miércoles, 31 de octubre de 2012

Halloween


Hace ya algunos años que por estas fechas me invade la misma pereza con respecto al tema de Halloween.  Me parece tan absurdo como que empecemos a celebrar funerales celestes, o a quemar cadáveres, aquí en Madrid, en el Manzanares. Estos ejemplos creo que no están muy bien puestos, la verdad, porque ambos responden a expresiones religiosas. Nada más alejado de eso que Halloween, al menos en la actualidad, al menos lo que en España se ha tratado de importar. Es el proceso inverso a la inculturación.

Tras años (que los jóvenes de hoy no han vivido), en los que la transmisión de la fe no era, en líneas generales, realizada de una manera gozosa, sino más bien impositiva, pasamos al modelo mega progre y de súper buen rollito, donde el todo o casi todo valía con tal de ser “feliz” (una felicidad meliflua y efímera), un buenismo sin sustento e intranscendente. Nos encontramos con el mundo de la inmediatez, el “yo”, la autojustificación según “mis” circunstancias y “mi” psicología (que llevan de manera natural a eliminar casi cualquier sentimiento de culpa), la exacerbación del materialismo bien por el exceso de acumulación o bien por la falta sangrante. Y, al menos en parte, todos nos dejamos arrastrar. Un nuevo modo de vida que fue poco a poco eliminando la transcendencia y, no la “idea”, sino la realidad de Dios, la cotidianeidad de Dios en nuestras vidas, en el mundo, en el hombre.

Se crio a una generación que aprendió a vivir de espaldas a Dios; una generación a la que no se le habló con gozo y alegría de Jesús, del Evangelio, pero de una manera clara y explícita. Como mucho metáforas, palabras a medias, casi parábolas (pero para Parábolas ya tenemos las del propio Evangelio). Primero se vació el concepto de Dios, se eliminó a Cristo incluso como concepto cultural (la falta de cultura religiosa en la actualidad es escandalosa). Esa generación tuvo hijos, chicos que ahora son adolescentes, preadolescentes, niños. Son muchachos que buscan no saben muy bien el qué, que caminan a veces entre el desencanto, la falta de perspectivas claras, el propio hedonismo, una afectividad en formación y su mismo “yo”; y en una época de crisis económica lacerante. Una sociedad en muchos aspectos vacía, sexualizada al extremo, materialista….

Bueno, ahora que ya lo tenemos todo a punto, ofrezcámosles algo aparentemente divertido, un pretexto más de fiesta, y que les haga no ser ellos mismos por un día, y, al mismo tiempo les aleje el pensamiento de lo perniciosa que podría ser una festividad religiosa. Démosles Halloween. Y por miedo a “perderles”, a no “tenerlos” contentos, a no llevarles la contraria, no les hablemos de otras cosas, no vayan a no ser “felices”.

Pues ahí lo tenemos. Algo que no es ni bueno ni malo en sí mismo. Algo que a mi me da una pereza infinita.

Que ya, que ya sé que el panorama no es tan negro, y que la generalización anterior puede que sea desmedida. La inmensa mayoría de los jóvenes que yo conozco no responden al modelo descrito; pero es que la inmensa mayoría de los jóvenes que yo conozco puede que sean una inmensa minoría.

Y mientras, en el cole de mis hijas –que debe de ser rarísimo- no celebran Halloween. Sin embargo, esta semana les han hablado de la vida de algún santo, y en el curso de la mayor (segundo de Primaria) hoy tenían que llevar una redacción sobre el que ellas eligieran (por cierto, que Toya la ha llevado sobre Santa Teresa de Ávila, para que no nos llamen pesados con Alfonso, Clemente, Gerardo, Juan Neumann…). Son así de raros ¡que incluso les han explicado la fiesta del 1 de noviembre! Y se lo pasan bomba, y son felices. Y los miércoles, cuando llega a casa de la catequesis de Primera Comunión en el Perpetuo Socorro, vuelve entusiasmada; y los domingos en misa en PS disfrutan como niñas. Y a mi me encanta, aunque no deja de sorprenderme que mis hijas y sus amigas casi tengan más cultura religiosa ya que muchos de diecisiete años. Pero como van creciendo en una comunidad Redentorista, van aprendiendo desde ya que sus manos son para darlas, su sonrisa para compartirla y su vida para anunciar la Redención. E inmensamente felices. De modo que ahí vamos, scalando en Familia.

Y para raros, raros, esta noche al acostar a nuestras hijas variaremos la oración, rezaremos la Letanía de los Santos.

Y ahora que lo pienso, si que hubo una noche de un 31 de octubre en la que yo me disfracé, y María, mi mujer. Fue en el año 2003. Ella iba de blanco y yo me puse un chaqué: el día de nuestra boda hoy hace nueve años.

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