sábado, 25 de octubre de 2014

D. Carlos Osoro

Esto es imparable. Se sirve de Francisco o se sirve de Carlos, cada vez de más. Imparable. Pareciera que el Señor se haya decidido a enviar su Espíritu con fuerza y contundencia arrebatadoras, la contundencia y la fuerza del Amor y la misericordia, en medio del mundo. Del mundo real, no del idílico. Imparable revolución del Espíritu, llamémosla de Francisco que es su “abanderado” e impulsor primero, pero del Espíritu.

La homilía de D. Carlos Osoro hoy, en su toma de posesión como Arzobispo de Madrid es la entrada imparable del aire fresco y misericordioso del Amor en la diócesis de Madrid. Inicia su ministerio episcopal en la Iglesia madrileña con un vendaval suave que limpia, ilumina y empuja. Amor, el mandamiento del Amor, misericordia, puertas abiertas, acogida, misión, realidades eclesiales, Emaús, envío, anuncio, panes y peces, cambio, transformaciones, encuentro, opresión, excluidos, abandonados, mente abierta, proyectos, diálogo… Cristo, la Buena Noticia, la alegría del Evangelio.

No voy a repetir la homilía. Cuando deje de levitar y vuelva a tocar el suelo la leeré, releeré… es toda una joya. Del inicio, recordando al obispo emérito de Madrid Mons. Iniesta a quien visitó en su residencia de Albacete… (sí supo irse…), hasta el Amén final. No sólo no se ha olvidado de nadie sino que ya se ha mostrado como un padre que acoge a todos en una casa en la que cabemos todos. Por si no habéis tenido la oportunidad de escucharle os dejo un link para que la podáis leer: http://www.revistaecclesia.com/carlos-osoro-arzobispo-de-madrid-homilia-en-la-misa-de-su-toma-de-posesion

Es la toma de posesión de D. Carlos, es la toma de posesión del Espíritu, es la toma de posesión de la Esperanza… “… pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”.

Hoy me he sentido inmensamente orgulloso de mi Arzobispo, mi paisano D Carlos Osoro Sierra, como me sentí orgulloso viendo a mi queridísimo amigo @PerezMaura leyendo la Primera Lectura, incluso orgulloso recordando a Casa San Alfonso al oírle hablar de Emaús… Un orgullo sano.


Lo dicho, que esto es imparable. Por eso TODOS somos necesarios. Un día grande por el que dar GRACIAS al Señor.

domingo, 19 de octubre de 2014

Mi Iglesia

No paro de leer últimamente comentarios que me producen una sincera y profunda tristeza. Artículos, blogs, sites de información religiosa que parecen escritos por rígidos miembros de un Sanedrín que se atrinchera en  supuestas seguridades humanas, que no divinas. Evidencias de una patente falta de confianza en el Espíritu, en Aquel que guía a la Iglesia, en la Iglesia y sus pastores. Muchas de esas opiniones reflejan una nula fidelidad al Papa. Pero expresan una ensoberbecida y supuesta verdad con minúsculas porque las cosas siempre se han hecho de una determinada manera, porque la ley –como hubo una ley que prohibía curar en sábado- impone ciertas normas o conductas.

Si todo se ha de hacer como siempre se ha hecho, andaríamos a cuatro patas y las Cuevas de Altamira serían unos codiciados apartamentos de lujo.

Esos “perfectos” me producen tristeza. Tristeza por ellos mismos y tristeza por la tristeza que generan a su alrededor.

Yo quiero a mi Iglesia, con sus defectos también, aunque haya que corregirlos. Y tiene muchísimos, aunque solamente sea por los que tengo yo, que soy parte de ella. Me encanta la pluralidad que se puede vivir en su seno dentro de la unidad. Así como me apasiona el gregoriano, la música negra y los distintos coros de mi parroquia, me maravilla que haya gente que tenga una real experiencia de Cristo en latín, bajo una celebración mozárabe, a ritmo de Gospel o frente a las maravillosas y coloristas estolas misioneras. Me entusiasma que un cura tenga la absoluta libertad de vestir vaqueros o alzacuellos sin verse coaccionado en ningún sentido, como hay sensacionales religiosos con hábito y sin él, como también y de manera bochornosa se han cometido atrocidades tras los muros de impolutos alzacuellos o la cercanía de una imagen secular. Todo lo que ayude a que uno mismo tenga esa real experiencia de Cristo es una gracia. Pero si esa experiencia de Cristo es real no puede sino llevarnos a volver la mirada a los más necesitados de auxilios, a transformar nuestra mirada en la mirada de Cristo, y esa es una mirada de misericordia, entrega y donación. Si algo no es la mirada de Cristo es la de un permanente inquisidor; si a alguien se encaminan sus pies es a los más desfavorecidos y abandonados. Aquello que simplemente nos lleve a la autosatisfacción, a mirarnos como los únicos correctos, a contemplar con displicencia al hermano es mero humo, cuando además nos lleva a la condena no es más que el atrezzo de algo peor.

Pero la Iglesia continúa adelante. La Iglesia, en gerundio, en movimiento, avanza acogedora acompañando a los correctos, sanando a los heridos y en busca de los despreciados. La Iglesia se afana en ser madre de la familia, de los ancianos, de los moribundos, de los descartados. Mi Iglesia se encuentra en salida en los misioneros de tierra de misión y de Occidente, hacia los que tienen y hacia los que carecen de lo más necesario ante la mirada impávida del “mundo”. Mi Iglesia sale a los caminos a por invitados a la boda, mata el carnero para el hijo pródigo, perdona y abraza a Magdalena. Mi Iglesia se desvive por buscar el amparo de quien lo necesita y lo necesitan los divorciados, los homosexuales, los no nacidos, los ancianos que estorban, los moribundos a causa del hambre o la enfermedad.

Lo que me sorprende con tristeza es la gente que se fija más en la letra de la ley que en las vías de solución; me sorprende con tristeza quienes están permanentemente en busca del fallo para estirar como un resorte su rígido dedo, señalando. Pero mi Iglesia les acoge a ellos como me acoge a mí. Mi Iglesia es una casa de puertas abiertas.

Como ha dicho hoy SS, Dios no tiene miedo a las novedades, por tanto, no hemos de tenerlo nosotros tampoco.

Releo las tentaciones señaladas por el Papa al concluir el Sínodo extraordinario de los obispos sobre la familia y me recuerda tanto a San Alfonso… Francisco me recuerda tanto a Alfonso que cada día me gusta más. Pero esto no es una cuestión de gustos personales es más, y al estilo de Alfonso, cuestión de una sencilla fidelidad… Por eso, con Pedro y bajo Pedro, ahí vamos, scalando en Familia.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La esperanza es el hombre

El punto de mira, el color del cristal con que se mira, aquello que vemos… Uno, a veces, puede dejarse apabullar por una realidad poco o nada edificante o, por el contrario, ver la espiguita que lucha hacia el sol en un lodazal, indicándonos que el sol que nace de lo alto continúa visitándonos cada mañana y que la vida se afana en perpetuarse.

Lo que tiene esto de la aldea global es que ya no podemos excusarnos en la ignorancia. Sabemos que hay gente que muere de hambre en África a diario; sabemos que es un continente azotado por guerras interminables y periódicas; sabemos que la pobreza y la desnutrición campan a sus anchas; sabemos que la enfermedad siembra de cadáveres nuestro vecino continente; sabemos que el “Scramble for Africa” fue una repartición de intereses que ha dejado paso a que el desinterés se adueñe de Occidente tras la descolonización; sabemos que los más pobres sufren la miseria real y cruel cayendo a diario como moscas y entre moscas; sabemos de niños soldados, de fundamentalismos, de ablaciones… Sabemos, y… ¿qué?

Ahora parece que surge un brote de pánico por una enferma de ébola contagiada en Madrid. No hago más que oír hablar de pandemias, catástrofes, petición de dimisiones, miedo… Cientos de personas se manifiestan ante el domicilio de la enferma para que no se sacrifique a su perro y apenas doscientas acudieron al funeral del último religioso fallecido en Madrid. No sé yo cuántos de los que se manifiestan por la mascota lo harían por defender la vida de los no nacidos, por mejorar la vida de los refugiados, de los inmigrantes en nuestro propio país. En fin. Es el miedo endémico y se llama ébola.

Mucho de este miedo tiene el semblante del egoísmo, del ombligocentrismo, del yo, mí, me, conmigo. Miedo por si me toca a mí o a los míos. ¿Cuántos se preocupan por la mejoría de la enferma? El mundo, el ruido mundano, el espíritu mundano. Un mundo de tinieblas.

Todo lo anterior, siendo cierto, no es más que una parte. La otra muestra una realidad que, siendo la misma, tiene un sustento bien distinto. Muestra, en el mundo, las manos de Dios, el Amor de Dios, el calor de Dios, la sonrisa de Dios. Un mundo de Luz.

Una auxiliar de enfermería que se presta voluntaria para atender a un religioso español enfermo de ébola; misioneros repartidos por todo el continente Africano siendo presencia de Dios en la vida de aquellas gentes, de aquellos hermanos; sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos dando tiempo, y vida por la vida de los más necesitados; médicos, sanitarios, voluntarios que, incluso aunque no lo sepan, son praxis viva del Evangelio; guardias civiles organizando algo tan simple como equipos de futbol con los acogidos al otro lado de una valla, al otro lado de unas concertinas teñidas de rojo.

Hoy es África de lo que más se habla, pero en muchos puntos del planeta donde haya un necesitado también hay alguien dispuesto a ayudar. Héroes anónimos, misioneros anónimos tras cada Congregación o Instituto Religioso misionero, tras cada cooperante de organizaciones como la Fundación Cione Ruta de la Luz, tras cada misionero religioso o laico, cada voluntario de la ONGd Redentorista  Asociación para la Solidaridad (www.asolidaridad.org).

Sin dudarlo prefiero la segunda realidad de un mismo mundo. La de la alegría del Evangelio, la de los héroes anónimos, allí y aquí. Porque el cambio solamente se dará si comienza aquí, en el todo poderoso Occidente; sólo se dará si comienza en cada uno de nosotros.

Y Dios sigue llamando. No sé con qué te quedarás tú, pero yo claramente me quedo con la Luz frente a la oscuridad del egoísmo o del mirar hacia otro lado. Me quedo con la alegría y la esperanza en cada ser humano que sepa mirar al otro como a un hermano. Mientas haya un cristiano que lo sea de verdad, que sea capaz de llevar la Luz de Cristo, habrá esperanza. Mientras, frente a quien se queje por repatriar a un misionero español enfermo de ébola, se alce la mano de una enfermera voluntaria para atenderle, habrá esperanza. Mientras haya alguien que se plantee romper las estructuras que perpetúan las injusticias, habrá esperanza. Mientras alguien continúe defendiendo la Verdad, habrá esperanza. Mientras exista un bebé concebido, habrá esperanza. Mientras nos visite cada mañana el sol que nace de lo alto, habrá esperanza.

No creo en el concepto calvinista de natura corrupta. La esperanza es el propio hombre, aunque pueda ser un lobo para su propia especie. Sacerdotes, profetas y reyes, sí, pero no de figurín. Todos tendremos algo que dar, algo que hacer, algo que cambiar mientras tengamos vida.


Y dicho esto, yo ¿qué hago…?

martes, 30 de septiembre de 2014

San Jerónimo

Me gusta San Jerónimo, me cae simpático. Aunque realmente, lo que se dice simpático, no sé yo… Mucho más allá de su traducción de la Biblia (aunque eso ya bastaría), de su obra, lo que realmente me atrae de éste santo es su carácter. No porque ser directo sea atrayente; no porque ser sarcástico sea atrayente; no porque la energía de ánimo en sí misma sea atrayente… más bien por todo lo contrario. Todo un carácter abrazado también a la ternura.

Me atrae porque la acidez dialéctica, la pasión, los prontos, la imaginación, incluso la ira, son características que comparte con un individuo al que voy aprendiendo a coger incluso cariño con los años, y con el que me encuentro cada mañana frente al espejo en el cuarto de baño. 

Ya, que sí, que es lo único que comparto con el santo, pero eso no deja de ser un motivo de esperanza. ¡Un enorme saco de pecados puede llegar a ser santo! Eso ya lo sabemos, pero tener identificados en un mismo ejemplar un buen número de mis mayores defectos… aumenta la esperanza.

Un carácter que me lleva, casi cada vez que escucho lo de ir a trabajar a la viña, a responder con un sonoro, rotundo, enérgico y malhumorado “no quiero”, aunque luego vaya. Porque acabo yendo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni cómo; ahí me veo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni para qué.

Quizás sea un buen ejercicio para cada uno de nosotros, identificar no solamente nuestros más llamativos puntos de mejora, sino los pecados que sólo le confesamos a Él en la reconciliación y ver qué santos han compartido nuestras mismas debilidades. Porque de todo ha habido, pero como todos han Amado, así los reconocemos, como santos. De todo, desde el Buen Ladrón a San Andrés Wounters de Heynoor, cura borracho y mujeriego del siglo XVI que sufrió martirio a manos calvinistas repitiendo su famosa frase: “Fornicador siempre fui, pero hereje, nunca”. De todo.

Cuando nos licuemos tanto como para creer que nuestras debilidades nos van a vencer; cuando nuestras debilidades nos vencen, no es mala cosa echar mano del ejemplo de esos santos que cayeron como nosotros; de esos santos que se superaron a sí mismos; de esos santos que hicieron de su Vida un ejemplo de camino ascendente.

Fijémonos también en ellos y encomendémonos, porque siguen repartiendo Vida. De modo que ánimo, amor a Dios y perseverancia que, como enseña San Alfonso, son las dos gracias más necesarias para la salvación. Eso sí, sin olvidar que el amor a Dios no es tal sin el amor a quien tenemos al lado o al que está lejos; al hermano.


Yo hoy doy gracias por el lado más humano de San Jerónimo que, aunque no sea el más erudito, sin duda es el más divino. Doy gracias porque lo intento, y porque no lo hago sólo, lo hago en comunidad y unido en la oración a los que están distantes. Scalando en Familia.

martes, 23 de septiembre de 2014

El clamor de la conciencia

“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

Con la frase de arriba acaba la Primera Lectura propuesta para hoy, 23 de septiembre de 2014. “Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios” es otra perla de esta inquietante lectura. Digo inquietante porque me hace cuestionarme a mí mismo. Ese clamor del necesitado siempre ha resonado en mi cabeza; incluso en la época en que era mi nombre de fondo la música que oía, ahí estaba siempre la preocupación por el necesitado. Y cuando es tu nombre la música de fondo, al final acabas por dejarla sonar y, con las notas va todo el resto. Uno no es ni mejor ni peor por ello. Quizás pueda serlo por la respuesta que cada uno de a ese clamor, y la respuesta no puede ser más que la justicia y el derecho, que, en este caso, es algo así como la praxis del Amor de Dios.

No cerrando los oídos, abres los ojos y extiendes las manos. Al menos lo intentas. La tragedia propia y ajena está en no intentarlo.

El clamor del necesitado. Y necesitado es nuestro hermano más cercano; el necesitado puede estar en nuestro propio hogar, en nuestra casa y familia. Necesitado es el desamparado, quien se encuentra en una situación límite sea cual sea, el incomprendido. Necesitado es el anciano desmemoriado y el niño desvalido. Necesitado es el padre que no puede alimentar a sus hijos, la madre que no puede alimentar a sus hijos, los hijos que pasan necesidad. Necesitado es el marido incomprendido, la mujer maltratada, el hijo ninguneado. Necesitado es el enfermo a la intemperie en el Tercer Mundo y el misionero que le abraza. Necesitadas son las prostitutas y necesitadas las Oblatas que les muestran las manos de Dios. Necesitados son los novios apaleados en una calle de Madrid porque los dos son del mismo género. Necesitados son los niños soldados y quienes mueren con el cuello rebanado en mitad del desierto. Necesitado es el parado y necesitado lo es el empresario que arriesga y pierde hacienda y empresa por crear puestos de trabajo. Necesitados son el preso, la víctima y el juez. Necesitado es el emigrante agarrado a una valla y necesitado es el Guardia Civil. Necesitado es el “sin techo” de nuestro propio barrio y necesitado el voluntario que hace lo que puede por ayudar. Necesitado es un ser humano en una patera y necesitado es el soldado en una misión humanitaria. Necesitado es el indigente, el voluntario de Caritas y, muchas veces, quien se acerca a donar una bolsa con ropa o comida. Necesitado es el desahuciado, el niño que no entiende por qué tiene hambre, la madre que vela insomne las angustias. Necesitado es el amigo que nos pide comprensión con la mirada o con el silencio. Necesitada es la madre anciana que en la distancia caldea la estufa de los recuerdos para no caer en el frío de la soledad. Necesitadas son mis hijas o mi mujer ahogando mis miedos. Necesitado soy yo temblando por no saber cómo, acompañado de mí sombra por la calle, tendiendo torpemente unas manos vacías o con el corazón acelerado ante el Sagrario.

La necesidad se puede graduar, pero no se juzga. La necesidad se puede priorizar, pero no acallar. La necesidad se escucha, se identifica y se combate.

Aprovecharse de la necesidad ajena es lo más indigno que un ser humano pueda hacer conscientemente. Aprovecharse de los inocentes necesitados, es una indignidad escandalosa. Y se aprovecha de la inocencia ajena quien promete aplacar el clamor de los más débiles para encumbrarse y, una vez en la cima, cierra sus oídos al clamor del necesitado; después de todo, esos más débiles abortados no meten ruido. Los muertos no hablan. Pero claman a través de quienes no callamos.

Necesitados son aquellos que, queriéndolos, no pueden tener hijos. Necesitadas son las madres que abortan, los padres de los bebés abortados a los que no se les pide ni opinión; necesitados son los bebés a los que no se les brinda la oportunidad de nacer.

Hoy, 23 de septiembre de 2014, el Gobierno se ha carcajeado, una vez más, de sus votantes. Hoy, el ministro de Justicia de ese Gobierno - se esté o no de acuerdo con él- ha tenido una demostración de dignidad y coherencia acorde a su conciencia inusual en nuestro espectro político. Ensalzo la actitud de Alberto Ruiz-Gallardón. Que el Gobierno se ría o no de aquellos que le votaron me preocupa poco o nada ahora. Lo que es una lamentable realidad es que los necesitados no serán escuchados en sus gritos. Quien no escucha el clamor de su propia conciencia no puede escuchar a nadie, servir a nadie, vivir por nadie salvo sí mismo. Y sí, hoy, hablo de los niños no nacidos, de esos necesitados.


“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Albania, sin complejos

El Papa ya vuela de regreso a Roma tras su visita a Albania mientras escribo estas torpes palabras.

Desde hace algunos días vengo leyendo noticias de ese país a través de las crónicas que comparte el P Laureano del Otero, un sacerdote redentorista querido que ha arribado a aquellas tierras en la reciente nueva Fundación Redentorista en Tirana; a diario las espero con ilusión, admiración y un puntito de envidia (y con agradecimiento a las redes sociales que permiten a los hermanos unidos en la oración estarlo también con una presencia constante). Por eso, esta mañana, en la misa de las familias de la parroquia redentorista de Santander, cuando el celebrante micrófono en mano nos invitó a que compartiéramos cada uno la oración de los fieles, yo pedí –no se me puede poner un micro delante porque me crezco- por el viaje del Papa y por la misión Redentorista, teniendo a Lauri en el corazón.

Mientras el Papa llevaba la Buena Noticia a los albaneses, por aquí celebrábamos el día del Alzheimer y, en muchas ciudades de España, se desarrollaban manifestaciones a favor de la vida de los no nacidos; sin complejos, alto y claro. Defensa de la vida de los más indefensos, sin más aristas ni más vueltas. Muchos de los manifestantes se sentían engañados y utilizados por un gobierno que no cumple sus promesas. “Cuando en nombre de una ideología se quiere expulsar a Dios de la sociedad, se acaba por adorar ídolos y enseguida el hombre se pierde” (S.S. Francisco), sean esos ídolos el dinero, la búsqueda ávida de votantes a costa de lo que sea, las propias pasiones, el propio yo, aquello que nos esclavice a cada uno.

Sin complejos, el Papa ha hablado, como siempre, sin complejos, libre, llevando la Verdad y en nombre de la Verdad. Ha estado con mártires de la persecución comunista, tal cual y sin eufemismos tipo “persecución del siglo XX”; no, persecución comunista.

Sin complejos y libres de prejuicios he visto a religiosos con hábito que serán vistos simple y llanamente como lo que son. Libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan un hábito o un alzacuellos; libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan a un cura en vaqueros, en zapatillas de deporte o en traje de baño. Con la complejidad, incertidumbre y riesgos de misionar en un país como Albania. Pero sin complejos.

La frescura, la sencillez, la cercanía, la profundidad y la bondad de un hombre normal que es Papa llevada a un país con un ínfimo porcentaje de católicos. Bondad, profundidad, cercanía, sencillez, frescura que son tan redentoristas y que permanecen ahora en Albania tras la Fundación de los hijos de San Alfonso. Hoy hemos rezado por ellos y a ellos nos unimos en la oración. Son unos recién llegados, quizás los últimos del Evangelio de hoy…


Y yo –o tu-, sin necesidad de ir fuera ¿qué haces con tu vida? ¿qué haces por los demás? La confianza en Dios supone prestarle nuestras manos, nuestro tiempo, nuestras palabras, para que otros le vean cercano, real y presente en sus vidas. No importa que no te hayas “arrancado” hasta ahora, que seas también un último… lo que importa es que te pongas en camino, que comiences a scalar en Familia. 

Y así, sin complejos, a modo de sugerencia ¿qué tal si como inicio del camino oras por el camino que emprende la nueva Comunidad Redentorista de Albania?

jueves, 11 de septiembre de 2014

Negociando con talentos

Una de las diferencias entre la pobreza y la miseria es precisamente aquello que define y califica a quien no se fija en su propia riqueza y le separa de quien no para de señalar las pobrezas ajenas. Porque hay personas ahítas de rencor, de soberbia, tan alejadas de la luz que lo ven todo negro, tan enriquecidas de miserias de otros que no son sino unos miserables. Lleven jeans, alzacuellos, zapatillas de deporte, mono, uniforme militar, smoking o hábito de monja mediática, su estrechez de miras se circunscribe a pegar el ojo a la cerradura del corazón humano a la búsqueda ávida de miserias. Miserables.

Ayer falleció un paisano mío. No me voy a fijar en lo que se llevó, porque eso es el cúmulo de una vida y una conciencia, y aquello que se llevó sólo le interesa a Dios que es a quien se lo habrá de presentar. Y a buen seguro le habrá mirado con tanta misericordia como mirará en su día a los inmisericordes miserables que señalan con unos dedos larguísimos y muy tiesos, escondidos tras falsas sonrisas beatíficas.

Lo que se llevó es cosa suya y del Creador. Yo me fijo en lo que dejó tras de sí, y lo hago teniendo en cuenta la particularidad de que este paisanuco mío podía haber vivido una vida absolutamente relajada, sin haber trabajado ni un solo día de su existencia. Sin embargo recorrió una vida sembrada de trabajo, dejando tras de sí riqueza y puestos de trabajo; así, fríamente y sin demagogias facilonas. No solamente llevó el nombre de su ciudad, Santander, por el mundo entero, sino que se empeñó de igual forma en generar riqueza en ella de una manera constante e imparable. Obras sociales, donaciones multimillonarias que contribuyeron a hacer del Marqués de Valdecilla un hospital puntero del sistema público de salud, el impactante Centro Cultural que no llegó a ver en marcha (a pesar de haber pagado para su construcción hasta las obras de adaptación urbanas), becas, dotaciones económicas a Universidades… Me fijo en esto porque es lo público, ni hablo de su familia, ni de la dimensión privada de otras “obras sociales” precisamente por ser privadas. Y hoy, los empleados que quieran pueden acudir a la Eucaristía que se celebrará en la Capilla que quiso que se instalara en la Ciudad Financiera que se empeñó en levantar. Vamos, todo muy carca. Capilla, rezos… Carca y bíblico, porque en cuanto los heredó se puso a negociar con sus talentos y los multiplicó…

Podía haber visto la vida pasar, pero se pasó su vida mirando al futuro, innovando, generando empleo, trabajando. Hoy, ya al otro lado del ojo de la aguja, habrá visto cara a cara a su Redentor. Descansa en Paz, Emilio. Lo harás, mientras otros miran la vida con el ojo pegado a la cerradura de las miserias humanas, quizás por miedo a ver las propias.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mirando a la Vida

Se acabaron los días de descanso. No quedan atrás. En el olvido se desvanece lo innecesario, aquello que nos hace crecer viene con nosotros a cada paso, aquello que es realmente Vida nos conforma. Errores, aciertos, tristezas, alegrías. Y la Vida lo es más cuando es compartida.

Doy gracias a Dios por este tiempo en Familia. Lo iniciamos, mi mujer y yo con nuestras niñas, con una estancia en Astorga, en Casa San Alfonso, acogiendo peregrinos del Camino de Santiago. La ilusión, la inocencia, la entrega a lo que fuera, las caras de mis hijas no han sido solamente motivo de alegría; cuando uno es padre de niños pequeños, y trata de ver el mundo como ellos lo hacen, es como descubrir al hermano con los ojos de Dios, adentrarse en la creación con los ojos de Dios. Y labor de los padres es propiciarles las condiciones adecuadas para que no pierdan esa mirada.

La cotidianeidad con su abuela, lo normal de disfrutar de la abuela que no tienen a diario es una gracia. Verlas crecer, es otra. Compartir en Familia. Primos, amigos, croquet, playa, montaña, cartas, pueblo, normalidad, Amor. Armonía, esa palabra tan habitual en boca del Papa y tan extraña a veces en la vida de los hombres.

El Monasterio Redentorista de Nuestra Señora de El Espino, en Santa Gadea del Cid, donde con tanta naturalidad como intensidad y gozo interior fui desgranando mis “Sí, me comprometo” a cada una de las cinco preguntas que mi querido amigo el Padre Pedro López, Superior Provincial de la Congregación del Santísimo Redentor, nos iba regalando como paso final a quienes nos comprometimos y fuimos agregados a la Congregación como Misioneros Laicos del Santísimo Redentor. La delicadeza de Mari Ángeles ofreciéndole a mi mujer leer la Primera Lectura en esa Eucaristía. Mis hijas. Los hermanos venidos de Madrid. Vida compartida en Familia. Tan intensa fue esa celebración como el tiempo de desierto, en el que los recuerdos de cómo y de la mano de quién comenzó este maravilloso regalo se me agolpaban con tal fuerza que parecía revivirlos en presente. A solas con el Señor, en los jardines del Monasterio, no había excusa para no regalarme alguna lágrima recorriendo feliz, el rostro feliz de un pobre hombre enamorado.

Mi hija mayor recibió por primera vez el Cuerpo de Cristo. En Familia. Ante nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de manos de quien es un hermano. Exactamente cuarenta años después de que yo lo recibiera de manos de otro Redentorista. Acompañados también de quienes estaban en nuestro corazón aunque no en persona. Agradecido al Señor por tanto, por tanta Vida.

La mano de nuestra Madre del Perpetuo Socorro en lo que inexplicablemente acabó en nada; un accidente que podía haber cambiado el rumbo de la historia de nuestra hija pequeña. Acababa de decirle, apenas un par de minutos antes: “Paula, ven que te ponga la medalla de la Perpe que se te cayó hace unos días”. Y las piedras del suelo sobre el que cayó a plomo desde aquellos metros de altura, se volvieron las manos de María para recogerla. ¿Coincidencias? ¿Diosidades?

Creí que había cerrado el periodo estival con mi paso de nuevo por Astorga. No fue así. Lo di por cerrado anoche, tras leer el sensacional post de un peregrino del Camino de Santiago, Miguel Pérez. La fe ha de compartirse, lo extraordinario ha de compartirse, aquello que puede ayudar a otros ha de compartirse, por eso me tomo la libertad de compartir el enlace, no dejéis de leerlo y meditarlo: http://mesarinconcafe.blogspot.com.es/2014/09/de-sarria-la-gloria.html Gracias, Miguel, por hacerme comprender lo afortunado que soy sabiéndome tan pequeño, tan nada, tan grande simplemente por ser hijo de Dios.

Recibo septiembre con la Esperanza ahogando los miedos, limpio, con las manos abiertas, con el corazón abierto y confiado en la bondad del Padre que nunca nos abandona. Con la ilusión del impagable regalo que nos ha hecho el Papa Francisco con el nuevo Arzobispo de la diócesis de Madrid, mi paisano Don Carlos Osoro; leer sus entrevistas estos días es como recibir en la cara del alma la suave brisa del aire fresco. Un aire que, como el de Francisco, me resulta familiar… 

Abríos al Señor, abríos a la Vida, zambullid vuestros miedos en el mar de la Esperanza y recibid agradecidos el presente de cada día del mes que comienza. Mirad a la Vida a los ojos y compartidla, no la dejéis pasar.


Recibo septiembre scalando en Familia, agradeciendo al Señor, agradeciendo las manos tendidas, en gerundio.

domingo, 24 de agosto de 2014

Un cura de pueblo

He tenido la suerte de escuchar una homilía extraordinaria, de esas que alientan y hacen pensar, de las que elevan el espíritu, cuestionan y empujan a continuar scalando en familia. Ha sido en la misa de 20:00h del sábado, en la iglesia de San Martín, en Cabezón de la Sal. Don Pedro, el párroco, con una sencillez y rotundidad a prueba de diccionarios y sesudos tratados de teología nos ha estado hablando a la asamblea –pero de manera personal, alcanzando la individualidad de cada uno- de la relación con Jesús. No de algo irreal, no de una idea aprendida y asumida inconscientemente, no. Más bien nos ha planteado a cada uno de los presentes, como una pura entelequia aristotélica, cuál era nuestra relación personal real con Jesús. No una definición exacta ni una respuesta teórica a la pregunta dirigida en presente a cada uno de nosotros …«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», sino cuál es en verdad mi relación personal con Jesús hoy, en mi vida, en mi mundo.

Lo sencillo va tan a menudo de la mano de lo profundo y transcendente que ni lo vemos, ni lo apreciamos. De eso saben mucho los humildes curas de pueblo que, como Don Pedro, desgastan su vida por todos desparramando la Palabra y la presencia viva de Cristo no en un lugar único, sino atendiendo a varios pueblos, aldeas, barrios o parroquias. Vidas a lomos de un animal, subidos en un pequeño ciclomotor o en un destartalado utilitario. Sirviendo a sus feligreses que, quizás en demasiadas ocasiones, ni reparan en su vida real, la auténtica. Demasiadas veces somos ingratos, magnificamos un mal día, nos enmarañamos en chismes sin pararnos a ofrecer nuestro tiempo, nuestra sonrisa, ni siquiera nuestra comprensión, a quien nos regala el Cuerpo de Cristo, nos confiesa, nos bautiza, nos entierra o simplemente sí nos escucha. Demasiado ombligocentrismo y ensimismamiento y poco reconocer a Jesús en nuestro propio cura del pueblo.


Hoy ha sido uno de esos días en los que el sacerdote ha conseguido, como diría mi amigo el Padre Damián Mª Montes CSsR, que yo salga del templo “levitando”. Por eso quiero homenajear, en Don Pedro, el Párroco de Cabezón de la Sal, en Cantabria, a todos los curas de pueblo que entregan su vida, que dan su vida, que regalan Vida a diario, desdoblándose y no precisamente gozando de las mejores condiciones. Muchos son grandes hombres anónimos que no alcanzarán en vida un solo reconocimiento, pero que encontrarán un puesto de honor en la Mesa del Padre. A fin de cuentas, por lo que entregan sus días es porque sus feligreses sepan que ese puesto se nos regala a todos. ¡Gracias!

domingo, 10 de agosto de 2014

Primera Comunión


Cuando el 2 de marzo de 2005 subieron a la habitación de la clínica San José de Madrid a una personita recién nacida, mi hija mayor, casi ni me atreví a besarla; me invadió una suerte de consciencia real de que aquel ser humano no era mío: responsabilidad. Hice una señal de la cruz sobre su diminuta frente y, a continuación, la besé. Era mi hija, sí, pero no en el sentido posesivo. Fui realmente consciente de que era una criatura de Dios, y que fue Él quien nos eligió a mi mujer y a mí como sus custodios. Y, como custodios suyos, la primera idea que del Amor de Dios habría de tener sería el nuestro; la más cercana extensión del Amor de Dios, la nuestra; la más viva y primera presencia de Su Amor, nuestra conducta; la más viva presencia del Reino, nuestra propia vida; la mayor alegría de Su Amor, su propia libertad. Con estas premisas comencé mi temblorosa andadura como padre. En el seno de la familia es donde unos padres pueden hacer real la presencia del Reino en la tierra.

Uno, a veces, se tambalea, duda, tiene miedo. Pero cuando la Meta es clara, cuando la Roca es firme, las torpezas propias y reiteradas del ser humano se vencen. No se vencen por uno mismo, se vencen con fe; la propia y la de los demás: familia, acompañante, comunidad. Mi debilidad me hace tener claro que por mí mismo sería prácticamente imposible recorrer una senda recta por el camino de Cristo.

Desde aquel 2 de marzo al 9 de agosto de 2014, han pasado más de nueve años. No un simple transcurrir del tiempo, sino Vida compartida. En este lapso, hemos tratado de ir preparando a Toya para lo más natural: la Vida. Toya ha ido haciéndose mayor, en un entorno normal, en una Familia normal, con unos amigos normales. Una niña más, normal.

El nueve de agosto, tras tres años de preparación, Toya recibió a Cristo, comulgó por primera vez. Y lo hizo en una ceremonia familiar, especialmente familiar, en una pequeña capilla vinculada a su intrahistoria familiar. Tomada de la mano de Jesús, se hizo una con Él y para siempre. Confieso que me sentí orgulloso. Un orgullo sano y exento de cualquier vanagloria. Nos iremos equivocando, como cualquiera, pero creo que vamos ejecutando el trabajo encomendado de una manera acertada: amarla, enseñarla a amar, hacerla sentirse amada, amando a Dios por encima de todo.

Cristo vivo se hace presente cuando el amor, a pesar de las torpezas, a pesar de los nervios, a pesar de los miedos, se hace presente. Cristo vivo se ha hecho presente los días previos, en los desvelos familiares, en la preparación de la celebración; como se ha ido haciendo presente en el ejemplo de los catequistas que la han ido preparando, en cada uno de los Redentoristas que el Señor ha ido poniendo en su camino. Creo que Toya no olvidará este día. Sé que no olvidará este día. Pido que no olvide este día. No olvidará el cariño y los esfuerzos de su tía Teresa. No olvidará el cariño y las palabras del celebrante; no olvidará que le regaló y puso en sus manos el Cuerpo de Cristo por primera vez. Al acabar la ceremonia, alguien me dijo algo que me emocionó: “qué ceremonia tan, pero tan bonita. Se nota que el sacerdote es de la familia. Se nota que el sacerdote os quiere”. Me emocionó porque esas fueron hace un tiempo las palabras de Toya, que le quería como si fuera “el tío Jorge”. Me emocionó, aunque quien las pronunció no sabe que ese celebrante se da por entero en cada Eucaristía, en cada celebración; como tantos otros.

Es afortunada porque son muchos los redentoristas que la quieren y a los que quiere. Es afortunada porque hay Amor en su vida. Me siento por ello agradecido y satisfecho. Es afortunada porque va haciendo su propia scalada por la Vida y la va haciendo en Familia.

Orgulloso y satisfecho porque el Señor le concedió a mi madre vivir este momento con una nieta más; orgulloso y satisfecho porque comulgó ante Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Sí, orgulloso y satisfecho.

Orgulloso, satisfecho y agradecido porque siento que el Señor me Ama a mí cuando Ama a mis hijas. Agradecido por mi Familia, por mi Comunidad, por mis amigos, por la Vida.


Desde mi debilidad, junto a mi mujer, seguiremos enseñando a Toya a ir por la Vida scalando en Familia. Sólo puedo dar gracias a Dios. El camino continúa.

lunes, 4 de agosto de 2014

Cristo en la calle

Estoy viendo las noticias por televisión y me han llamado la atención dos. Una de ellas bien triste, muestra a unos jóvenes en Estados Unidos que, o tan vacíos o tan llenos de cosas superfluas, se han puesto a buscar nuevas sensaciones rociándose de alcohol y quemándose a lo bonzo; ya ha muerto un chico de 15 años. La otra son las declaraciones del costarricense Keylor Navas, nuevo fichaje del real Madrid, dando gracias a Dios durante varias veces en la breve entrevista, contando cómo pone su vida en manos de Dios.

Un deportista que muestra el espíritu de superación con Dios como centro y unos jóvenes, producto de una sociedad absolutamente decadente, que buscan... Navas es un ejemplo, y para jóvenes como éstos todos debemos de ser ejemplo. Con nuestra vida, con nuestra alegría y nuestra actitud en todo momento, también en las redes, hemos de ser ejemplo de esperanza. A veces también con la palabra, pero sobre todo con el ejemplo. Ejemplo de vidas que alienten y sean signo de esperanza incluso en la adversidad. No con dedos rígidos que señalen actitudes incorrectas, no con cejas levantadas ni ceños fruncidos, no con espanto ante el escándalo sino con caridad y misericordia ante el vacío y la desesperanza. Recuerdo cómo en el Santuario del Perpetuo Socorro, durante la eucaristía de envío para los voluntarios de la JMJ Madrid 2011, el sacerdote que presidía nos dijo tras la Comunión, “sois custodias de Cristo; que se os note, reflejadlo.” Ese fue uno de los momentos que se me quedaron grabados, y es una frase que recuerdo cada vez que comulgo. Nosotros con nuestra actitud, con nuestro ejemplo, con nuestras debilidades tenemos la posibilidad y la obligación de “sacar” a Cristo a la calle, en nuestros respectivos ambientes. Haciéndolo se empiezan a multiplicar panes y peces, a secar lágrimas que no conocemos y a arrancar sonrisas que no veremos; haciéndolo se pueden cambiar cosas aunque no veamos los frutos directos.


Scalando en Familia –con alegría, como diría mi amiga Pepa Garat- se pueden cambiar pequeñas cosas. Yo esta noche pediré por tantos jóvenes vacíos de todo, por tantos jóvenes saturados de lo innecesario.