sábado, 22 de noviembre de 2014

Defender la Vida

A ver, que yo he estado allí, desde la glorieta de Ruiz Jiménez (San Bernardo de toda la vida) y, la verdad, eso de millón y medio… pues va a ser que no. Estábamos los que estábamos, aunque sean muchos más los que defiendan la vida, que eso se hace con la actitud diaria y en gerundio.

Lo de manipular las cifras es algo que no entiendo; manipular es algo que no entiendo. Allá cada cual.

Fuimos los cuatro, en familia. Y los participantes éramos personas de lo más variopinto tanto en su condición como en su estética. Esto es lo que más me ha gustado, éramos tan variopintos que quedaba claro que la manifestación por la Vida no ha sido nada ideológico ni confesional. Habría mucho católico, pude reconocer a un montón de religiosos y laicos. Pero estábamos a título personal y particular.

Defender la Vida no debe ser una cuestión ideológica, ni si quiera confesional. Por eso estaba yo allí, como un gesto patente de que defiendo la Vida desde la concepción. ¿Qué es defender la Vida hoy en día? Creo que algo periférico; esa es la realidad. Son las ideologías egocentristas que endiosan la voluntad egoísta y caprichosa del hombre las que hacen calar en el inconsciente social la tibieza ante la defensa del no nacido. Incluso he escuchado a algún cura lo carca y repetitivo que resulta defender al no nacido (algo que, sinceramente, me escandaliza y duele).

La defensa del no nacido, considerada como algo residual, es colocarnos a quienes la defendemos en la periferia de las periferias, andando sobre el filo de la navaja de lo socialmente defendible. Porque si son indefensos quienes viven en las periferias de las realidades humanas mucho más lo son los débiles, hijos de aquellos indefensos, que ni siquiera han llegado a nacer. A éstos, en esas situaciones límite ¿quién los defiende? ¿qué oportunidades tienen?

Pero no se puede ser hipócrita, o nos vomitará. Defender la Vida no simplemente es estar en contra del aborto o a favor de la defensa del nasciturus. Defender la Vida es defender a las gestantes (que son ya madres), apoyar a las mujeres que abortan. Defender la Vida es apoyar a los padres que quieren tener a sus hijos pero a quienes las madres no les piden opinión porque carecen de voz. Defender la Vida es defender a quienes se la juegan saltando una valla en busca de un futuro mejor. Defender la Vida es acompañar a los parados, a los sin techo, a los desahuciados. Defender la Vida es estar al lado del pobre, del que carece de esperanza. Defender la Vida es jugarse la propia por atender a enfermos, ancianos, huérfanos. Defender la Vida es defender los derechos de quienes carecen de ellos. Defender la Vida es acompañar a los moribundos ayudándoles a una muerte verdaderamente digna. Defender la Vida es alegrársela al triste. Defender la Vida es ocuparse de los encarcelados, de los parias, de los drogadictos, de las prostitutas. Defender la Vida es acompañar a quienes están marginados o señalados por la sociedad por su condición o circunstancias. Defender la Vida es luchar por los maltratados. Defender la Vida es dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, enseñar al que no sabe, dar posada al peregrino… pero para tener hambre, sed, ignorar o necesitar posada hay que llegar a nacer. Defender la Vida no es cuestión de bienpensantes de buen tono, limpios y perfumados; defender la Vida supone abandonar el balcón de nuestra propia existencia y lanzarse al fango. Eso es para mí, objetivamente, defender la Vida.

Pero ésta no es solamente la que vivimos aquí, que estamos de paso. Por eso, para mí, defender la Vida, lo es también y por encima de todo, mostrar a Cristo a quienes no le conocen. Llevar la Esperanza a quienes no la tienen porque simplemente nunca oyeron hablar de Él. Pero para tener necesidad de esa Esperanza y de su Palabra, hay que llegar a nacer.


Por eso yo hoy, junto a mi mujer y a mis hijas, estuve en la marcha por la Vida. Scalando en Familia.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Mártires de Cuenca

Hoy celebramos la festividad de los Beatos Mártires Redentoristas de Cuenca (http://www.redentoristas.org/redentoristas/santos-y-beatos/martires-de-cuenca)   y yo acabo de vivir una hermosísima celebración en la Capilla de la Coronación del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, ante sus reliquias y en el lugar donde reposan sus restos.

La Eucaristía ha estado presidida por un misionero redentorista boliviano, el Cardenal Julio Terrazas Sandoval CSsR. El misionero ha estado acompañado por otros misioneros redentoristas más, la comunidad de PS con Pedro López CSsR (el P. Provincial), sacerdotes todos salvo Carlos A. Galán CSsR, quien creo que inicia un año que le llevará al diaconado. La feligresía formada por jóvenes y mayores y entre ellos quien escribe, un misionero laico del Santísimo Redentor. El coro de jóvenes con el P Damián Mª Montes CsSR, sensacional. Vamos, lo que se dice una Eucaristía en Familia.

Eso ha sido exactamente la sensación, la profunda sensación de pertenencia a una Familia. La Iglesia celebra a los mártires españoles del siglo XX y, entre ellos, a los mártires redentoristas de Cuenca. Una Familia dentro de la Familia universal de la Iglesia. Y todo en casa, en PS. Participar leyendo las numerosas preces por intercesión de todos y cada uno de los santos y beatos redentoristas… en fin, qué puedo decir… que ya tocaré de nuevo el suelo en algún momento…

La homilía ha sido extraordinaria. Una homilía con acento misionero desde su inicio: “la Palabra no es sólo para ser predicada, sino para ser puesta en práctica”. Mártires, personas como cualquiera de nosotros pero que “hicieron suya la Pasión de Cristo llenando su existencia”, “testigos de su Vida y Resurrección”. No son un recuerdo del pasado, son presencia viva, imagen viva de que la santidad, también por la vía del martirio, es posible. Como nos ha recordado el Cardenal, los actuales son tiempos de una brutal persecución a la Iglesia y los cristianos.

La persecución en muchos puntos del planeta es un hecho incontestable. Como incontestable es el hecho de que la persecución alimenta continuamente mártires con nombres y apellidos y mártires anónimos. Javier, Ciriaco, Miguel, Julián, Victoriano y Pedro, hombres que son una gracia para la Iglesia y un regalo para la Congregación. Ante mí tenía a otros redentoristas, mayores y jóvenes, que continuando el ejemplo de San Alfonso regalan su vida anunciando la sobreabundante Redención. Los seis de hoy son reconocidos de manera oficial, pero yo pensaba en cuantos han entregado de manera anónima sus vidas, cuántos han alcanzado la corona del martirio de incógnito, cuántos avanzan a diario hacia ella con los hechos patentes y también por las palabras de ingratos, indiferentes y, en el peor de los casos reales, justicieros parapetados frente a la bondad sin límites de muchos de éstos hombres anónimos. "Sin miedo a mancharse las manos con los alejados", como hoy mismo ha dicho el Papa en Santa Marta.

Procesión en familia hasta el lugar donde descansan los mártires, y allí besamos su reliquias. Todo con la solemnidad, normalidad y alegría que son todo un signo de nuestras celebraciones.

Acabar besando el anillo del Cardenal Terrazas ha supuesto para mí la doble alegría de besar el anillo a un hermano y a un auténtico hombre de Dios.


Un día magnífico por el que dar gracias a Dios por sus mártires, por éstos mártires y por vivir scalando en ésta Familia.

viernes, 31 de octubre de 2014

Once años

Once años ya de aquel 31 de octubre de 2003. Y el Señor continúa bendiciéndonos cada día. Un matrimonio normal, como tantos. Una vida normal, como la de tantos. Risas, felicidad, hijos, guijarros en el camino, tropezones sobre piedras desaparecidas, obstáculos, bodas, camino, paro, estudio, manos tendidas, tiempo, ordenaciones, encuentros, prontos, entrega, muertes, compromiso, abrazos, nacimientos, lágrimas, despedidas, proyectos, perseverancia: Vida, Amor. Lo habitual, como en cualquier matrimonio.

En María, está el Señor. Tras cada carcajada, tras cada lágrima, está el Señor. A nuestros pies tras cada resbalón, está el Señor. En cada mano tendida y en nuestro tiempo, está el Señor. La casa sobre Roca y bajo la mirada de Dios. En cada hijo está el Señor: en Toya, en Paula y en los que nos esperan en el cielo.

Scalando en Familia con el Señor. La nuestra es una familia más. Recuerdo como si fuera para hoy mismo la ilusión de cada preparativo para la ceremonia, la elección de las lecturas, la redacción de las preces. Porque fue para hoy mismo, y para mañana, y para el día siguiente… Cada conversación con Borja, el P Borja Hernando (especialmente una paseando por el Cerro de los Ángeles), cada una de las palabras. La elección de la música…, ese Ave, mundi Spes con María recorriendo el pasillo central de la iglesia hacia el altar. Todo.

Descalzos sobre un camino de rosas, con sus espinas y el barro sobre el suelo. Y el barro a veces tiene piedrecitas, y en ocasiones está fresco, otras enfangado por exceso de lluvia o completamente seco por el sol. Esa es la única realidad, que hay rosas, espinas y barro; que lo recorremos juntos; que cada mañana nos visita el sol que nace de lo alto para guiar nuestros pasos.

Es así como vamos, scalando en Familia, bajo su mirada, de la mano de la Perpe y con San Alfonso. Hemos aprendido a descalzarnos. Así enseñamos a caminar a nuestras hijas. Y a tender manos a su modo; manos para dar, para acoger y para aceptar. Descalzos a través un tiempo que no es nuestro; quizás por eso, porque no es nuestro, tratamos de multiplicarlo. Yo no sé si acierto, pero lo intento. El ejemplo son las letras que guarda la memoria sin estar en los libros. Lo intentamos. Esfuerzo y tesón. Y la permanente sonrisa de su madre, y el permanente optimismo de su madre, y la singular fortaleza de su madre. Y una Comunidad, una Familia, que es un tesoro. Once años y Dios a cada esquina, apuntalando, en tanta gente. Y, desde el silencio, me sigo sintiendo acompañado.

Mirar a los problemas por encima del hombro, no con displicencia, sino porque por encima del hombro de los problemas veremos a Dios; tengo la opinión de que una gran satisfacción del diablo debe ser la frustración y el vacío que se generan cuando un problema no te permite ver a Dios. No es el problema quien te lo impide, es la falta de perspectiva propia. Como la borrachera de felicidad también te puede llevar a la autocomplacencia, olvidándote de mirar a lo Alto y agradecer.

Once años. Hoy miro hacia atrás y doy gracias; hacia adelante y doy gracias; a mi lado, y doy gracias. Doy gracias por el día a día. Doy gracias porque hace once años nos comprometimos a que éste sería un matrimonio de tres, porque sin el Señor no lo sería. Y descalzos aprendemos que el matrimonio es un sacramento peculiar que se conforma, crece y transforma día a día y en virtud del Amor. A cada paso se avanza por este camino de santidad que no podemos recorrer solos, que no recorremos solos.

Un instante eterno puede cambiar la vida y por él, por aquel 15 de agosto, once años llenos de fechas: 2 de marzo, 27 de febrero, 6 de marzo, 19 de mayo, 21 de noviembre, 18 de julio, 9 de agosto… y sumando fechas…

Once años y una familia. Once años y scalando en Familia. Once años y MLSR. Once años y ocho manos tendidas. Once años en gerundio, compartiendo.

Once años pronunciando cada noche, a pesar de algunos días, dos simples palabras: te quiero.

Once años y, sin darnos cuenta, se nos ha llenado la Vida de gente, de historias, de rostros y de nombres que han entrado para quedarse.


Once años y…: sí, quiero.

sábado, 25 de octubre de 2014

D. Carlos Osoro

Esto es imparable. Se sirve de Francisco o se sirve de Carlos, cada vez de más. Imparable. Pareciera que el Señor se haya decidido a enviar su Espíritu con fuerza y contundencia arrebatadoras, la contundencia y la fuerza del Amor y la misericordia, en medio del mundo. Del mundo real, no del idílico. Imparable revolución del Espíritu, llamémosla de Francisco que es su “abanderado” e impulsor primero, pero del Espíritu.

La homilía de D. Carlos Osoro hoy, en su toma de posesión como Arzobispo de Madrid es la entrada imparable del aire fresco y misericordioso del Amor en la diócesis de Madrid. Inicia su ministerio episcopal en la Iglesia madrileña con un vendaval suave que limpia, ilumina y empuja. Amor, el mandamiento del Amor, misericordia, puertas abiertas, acogida, misión, realidades eclesiales, Emaús, envío, anuncio, panes y peces, cambio, transformaciones, encuentro, opresión, excluidos, abandonados, mente abierta, proyectos, diálogo… Cristo, la Buena Noticia, la alegría del Evangelio.

No voy a repetir la homilía. Cuando deje de levitar y vuelva a tocar el suelo la leeré, releeré… es toda una joya. Del inicio, recordando al obispo emérito de Madrid Mons. Iniesta a quien visitó en su residencia de Albacete… (sí supo irse…), hasta el Amén final. No sólo no se ha olvidado de nadie sino que ya se ha mostrado como un padre que acoge a todos en una casa en la que cabemos todos. Por si no habéis tenido la oportunidad de escucharle os dejo un link para que la podáis leer: http://www.revistaecclesia.com/carlos-osoro-arzobispo-de-madrid-homilia-en-la-misa-de-su-toma-de-posesion

Es la toma de posesión de D. Carlos, es la toma de posesión del Espíritu, es la toma de posesión de la Esperanza… “… pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”.

Hoy me he sentido inmensamente orgulloso de mi Arzobispo, mi paisano D Carlos Osoro Sierra, como me sentí orgulloso viendo a mi queridísimo amigo @PerezMaura leyendo la Primera Lectura, incluso orgulloso recordando a Casa San Alfonso al oírle hablar de Emaús… Un orgullo sano.


Lo dicho, que esto es imparable. Por eso TODOS somos necesarios. Un día grande por el que dar GRACIAS al Señor.

domingo, 19 de octubre de 2014

Mi Iglesia

No paro de leer últimamente comentarios que me producen una sincera y profunda tristeza. Artículos, blogs, sites de información religiosa que parecen escritos por rígidos miembros de un Sanedrín que se atrinchera en  supuestas seguridades humanas, que no divinas. Evidencias de una patente falta de confianza en el Espíritu, en Aquel que guía a la Iglesia, en la Iglesia y sus pastores. Muchas de esas opiniones reflejan una nula fidelidad al Papa. Pero expresan una ensoberbecida y supuesta verdad con minúsculas porque las cosas siempre se han hecho de una determinada manera, porque la ley –como hubo una ley que prohibía curar en sábado- impone ciertas normas o conductas.

Si todo se ha de hacer como siempre se ha hecho, andaríamos a cuatro patas y las Cuevas de Altamira serían unos codiciados apartamentos de lujo.

Esos “perfectos” me producen tristeza. Tristeza por ellos mismos y tristeza por la tristeza que generan a su alrededor.

Yo quiero a mi Iglesia, con sus defectos también, aunque haya que corregirlos. Y tiene muchísimos, aunque solamente sea por los que tengo yo, que soy parte de ella. Me encanta la pluralidad que se puede vivir en su seno dentro de la unidad. Así como me apasiona el gregoriano, la música negra y los distintos coros de mi parroquia, me maravilla que haya gente que tenga una real experiencia de Cristo en latín, bajo una celebración mozárabe, a ritmo de Gospel o frente a las maravillosas y coloristas estolas misioneras. Me entusiasma que un cura tenga la absoluta libertad de vestir vaqueros o alzacuellos sin verse coaccionado en ningún sentido, como hay sensacionales religiosos con hábito y sin él, como también y de manera bochornosa se han cometido atrocidades tras los muros de impolutos alzacuellos o la cercanía de una imagen secular. Todo lo que ayude a que uno mismo tenga esa real experiencia de Cristo es una gracia. Pero si esa experiencia de Cristo es real no puede sino llevarnos a volver la mirada a los más necesitados de auxilios, a transformar nuestra mirada en la mirada de Cristo, y esa es una mirada de misericordia, entrega y donación. Si algo no es la mirada de Cristo es la de un permanente inquisidor; si a alguien se encaminan sus pies es a los más desfavorecidos y abandonados. Aquello que simplemente nos lleve a la autosatisfacción, a mirarnos como los únicos correctos, a contemplar con displicencia al hermano es mero humo, cuando además nos lleva a la condena no es más que el atrezzo de algo peor.

Pero la Iglesia continúa adelante. La Iglesia, en gerundio, en movimiento, avanza acogedora acompañando a los correctos, sanando a los heridos y en busca de los despreciados. La Iglesia se afana en ser madre de la familia, de los ancianos, de los moribundos, de los descartados. Mi Iglesia se encuentra en salida en los misioneros de tierra de misión y de Occidente, hacia los que tienen y hacia los que carecen de lo más necesario ante la mirada impávida del “mundo”. Mi Iglesia sale a los caminos a por invitados a la boda, mata el carnero para el hijo pródigo, perdona y abraza a Magdalena. Mi Iglesia se desvive por buscar el amparo de quien lo necesita y lo necesitan los divorciados, los homosexuales, los no nacidos, los ancianos que estorban, los moribundos a causa del hambre o la enfermedad.

Lo que me sorprende con tristeza es la gente que se fija más en la letra de la ley que en las vías de solución; me sorprende con tristeza quienes están permanentemente en busca del fallo para estirar como un resorte su rígido dedo, señalando. Pero mi Iglesia les acoge a ellos como me acoge a mí. Mi Iglesia es una casa de puertas abiertas.

Como ha dicho hoy SS, Dios no tiene miedo a las novedades, por tanto, no hemos de tenerlo nosotros tampoco.

Releo las tentaciones señaladas por el Papa al concluir el Sínodo extraordinario de los obispos sobre la familia y me recuerda tanto a San Alfonso… Francisco me recuerda tanto a Alfonso que cada día me gusta más. Pero esto no es una cuestión de gustos personales es más, y al estilo de Alfonso, cuestión de una sencilla fidelidad… Por eso, con Pedro y bajo Pedro, ahí vamos, scalando en Familia.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La esperanza es el hombre

El punto de mira, el color del cristal con que se mira, aquello que vemos… Uno, a veces, puede dejarse apabullar por una realidad poco o nada edificante o, por el contrario, ver la espiguita que lucha hacia el sol en un lodazal, indicándonos que el sol que nace de lo alto continúa visitándonos cada mañana y que la vida se afana en perpetuarse.

Lo que tiene esto de la aldea global es que ya no podemos excusarnos en la ignorancia. Sabemos que hay gente que muere de hambre en África a diario; sabemos que es un continente azotado por guerras interminables y periódicas; sabemos que la pobreza y la desnutrición campan a sus anchas; sabemos que la enfermedad siembra de cadáveres nuestro vecino continente; sabemos que el “Scramble for Africa” fue una repartición de intereses que ha dejado paso a que el desinterés se adueñe de Occidente tras la descolonización; sabemos que los más pobres sufren la miseria real y cruel cayendo a diario como moscas y entre moscas; sabemos de niños soldados, de fundamentalismos, de ablaciones… Sabemos, y… ¿qué?

Ahora parece que surge un brote de pánico por una enferma de ébola contagiada en Madrid. No hago más que oír hablar de pandemias, catástrofes, petición de dimisiones, miedo… Cientos de personas se manifiestan ante el domicilio de la enferma para que no se sacrifique a su perro y apenas doscientas acudieron al funeral del último religioso fallecido en Madrid. No sé yo cuántos de los que se manifiestan por la mascota lo harían por defender la vida de los no nacidos, por mejorar la vida de los refugiados, de los inmigrantes en nuestro propio país. En fin. Es el miedo endémico y se llama ébola.

Mucho de este miedo tiene el semblante del egoísmo, del ombligocentrismo, del yo, mí, me, conmigo. Miedo por si me toca a mí o a los míos. ¿Cuántos se preocupan por la mejoría de la enferma? El mundo, el ruido mundano, el espíritu mundano. Un mundo de tinieblas.

Todo lo anterior, siendo cierto, no es más que una parte. La otra muestra una realidad que, siendo la misma, tiene un sustento bien distinto. Muestra, en el mundo, las manos de Dios, el Amor de Dios, el calor de Dios, la sonrisa de Dios. Un mundo de Luz.

Una auxiliar de enfermería que se presta voluntaria para atender a un religioso español enfermo de ébola; misioneros repartidos por todo el continente Africano siendo presencia de Dios en la vida de aquellas gentes, de aquellos hermanos; sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos dando tiempo, y vida por la vida de los más necesitados; médicos, sanitarios, voluntarios que, incluso aunque no lo sepan, son praxis viva del Evangelio; guardias civiles organizando algo tan simple como equipos de futbol con los acogidos al otro lado de una valla, al otro lado de unas concertinas teñidas de rojo.

Hoy es África de lo que más se habla, pero en muchos puntos del planeta donde haya un necesitado también hay alguien dispuesto a ayudar. Héroes anónimos, misioneros anónimos tras cada Congregación o Instituto Religioso misionero, tras cada cooperante de organizaciones como la Fundación Cione Ruta de la Luz, tras cada misionero religioso o laico, cada voluntario de la ONGd Redentorista  Asociación para la Solidaridad (www.asolidaridad.org).

Sin dudarlo prefiero la segunda realidad de un mismo mundo. La de la alegría del Evangelio, la de los héroes anónimos, allí y aquí. Porque el cambio solamente se dará si comienza aquí, en el todo poderoso Occidente; sólo se dará si comienza en cada uno de nosotros.

Y Dios sigue llamando. No sé con qué te quedarás tú, pero yo claramente me quedo con la Luz frente a la oscuridad del egoísmo o del mirar hacia otro lado. Me quedo con la alegría y la esperanza en cada ser humano que sepa mirar al otro como a un hermano. Mientas haya un cristiano que lo sea de verdad, que sea capaz de llevar la Luz de Cristo, habrá esperanza. Mientras, frente a quien se queje por repatriar a un misionero español enfermo de ébola, se alce la mano de una enfermera voluntaria para atenderle, habrá esperanza. Mientras haya alguien que se plantee romper las estructuras que perpetúan las injusticias, habrá esperanza. Mientras alguien continúe defendiendo la Verdad, habrá esperanza. Mientras exista un bebé concebido, habrá esperanza. Mientras nos visite cada mañana el sol que nace de lo alto, habrá esperanza.

No creo en el concepto calvinista de natura corrupta. La esperanza es el propio hombre, aunque pueda ser un lobo para su propia especie. Sacerdotes, profetas y reyes, sí, pero no de figurín. Todos tendremos algo que dar, algo que hacer, algo que cambiar mientras tengamos vida.


Y dicho esto, yo ¿qué hago…?

martes, 30 de septiembre de 2014

San Jerónimo

Me gusta San Jerónimo, me cae simpático. Aunque realmente, lo que se dice simpático, no sé yo… Mucho más allá de su traducción de la Biblia (aunque eso ya bastaría), de su obra, lo que realmente me atrae de éste santo es su carácter. No porque ser directo sea atrayente; no porque ser sarcástico sea atrayente; no porque la energía de ánimo en sí misma sea atrayente… más bien por todo lo contrario. Todo un carácter abrazado también a la ternura.

Me atrae porque la acidez dialéctica, la pasión, los prontos, la imaginación, incluso la ira, son características que comparte con un individuo al que voy aprendiendo a coger incluso cariño con los años, y con el que me encuentro cada mañana frente al espejo en el cuarto de baño. 

Ya, que sí, que es lo único que comparto con el santo, pero eso no deja de ser un motivo de esperanza. ¡Un enorme saco de pecados puede llegar a ser santo! Eso ya lo sabemos, pero tener identificados en un mismo ejemplar un buen número de mis mayores defectos… aumenta la esperanza.

Un carácter que me lleva, casi cada vez que escucho lo de ir a trabajar a la viña, a responder con un sonoro, rotundo, enérgico y malhumorado “no quiero”, aunque luego vaya. Porque acabo yendo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni cómo; ahí me veo, aunque la mayor parte de las veces no sepa ni para qué.

Quizás sea un buen ejercicio para cada uno de nosotros, identificar no solamente nuestros más llamativos puntos de mejora, sino los pecados que sólo le confesamos a Él en la reconciliación y ver qué santos han compartido nuestras mismas debilidades. Porque de todo ha habido, pero como todos han Amado, así los reconocemos, como santos. De todo, desde el Buen Ladrón a San Andrés Wounters de Heynoor, cura borracho y mujeriego del siglo XVI que sufrió martirio a manos calvinistas repitiendo su famosa frase: “Fornicador siempre fui, pero hereje, nunca”. De todo.

Cuando nos licuemos tanto como para creer que nuestras debilidades nos van a vencer; cuando nuestras debilidades nos vencen, no es mala cosa echar mano del ejemplo de esos santos que cayeron como nosotros; de esos santos que se superaron a sí mismos; de esos santos que hicieron de su Vida un ejemplo de camino ascendente.

Fijémonos también en ellos y encomendémonos, porque siguen repartiendo Vida. De modo que ánimo, amor a Dios y perseverancia que, como enseña San Alfonso, son las dos gracias más necesarias para la salvación. Eso sí, sin olvidar que el amor a Dios no es tal sin el amor a quien tenemos al lado o al que está lejos; al hermano.


Yo hoy doy gracias por el lado más humano de San Jerónimo que, aunque no sea el más erudito, sin duda es el más divino. Doy gracias porque lo intento, y porque no lo hago sólo, lo hago en comunidad y unido en la oración a los que están distantes. Scalando en Familia.

martes, 23 de septiembre de 2014

El clamor de la conciencia

“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

Con la frase de arriba acaba la Primera Lectura propuesta para hoy, 23 de septiembre de 2014. “Practicar el derecho y la justicia Dios lo prefiere a los sacrificios” es otra perla de esta inquietante lectura. Digo inquietante porque me hace cuestionarme a mí mismo. Ese clamor del necesitado siempre ha resonado en mi cabeza; incluso en la época en que era mi nombre de fondo la música que oía, ahí estaba siempre la preocupación por el necesitado. Y cuando es tu nombre la música de fondo, al final acabas por dejarla sonar y, con las notas va todo el resto. Uno no es ni mejor ni peor por ello. Quizás pueda serlo por la respuesta que cada uno de a ese clamor, y la respuesta no puede ser más que la justicia y el derecho, que, en este caso, es algo así como la praxis del Amor de Dios.

No cerrando los oídos, abres los ojos y extiendes las manos. Al menos lo intentas. La tragedia propia y ajena está en no intentarlo.

El clamor del necesitado. Y necesitado es nuestro hermano más cercano; el necesitado puede estar en nuestro propio hogar, en nuestra casa y familia. Necesitado es el desamparado, quien se encuentra en una situación límite sea cual sea, el incomprendido. Necesitado es el anciano desmemoriado y el niño desvalido. Necesitado es el padre que no puede alimentar a sus hijos, la madre que no puede alimentar a sus hijos, los hijos que pasan necesidad. Necesitado es el marido incomprendido, la mujer maltratada, el hijo ninguneado. Necesitado es el enfermo a la intemperie en el Tercer Mundo y el misionero que le abraza. Necesitadas son las prostitutas y necesitadas las Oblatas que les muestran las manos de Dios. Necesitados son los novios apaleados en una calle de Madrid porque los dos son del mismo género. Necesitados son los niños soldados y quienes mueren con el cuello rebanado en mitad del desierto. Necesitado es el parado y necesitado lo es el empresario que arriesga y pierde hacienda y empresa por crear puestos de trabajo. Necesitados son el preso, la víctima y el juez. Necesitado es el emigrante agarrado a una valla y necesitado es el Guardia Civil. Necesitado es el “sin techo” de nuestro propio barrio y necesitado el voluntario que hace lo que puede por ayudar. Necesitado es un ser humano en una patera y necesitado es el soldado en una misión humanitaria. Necesitado es el indigente, el voluntario de Caritas y, muchas veces, quien se acerca a donar una bolsa con ropa o comida. Necesitado es el desahuciado, el niño que no entiende por qué tiene hambre, la madre que vela insomne las angustias. Necesitado es el amigo que nos pide comprensión con la mirada o con el silencio. Necesitada es la madre anciana que en la distancia caldea la estufa de los recuerdos para no caer en el frío de la soledad. Necesitadas son mis hijas o mi mujer ahogando mis miedos. Necesitado soy yo temblando por no saber cómo, acompañado de mí sombra por la calle, tendiendo torpemente unas manos vacías o con el corazón acelerado ante el Sagrario.

La necesidad se puede graduar, pero no se juzga. La necesidad se puede priorizar, pero no acallar. La necesidad se escucha, se identifica y se combate.

Aprovecharse de la necesidad ajena es lo más indigno que un ser humano pueda hacer conscientemente. Aprovecharse de los inocentes necesitados, es una indignidad escandalosa. Y se aprovecha de la inocencia ajena quien promete aplacar el clamor de los más débiles para encumbrarse y, una vez en la cima, cierra sus oídos al clamor del necesitado; después de todo, esos más débiles abortados no meten ruido. Los muertos no hablan. Pero claman a través de quienes no callamos.

Necesitados son aquellos que, queriéndolos, no pueden tener hijos. Necesitadas son las madres que abortan, los padres de los bebés abortados a los que no se les pide ni opinión; necesitados son los bebés a los que no se les brinda la oportunidad de nacer.

Hoy, 23 de septiembre de 2014, el Gobierno se ha carcajeado, una vez más, de sus votantes. Hoy, el ministro de Justicia de ese Gobierno - se esté o no de acuerdo con él- ha tenido una demostración de dignidad y coherencia acorde a su conciencia inusual en nuestro espectro político. Ensalzo la actitud de Alberto Ruiz-Gallardón. Que el Gobierno se ría o no de aquellos que le votaron me preocupa poco o nada ahora. Lo que es una lamentable realidad es que los necesitados no serán escuchados en sus gritos. Quien no escucha el clamor de su propia conciencia no puede escuchar a nadie, servir a nadie, vivir por nadie salvo sí mismo. Y sí, hoy, hablo de los niños no nacidos, de esos necesitados.


“Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite”. (Provervios 21, 13)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Albania, sin complejos

El Papa ya vuela de regreso a Roma tras su visita a Albania mientras escribo estas torpes palabras.

Desde hace algunos días vengo leyendo noticias de ese país a través de las crónicas que comparte el P Laureano del Otero, un sacerdote redentorista querido que ha arribado a aquellas tierras en la reciente nueva Fundación Redentorista en Tirana; a diario las espero con ilusión, admiración y un puntito de envidia (y con agradecimiento a las redes sociales que permiten a los hermanos unidos en la oración estarlo también con una presencia constante). Por eso, esta mañana, en la misa de las familias de la parroquia redentorista de Santander, cuando el celebrante micrófono en mano nos invitó a que compartiéramos cada uno la oración de los fieles, yo pedí –no se me puede poner un micro delante porque me crezco- por el viaje del Papa y por la misión Redentorista, teniendo a Lauri en el corazón.

Mientras el Papa llevaba la Buena Noticia a los albaneses, por aquí celebrábamos el día del Alzheimer y, en muchas ciudades de España, se desarrollaban manifestaciones a favor de la vida de los no nacidos; sin complejos, alto y claro. Defensa de la vida de los más indefensos, sin más aristas ni más vueltas. Muchos de los manifestantes se sentían engañados y utilizados por un gobierno que no cumple sus promesas. “Cuando en nombre de una ideología se quiere expulsar a Dios de la sociedad, se acaba por adorar ídolos y enseguida el hombre se pierde” (S.S. Francisco), sean esos ídolos el dinero, la búsqueda ávida de votantes a costa de lo que sea, las propias pasiones, el propio yo, aquello que nos esclavice a cada uno.

Sin complejos, el Papa ha hablado, como siempre, sin complejos, libre, llevando la Verdad y en nombre de la Verdad. Ha estado con mártires de la persecución comunista, tal cual y sin eufemismos tipo “persecución del siglo XX”; no, persecución comunista.

Sin complejos y libres de prejuicios he visto a religiosos con hábito que serán vistos simple y llanamente como lo que son. Libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan un hábito o un alzacuellos; libres de los complejos y prejuicios ajenos que prejuzgan a un cura en vaqueros, en zapatillas de deporte o en traje de baño. Con la complejidad, incertidumbre y riesgos de misionar en un país como Albania. Pero sin complejos.

La frescura, la sencillez, la cercanía, la profundidad y la bondad de un hombre normal que es Papa llevada a un país con un ínfimo porcentaje de católicos. Bondad, profundidad, cercanía, sencillez, frescura que son tan redentoristas y que permanecen ahora en Albania tras la Fundación de los hijos de San Alfonso. Hoy hemos rezado por ellos y a ellos nos unimos en la oración. Son unos recién llegados, quizás los últimos del Evangelio de hoy…


Y yo –o tu-, sin necesidad de ir fuera ¿qué haces con tu vida? ¿qué haces por los demás? La confianza en Dios supone prestarle nuestras manos, nuestro tiempo, nuestras palabras, para que otros le vean cercano, real y presente en sus vidas. No importa que no te hayas “arrancado” hasta ahora, que seas también un último… lo que importa es que te pongas en camino, que comiences a scalar en Familia. 

Y así, sin complejos, a modo de sugerencia ¿qué tal si como inicio del camino oras por el camino que emprende la nueva Comunidad Redentorista de Albania?

jueves, 11 de septiembre de 2014

Negociando con talentos

Una de las diferencias entre la pobreza y la miseria es precisamente aquello que define y califica a quien no se fija en su propia riqueza y le separa de quien no para de señalar las pobrezas ajenas. Porque hay personas ahítas de rencor, de soberbia, tan alejadas de la luz que lo ven todo negro, tan enriquecidas de miserias de otros que no son sino unos miserables. Lleven jeans, alzacuellos, zapatillas de deporte, mono, uniforme militar, smoking o hábito de monja mediática, su estrechez de miras se circunscribe a pegar el ojo a la cerradura del corazón humano a la búsqueda ávida de miserias. Miserables.

Ayer falleció un paisano mío. No me voy a fijar en lo que se llevó, porque eso es el cúmulo de una vida y una conciencia, y aquello que se llevó sólo le interesa a Dios que es a quien se lo habrá de presentar. Y a buen seguro le habrá mirado con tanta misericordia como mirará en su día a los inmisericordes miserables que señalan con unos dedos larguísimos y muy tiesos, escondidos tras falsas sonrisas beatíficas.

Lo que se llevó es cosa suya y del Creador. Yo me fijo en lo que dejó tras de sí, y lo hago teniendo en cuenta la particularidad de que este paisanuco mío podía haber vivido una vida absolutamente relajada, sin haber trabajado ni un solo día de su existencia. Sin embargo recorrió una vida sembrada de trabajo, dejando tras de sí riqueza y puestos de trabajo; así, fríamente y sin demagogias facilonas. No solamente llevó el nombre de su ciudad, Santander, por el mundo entero, sino que se empeñó de igual forma en generar riqueza en ella de una manera constante e imparable. Obras sociales, donaciones multimillonarias que contribuyeron a hacer del Marqués de Valdecilla un hospital puntero del sistema público de salud, el impactante Centro Cultural que no llegó a ver en marcha (a pesar de haber pagado para su construcción hasta las obras de adaptación urbanas), becas, dotaciones económicas a Universidades… Me fijo en esto porque es lo público, ni hablo de su familia, ni de la dimensión privada de otras “obras sociales” precisamente por ser privadas. Y hoy, los empleados que quieran pueden acudir a la Eucaristía que se celebrará en la Capilla que quiso que se instalara en la Ciudad Financiera que se empeñó en levantar. Vamos, todo muy carca. Capilla, rezos… Carca y bíblico, porque en cuanto los heredó se puso a negociar con sus talentos y los multiplicó…

Podía haber visto la vida pasar, pero se pasó su vida mirando al futuro, innovando, generando empleo, trabajando. Hoy, ya al otro lado del ojo de la aguja, habrá visto cara a cara a su Redentor. Descansa en Paz, Emilio. Lo harás, mientras otros miran la vida con el ojo pegado a la cerradura de las miserias humanas, quizás por miedo a ver las propias.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mirando a la Vida

Se acabaron los días de descanso. No quedan atrás. En el olvido se desvanece lo innecesario, aquello que nos hace crecer viene con nosotros a cada paso, aquello que es realmente Vida nos conforma. Errores, aciertos, tristezas, alegrías. Y la Vida lo es más cuando es compartida.

Doy gracias a Dios por este tiempo en Familia. Lo iniciamos, mi mujer y yo con nuestras niñas, con una estancia en Astorga, en Casa San Alfonso, acogiendo peregrinos del Camino de Santiago. La ilusión, la inocencia, la entrega a lo que fuera, las caras de mis hijas no han sido solamente motivo de alegría; cuando uno es padre de niños pequeños, y trata de ver el mundo como ellos lo hacen, es como descubrir al hermano con los ojos de Dios, adentrarse en la creación con los ojos de Dios. Y labor de los padres es propiciarles las condiciones adecuadas para que no pierdan esa mirada.

La cotidianeidad con su abuela, lo normal de disfrutar de la abuela que no tienen a diario es una gracia. Verlas crecer, es otra. Compartir en Familia. Primos, amigos, croquet, playa, montaña, cartas, pueblo, normalidad, Amor. Armonía, esa palabra tan habitual en boca del Papa y tan extraña a veces en la vida de los hombres.

El Monasterio Redentorista de Nuestra Señora de El Espino, en Santa Gadea del Cid, donde con tanta naturalidad como intensidad y gozo interior fui desgranando mis “Sí, me comprometo” a cada una de las cinco preguntas que mi querido amigo el Padre Pedro López, Superior Provincial de la Congregación del Santísimo Redentor, nos iba regalando como paso final a quienes nos comprometimos y fuimos agregados a la Congregación como Misioneros Laicos del Santísimo Redentor. La delicadeza de Mari Ángeles ofreciéndole a mi mujer leer la Primera Lectura en esa Eucaristía. Mis hijas. Los hermanos venidos de Madrid. Vida compartida en Familia. Tan intensa fue esa celebración como el tiempo de desierto, en el que los recuerdos de cómo y de la mano de quién comenzó este maravilloso regalo se me agolpaban con tal fuerza que parecía revivirlos en presente. A solas con el Señor, en los jardines del Monasterio, no había excusa para no regalarme alguna lágrima recorriendo feliz, el rostro feliz de un pobre hombre enamorado.

Mi hija mayor recibió por primera vez el Cuerpo de Cristo. En Familia. Ante nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de manos de quien es un hermano. Exactamente cuarenta años después de que yo lo recibiera de manos de otro Redentorista. Acompañados también de quienes estaban en nuestro corazón aunque no en persona. Agradecido al Señor por tanto, por tanta Vida.

La mano de nuestra Madre del Perpetuo Socorro en lo que inexplicablemente acabó en nada; un accidente que podía haber cambiado el rumbo de la historia de nuestra hija pequeña. Acababa de decirle, apenas un par de minutos antes: “Paula, ven que te ponga la medalla de la Perpe que se te cayó hace unos días”. Y las piedras del suelo sobre el que cayó a plomo desde aquellos metros de altura, se volvieron las manos de María para recogerla. ¿Coincidencias? ¿Diosidades?

Creí que había cerrado el periodo estival con mi paso de nuevo por Astorga. No fue así. Lo di por cerrado anoche, tras leer el sensacional post de un peregrino del Camino de Santiago, Miguel Pérez. La fe ha de compartirse, lo extraordinario ha de compartirse, aquello que puede ayudar a otros ha de compartirse, por eso me tomo la libertad de compartir el enlace, no dejéis de leerlo y meditarlo: http://mesarinconcafe.blogspot.com.es/2014/09/de-sarria-la-gloria.html Gracias, Miguel, por hacerme comprender lo afortunado que soy sabiéndome tan pequeño, tan nada, tan grande simplemente por ser hijo de Dios.

Recibo septiembre con la Esperanza ahogando los miedos, limpio, con las manos abiertas, con el corazón abierto y confiado en la bondad del Padre que nunca nos abandona. Con la ilusión del impagable regalo que nos ha hecho el Papa Francisco con el nuevo Arzobispo de la diócesis de Madrid, mi paisano Don Carlos Osoro; leer sus entrevistas estos días es como recibir en la cara del alma la suave brisa del aire fresco. Un aire que, como el de Francisco, me resulta familiar… 

Abríos al Señor, abríos a la Vida, zambullid vuestros miedos en el mar de la Esperanza y recibid agradecidos el presente de cada día del mes que comienza. Mirad a la Vida a los ojos y compartidla, no la dejéis pasar.


Recibo septiembre scalando en Familia, agradeciendo al Señor, agradeciendo las manos tendidas, en gerundio.