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miércoles, 10 de abril de 2013

Scalando a la luz

Esta mañana he podido disfrutar de tiempo más que suficiente para ir, sin prisas, a PS bien temprano y, móvil en mano, rezar allí Laudes, en la Capilla de la Coronación (qué bonita es la vidriera del ábside representando la Coronación de Nuestra Señora de Velázquez). Combinado eso con los besos de despedida matutina en casa de mi mujer y mis hijas… no hay mejor manera de comenzar la jornada.

Al ir caminando hacia el Santuario leí el tuit diario de @parroquiaps, en esta ocasión con una frase de San Alfonso que sustancialmente nos invita a presentar al Señor los problemas ajenos, los del prójimo, olvidándonos de los nuestros. Lo cierto es que, en mi caso, hay prójimos que son propios, por lo que sus problemas nunca me son ajenos, y algunos van presentes a diario (estando en mi corazón no pueden sino caminar siempre conmigo); últimamente le doy muchísimo la lata mirándome el ombligo, así que me dije: Enrique, por hoy te abstienes de ti mismo. Dicho esto así pudiera parecer que me costó algo, pero como esos prójimos son tan, pero tan próximos, simplemente resulta algo natural.

Salí contento del templo y me monté en el coche sin demasiadas prisas, porque aún quedaba bastante para la reunión que tenía cerrada desde ayer. Por resumir: casi una hora de espera, excusas y justificaciones para resultar en un tremendo plantón. Será por la recomendación de San Alfonso, será por cómo había empezado mi día pero, pedí por aquel con quien había quedado mientras, por fin, me dirigía a la oficina, porque quizás habría tenido algún problema. Este hecho tan simplón me ha afianzado más en la certeza de que cuanto más humana es nuestra propia mirada sobre los demás –lejanos o allegados- más comprensiva es nuestra consideración hacia ellos (sus problemas, lo que vemos, lo que cuentan, lo que callan y lo que sabemos a pesar de los silencios), más caritativa y más misericordiosa; cuanto más humana es nuestra mirada a nosotros mismos, idem. En el fondo, cuanto más humana es la mirada del hombre más se acerca a la mirada de Dios. Por eso mismo, uno no puede conformarse libremente según la voluntad del Padre si no lo hace desde un corazón plenamente humano; plena y descarnadamente humano como Cristo ya Resucitado, Dios Vivo, verdadero hombre y verdadero Dios.

El tuit de @parroquiaps, el Salmo que nos ofrece la Liturgia para hoy “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha”… …en fin, pidamos por los afligidos; especialmente por los afligidos que ya ni piden porque les han abandonado las fuerzas y han abandonado la esperanza. Pidamos por ellos, estemos a su lado y contémosles la Buena Noticia aunque convoquen el Sanedrín contra nosotros; porque la Buena Noticia como la condensa hoy San Juan es para no callarla, para contarla sin parar. Es tan para contarla que el propio Juan varía el estilo que ha venido usando, abandona la conversación para dar paso al relato, a la lección. Difícil decir más en tan pocas líneas; lo dice TODO. “…Dios no mandó su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. “…todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz…”. “…el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

En ese empeño vamos, scalando a la luz.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Buen Adviento a todos

Ayer comenzamos el Año Litúrgico. Adviento, un tiempo de preparación y esperanza para la gran Venida. La celebración en la Eucaristía de las Familias en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid fue entrañable. Esta misa de los domingos se ha convertido en algo diferente a una misa familiar, ha tomado un rumbo claramente dirigido hacia los más pequeños y eso creo que nos ayuda a los mayores a tratar de hacernos como niños, a alcanzar un punto óptimo para ser conscientes de que no hemos de dar nada por sabido  respecto a lo aprendido. Escuchar lo que les dicen es escuchar lo que nos dicen, nos acerca a la inocencia que con el paso del tiempo y la madurez quizás hayamos perdido. Verles implicados y entusiasmados es un enorme impulso de esperanza; esperanza en la Venida y esperanza en uno mismo. Esos chiquillos entusiasmados me recuerdan que un día fui así, ergo la luz de la esperanza y la ilusión infantil aún brilla en cada uno de nosotros. Sólo es cuestión de buscarla, de esforzarnos en recuperarla, y hacerlo engrandecida con la madurez de los años y el conocimiento. Ahora que estoy embarcado en la carrera de Teología, me doy cuenta de lo importante que es la profundización en la fe; conseguir combinarlo con la candidez, la ilusión y la esperanza de un niño es casi como la cuadratura del círculo espiritual.
Un tiempo de preparación, meditación, oración y alegría. La Comunidad Redentorista nos ofrece la posibilidad de rezar con ellos Laudes y Vísperas durante este tiempo. Cuando cada mañana, Diurnal en mano, rezo Laudes lo hago con el convencimiento de no estar sólo, de hacerlo acompañado y acompañando a todos los que en cada lugar lo hagan en ese mismo momento. Pero esta mañana, en la Capilla, con parte de la Comunidad Redentorista, ha sido algo simplemente especial. Orar allí con ellos le hace a uno sentirse parte de nuestra Iglesia en una Comunidad para la que no tengo palabras. No es sólo una actitud, una disposición para esta época, verme ante el Señor rezando Laudes con los Redentoristas y el resto de laicos que ahí estábamos, escuchar las primeras palabras del P Olegario….. en fin, el corazón abierto de par en par.
Un tiempo de preparación personal, matrimonial, familiar y comunitaria. Uno no puede vivir la fe sin hacerlo con los demás, porque el convencimiento, le fe y la felicidad te llevan a querer, por encima de todo, experimentar de una forma nueva el siguiente verbo: COMPARTIR.
Ser un padre de niñas pequeñas implica la responsabilidad gozosa de la transmisión de la fe, combinarla con la ilusión infantil pero abstraída del mero consumismo. La grandeza, la alegría no está en las tiendas, está entre pajas en un pesebre. Y está en los demás, en darse y compartir con el que no tiene nada y con el que cree que lo tiene todo también, porque entre ellos los hay inmensamente pobres; tratar de hacerles ver que Dios no espera unas manos llenas de cosas si no llenas de Amor, unas manos limpias por puras pero embarradas por ayudar al otro.
En ese camino estamos, y desde ese camino os deseo a todos el mejor Adviento posible.

lunes, 24 de octubre de 2011

La Liturgia de las Horas


Por fin esta mañana he conseguido sintonizar Radio María en el coche. Me ha costado pero por fin lo conseguí. Desde que madrugo un poquito más para sacar un rato de estudio por la mañana en la oficina, antes de que empiece la jornada laboral, he tenido que abandonar Laudes y ¡cómo lo echo de menos!

Hace ya tiempo que le pedí tímidamente a un sacerdote Redentorista que me viene acompañando que me indicara cómo seguir el rezo de las horas y desde entonces tengo que confesar que me he enganchado. Obviamente, no las intermedias, uno hace lo que puede dentro de la estructura de su vida, y las intermedias no tienen cabida. El caso es que los madrugones me llevaron a abandonar Laudes entre semana; creo que para hacerlo aprisa es mejor no hacerlo. Requiere su tiempo y un cierto climax. Parecerá un contrasentido, pero el atascazo es perfecto. Mejor dicho, lo que es perfecto es poder seguirlo con Radio María por que el convencimiento de que rezas con gran parte de la Iglesia se hace realidad. Sin duda, comienzas el día de otra manera. Y a mí me venía haciendo falta, después de una semana poco acertada, justo la semana –menuda coincidencia- en que no seguí Laudes. En fin, ya ha comenzado otra. Y de las torpezas propias no podemos más que aprender, cuando del error hacemos enseñanza para tratar de no volver a caer en él. Una simple torpeza que, sin intención alguna, puede herir a los demás. No me habría dado cuenta, si mi torpeza no hubiera tocado a alguien querido y cercano y que me muestra que, por querido y cercano, en ocasiones al menos habla con claridad meridiana y confianza lo que quiere decir que uno algo también le importa. Muchas veces no medimos nuestras palabras, no le damos importancia, y ni nos enteramos. El caso es que caer, aparte de las magulladuras, nos da la oportunidad de mejorar. De mejorar y de poder pedir perdón que cuando se ofende o simplemente decepciona, es un ejercicio sanísimo; perdón a la persona afectada. Me quedo con eso. Y ahí vamos, scalando poquito a poco; unas veces parece que te vas a caer al abismo, otras que te quedarás permanentemente colgado, y de repente viene una mano firme que te ayuda a asir con fuerza el piolet.

Laudes o cualquier otra oración, cualquiera que nos ponga de verdad, de corazón en disposición de ofrecer nuestra jornada al Señor es la mejor manera de empezar el día. Ese sacerdote que me acompaña dio hace unos meses una charla sobre la oración que por profunda, clara, explícita, sincera y breve creo que debería ser conocida por todos. He tenido la oportunidad de releerla recientemente y confieso que no deja de asombrarme. Es un lujo poder contar con alguien cercano, tan normal y de semejante calado espiritual; y hacerlo en familia y con mi familia no tiene precio.

El caso es que animo a todo el que quiera acercarse a descubrir la Liturgia de las Horas a que lo haga sin dudarlo. No es algo sólo para conventos o sacerdotes; pertenece a todo el pueblo de Dios, “a todo el cuerpo de la Iglesia”, a todos los fieles, y por lo tanto también a los laicos. No seáis tímidos, animaos e intentadlo.

Yo hoy me quedo con una parte del salmo 41:

“¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
Salud de mi rostro Dios mío.”