedro y con él a la Familia Redentorista de la Provincia de Madrid; Bryan y Manuel y con ellos a la recién constituida Provincia Redentorista de América Central; mi cuñado Ignacio y unos cuantos parados más; la madre de Luis y varios enfermos; a Ana, para que acoja con comprensión y alegría el cambio de mi vida, porque sigo siendo el mismo niño que conoció y con quien lleva recorridos tantos años; el proyecto de Xiskya y Daniel; bueno, y a aquellos por quienes no pide nadie.

Sí, seremos muchos, pero es que Él murió en la Cruz por todos.

Me voy contento, con fe, con esperanza y con alegría aunque vaya a pedirle más fe, más esperanza, más alegría y un corazón más dócil.

miércoles, 11 de julio de 2012

The amazing Spider-man


No, no voy a hacer una crítica de “The amazing Spider-man”, la película, por mucho que me gustara, por muy entretenida que me pareciera y por mucho que su protagonista, Andrew Garfield, me recordara en cada escena a un joven amigo de la familia, Íñigo Montero. La vi ayer por la noche, ya “de Rodríguez”. Una simple noche con dos amigos. Quizás por eso mismo disfruté tanto, porque lo grande está en lo simple, en lo sencillo, en lo normal, en lo cotidiano.

Compartir el previo y el post, poder disfrutar de un rato de conversación franca, abierta, sin dobleces, sin medias palabras ni lecturas entre líneas da un gustazo tremendo. Porque la Vida está en las nimiedades de la vida. Reconozco que yo soy un tanto barroco hablando y tendente a los círculos concéntricos para, por sorpresa, lanzarme al centro de esos círculos. Con uno de ellos tengo una confianza absoluta, compartida con María, lo que me hace sentirme cómodo también en el silencio, pero creo que nunca me he sentido eso, tan cómodo, como ayer. Sé que parecerá una estupidez pero, en mi opinión, poder compartir un rato con alguien con naturalidad y sin necesidad de abrir la boca es el culmen de la familiaridad y la intimidad ¡compartir el silencio!; aunque ayer sí que hablamos. Una conversación que a mí me dijo mucho de quienes tenía delante; mucho y bueno.

De modo que anoche, en mi oración nocturna, en mi repaso del día di gracias por algo tan simple y tan normal. Porque si Dios está en lo pequeño de la vida diaria, ayer estuvo con nosotros mientras compartíamos tinto de verano, coca cola y cine. Igual que llevábamos gafas especiales para ver la peli en tres dimensiones, es bueno llevarlas en el corazón para saber reconocernos bajo la mirada del Señor en cualquier ocasión; admirar su presencia sin estridencias en lo habitual. Nada nuevo, ya decía Santa Teresa que Dios está entre las sartenes y las ollas de la cocina; sepamos verlo también ahí.

Ser consciente de eso es tanto como ser consciente de lo privilegiado que es uno.

lunes, 9 de julio de 2012

Me quedo feliz


La casa vacía; ventanas abiertas de par en par que dejan correr una agradable brisa; frente a mí, el icono de Santa María del Perpetuo Socorro que me regaló el P Pedro Guembe CSsR. Y el silencio. Mis tres niñas, María, Toya y Paula, acaban de partir hacia Cabezón de la Sal. Sólo escucho algunos pájaros que me traen a la memoria el bellísimo “Viaje definitivo” de Juan Ramón Jiménez……. “Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando”. Tan bello como triste y carente de esperanza, y por lo tanto de fe.

No es el caso, en absoluto. Yo no…. “estaré sólo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido…” por mucho que el silencio sólo sea roto por los pájaros cantando (cómo agradezco el hábito Escolapio y la costumbre familiar de memorizar y recitar poesía).

Se han ido felices; María más feliz que nunca. Enamorada de la Cruz que lleva colgando, consciente de un proyecto común que en manos de Dios se irá concretando y afianzando, en Familia. Porque Dios totaliza, aúna, da sentido y plenifica; por eso exige, o hace nacer la autoexigencia. Se han marchado tres niñas enamoradas de la Vida, que es la manera más explícita de estar enamorado de Dios. No llevan al Señor en la maleta; María parte bajo Su mirada y de su mano las dos niñas; eso es todo.

Y yo me quedo feliz. Permanecer en Madrid supone que tengo trabajo, y eso hoy en día es un logro. Me quedo feliz porque mi mujer decidió coger el piolet, y eso supone una Scalada común. Me quedo feliz porque tengo dos hijas que van creciendo alegres, sanas, felices, sabedoras a su manera de que caminan tomadas de Su mano, scalando a su manera. Me quedo feliz porque a golpe de fe, a golpe de piolet, acompañados, y levantándonos firmes vamos consiguiendo que Tobías 8, 5-10 sea una realidad en nuestra vida.

Aprovecharé el silencio para escuchar…

domingo, 8 de julio de 2012

Fabriciano Ferrero CSsR


Lo del P Fabriciano Ferrero CSsR no es normal. Seguro que hay otras maneras mucho más acertadas de expresarlo, pero no me sale otra: no es normal; es muy superior a lo normal. Cruzar unas cuantas palabras con él, siempre sonriente, te deja con una sensación de paz especial. Si no solamente son unas palabras, y la conversación se extiende algunos minutos uno rápidamente se da cuenta de que está dotado de un intelecto privilegiado y cultivado a lo largo de los años; sin embargo uno nunca se siente incómodo por eso. Al contrario, es tal su humildad que se coloca con una facilidad sorprendente a la altura de su interlocutor, sin darse la más mínima importancia, con naturalidad y poniendo el peso y el centro en el otro, como si uno tuviera algo interesante que decir. Su serenidad no puede venir más que de una fe robusta y contagiosa y se expande en un discurso tan profundo como la espiritualidad que encarna.

Con estas características y contando con las lecturas de hoy, domingo 14 del tiempo ordinario, su homilía en la misa de 12 en PS ha sido toda una delicia. Habitualmente sus homilías no son precisamente breves, pero yo hubiera deseado que no acabara. Capta la atención sin estridencias, inflama, congrega, explica, centra, anima y enseña. Ha sido una plática eminentemente didáctica, tanto desde el punto de vista histórico como teológico, pero haciendo partícipe a toda la feligresía de la Palabra, animándonos a todos a nos ser profetas en nuestro entorno y por lo tanto a serlo; a dejarnos llenar de Su gracia, que nos basta en la debilidad; a gozarnos en el debilidad para ser fuertes, especialmente hoy en día; a acrecentar nuestra fe para poder ser Su instrumento; a ser humildes. La humildad de Dios, hijo de Dios, hijo de un carpintero; le fe necesaria para cooperar con Él en los “milagros” de la vida diaria.

“No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes, en su casa”.

Como, obviamente sin extrapolar, descoloca, asusta e incluso incomoda a parientes y amigos –al menos inicialmente- aquel que abandona –de manera aparentemente súbita- la tibieza y camina con pasos firmes y seguros, aunque sean cortos; y si esos pasos son de dos y al unísono, con otros cuatro piececitos, el miedo y la incomodidad para algunos se vuelven sorpresa y ánimo, aliento y esperanza, momento en que el sorprendido es uno mismo. Pero entonces uno se acuerda de la Aclamación de hoy (Lc 4, 18-19), de las lecturas, de la homilía del P Ferrero, se fija en la estatua de un anciano obispo llamado Alfonso, levanta los ojos y ve el Icono de nuestra Madre del Perpetuo Socorro y el Sagrario, y no puede sino acariciar la Cruz que le cuelga en el pecho y abandonar el templo de la mano de su mujer y sus hijas tranquilo y dispuesto a seguir caminando.

viernes, 6 de julio de 2012

Lo cansino de los extremos


Acabo de leer un artículo en una publicación en internet sobre los riesgos de una pastoral carente de significado, ejemplificándolo en algunos aspectos de la pastoral juvenil en Latinoamérica (como si la pastoral juvenil fuera homogénea por continentes).

Me han ido surgiendo varias reflexiones a medida que iba leyendo el artículo.

Habitualmente sigo con interés opiniones y artículos de dos webs de contenido religioso pero de muy diferente signo. Hablamos de Nueva Evangelización, se supone que debemos remar todos en la misma dirección aunque la flota esté compuesta de muy diversas embarcaciones, ir recogiendo náufragos, indicando el rumbo a quienes anden sin brújula y echando un cabo a los que simplemente quedaron al pairo. Sin embargo, a diario veo piedras lanzadas de uno a otro lado, pajas vistas en ojos ajenos, enrocamiento en posturas enquistadas en extremos mucho más políticos que religiosos. Lo ultraconservador que en tantas ocasiones pareciera querer trasladarnos a épocas pasadas –muchas veces tan lamentables-, tintes de culpabilidades, poca acogida, falta de alegría, demasiada condena, y muy poco del Reino también en la tierra. Los apostados en el opuesto ideológico, revestidos de un laicismo sutil, refugiados en un puro materialismo, el discurso cansino del simplemente “se feliz”, el empecinamiento en justificar y bendecir actitudes y modos de vida en la sociedad actual claramente contarios al NT (Romanos 1, 22-32 por supuesto ni existe), excusas de teorías psicológicas para continuar justificando, y, evidentemente, para magisterio el mío no el de la Iglesia ni de esos gerifaltes que viven en el Vaticano; y eso del “vete y no peques más” vamos a obviarlo, confundiendo perdón, misericordia y acogida con el aplauso del error. Sinceramente, tan inquisitoriales me parecen unos como otros, y tanto unos como otros acaban pareciendo igual de rancios. Aunque, en teoría, todos comparten la misma fe. Creo que desde esas posturas, lo de la Nueva Evangelización, como que no. Cansino y cero productivo.

Volviendo al tema de la pastoral juvenil carente de significado, francamente, yo, que debo de ser un extraterrestre, no la conozco. Explosión de alegría, sí; de cantos, también; de entrega, evidentemente; servicio a los demás, sin duda; oportunidades de formación, todas; ¿vocaciones firmes? Pues va a ser que SÍ; acompañamiento, incansable. Vamos, lo que viene siendo proclamación de la Buena Noticia de Jesucristo, el anuncio gozoso de la Redención a los jóvenes, entre los jóvenes, por los jóvenes, para los jóvenes, y dándonos muchísimas lecciones a quienes ya no lo somos.

No sé si alguien leerá o no esto, y puede que de hacerlo, alguno piense que caigo en el mismo error, en la crítica. Quizás, aunque al no estar personalmente en más extremo que en el del Evangelio, también veo que es mucho más lo que une a los extremos que lo que les separa: Jesucristo. Y eso les une a mí.

Nadie está exento de críticas; yo las tengo a diario desde hace un tiempo. Algunas fueron dolorosas, por no entender y sentir que yo ya ni quería ni podía quedarme quieto; pero muchos de ellos van entendiendo, comprendiendo, e incluso cambiando. Aunque lo mío no sea, por ahora, más que un simple cambio de actitud, que genera pasos cortos y tímidos, por mucho que lo que me pida el cuerpo sean largas y firmes zancadas.

lunes, 2 de julio de 2012

Ignacio Yrizar


Hemos disfrutado de un partidazo impresionante, no cabe duda. Pero puestos a impresionar, además del subidón propio, yo me quedo con dos fotos:

1.- La serenidad, la humildad y la sensatez de Vicente del Bosque. Está claro que joven precisamente no es, y me da la sensación de que infunde la contención y visión de la experiencia a todos esos jóvenes que tanto nos hacen disfrutar. Parece tener la capacidad de cohesionar y hacer equipo entre rivales con una habilidad natural.

2.- La breve entrevista de Sara Carbonero a Iker Casillas. Aparte del morbo propio, me ha sorprendido el capitán de la selección hablando del transcurso de los años, de dejar paso a las nuevas generaciones. Lejos de ensoberbecerse, abiertamente muestra la posibilidad del relevo, con una actitud de humildad y equipo muy difíciles de encontrar en la vida diaria. Ir abriendo hueco para que el conjunto siga siendo grande.

Un joven hablando de jóvenes; periodistas hablando de la grandeza de una generación de jóvenes; un seleccionador mayor del que aprenden los jóvenes inteligentes que quieren hacerlo. Un lujo poder vivirlo, aunque sea desde el cuarto de estar de mi casa, junto a mi mujer y mis hijas.

Esto referido al deporte y el orgullo nacional. Pues yo, además, vivo casi a diario rodeado de jóvenes brillantes, alegres, buenos, divertidos, sensatos, entregados; dotados de unos dones envidiables que ponen altruistamente al servicio de los demás. Me llenan de orgullo; no de ese orgullo sanísimo y nacional, no. Me llenan del orgullo que está fundado en el trato, el cariño, la fe y la pertenencia a una cierta comunidad. En estos días, varios de ellos emplean su tiempo divirtiendo, acompañando y formando a un montón de niños en el campamento de verano en el Espino; otros animan las celebraciones eucarísticas en PS, o son catequistas; algunos han sido llamados y han dicho “SÍ”. Los hay que estudian magisterio, o medicina, o físicas, o cocina, o económicas, o teleco, o farmacia, o periodismo, o lo que sea; varios están ya trabajando. A su vez les acompañan y pastorean otros jóvenes –aunque algunos quizás ya no tanto- que les dedican su vida, como entrenadores que también infunden sensatez, contención, equilibrio y visión fundados en la fe. Y algunos mayores tenemos la suerte de aprender, más o menos de cerca, de su ilusión y su empuje.

Hoy he vivido un día entero de trabajo con uno de ellos, compartiendo además mesa. Ha sido todo un lujazo. Se llama Ignacio Yrizar y es un fotógrafo excepcional, pero eso quizás sea lo de menos. Siete horas bajo un sol tremendo, sin parar, sin siquiera sentarse, y casi sin ser visto. Luego compartimos mesa y conversación. Hay algo en su mirada intensa común a todos los miembros de su familia que conozco: bondad, sensatez, profundidad, seguridad, escucha: como si el Mar de la tranquilidad, en lugar de en la luna, estuviera en los ojos de esa familia. A Ignacio le adorna también una humildad fuera de lo común. A su lado, mirándole a los ojos, casi podía ver las fotos tiradas en Costa de Marfil, y es que sus ojos reflejan mucho de lo que han visto y vivido, mucho de lo que él mismo ha ido entregando. Y con solidez, con la solidez que sólo tiene quien está profundamente enraizado.

Gracias Ignacio, porque me has hecho sentirme de nuevo orgulloso de todos esos jóvenes que conozco y que van sembrando su mundo, el mundo, de Vida. Gracias por haber comido con nosotros, por habernos ayudado a crecer un poquito. Gracias porque tú hoy has jugado un partidazo impresionante.