viernes, 29 de marzo de 2013

Acompañar a los sacerdotes


Ayer jueves, día del amor fraterno, el tweet de @pontifex_es nos instaba a acompañar a nuestros sacerdotes con el afecto y la oración. Una cuestión de mínimos que, como tales mínimos, en demasiadas ocasiones ni siquiera cumplimos.

Hoy, viernes, unos cuantos han venido conmigo y mi familia a recorrer las visitas a los Monumentos por Santander. Algunos están siempre en mi corazón y en el consciente e inconsciente familiar y nos los hemos traído por esta calurosa y soleada mañana. Comenzamos por casa, por la Parroquia Redentorista de la Inmaculada (donde ayer echamos una pequeña mano y participamos activamente en los oficios), continuamos por los Carmelitas, Siervas de María, Santa Lucía, la Compañía, Jesuitas y terminamos de nuevo en casa, en los Redentoristas. Llevarlos en el corazón, en lugar de ser una carga, es un gozo que eleva, y dedicar la oración ante Jesús Sacramentado por nuestros sacerdotes, por dos diáconos que lo serán en breve, por algunos estudiantes y tres postulantes, es casi como retroalimentar lo que recibimos de ellos.

He leído con detenimiento la homilía de la Misa Crismal de SS el Papa Francisco, y me ha reafirmado en que somos unos auténticos privilegiados por la Familia de la que formamos parte, por los religiosos y sacerdotes que nos acompañan a diario, por la comunidad en la que vivimos y crecemos en nuestra fe. Estos días unos permanecen en sus parroquias atendiendo al pueblo de Dios, otros han salido a celebrar en comunidad con los grupos que dirigen o acompañan, otros con misiones juveniles. Somos unos privilegiados. Más allá de la preciosa introducción sobre el óleo, la vestimenta sacerdotal, la belleza de lo litúrgico que es “presencia de la gloria de nuestro Dios”, o mejor, también como consecuencia de todo ello, llega la acción y el ejemplo que SS nos ofrece para descubrir cómo reconocer a un buen sacerdote –simplemente un ejemplo de los muchísimos que podría haber puesto- según ande el pueblo que pastorea; ejemplo bien concreto: “cuando sale de misa con cara de haber recibido una buena noticia”. Bueno, pues creo que quien haya leído alguna de mis entradas imaginará con la cara que salimos de PS tras la misa de 21h los domingos habiendo escuchado una homilía del sacerdote que suele presidirla (tiene esa extraña virtud de hacer sentir a todos, y a cada uno de manera individual protagonista del Evangelio y la homilía), o tras una homilía cualquiera del P Olegario Rodríguez, del P José Luis Marra-López o del P Antonio Roncero o esas veces en las que el P Nicanor Brasa, el Párroco de PS, se crece de tal forma, como en las misas de envío, que casi tengo ganas de salir corriendo a contarlo, o la alegría que siempre muestra el P Pedro López, o el P Octavio Hidalgo profundo y bueno… cualquiera. Sé que puede no ser muy habitual para muchos, pero qué suerte tenemos, la verdad. Porque como dice el Papa, todos agradecemos el Evangelio predicado con unción que es cuando realmente llega a nuestra vida diaria y percibimos en primera persona la Buena Noticia.

Cada uno con un carácter propio, pero siento que en esa homilía SS, al describir al buen sacerdote, lo que debiera ser el buen sacerdote, no encerrado en sí mismo sino en el mundo y saliendo a la gente, predicando con unción, ha estado describiendo a mis” sacerdotes.

Puede que precisamente por eso, para mí, esa recomendación de @pontifex_es resulta algo natural, lógico y cuestión de mínimos. Puede que precisamente por eso, para mí, ir scalando en Familia con los hijos de San Alfonso María de Ligorio ha supuesto, de manera espontánea, ofrecer corazón, oración, manos y tiempo.

Pero para quien esto lea y no tenga de forma habitual la suerte que nosotros tenemos, quizás ofrecer afecto y oración suponga contribuir un poquito a reactivar el “corazón presbiteral” de “sus” sacerdotes. De vuelta a casa, en los Redentoristas del Alto de Miranda, durante la última visita a Jesús Sacramentado, es por estos sacerdotes a quienes no conozco por quienes he rezado.

martes, 26 de marzo de 2013

Gaudet Mater Ecclesia

Martes santo  y procuro ir caminando con Él. Mis tres niñas (cuánto las echo de menos) celebraron el Domingo de Ramos en Santander –ya están en casa de mi madre-, adonde yo iré mañana, a recorrer estos días paso a paso, viviéndolos en Familia en la Parroquia Redentorista de la Inmaculada; hacia la Pascua.

Hermanos hay que vivirán estos días en Los Molinos, otros en Segovia, Granada o Cádiz, otros peregrinando a Santiago de Compostela, otros en sus lugares de origen. Todos acompañados por el Señor; todos acompañando a Jesús; todos acompañando a la Virgen Madre en su dolor y soledad; todos siendo Juan al pie de la Cruz; todos expectantes ante la gloria de la Resurrección, la Redención Copiosa; todos deseosos de resucitar con Cristo.

Un camino interior compartido en comunidad y expansivo, porque hay cosas que hay que compartir y contar, y el gozo del centro de nuestra fe no se puede callar, hay que salir y vivirlo, salir y contarlo, salir y contagiarlo. Porque la Buena Noticia, la Resurrección que celebraremos el próximo domingo que será, este sí, un Domingo con mayúscula, la sobreabundante Redención, se nos ofrece a todos. A todos se nos regala; está en nuestra mano. Los otros dos crucificados a cada lado de Jesús tuvieron libertad absoluta de elección, como cada uno de nosotros; sólo Dimas decidió seguirle en el último momento. Cada quien es libre y yo quiero ser Dimas.

Y como lo bueno se comparte y no se puede callar, pues yo os cuento que estoy orando con el Cuaderno de Oración que la Pastoral Juvenil Vocacional Redentorista ha preparado para este 2013, año de la Fe, y que se extiende día a día hasta Pentecostés, con el título ¡Alégrese hoy la Iglesia! “Gaudet Mater Ecclesia”. Pero ahora callo y comparto el link desde el que lo podéis descargar: http://www.issuu.com/redentoristas/docs/cuadernopascua2013#download

“Gaudet Mater Ecclesia”

lunes, 25 de marzo de 2013

Comienzo la Semana Santa


Comienzo la Semana Santa de la mejor manera, con los pies en el suelo, fe en el corazón, confianza en la gente que quiero, filial devoción, los ramos de olivo bendecidos, el olor del incienso y esperanza en la Redención.

Comienzo la Semana Santa de la mejor manera, con Dios a mi lado y yo dispuesto a permanecer al suyo; comienzo la Semana Santa de la mejor manera, esperando el canto del gallo pudiendo mirar a Jesús a los ojos sin bajarlos, esa es la intención. Comienzo la Semana Santa dispuesto a acompañarle camino del Gólgota, dispuesto a acompañar a María en su silencio y dolor, dispuesto a ser de Cirene. Comienzo la Semana Santa con la mirada en el Sepulcro vacío y dispuesto a dejarme transformar.

Comienzo la Semana Santa dispuesto a que mis problemas cotidianos, cada lágrima, bajen al sepulcro con el Señor para resucitar con Él; esta última frase no es mía, está tomada de la espléndida homilía que he escuchado este domingo de Ramos en la misa de 21h del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. De modo que, como se puede ver por esa frase, comienzo, además, la Semana Santa con poesía.

Comienzo la Semana Santa sabiendo que quizás tropezaré, que a pesar de la intención quizás tenga que bajar los ojos al cantar el gallo, pero queriendo dejarme lavar con el Agua de su costado y la seguridad del precio de Su Sangre por mis propios pecados; comienzo la Semana Santa scalando en Familia hacia el próximo domingo, porque comienzo la Semana Santa sabiendo que también fue por mí.

Comienzo la Semana Santa dejando atrás palabras ambiguas, opiniones enfrentadas, discusiones concéntricas y dando gracias por la poesía.

Comienzo la Semana Santa con filial devoción, con la fuerza de la Luz; queriendo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un Papa tierno

Un ejemplo de claridad, humanidad y sencillez tan profundo fue la homilía del Papa Francisco en la misa de inicio de su pontificado, que me ha dejado desarmando. Yo, que tengo una tendencia natural al barroquismo dialéctico, descubro la profundidad en la sencillez del lenguaje que, además muestra con claridad la profundidad en algo tan básico y connatural al hombre como la bondad, la ternura. Porque todos, hombres y mujeres, somos capaces de expresar con igual intensidad la ternura que nace de un corazón bueno. Expresar esa realidad y reivindicar la propia ternura sin tapujos, sin pudores, sin enmascarar es ejemplarizante. La universalización de la ternura que es en realidad ajena a géneros y que, lejos de debilitarnos nos engrandece como seres humanos, porque es algo así como reconocer en nosotros mismos un leve reflejo de la ternura que Dios siente hacia nosotros.

Una homilía de una sensatez tan clara y tan natural que desarma mis propias estructuras mentales. Que sí Enrique, que hay cosas que simplemente hay que decir tal cual, sin tapujos. Es más, mejor que decirlo es mostrarlo, dejar que aflore en nuestras vidas lo que es: cualidad de tierno.

Menuda responsabilidad y gozo la que nos cuenta como si tal cosa, como lo normal (quizás porque ser conscientes de ello debería ser lo normal): sed custodios de los dones de Dios. Responsabilidad sobre el entorno, sobre la creación misma, sobre la familia y sus miembros, sobre los amigos. Custodiar cuidando de nosotros mismos, vigilando nuestro corazón y nuestros sentimientos. Ahí es nada. Sin circunloquios. Pues yo tengo que entonar un mea culpa público, porque no me salen precisamente buenos sentimientos hacia esos Herodes –que yo veo como representantes de la fuerzas del averno- tramen planes de muerte obvios o simplemente traten de desfigurar el rostro del hombre frutos del odio, la envidia o la soberbia. No me salen, quizás porque siempre tengo tendencia a sentirme en la piel de la víctima. Ejemplos tenemos, sin llamarse Herodes o sin llevar tridente, en nuestra propia cotidianeidad, como también tenemos ejemplos de Ángeles de la Guarda en el rostro y las manos de tantos hermanos.

Y la esperanza como cristianos. Cristo como centro, Cristo en nuestra vida. Jesús, todo con Jesús, como el entonces Cardenal Bergoglio les decía en otra homilía a una masa imponente de niños, todo lo podemos con Jesús (en una Eucaristía multitudinaria de niños, del estilo de las que yo mismo he vivido de niño en colegios o polideportivos en Santander; del estilo de las que viven mis hijas en su colegio en Madrid. Lástima que quien vive sólo pendiente de los gestos, por y para los gestos, que quien vive permanentemente pendiente de quién lleva piedras en la mano para lanzar sólo se fije en los pinochos y la coreografía. Nuevos tipos de censores inmisericordes).

Lo esencial, fundamental y profundo. Lo de siempre expresado de otro modo y con otro estilo. En torno a las lecturas de la festividad de San José, esposo de la Virgen María. Imagen y ejemplo del modelo de familia que, como cardenal, defendió sin miedos ni medias palabras nuestro querido y admirado Papa Francisco. Lo de siempre; porque el Mensaje, la Buena Noticia es la que es, el Evangelio es el que es, por mucho que haya quien quiera reescribirlo.

Cristo en el centro; de nuestro corazón a nuestro entorno, familia, amigos, prójimo... Y de ahí, como fuerza expansiva, la Buena Noticia de la sobreabundante Redención para TODOS. Ya, ya lo sé, lo de siempre, pero con la repercusión del Sucesor de Pedro y retransmitido en directo a todo el mundo y, ante él, multitud de mandatarios. Lo de siempre, ya lo sé, pero a mí me ha gustado tanto, tanto el canto a la bondad y la ternura en boca de SS que casi me parece nuevo, aunque escuche la bondad y la ternura de domingo a domingo. Un Papa tierno.

viernes, 15 de marzo de 2013

Oración y Reconciliación


Un jueves 14 de marzo especial en el que he vivido una Oración ante el Santísimo que para mí ha sido simplemente especial: especial como cada jueves porque estábamos ante el Señor, realmente presente en la Eucaristía; especial porque, además, la meditación era sobre el Evangelio del domingo anterior y se nos ofrecía a todos la posibilidad de la Reconciliación; especial porque colocaron unas manos sobre mi cabeza y recibí el perdón; especial porque fue toda una sorpresa encontrarme con alguien querido; especial por un sobre que me dio para María y para mí, con una invitación y unas entrañables palabras (sólo el gesto ya fue especial); especial por las caras nuevas; especial porque ha sido el primer jueves eucarístico en PS siendo ya Francisco, Papa; especial porque pedimos por él, el nuevo Pastor que el Señor nos ha regalado; especial porque también se pidió por la fidelidad del rebaño a su Pastor.

Yo tuve la suerte de poder seguir la misa que Francisco, Papa, presidió en la Capilla Sixtina y que retransmitió 13tv. Una de esas homilías que me hacen elevarme unos metros del suelo. Brevísima y casi a golpes de tweet. De una normalidad y claridad inusuales. Tengo aún en la cabeza bastantes frases que me reservo para Completas. Magnífica. Muchos la aplauden, aunque no sé muy bien si muchos de los que lo hacen se han parado a pensar en la sutil diferencia entre la caridad y la filantropía, porque aunque esté muy bien que, como dice Mateo, “el que no está contra nosotros, está con nosotros”, no es lo mismo. No lo es. Ese “no es lo mismo” me recuerda que un amigo lo usa bastante últimamente. No es lo mismo una ONG (que están muy bien, dicho sea de paso, son necesarias y cumplen una sensacional labor social; yo colaboro con alguna ONG laica) que la Iglesia. Evidentemente, no lo es. Por muy evidente que sea no es lo mismo decirlo que callarlo, no lo es; y a mí me ha encantado oírlo y oírselo a un Papa como Francisco de quien nadie podrá decir que su prioridad no hayan sido siempre los más débiles. Porque nos pongamos como nos pongamos, no es lo mismo. Guste o no oírlo. Por mucho que haya quien se empeñe en mundanizar o banalizar todo hasta el extremo; creo que hacerlo o no tiene mucho de la fidelidad de cada cual, por mucho buenismo que se ponga en el empeño.

El caso es que ahí estaba cada cual y, todos juntos en comunidad, orando a Dios. En gerundio, en movimiento.

“Cuando nos detenemos, la cosa no va”, dijo también en la homilía. De manera que yo así sigo, scalando en familia camino de la Pascua.

miércoles, 13 de marzo de 2013

¡Exulta cielo; alégrate, tierra!


Misa de 19h en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, me encontraba en el ambón finalizando la Primera Lectura, del Libro de Isaías, iba por el siguiente versículo: “Exulta cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados”, cuando las campanas del Santuario se volvieron locas, unidas a la alegría de la Iglesia, y su sonido anunciaba la fumata blanca. Presidía el P Antonio Roncero. Por lo visto, desde ese momento mi sonrisa se salía de la cara ¡Ya teníamos Papa! Yo estaba exultante, no sabía quién era, daba igual, fuera quien fuera había Papa. Recogí los libros de Vísperas, los llevé a la sacristía, y al salir me encontré con que mi mujer había entrado en la capilla con mi hija mayor (acababan de terminar la Catequesis) y estaban dando gracias. Fuimos corriendo a casa para poder ver en directo, toda la familia, a quién había elegido el Señor: a Francisco. ¡Un religioso! Sí ¡Un religioso! ¡Y adopta el nombre de Francisco!

No era de los nombres que más se manejaron. Las quinielas al traste. No había más que rezar para que el Espíritu Santo actuara. Y en privado, en comunidad, por internet, los católicos hemos estado orando por ello. Y el Señor ha escuchado a su pueblo, tal y como reza el salmo de la liturgia de hoy, 13 de marzo: “El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente”. “Qué cierto es”, pensaba al leerlo.

No me importa mucho que sea el primer Papa Jesuita; que sea el primer Papa Francisco; que sea el primer Papa Latinoamericano. Lo que me importa es que es el Papa. Me importa que lo primero que ha hecho, además de comenzar con humor, ha sido poner al mundo a rezar, ponernos a todos a orar por el Obispo de Roma. Ha hablado un Obispo que ha pedido por el anterior, S.S. Benedicto XVI. Católicos de todas partes del mundo pidiendo por el nuevo Papa antes de que impartiera la bendición Urbi et Orbi, por un Obispo inclinado ante Dios delante de su pueblo. Oración, oración de unos por otros. Fraternidad. Comienza uniendo al rebaño en la oración.

Anoche escuchaba a Juan Rubio, en un programa sobre el Cónclave de TVE, su ilusión por un Papa que comprendiera la vida religiosa, pues ya lo tenemos; y afirmar que la Iglesia necesitaba un Papa monje, pues ya lo tenemos. Comienza uniendo al rebaño en oración.

He visto a un hombre humilde, firme, cercano. Y he leído también esta noche su carta de Cuaresma como Cardenal, que no tiene desperdicio: “…/… Rasguen los corazones para experimentar en la oración silenciosa y serena la suavidad de la ternura de Dios”.

La ternura de Dios que, una vez más, ha estado cerca de los que lo invocan sinceramente; la ternura de Dios que, una vez más, ha sido generoso con su pueblo. Su fidelidad es grande.

Que ahora el rebaño sea igualmente fiel a su Pastor.

Los mendigos no son humanos

Tan tranquilo estaba yo tras Nona, y a vueltas con la lectura breve propuesta - “Rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea más larga” (Dn 4, 24b)  – tan tranquilo digo, cuando se me ocurrió ojear el periódico, y voltear la página fue como recibir un tremendo bofetón. Bofetón en toda regla cuando creí leer esto: “Los mendigos no son humanos, son un cáncer”. Pensé que no podía haber leído bien pero, tras fijar de nuevo la vista en el titular, comprendí que el bofetón no hacía sino acercarme una vez más a la realidad.

La frase que entrecomillo arriba no es una simple barbaridad soltada entre los vapores del alcohol en un bar cualquiera, no; corresponde al escrito de defensa esgrimido por un abogado en la Audiencia Provincial de Madrid (Por qué recordaré yo ahora el “¡Mundo no te conozco! ¡Adiós, tribunales!” que pronunciara el joven abogado Alfonso de Ligorio el día que abandonó el ejercicio de su profesión?). Un horror, además de una iniquidad. ¿Se imagina alguien a Jesús, en lugar de en Nazaret, en la Audiencia Provincial de Madrid, no leyendo el mencionado escrito sino desenrollando el libro de Isaías y diciendo con voz firme: “El Espítiru del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres el Evangelio, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”? ¡Qué escándalo!

La citada noticia muestra algunas realidades crueles:

1.- La realidad de la pobreza; la alarmante pobreza que nos rodea. La pobreza de uno es injusta en sí misma, el aumento diario es un escándalo indigno del rebaño del Señor, ahora que oramos por un nuevo Pastor, un escándalo indigno del género humano. La mendicidad mostrada como enfermedad no de una sociedad enferma, sino de quien se ve abocado a ella. ¡El colmo! Una sociedad que no defiende la vida de quien aún no ha nacido, ni la dignidad ni la vida misma de sus congéneres es la que realmente no es humana. Una sociedad cuyas estructuras permiten la existencia de estas realidades es una sociedad enferma; impregnada por el pecado.

2.- La realidad de cómo el mal anida en el corazón del hombre. ¿O no anida el
mal en quien –presuntamente- agrede hasta dejar en coma a un mendigo por refugiarse en un fotomatón? ¿O no anida el mal en quien considera –presuntamente- que un semejante no es humano por mendigar? Anida sin distinguir categorías ni estatus.

3.- La realidad del pobre a la intemperie y la de un pobre hombre de corazón helado.

El letrado en cuestión tiene toda la razón, lo admito, los mendigos no son humanos. Si presto mis ojos para no ser yo, Enrique, el hombre que habita una masa de células quien mire, entonces me doy cuenta de que no son humanos. No deben de serlo, porque me acercan a reconocer facetas del rostro de Cristo. Palidece su humanidad para enaltecer el lado divino de todo hombre por ser eso, hombre a semejanza de Dios. Su tristeza, su dolor, su suciedad, su olor, su desesperación, sus miradas perdidas, su frío, su hambre, su soledad no son ya suyas, son las de Él y uno las hace propias. Y el paso lógico de esa mirada es pasar de prestar los ojos a prestar las manos…

El pasado domingo, comentando la parábola del hijo pródigo, recuerdo que dije que yo no creía que estuviera todo perdido para el hijo mayor de corazón helado, como no lo estuvo para el menor, porque el Padre todo misericordioso es infinitamente paciente. Pues eso… ¡Cómo me gustaría que el abogado de corazón helado leyera, comprendiera y asumiera las palabras de la lectura de hoy para Nona!

¿Seguimos asomados al balcón o nos metemos en el fango?

martes, 12 de marzo de 2013

iOratio pro eligendo Pontifice

Ayer a las 21h hora peninsular española comenzó una hora de Oración compartida en Twitter organizada por el equipo de www.iMisión.org vía @iMision20. Nos convocaron a tuitear oraciones por los cardenales electores y el cónclave bajo la etiqueta #iOracionPapa. Una fantástica iniciativa de un puñado de imisioneros, misioneros de una era nueva en el inmenso continente que nos ofrece la tecnología. A mi estas convocatorias, con que aparezca solamente una persona, ya me parecen un éxito. Pero fueron muchas, muchísimas las oraciones compartidas desde diferentes puntos del mundo y todas pidiendo lo mismo.

Esa es la razón por la que, aunque quizás se llame así, en esta ocasión lo de “quedada” me parece que ni alcanza, ni llega, ni condensa, ni expresa la realidad. Lo de ayer fue Oración compartida, con Él entre nosotros. Sé que hay gente que no entiende este medio como evangelizador, que no comparte o no cree en lo que se demuestra día a día como una realidad, una realidad que desborda. Da lo mismo; creo que en el fondo no es más que cuestión de disposición personal.

Cada uno a su manera, con sus palabras, tuiteó (y eso ayer se convirtió en pronunciar de viva voz) su oración pidiendo la intervención del Espíritu Santo sobre los Cardenales electores en el cónclave que comienza hoy. Fue una experiencia de comunión, pertenencia, pluralidad y diversidad; una plasmación de lo que es la catolicidad. Y la técnica al servicio de Dios, al servicio del hombre.

No me cabe la menor duda de que el Señor escuchará al Papa emérito Benedicto XVI, escuchará a su pueblo en oración, para que los Cardenales les escuchen a Él y se dejen hacer.

Orando desde el mismo 11 de febrero como nos aconsejó a muchos el un sacerdote Redentorista, y a todos nos convocó en PS el 28 de febrero, como cada jueves, en Oración en torno al Santísimo. Orando como debe hacerse, con absoluta confianza, como nos instó ayer tarde el P. Roncero CSsR en lo que fue una magistral, natural, sencilla, sensata y profunda homilía en una misa de diario. Orando como nos alentaba hoy de buena mañana, también en Twitter, @parroquiaps a todos sus seguidores.

Ahora os animo a todos a rezar con la oración “oficial” que esta mañana ha tuiteado el P. Abrahám Cruz @PaterAbraham:

Oh Dios, Pastor eterno, que gobiernas a tu grey con protección constante, te rogamos que, por tu misericordia infinita, concedas a la Iglesia un pastor que te agrade por su santidad y sea útil a tu pueblo por su vigilante dedicación pastoral.

Resumiendo. Señor, que los Cardenales elijan a quien tu quieras y que nosotros, tu pueblo, lo acojamos con fidelidad.

domingo, 10 de marzo de 2013

¡Qué bueno es el Señor!


¡Qué bueno es el Señor! Con ésta frase acababa la homilía de la misa de 21h del cuarto domingo de Cuaresma en PS ¿Se puede empezar de mejor manera la semana que con esta certeza? Yo creo que no. Cada vez que en misa escucho la Palabra es como si fuera dirigida directa, concreta y personalmente a mí; lo mismo me ocurre con la homilía, y tras la de hoy, me han entrado ganas de aplaudir, y no es plan, la verdad, pero qué gustazo. Hay veces en las que casi da la sensación de que quien predica se sale, de una manera real, de sí mismo; transciende, impacta y conecta. Sin necesidad de grandes cosas, fe, sensatez, claridad y sencillez para hablarnos de “lo de siempre”. Igual que hoy en día, si buscamos en internet, podemos encontrar sermones de San Alfonso, creo que hay homilías que deberían ser publicadas y, por hablar de lo de siempre con fe, sensatez, claridad y sencillez, trescientos años después serán igual de vigentes.

Claro que a mí me dio ya la sensación de entrar en el templo escuchando el revoloteo de los ángeles, y no hay mejor coro que ese. Y es que hemos vivido un tranquilo fin de semana de esos en los que casi a cada momento ves claramente lo bueno que es el Señor en la cotidianeidad. Un fin de semana familiar, en el que fuimos a una exposición de fotos sobre Juan Pablo II a la Casa de Vacas del Retiro durante lo que fue una mañana parroquial, scalando en Familia (con tres niños pegados a Oita Poppins). Más allá de la exposición en sí misma, la maravilla ha sido precisamente eso, scalar en Familia, desde un niño de cuatro años a un joven “abuelete”, que después de todo San Joaquín era el abuelo de Jesús, y a éste mis hijas le adoran.

Además, una tarde de cine en familia, ni uno más ni uno menos y eso mismo, a pesar de la peli, es un lujazo. Reunión del Grupo de Matrimonios tan sincera, abierta y profunda que casi la veo como de discernimiento personal y comunitario. Noche de pizza de vigilia con un joven hermano enorme de PS. Scalando en Familia.

Aperitivo de domingo con todos mis cuñados y mis sobrinos. Scalando en Familia.

Y redondeándolo todo, tuvimos una maravillosa, entrañable y enriquecedora celebración Eucarística del Grupo de Laicos, con niños incluidos, compartiendo merienda y lugar para la oración, reflexión, humor y diálogo inteligente. Brillante homilía y unas peticiones espontáneas en las que también participó algún niño, así mismo, de manera espontánea. Sensacional. Scalando en Familia.

Unos privilegiados, lo sé. Me siento realmente privilegiado. El corazón aún me bombea a toda potencia. En la homilía de esta tarde/noche se nos hizo una pregunta concreta y yo claro que lo recuerdo; un momento y una fecha que no podré olvidar jamás (tú bien sabes que lo recuerdo, estabas allí como cauce y el torrente de Agua me arrolló). Y desde entonces, con tropezones, con vaivenes, con lo que se quiera, pero con mi mujer y mis hijas, sostenido en mi fe por la fe de una comunidad y en el seno de la Iglesia, exactamente eso es lo que siento: ¡Qué bueno es el Señor!

Con total sinceridad, volvamos a casa, al Padre que nos espera. Os lo recomiendo a todos, comprobad la sobreabundancia de la Redención que nos regala; a todos nos espera, sólo tenemos que volver. ¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!

martes, 5 de marzo de 2013

#iOraciónPapa #iMisión

iMisión nos propone una cadena de oración por Twitter con la etiqueta #iOraciónPapa hasta la elección del próximo sucesor de Pedro. Como hay momentos en los que mi capacidad de síntesis es bastante limitada, mi aportación a esa cadena será esta entrada. La práctica nos muestra que esos 140 caracteres pueden convertirse en muchos más en un mismo tuit.

Desde el mismo instante en el que tuve noticias de la renuncia de S.S. Benedicto XVI a través de un tuit de la Hermana Xiskya Valladares (no en vano esta religiosa de Pureza de María es, además, periodista) tuve la firme convicción de que no ocurría nada grave. La actitud libre, consciente, ejemplar y ejemplarizante del Papa Emérito no dejaba en mí lugar para cábalas. No me interesan y no las entiendo. Situación novedosa y punto. En el fondo la Barca continúa su rumbo con el piloto automático del Espíritu Santo.

Hay situaciones en la vida para las que ni busco explicación siquiera, las asumo y punto. Esta es una de ellas. Hechos consumados que se me escapan. No hay más.

Comprendo que los profesionales del periodismo han de cumplir con su labor de informar, pero hasta ahí llego. Soy muy limitado, por lo que no me interesan ni las quinielas, ni las luchas de poder, ni me quiero detener en lo que a mi personalmente pudiera o no gustarme.

Me enteré, recé y publiqué una entrada. En paralelo, quien quizás sea la persona más sensata que conozco y sin duda una de las más santas, me aconsejaba algo bien sencillo: oración, nada más que oración. Coincidimos.

Días después iMisión se lanzó al ciberespacio con esta iniciativa que aplaudo y secundo. En ello estoy, pero pidiendo por dos cosas:

A-    En primer lugar, pidiendo docilidad y discernimiento para los Cardenales electores, que sepan dejarse guiar por el Espíritu. No pido por un Cardenal en concreto. No pido por lo que yo quiera. Son hombres, sujetos por tanto a los fallos y limitaciones de cualquiera, pero no me cabe la menor duda de que el Espíritu obrará en ellos de manera individual para que colectivamente sepan elegir al varón bautizado menor de 80 años que el Señor realmente quiere para dirigir Su Barca. Quizás por eso estoy tranquilísimo; tan tranquilo de verdad.
B-    En segundo lugar, para que desde ya, todos, TODOS, acojamos con obediencia y el corazón abierto a quien el cardenal protodiáconoco nombre desde el balcón central de la basílica de San Pedro. Yo, por mi parte, estaré con el Papa; sujeto, sí, al margen de discrepancia intelectual que mi propia conciencia me permita, pero como fiel oveja de su rebaño. Fidelidad.

Tampoco soy tan raro, la verdad. Es muchísima la gente que permanece en silencio y oración, pero hacen muy poquito ruido. Permanecen orantes, y en la comunión de los Santos generan la fuerza poderosa que coadyuve al Espíritu Santo. Son muchísimas las Parroquias que, como la mía, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, el pasado 28 de febrero, tras la primera eucaristía en Sede vacante, organizaron sus jueves de Oración ante el Santísimo con la misma intención. Eso y no otra cosa es “apostar” sobre seguro, abandonarse en el Señor.

Lo demás me parecen pamplinas quinielísticas vengan de fuera o de dentro de la propia Iglesia. Yo me quedo con mi intención inicial, con el consejo de mi amigo, con la cadena de iMisión: rezando. A eso os animo, a que os unáis y recéis. Sólo a eso.

Cantos de Vida y esperanza

Hace muy poco, durante la celebración de una Eucaristía, me asaltó el recuerdo de la de un 19 de mayo tras la que me vi impulsado a adentrarme en el desconocido espacio de una sacristía, en lo que hoy es una extensión de mi casa, para mi y para mi familia.

El Señor hace las cosas, va marcando caminos y uno puede seguirlos o no, aceptar la invitación o rechazarla. No impone: suscita, invita, propone, y lo hace una y otra vez, incansablemente; nos ofrece oportunidades a cada momento. Es cierto que puede que no estemos predispuestos a verlas, o que abiertamente miremos hacia otro lado. Pero tengo algo muy cierto: en la Eucaristía todo se aclara, todo se hace más evidente y palpable cuando desde el inicio, en la propia actitud del sacerdote resplandece sin tapujos ni mediocridades el Alter Christus que verdaderamente es. Y que es sólo él en virtud del Orden, no el pueblo de Dios presente. Él y nadie más quien nos hace presente a Cristo; él y nadie más quien hace posible la actualización del Sacrificio Redentor. Y esa realidad todo el mundo la entiende, a todo el mundo le gusta y a todo el mundo ilumina. Porque cuando resplandece el sacerdote es Cristo quien resplandece en él.

Salvando las distancias entre uno y otro, han sido dos momentos reestructuradotes y reparadores para mi. No importa que aquel 19 de mayo fuera un recién ordenado presbítero quien presidiera una misa de diario, ni que la reciente lo hiciera un sacerdote casi tres años mayor; no importa porque no es la persona, lo importante es el sacerdote.

Todo tiene su tiempo y todo tiene su momento. A mi me pasa un poco lo expresado por Rubén Darío en el poema con el que da comienzo a sus Cantos de vida y esperanza, “… muy antiguo y muy moderno”. Misas de campaña, de grupos, comunitarias, participación de los fieles entusiasta o más bien retraída, gregoriano, guitarras, rock, órgano… lo que se quiera porque me gusta todo, pero cada cosa en su momento y en su lugar, y a lo que estamos. Y a lo que estamos ni es una obra de teatro ni nada que se le parezca. La participación de los fieles –ya sean niños, jóvenes, adultos o ancianos- cuanto más entusiasta y fervorosa obviamente que mejor, pero incluso en esto, cada uno a su ritmo; participación hasta donde llega, porque las palabras que se señalan como exclusivas del sacerdote de él son exclusivas -y lo son no en virtud de su propia persona- y no de los fieles quienes o respondemos amén o nos damos la paz y punto. Y esto a nadie molesta, no así lo contrario que realmente puede llegar a escandalizar; a mi desde luego me han escandalizado algunas actitudes, o más bien una celebración en la que incluso el Evangelio fue un teatro reinterpretado para dar protagonismo todavía no sé muy bien a quien. Me marché de allí de inmediato, cierto, pero desde entonces nada ha sido igual, porque hay cosas que tardan en sanar. Pero como el Señor hace las cosas a su modo, de mano de otra misa y del sacerdote que la presidió, llegó la paz.

No hablo nada más que de un sacerdote –el que sea, de la edad que sea y la nacionalidad que sea- cercano, sencillo, profundo, humilde, claro, natural; porque no estoy hablando de envaramiento ni actitudes tridentinas. Y si el oficiante no está de humor sabrá sencillamente ser discreto. Que tiene buen día y además se muestra comunicativo y hasta simpaticón, pues mejor que mejor, pero obviamente no es de eso de lo que hablo.

Lo que está claro, guste o no, es que no somos lo mismo los laicos que los sacerdotes, por mucho que haya quien se empeñe en ello no sé muy bien con qué objeto.

El caso es que yo doy gracias a Dios, también, por esta reciente Eucaristía que me recordó por un instante a la de un 19 de mayo. Y con ese agradecimiento me quedo, muy antiguo y muy moderno, sí, que al fin y al cabo la Eucaristía es todo un Canto de Vida y esperanza.

viernes, 1 de marzo de 2013

Una lucecita roja

“En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Así, tal cual.

Cada día, tras el bocadillo en el polígono donde trabajo, regreso a la oficina caminando acompañado de Nona, gracias a la App iBreviary, y hoy me encuentro con este versículo en el mejor momento.

Ayer, leyendo en misa de ocho en el ambón una frase del Salmo, casi me quedo callado. Me acompañó, me descolocó y me turbó como pocas veces me ha pasado. A continuación, durante la Oración ante el Santísimo, no pude más que presentarle esa frase al Señor; presentársela como ofrenda y con todo tipo de preguntas. Hay situaciones o decisiones que pueden ser vistas como simples caprichos, cuando en realidad son más bien eso, ofrendas. El caso es que, un mensaje nocturno de un amigo que se dio cuenta de que algo pasaba, el simple hecho de recibir ese mensaje, contribuyó a amansar las aguas. Necesitaba silencio; necesito silencio. Unas veces buscamos el festival de colores que produce el sol atravesando una monumental vidriera, pero otras lo que anhelamos es el silencio y la tenue luz que se abre paso por una saetera dejando que solamente resplandezca de verdad la lucecita roja del Sagrario.

Andaba todavía a vueltas con las palabras del Salmo cuando sonó la campanita que me anuncia los mensajes del WhatsApp, y resultó ser un sonido reconfortante. Las palabras de Juan que he leído en la BlackBerry continúan afianzando la calma. Creo que voy a acabar cogiendo cariño a este aparato que empieza ya a renquear.

En ocasiones uno no está para nada queriendo estar para todo. Y entre la nada y el todo, es el Absoluto el único necesario; la lucecita roja. Con intimidad y silencio. Es extraño que me acuerde ahora de Baudelaire, pero lo hago; y de Unamuno, aunque nada tengan que ver el uno con el otro.

Buscaré el silencio y la penumbra, rotos sólo por el recuerdo de una campanita y la eterna mecha de una lucecita roja. Y me llevaré esas palabras de Juan, “En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: Yo he vencido al mundo”.