jueves, 22 de septiembre de 2016

¿Ver pasar la vida...?

Hoy han fallecido dos personas muy especiales para mi mujer y para mí, de las que son capaces de marcar una época y permanecer en el corazón y en el inconsciente colectivo de quienes les conocimos.

Antonio de Escalante Huidobro fue, a lo largo de su extensísima vida uno de esos caballeros singulares que marcan la historia y el paisaje de su ciudad. La historia de su familia, los Escalante, es en sí misma una parte importante de la intrahistoria de Santander y, a través de su hija María, de la mía propia; mucho el cariño, mucho lo compartido. Van ya camino a los cincuenta años de recuerdos; una Vida.

Alfonso Ruiz de la Prada Sanchiz fue un caballero en todas las acepciones elogiosas que podamos darle a esa palabra. Una bellísima, una excelentísima persona. Alfonso es para mi mujer mucho más que el padre de unos amigos, es alguien de su familia, de esa familia que, sin serlo, lo es como regalo de Dios; como don. Una parte de su Vida.

Ante la muerte de seres queridos uno puede quedarse en el dolor, cobijarse bajo un caparazón que le haga ser un mero espectador o centrarse en lo fundamental: la Vida. Ver pasar la vida de los demás es no vivir; implicarse, formar parte es lo que hace al ser humano vivir. Una vida plena, con errores y aciertos, con caídas, magulladuras, fracasos y éxitos; una vida compartida. Eso es la vida aquí; compartida la v se va engrandeciendo y al morir se hace mayúscula. Yo no concibo ver pasar la vida; no sé vivir sin pasión. Cada día que pasa no es un día más o un día menos; cada día que pasa es una oportunidad, un paso que nos aleja o nos acerca; caminando, en gerundio. Scalando en Familia.

Esa realidad le hace a uno ser consciente de que no es ni siquiera el recuerdo que dejes, es la transcendencia, el regalo de la sobreabundante Redención, es lo de después lo que realmente merece la pena. Lo que hagamos aquí, todo aquello que hagamos en cualquier ámbito ha de ser un preludio, un intento de acercar el reino a la tierra; el resto es superfluo.

La Virgen María, san Antonio y san Alfonso ya han salido a vuestro encuentro. Antonio, Alfonso, que veáis cara a cara a vuestro Redentor y gocéis de la contemplación de Dios por los siglos de los siglos.

Que este soneto de Antonio sea hoy oración por ambos:

“Silueta de la ermita abandonada en el roto cantil de la
Ribera, refugio de la Virgen marinera,
Su pesebre, su altar y su morada.
Blanca de sal, espuma inmaculada, la imagen navegante que
viniera como el limpio flotar de una bandera en las alas del mar de una bordada.
Salve al atardecer, velas al viento, y luz y oscuridad y lejanía
unidas en el mismo firmamento.
Y paz en las pupilas para verte, Virgen del Mar, plegaria y
poesía en la eterna bordada de la muerte".


jueves, 8 de septiembre de 2016

No, no soy del Opus

En mi empresa compartimos oficina con otra compañía, con lo que en ocasiones mantenemos charlas comunes a la hora de la comida. Una de mis compañeras, casada hace pocos meses, nos dio la feliz noticia de que está embarazada. De ahí surgió la conversación de la paternidad, los hijos… Yo conté que tenemos dos niñas, que otras dos criaturas nos esperan en el cielo y que nos habría encantado tener más. Todo normal. Casi todo. Alguien de la otra empresa me soltó: NO SABÍA QUE FUERAS DEL OPUS. Me quedé perplejo. Lo hizo como quien te lanza el mayor de los insultos. Me sentí ofendido.

No, no soy del Opus. Soy Misionero Laico Redentorista, mi familia es una familia Redentorista tanto como los Redentoristas son la familia a la que pertenezco”. A mis hijas les acompañan Redentoristas. Tenemos una vida espiritualmente plena. Pero ¿no entiendo lo que quieres decir? Si lo fuera ¿cuál sería el problema?

No contestó. Pero yo soy insistente.

Uno de mis mejores amigos, de los de verdad y demostrado con creces, es supernumerario del Opus Dei. Conozco a gente maravillosa que pertenece con mayor o menor vinculación a esa Prelatura. Sigo a diario, gracias a las redes sociales, las cuitas de un numerario a quien conozco que, en Kenia, se deja la vida sacando a chicos de la calle, de la droga, del abandono y el maltrato y les consigue cobijo y educación. Mi mujer trabaja feliz en un Colegio de la obra corporativa del Opus, y a ese colegio acudirán mis hijas como alumnas desde el lunes. ¿Cuál es el problema? Seguro que hay auténticos cretinos que o pertenecen o simpatizan con el Opus, como en cualquier formación humana. Yo, hoy por hoy, no los conozco.

Se hizo el silencio. No es bueno mantener ciertos silencios porque crean connivencia, son caldo de cultivo de prejuicios enraizados y no corrigen a quien yerra. Y yo, por carácter, no soy muy de morderme la lengua, la verdad.

Desde hace años tengo la fortuna de conocer y vivir la riqueza extraordinaria de mi Iglesia. Me he educado en los Escolapios donde me instruyeron de manera extraordinaria en la fe recibida en mi casa. San José de Calasanz es un referente para mí. Soy muy de “tonterías”, y una de ellas es que, de ser posible, a la hora de mi muerte, si hay alguien que rece a mi lado por mí la Recomendación del Alma me gustaría que invocara a Calasanz tras Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San Alfonso para que salgan a mi encuentro. Tengo la suerte de conocer y querer a Esclavas, Kikos, Marianistas, Salesianos, Jesuitas, Pureza de María, miembros de Schoenstatt… de cada uno de ellos tengo algo que aprender y cada uno de ellos tiene algo que me hace admirarles.

En el año 2011 en una entrevista que realizaron a Monseñor Joseph Tobin CSsR, siendo secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, dijo: “La vida consagrada se parece a la selva amazónica. En ella hay muchas especies distintas de plantas y árboles, algunas antiguas y recias, otras tiernas y jóvenes, pero esa selva hace respirar a todo el mundo. Es su totalidad, no tal o cual grupo, lo que hace que la vida consagrada dé oxígeno a la Iglesia”. De igual forma los laicos agregados de una u otra forma a esas Congregaciones, Institutos o Movimientos, tratamos de dar oxígeno expandiendo esos carismas en el mundo, viviendo esos carismas en el mundo; es nuestra manera peculiar de anunciar el Evangelio. Mi familia y yo lo hacemos en una de esas familias, antigua y recia, pero con hojas jóvenes y llenas de Vida.

No, no soy del Opus, pero cuando hoy me lo han lanzado como si me escupieran he alzado la voz en su defensa. Además de injusto, atacar a un miembro es atacar al Cuerpo entero.


Chato, como te he dicho esta mañana, infórmate, lee, entérate y te podrás liberar de todos esos prejuicios que ni te dejan crecer ni ser tú mismo. Me alegro de que te gustara la cruz que llevo al pecho pero ¿sabes? No es un adorno. Esa Cruz es mi vida y la de mi Familia.

Scalando en Familia...