Scala News

lunes, 6 de febrero de 2012

Una bonita foto de familia



“Una bonita foto de familia”. Este simple comentario en una foto de un perfil de Facebook me ha hecho mirarla con ojos nuevos y darme cuenta de lo acertado del comentario. En ella se ve a una pareja de jóvenes catequistas de PS con dos niñas pequeñas. Las niñas están felices y creo que por varios motivos: porque disfruntan estando allí; porque se sienten en casa en la Parroquia; porque quieren a Lalo y a Cris, los “mayores” que salen en la foto. Y yo me siento orgulloso de la imagen y del comentario, porque quiero a esos dos chicos y porque las niñas son mis hijas.

“Mayores”. Así ven a estos dos jóvenes, como sin duda ellos me verán a mi, y como yo veo a los de más edad del lugar. Todo un símbolo de que la infancia, la adolescencia, la madurez se va pasando con los años. Un símbolo de que ni los niños, ni los jóvenes, ni los adultos somos los protagonistas de nada. Los unos con los otros no dejamos de aprender y enriquecernos, pero teniendo presente que el único protagonista es Aquel de quien recibimos la vida y a quien se la entregamos; Aquel por y para quien vivimos. Todos cooperamos en lo que podemos, pero lo verdaderamente evidente es que estos chicos se desviven por los niños, por otros jóvenes y por su Parroquia. Ellos ayudan y enseñan a vivir la fe de los más pequeños, y quizás los que somos mayores que ellos podamos ayudarles a mantenerse en esa fe y a comprender que antes de que se den cuenta serán ellos los que lleven a sus hijos a catequesis, o a la misa de las familias. Que ellos quizás verán cosas que les superen.

Me gusta pensar que la integración parroquial contribuye desde las bases a tratar de aunar sensibilidades. Desde luego el esfuerzo es innegable, y los frutos evidentes. Pero igual que yo añoro de vez en cuando un “Tantum Ergo”, ellos a buen seguro añorarán lo que recuerden como aquel “¿Quién nos separará?”. Y no me cabe duda de que pensarán que el estilo que los jóvenes les traigan se podría haber combinado de vez en cuando con el que ellos tenían. No me cabe duda de eso. Como tampoco me cabe duda de que añorarán al sacerdote que les acompañó y se desvivió por ellos, buscando y compartiendo lo mejor para ellos, con una entrega incondicional para hacerles presentes la Palabra en todo momento, alegrándose con ellos y sufriendo con ellos. Y le verán reflejado en el que en ese momento acompañe a sus hijos.

Pero lo importante, lo realmente importante es que se den cuenta de lo bien que hicieron las cosas, porque sus hijos y ellos estarán allí, del modo que sea, adorando al Señor. Al mismo Cuerpo de Cristo.

Y estarán acompañados de una Comunidad Redentorista tan entregada como la actual. Desviviéndose por llevar el Evangelio a todos. Y seguro que también soportarán quejas, unas de aquellos que quieren cambios para mejorar, otras de aquellos a quienes TODO siempre les parece poco. Pero entre unos y otros, gracias a la labor de esta Congregación, la Custodia brillará firme sobre el altar.

Y sentirán el calor de estar en casa y en familia. Una familia que ellos han contribuido a formar y cohesionar. Por eso, cuando he leído el comentario de la foto de mis hijas con Lalo y con Cris, me ha invadido una agradabilísima sensación de orgullo, satisfacción y agradecimiento por todos estos jóvenes y por los Redentoristas que nos alientan, acompañan y, en demasiadas ocasiones, aguantan.

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