Scala News

lunes, 21 de noviembre de 2011

El corazón no es una escalera

Es curioso comprobar cómo cualquier cosa nos puede servir para reflexionar y aprender sobre nosotros mismos. Acabo de tener una conversación adorable con Ana (y eso es casi como decir que he hablado conmigo mismo), una de mis más antiguas amigas y resulta que cree que el corazón es una especie de escalera. Pues no, Ana, no lo es. Cuando alguien entra de verdad en el corazón de una persona lo hace para invadirlo íntegramente. No hay peldaños para ir escalando; permanecer ahí es un estado, no una competición. La persona que se adentra en el alma de otra la impregna completamente, sin ocupar posiciones. Y ahí cabe tanta, tanta gente.
Y tú sabes que lo hiciste hace ya muchos, muchísimos años. Recuerdo perfectamente un día del mes de julio de 1973 en que nos conocimos. Llegamos juntos Juan, Javier y yo, y ahí estabais todas las niñas rodeando a Mamen. Me pasé la tarde rojo de vergüenza. Aunque ambos sabemos que todo empezó años después en un “Navío” siendo solamente unos preadolescentes. Y aquella noche ya tomaste tu piolet para engancharte definitivamente.
No puedo ni siquiera enumerar aquí los recuerdos, porque esto no sería una simple entrada de un blog cualquiera, se convertiría en un libro; ya sabes que soy capaz de repetir casi textualmente hasta conversaciones en el Mouro, incluso cuando siendo unos niños yo os “confesaba” a Magdalena y a ti. Y los recuerdos en este caso son una marea potente que se extiende a otros: la familia que tú y Curro habéis formado, tus hermanas, tu padre y la presente y queridísima Tille. Desde en Pedreña, hasta vuestro banco lateral en el lado del Evangelio en la misa de 12,30 los domingos en los Redentoristas de Santander. Que no Anuca, que no es una carrera. No se puede hablar de una carrera o una competición cuando a la meta se llega antes de abandonar el punto de salida. Y cuando esto ocurre, el cariño simplemente lo invade todo, se convierte en un Todo, porque se eleva en un tímido reflejo del amor de Dios, el Amor absoluto.
Tú sabes bien donde estás; y ahí permanecerás incluso si el Señor me regala una larga vida y llega el momento en que vaya perdiendo mis recuerdos. Porque entonces volvemos a la niñez.
La charla telefónica que acabamos de tener (casi como aquellas de walkie talkies Esclavas-Escolapios) me ha hecho reflexionar, y rendirme consciente ante la evidencia de que también yo, en ocasiones concretas, pretendo escalar esa misma escalera. Pero eso es un ejercicio equivocado. Muchas veces me apropio de un pseudoderecho a ocupar un lugar que ni siquiera me corresponde; es más, que alguien entre abiertamente en mi corazón no implica que yo lo haga en el suyo. Y eso ni siquiera ha de importarme. Porque el amor no es un dou dest, el amor cuando lo es de verdad no puede sino serlo gratuito, es una donación de uno mismo.
Y para terminar te confesaré Anuca, que me emociona ver que tantos años después, ahora con María y las niñas, en otra ciudad, permanezco en los Redentoristas y no sólo en la misa de los domingos. Puede que no esté bien decirlo, pero me llena de un orgullo infinito.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Youtopía

Esta tarde he tenido la oportunidad de visitar el negocio de una persona extraordinaria y singular; y aconsejo a todos que saquen un hueco para hacer lo mismo, porque les merecerá la pena. Su negocio es Youtopía, una Almoneda dedicada a las artes decorativas, mobiliario y todo tipo de actividades culturales. Iraida Domecq es extraordinaria y singular por varios motivos: ser una trabajadora inagotable, con un tesón fuera de lo común, una inteligencia privilegiada y una imaginación desbordante. A ello se une un fondo inacabable, es decir, que además es una buena, una buenísima persona. Y lo cierto es que ese pequeño manojo de cualidades es muy difícil de encontrar juntos y bien distribuidos a la vez.
Si a eso le unimos que en su local reúne unas piezas tan extraordinarias y singulares como ella, resulta natural que estuviera abarrotado de gente. Con la que está cayendo yo simplemente me acerqué para hacerle un rato de compañía. Pero me encontré con la sorpresa de que no cabía un alfiler. A pesar de todo, nos dedicamos un rato de conversación; y hablar con Iraida ayuda a abandonar por un tiempo la mediocridad imperante. Me presentó a alguna otra persona bastante más que interesante, una escritora de la que en apenas veinte minutos aprendí como si estuviera en una clase magistral. Desde literatura, política, religión….. en fin, una delicia.
Estos días, del 17 al 19 de noviembre, reúne en su local a catorce tiendas, organizando lo que desde hace ya varios años se conoce como el “Mercadillo del Garage”, en la calle Galileo casi con Luchana, en pleno barrio de Chamberí. Y a pesar del bullicio, poner el pie en el garaje es empezar a impregnarte de cultura, arte y buen gusto. De allí, además de poder salir con un regalo para uno mismo o para otros, se sale enriquecido. Yo me fui encantado de su éxito, y con el convencimiento de que éste es de los emprendedores con valor e imaginativos como Iraida. Mientras queden personas así, tendremos la esperanza de salir adelante. Pequeños empresarios que con su tesón y esfuerzo contribuyen a generar empleo –aunque sea de uno en uno- y a sacar a un país adelante.
Y ya que en nuestra charla se interesó por mis queridos Redentoristas, de regreso a casa pasé por Manuel Silvela y entré en el Santuario del Perpetuo Socorro con dos intenciones: pedir que no le falten las fuerzas ni las ideas para que durante muchos años más podamos continuar disfrutando de lo que es un espacio único en Madrid, y dar gracias por los frutos de sus talentos que contribuyen al empuje de otros.
¡Enhorabuena Iraida!

lunes, 14 de noviembre de 2011

Miguel Castro, Sacerdote Redentorista

Ayer domingo tome sólo el metro en Alonso Martínez camino de Aluche, iba a la Parroquia de San Gerardo a una celebración sensacional: una ordenación sacerdotal. Un nuevo sacerdote para la Iglesia es siempre un motivo de alegría. En este caso, además, se trataba de la ordenación como presbítero de un religioso y misionero Redentorista, Miguel Castro. Arropado por su familia, sus hermanos de Congregación, la comunidad de San Gerardo y personas llegadas también de diferentes parroquias Redentoristas.
La felicidad que desprendía Miguel parecía reflejarse en los rostros de todos aquellos que le acompañaban. El Cardenal Cañizares, de cuyas manos recibió la Ordenación, estuvo realmente inspirado.
En el presbiterio se manifestaba la expresión viva de la fortaleza de la Iglesia y de la Congregación del Santísimo Redentor: Monseñor Cañizares, multitud de sacerdotes Redentoristas además del Padre Provincial, y unos cuantos jóvenes religiosos que se preparan para, en su día, entrar en el Orden Sacerdotal en el seno de la Congregación fundada por San Alfonso María de Ligorio. Unos jóvenes generosos y entregados al anuncio de la Buena Nueva a los más abandonados: Pablo, Antonio, Carlos, Damián y Víctor. No se trata de una frase hecha ni de algo que se presume, conozco a alguno de ellos, con alguno de ellos he tenido la oportunidad de vivir durante la pasada JMJ alguna experiencia de fe realmente inolvidable llevándome a quererle, y a comprobar de manera individual lo que vivo de manera colectiva. No pude durante la ceremonia dejar de recordarlo, porque tres de esos jóvenes hicieron su profesión religiosa en esa misma parroquia durante la Alfonsiana aquella misma semana, porque esa parroquia nos dio cobijo y cena a los peregrinos que no pudimos entrar en Cuatro Vientos la noche de la vigilia. Resumiendo, aunque no es mi Parroquia, yo estaba en casa, en familia.
La cercanía, la simpatía, la felicidad de Miguel eran un ejemplo andante de lo que irradian los miembros de esta Congregación a diario. Que sus primeras palabras micrófono en mano fueran por algún desmayado durante la ceremonia creo que hablan por sí mismas. Daba la sensación de que no cabía dentro de sí; de hecho, contagiaba.
Imagino el orgullo y la satisfacción de sus padres, de su hermana, como eran expresivos en el propio Padre Provincial y en su familia Redentorista.
Estar allí, compartiendo el gozo de la Iglesia por un joven sacerdote decidido a desgastarse por los más necesitados de auxilios, mostrándose como un cura cercano al pueblo, a la gente, ha sido todo un privilegio.
¡Gracias Miguel!

lunes, 7 de noviembre de 2011

Congregación del Santísimo Redentor, 279 años

Nueve de noviembre de 1732, Scala (Reino de Nápoles): Alfonso Mª de Ligorio funda la Congregación del Santísimo Redentor, más conocidos como Redentoristas. 

Han transcurrido 279 años en los que la Congregación de este gigante, canonizado el 26 de mayo de 1839, ha dado a la Iglesia varios santos además de su Fundador (San Gerardo Mª Maiela, San Clemente Mª Hofbauer, San Juan Nepomuceno Neumann), unos cuantos beatos (Genaro Mª Sarnelli, Pedro Donders, Francisco Javier Seelos, Gaspar Stanggassinger, Dominik Trcka, Nicolás Charnetskyj, Basilio Velychkosky, Iván Zyatyk, Zenón Kovalyk),  y figuras nacionales como las de los Mártires de Cuenca, Madrid y Valencia, o el siervo de Dios Francisco Barrecheguren. Pero más allá de los efectos sonoros y ejemplarizantes reconocidos oficialmente por la Iglesia a los Redentoristas, la presencia de estos sacerdotes y religiosos por los cinco continentes, llevando a diario y de manera incansable la Buena Noticia a los “más necesitados de auxilios”, nos presenta muestras vivas de la grandeza, generosidad y buen hacer de unos misioneros que van sembrando el mundo de santos anónimos. Sus vidas son en sí mismas el acta notarial palpable y constante de la pervivencia del espíritu de su fundador en ellos.

Son 279 años caminando por cuatro siglos de la historia del hombre, lo que implica encarar muy distintas situaciones sociopolíticas y en diferentes zonas geográficas. Llevando la Palabra a todos aquellos rincones en los que se hacen presentes, mostrando la grandeza del Redentor, del Hombre más impresionante de la historia,  por ser Dios, Hijo de Dios, muerto y resucitado.

El paso de los tiempos ha hecho que necesariamente se hayan ido adaptando a los diferentes cambios, sin renunciar a su esencia, a su carisma, y con el mensaje invariable del Evangelio en su boca y en sus actos. No ha sido una adaptación tal cual, para acomodarse a las demandas sociales; en absoluto. Y ello les ha llevado en un buen número de casos al martirio, y les sigue llevando hoy a la defensa extrema de los más necesitados, siendo unos misioneros de avanzada vital y teológica (Lc4, 18-19). Fieles a la Palabra, fieles a la Iglesia y fieles al hombre. Haciendo saber a todos dónde se encuentra la abundante redención: Copiosa Apud Eum Redemptio.

Sin duda San Alfonso, aclamado Doctor de la Iglesia en 1871 y proclamado Patrono de todos los confesores y moralistas en 1950, habría de sentirse orgulloso de sus hijos presentes en 76 países. De los que son y de los que han sido hasta ahora, como una cadena continua e irrompible de transmisión de la Palabra en un mismo Carisma. Lo haría si el orgullo no fuera una tímida sombra del amor propio, porque él nos muestra cómo el amor propio echa a perder la mayor parte del fruto de las buenas acciones.

Misioneros no sólo de vidas de frontera dignas de un telediario, misioneros de la calle, del día a día (yo tengo en el corazón y en la cabeza unos cuantos rostros y nombres de esos grandes hombres). S.S. Benedicto XVI, en la audiencia general del 30 de marzo de 2011, señalaba a San Alfonso como maestro de vida espiritual sobre todo para la gente humilde, resaltando su modo de actuar basado en una bondad suave; asimismo nos recordaba cómo la espiritualidad alfonsiana es eminentemente cristológica, centrada en Cristo y su Evangelio. En dicha audiencia el Santo Padre ponía especial énfasis en la actualidad de las enseñanzas de San Alfonso, y explicitó toda una clara manifestación de reconocimiento a su Congregación.

Estos misioneros forman hoy una Familia integrada por sacerdotes, religiosos y laicos (desde que en 1991 se instituyera esta figura en el XXI Capítulo General). En España la primera fundación se remonta a 1864;  además, gracias a su presencia comenzó a venerarse en nuestro país el Icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, siguiendo el encargo de S.S. Pío IX: “Dadla a conocer a todo el mundo”. Hoy son quince las provincias españolas que tienen la suerte de beneficiarse de la realidad Redentorista, de su espontánea naturalidad, su incansable entrega, su bondad, aunque su misión no sólo se circunscribe a ellas. Allá donde hay un misionero Redentorista nos encontramos con un Evangelio andante; allá donde hay un misionero Redentorista hay una persona que se engancha para siempre en el corazón de otra.

Por eso el 9 de noviembre es para la Iglesia en general, y en particular para todos los que tienen o han tenido contacto con los miembros de ésta Congregación, una fecha de celebración. Y yo la siento de manera personal, íntima y especial, y le doy un enorme GRACIAS a todos ellos; un enorme y explícito GRACIAS de manera concreta a su Santo Fundador y a un entonces recién ordenado sacerdote Redentorista que, sin pretenderlo siquiera, hizo que me enamorara de San Alfonso. De modo que, agradecido y anonadado, voy tratando de tomar verdadera consciencia de mi pequeñez. Y desde mi pequeñez permanezco a su puerta, con mi mujer y mis hijas, porque si el mejor legado que les puedo dejar es la vivencia de la fe, no encuentro mejor expresión de esa fe que la Redentorista.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Sin trabajo

Puñetazo en la boca del estómago y uppercut  en el mentón: sin trabajo. ¿Knocked out? Pues va a ser que no. No pienso dejarme vencer; se pueden perder muchas cosas, se puede perder momentáneamente la confianza en uno mismo, pero la confianza en Dios, esa no la pierdo. Tengo una nueva tarea: buscar trabajo. Y le pido ayuda con confianza absoluta, me pongo en Sus manos con la confianza de un niño pequeño. Pero sobre todo la ayuda que le pido es la fuerza suficiente de cabeza para afrontar lo que se me viene, se nos viene encima con serenidad.
Pienso en mis hijas, en la seguridad absoluta que tienen nuestras niñas en nosotros y con esa misma seguridad pongo mi vida en el Señor. A Él se lo dejo, poniendo todo mi empeño y esfuerzo, obviamente, en que esto se solucione lo antes posible: pero las cosas están como están.
Esta noche, para la oración ante el Santísimo en el Santuario del Perpetuo Socorro ya tengo mi petición personal. En silencio, íntimamente, Él y yo; bueno y claro está, el resto de la comunidad, pero eso es como estar en familia.
Claro que le voy a pedir, pero también le daré gracias por todo lo que me regala cada día, y hoy especialmente le daré gracias por el mejor regalo que pudo hacerme: mis hijas por supuesto, pero por encima de todo mi mujer.

domingo, 30 de octubre de 2011

Unos jóvenes inmensos

Ayer disfruté de una noche estupenda rodeado de buena gente, realmente buena gente. Un grupo de jóvenes universitarios, un amigo de mi grupo de matrimonios y yo. Y todos de PS. Unas copas hasta las tantas, una conversación de lo más enriquecedora y una compañía inmejorable.
Mientras dábamos un intenso repaso al anecdotario personal y la conversación iba fluyendo de manera natural hacia todo tipo de temas, yo, que era el más añejo de la reunión,  pensaba que tenía frente a mí a una magnífica representación del futuro. Del futuro de mi país y de mi Iglesia. Y ahora, mientras escribo esto, me tranquiliza pensar que el futuro para mis hijas no está perdido, porque entre ellas y yo hay una generación magnífica.
Gente sana, divertida, sensata, preparada, solidaria, religiosa, comprometida; un grupo de jóvenes que representa lo mejor del género humano tanto de forma individual como colectiva. Uno de tantos grupos de amigos que no meten ruido, que no salen en la prensa escrita ni son noticia en los telediarios porque son simple y llanamente NORMALES. Constituyen una masa enorme de personas que se desarrollan en medio de una sociedad en descomposición, y habrán de arreglárselas para tratar de enderezar el rumbo moral y económico de una España a la deriva. Chicos y chicas cargados de cordura y valores, generadores de lo que por fuerza será un mundo diferente; está en sus manos. Y de nosotros depende no ponérselo aún más difícil de lo que ya lo tienen; de todos depende que vayan mejorando las cosas para que puedan, cuando les llegue el momento, incorporarse al mercado laboral y aporten con su esfuerzo y su ilusión toda la grandeza que llevan dentro.
Me han dejado una sensación de esperanza y orgullo.
Esperanza porque con ellos no todo está perdido; esperanza porque son el ejemplo vivo de que la juventud no es realmente la que se empeñan en presentarnos con insistencia machacona y dramatismo en la televisión. Al menos hay otra juventud.
Orgullo porque todos ellos pertenecen de una u otra forma a mi propia Comunidad Parroquial, porque los conozco y los considero parte de “mi gente”. Orgullo también porque a su cohesión contribuyen de manera fundamental unos misioneros ejemplares, los Redentoristas; una pequeña muestra más de lo bien que hacen las cosas y de la fuerza, el empuje y vitalidad de mi Iglesia.
Por todo ello, hoy durante la Eucaristía en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, le he dado gracias al Señor.
Chicos, qué grandes sois.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un humilde pastor


Hoy, mi día ha comenzado de una manera extraña. Ni siquiera acierto a definirla. He retomado contacto con un queridísimo amigo a quien no veo desde el día de mi boda, y el lunes hará ocho años que me casé.

Este amigo es una extraordinaria persona, un auténtico pedazo de pan y aunque la vida nos llevara por caminos distintos siempre ha permanecido en mi corazón, porque no dejas de querer a la gente aunque no la veas. Nuestra conversación se inició de una manera espontánea e intensa a la vez, y yo le estaba animando a acercarse a los Redentoristas, cuando de repente me dice que se encuentra en un pueblecito de Castilla y León acompañando a un pastor que se está muriendo en su casa. Me habla de las maravillas de aquel hombre, de buena gente en busca de fe, y me pide ayuda; me pide ayuda y consejo para ese pastor en ese mismo momento, porque no hay tiempo para más. Lo que hablamos queda entre nosotros. A mi me demostró la fe de mi amigo, me demostró una vez más que el Señor vuelve a tocarnos de manera inesperada, y de hecho mi amigo se pasará por mi parroquia en unas semanas donde seguro que encontrará a un Redentorista que le escuche.

Cuando llevábamos cruzadas unas pocas reflexiones y yo creía que podía servirle de algo, me sorprendió con el motivo real de esta toma de contacto. No me dio tiempo ni siquiera a pensar; lo único importante era qué podía decirle, cómo podía transmitirle algo para el consuelo de aquel pastor en el momento más crucial de su vida. Torpemente hice lo que pude, pero con el hilo conductor presente en ese momento de San Alfonso y los pastores de Scala. Todo ha sido muy rápido, y ahí estaba presente en mi cabeza. Y sin dudas, pero con un enorme miedo en el fondo, tratando de ser simple, claro, sencillo; intentando transmitirle fe, intentando transmitirle la esperanza y la seguridad de la Redención. Miedo a no saber, a no acertar con las palabras; pero ni había tiempo para avisar a nadie ni para llamar a nadie. Y por lo que entendí no sólo no tenían tiempo para solicitar la ayuda de un sacerdote; era una mezcla entre querer y no atreverse.

Les pido a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y a San Alfonso Mª de Ligorio que  reciban el alma de ese hombre para presentársela al Redentor. Pido por él, por toda la gente en busca de fe, por todos aquellos que no conocen al Señor, por quienes mueren solos. Y doy gracias a Dios. Gracias por la fe, aunque no paro de pedirle precisamente fe. Gracias a todos aquellos que nos acompañan y ayudan a mantenernos firmes; gracias a todos aquellos con los que puedo compartir mi fe. Gracias por poder vivir mi fe en comunidad.

Y no dejo de preguntarme por qué después de tanto tiempo fue conmigo con quien mi amigo quiso ponerse en contacto para esto. Pero sobre todo no dejo de preguntarme: Señor ¿por qué yo, tan torpe y objetivamente indigno?

lunes, 24 de octubre de 2011

La Liturgia de las Horas


Por fin esta mañana he conseguido sintonizar Radio María en el coche. Me ha costado pero por fin lo conseguí. Desde que madrugo un poquito más para sacar un rato de estudio por la mañana en la oficina, antes de que empiece la jornada laboral, he tenido que abandonar Laudes y ¡cómo lo echo de menos!

Hace ya tiempo que le pedí tímidamente a un sacerdote Redentorista que me viene acompañando que me indicara cómo seguir el rezo de las horas y desde entonces tengo que confesar que me he enganchado. Obviamente, no las intermedias, uno hace lo que puede dentro de la estructura de su vida, y las intermedias no tienen cabida. El caso es que los madrugones me llevaron a abandonar Laudes entre semana; creo que para hacerlo aprisa es mejor no hacerlo. Requiere su tiempo y un cierto climax. Parecerá un contrasentido, pero el atascazo es perfecto. Mejor dicho, lo que es perfecto es poder seguirlo con Radio María por que el convencimiento de que rezas con gran parte de la Iglesia se hace realidad. Sin duda, comienzas el día de otra manera. Y a mí me venía haciendo falta, después de una semana poco acertada, justo la semana –menuda coincidencia- en que no seguí Laudes. En fin, ya ha comenzado otra. Y de las torpezas propias no podemos más que aprender, cuando del error hacemos enseñanza para tratar de no volver a caer en él. Una simple torpeza que, sin intención alguna, puede herir a los demás. No me habría dado cuenta, si mi torpeza no hubiera tocado a alguien querido y cercano y que me muestra que, por querido y cercano, en ocasiones al menos habla con claridad meridiana y confianza lo que quiere decir que uno algo también le importa. Muchas veces no medimos nuestras palabras, no le damos importancia, y ni nos enteramos. El caso es que caer, aparte de las magulladuras, nos da la oportunidad de mejorar. De mejorar y de poder pedir perdón que cuando se ofende o simplemente decepciona, es un ejercicio sanísimo; perdón a la persona afectada. Me quedo con eso. Y ahí vamos, scalando poquito a poco; unas veces parece que te vas a caer al abismo, otras que te quedarás permanentemente colgado, y de repente viene una mano firme que te ayuda a asir con fuerza el piolet.

Laudes o cualquier otra oración, cualquiera que nos ponga de verdad, de corazón en disposición de ofrecer nuestra jornada al Señor es la mejor manera de empezar el día. Ese sacerdote que me acompaña dio hace unos meses una charla sobre la oración que por profunda, clara, explícita, sincera y breve creo que debería ser conocida por todos. He tenido la oportunidad de releerla recientemente y confieso que no deja de asombrarme. Es un lujo poder contar con alguien cercano, tan normal y de semejante calado espiritual; y hacerlo en familia y con mi familia no tiene precio.

El caso es que animo a todo el que quiera acercarse a descubrir la Liturgia de las Horas a que lo haga sin dudarlo. No es algo sólo para conventos o sacerdotes; pertenece a todo el pueblo de Dios, “a todo el cuerpo de la Iglesia”, a todos los fieles, y por lo tanto también a los laicos. No seáis tímidos, animaos e intentadlo.

Yo hoy me quedo con una parte del salmo 41:

“¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro Dios mío.”




lunes, 17 de octubre de 2011

Eucaristía de Envío


16 de octubre de 2011, festividad de San Gerardo Mª Maiela. Una fiesta Redentorista en el día de la Misa de Envío en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. Doble motivo de alegría por lo tanto, para la Comunidad Parroquial y para todos los Redentoristas. Quizás esta última afirmación sea un tanto limitada, porque realmente debería ser una festividad para toda la Iglesia.

Y yo estaba ahí, con mi mujer y mis dos hijas, con más familias de nuestro Grupo de Matrimonios de la Parroquia, con algún co-voluntario de la pasada JMJ, con la Comunidad Parroquial. Nos “saltamos” la eucaristía de las familias para acudir a ésta con toda la intención por mi parte, porque se quiera o no, yo me siento parte integrada de esta Comunidad, y verme rodeado de gente a la que he ido conociendo me hace sentirme cómodo y en familia. No solamente por la feligresía, sino también, y de manera fundamental, por los Redentoristas. Mi empeño personal en permanecer entre ellos con mi familia no es algo ni gratuito ni caprichoso; es casi una necesidad. Hay un hecho diferenciador importantísimo: la Congregación del Santísimo Redentor. No encuentro otra manera de decirlo que siendo simplemente explícito. Estoy rodeado de iglesias estupendas, cada una con su propia comunidad más o menos estructurada; en todas o casi todas existen distintos tipos de grupos parroquiales, y en todas se desarrollan catequesis a todos los niveles. Y eso es una gracia enriquecedora para la Iglesia en general. Pero yo hablo de algo más, vivo algo más y siento algo más y ese algo más se debe simple y llanamente a los “hijos” de San Alfonso Mª de Ligorio, su carisma, el carácter que imprimen a su misión. Creo que no lo puedo decir más claro. Y ese algo más, me lleva a que me sienta en casa sea cual sea la iglesia o parroquia Redentorista en la que me encuentre, que me sienta tocado cada vez que se habla de los Redentoristas o de cualquiera de los miembros de esta Congregación, que me alegre de lo bueno, y me duelan las críticas. Y a mí eso sólo me pasa cuando hablan de mi familia. Raro, raro, raro; lo sé, pero soy así.

El caso es que esa manera de hacer las cosas, esa naturalidad fuera de lo común para llevar el Evangelio a la calle, la vivimos ayer de una manera muy especial. El párroco, mi párroco, el P. Nicanor Brasa Prieto, simplemente se creció. La procesión de entrada, la presentación de los Dones, la implicación de personas de la Comunidad Parroquial durante la celebración, fantástico, pero Nicanor se creció. Se salió. Y que se creciera quiere decir que casi daban ganas de aplaudir. Una celebración solemne, cercana, clara, expresiva; una hora de celebración en la que mis hijas de seis y cuatro años, estuvieron sin moverse y eso es un gran indicativo de que se puede también enganchar a los pequeños sin una sobreactuación. Cuando digo que se salió, quiero decir que sus palabras excedían de sí mismo, que más allá de un discurso acertado fue una Homilía Inspirada, y va toda la intención con las mayúsculas. Incluso la forma, que siempre es una expresión más del fondo, fue pausada, cercana, cómoda y natural. Pudimos escuchar a un párroco más pastor que nunca, claro, integrador, sosegado. Y a medida que le escuchaba, he de confesar que yo me iba hinchando por dentro, por el mensaje y porque me sentía orgulloso de él, de los sacerdotes y el religioso que estaban en el Presbiterio, del coro, de los catequistas, de mi Comunidad. Y también tengo que confesar que, ya que siguiendo la sugerencia del P. Juan Antonio el domingo anterior, había invitado a algunos amigos a acudir con sus familias a esta eucaristía, pensaba “ojalá hayan podido venir”. Era simplemente un sentimiento para compartir con mis amigos el gozo de una sensacional fiesta en mi Comunidad; no con otra intención, que todos ellos están integrados cada uno en su sitio, incluso dando un paso más siguiendo la Regla de Vida como Laico de alguna otra Orden, o como Supernumerario de la Prelatura del Opus Dei. Ya, ya, un poco de “¿veis? Esos son mis chicos”, lo reconozco.

Y yo respondí con plena consciencia a todas y cada una de las preguntas de la Celebración del Envío, y saboreé cada una de las palabras de la Oración.

Acogida e integración. Creo que lo resumiría con esas dos palabras. Y la forma reflejaba esa “bondad suave” que comentó este año S.S. Benedicto XVI refiriéndose al modo de actuar de San Alfonso.

Ayer mi párroco se salió, y me hizo sentirme feliz de poder poner mi corazón y mis manos al servicio de la Comunidad Redentorista.

Gracias Nicanor.

martes, 11 de octubre de 2011

Estudiar a los 45


Estudiar a los 45, trabajando y siendo esposo y padre de familia requiere un esfuerzo extra.

Aunque me he pasado una gran parte de mi vida estudiando y participando en todo tipo de cursos y seminarios: Derecho, Comercio Exterior, Gestión Comercial, Relaciones Internacionales, las oposiciones…… y aunque sea un lector empedernido (fundamentalmente poesía, biografías, ensayos de Historia y desde hace ya algún tiempo -gracias a la influencia de un libra impredecible- temas de mayor enjundia y transcendencia) se notan tanto el paso de los años como el cambio de los tiempos. Supone un motivo más para ubicarte en tu propia realidad, y por muy joven que te sientas, o por muy joven que sea tu mentalidad los años pasan, y hay que realizar un trabajo extra para desoxidar las neuronas adormecidas y deshabituadas al estudio. Además está el factor tiempo; en mi caso, aunque mis motivos para esta nueva carrera son algo más que un hobby, es casi una necesidad vital, no deja de ser simplemente voluntario, y en juego no hay más que la satisfacción y el crecimiento. Pero es bastante complicado arañarle horas al día, cuando a priori parecía que ya las tenía todas ocupadas.

Un amigo –joven y estudiante de Teleco- me aconsejaba la semana pasada que tratara de hacerme horarios semanales. Pues, aunque necesariamente tienen que estar abiertos a cambios improvisados, he de decir que funciona. Conlleva madrugones de más para estudiar en la oficina antes de empezar la jornada, y sacar otro par de horas comiendo un bocadillo en mi mesa; y con el tiempo robará una pequeña parte de mi fin de semana. Pero afirmo con rotundidad que compensa. No sé si será la ilusión del principiante, pero puede que sea la primera vez que realmente disfruto con lo que estudio y aprendo.

Hace ya tantísimo tiempo que incluso el sistema es diferente. Ahora, y por pura necesidad, el sistema que empleo es de tutorías on-line y grupos pequeños de trabajo. Acostumbrado a tragarme y memorizar libros gordísimos y cargados de datos, me encuentro con algo nuevo, mucho más ágil, práctico y provechoso. Por supuesto que la memoria es indispensable y fundamental, pero se deja paso a la reflexión, el diálogo y los trabajos. Mucho, muchísimo más interesante y enriquecedor. Se resume en “utilizar la cabeza” para algo más que un cajón donde almacenar datos. Infinitamente más dinámico, pero por novedoso requiere también de una cierta adaptación (seguro que a más de uno que lea esto se le ocurrirá algún chascarrillo con lo de que “utilizar la cabeza” sea nuevo para mí; en fin, lo asumo).

Estoy entusiasmado, la verdad. Pero yo ahora sólo quería hacer algunas reflexiones rápidas:

·      Que el consejo de alguien que por edad podría ser mi hijo me está resultando utilísimo, lo que muestra por un lado que siempre hemos de estar abiertos a aprender con humildad, y que la sensatez y la madurez no necesariamente van parejas al número de días o años “consumidos”. Evidenciando que ahí fuera, en el mundo real, hay una juventud extraordinaria.

·      Que nunca es tarde para estudiar, o para emprender algo que realmente queremos. Por que la voluntad y la firmeza acaban primando.

·      Que la cabeza, el espíritu y el ánimo pueden con mucho a cualquier fecha en un DNI.

·      Que es importantísimo, fundamental, sea cual sea la edad, el acompañamiento si es plenamente sincero, claro y sin ambages, el consejo y el apoyo. Una intensa propuesta abierta al entusiasmo.

·      Que lo que hacemos por Él, nos ha de llevar a buen puerto, y aunque cueste, siempre podemos mirar a San Alfonso que algo tiene que enseñarnos sobre la perseverancia (y esto aplicado a todos los ámbitos).


Resumiendo, que estoy encantado.

¡¿Quién me lo iba a decir?! Y mi mujer, aunque un tanto perpleja, está partida de la risa. Y ahora que mi hija mayor, empieza a tener deberes, también me va a servir como ejemplo para tratar de enseñarle el hábito del estudio, el esfuerzo y la responsabilidad.

jueves, 6 de octubre de 2011

¡45 años!


Hoy cumplo cuarenta y cinco años. Cuarenta y cinco; no me lo acabo de creer, la verdad, pero así es. Lo rápido que han pasado. ¡¿Cómo me verán mis hijas?! Supongo que como un venerable anciano. Pero lo cierto es que me siento ni siquiera de veinticinco, más bien como si acabara de aprobar la selectividad...... y anda que no ha llovido. Debe ser cuestión de carácter. Pero el espejo y la báscula te llevan de manera cruel a la realidad: de un bebé peloncete a un gordo barbudo. Y aunque justo estos días he empezado una nueva carrera, lo cierto es que la vida como hombre casado, padre de familia y trabajador me obliga a hacer juegos malabares para sacar ratos de estudio; y sin embargo estoy feliz. ¡Y parece que fue ayer cuando embarcaba rumbo a Londres…!

Uno detrás de otro hasta cuarenta y cinco. Ufff. Es un cumpleaños más, pero quizás por aquello de las cifras redondas tiendo a recapitular cada vez que cumplo otro lustro. En esta ocasión no voy a hacerlo demasiado, porque ya llevo un buen añito de reflexión, recapitulación y cargado de intensidad. 

Pero sí siento en un día como hoy la cercanía de mi madre, que en realidad debería ser la protagonista, porque es quien pasó lo suyo aquel 6 de octubre. De ella es de quien tengo mi primer recuerdo, en sus brazos, con su calor y sus besos. Hay una foto que me encanta en "La Gaviota", la casa de mis abuelos, en la que estoy en sus brazos que me recuerda a un cierto icono. Aún en la distancia, y yo con 45 y ella con 77, así la siento hoy. Una vida familiar normal, de la que recuerdo como fogonazos tantos momentos felices; no solamente a mis padres. También a mis hermanos, a Ana que no es sólo una hermana, es mucho más que eso y necesitaría otros 45 sólo para poder explicarlo. A Juan que me ayudó a crecer durante los muchísimos años que vivimos solos, a pesar de no ponérselo nada fácil. A Nacho; un cuñado de quien tienes el primer recuerdo a los siete años llevándote a las ferias, no es un cuñado, es alguien que también excede a su definición, por tantos motivos que el agradecimiento se haría demasiado largo. A Pilar que me acogió en su casa los primeros años de su matrimonio. Y no puedo evitar el dolor por mi hermana perdida. Mis sobrinos, Nacho y Ana, dos bebés convertidos en un hombre y una mujer fuera de lo común.

Fogonazos de felicidad con mi abuela en casa, la impagable experiencia de que mi abuela viviera sus últimos años con nosotros; nuestras largas conversaciones. La vida y la muerte como ejemplo, tránsito y comprensión de la transcendencia del ser humano. Un ejemplo ahora que tanto se manipula la muerte con leyes disparatadas y eufemismos como "muerte digna"; como si morirse, en lugar de un hecho normalmente natural, fuera algo indigno en sí mismo.

La suerte de que mis amigos de siempre, desde la primera infancia, sigan a mi lado: Gonzalo y Belén, Ana y Curro, Ramón, Pilar y Gonzalo, María y Pepe, Íñigo y Marta; casi toda una vida compartida. Las incorporaciones que se produjeron como auténticos regalos: Pota y Patricia (y Tilde, Lalo..), Miguel y Mayra, Pipiolo, Joaquín y Luisa, Gonzalo y Suyapa. Y tantos otros: una Keka recuperada, Pérez, Ruiz, Antoñanzas, Rocío, Javichu, y ese puñado de grandes personas de PS mayores y jóvenes...... Los queridos escolapios que han vuelto a mi vida gracias a la presencia tecnológica del P José Fernando Juan Santos trayéndome de nuevo los recuerdos más lejanos de mis primeros contactos con Calasanz; para mí ha sido algo gozoso e importante.

Mis Redentoristas, una bendición, un auténtico regalo del Señor en el momento más adecuado. No se limita al día de hoy, uno de los fogonazos más nítidos e intensos es la imagen del P Benigno Colina en Santander dándome la Primera Comunión, y muchos del Hermano Esteban quien me regaló mi primer Icono del Perpetuo Socorro. Este año, ya siendo cofrade, el P Pedro Guembe me regaló el segundo. Y de su mano una Comunidad generosa y entregada aquí, en Madrid, en la calle Manuel Silvela. Unos misioneros fuera de lo común, y un puñado de personas generosas que han entrado en mi vida. En el Santuario del Perpetuo Socorro donde un individuo impredecible me presentó a San Alfonso. Y de su mano, de la de todos ellos, un hito de fe incomparable: la JMJ.

Los cinco últimos años encierran también la época más dura de mi vida: la crudeza del paro, la realidad que te golpea directamente en la línea de flotación, y te lleva a la consciencia palpable de que tus pies son de barro comprendiendo que la realidad de la debilidad es la realidad de la vida (Memento, homo, quia pulvis erit et in pulverem reverterit). Y el Señor que no abandona, que te socorre, hecho carne en personas reales, la primera como siempre mi mujer. El Señor, cuyos brazos te acogen, te sostienen; y de Él la llegada dichosa e impagable del P Jorge Ambel Galán quien me agarró de la mano y me ayudó a afianzar el piolet de mi vida en la Scalada de la fe hacia el Señor. Alguien a quien, le guste o no, quiero de verdad y siento parte viva de mi propia familia. Porque le reconozco hermano más allá de los afectos, hermano en Cristo Redentor; aunque él sea Padre, o precisamente porque lo es.

Y María, mi mujer: el mejor regalo de Dios que puso frente a mí un 15 de agosto. Paciente y generosa. Mi apoyo, mi sostén, mi Amor. Mi Camino. El recuerdo siempre vivo de ese primer día en que Íñigo me presentó, gracias a las hermanas Pinedo, a "una chica muy hacendosa", sin saberse portador de un regalo de lo Alto, y mi llegada a casa diciendo que acababa de conocer a la mujer con quien me iba a casar. Contemplarla enamorado aquel 31 de octubre entrando por la Iglesia mientras el coro entonaba el gregoriano "Ave mundi spes María". Mi todo. Y de ella esta familia en la que nos esforzamos por que se bendiga Su nombre: nuestras dos hijas, Toya y Paula. Lo único realmente bueno y bello que he sido capaz de crear en estos 45 años. Esa primera vez en mis brazos, sintiéndome más pequeño que ellas, henchido de amor y responsabilidad. Ellas tres son mi misión primera, mi Amor, mi entrega.

Con un futuro ante Él y para Él. Cargado de nuevos proyectos y abierto a Él. Dispuesto a dejarme sorprender.

Son cuarenta y cinco años en los que el Señor me ha regalado la vida cada día; como cada día me da una oportunidad más para mejorar. Y a cada caída encuentro su mano para levantarme de nuevo. Cuarenta y cinco años por los que dar gracias. Por eso hoy en casa, en el Perpetuo Socorro, durante la Oración ante el Santísimo le daré en silencio las gracias, de tu a Tu, y le ofreceré el tiempo que decida regalarme.

Tb 8, 5-10 "... para que se bendiga Tu nombre por siempre."