jueves, 11 de septiembre de 2014

Negociando con talentos

Una de las diferencias entre la pobreza y la miseria es precisamente aquello que define y califica a quien no se fija en su propia riqueza y le separa de quien no para de señalar las pobrezas ajenas. Porque hay personas ahítas de rencor, de soberbia, tan alejadas de la luz que lo ven todo negro, tan enriquecidas de miserias de otros que no son sino unos miserables. Lleven jeans, alzacuellos, zapatillas de deporte, mono, uniforme militar, smoking o hábito de monja mediática, su estrechez de miras se circunscribe a pegar el ojo a la cerradura del corazón humano a la búsqueda ávida de miserias. Miserables.

Ayer falleció un paisano mío. No me voy a fijar en lo que se llevó, porque eso es el cúmulo de una vida y una conciencia, y aquello que se llevó sólo le interesa a Dios que es a quien se lo habrá de presentar. Y a buen seguro le habrá mirado con tanta misericordia como mirará en su día a los inmisericordes miserables que señalan con unos dedos larguísimos y muy tiesos, escondidos tras falsas sonrisas beatíficas.

Lo que se llevó es cosa suya y del Creador. Yo me fijo en lo que dejó tras de sí, y lo hago teniendo en cuenta la particularidad de que este paisanuco mío podía haber vivido una vida absolutamente relajada, sin haber trabajado ni un solo día de su existencia. Sin embargo recorrió una vida sembrada de trabajo, dejando tras de sí riqueza y puestos de trabajo; así, fríamente y sin demagogias facilonas. No solamente llevó el nombre de su ciudad, Santander, por el mundo entero, sino que se empeñó de igual forma en generar riqueza en ella de una manera constante e imparable. Obras sociales, donaciones multimillonarias que contribuyeron a hacer del Marqués de Valdecilla un hospital puntero del sistema público de salud, el impactante Centro Cultural que no llegó a ver en marcha (a pesar de haber pagado para su construcción hasta las obras de adaptación urbanas), becas, dotaciones económicas a Universidades… Me fijo en esto porque es lo público, ni hablo de su familia, ni de la dimensión privada de otras “obras sociales” precisamente por ser privadas. Y hoy, los empleados que quieran pueden acudir a la Eucaristía que se celebrará en la Capilla que quiso que se instalara en la Ciudad Financiera que se empeñó en levantar. Vamos, todo muy carca. Capilla, rezos… Carca y bíblico, porque en cuanto los heredó se puso a negociar con sus talentos y los multiplicó…

Podía haber visto la vida pasar, pero se pasó su vida mirando al futuro, innovando, generando empleo, trabajando. Hoy, ya al otro lado del ojo de la aguja, habrá visto cara a cara a su Redentor. Descansa en Paz, Emilio. Lo harás, mientras otros miran la vida con el ojo pegado a la cerradura de las miserias humanas, quizás por miedo a ver las propias.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mirando a la Vida

Se acabaron los días de descanso. No quedan atrás. En el olvido se desvanece lo innecesario, aquello que nos hace crecer viene con nosotros a cada paso, aquello que es realmente Vida nos conforma. Errores, aciertos, tristezas, alegrías. Y la Vida lo es más cuando es compartida.

Doy gracias a Dios por este tiempo en Familia. Lo iniciamos, mi mujer y yo con nuestras niñas, con una estancia en Astorga, en Casa San Alfonso, acogiendo peregrinos del Camino de Santiago. La ilusión, la inocencia, la entrega a lo que fuera, las caras de mis hijas no han sido solamente motivo de alegría; cuando uno es padre de niños pequeños, y trata de ver el mundo como ellos lo hacen, es como descubrir al hermano con los ojos de Dios, adentrarse en la creación con los ojos de Dios. Y labor de los padres es propiciarles las condiciones adecuadas para que no pierdan esa mirada.

La cotidianeidad con su abuela, lo normal de disfrutar de la abuela que no tienen a diario es una gracia. Verlas crecer, es otra. Compartir en Familia. Primos, amigos, croquet, playa, montaña, cartas, pueblo, normalidad, Amor. Armonía, esa palabra tan habitual en boca del Papa y tan extraña a veces en la vida de los hombres.

El Monasterio Redentorista de Nuestra Señora de El Espino, en Santa Gadea del Cid, donde con tanta naturalidad como intensidad y gozo interior fui desgranando mis “Sí, me comprometo” a cada una de las cinco preguntas que mi querido amigo el Padre Pedro López, Superior Provincial de la Congregación del Santísimo Redentor, nos iba regalando como paso final a quienes nos comprometimos y fuimos agregados a la Congregación como Misioneros Laicos del Santísimo Redentor. La delicadeza de Mari Ángeles ofreciéndole a mi mujer leer la Primera Lectura en esa Eucaristía. Mis hijas. Los hermanos venidos de Madrid. Vida compartida en Familia. Tan intensa fue esa celebración como el tiempo de desierto, en el que los recuerdos de cómo y de la mano de quién comenzó este maravilloso regalo se me agolpaban con tal fuerza que parecía revivirlos en presente. A solas con el Señor, en los jardines del Monasterio, no había excusa para no regalarme alguna lágrima recorriendo feliz, el rostro feliz de un pobre hombre enamorado.

Mi hija mayor recibió por primera vez el Cuerpo de Cristo. En Familia. Ante nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de manos de quien es un hermano. Exactamente cuarenta años después de que yo lo recibiera de manos de otro Redentorista. Acompañados también de quienes estaban en nuestro corazón aunque no en persona. Agradecido al Señor por tanto, por tanta Vida.

La mano de nuestra Madre del Perpetuo Socorro en lo que inexplicablemente acabó en nada; un accidente que podía haber cambiado el rumbo de la historia de nuestra hija pequeña. Acababa de decirle, apenas un par de minutos antes: “Paula, ven que te ponga la medalla de la Perpe que se te cayó hace unos días”. Y las piedras del suelo sobre el que cayó a plomo desde aquellos metros de altura, se volvieron las manos de María para recogerla. ¿Coincidencias? ¿Diosidades?

Creí que había cerrado el periodo estival con mi paso de nuevo por Astorga. No fue así. Lo di por cerrado anoche, tras leer el sensacional post de un peregrino del Camino de Santiago, Miguel Pérez. La fe ha de compartirse, lo extraordinario ha de compartirse, aquello que puede ayudar a otros ha de compartirse, por eso me tomo la libertad de compartir el enlace, no dejéis de leerlo y meditarlo: http://mesarinconcafe.blogspot.com.es/2014/09/de-sarria-la-gloria.html Gracias, Miguel, por hacerme comprender lo afortunado que soy sabiéndome tan pequeño, tan nada, tan grande simplemente por ser hijo de Dios.

Recibo septiembre con la Esperanza ahogando los miedos, limpio, con las manos abiertas, con el corazón abierto y confiado en la bondad del Padre que nunca nos abandona. Con la ilusión del impagable regalo que nos ha hecho el Papa Francisco con el nuevo Arzobispo de la diócesis de Madrid, mi paisano Don Carlos Osoro; leer sus entrevistas estos días es como recibir en la cara del alma la suave brisa del aire fresco. Un aire que, como el de Francisco, me resulta familiar… 

Abríos al Señor, abríos a la Vida, zambullid vuestros miedos en el mar de la Esperanza y recibid agradecidos el presente de cada día del mes que comienza. Mirad a la Vida a los ojos y compartidla, no la dejéis pasar.


Recibo septiembre scalando en Familia, agradeciendo al Señor, agradeciendo las manos tendidas, en gerundio.

domingo, 24 de agosto de 2014

Un cura de pueblo

He tenido la suerte de escuchar una homilía extraordinaria, de esas que alientan y hacen pensar, de las que elevan el espíritu, cuestionan y empujan a continuar scalando en familia. Ha sido en la misa de 20:00h del sábado, en la iglesia de San Martín, en Cabezón de la Sal. Don Pedro, el párroco, con una sencillez y rotundidad a prueba de diccionarios y sesudos tratados de teología nos ha estado hablando a la asamblea –pero de manera personal, alcanzando la individualidad de cada uno- de la relación con Jesús. No de algo irreal, no de una idea aprendida y asumida inconscientemente, no. Más bien nos ha planteado a cada uno de los presentes, como una pura entelequia aristotélica, cuál era nuestra relación personal real con Jesús. No una definición exacta ni una respuesta teórica a la pregunta dirigida en presente a cada uno de nosotros …«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», sino cuál es en verdad mi relación personal con Jesús hoy, en mi vida, en mi mundo.

Lo sencillo va tan a menudo de la mano de lo profundo y transcendente que ni lo vemos, ni lo apreciamos. De eso saben mucho los humildes curas de pueblo que, como Don Pedro, desgastan su vida por todos desparramando la Palabra y la presencia viva de Cristo no en un lugar único, sino atendiendo a varios pueblos, aldeas, barrios o parroquias. Vidas a lomos de un animal, subidos en un pequeño ciclomotor o en un destartalado utilitario. Sirviendo a sus feligreses que, quizás en demasiadas ocasiones, ni reparan en su vida real, la auténtica. Demasiadas veces somos ingratos, magnificamos un mal día, nos enmarañamos en chismes sin pararnos a ofrecer nuestro tiempo, nuestra sonrisa, ni siquiera nuestra comprensión, a quien nos regala el Cuerpo de Cristo, nos confiesa, nos bautiza, nos entierra o simplemente sí nos escucha. Demasiado ombligocentrismo y ensimismamiento y poco reconocer a Jesús en nuestro propio cura del pueblo.


Hoy ha sido uno de esos días en los que el sacerdote ha conseguido, como diría mi amigo el Padre Damián Mª Montes CSsR, que yo salga del templo “levitando”. Por eso quiero homenajear, en Don Pedro, el Párroco de Cabezón de la Sal, en Cantabria, a todos los curas de pueblo que entregan su vida, que dan su vida, que regalan Vida a diario, desdoblándose y no precisamente gozando de las mejores condiciones. Muchos son grandes hombres anónimos que no alcanzarán en vida un solo reconocimiento, pero que encontrarán un puesto de honor en la Mesa del Padre. A fin de cuentas, por lo que entregan sus días es porque sus feligreses sepan que ese puesto se nos regala a todos. ¡Gracias!

domingo, 10 de agosto de 2014

Primera Comunión


Cuando el 2 de marzo de 2005 subieron a la habitación de la clínica San José de Madrid a una personita recién nacida, mi hija mayor, casi ni me atreví a besarla; me invadió una suerte de consciencia real de que aquel ser humano no era mío: responsabilidad. Hice una señal de la cruz sobre su diminuta frente y, a continuación, la besé. Era mi hija, sí, pero no en el sentido posesivo. Fui realmente consciente de que era una criatura de Dios, y que fue Él quien nos eligió a mi mujer y a mí como sus custodios. Y, como custodios suyos, la primera idea que del Amor de Dios habría de tener sería el nuestro; la más cercana extensión del Amor de Dios, la nuestra; la más viva y primera presencia de Su Amor, nuestra conducta; la más viva presencia del Reino, nuestra propia vida; la mayor alegría de Su Amor, su propia libertad. Con estas premisas comencé mi temblorosa andadura como padre. En el seno de la familia es donde unos padres pueden hacer real la presencia del Reino en la tierra.

Uno, a veces, se tambalea, duda, tiene miedo. Pero cuando la Meta es clara, cuando la Roca es firme, las torpezas propias y reiteradas del ser humano se vencen. No se vencen por uno mismo, se vencen con fe; la propia y la de los demás: familia, acompañante, comunidad. Mi debilidad me hace tener claro que por mí mismo sería prácticamente imposible recorrer una senda recta por el camino de Cristo.

Desde aquel 2 de marzo al 9 de agosto de 2014, han pasado más de nueve años. No un simple transcurrir del tiempo, sino Vida compartida. En este lapso, hemos tratado de ir preparando a Toya para lo más natural: la Vida. Toya ha ido haciéndose mayor, en un entorno normal, en una Familia normal, con unos amigos normales. Una niña más, normal.

El nueve de agosto, tras tres años de preparación, Toya recibió a Cristo, comulgó por primera vez. Y lo hizo en una ceremonia familiar, especialmente familiar, en una pequeña capilla vinculada a su intrahistoria familiar. Tomada de la mano de Jesús, se hizo una con Él y para siempre. Confieso que me sentí orgulloso. Un orgullo sano y exento de cualquier vanagloria. Nos iremos equivocando, como cualquiera, pero creo que vamos ejecutando el trabajo encomendado de una manera acertada: amarla, enseñarla a amar, hacerla sentirse amada, amando a Dios por encima de todo.

Cristo vivo se hace presente cuando el amor, a pesar de las torpezas, a pesar de los nervios, a pesar de los miedos, se hace presente. Cristo vivo se ha hecho presente los días previos, en los desvelos familiares, en la preparación de la celebración; como se ha ido haciendo presente en el ejemplo de los catequistas que la han ido preparando, en cada uno de los Redentoristas que el Señor ha ido poniendo en su camino. Creo que Toya no olvidará este día. Sé que no olvidará este día. Pido que no olvide este día. No olvidará el cariño y los esfuerzos de su tía Teresa. No olvidará el cariño y las palabras del celebrante; no olvidará que le regaló y puso en sus manos el Cuerpo de Cristo por primera vez. Al acabar la ceremonia, alguien me dijo algo que me emocionó: “qué ceremonia tan, pero tan bonita. Se nota que el sacerdote es de la familia. Se nota que el sacerdote os quiere”. Me emocionó porque esas fueron hace un tiempo las palabras de Toya, que le quería como si fuera “el tío Jorge”. Me emocionó, aunque quien las pronunció no sabe que ese celebrante se da por entero en cada Eucaristía, en cada celebración; como tantos otros.

Es afortunada porque son muchos los redentoristas que la quieren y a los que quiere. Es afortunada porque hay Amor en su vida. Me siento por ello agradecido y satisfecho. Es afortunada porque va haciendo su propia scalada por la Vida y la va haciendo en Familia.

Orgulloso y satisfecho porque el Señor le concedió a mi madre vivir este momento con una nieta más; orgulloso y satisfecho porque comulgó ante Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Sí, orgulloso y satisfecho.

Orgulloso, satisfecho y agradecido porque siento que el Señor me Ama a mí cuando Ama a mis hijas. Agradecido por mi Familia, por mi Comunidad, por mis amigos, por la Vida.


Desde mi debilidad, junto a mi mujer, seguiremos enseñando a Toya a ir por la Vida scalando en Familia. Sólo puedo dar gracias a Dios. El camino continúa.

lunes, 4 de agosto de 2014

Cristo en la calle

Estoy viendo las noticias por televisión y me han llamado la atención dos. Una de ellas bien triste, muestra a unos jóvenes en Estados Unidos que, o tan vacíos o tan llenos de cosas superfluas, se han puesto a buscar nuevas sensaciones rociándose de alcohol y quemándose a lo bonzo; ya ha muerto un chico de 15 años. La otra son las declaraciones del costarricense Keylor Navas, nuevo fichaje del real Madrid, dando gracias a Dios durante varias veces en la breve entrevista, contando cómo pone su vida en manos de Dios.

Un deportista que muestra el espíritu de superación con Dios como centro y unos jóvenes, producto de una sociedad absolutamente decadente, que buscan... Navas es un ejemplo, y para jóvenes como éstos todos debemos de ser ejemplo. Con nuestra vida, con nuestra alegría y nuestra actitud en todo momento, también en las redes, hemos de ser ejemplo de esperanza. A veces también con la palabra, pero sobre todo con el ejemplo. Ejemplo de vidas que alienten y sean signo de esperanza incluso en la adversidad. No con dedos rígidos que señalen actitudes incorrectas, no con cejas levantadas ni ceños fruncidos, no con espanto ante el escándalo sino con caridad y misericordia ante el vacío y la desesperanza. Recuerdo cómo en el Santuario del Perpetuo Socorro, durante la eucaristía de envío para los voluntarios de la JMJ Madrid 2011, el sacerdote que presidía nos dijo tras la Comunión, “sois custodias de Cristo; que se os note, reflejadlo.” Ese fue uno de los momentos que se me quedaron grabados, y es una frase que recuerdo cada vez que comulgo. Nosotros con nuestra actitud, con nuestro ejemplo, con nuestras debilidades tenemos la posibilidad y la obligación de “sacar” a Cristo a la calle, en nuestros respectivos ambientes. Haciéndolo se empiezan a multiplicar panes y peces, a secar lágrimas que no conocemos y a arrancar sonrisas que no veremos; haciéndolo se pueden cambiar cosas aunque no veamos los frutos directos.


Scalando en Familia –con alegría, como diría mi amiga Pepa Garat- se pueden cambiar pequeñas cosas. Yo esta noche pediré por tantos jóvenes vacíos de todo, por tantos jóvenes saturados de lo innecesario.

domingo, 20 de julio de 2014

Cuando Él ama, todo es fácil

Cuando una historia de amor es realmente una historia de Amor, el protagonista no es otro que el Señor, porque es Él quien Ama. El ejecutor es uno mismo, pero de una fuerza superior que ni siquiera le pertenece. Puedes luchar; claro que puedes hacerlo. Puedes discernir si aquello a lo que te ves impelido viene de ti mismo, o es empujado por el Espíritu. Una vez que lo sientes con nitidez, o el miedo (cualquier tipo de miedo) te hace recular, esconderte o huir, o simplemente te abandonas y te dejas hacer. Cuando Él ama todo es fácil. Él ama siempre, todo, a todos y en todo momento; pero tenemos tendencia a olvidarlo.

No me refiero ahora al amor humano, que por esa misma vía se hace divino, por ejemplo, en el matrimonio (como dice un amigo mío, y como a mí me ocurrió). Hablo de un impulso sutil que te lleva a amar lo que nadie ama, a quien nadie ama. Aparentemente, porque son muchos los que aman así, aunque lo expresen de diferentes maneras. Y, en el fondo, todos amamos al Único y es Él quien lo hace.

Mi historia comenzó antes de que yo lo supiera, antes del antes. Y tras luchas, tras jugar al escondite, es Él quien te señala el camino. Decidir seguirlo o no, es esa parte juguetona del libre albedrío. Pero no sólo nos presenta el camino, nos va dando pistas, y poniendo a personas (“regalos de lo Alto”, que diría otro amigo) que van iluminando Su sendero. En ese sentido, mi vida es la de arcilla moldeada por mi madre en el seno de una familia extraordinaria, tan extraordinaria como cualquier otra, posiblemente.

Mi historia es la de una vasija a la que se le presentó el regalo que estaba esperando desde el inicio de los tiempos, mi mujer, mi Amor. Una persona de las que sostienen, alientan y empujan. Mi camino de santidad en el matrimonio, y a ambos nos dio en custodia a nuestras dos hijas. Sin ella, mi historia de salvación sería otra; sin su comprensión, cooperación, apoyo y asunción de Su proyecto, yo no estaría completo. Por eso, cuando un 19 de mayo de hace ya algunos años el soplo del Espíritu me puso ante uno de esos regalos de lo Alto, no me puso a mí sólo, nos puso a toda la familia. Su proyecto continuaba. Yo no se lo ponía fácil. Ella me apoyaba.

Sin darme cuenta me vi scalando en Familia, queriendo abrir mis manos, darlas; queriendo tener un corazón más grande; darlo. Me vi conjugándome en gerundio hacia Él tras San Alfonso y su familia. Por eso aquel redentorista del 19 de mayo camina con nosotros aunque ni nos veamos, ni hablemos tan a menudo como me gustaría; es parte de nosotros mismos. No hace falta más. Por eso otro redentorista ha sido fundamental en mi pequeña historia, al que queremos y quien, en un cierto sentido, ha creído en Su pequeño proyecto para mí; el que el viernes 18 de julio, en el Monasterio de El Espino, en Santa Gadea del Cid, recibió mi compromiso y me agregó la Congregación como Misionero Laico. No sólo el mío, también el de otros cuatro hermanos de Granada: Mª Isabel, Juan Manuel, José Luis y Juan Carlos.

Con tensión contenida, con emoción, acompañado de María y mis hijas, rodeado de laicos redentoristas de toda España, ante el Padre General, con mi Comunidad de laicos del Perpetuo Socorro de Madrid, con la sorpresa de dos familias de nuestro grupo de matrimonios. Dentro del ritmo de una Eucaristía preciosa fui desgranando un firme, contundente y sentido “Sí, me comprometo” a cada una de las cinco preguntas. Fue fácil. Estaba en Familia. Pero no solamente fue fácil por estar en Familia. Lo fue por ser la constatación de un Proyecto que no es mío; es acogido, abrazado y deseado por mí. Cuando cada persona es consciente del proyecto que el Señor tiene para él, tiene la responsabilidad de saberse poseedor de un regalo de Salvación que no es propio. Algo así no puede dejar de gritarse.

Soy yo quien ama, pero lo hace Él. Sin tonterías, sin engreimientos, sin falsas modestias y cargado de montones de torpezas. Fue fácil porque se acogía lo que ya llevaba viviendo algún tiempo. Fue fácil por algunos whatsaps días antes con Rafa, por Daniel, Mónica y sus hijas, por Antonio e Inma (el cariño y la cercanía de Inma), por tantos, por todos. Fue fácil porque sentía a cada uno de los religiosos Redentoristas que estaban allí como miembros de mi Familia. Fue fácil porque me acompañaba Fernando, un pequeñín enorme que había fallecido días antes. Fue fácil por mis queridos jóvenes de PS, por mis queridísimos Lalo y Guille. Fue fácil por Joaquín. Fue fácil porque estaban conmigo muchos más de los presentes. Fue fácil porque era mi sitio. Fue fácil porque era la continuación de la historia de mi Vida. Fue fácil por Nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Fue fácil por San Alfonso, que ahí estaba. Fue fácil porque fue natural. Fue fácil porque es la verdad de Su proyecto para mí. Fue fácil porque mi debilidad es infinita. Fue fácil porque cuando Él ama todo es fácil. 


Que cuando no lo sea cuente con la ayuda de Cristo Redentor.

jueves, 10 de julio de 2014

#RezoConFernando

Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo”. Así comienza la Primera Lectura de hoy, de la profecía de Oseas. Lectura del día en que el Señor llamó a Fernando.

Yo no conocía de nada a Fernando y, sin embargo, le he seguido con cariño cada día de su vida; cada día de su vida he rezado por él en silencio. Fernando ha sido una persona extraordinaria, con una Vida riquísima y fructífera.

Para mi todo comenzó el día en que me topé con un tuit de su padre, @bpelayom, con el hastag #rezoporfernando: la imagen de una pequeña criatura que luchaba por vivir, llegada al mundo tan sólo a las 25 semanas de gestación y con 700gr de peso; 700gr de cuerpecito acogiendo a un alma inmensa. Y el nombre de Fernando en la palma de Sus manos. Aclaro que no conozco de nada a su padre, Bosco, pero tanto él como su madre tienen toda mi admiración, mi aplauso y, aunque no les llegue, el calor de mi oración.

Unos padres que han amado a su hijo y luchado por él hasta el último latido; unos padres que han invadido las redes con la historia de su pequeño, evangelizando cada día con una foto y unos pocos caracteres. Cada día nos han hecho llegar la evolución con esperanza, con ilusión, sin un ápice de acritud, con fe y con muchísimo amor. Hoy doy las gracias a Blanca y a Bosco por habernos regalado cada día de la vida de su hijo, por haber mostrado al mundo que 700gr de 25 semanas de gestación son un ser humano.

Ese ser humano, Fernando, ha conseguido unir a muchísima gente en su corta vida. Es curioso la cantidad de gente que empeña su vida en andar dividiendo a los demás, y éste pequeñín nos ha unido a muchísimos. Nos ha unido en la oración. Sus padres, con el ejemplo de ilusión, entrega y fe, habrán conseguido que alguna mamá se replantee una decisión equivocada. Alguien que pone a tantos a rezar, alguien que une en el Amor, es una persona de éxito, del éxito de verdad. Fernando ha sido todo un ganador. El salmo 79, propuesto para hoy nos dice: “Que brille tu rostro, Señor, y nos salve”. El rostro del Señor brilla ya para Fernando, a quien ha salvado.

¿Sabes, Fernando? El 18 de julio, en el monasterio de El Espino, haré mi promesa como Misionero Laico del Santísimo Redentor. Allí estarán mi mujer y mis hijas, y muchos redentoristas más. Yo pensaba pedir por ti ese día y, ya ves, ahora lo que pido es que seas tu quien me acompañe desde Arriba. Y como yo creo en la comunión de los santos, cambio el hastag de tu padre por este: #RezoConFernando


Blanca, Bosco, seguís contando con la oración de muchos.

domingo, 6 de julio de 2014

Casa San Alfonso 2014

Un excepcional fin de semana en Familia. Mi mujer, mis hijas y yo hemos tenido la oportunidad de servir a los peregrinos del Camino de Santiago en Astorga, en Casa San Alfonso, en Familia. No es la primera vez que colaboro con este proyecto de la Conferencia Europea Redentorista, porque el año pasado ya tuve esa suerte, pero en esta ocasión hemos podido acudir toda la familia junta ¡una Gracia!. Llegar a Casa San Alfonso es exactamente eso, llegar a casa. Recalar en Casa San Alfonso, para los peregrinos, es encontrar en el Camino el acogedor remanso espiritual que, aunque resulte paradójico, no siempre encuentran con la frecuencia que desean, aunque lo procuran incesantemente, casi a cada paso, de etapa en etapa.

Lo mejor de la “etapa” vivida a lo largo de este fin de semana, junto a cada uno de los peregrinos que hemos podido "acoger", sin duda alguna ha sido la incontenible y casi insultante ilusión de mis niñas. Verlas a las tres “manos a la obra”, desde el minuto uno, junto a Royston Price y Michael Taylor, los Estudiantes Redentoristas de la Provincia de Londres con quienes formamos una Comunidad armoniosa y perfectamente acoplada, ha sido para mi impagable. La ilusión que les salía por los ojos a mis chicas, su esfuerzo por atender a todos los caminantes extranjeros en inglés, el cansancio… compartir la Vida para otros… realmente grande. Los juegos con Mike, la permanente delicadeza de Roy pendiente de Paula -la celíaca de la Comunidad- en cada una de las comidas. Iniciar cada jornada, juntos, rezando Laudes mientras las niñas escuchaban atentas en silencio...

Llevar la Oración de la Noche en español, la bendición a los peregrinos, las palabras de agradecimiento, saber que entre todos damos un poquito de luz que no es nuestra… ¡No puede haber mayor alegría! Y todos los caminantes, cada uno con su historia y sus motivaciones, unánimes porque en Casa San Alfonso y en la iglesia del Perpetuo Socorro recuperaron el verdadero sentido de su Camino, o bien recobraron la fuerza del Espíritu para continuar. Y al caer la tarde, en cada Oración, a los pies del icono, el corazón de cada peregrino y el de todos en el Redentor.

Uno no es nada, es diminuto, insignificante, pero es un granito de un engranaje que, activado para el servicio, se muestra útil. El engranaje de una maquinaria puesta en marcha por el santo del siglo de las luces, San Alfonso Mª de Ligorio, que lleva ya 150 años de servicio en España. Cuando el Padre Paulino Sutil nos enseñó éste sábado el museo y tuve ante mi la Mitra de San Alfonso, lo único que acerté a hacer fue pedir en silencio mientras el corazón bombeaba a toda potencia al contemplar la reliquia.


Con Toya y Paula, vamos mi mujer y yo construyendo, haciendo camino. Con María, Toya, Paula, Roy, Mike y el Padre Laureano siempre pendiente en la distancia, un gran fin de semana scalando en Familia. Un fin de semana por el que dar gracias. Si Dios quiere yo volveré en agosto pero hoy, ya de regreso, en el coche, mi hija mayor me dijo: 
“Papi, el año que viene... ¡volvemos!”. Pues eso.

miércoles, 2 de julio de 2014

Lo que de verdad importa

Hay veces en las que uno parece perderse en sus propias naderías, en sus propios problemas, y éstos pueden llegar a bloquear nuestra capacidad de reacción. En una situación así, creo que el problema puede llegar a ser uno mismo.

Esta mañana he tenido la oportunidad de asistir, en el Palacio de los Deportes de Santander, a un Congreso de la Fundación “Lo que de verdad importa” (www.loquedeverdadimporta.org), que salvaguarda el legado de María de Villota. He podido escuchar dos de las ponencias, una a cargo de Kyle Maynard (www.kyle-maynard.com) y la otra  presentada por Jorge Font (http://www.greatplacetowork.com.mx/speakers/799-jorge-font): explosión de Vida y optimismo en directo. Ejemplos de superación, optimismo, vitalidad… Animo a visitar los links para poder comprobar lo que digo. Las dos experiencias vitales que nos relataron sin sensiblerías fueron extraordinarias, pero yo me quedo con la respuesta de Kyle Maynard a una pregunta que alguien del público le planteó: “Si tuviera la oportunidad de estar cara a cara con Dios ¿qué le diría?” “¡LE DARÍA LAS GRACIAS!”. Así, sin más. Y yo me hice diminuto en mi asiento.

No se trata de la conocida frase “saca tu cruz a la calle y verás lo pequeña que es”; eso sería como la consolación por comparación. No, es mucho más. Es sacar fuerza de flaquezas sin ñoñerías; luchar y sobreponerse. “La vida es un regalo, y hay regalos  que sólo hay que abrazar y agradecer”, Jorge Font. Una lección sobre cómo vivir la Vida.

El nombre de la Fundación lo señala certeramente: Lo que de verdad importa. Y eso nunca son los problemas.

Yo me casé con lo que de verdad importa: mi mujer. El Señor me regaló lo que de verdad importa: mis dos hijas. Dios me colocó entre lo que de verdad importa: mi familia. Estoy rodeado de lo que de verdad importa: mis amigos, la Familia redentorista, los hermanos. ¿Cómo quejarme?  …y hoy leemos en la Profecía de Amós: “Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal”… el Amor y la justicia… …y el Salmo: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación  de Dios”.


No son necesarias más palabras ni más aclaraciones. Sólo enturbiarían. Solamente añado un GRACIAS a Dios, porque el día de hoy me ha ayudado a ver lo que de verdad importa: scalar en Familia y ayudar a scalar en Familia.

viernes, 27 de junio de 2014

Una joven de ochenta años

Hoy es 27 de junio, festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y mi madre cumple ochenta años. Para un hijo abstraerse de su propia historia y mirar a su madre con objetividad es casi imposible. Cuando desde esa perspectiva la miro, veo a alguien que encarna la personificación del ser y el deber ser con una naturalidad sorprendente y admirable.

Su vida es una vida de entrega, de dignidad, de sentido del deber, de donación, de fe. No es una superviviente de un mundo caduco, es la transmisora de lo mejor de un mundo pasado con la mirada puesta en el futuro. No es una anciana de ochenta años, es un niñuca de ochenta años que atesora la sabiduría de su edad, la esencia de un pasado que hace presente y la mente abierta que sólo las personas inteligentes poseen. La sensibilidad de las grandes almas que saben que la cuna, si algo trae cuando ésta se ubica en un estado determinado,  no es sino obligación; comprender esto es entender la vida propia como servicio. A su mesa se ha sentado desde el viejo Rey Don Juan a intelectuales, músicos, escritores, pintores y también desvalidos; con igual desvelo, con igual dedicación y con igual naturalidad, porque la grandeza del corazón sobreentiende engrandecer  a los humildes. Esa grandeza que lleva a encarar la adversidad con firmeza y sonriente. Eso es lo que siempre ha regalado, lo que siempre regala a sus calvarios: una sonrisa, la oración de una sonrisa. La sonrisa que nace desde lo más profundo de la fe. Su vida engrandece a sus antepasados; su vida es una mirada de frente a los problemas; su vida es un ejemplo de superación que la llevó a saber cuadrar y poner en su sitio al poderoso caballero, porque sabe que la esencia, lo importante, está en Otro sitio; su vida honra al Señor; su vida es entrega, y eso no es sino Amor.

Su mayor desvelo es, sin duda, su Familia, de un modo amplio, extenso y generoso hasta el extremo. Mi madre no ha sido simplemente hija o esposa; no es simplemente madre o abuela. Como tantas mujeres discretas, su Vida es un regalo a los demás. Como tantas mujeres, como tantas madres, primero están los demás, y luego, mucho después, está ella misma. Un camino firme y sereno, precisamente porque conoce el Camino y confía en el destino final.

Todo lo que yo pueda decir es nada cuando sencillamente la miro como un hijo a su madre. La miro así y no veo más que Amor, y yo soy un niño y ella mi Madre. Veo a esta jovencita de ochenta años y se que siempre ha tenido un ventanuco abierto en el corazón de sus hijos por el que siempre ha sabido, siempre sabe… y eso le hace gozar con nuestras dichas, y eso le hace sufrir con nuestros errores y dolerse con nuestros dolores. Los vientos del tiempo han ido horadando su piel, pero no han podido con su mirada ni con su sonrisa. La entrega y la adversidad no han hecho sino engrandecerla. La miro y sigo siendo un niño y ella una joven madre. Creo que algo así le pasará al Señor de los tiempos, que conoce realmente nuestro corazón.

Hoy es el día de la Virgen, nuestra Madre del Perpetuo Socorro, y yo soy un hombre, esposo y padre, pero me sigo sintiendo en brazos de mi madre y mi mano sobre la suya. Y ahora, como hijo, quiero que descanse precisamente en nosotros, sus hijos, pero creo que una madre no descansa nunca. Hoy la Virgen le ha hecho el mejor de los regalos y casi parece que una pequeña parte de la parábola se puede cumplir; se sacará el mejor vestido, se matará al becerro más gordo… Ha tenido el mejor y más inesperado de los regalos; incipiente pero esperanzador.


Hoy, Señor, quiero darte las gracias por mi madre; hoy Señor, te doy las gracias por su Vida y te pido que nos la regales muchos años más.

jueves, 26 de junio de 2014

Palabras de mayores

Una niña pequeña leyendo palabras de mayores, haciéndolo con esa naturalidad de la que solamente los pequeños son capaces, con aplomo y en un templo abarrotado. Y lo hizo en la eucaristía celebrada durante la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, puede que ese sea el truco de su seguridad balbuciente, que lo hacía en casa, en Familia y ante “su” Virgen. ¡Imposible estar nerviosa! Esa niña era mi hija pequeña, recién llegada de jugar en la Plaza de Chamberí para participar en la Novena. Allí quedaron muchos niños enredados en sus juegos. Sin embargo, mis hijas, ni mejores ni peores que otras, tenían muchos motivos para participar: lo hacían en casa, donde van creciendo y viviendo su fe; en PS se van formando y participando casi a diario, con lo que devolver aunque sea un poquitín del cariño que reciben a lo largo del año de toda la Familia redentorista no es más que lo normal; la fe y el ejemplo; la Virgen. Son algunos de los motivos, unos pocos. Y participaron con su voz, haciendo que las "palabras de mayores" se convirtieran en "palabras mayores" en boca de unas niñas.

A los niños se les enseñan muchas cosas, pero no se les puede “enseñar” la fe. Les puedes enseñar la doctrina, les puedes “enseñar” principios básicos, pero poco más. Lo que si se puede enseñar es a Vivir la fe con naturalidad y, a partir de ahí, el Espíritu irá haciendo su trabajo, que es lo más complicado: la experiencia personal. Sin la familia y la comunidad esa vivencia personal es casi inimaginable. También se les puede inculcar el agradecimiento, como parte intrínseca de la educación. Y, muy poquito a poco, pasado todo por el tamiz de cada personita, irá germinando de una manera original y única. Todo sin necesidad de meternos, al menos de momento, en el ser y el deber ser.


Palabras de mayores, frases largas y enjundiosas, desgranadas por quien se va iniciando con avidez en el mundo, incluido el de la lectura. Palabras de mayores que entenderán algún día. Y un padre satisfecho de ver cómo sus hijas van felices scalando en Familia, dando gracias a Dios. Y el autor de esas palabras, el P Carlos Sánchez de la Cruz CSsR, nos hizo el honor de venir a compartir pizza a casa, a nuestra casa, a su casa. Una noche en Familia. Una conversación abierta, sincera, fluida, natural. Un lujo. Recomiendo la grandeza de lo pequeño. Esto de la normalidad alrededor de una pizza es un auténtico lujazo. ¡Qué razón tenía el P Antonio Spadaro SJ cuando nos mostró la teología de una foto y una pizza compartida! Compartir la Vida, nada mejor. La alegría no pude quedarse encerrada en uno mismo porque acaba muriendo, es estéril. La alegría hay que compartirla, contarla, anunciarla, megáfono en mano o con la discreción cotidiana del tú a tú. 

Y no hay mayor alegría que la de la Buena Noticia. ¡Gracias Carlos!