Scala News

viernes, 1 de junio de 2012

¿Dónde queda la fe?


Esta mañana, en las noticias de un canal de televisión, he escuchado a un psicólogo familiar aconsejar a los supervivientes de tragedias como la ocurrida en Doha cómo sobrellevar y superar la situación.

A mi me ha impresionado especialmente porque podría haber estado allí; hace algún tiempo dije que no a una empresa de decoración Qatarí, aunque ya teníamos vista hasta la casa y el colegio para las niñas. Mis hijas podrían haber estado en la guardería de aquel Centro Comercial. Hubo algo, tras las negociaciones a través de una consultora internacional, que me impulsó a rechazar el traslado.

Que conste que yo no soy psicólogo ni nada parecido, que jamás he vivido nada semejante; simplemente soy un padre de familia que lucha junto a su mujer por sacar una la familia adelante, con una meta fijada, que sé que no está muy de moda, donde el centro de nuestra vida es algo tan claro y explícito como el Evangelio. No estamos solos, nos acompañan.

Los consejos que se manejaban eran exclusivamente apoyarse en la familia y en el trabajo. Dos pilares importantísimos. Pero mientras escuchaba, tenía la esperanza de que en algún momento hablara de la fe. Una mera ilusión; no lo hizo.

Lamentablemente conozco a unas cuantas personas bien cercanas que han perdido hijos y familiares de manera inesperada y trágica, y todos ellos lo han superado desde la fe. Por supuesto que queda el vacío, por supuesto que queda el dolor, por supuesto que un hijo es irreemplazable, pero la fe es lo que da sentido a nuestra vida, y creo que es la fe la única que nos sostiene y clarifica. Claro que con el apoyo de familia y amigos; también con la oración y el acompañamiento. Yo no hablo de evadirse ocupando el tiempo, hablo de asumir y centrar. Con la rabia, con el dolor y con el sufrimiento. Porque la fe en Cristo, en el Cristo Vivo, en el Resucitado, no es ni una ilusión ni algo irreal. A veces tengo la sensación de que cuando hablamos de acercar el Reino a la Tierra, de que cuando hablamos de que Dios está en nosotros y en el hermano, de que cuando hablamos de justicia sin Justicia, de que cuando hacemos solamente por hacer, de que cuando intentamos mejorar las condiciones de los más desfavorecidos solo por mejorarlas, muchos corren el riesgo de quedarse en eso, de quedarse aquí, de olvidar la transcendencia. A veces parece que cuando hablamos de ser felices la felicidad fuera la meta y no la consecuencia, una especie de hedonismo buenista, un materialismo buenista, un positivismo buenista, justificando casi cualquier cosa: ¿tú eres feliz? pues ya está.

Lo he visto de cerca, bien de cerca; alguna familia que perdió a todos sus hijos, otros solamente a uno; hijos desde los dos años  hasta los dieciocho. A todos los ha sostenido la fe, no como refugio psicológico, sino como experiencia vital real, con presencia real del Espíritu en sus vidas.

Sé que es muy fácil hablar cuando la experiencia no es propia, pero yo no lo entiendo sin la fe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario