miércoles, 26 de junio de 2013

Sacerdotes y padres

Las palabras de S.S. el Papa hoy en la homilía en Domus Santa Marta me han emocionado, me han conmovido.

No me voy a poner a hablar yo de la paternidad pastoral, ni de la paternidad espiritual, porque obviamente no me corresponde. Sin embargo, si uno es padre es porque tiene algún hijo. De modo que es como hijo como yo me he sentido tocado hoy por Francisco. Puede que incluso doblemente, porque además de ser hijo, soy también padre.

La paternidad, sea ésta biológica o adoptiva, no supone ni más ni menos que ser custodios de un alma que el Creador pone en nuestras manos, pero no solamente para su custodia y punto, sino para su formación integral, comenzando por la espiritual. Actualicemos a nuestra época y mundo los consejos que San Alfonso Mª de Ligorio dio a los padres sobre la educación de los hijos y tendremos gran parte de la clave de este misterio. Porque no deja de ser eso, un maravilloso misterio. No son “nuestros”, son de Él y de ellos mismos; no son una prolongación nuestra; no vienen al mundo para satisfacer nuestros deseos ni las frustraciones por aquello que nos hubiera gustado ser y no fuimos. Son criaturas amadas de Dios a las que debemos ayudar a crecer, enseñar a crecer dentro de su individualidad, potenciando sus capacidades, alentando sus sueños, fortaleciendo su carácter y recompensando su esfuerzo. Con respecto a los padres, no son sino “talentos” que Dios nos regala para su custodia, y llegado el momento nos preguntará sobre el rendimiento que obtuvimos de ellos, es decir, sobre cómo fuimos o no capaces de potenciarles, enriquecerles, enseñarles a ser felices, buenas personas y encaminarles a la libertad tras las pisadas de Cristo. Y hacerlo con Amor, con ternura. ¡Cómo me gusta que el Papa haya hecho en varias ocasiones énfasis en la ternura del hombre! Ternura sin tapujos, porque el hombre es también capaz de ser tierno; es tierno, necesita serlo.

Hasta ahí como hombre. Como “hijo” quiero expresar sencilla y humildemente mi opinión. Y, aunque me cueste un berrinche, lo haré en primer lugar como reconocimiento al “padre” que lleva tres años, un mes y siete días acompañándome a mí y a mi pequeña familia. Porque es así, como hijo, como yo me he venido sintiendo, y exactamente con la misma intensidad y consideraciones que en el párrafo anterior me he expresado como padre. Y cuando es el “hijo espiritual” quien así se siente no lo es por mérito propio, sino porque es el Señor quien le regaló un “padre”; porque con el acompañamiento de ese padre encontró un camino de Luz, libertad de actuación y conciencia, y las marcas firmes y profundas de las huellas de Cristo. Porque el Espíritu nos hace los mejores regalos. Un auténtico cauce de Agua de Vida.

Mi homenaje no va solamente hacia él, alcanza a todos los “padres” Redentoristas que conozco y que he conocido a lo largo de mi vida, en primera persona o no, porque tengo vivo en la memoria cómo el P. Vicente Elejalde era realmente “padre” para mi abuelo Eduardo Casanueva. Podría nombrar a Pedro, Víctor, Olegario, Nicanor, Octavio, Benigno, Leopoldo…. En fin, TODOS los que conozco lo son, y lo son de todos, por mucho que los tengan concretos a través de un determinado acompañamiento.

Homenaje también a los “padres” Escolapios, que tales eran para mi abuelo Enrique Pérez-Llantada; homenaje a algunos Carmelitas, que fueron “padres” de mi abuela Emilia Martínez del Castillo. Sí, la vida religiosa en mi familia siempre ha estado ligada a la Vida Consagrada. Y respecto a mis abuelos los escribo con nombre y apellido, porque siempre hicieron gala, dieron la cara y en alguna ocasión se jugaron la vida por esos “padres”.

Homenaje a todos los sacerdotes diocesanos que son “padres” para tantísimas personas.

A todos, porque ahí donde hay un hijo espiritual es porque hay un padre que decidió dar la Vida por Cristo a los demás. A todos, porque las nueces podridas que caen del árbol meten mucho más ruido que el suave deslizar de las hojas. A todos mi reconocimiento, porque sí, claro que recibieron una llamada, claro que nadie les obligó, pero no eligieron el camino fácil; eligieron el camino a la Gloria para llevarnos a nosotros hacia ella. Se lo merecen, porque por cada individuo con una actitud reprobable hay cientos que son Cristos reales caminando entre nosotros.

Homenaje a todos los sacerdotes “padres”, porque llamarles “padres”, lejos de ser una nomenclatura del nacional catolicismo, o de unas épocas pasadas, es expresión viva de una realidad gozosa. Porque ahí donde una oveja llama “padre” a su pastor, hay un auténtico sacerdote. Y está claro que el Papa, es "padre".

De modo, que, padres: ¡GRACIAS!

Frente a unos Misioneros

Llevo unos días realmente intensos; no me refiero a ajetreados ni estresantes, simplemente intensos. Como siempre a los pies de la Cruz, en brazos de María y tratando de estar disponible; nada más.

Para alguien como yo, impulsivo, pasional, no es una novedad. Como no son novedad estos días en sí mismos, porque se repiten año tras año. Sin embargo, me he dado cuenta de que el hombre que se ofrece para lo que se necesite, que se pone a los pies de la Cruz y se dejar arropar por María año tras año, durante la Novena a Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, siendo el mismo, aquel en quien el Señor pensó desde el principio de los tiempos, no es exactamente mismo. Cada año es algo nuevo, y espero que cada año un poquito mejor. La ilusión es renovada de igual forma que la fe y la esperanza. Como mucho son iguales los fallos, y hasta eso me alegra, porque como en una ocasión me dijo el sacerdote que viene acompañándome desde hace tres años, un mes y siete días, en esto de los pecados es mejor no innovar.

La ilusión de aquellos que participan en la preparación, que se ofrecen para que todo tenga ese aire familiar, normal y festivo tan Redentorista es también nueva cada edición. Siempre he considerado a esto como el lado humano, y ayer me dí cuenta de que por ser el lado humano es inmensamente divino. En la sacristía revoloteaba el Espíritu. Un aire fresco a pesar del calorazo. Es una maravilla ver cómo la Comunidad de religiosos implica y atrae a todos, a través de cada uno de los grupos parroquiales, a hacerse presente en los actos litúrgicos, a participar, para que entre todos el Pueblo de Dios vibre por y para María.

Ayer yo me sentí feliz viendo a Pili en el ambón, a Joaquín, a Inma, a Antonio que incluso “entonó”. Feliz viendo las caras del presbiterio, feliz escuchando al P. Arsenio Díez CSsR en su homilía. Son muchos más a los que no nombro, porque la lista sería interminable. Y le sentí interior intimo meo, tal cual, como le sentí superior summo meo. Cada persona es diferente: unos más abiertos que otros; unos se elevan directamente en el hermano y otros a menudo necesitamos mirar a lo Alto para bajar a la tierra; algunos disfrutamos del gregoriano y se nos pone también la carne de gallina con Manuela Hens y el coro de jóvenes, otros con Bach, otros con Matt Maher o a ritmo de rap; hay quienes no pueden pasar sin un rosario y los hay que oran con el canto repetitivo y cadencioso. Igual que unos son altos, o bajos, o morenos, o delgados; y luego estoy yo que me llevo la palma y soy gordo, bajito, miope y con una alopecia que avanza a velocidad de crucero. Los hay que pluralizan con el masculino y el femenino y quienes, como yo, utilizamos el masculino plural como neutro; de modo que… dense tod@s por incluid@s, que la RAE es clarita, y yo, la verdad, lo de los jóvenes y las jóvenas… pues, como que no me va.

Pero… ¿qué más dará todo eso? ¿Qué más dará? Lo importante, lo realmente importante, lo único importante es que ahí estaban todos, sonrientes, disfrutando y ofreciéndose por María y para todos. Los grupos que intervinieron ayer fueron Crecimiento en la fe y los Laicos Redentoristas, y el día estaba dedicado a “María Misionera”. María Misionera… y frente a mí, unos cuantos misioneros, religiosos y laicos. Y yo los miraba feliz, con envidia y con admiración… María Misionera… El Espíritu que revoloteaba por la sacristía se hizo presente. Los miraba y les sentía míos; los miraba y me sentía tan, tan pequeñito.

El P Arsenio se muestra incapaz de dejar indiferente a nadie, incapaz de que las ovejas se adormezcan, incapaz de que hasta las más pequeñas no capten su atención; pues lean bien, y tras el posible susto, verán lo capaz que es. Para muestra, y a modo de anécdota –casi como homenaje a él, que se muestra tan aficionado a ellas- un detallito del domingo pasado. La Eucaristía no era precisamente la de las familias, es decir, la dedicada con mayor atención a los niños. Sin embargo, hubo al menos una niña que aún no ha hecho la Primera Comunión que, caminando de regreso a su casa con su hermana y sus padres, fue comentando la homilía “entera”, ergo Arsenio fue capaz de captar la atención incluso de una niña pequeña; no sólo eso, le llegó al corazón, le abrió los ojos, y le resultó en cierto sentido liberadora. Cierto es que hay niños que tienen una especial sensibilidad, para escuchar, captar e incluso discernir con quién les gustaría hablar de aquello que escuchan, captan y aprenden a meditar, sin saber siquiera que así se llama lo que hacen. Pero es igualmente cierto que el vehículo de la Palabra es fundamental. El caso es que yo, como padre, estaba orgullosísimo.

Hoy, 26 de junio, se impondrán las medallas a los nuevos miembros de la Pontificia Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de San Alfonso, y la ofrenda floral a la Virgen inundará el templo de olor a Amor y Misericordia: este año nos invitan a todos a que, en lugar de flores, llevemos alimentos no perecederos para ser ese socorro de María por sus hijos. ¡Animáos!

martes, 25 de junio de 2013

¿Te parece si en septiembre...?

Hoy he tenido una curiosa conversación a la hora de comer. Bueno, no ha sido ni siquiera una conversación, porque he hecho lo que tantas veces he criticado y tanto me molesta: evadirme (sí, a pesar del Evangelio de hoy, y el tratar a los demás como queremos que nos traten). Es algo que no suelo hacer nunca, porque me gusta mirar a los ojos y prestar toda la atención, pero no lo he podido evitar. Como sólo todos los días, rodeado casi siempre de las mismas caras, y una de ellas me ha preguntado: “¿Te parece si en septiembre…?”, y directamente me he ido.

Continué sonriendo pero, mientras, yo pensaba: ¿y qué sé yo en dónde estaré en septiembre? Hace un mes no sabía que iría a Astorga la primera semana de agosto y, si Dios quiere, allí estaré; hace seis meses no sabía que hoy estaría trabajando donde lo hago; hace ya tres años, un mes y seis días no tenía ni la más remota idea de que mi Vida daría el giro que dio. Así que… ¿qué se yo? Si ni siquiera sé cuándo me llamará el Señor. Que decida Él.

Creo que eso es lo mejor, que sea Él quien decida, porque cuando es uno quien se empeña en hacerlo todo tiene muchas más probabilidades de torcerse. No se fuerzan ni las voluntades, ni los corazones, ni los intereses, ni los planes porque al final todo se quiebra, y voluntades, corazones, intereses, planes no quedarán no ya en el recuerdo, es que no quedarán ni en el olvido.

Como mucho uno puede intuir más o menos cuál es Su voluntad, e imagino que sea mucho más fácil acertar con ayuda que solo. A partir de ahí, pues eso, ir scalando. De momento voy aprovechando la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro para dar gracias por estos tres años, un mes y seis días; para pedir por alguien siempre presente en mi pequeña familia y por mi padre. Con la misma tranquilidad y la misma fe con la que, arrodillado a su lado, recé la recomendación del alma y en ella pedí a Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro y a San Alfonso que salieran a su encuentro para acompañarle ante el Redentor, pido ahora que esté gozando de la contemplación de Dios. Con ese mismo rosario que le ofrecí a besar y sobre cuya cruz exhaló su último aliento, recé el viernes pasado los misterios que me tocaron durante la novena; soy así de raro.

Planes simplemente, como mucho, respecto a mi prole, y entrecomillados. Toya comulgará si Dios quiere el año próximo, pero incluso la fecha y algunas otras cosas son aún un misterio. De modo que, como todo plan, el diario con la confianza en Dios, educando y guiando con María a la prole que nos da, tratando de scalar tras lo pasos de Cristo, de no meter mucho la pata, de ayudar en lo que se pueda, de ofrecer, manos y tiempo; el corazón no, la verdad, porque ese está ya entregado. Hasta el tiempo es suyo, nuestros serán los intereses en cuyo transcurrir pongamos el empeño, a no ser que de los suyos hagamos los nuestros, que es de lo que se trata.

Anteayer creo que escuché a alguien, no recuerdo bien dónde,  que hemos venido al mundo a ser felices. Francamente, así, tal cual, no estoy de acuerdo; muy tierno, muy popular, pero como que no. Hemos venido a ser todo lo felices que podamos, a tratar de que los demás sean todo lo felices que puedan, a intentar acercar el Reino a la tierra, pero la Felicidad con mayúsculas solamente la obtendremos al alcanzar la Gloria como regalo del Redentor, del Resucitado; quizás es por esto por lo que cuando más cercanos a la felicidad estamos es cuando nos damos. Sigo siendo rarísimo, pero sin esto último, todo sería una bonita y extravagante filosofía, pero nada más. Es que creo en la Vida eterna, y en el infierno. Vamos, que un friki sin solución. Encantado de serlo y encantado de serlo mientras voy scalando en Familia.

No me hagáis mucho caso, lo mismo es el calor que, como otras cosas, me ha cogido despistado. En fin, que quizás como único plan sensato y novedoso para septiembre, adelgazar, porque con la tripa que tengo siendo el camino tan angosto y la puerta tan estrecha, no sé yo…

viernes, 21 de junio de 2013

Me importa un bledo

Me encantan las lecturas de hoy, me entusiasman. Unas veces estamos más abiertos que otras a la Palabra, cierto; pues debe ser que yo hoy lo estoy de par en par.

Me encantaría poder hablar como en esta oacasión San Pablo, dirigiéndose a los Corintios, nos habla a todos. Claro que no puedo. Pero lo que sí que reconozco es que soy débil, y lo cuento, y no me importa. Tengo la lumbares destrozadas de tanto levantarme, y me gusta ese dolor. Me gusta porque quiere decir que me levanto. Y no me importa nada mendigar una mano que me ayude a hacerlo; porque sólo, a veces, uno no puede. Y pido que me duelan siempre, que no pare de mendigar, porque eso querrá decir que la luz permanece encendida y yo continuaré scalando en Familia.

He recibido alguna crítica por carecer de pudor en contarlo tal cual, en mostrar eso, a un ser débil (ninguna novedad al respecto, que además soy un libro abierto); se conoce que no está bien visto eso de ser humano, porque ya me contarán qué hombre no es débil, barro frágil. Es curioso, pero así es. Críticas por exponerme y, además de hacerlo, saberme y confesarme débil. Pues…¡qué le vamos a hacer! Comentarios, graciosos cuando menos, por dónde tengo mi tesoro. Incluso por la cruz que cuelga de mi pecho como elección voluntaria, consciente y apasionada. A veces dudo, sí; pero dudo si soy yo quien realmente la ha elegido o me ha venido regalada de lo Alto. Esa es la única duda. Todo se disipa cuando me insinúan que podría llevar otra más encuadrada en prototipos hereditarios que mostraran con claridad al “cristiano viejo” que soy (una pena que quien mira no vea simple y llanamente el todo que tiene delante, aunque eso nos pasa a todos). Las respeto enormemente y de corazón, pero no sé qué blasón mejor podría llevar que el hisopo y la lanza, como no conozco campo de gules más noble que la humanidad redimida con la sangre rojísima de Cristo en la Cruz. No puedo ser más claro, aunque haya quien no vea más que la que podría llevar, que de todo hay. En fin, que me importa un bledo, la verdad. Y si por algo me pudiera importar es porque quizás sea mi vida la que no esté a la altura de esa cruz. Pero ahí vamos, scalando en Familia. Poco a poco. Y cómo me cuesta que sea poco a poco; cómo le cuesta al impulsivo y apasionado la mesura.

Yo tengo mi tesoro desperdigado. Mi tesoro pertenece a mi mujer, y a mis hijas y a mi Familia. Realmente tampoco; ni me pertenece a mí, ni le pertenece a ellas. Pertenece al Padre que nos creó. Por incomprensible que resulte. Con ellas crece, se afianza y se entrega. Un Tesoro compartido, en una Vida compartida, con una Misión compartida. En María cobra su sentido primero y se plenifica; en ella descansa, se nutre también y madura para entregarse. Tiene algo de ubicuo, porque siendo al cien por cien de María, también lo es de tanta gente. Se desperdiga. Por eso, cuando lo hace distanciándose, el corazón se rompe un poco. Y sangra. Pero uno piensa en la lanza, en qué Corazón fue el que traspasó, de Quién fue la Sangre que se derramó y que lo hizo por todos y cada uno de nosotros. ¿Con qué resultado? La Redención. Y es entonces cuando comprendo que ni carcoma ni ladrones, que ni la miopía ni el astigmatismo: la luz no está apagada, el tesoro está a salvo y el corazón late por muy desperdigado que se encuentre.

lunes, 17 de junio de 2013

Las flores a María del Perpetuo Socorro

El día 19 dará comienzo la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Este año predicará el P. Arsenio Díez CSsR. Como en cada Parroquia, como en cada Santuario mariano, los días previos a una fiesta grande como la de la advocación a la que están elevados, son vividos con intensidad por los cofrades y la comunidad parroquial.

La verdad es que, en mi Parroquia, aprovechamos casi cualquier circunstancia para tratar de dar el máximo sentido y la mayor plenitud precisamente a esa palabra: comunidad. O puede que, porque nos vemos y sentimos, sin pensarlo, como comunidad, aprovechamos cualquier circunstancia para manifestarnos como Iglesia, como Familia. Sea lo que sea, lo cierto es que es todo un lujo de Parroquia, sin duda impulsados y alentados por la Comunidad Religiosa que nos acompaña: los Redentoristas. Unos de manera totalmente consciente, otros casi sin saberlo (lo que bien pensado encarna la praxis de la naturaleza real), estamos imbuidos del carisma alfonsiano. Corazones que laten para ser, estar y darse.

Este año, la Pontificia Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de San Alfonso ha tomado una decisión que me parece ejemplar más allá de los símbolos. María es nuestra madre; nos acoge, socorre y acompaña. Más allá de los escuetos fervores populares la devoción al Icono, a la Virgen Madre en esta advocación, es algo que nos empuja y sostiene desde la fe individual y comunitaria. Madre de TODOS. Perpetuo Socorro de TODOS. De quienes lo saben y de quienes no. De quienes creen y de quienes no lo hacen. Los tiempos actuales, la crisis interminable, ha llevado a un aumento sangrante de necesitados. ¿Qué madre no se preocupa por sus hijos? ¿Qué madre no sufre por y con ellos? ¿Qué madre no haría lo indecible por socorrerles? La respuesta es clara. Pues este año la Archicofradía nos ofrece a todos la oportunidad de que las nuestras sean la manos de María, de que nuestra caridad sea el Socorro de María. Se nos invita a que la tradicional ofrenda florar que los fieles acercan a la Virgen, durante los días de la Novena, como homenaje y agradecimiento, se cambie por una ofrenda aún más agradable para ella: alimentos no perecederos.

Este año la flores a María serán paquetes de lentejas, latas de atún, tetrabriks de leche… todo aquello que cada uno pueda aportar. ¿No serán estas unas flores mejores? ¿no habrán de complacerle más a la Madre que podrá así socorrer a algunos de sus hijos?

El 27 sacaremos el ICONO en Solemne Procesión por las calles de Chamberí, para que todo el mundo pueda venerarlo, agradecer y pedir. Impresionan las calles abarrotadas, fieles llegados de cualquier rincón de la Comunidad de Madrid, los balcones engalanados y plagados de gente; ancianos o enfermos que no pueden salir ya de sus hogares y a los que se les regala la contemplación de María. Los voluntarios del SAMUR, como cada año, llevarán a su Patrona.

Este año me emociona especialmente porque, como nunca, podrá ser Socorro para muchos a través de cada uno de nosotros. Socorro para los más necesitados. Pero no olvidemos el nombre completo de esta advocación: Nuestra Señora del PERPETUO Socorro. Ayudémosla a hacerlo PERPETUO. La vocación de cada católico debería ser hacer PERPETUO el Socorro, porque un cristiano que no se da, que no es caridad real, solidaridad sincera, luz de Amor por y para los hermanos, presencia del Amor Sobreabundante de Cristo para los demás sin distinción, lo será sólo de nombre.

Cada cambio individual en este sentido es el inicio de un cambio comunitario, un paso para renovar la faz de la tierra y de la Iglesia. Os animo a que lo hagáis. Os animo a que este año, aunque no hayáis venido nunca, os acerquéis a PS (c/ Manuel Silvela 14) en pleno barrio de Chamberí, para que seáis también vosotros ese Socorro de María.

Desde el 19 de junio, a las 19:15 h comenzará el rezo del Rosario por los Grupos de la Parroquia y a las 20:00 h la Eucaristía con predicación. El jueves 27, tras la Misa, se celebrará la Procesión.

María os espera para cogeros en sus brazos y de la mano; nos espera para que también nosotros arropemos al hermano.

S.S. Pío IX encomendó a los Redentoristas la propagación de su  devoción. Para los que no lo conozcáis, aquí tenéis un link en el que se nos explica la historia del ICONO: http://www.redentoristas.org/redentoristas/perpetuo-socorro

¡¡¡¡¡ANIMÁOS!!!!!

miércoles, 12 de junio de 2013

Encuentro SOLIDARIO en PS

Los Laicos Redentoristas del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid organizamos un ENCUENTRO SOLIDARIO el próximo sábado día 15 de junio. Tendrá lugar en PS (Calle Manuel Silvela 14 de Madrid) desde las 17:30h. Todo lo que se recaude será para financiar el Programa Casabierta, un servicio de atención integral para mujeres que ejercen la prostitución y que es gestionado por las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. Teatro, concierto, rifa solidaria, monólogos, cena solidaria… podéis ver el programa en el siguiente link: http://www.perpetuosocorro.org/madrid/#encuentrosolidario13.

Es una oportunidad abierta a todos para ser solidarios, ahora que el Papa tanto nos anima a “perder el miedo” a esta palabra. Ser solidarios, salir de nosotros mismos, acercarnos a la periferia de una realidad que azota al mundo. Y, además, disfrutar y pasarlo bomba. En familia, porque habrá actuaciones atrayentes para niños y mayores.  Abierta a todos aunque el aforo sea limitado.

Si pudiéramos medir en dinero la ilusión, el esfuerzo y la entrega de quienes están directamente implicados en la preparación, daría para cubrir unos cuantos proyectos más.

Sé que tenemos cada uno nuestra vida, que los fines de semana parecen planificados al milímetro, haciendo del ocio casi una obligación, pero yo me pregunto ¿qué pesan más, mis propias comodidades o la NECESIDAD de los marginados? Es más, en este caso se trata de variar una opción de ocio por otra eligiendo a los más necesitados. TODA UNA OPORTUNIDAD para nosotros mismos.

Yo no me lo pienso perder, y me gustaría ver por PS a muchas caras conocidas que incluso no son feligreses de mi parroquia, porque la solidaridad, como las necesidades, es universal.

Será un fin de semana verdaderamente intenso: Festival de mi hija pequeña y verbena de su colegio, examen y ENCUENTRO SOLIDARIO. ¿Alguien da más?

Ese mismo día estamos invitados, toda la familia, al II Concurso Internacional de Enganches de Tradición, y agradecidísimos por la invitación. Una jornada completa de algo espectacular: caballos, campo, naturaleza. Pero mi opción es por ellas… Es la mía y no tiene por qué ser la tuya, pero lo puedes compatibilizar con tus planes, porque te ofrecemos un número de cuenta para que, con tu aportación económica, contribuyas a generar un mundo mejor, a renovar la faz de la tierra.

A ver, recordadme ¿quién ha dicho hace no mucho que la Iglesia es la familia de Jesús…? Pues este sábado 15 yo pasaré una espléndida tarde en Familia. ¿Y tú?

domingo, 9 de junio de 2013

Para que vueles

Tengo colgado en el cuarto de estar de mi casa una copia manuscrita de “La cometa” (http://www.poemaspoetas.com/gerardo-diego/la-cometa) un soneto que Gerardo Diego dedicara a mi abuelo Eduardo. Lo escribió en Sentaraille, el pueblecito de Francia de donde era natural Germaine, su mujer. Aunque pasaran años sin verse, Gerardo y mi abuelo fueron amigos hasta el final de sus días. Ninguno de los dos soltó la cometa de su amistad fueran cuales fueran sus circunstancias o sus lugares de residencia. Algo realmente encomiable en una época en la que el mundo no era una aldea global y las comunicaciones se limitaban a plasmar con tinta en un papel aquello que encierra el corazón. No existían más redes sociales que el afecto profundo, sincero y cultivado con el tesón de la confianza y la perseverancia.

No sé qué es lo que me ha impulsado a descolgarlo y releerlo. Pero lo he hecho, y me ha llevado a reflexionar sobre lo raro que soy. Continúo aferrado a unas cuantas cometas, sin soltarlas; aunque vuelen tan alto y tan lejos que no pueda verlas, permanezco unido a ellas por propia voluntad. Lo hago no para tirar y acercarlas, que sería tanto como tratar de ahogar la libertad de su vuelo; no quiero soltarlas para notar en mi mano cuándo les lleguen vientos azarosos. Así podrán sentir mi pulso firme asiendo con seguridad lo que para ellas sea un camino de recuerdo y de presencia; no las suelto para que cuando lo necesiten puedan encontrar el camino a un hogar. Ni siquiera suelto a aquellas empeñadas con rotundidad en cortar el sedal.

El paisaje está plagado de árboles frondosos, vistosos, también marchitos. Los hay con flores, con frutas, horadados por algún Pito Real o con avisperos, y cambian de color según las estaciones. La cometa de mi alma a veces se ha enredado en las ramas de alguno de ellos, pero siempre he sentido el sedal que la unía al Señor, su pulso firme, la mano de alguien que la ha puesto de nuevo en la trayectoria del soplo del Espíritu. En la mano de cada uno de ellos estaba el Señor diciéndome: “Yo te salvo esta vez, como la última vez”.

Por eso no la suelto: para que vuelen. Tengo más de un defecto, muchos más, incluso éste  puede que sea otro, pero, aunque en ocasiones me entren ganas, yo no suelto el sedal de mis cometas. Y no pido perdón por ello.

viernes, 7 de junio de 2013

El Corazón de Jesús

Recuerdo que de pequeño, y de jovencito y de un poco más mayor tenía en un lugar de mi habitación, colocadas con chinchetas, una estampa del Sagrado Corazón, una de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (regalo del P Colinas en mi Primera Comunión) y otra de San Alfonso (regalo del hermano Esteban), a las que uní como con catorce años una de Jesús Resucitado y sonriente extendiendo una mano. Aún quedan las marcas de las chinchetas.

Me gustaría poder conservar el día de mañana el mueble con sus marcas porque es mucho más que eso. Cada marca conserva las marcas y la historia de un chaval cualquiera. Pero queda mucho más: el mismo Enrique tomado de la mano del Redentor; un niño que ya no es rubio, con menos pelo, gordo y barbudo pero que se siente igualmente acurrucado en los brazos de María; un individuo cualquiera que no ve a un Santo en un papel, un hombre que conoció y quedó cautivado por la vía abierta por San Alfonso. Quedo yo, como cada uno de nosotros, latiendo en el corazón de Cristo.

El niño perdió el miedo, se le desató la lengua; al niño que de niño no usaba gafas, de hombre se le abrieron los ojos. Un día cualquiera hubo una alegría en el cielo.

Ese chiquillo podría quedarse, como entonces, simplemente adorando embobado al Corazón de Jesús, contándole sus cuitas y descansando silencioso en María. Pero hoy es un hombre, y lleva el corazón lleno de gente y sus historias; sufre con ellos, se alegra con ellos. Un hombre que cae y se levanta, feliz, con dudas y con certezas. Un hombre que se encontró con ese Redentor que le tendía la mano y la agarró sin querer soltarla jamás. Y cuando te encuentras con Él simplemente no te puedes callar; no es algo pensado, es que sale del propio corazón contarlo y compartirlo. Sale de una manera espontánea que sea la propia mano la que se ofrezca como si fuera la del Resucitado. Ni se quiere ni se puede evitar. Ofrecer lo poquito que impulse nuestro corazón para que otros sientan el Corazón de Jesús.

El “problema” es que todo se ve diferente. Un grandioso “problema”. Hoy me gustaría que todo el mundo supiera de la sobreabundante Redención; que todo el mundo viera, como yo, Su Corazón en un pedacito de pan; que lo vieran latiendo en el pecho de todos esos sacerdotes, otros Cristos, que nos lo hacen físicamente real en la Eucaristía; que lo vieran latiendo en cada parado, en cada niño desnutrido, maltratado; que lo vieran en los trabajadores oprimidos y en los empresarios que se esfuerzan por crear justamente riqueza y empleo; que lo vieran en el diminuto corazoncito que late en una incubadora cualquiera; que lo vieran en el corazón de cada criatura que no llega a nacer, y en el de cada anciano en soledad; que lo vieran latiendo en cárceles, prostíbulos, parquets, colegios, arrabales y lujosas avenidas; que lo vieran, que lo vieran de verdad latiendo en el corazón de tantos indigentes y en el de tantos voluntarios que los socorren; que cada marido lo viera latiendo en el de su mujer, cada mujer en el de su marido, cada padre en el corazón de cada uno de sus hijos.

Esta tarde, en misa, en mi parroquia, me abrazaré físicamente al Corazón de Jesús al comulgar. Pero creo que el mejor acto de amor que le puedo ofrecer es tratar de mostrar precisamente eso, su Amor, y hacerlo día a día. Yo seguí el cayado de un pastor y me encontré con un rebaño numerosísimo y feliz, y con muchos pastores más.

Animaos. Cada oveja encuentra su rebaño y su pastor. Cuando uno se desperdiga o sale el pastor a su encuentro o alguna de las ovejas ayuda a recobrar el sendero. Y todos, pastores y ovejas latimos en el Corazón de Jesús.

martes, 4 de junio de 2013

Pero... ¿qué es de Dios?

“A Dios, lo que es de Dios” (Marcos 12, 17) ¿Y qué es de Dios?

¿No lo es acaso todo? ¿No lo soy yo? ¿Qué darle entonces? ¿A mí mismo?

Pues no hay más de uno mismo que la propia voluntad, y siendo nosotros suyos, suya ha de ser. “Tratemos no sólo de conformarnos en todo a su santa voluntad, sino de unificarnos con ella de suerte que de dos voluntades no vengamos a formar sino una sola” (San Alfonso Mª de Ligorio). Entrega de la voluntad no como conformismo, más bien como asunción plena de su Amor. Recuerdo haber escuchado una entrevista al P Chinchamoma (sacerdote Escolapio en proceso de beatificación) en la que afirmaba “yo me moriré cuando a mí me dé la gana”, como expresión máxima de que la voluntad del Padre era la suya propia. Y si le entregamos, pero de verdad, con pleno y sincero convencimiento, como expresión de un encuentro personal con Cristo, nuestra voluntad asimilada a su Amor, hecha una con la suya ¿no será eso el inicio de una revolucionaria explosión de cambio de la faz de la tierra?

¿No estamos hechos a su imagen? Pues si así es démosle nuestro cuerpo. Entero, con todo lo que implica. Nuestros ojos para acercar su mirada misericordiosa a la Tierra; nuestros oídos para escuchar al hermano; nuestra boca para proclamar la Buena Noticia de la Redención Sobreabundante; nuestras manos para ofrecerlas y multiplicar panes y peces compartiendo; nuestros labios para mostrar la esperanza con una sonrisa; nuestros pies para andar tras los Suyos. Nuestro cuerpo para entregárselo a Él como acto sublimado del amor humano en el matrimonio o para conservarlo para Él como realidad sublimada del amor divino de los consagrados. Cuidémoslo.

¿No es suyo el tiempo? Pues a Él habremos de ofrecérselo ocupándonos en amar y de ahí procurar el bien. No una bondad meliflua, dulzona y vacía, sino una bondad liberadora y generadora de Vida a nuestro alrededor. Ocupar el tiempo procurando la Justicia, desencadenando actitudes nuevas que rompan estructuras, moldes, hábitos, usos que impidan acercar su Reino a la tierra.

¿No es suya la naturaleza y todo lo creado? Pues hagamos todo lo que esté en esas manos que le damos y en Su tiempo, que es el nuestro, el que cada uno vive en su momento, para conservarla de una manera racional. Conjugando progreso, ciencia y técnica con su defensa, y poniéndolo todo al servicio del hombre que señorea la tierra, que no será otra cosa que ponerlo al servicio del Creador.

¿No es suya la vida? Pues defendámosla desde su inicio, conservémosla dándosela a Él en los demás; en nuestra mujer, hijos, comunidad, hermanos. La nuestra y la de cualquiera, sin ocuparnos de ver ni colores, credos, sexo o procedencia, viendo solamente al propio Cristo en quien tengamos delante. Defenderla, conservarla, cuidarla es hacer todo lo que humanamente podamos para recobrar dignidades perdidas, devolver esperanzas marchitadas, liberar a los oprimidos y cautivos de sí mismos y sus circunstancias existenciales, devolver la vista a la gente con la mirada infinita hacia la eternidad. Disfrutémosla.

¿No es suya la Iglesia? Pues hagamos todo lo anterior en su seno, en donde todos cabemos.

¿Cómo hacer eso? Creo que empezando por la voluntad. “Toda nuestra perfección consiste en el amor de nuestro Dios infinitamente amable; y toda la perfección del amor divino consiste a su vez en la unión de nuestra voluntad con la suya” (San Alfonso Mª de Ligorio). Amor de nuestro Dios, amor divino… Todo se resume en el Amor, en su Amor.


¿Cómo hacer eso en el mundo? Caminando, cayendo, levantándonos, aceptando manos, mirando a los ojos, perdonando, amando… scalando en Familia. En gerundio.

domingo, 2 de junio de 2013

La familia de Jesús


“¿Y qué haremos en la presencia de Dios sacramentado? Amarle, alabarle, agradecerle y pedirle” (San Alfonso Mª de Ligorio). En esas estaba yo esta mañana, en el Oratorio montado en PS para adorar el Cuerpo de Cristo, cuando me llegaba la noticia de que un cuerpecito pequeñito, una niñita se adelantaba bastantes semanas para venir felizmente a este mundo.

Amándole, alabándole… y agradeciéndole desde lo más gordo a las cosas más nimias, como el medio abrazo de costadillo y como sin querer de un amigo a quien le tengo un tanto enfurruscado últimamente. Y con la noticia la oportunidad perfecta para pedir: una bebé. Esa niñita, nueva parroquiana nacida hoy. Estaba ante algo tan humilde como un trozo de Pan y tan inabarcable como Dios; ante el Cuerpo de Cristo que decidió quedarse para todos, de un Dios que nos ofreció a todos la Redención. Algo tan desbordante como el Amor de Dios. Es difícil recibir una noticia tan buena en un momento tan perfecto. Y con un simple y breve “Jesús, ya viene; cuídala a ella y a sus padres y a su hermano”, finalicé esa primera hora ante el Santísimo, que en mi Parroquia ha estado expuesto de 9 de la mañana a 10 de la noche.

Por la tarde fuimos los cuatro a la Hora Santa. Ha sido extraordinariamente normal verme con mis hijas y mi mujer, con mi familia en familia ante el Señor. ¿Qué podía hacer sino darle gracias por eso? ¿Qué podía hacer sino pedir por los sacerdotes que nos acercan Su Cuerpo? Todo de una sensacional familiaridad. Estábamos en casa, San Alfonso nos habla del “Trato familiar con Dios” y el Papa acaba de remarcar que la Iglesia es la familia de Jesús. No podía ser todo más que eso, familiar.

Me quedo de hoy con un Cristo acompañado permanentemente en mi Parroquia, con mis hijas acompañando Su entrada en la Capilla, con una Hora Santa abarrotada de gente, con un Papa que, como el día de su elección, ha puesto a todo el mundo a rezar a la misma hora al mismo tiempo. No sólo a rezar, a adorar el Cuerpo de Cristo. Pensémoslo bien, el Papa nos ha puesto a todos en todo el mundo a hacer una manifestación pública del fundamento de nuestra fe, como señalando a todos: ese es Cristo, nuestro Dios, Hijo de Dios en quien creemos, no otra cosa.

Y hoy llegó llorando el cuerpecito de un alma, el milagro de la Vida hecho carne, que han bautizado con el nombre de Elvira. ¡Bienvenida!

sábado, 1 de junio de 2013

Familia

No me puedo resistir. Hemos disfrutado de una noche extraordinaria y en familia. Los hermanos nos los manda Dios y los amigos los elegimos. Eso es una realidad. Ocurre, sin embargo, que aquello que llamamos familia es mucho más extenso que la meramente biológica. Eso es otra realidad.

Yo tengo mi familia (la biológica) a la que adoro, tanto aquella de la que procedo como la que, junto a María (y de ella la "política" igualmente), el Señor me concedió haciéndonos custodios de la vida de nuestras hijas; otra familia que me encontré y en la que los cuatro vamos scalando y un puñado de hermanos caídos del cielo.

Éstos últimos, que normalmente llamaríamos algo así como íntimos amigos, son mucho más que amigos: hermanos. No lo afirmo producto de una visión adolescente de un período esporádico de mi existencia, no. Es otra realidad corroborada por la Vida. Uno me acompaña desde mi primerísima infancia, otra desde mi preadolescencia, uno es cura y otro está a mi lado desde el 4 de noviembre de 1994. En casa de éste último hemos estado cenando esta noche. Es algo que va más allá de la pura amistad, y las circunstancias de la Vida les han hecho a todos ellos convertirse en apoyos (en toda la integridad de la palabra) fundamentales. Ellos han sido (son), no solamente para mí como individuo, para nosotros cuatro, lo que se puede considerar en muchísimos aspectos una imagen viva de Cristo en la tierra. Son cuatro personas que contribuyen tangiblemente, de tú a tú, de manera individual, a acercar el Reino a este mundo. Porque es de tú a tú, como cada uno, de manera individual, contribuye a cambiar la faz de la tierra.

No es simplemente que les quiera como expresión de un sentimiento más o menos intenso. Es que en ellos el Amor de Dios se hace patente. Porque el Amor no es tan sólo un sentimiento, es también un acto de la voluntad que requiere tesón y esfuerzo. Y sólo el Señor sabe que no siempre se lo he puesto fácil; que no siempre se lo pongo fácil a ninguno de ellos. En un mundo en el que parece primar lo volátil, fácil y superfluo, sobresale Su presencia en los hermanos. En un mundo en el que parece primar el interés, sobresale la donación casi cotidiana.

Hoy, justo en el día (“casualidades” de la vida) en el que el hemos tenido conocimiento de que una de las biológicas, la mayor, ha decidido manifestar mediante escritura pública lo que desde hace más de una década venía haciendo con su hueco, renunciar a su familia, el Señor ha querido regalarme esta magnífica noche en casa de otro caído de lo Alto hace casi veinte años.

No puedo no querer a ninguno de ellos. Es algo tan natural como el respirar. Aunque no nos veamos tan a menudo como quisiéramos.

No puedo dejar de darle gracias a Dios. Darle gracias por ellos es una necesidad tan natural como natural es quererles, amarles. Tal y como son, aunque a veces quisiera estrangularles. Como ellos a mí.

Como no puedo dejar de querer a mi hermana. Hoy me acostaré pidiendo por ella, con el mismo amor con el que le pido a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro por mi madre, porque sólo Ella entenderá el no entender y el dolor de una madre recientemente viuda y ya entrada en años.

Se puede tratar de ser fuerte, se puede intentar permanecer sereno, pero a mí ahora, con la casa en silencio y mis tres niñas dormidas, lo cierto es que las lágrimas casi me impiden ver con claridad la pantalla del ordenador.

Le pido a Dios que, al menos en su último instante, le conceda la Luz suficiente. Porque para ella, como para todos, es la Redención Sobreabundante. Un regalo que está en nuestra mano aceptar o rechazar. Se lo pido tanto como le doy las gracias por esos cuatro que me regaló. Gracias a Él y a ellos.


Aunque no os nombre, a los cuatro os llegará hoy, en estas palabras mi cariño y mi agradecimiento.