sábado, 30 de abril de 2016

Antonio Puerto CSsR, diácono

Hoy ha sido un día de fiesta. Y en Familia. Los días de fiesta en Familia son más fiesta.

Antonio Puerto CSsR ha recibido la ordenación diaconal en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. Voy a tratar de ser claro, porque ha sido un día redondo.

Se trata de Antonio. Antonio es un redentorista pegado a una sonrisa, y él no es pequeño, así que os podéis imaginar cómo es su sonrisa. La bondad se le escapa por los ojos y entre la comisura de los labios. Es alguien bueno, muy, muy bueno. Lo de la simpatía, después de pasar un rato conversando con su padre, he descubierto que es algo de familia; lo de la bondad también, la redentorista.

Cuando uno quiere a alguien no quiere decir que esté de acuerdo con él en todo, sino que se alegra por todos y cada uno de sus avances temporales, los comparte y los vive como propios. Y yo a Antonio le quiero. Aprendí a conocerle en Astorga, no cuando ambos servíamos juntos a los peregrinos; fue durante un largo paseo al sol en un rato de descanso. Me impresionó y lo escribí en su momento. Hoy hemos tenido la oportunidad y la dicha de acompañarle los cuatro.

La alegría se ve aderezada porque le ha impuesto las manos mi paisanuco Don Carlos Osoro. Ver entrar a D. Carlos en procesión y contemplar que llevaba una casulla con la imagen bordada de Nuestra Madre del Perpetuo Socoro…. En fin, lo más. La homilía un lujo. La celebración posterior en los jardines del santuario, en familia. Estas celebraciones siempre son un momento especial para compartir con gente a quien uno se siente no ya cercano, ligado por ese algo especial que no se puede explicar… Dolo Ortíz, Carmen Castro, religiosos de otras casas, los jóvenes y sus padres… ¡Y esos bailes de Miguel! El día que no vea bailar a Miguel en el presbiterio me acordaré de la canción de Triana Pura… “qué es lo que le pasa al probe Miguel que hase mucho tiempo que no baila…”.

Un día redondo que comenzó de la mejor manera. Mi hermana me despertó enviándome por whatsapp una foto desde el Santuario del Perpetuo Socorro de Roma, la ordenación de alguien tan especial como Antonio en casa y por mi querido paisano D. Carlos. Y mientras tanto, en Santander, también en casa, otro redentorista, el padre Victoriano, acompañando a mi tío Eduardo en sus últimos momentos…

Porque la vida es así, un cúmulo de experiencias que nos acercan a Dios; un camino para llegar a Él. En nuestra mano está acercar su reino a la tierra. Con las penas y los sinsabores, con las alegrías y los momentos para grabar en el corazón. Y Antonio Puerto Diosdado, el neodiácono, es una de esas personas que nos lo acercan a diario.


Hoy me acostaré con el baile de Miguel, con muchas conversaciones (Pedro López, Don Carlos, Julián Moya, Daniele Carta…), pero cerraré los ojos y aún seguirá luminosa la sonrisa de Antonio.

martes, 26 de abril de 2016

Icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Hoy, 26 de abril de 2016, hace 150 que S.S. el Papa Pío IX hacía entrega a los Redentoristas del icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro con el mandato de darla a conocer. Se restauraba así su culto público. Desde entonces han expandido su devoción por los cinco continentes. Si la patrona de la Congregación es la Inmaculada Concepción ésta advocación de la Virgen entronca de manera natural con el propio espíritu Redentorista. San Alfonso, en el Supplex Libellus dirigido en 1748 a Benedicto XIV, exponía como objetivo dedicarse a aquellos “más necesitados de auxilios espirituales”; los pobres, pastores y cabreros de Scala. Benedicto XIV no pudo haber respondido mejor a la petición de los redentoristas.

¡Cuántos necesitados hemos recurrido al Perpetuo Socorro de María, cuántos la hemos pedido ayuda, cuántos nos hemos sentido cogidos de su mano! Gracias, Madre, por tanto.
Hoy seré breve. Doy gracias a cada uno de los Redentoristas que, a lo largo de estos 150 años, la han dado a conocer por todo el mundo. Como Misionero Laico Redentorista me siento también tocado por ese “dadla a conocer”, así que aquí la tenéis, nuestra Madre:




“Signo grandioso de nuestra esperanza, te invocamos.
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, Madre Santa del Redentor,
socorre a tu pueblo, que anhela resurgir.
Da a todos el gozo de trabajar por la construcción del Reino
en consciente y activa solidaridad con los más pobres,
anunciando de modo nuevo y valiente el Evangelio de tu Hijo.
Él es fundamento y cima de toda convivencia humana,
que aspira a una paz verdadera, estable y justa.
Como el Niño Jesús,
que admiramos en este venerado Icono,
también nosotros queremos estrechar tu mano derecha.
A ti no te falta poder ni bondad para socorrernos,
en las más diversas necesidades y circunstancias de la vida.
¡La hora actual es tu hora!
Ven, pues, en ayuda nuestra y sé para todos socorro,
refugio y esperanza. Amén”.

San Juan Pablo II

viernes, 22 de abril de 2016

Primera Confesión

Hoy ha sido un día de fiesta para muchas familias del Santuario del Perpetuo Socorro y del colegio Blanca de Castilla, porque algunos de nuestros hijos han celebrado su primera confesión. ¡En el año de la misericordia! La intimidad de los niños con Cristo.

Hace un par de años le tocó a mi hija mayor, en el Colegio Everest, donde estudiaban entonces. Hoy ha sido el gran día para Paula, la pequeña. Entonces el P Damián Mª Montes, nuestro querido Damián, fue al colegio a confesar a Toya.

La celebración de hoy ha estado introducida y dirigida también por Damián. No es que me pierda la pasión (que sí, que me pierde), pero le escuchaba hablar a niños y padres y… en fin, magistral. Tiene una delicadeza especial y tocado por el Espíritu simplemente se sublima. Esta tarde hemos vivido uno de esos momentos. Una catequesis fundamental. Qué queréis que os diga, lo de la benignidad pastoral redentorista es una auténtica bendición.

Además de Damián en el presbiterio estaban los Padres Vicente, Jesús, Olegario, Generoso y Marcos dispuestos a confesar a todos esos niños. Pero las palabras de Damián resonaban en la c-o-n-c-i-e-n-c-i-a y el c-o-r-a-z-ó-n de todos los presentes, de manera que la cola se fue ampliando con padres y hermanos de los protagonistas.

Daba igual quién fuera el sacerdote, todos son cercanos y queridos para Paula, lo que ayuda a minimizar nervios… pero es que le “tocó” Olegario. Ella ya iba con su lista de pecadillos escrita de casa para que le ayudara ¡¡¡pero es que le tocó Olegario!!! El P Olegario es lo más cercano que conozco a un santo; sí, un santo, sin medias palabras. Nada más conocerle uno se da cuenta de ello pero es que Paula ha ido creciendo a su lado, ergo él la ha ido viendo crecer. Me alegró verla, sentada a los pies del Santísimo, bajo el Perpetuo Socorro de María y frente a Olegario. Y la cara del Padre valía un mundo.

Nos confesamos toda la familia. Un día para dar gracias a Dios por el perdón; gracias por nuestra Familia Redentorista; gracias por esos sacerdotes; gracias por las catequistas. Gracias por pertenecer a una Familia en movimiento en una Iglesia en movimiento.

Como padres tenemos la responsabilidad de transmitir la fe a nuestros hijos, no como un ejercicio académico. La base académica y cultural es importantísima, pero se derrumba si no va acompañada de la praxis de esa fe. La fe se vive, se explicita en la vida diaria, sin contorsiones, con naturalidad, con alegría. E igual que se vive se ha de conocer con tanta profundidad, claridad e intensidad como sea posible y acorde a edad y capacidades individuales, por eso mismo no sólo la familia, la labor de los catequistas es fundamental. Qué difícil debe ser bregar una vez a la semana con unos niños pequeños que salen agotados del colegio. Mano izquierda, delicadeza, amor, sensibilidad, firmeza, generosidad, conocimiento, paciencia, entrega… y una fe robusta. Vamos que los catequistas son como para hacerles un monumento y no siempre se lo agradezco...

Gracias por un día inolvidable para Paula; gracias porque como padres hemos podido vivirlo y ayudarle a Vivirlo. Mi Señor y mi Dios: gracias. San Alfonso: gracias. Damián: gracias. Catequistas: gracias.


Un día feliz en Familia, scalando en Familia.

martes, 19 de abril de 2016

Ideología y grupos de whatsapp

Cada vez proliferan más los grupos de whastapp. Los hay de todas las variedades: de compañeros de trabajo, deportivos, de grupos parroquiales, de padres de colegios, de compañeros de academia… La lista puede ser interminable. Muchas veces no somos conscientes de qué es lo que decimos en cada uno de esos grupos, no sabemos gestionar correctamente la comunicación en ellos. A veces es preciso hacer un ejercicio previo de corrección porque no siempre somos conscientes de que compartir aficiones, trabajo, carisma o hijos en una misma clase no equivale a compartir al cien por cien todos y cada uno de nuestros pensamientos, y que, en ocasiones, ciertas opiniones o pueden herir o resultar molestas.

Es conveniente practicar una cierta ética de comunicación en esos grupos. Algo que puede enturbiar la comunicación es la expresión continuada de la ideología personal; puede enturbiar no solamente la comunicación sino también las relaciones personales. Cuando menos puede llegar a cansar verse sometido de manera habitual a un ejercicio de paciencia por morderse la lengua. Se pueden compartir aficiones y no ideología; trabajo y no ideología; carisma y no ideología; colegio y no ideología. Puedo jugar contigo al futbol y no compartir tu ideología. Puedo compartir trabajo y no ideología. Puedo necesitar fechas de exámenes o temario de los deberes de mis hijos pero no la ideología de otros padres. Puedo compartir un grupo parroquial e incluso un mismo camino de Vida, pero no tengo porqué compartir la ideología de cada uno de sus miembros (Papa Francisco el 17 de octubre de 2013 en Santa Marta: “Si un cristiano se convierte en discípulo de la ideología ha perdido la fe”).

Todo es respetable, incluida la mía. Una cosa es tuitear, compartir en Facebook, etc y otra verte obligado a leer lo que se publica en esos grupos. Eso no construye; separa. Y hay grupos que están formados precisamente para compartir lo que les da sentido, lo que suma y ayuda a construir, lo que sostiene al propio grupo.

Publico esto casi a modo de corrección fraterna para quien quiera leerlo, si es que lo lee alguien. Lo siguiente quizás sea un “ha abandonado el grupo”. Mientras tanto agradezco la posibilidad de ir ascendiendo hacia la santidad ejercitando la paciencia.

¿A alguien le ocurre algo parecido? Pues sigamos ofreciéndolo.

jueves, 14 de abril de 2016

Murieron solos


Leo la noticia de que han encontrado a una pareja de ancianos, de 92 y 81 años, fallecidos en su domicilio. Llevaban aproximadamente un mes muertos… Han sido los malos olores los que hicieron que los vecinos llamaran al 112.

Desconozco si tenían familia o no, pero sí tenían vecinos. De no haber sido por los olores podrían haber pasado años.

Me produce una tristeza inmensa. Pienso en sus sufrimientos, en sus desvelos, en las ilusiones que habrán tenido a lo largo de sus vidas. Y nadie les ha echado en falta. El uno junto al otro. Sostén mutuo hasta el final, pero solos; han muerto solos.

No acierto a imaginarme que alguien pueda abandonar, arrinconar u olvidar a sus mayores. Pero tampoco comprendo que nadie lo haga con sus propios hijos, nacidos o no. Una sociedad deshumanizada a esos niveles, que es incapaz de acoger el agradecimiento a lo recibido, que desprecia la vida hasta ese punto. Una sociedad que reniega del propio ser humano se niega a sí misma. El “yo” como dios y, a partir de ese “yo”, todo vale para satisfacerle, a costa de todo y de todos.

Los finales de ciclo siempre tocan el inicio de otro. Aunque esa sea una parte de la realidad, cada vez que un niño nace se genera esperanza. Prefiero fijarme en la esperanza porque también mañana nos visitará el sol que nace de lo alto.

Esa esperanza no puede ser producto de la inercia. ¿Soy capaz de generar esperanza en los demás? A veces me pregunto, con tanta gente buena que el Señor ha puesto y pone en mi camino, con tanta gente que me lleva a reconocer a Cristo en ellos, si yo en algún momento, en alguna ocasión, he sido capaz de ser un nano reflejo del Amor de Dios. La intención cuenta a los ojos de Dios, sin embargo los hombres estamos más hechos a la efectividad…

Pienso en esos ancianos y no pienso en mí, lo hago en mi madre, lo hago en mis hijas. La educación de los niños –no me refiero ahora a la escolar o académica- es fundamental para la rehumanización de la sociedad; los padres tenemos la obligación y la responsabilidad de educar personas responsables, conscientes, sensibles, firmes, solidarias. Tenemos la obligación y la responsabilidad de ayudar a que florezcan y se desarrollen sus dones, de que ellos mismos sepan reconocer dones y puntos de mejora pensando no tanto en el yo como en el otro. Descubrirse a sí mismos para abrirse al mundo; saber mirar a lo Alto y andar descalzos.

Pienso en esos ancianos y veo que la vida por aquí no es más que un rato. Es una fase que pasa pronto. Hacer el bien permanece; el bien es una fuerza poderosa. El cara a cara con el Redentor nos enfrenta al regalo de la salvación, y su aceptación depende del gerundio de este rato por aquí.

Pido por esos ancianos en concreto y por todos aquellos que mueren solos en cualquier lugar del mundo; que María salga a su encuentro y gocen de la visión de Dios por los siglos de los siglos.

Os dejo con esta perla de Amoris Laetitia sobre los ancianos:

“191. «No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones» (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Así como Dios nos invita a ser sus instrumentos para escuchar la súplica de los pobres, también espera que escuchemos el grito de los ancianos[211]. Esto interpela a las familias y a las comunidades, porque «la Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio, respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad. Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna»[212]. Por eso, «¡cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!»[213].

 192. San Juan Pablo II nos invitó a prestar atención al lugar del anciano en la familia, porque hay culturas que, «como consecuencia de un desordenado desarrollo industrial y urbanístico, han llevado y siguen llevando a los ancianos a formas inaceptables de marginación»[214]. Los ancianos ayudan a percibir «la continuidad de las generaciones», con «el carisma de servir de puente»[215]. Muchas veces son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores a sus nietos, y «muchas personas pueden reconocer que deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana»[216]. Sus palabras, sus caricias o su sola presencia, ayudan a los niños a reconocer que la historia no comienza con ellos, que son herederos de un viejo camino y que es necesario respetar el trasfondo que nos antecede. Quienes rompen lazos con la historia tendrán dificultades para tejer relaciones estables y para reconocer que no son los dueños de la realidad. Entonces, «la atención a los ancianos habla de la calidad de una civilización. ¿Se presta atención al anciano en una civilización? ¿Hay sitio para el anciano? Esta civilización seguirá adelante si sabe respetar la sabiduría, la sabiduría de los ancianos»[217].

 193. La ausencia de memoria histórica es un serio defecto de nuestra sociedad. Es la mentalidad inmadura del «ya fue». Conocer y poder tomar posición frente a los acontecimientos pasados es la única posibilidad de construir un futuro con sentido. No se puede educar sin memoria: «Recordad aquellos días primeros» (Hb 10,32). Las narraciones de los ancianos hacen mucho bien a los niños y jóvenes, ya que los conectan con la historia vivida tanto de la familia como del barrio y del país. Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada; pero una familia que recuerda es una familia con porvenir. Por lo tanto, «en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta sociedad lleva consigo el virus de la muerte»[218], ya que «se arranca de sus propias raíces»[219]. El fenómeno de la orfandad contemporánea, en términos de discontinuidad, desarraigo y caída de las certezas que dan forma a la vida, nos desafía a hacer de nuestras familias un lugar donde los niños puedan arraigarse en el suelo de una historia colectiva.”

sábado, 9 de abril de 2016

#iMision16 iJornada

iCongreso, iParty e iJornada. Tengo la suerte de haber estado presente en los tres grandes eventos organizados por iMisión hasta el momento. En el iCongreso estaba ávido de captar cada sensación de la novedad y la desvirtualización; en la iParty impartí uno de los talleres y en la iJornada he tratado de que mis manos estuvieran disponibles. Y siempre consciente de la flaqueza de las debilidades puestas en servicio; en gerundio.

No voy a hacer una síntesis de lo que ha sido esta iJornada. La grandeza de tantos produce una inmensa y poderosísima atracción de luz. Comunión, familia, alegría, hermandad. Tanta, tantísima gente grande sin darse importancia. Como las primeras comunidades cristianas se ocuparon de propagar el Evangelio, iMisión aglutina en estas sesiones a una importante parte de quienes se ocupan de evangelizar en el mundo digital. Un mosaico en pequeño de aquello que es mi Iglesia.

A alguna de las preguntas que me hizo Manolo Garrido (@manolo_garrido), responsable de la oficina de comunicación del Opus Dei en Madrid, respondí que iMisión es una plataforma conformada de una u otra manera por laicos, sacerdotes y religiosos de muy diversa procedencia: Pureza de María, marianistas, sacerdotes diocesanos, neocatecumenales, redentoristas, laicos comprometidos en sus diócesis… Esa es una realidad de la Iglesia en movimiento, una Familia de familias en la que todos somos hermanos. Es un hecho, pero así como las Congregaciones, Órdenes o Institutos religiosos tienen a sus fundadores, iMisión tiene los suyos, Xiskya Valladares y Daniel Pajuelo, sin quienes nada de esto habría sido nunca posible si no hubieran sentido la caricia del Espíritu y, junto a sus incontables dones, se hubieran esforzado por materializarlo. Y con la normalidad y naturalidad de quien no se da importancia en ninguna de las grandes cosas que lleva a cabo.

Que Dios haya puesto a tanta gente buena en mi camino es sencillamente una gracia de esas que uno no acierta a explicarse. Tanta gente buena, tan diversa en procedencias, estados de vida y edades. Han sido 250 participantes presenciales más los ponentes y talleristas, pero el número de quienes han estado siguiendo el hastag #iMision16 ha sido impresionante. Doy gracias a Dios por todos y cada uno de ellos, por los miembros de iMisión que en cada encuentro me dejan asombrado por su entrega, su fe y su ilusión. Son el tipo de personas que suma, el tipo de gente que va construyendo el Reino, el tipo de individuos que asienta y fortalece. Más allá del hecho en sí de la formación yo me quedo con esa Comunión que genera Vida; y lo hace en abundancia.


Y como en la vida misma, lo mejor está por venir: Señoras y señores el #iCongreso2017 se desarrollará los días 29 y 30 de abril. ¡Reservadlos ya en vuestras agendas! ¡¡MANOS A LA OBRA!! Si para algo sirven las mías o los dones que pueda tener, ahí estarán, en gerundio.

domingo, 3 de abril de 2016

Orgulloso


Encender la televisión y encontrarme con un hermano siendo entrevistado en el programa Últimas Preguntas pues… me inflo. Qué queréis que os diga, me llena de orgullo. Con todas las letras. Lo reconozco sin el menor de los pudores.  Cada uno es como es y a mí me tocó ser así... http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/ultimas-preguntas/ultimas-preguntas-voz-tu-voz/3551565/?media=tve Ver al P Damián Mª Montes CSsR y su grupo The Beats me llena de orgullo. Tal cual. Como me llena de orgullo cuando veo en la televisión o en algún periódico a mi propio hermano Juan. Es un hecho que no puedo evitar y el nombre de su grupo es bien expresivo, porque me pone el corazón beating a toda potencia.

Alguna vez ha habido gente que me ha dicho que cada vez que escribo o hablo de algún redentorista presento una imagen idílica tanto de hechos como de relaciones. En fin, será cuestión de pasión. Quizás no de pensamiento único pero sí de pasión y convencimiento por el enamoramiento que nos envuelve en un mismo carisma, por aquello que nos hace conformar una Familia común. Hablo de aquello que aporta, que suma, que puede hacer crecer a los demás y conformar un mundo mejor y más justo. Por eso no tengo rubor alguno en mostrarlo y en animar a jóvenes y mayores a que nos conozcan tanto a laicos como a consagrados. Mostrar a esta Familia es mostrar una parte de la Iglesia que late feliz por el anuncio de la Redención para todos.

Tan orgulloso de su entrevista me sentía como de que actuara en Mérida en la renovación de la Misión; orgulloso de él y de todos y cada uno de los cohermanos que pasaron por allí, pero los medios de comunicación tienen la extraordinaria función de llegar a masas, y acercar a masas la presencia de un misionero joven y feliz es extraordinario en sí mismo.

Que lo que escribo puede parecer idílico, quizás, pero no es irreal; es real y es Vida. El resto ni puntúa ni suma. Como es real y genera Vida animo a que nos conozcáis.



Y a ese joven que lo vive desde hace años, que forma parte de ésta historia, que no sabe sí… que piensa que no puede ser cierto que a él… y, sin embargo, íntimamente empieza a pensar lo que puede “perder” si… …qué le voy a decir. ¡No tengas miedo! No lo tengas porque tú mismo ya empiezas a tener claro dónde tienes la felicidad, esa que necesitas para poder regalarla a los demás, esa que reconoces cuando la regalas. Sí, tú.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Me preocupa


 
Me preocupa dejarme llevar por la ira. Me preocupa no saber mirar con misericordia a quienes se dejan llevar por la ira justificada. Me preocupa quien no sabe ver a Dios en las manos de quienes dan su vida por defendernos, por defender unos supuestos valores occidentales. Me preocupa quien es capaz de ver a Dios en una mezquita y no es capaz de reconocerlo en un sagrario, quien es proclive a escucharlo en un minarete y no en un púlpito, quien lo niega en una sinagoga; me preocupa quien lo ve en una iglesia y no es capaz de verlo más que ahí.

Me preocupa quien tiene ojos de misericordia para unos y no para otros. Me preocupa quien se empeña en ganar batallas perdidas. Me preocupa la dejadez, la desidia y la connivencia. Me preocupa quien no es capaz de ver a Dios en un pobre y quien lo ve en el pobre y no en el rico honesto.

Me preocupa cómo haya de vivir la historia que me ha tocado. Me preocupa no saber educar a mis hijas a vivir esa historia, prepararlas a ser protagonistas de su mundo. Me preocupa no saber adaptarme a un mundo en descomposición, no saber ser fermento de un mundo que habrá de ser necesariamente diferente.

Me preocupa quien se escandaliza por las muertes en nombre de Dios y es activista o, cuando menos, tolerante con las muertes en los úteros de tantas mujeres, muertes en nombre del egoísmo humano.

Me preocupa la gente sumida en la ignorancia. Me preocupan las generaciones manipuladas por la idiocia intelectual. Me preocupa quien se deja arrastrar por signos vacíos.

Me preocupa pensar que, quizás, dentro de muchas generaciones, alguien desempolve un libro desconocido con un extraño símbolo en su portada que no haya visto jamás, y en su lomo sea capaz de leer una palabra de la que jamás haya oído hablar: Biblia. La Luz, sea como sea, seguirá brillando, aunque de nuevo pase años iluminando sólo las catacumbas de nuestra propia existencia. Incluso entonces la sobreabundante Redención se ofrecerá a todos.
Y como me preocupa, rezo. Y lo hago en una iglesia, ante un Sagrario, paseando por las calles de mi ciudad y en lo escondido de mi habitación. Me preocupa y lo pongo a los pies del Cristo de las penas; su Sangre regará mis preocupaciones, como la sangre de tantos mártires riega las cadenas de la injusticia humana.

martes, 15 de marzo de 2016

San Clemente Mª Hofbauer, Redentorista

15 de marzo. Celebramos hoy la festividad de San Clemente Mª Hofbauer, otro santo Redentorista, apóstol de Viena. Uno de esos gigantes humildes. Expandió la Congregación más allá de los Alpes. Una vida apasionante que os invito a conocer. Cuando Napoleón ordenó la supresión de los Redentoristas en Polonia (signo inequívoco de que algo debían de hace bien, además de la conversión de protestantes y judíos…), Clemente vuelve a Austria donde encontró la prohibición del Emperador. Curiosamente el día de su entierro llegaba la orden imperial aprobando la Congregación en Austria…

Inabarcable labor apostólica, fundador de orfanatos, confesor sin descanso... Solicitado por artistas, músicos, aristócratas y los pobres de los pobres. En lugar de contaros la vida apasionante de un santo apasionante, os dejo varios links para que podáis descubrir diferentes perfiles sobre su vida, su labor y su obra.

Sólo para abrir boca os cuento una anécdota y una frase suya. La frase: “Todo lo que a nosotros nos parece contrario, nos conduce donde Dios quiere”. La anécdota está referida a las cuestaciones de dinero para el sostenimiento del orfanato que había fundado próximo a la iglesia de San Benno. Entró en una taberna y pidió dinero a unos individuos que se encontraban jugando a las cartas; uno de ellos le escupió en la cara y Clemente, imperturbable, le contesto: “Éste es un regalo personal para mí, ahora, por favor, deme algo para mis niños pobres”. Qué, apetece conocerle ¿verdad? Pues aquí le tenéis, os va a cautivar:







jueves, 18 de febrero de 2016

Cruz de navajas


Son muchas las opiniones que vengo leyendo últimamente en las redes sociales sobre cuál debe ser la actitud de los católicos ante las ofensas que venimos recibiendo. Con casi todas estoy parcialmente de acuerdo; con unas más y con otras menos. Lo que me queda claro es que en todas subyace la melodía de la caridad. Como debe ser.

Si eliminamos de cualquiera de nuestros juicios la caridad podríamos hablar de muchas cosas, pero no de un pensamiento o actitudes cristianos. Empleo la palabra “juicios” intencionadamente, porque juicios emitimos como meras opiniones casi en cada frase. Y eso es sano. Confrontar los juicios mediante el diálogo es aún más sano, porque contribuye al crecimiento mutuo de quienes dialogan, aunque no siempre al entendimiento.

Respecto a cómo reaccionar a los ataques a la Iglesia o al ser cristiano, yo tengo mi opinión particular. Tan particular como la de cualquier otro. Los ataques los sufro como católico en general y los sufro y he sufrido también de manera concreta y particular. Son varios (ni uno, ni dos, ni tres…) los comentarios ofensivos en éste blog que no he publicado, y uno en concreto que conservo sin eliminar, porque es tan aberrante que me ayuda a rezar periódicamente por quien quiera que fuera la persona que lo escribió. Amenazas más serias venidas de fuera también existen, y también rezo por ellos. Y sigo adelante. Sin más.

Recuerdo la pintada en mi parroquia de “arderéis como en el 36” el día del inicio de la JMJ2011, junto a un par de pintadas más, como recuerdo la tensión en la Puerta del Sol al finalizar el Vía Crucis. Recuerdo sin miedo, con pena, a unos jóvenes “indignados” cuando volvía andando a mi casa; recuerdo la mirada de uno de ellos, un chiquillo, cuando les dije que hicieran lo que quisieran (fue ese chiquillo quien decidió que no me hicieran nada). Sigo rezando por él.

Las ofensas públicas que venimos aguantando, ya lo siento, pero no creo que sean ni individuales ni espontáneas. Es mi opinión. Tan legítima como cualquiera. Ni si quiera en esto me gusta el pensamiento único. El pensamiento único adocena; la libertad de pensamiento hace crecer al individuo. Y para todos, absoluta libertad de conciencia. Sin condenas cuando no hay hechos reprensibles.

Ahora bien, comprendo perfectamente que quienes se sienten indignados ante la comisión de un hecho presuntamente delictivo utilicen cuantas armas legales tengan a su alcance. No ya para obtener una satisfacción personal, sino para que el delito no se repita. Será por mi formación jurídica, pero es mi opinión. Si entran en mi casa a robar perdonaré al ladrón en mi corazón, pero llamaré a la policía. Siempre recordaré el funeral de la madre de Marta, una amiga mía. A su padre lo había asesinado la ETA con una bomba lapa hacía años, y en el funeral de su madre pidieron por su padre y por su asesino. Incluso fueron a visitarle, pero a la cárcel, que es donde debe estar hasta que cumpla condena. Y, sin embargo, “abrir las prisiones injustas…” (Isaías 58,6).

Lo que no deja de parecerme curioso es que se cuestione, casi criminalice, a quien use su derecho justamente. Porque utilizar el derecho justamente ni va contra el perdón ni contra la caridad. Es más, no ejercer el derecho puede ser caer en dejación de la defensa de los más desfavorecidos; sean quienes sean. Curioso ver cómo se acoge la indignación de unos y se señala la de otros. Ante el acorralamiento hace falta también valor para alzar la voz, sino por uno mismo, por los demás. "...Si he hablado mal, da testimonio de lo que he hablado mal, pero si hablé bien ¿por qué me pegas?" (Juan 18, 23). 


Y todo ello sin politizar el hecho religioso. No hay que politizar el hecho religioso jamás. Libertad de pensamiento y libertad de conciencia. Desde el más absoluto y escrupuloso respeto. Eso sí, se politiza ese hecho religioso cuando se le ataca desde algún partido político; es el hecho de que sea un partido político, o un grupo organizado, o una institución administrativa quien ataque lo que lo politiza, no el ejercicio del derecho. Ejercer el derecho libremente no equivale a caer en una cruz de navajas. Cruz sólo hay una. Llevemos la nuestra con fe y ayudemos a aligerar el peso de la del hermano.


Y mientras, con caridad, perdonando y acogiendo. Orando. En gerundio. Scalando en familia.

domingo, 14 de febrero de 2016

Bety, descansa en Paz

Hay personas que aúnan tantos dones que son un imán para dispares. Personas cuya bondad natural hace que a su alrededor se disipen rencillas, porque emanan Paz. Con mayúsculas, porque hablo de esa Paz que nace de Dios, que refleja el Amor de Dios, que expande el Amor de Dios, que contagia el Amor de Dios.

Hoy se nos ha ido, de repente, una de esas personas. Se le ha ido a su familia, pero se nos ha ido a muchos más, a todos los que la queríamos. Hablo de alguien que era un remanso de Paz, un referente de serenidad y fe en la Parroquia del Perpetuo Socorro de Madrid, donde ha desparramado sus dones durante tantísimos años. Alguien que marca y a quien recordaremos siempre.

Bety Renjifo no era simplemente una buena persona, Bety personificaba la bondad, la serenidad. Pero, además, encarnaba muchos otros valores que tan poco abundan: señorío, elegancia, educación, discreción, entrega, inteligencia, humildad… Siempre con una sonrisa, siempre con una frase agradable en la boca que, con la dulzura de su acento limeño, era aún más agradable.

Sé que no soy objetivo, porque a Bety la queríamos, la queremos. Hace apenas una hora que nos hemos enterado de que el Buen Padre la ha llamado. Hemos llorado. He despertado a mis hijas para contárselo y hemos rezado por ella; las palabras y las caritas de mis hijas son lo suficientemente expresivas, pero no son para escribirlas, son para contárselo en su momento a Alejandra. Dejémoslo en que hemos rezado en familia, porque Bety, Alejandra, David, Horacio, Elvira, Jacobo… son como de la familia. Los queremos. Toca rezar y arropar a su familia, Ale, Pilar… Si alguien lee estas palabras le invito a rezar por ella. Yo, además, le rezaré a ella.

Hoy lloran las calles de Lima y las del barrio de Chamberí. Estoy triste; muy, muy triste. Pero estoy contento porque el Señor la puso en nuestro camino. Me siento un privilegiado porque he podido conocerla y quererla. Estoy contento porque sé que ha entrado en la Casa del Padre por la puerta grande, y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso habrán salido a su encuentro.


Queridísima Bety, que veas cara a cara a tu Redentor y goces de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.