jueves, 27 de agosto de 2015

¡Que se resumen en dos!

No entiendo nada. Absolutamente nada. Cada vez leo más opiniones y escucho más comentarios de guardianes de la fe que me recuerdan al Santo Oficio. Un amigo mío habla de tener “paciencia histórica”. Va a ser eso, que debo ejercitar más la paciencia. Hubo un hombre, fundador de una Orden religiosa, una especie de Job, que en su momento estuvo en el punto de mira de la Inquisición. No se amilanó. Su fe era fuerte. Continuó su apoyo y amistad con un apestado de la época y mandó al P Clemente Settimi a atenderle. Ese hombre es San José de Calasanz y Galileo es Galileo. De los inquisidores no se acuerda nadie, a Dios gracias. Bueno, a Dios gracias la Iglesia en camino recuerda al menos un día al año a las ánimas del purgatorio, si no… ¡Pobrecillos! No me extraña nada que, cuando San Alfonso atravesaba momentos complicados encontrara consuelo leyendo la vida de Calasanz. Recientemente las críticas han recaido sobre algien a quien aprecio, que me hace crecer con sus libros, sus blogs, sus posts… uno de esos regalos de las RRSS a quien sólo he visto dos veces. Su sonrisa y su fe le delatan: parece un tipo feliz, tranquilo.

A veces parece que la gente no avanza. Ni leyendo el Evangelio; ni diciendo que se cree y sigue el Evangelio. Miembros anónimos de sanedrines de corrala. Avanza la Iglesia. A su ritmo, pero lo hace. De ahí lo de la paciencia histórica. Dentro de mucho, muchos años, otro Papa que igual ya ni vestirá de blanco, pedirá perdón por esos hijos de ceja levantada, aire crispado e índices rígidos, aunque ninguna culpa tenga él. Por cierto ¿vestiría San Pedro de blanco? ¿Usaría zapatos rojos? ¿Irían los Apóstoles uniformados de rojo, o de morado? Avanza. Que sí, que la Iglesia va avanzando. Con altibajos, como cualquier organización formada por personas, pero segura porque quien lleva la caña es el propio Cristo.

¡Cómo nos gusta la teatralización! ¡Cómo nos gustan unas normas que seguir para sentirnos seguros! Pero, en cualquier caso, sentirse seguro no es lo mismo que sentirse superior. Y todo aquel que se siente superior es, en el fondo, un pobre hombre acomplejado e inseguro.

Lo que no entiendo muy bien es cómo, con unas normas establecidas con claridad, con un veredicto que no es de los electores sino del Espíritu Santo, no aceptan esas normas ni la decisión del Espíritu cuando éste elige a quien les incomoda. Mi mujer trato en su TFG en Magisterio en Edicación Infantil sobre la enseñanza del pensamiento crítico desde la infancia. Esta visto que son como niños, porque realmente lo de enseñar a pensar en las escuelas desde la edad más temprana ni está ni ha estado nunca de moda.

Cada vez que escucho críticas lacerantes tiendo a aturdirme un poco. Luego rezo por el pobre aquel a quien quieren someter a una suerte de escarnio, y también por los justicieros. No son muchos, lo sé, pero meten ruido. Hay cosas peores, por supuesto.

Venga, chicos ¡Relajaos! Si lo dicen las propias normas. Estos Diez mandamientos se resumen en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Amén.


Amad. Seguid el Evangelio. Intentad remar sin prejuicios por la Evangelii Gaudium. Si queréis, llamad a Francisco, Pedro. A ver qué tal. Seguro que acabáis sonriendo. Caminad por la vida en gerundio, amando.

martes, 25 de agosto de 2015

Scholarum Piarum

La foto no es buena. La estampa está gastada por el paso del tiempo porque me acompaña desde segundo de EGB y ya ando cerca de los 49 años. Recuerdo perfectamente cómo me la dio el P Manuel en los Escolapios de Santander y cada una de las palabras que me dijo. Lo recuerdo.

La influencia de Calasanz en mi vida ha sido siempre fuerte y viva. Un día fui uno de esos niños que aparecen en la estampita, en el cuadro, acercándose al Santo. En mi corazón están muchos clérigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, muchos profesores. Los defectos se desvanecen en el agradecimiento de vidas desgastadas por los niños y los jóvenes, siguiendo un ejemplo, un camino, un carisma concreto. Cuántas incomprensiones y cuántas ingratitudes que ya habrán obtenido su premio.

Educar, formar, enseñar a orar, acercar a Dios. Cada 25 de agosto es para mí un día de agradecimiento infinito, de reflexión, de recuerdos alejados de la tentación de la nostalgia. Cada 25 de agosto lo dedico a San José de Calasanz.

Sin embargo, éste año, mi oración tendrá presentes de una manera especial a un matrimonio que el Señor me trajo hace unos pocos años a través de la pantalla del ordenador. No voy a darle más vueltas a que internet y las redes sociales son un lugar más donde encontrar a Dios en tantas buenas personas porque es una obviedad cansina. Ese matrimonio, esa familia, comienza una nueva andadura. Impulsan el rumbo de sus vidas siguiendo plenamente a su santo fundador. Laicos Escolapios haciendo camino calasancio, en Familia, scalando en Familia. Generosos, alegres, entregados; normales. Esther Morales y Santi Casanova, de quienes aprendo y con quienes crezco. Tejiendo veredas en comunión hacia una misma meta. Gracias por vuestro fiat. Y gracias siempre a José Fernando Juan Santos que hace cinco años me regaló “El año con Calasanz”, de Miguel Ángel Asiain.

Otro 25 de agosto, en 1646, José de Calasanz escribía al P. Novari: “Cuanto más le parezca estar abandonado por los auxilios humanos, tanto más cerca estará de ser ayudado por el auxilio divino.” Santi, Esther, recordadlo siempre. Recordémoslo todos.


Si alguien lee estas líneas le animo a rezar por todos aquellos que emplean sus dones en la educación de niños y jóvenes. Unidos, scalando en Familia.

sábado, 8 de agosto de 2015

El cura con vaqueros pitillo

“Yo lo del cura con vaqueros pitillo me perdonáis pero :(“

Andaba yo tuiteando inocentemente sobre #EEJ2015 de Ávila cuando me topé con el tuit que adorna como inicio la entrada de hoy. Pensé si contestar o no, porque yo soy persona de sangre caliente, pero como la edad y la tranquilidad de espíritu van templando el carácter pues me he decidido a hacerlo.

No contestar, porque los prejuicios no tienen más respuesta que unas manos sobre la cabeza, pero para ello se han de dar los consabidos arrepentimiento y propósito de enmienda. Simplemente comentaré algunas reflexiones personales.

Los prejuicios son, entre otras cosas, una torpeza. Suponen juzgar sin conocer, juzgar de antemano. Esa puede ser una actitud casi inconsciente que limita el crecimiento intelectual, emocional y moral. Moralmente todo prejuicio es insano en sí mismo. Coarta la evolución personal y social. Y yo asumo que tampoco estoy libre de ello. Uno trata de corregirse, pero penosamente acaba cayendo, lo reconozco.

Que un cura lleve vaqueros pitillo, bermudas, zapatillas de deporte, alzacuellos o sotana a mi, personalmente, me es absolutamente indiferente. Hay santos de todo tipo, sacerdotes que arrastran con la fuerza del Espíritu sea cual sea su indumentaria. Los hay también mediocres de buena voluntad, como ha habido monstruos parapetados tras alzacuellos. Lo lamentable y escandaloso es que sean monstruos, no el alzacuellos.

Ese tuit de inicio resulta que fue del agrado de otro sacerdote. Sin duda será un buen hombre que, a lo que parece, se piensa mejor sacerdote por usar clergyman. Una pena. Quizás lo sea, no lo sé; no le conozco. Sin embargo, por el tiempo en que se publicó el tuit, entre los hastags de #EEJ2015, me da la sensación de que yo sí conozco al de los vaqueros pitillo. Sí, prejuzgo quién es ese sacerdote, ya dije que no estoy libre… Se trata de un hermano mío a quien no solamente conozco, le quiero. Pensé haber ilustrado la entrada con imágenes suyas en alguna misión en el tercer mundo como la India u Honduras, o vistiendo el hábito de su Congregación, o rodeado en algún retiro de los cientos de jóvenes a los que arrastra, pero enseguida me he dado cuenta de que los prejuicios ni se vencen ni se combaten desde afuera. Los prejuicios solamente comienzan a desaparecer cuando uno Ama.

El de los vaqueros pitillo es un sacerdote extraordinario, con una fe robusta como la de todos sus cohermanos, un misionero ejemplar. No necesita defensa, mucho menos por mi parte que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias (sí, es que a veces también usa sandalias).

El autor del tuit sabe que sinceramente goza de mis simpatías. No nos conocemos, pero lo sabe. No hay más.

Ojalá hubiera muchos curas jóvenes con pantalones pitillo que hagan, como éste, que tantos vuelvan a casa o la conozcan por primera vez. Ojalá hubiera muchos más curas jóvenes con alzacuellos que lleguen a los alejados. Ojalá hubiera muchos más curas y laicos humildes y santos que, sin creerse mejores que nadie, acerquen el Reino a la tierra, a los pobres y abandonados, a todos los necesitados de auxilios.


Gracias al autor del tuit esta noche me acostaré rezando por las vocaciones.

lunes, 27 de julio de 2015

Lalo Errejón, un hombre bueno

Un tanatorio es un lugar excepcional para ejercitar la mirada y enfocar la vista con los ojos de la fe. Yo acabo de llegar de uno y he comprobado que mirando bien es realmente un encuentro de Vida. De la pasada y de la recién comenzada que no es sino una extensión de la presente. Un hilo conductor a los pies de la Cruz y el sepulcro vacío.

En familia, honrando sencillamente a un hombre bueno cualquiera, que no es cualquier hombre bueno porque cada uno de nosotros tenemos nuestro nombre grabado en la palma de Sus manos, y el de él es Lalo. Un caballero en la total y más completa extensión de su significado (de esos que van desapareciendo en una época de cambios que sólo pierde el desconcierto a la Luz de la fe); un profesional de éxito; un hombre generador junto a mi queridísima Tilde, su mujer, de una familia unida. Los pasos que dejan huella no son realmente esos marcados por los oropeles, son los discretos pasos que vamos andando, a veces sin darnos cuenta, tras las huellas de Cristo, los únicos que merecen la pena ser andados; esos pasos que dejan tras de sí el olor del Amor. Lalo y Tilde me abrieron las puertas de su casa cuando no era más un simple amigo de su hijo Javier y también de Gonzalo, mis hermanos. Allí estuve viviendo algunos meses. Me abrieron las puertas de su hogar y su familia. Yo hoy, ante el cuerpo sin vida de Lalo, rezando en silencio un rosario, pedía en cada misterio que el Señor le abriera las del cielo. Si es cierto que nos examinarán del Amor el regalo de la Redención habrá sido ya sobreabundante para él. En las letanías finales, acompañado por Blanca Gordon, pedía por Lalo, con el convencimiento de que nuestra Madre del Perpetuo Socorro le habrá acompañado ante el Todo Misericordioso.

Un sembrador de paz que descansa ya en Paz. Un hombre que sembró de viña la ladera de su casa, como diría Dámaso Alonso. Ahora ya sólo queda acompañar a esa familia de la que me siento parte con la oración, sobre todo a Tilde, su viuda. Oración que pido a quien lea estas líneas por su eterno descanso. No creáis que no le habéis conocido porque le habéis conocido en cada mano que se os a tendido en vuestra vida; cada una de esas manos era, como las suyas, un regalo de Dios. Cada una de esas manos no es sino la mano de Dios que se nos ofrece en el Camino.

En cada petición de esta tarde tenía presentes a todos aquellos que mueren solos, sin el cariño de nadie, sin el calor de nadie, sin la oración de nadie. Por ellos iba también mi oración. Lalo estaba rodeado del cariño de sus seres queridos, de su mujer, de sus hijos, de sus nueras, de sus hermanas y de todos los que le conocimos, porque todos los que le conocimos le queremos. Un hombre de éxito rotundo teniendo a su esposa junto a él, de éxito rotundo en el éxito de sus hijos (no me refiero al notorio éxito profesional, sino a la herencia impagable de la bondad de sus padres). El valor del matrimonio y el éxito de la familia. El cariño de todos los que les queremos. Ése y no otro es el éxito; el Amor desparramado a lo largo de una vida que se torna banquete en la Mesa del Padre.


Querido Lalo, ya has visto cara a cara a tu Redentor; que goces de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.

sábado, 11 de julio de 2015

Padre Damián CSsR en Aleteia

Aleteia, una red católica mundial que comparte recursos sobre la fe en español, inglés, francés, italiano, portugués y árabe nos ofrece la primera parte de una profunda entrevista al sacerdote redentorista Damián Mª Montes Nieto y yo os aconsejo vivamente que la leáis con calma: http://www.aleteia.org/es/arte-y-espectaculos/entrevistas/padre-damian-me-costaria-ser-santo-si-no-fuera-artista-5878069243936768 La he leído varias veces y cada una de ellas he podido meditar y entender las respuestas del Padre Damián a la luz de la cercanía y el cariño. Esto no es óbice para obtener conclusiones objetivas, al contrario, me ayudan a centrar, encuadrar y compartir lo que encierran sus palabras. No porque existan dobleces en ellas, que no las hay, sino porque el conocimiento del personaje acerca a la realidad vital.

Ye he escrito en otras ocasiones sobre Damián, mi visión y opinión personal, pero en esta entrevista realizada por Carlos Aguilera () nos muestra parte de su corazón, no ese corazón rojo de fieltro de todos conocido, sino su corazón real. El lado artista del religioso le dota de un corazón palpitante, de una sensibilidad especial cuyos latidos se encauzan en la Familia Religiosa a la que pertenece. Esos latidos, sin embargo, no se mueven a golpe de impulso. Sístole y diástole pasan por la oración. Damián es un hombre de oración y eso quiere decir que pasa sus opciones personales a los pies de la Cruz y el Sagrario y en el centro de su vida comunitaria. Es un religioso artista. Un joven que puso generosamente su vida al servicio de los demás dentro del carisma Redentorista y ahora extiende uno de sus dones al servicio del Amor para el gran público.

Un misionero que hace misión en las redes, a través de los mass media. Realmente lo hace desde hace años. Lo primero que supe de Damián fue a través de Youtube por un video de su paso por la India que me conmovió. Mi osadía me llevó a mandarle un mensaje. Meses después, la semana previa a la JMJ Madrid 2011, mientras yo estaba trabajando en el despacho de jóvenes de mi parroquia, alguien se me acercó por detrás a darme un abrazo. Era Damián y ese fue nuestro primer abrazo. Fue haciendo misión en la Red, creo que sin proponérselo. El salto que ha dado ahora pasando a la televisión ha sido de gigante. Contribuye a mostrar una imagen de la Iglesia fresca, joven, actual y sin complejos; sencillamente la normalidad de la Iglesia en Camino en el mundo actual. Misiona en las redes a lo bestia.

Normaliza a los alejados o a los ajenos a la Iglesia la realidad de un sacerdote. Hace visible la realidad de que llevar un alzacuellos no aleja a nadie de nada –aunque él no lo lleva habitualmente-, de nada. La libertad de llevarlo o no; el hábito no hace al monje. Evangeliza de una manera nueva para nosotros, y yo soy de los que piensan que la base de la evangelización está en abrir continuamente senderos nuevos para todos hasta que todos encuentren su manera de seguir el Camino. Hay una frase de Benedicto XVI que me encanta: “hay tantas maneras de llegar a Dios como seres humanos”.

Durante la JMJ  de Madrid aprendí a ver los colores de mi Iglesia, la pluralidad de mi Iglesia, la catolicidad. Colores en los de los hábitos de las diferentes familias religiosas, diversidad entorno a Cristo bajo el sucesor de Pedro. Damián muestra que son posibles nuevas vías, nuevos modos, nuevos gestos en esa Iglesia que es Madre. Lo muestra ese jovencísimo religioso que cantó la saeta ante Benedicto XVI en el Vía Crucis del Paseo de la Castellana de Madrid. Lo muestra un chaval joven que es sacerdote, un sacerdote joven que es redentorista, un redentorista joven que es un artista en servicio. En gerundio.
Animaos a leer la entrevista, no son mis palabras, son las suyas:


sábado, 4 de julio de 2015

¡Buen Camino!

Ya ha comenzado la Acogida Cristiana en el Camino. Una Comunidad Internacional de Redentoristas, religiosos y laicos, ya se ha formado en Casa San Alfonso, en Astorga para acoger a los peregrinos que lo deseen. Yo este año no podré formar parte, y ya lo echo de menos.

Duele esto de querer y no poder, duele. Queda la oración, cada noche, por ellos y por cada uno de los peregrinos.
Reconforta ver las imágenes que se nos ofrecen en el perfil de Facebook: https://www.facebook.com/pages/Casa-San-Alfonso-ACC-Redentoristas-de-Astorga/367506096606648?pnref=story Veo al P Manuel Cabello CSsR y a los peregrinos y me vienen a la cabeza comunión, rostros, momentos… una Historia de Fe. El P. Cabello es una de esas personas cercanas, tranquilas, que transmiten paz desde el silencio; la paz que transmiten aquellos que la viven.

Un punto de envidia sana y un mucho de ilusión por lo que fue un proyecto y es una realidad viva. Este año es, además especial, porque es para nosotros un Año Jubilar por celebrar los 150 desde que el Papa Pío IX entregó a los Redentoristas el Icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, restituyendo su culto público con el mandato de darla a conocer a todo el mundo: http://www.redentoristas.org/la-proclamacion-oficial-del-ano-jubilar-de-nuestra-senora-del-perpetuo-socorro/ Un año mariano. Que nuestra madre, María, sea Perpetuo Socorro de Amor para todos y cada uno de los peregrinos, para cada miembro de esa Comunidad Internacional que se forma en Astorga para acogerles en el Camino.

Ora et labora. Oración y acción. Éste año me faltará la acción. Acompañaré con la oración. Ya echo de menos el calor, el sudor al sol, los sellos en las acreditaciones, las flechas amarillas, la Comunión que se genera en la Oración Internacional, las caras de agradecimiento de los peregrinos. Elevaré mi mirada a lo Alto sin mancharme los pies. No es lo mismo, no lo es. Y ya que no es lo mismo, al menos animo a quien pueda leer esto a que dedique una oración por los peregrinos y por quienes les acogen.

Lucerna pedibus meis verbum tuum et lumen semitis meis...

¡Buen Camino, hermanos!

martes, 30 de junio de 2015

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.”

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.” Es curioso, pero este sencillo versículo del libro de los Salmos propuesto para la liturgia de hoy, me ha traído a la cabeza una imagen nítida.

Es la imagen de un hombre bueno, entregado, trabajador, servicial. El rostro de un hombre que acompaña, sostiene, da paz. La cara de la fe, la entrega, la sensatez. La voz de un predicador extraordinario.

Escucha, alienta, se implica, amansa, forma, genera comunión. Aúna esfuerzos, lima asperezas. Siempre está dispuesto. Nunca muestra la más mínima señal de queja o de cansancio. Valiente, discreto, humilde. Creo que todos los que le conocen no pueden sino estar de acuerdo con mis palabras.

En un simple curso académico se ha hecho un hueco tan firme como su fe robusta. Un hueco firme y necesario en la comunidad a la que sirve. Un hueco cálido y confortable en el corazón de quienes le conocemos.

Su consejo no muestra simplemente el latido de un corazón inabarcable, enseña la incomparable sensatez de quien es brillante sin pretender destacar, de quien es tan inteligente como para parecer casi en un segundo plano (porque el importante es siempre el otro).

Es un chaval joven, como tantos otros. Con una ilusión infinita y una entrega inacabable. Mirarle a los ojos es ver el alma limpia de un hombre bueno, es ver la bondad del Señor tras cuyas huellas camina. Sí, porque éste muchacho es un diácono del que nos beneficiamos todos los que formamos parte de mi comunidad parroquial. No solamente niños o jóvenes, cualquiera, porque su sola presencia acompaña; a veces casi sin palabras.

Cada vez que le oigo predicar en PS y veo la estatua de San Alfonso pienso lo inmensamente feliz que debe de estar desde el cielo. El pasado día 27, cuando le vi vistiendo el hábito redentorista blanco que le regalaron en Filipinas, casi me dio un colapso de orgullo.

“Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad”. Luego he vuelto a poner los pies en el suelo, pero al escuchar esto, ha sido Carlos quien ha venido a mi cabeza. Por eso, Señor, te doy gracias porque nos regalas, en Carlos, tu bondad, y en gerundio; porque siempre nos das lo que más necesitamos. Y hacerlo así, con discreción, como sin darte importancia. Que no olvidemos nunca que en sus ojos tenemos la Luz de Su bondad. 

Y que sepamos reconocer la bondad del Señor en los ojos de tantos que pone en nuestro camino. Reconocer la bondad es abrirse a esa misma bondad y dejarse atrapar por ella. Porque la Luz atrae hacia sí. Estad atentos. Sabed descubrir la bondad en los semejantes. Que no nos fijemos en los absurdos superfluos, en las nimiedades. Dejémonos atrapar por la bondad y seremos un poco mejores. 

jueves, 25 de junio de 2015

La Voz

Hoy acaba #LaVoz, el show talent musical de Telecinco. Confieso que yo no he sido seguidor de ediciones anteriores; confieso que me ha gustado. Me ha gustado el formato de un programa blanco, para todos los públicos y que fomenta la música. Todo positivo.

Pero me ha gustado principalmente porque este año uno de los concursantes era Damián Mª Montes CSsR. Claro, que yo le conozca, que le quiera, que sea parte de mi vida y de la de mi #Familia puede restar objetividad a mi opinión. Que yo sea misionero laico del Santísimo Redentor y él un sacerdote Redentorista, en fin, no contribuye precisamente a la objetividad. Qué le vamos a hacer. La realidad es la que es.

Y la realidad ha mostrado el valor de un cura joven, de un religioso redentorista joven haciéndose público en los medios. Damián, mi “hermanito” Damián, no es ni mejor ni peor que cualquier otro joven. Es un muchacho cargado de ilusiones, anhelos, sueños, como cualquier otro. La diferencia es que su vida no es suya porque decidió darse a los demás. Ese, quizás, sea su signo distintivo. No se pertenece a sí mismo. A mí eso no me resulta extraño porque conozco a muchos curas jóvenes, a muchos redentoristas jóvenes, a chicos que aún no lo son pero se van preparando para dar un “sí” definitivo. Son los auténticos valientes.

Damián decidió dar un paso más y poner uno de sus dones, su voz, al servicio del Amor. Regalar un don que le ha sido regalado. Un doble valiente por decidir exponerse públicamente, con la anuencia de su entonces superior provincial y de su obispo. Porque a Damián le gusta hacer bien las cosas, y eso es hacerlas bien. Su valor dando el paso de hacerse público en la televisión y someterse a las críticas ha sido todo un éxito. Y no me refiero al resultado de sus apariciones. Ha sido un éxito de evangelización porque ha “normalizado” lo más normal del mundo, ha abierto a muchos la visión de que un chico normal diga “sí” al Señor y se decida a seguir sus pasos. Ha normalizado a un cura, a un religioso con alzacuellos eliminando todo atisbo de rigor. Lejos está el rigor de Damián como de cualquier Redentorista que son exponente vivo de la benignidad pastoral. La realidad de que el hábito no hace al monje, lleve sudadera o alzacuellos.

Conozco a mucha gente que, gracias a su paso por el programa, se ha replanteado su visión de la Iglesia; conozco a mucha gente que, gracias a su paso por el programa, se ha decidido a dar un paso de acercamiento. Lo cierto es que ese primer paso fue de Damián, y por lo tanto de la Iglesia.

Cuando me enteré de su paso por el programa lo acogí con alegría, ilusión y un fiel apoyo; en ese mismo momento recordé las palabras de otro joven redentorista en su homilía de despedida de PS: “haced caso a las intuiciones de Damián porque son buenas”. Y esta lo ha sido.

Acaba el programa pero no acaba el Padre Damián. Continúan él y tantos otros jóvenes redentoristas, y tantos jóvenes sacerdotes. Él ha enseñado a muchos que no tenían un contacto directo con la vida de fe, la felicidad de la fe, la alegría del Evangelio, una Iglesia joven y en gerundio. Ha mostrado un Camino. Su simple presencia lo ha hecho. Su actuación personal lo ha refrendado.

Y todo ello sin que su enorme labor pastoral cotidiana se haya resentido ni un ápice. Y todo ello con la normalidad y naturalidad de siempre.

Por eso hoy, quiero aprovechar para darte las GRACIAS. Eso sí, Damián, lo sabes. ¡Cómo me habría gustado verte cantar con el hábito!


Él sigue. Seguimos. En Camino. En gerundio. Scalando en Familia.

martes, 16 de junio de 2015

¿Tolerancia?

Soy un tipo raro, muy raro. Cuestiono y me cuestiono. Y estos días vengo cuestionando mis niveles de tolerancia como valor cristiano. Son realmente bajos si los comparo con el buenismo infinito que se expande escorado de manera general.

Yo, qué queréis que os diga, comprendo divinamente a Simón Pedro. Primero me apiado de Jesús que es el realmente agraviado e injustamente prendido; luego me apiado de Simón Pedro, comprendiendo su arrebato; por último, a muchos cuerpos de distancia, lamento que Malco perdiera su oreja. Pero nada más.

Mis niveles de tolerancia se ve que no pasan por sus mejores momentos. Envidio a los gigatolerantes, la verdad. Quizás me gustaría que la tolerancia fuera acompañada de la ecuanimidad precisamente para que fuera idéntica para todos, altos, bajos, negros, blancos, rubios, morenos, pobres, ricos, judíos, cristianos, agnósticos, lisiados, perfectos… Porque lo que no entiendo muy bien de unos y de otros es que la ira se enciende con facilidad hacia los extraños y la tolerancia se apaga con los contrarios, mientras que el buenismo complaciente y bienpensante enardece los corazones similares y disculpa aquello que, siendo digno de perdón y misericordia, no es desde ningún punto de vista disculpable. Quizás la culpa la tenga mi formación jurídica, quién sabe, y el escrupuloso respeto al estado de Derecho y la convivencia pacífica. Claro que para una real convivencia pacífica son necesarios unos mínimos niveles de sensibilidad y educación (educación no simplemente académica), porque la convivencia estable y pacífica no puede estar al albur de que unos callen y aguanten. Unas veces aguantan unos, otras veces aguantan otros. Eso no puede ser, ese no puede ser el equilibrio porque precisamente es el antiquelibrio que cuando se rompe explosiona.

La conciencia más sana es aquella de natural ecuánime; opinión personal, como tantas otras, que en conciencias ajenas uno no ha de meterse nunca.

Yo soy tan raro que considero perfectamente combinable y compatible el más sincero perdón cristiano con el cumplimiento estricto de las leyes civiles. Puedo perdonar, pero no justificar. Y el perdón no lleva nunca a la connivencia.

Mi corazón está con Cristo, luego con Simón Pedro, después con Malco.

Mi corazón está con Irene Villa, con la comunidad judía, con la familia de Marta del Castillo… el perdón para quien agravia también. El perdón, pero ni entiendo ni comparto los algodones.

Insisto hoy como lo he hecho en otras ocasiones. No tengáis miedo a las redes sociales. Tenedles el miedo que os tengáis a vosotros mismos y vuestra conducta en cualquier ámbito. Sed consecuentes. Sedlo dentro y fuera de la red. Sólo eso.

Gente despiadada la habrá siempre, revestida o no de un halo de cultura. Dedos acusadores que traten de indagar y buscar defectos y tropezones también existirán; eso tampoco es nuevo ¿en qué años y quién puso de moda los dosieres en la política cuando no existían las redes sociales? Nada nuevo bajo el sol.

Quien conoce toda nuestra vida, luces, sombras, secretos, miedos y debilidades, Aquel que nos juzgará es el todo Misericordioso que nos regaló la Redención. Estad tranquilos. Tened fe. Sed buenos. No tengáis miedo que Él valorará sólo el Amor de vuestros tuits.


Y, por favor, pedid por mí, para que aprenda a ser más tolerante a la Luz del Evangelio.

sábado, 13 de junio de 2015

R.P. José Luis Marra-López CSsR

¿Sembrador? Sí, pero más. No solamente lanzaba semillas; desbrozaba, quitaba piedras, araba, sembraba y, después, se ocupaba de regar. No sembraba y se marchaba, no. Se ocupaba y preocupaba. 

No había tierra mala para él porque para él toda tierra era susceptible de que en ella arraigara el Amor.

Veía prender la semilla; se aseguraba de que lo hiciera. Permanecía. Y cuando no podía ser físicamente, se hacía presente de mil formas. Que para eso, entre otras cosas está, el teléfono y sus múltiples aplicaciones. Y el cariño y el interés. No hacía nada a medias.

Un sacerdote total. Un hombre total. Un Redentorista.

Bueno. Muy bueno. Buenísimo.

Entregado hasta el extremo.

Educado; educadísimo.

Extremadamente inteligente.

Realista.

Listo.

Con un sentido del humor fuera de lo común.

Fuera de lo común.

Visión poliédrica.

Empaque. Y ése, o se tiene o no se tiene.

Corazón inabarcable.

¿Un necesitado de auxilio? Ahí estaba él.

¿Una huella de Cristo? Ahí ponía su pie.

Divertido. Muy divertido. Divertidísimo.

Alegre. Contagiando alegría.

Sin tonterías. Sin mediocridades.

Celebrando era… ufff cómo se echan de menos esas celebraciones.

Al pan, pan y al vino, vino. Porque lo que es, es lo que es, y no hay otra.

¿Misericordia? Presencia en gerundio de la Misericordia del Señor.

¿Amor? En gerundio y desparramándolo.

¿Entrega? En gerundio.

Casi ubicuo, porque siempre, siempre, se ocupaba de hacerse presente; siempre se hacía presente. Hasta el final, realmente hasta el final.

¿Corazón? En fin. Eso es un corazón que no para de latir nunca.

¿Descanso? No lo conocía. Sólo ahora.

Hoy le lloran en Santander, no solamente en el Alto de Miranda. Lo añoraban mucho, muchísimo. Ahora, contentos, lloran por él. Yo lo hago aquí, en Madrid. 

Doy gracias a Dios porque formó parte de la vida de mi familia. Doy gracias al P Ambel porque me sugirió su nombre, al P López porque directamente me dio su móvil.

Gracias José Luis por tu “sí”. Porque para decir fiat, nunca es tarde; nunca. Lo triste es no hacerlo. Ni a oveja, ni a rebaño, ni a pastor, ni ná de ná; directamente dejaste olor a Cristo allá por donde pasaste.

Ya has visto cara a cara a tu Redentor. San Alfonso y la Perpe te habrán recibido. Hoy estarán ya sonriendo en el cielo con tu sentido del humor.

Aquí te lloramos con el corazón lleno de alegría. Esas cosas tan raras de los que sentimos y creemos.

Nos quisimos José Luis, nos queremos. El cariño de siempre, el abrazo de siempre.

Un hombre bueno. Un sacerdote total. Un Redentorista.


R. P. José Luis Marra-López CSsR, descanse en Paz.

miércoles, 3 de junio de 2015

Orando en Familia

Una comunidad unida entorno a Él, orando. La custodia sobre el altar y la voz de Manuela y nuestras voces envolviendo ese pedazo de Pan que es el Cuerpo real de Cristo como si fuera incienso elevándose a los pies de la Cruz; perfume para Él en forma de música y la fe de su pueblo.

Y sobre el altar, a sus pies, velas con el nombre de personas con nombre, rostro e historia. Una oración para pedir por los más desfavorecidos, por aquellos necesitados de auxilios espirituales y materiales.

Cuando una comunidad se reúne en su nombre ocurre algo grandioso porque le hace presente, pero aún más cuando esa comunidad se reúne a orar verdaderamente ante Él. Con normalidad, diversa en personas, procedencias y edades. Con la naturalidad con que San Alfonso nos enseña a dirigirnos al Hijo, como a un amigo.

Yo le hablaba en silencio, a veces con el peso excesivo de la nada de mi silencio y la debilidad de mi fe. En silencio, en gerundio, estando, siendo. Y llegó la oración compartida de viva voz y las palabras de Carlos, el diácono redentorista que presidía la oración, trayendo noticias del P José Luis Marra-López CSsR. En ese momento los cristales de mis gafas se empañaron. Vinieron a mi memoria demasiados recuerdos, pero sobre todo sus palabras en la misa de alma por mi padre; nos examinarán del Amor. Él, cuando llegue el momento, se presentará al Padre con matrícula justo en eso, en Amor, y también en caridad, entrega, desprendimiento, sacrificio, fe, deber cumplido, Camino recorrido con los pies sobre Sus huellas. Y humor. Un humor socarrón e inteligente. Me centré en Él ante ese milagro que es el pedazo de Pan que teníamos ante nosotros; exponente máximo del Amor, la Caridad, la Misericordia y la Entrega.

Una comunidad unida, tendiendo manos y regalando corazones. El individuo sosteniéndose en los hermanos, aprendiendo de jóvenes y mayores. La fe compartida sostiene, alienta y empuja.

Carlos –qué gran sacerdote se vislumbra en éste misionero redentorista- nos impartió la bendición y yo, que soy muy mío para mis cosas, me despedí con el Nunc dimitis.

Salí de PS, llamé a mi madre para informarla; se emocionó, y aunque a destiempo, unió su oración a la nuestra. Iglesia en Camino. Volví a casa agradecido.


Una Adoración sincera inunda el alma; en casa, en PS, la expande y eleva. Con la naturalidad de hacer las cosas en Familia. Charlando cara a cara con Jesús. Os lo recomiendo.