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domingo, 20 de abril de 2014

¿De vuelta a la "normalidad"?

Qué, mañana ¿de vuelta a la “normalidad”? ¿rutina y punto? ¿va a seguir todo igual?

Mañana todo volverá a la “normalidad” porque haré en líneas generales lo que cualquier otro lunes, pero esa normalidad espero que se vea iluminada por la Luz de lo extraordinario. Y lo extraordinario es lo inconcebible de la realidad de la Resurrección. En esa realidad nada puede permanecer de la misma forma, ni ser visto de la misma manera, ni enjuiciado con la misma perspectiva, ni las relaciones personales pueden tener el mismo color. Se descubren recovecos en las calles de siempre, chispas en las miradas de los nuestros, destellos en sus sonrisas; esperanzas en las sombras y rayos en la oscuridad. Esa realidad transforma lo obvio; esa realidad que transciende la materia transforma al individuo desde el interior y lo hace por “contacto”, tras la experiencia única del contacto personal con Cristo.

¿De locos? Pues sí, no lo niego, porque es una locura maravillosa esta de saberse Amado por el Dios que me creó; una locura total la de saberme redimido por su propio Hijo; una locura que invade, colapsa al inicio, y superado el aturdimiento o incluso el miedo, quema. Contacto con Cristo que genera una fuerza centrípeta de Amor que, una vez asumida, se vuelve en una onda centrífuga imparable porque quieres que todos lo sepan, que todos conozcan el Amor de Dios.

Dicho esto se comprenderá que ni la rutina, por muy rutinaria que sea, puede ser igual tras la Resurrección del Redentor porque uno trata de iluminar la nimiedades más cotidianas de la existencia.

Hoy hemos llegado de Santander a Madrid tras una hora más de viaje de lo normal, hemos soltado maletas, y las niñas y yo hemos acompañado a mi mujer al “Mi Casa”, el asilo de las hermanitas de los pobres donde mi mujer hace acción social con los ancianos. Nos hemos encontrado a un grupo de seminaristas con flautas, guitarras y sus voces entreteniendo a los viejecitos, además del habitual matrimonio del Movimiento de Schoenstatt; pues ni corto ni perezoso he tomado de la mano a María y me he puesto a bailar con ella. Nada puede ser igual.

Nada es igual. Ni siquiera la Eucaristía de 21:00h en PS, donde esta noche Damián, Pedro, Miguel, Víctor, Guille y Lalo nos han hablado de varias de las distintas Pascuas Juveniles Redentoristas; jóvenes de Madrid, Zaragoza, Valencia, Murcia… y eso sin hablar de las Pascuas de Mérida y Sevilla. Nada es igual. Lo he visto con gozo y con pena. Con gozo porque algo se mueve cuando se vive que Cristo Vive, con pena porque en las iglesias de Santander he visto a pocos, muy pocos jóvenes y me temo que no es precisamente porque estuvieran misionando o de Pascuas. Santander tierra de misión.


Yo le doy gracias a Dios porque para mi, mañana, la normalidad será extraordinaria, la rutina, nueva y lo igual totalmente diferente. Y… ¿para ti?

jueves, 13 de marzo de 2014

Silencio fértil

El silencio es necesario. Caminar por el propio desierto y hacerlo en silencio me ayuda a que a cada pequeño paso vayan cayendo como costras los restos de las heridas. El silencio es necesario, pero sólo cuando es elocuente; el silencio es necesario cuando el silencio habla.

Revisarse a uno mismo es nada cuando uno se revisa a la luz de Cristo. No hay claroscuros, no hay resquicio a recovecos. Con esa Luz todo es visible. Las heridas del pecado van sanando y caen las costras para mostrar un hombre nuevo.

El silencio. Encerrado en un tubo y bombardeado por ondas. Como esperan los cadáveres la resurrección. La vida puede ser un continuo tubo donde permanecer inmóvil; una vida estéril.

El silencio reestructura cuando se comparte. Porque hasta el silencio puede ser compartido; hasta el silencio debe ser compartido. Así, es elocuente; así, el silencio habla. Así, el silencio es fértil.

Y del silencio a la palabra. Del silencio propio y el respeto al ajeno, a la palabra. De la quietud al movimiento. Y contarlo. Y compartirlo. Lo que no se comparte no es nada; ni existe. Lo que no se comparte es un lastre que te hace caer a plomo. Y compartiendo, las luces no hacen sombras, sino que muestran multitud de colores.

El silencio te puede hacer tierno. Y hablarlo y compartirlo hace florecer la ternura. Y salir del tubo. Y hacer del universo un gigantesco útero generador de vida. No callar. Moverse. Darse hasta el último día. Elegir caminar con el dalle en la mano… o scalando en Familia con una lucecita.

Estamos para eso. En casa, con tu mujer o tu marido, con tus hijos si Dios te los ha dado en custodia, allá donde te encuentres. El universo es inalcanzable si no lo haces tuyo; el universo es oscuro si tú no eliges iluminarlo.

Silencio a gritos. Ejemplo que habla. Sendero programático tras los pasos de Cristo, que no es ideología, ni conoce la izquierda lo que hace la derecha cuando ambas manos se afanan en estrechar otras. Y aquellos que se empeñan en escorar Sus pasos o modelar su Palabra ni entienden ni fecundan. Engañosos vocablos tras falsas apariencias.


Y en silencio, y hablando y actuando, scalar a la Pascua mientras caen las costras. Y llegar desnudo a los pies de la Cruz arropado tan sólo por tu propia conciencia. Pero no llegar sólo, llegar en Familia, arrastrando a otros. Y que a todos nos riegue una gota de Luz.

sábado, 14 de abril de 2012

Felicidad compartida


Acabo de leer una noticia sobre el II Congreso Internacional de la Felicidad, en el que se afirma que la felicidad es más si se comparte. Una frase bonita, pero bien pensado, es que ¿puede no compartirse? Es decir, cuando uno es feliz creo que lo comparte de manera instintiva, por naturaleza, en el rostro, en ese saludo mañanero en el ascensor sin necesidad de All Bran, en la actitud cotidiana, en la manera de afrontar los obstáculos diarios. Si no es así, si no se nota, se podrá estar más o menos contento, o satisfecho, pero feliz, lo que se dice feliz me temo que no. Bueno, lo que podamos experimentar como cercano a la felicidad, porque yo soy de los que piensan que aquí simplemente la rozamos, pero que la felicidad plena solamente la alcanzaremos cuando experimentemos, cara a cara, la plenitud del Amor de Dios. Y sabemos que la experimentaremos gracias a lo que celebramos los católicos en estas fechas, la Resurrección, la Redención abundante que nos viene de Cristo resucitado: Copiosa Apud Eum Redemptio.

Eso sí, la sensación que experimentas tratando de contribuir a crear el Reino aquí mismo, es extraordinaria. Y eso solamente se hace compartiendo. No puede ser de otra manera. Eduardo Punset afirma que la felicidad es la ausencia de miedo, y desde el punto de vista cristiano es consecuencia directa de la fe, la certeza, la convicción en la realidad de la Resurrección. Esa ausencia de miedo, esa felicidad, esa fe, a lo que te lleva es a compartir, y puede que la experimentes por primera vez compartiendo. ¿El qué? Pues la Vida, tu vida, tratando de llevar Vida a los demás. Uno a veces trata de hacerlo, puede que se quede en un intento, puede que acierte o puede que no, pero el propio intento genera un climax de inercia bastante más que positivo.

No hay más que mirar a la cara de todos aquellos que entregan su vida a los demás, a los más necesitados. Lo que ves es un nítido reflejo de felicidad. Con los problemas personales, con situaciones concretas, con dudas momentáneas, con trabas, pero si miramos fijamente al fondo de los ojos de esas personas encontramos un océano de serenidad y paz. Esta noche, el Grupo de Matrimonios de PS al que pertenecemos María y yo hemos celebrado una Eucaristía en la Capilla de la Comunidad Redentorista, presidida por el P Octavio Hidalgo, en la que compartimos abiertamente experiencias y sentimientos de esta Semana Santa. Uno de los miembros, Marina, quiso expresar en voz alta un agradecimiento explícito a los Redentoristas en su conjunto y personal a cada uno de los que conoce “porque son especiales”. ¿Veis? No es que yo sea raro por contar por aquí lo que vivo, es que son especiales de verdad. Compartir en Comunidad te hace reflexionar sobre lo vivido dejando brillar claramente la auténtica dimensión de todo ello: la fe. Y el gozo por la Resurrección, compartido, se expande e intensifica.

Pero es que eso de que la felicidad es más si se comparte se puede constatar incluso inmerso en situaciones de dolor, trágicas, límite o desesperantes, porque tratar de aliviar el dolor es acercar la felicidad y comenzar a contagiarla. Se puede comprobar en comedores sociales, en hospitales, en alberges para “sin techo”….

Compartir la felicidad la aumenta, compartir el dolor lo difumina.

Si eres feliz no puedes más que compartirlo, si no lo haces o no eres realmente feliz, o dejas de serlo.

lunes, 9 de abril de 2012

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!


Esta Semana Santa he comprobado que es posible ejercitar la abstracción y la dispersión a un mismo tiempo. La fuerza del silencio individual compartiendo el corazón. Dejarse llenar del Misterio y compartirlo desde el silencio y la distancia, con los próximos y los lejanos.

Han sido unos días intensos y felices, porque acompañando a Jesús, acompañando a María, uno tiene la certeza de que llega la Resurrección, con lo que lo vives con la esperanza en una felicidad absoluta.

El caso es que viviéndolo en familia y en un lugar concreto, en Santander, he tenido en todo momento en mi cabeza y en mi corazón a alguien muy querido y que me conoce mejor que yo mismo, junto a mucha gente repartida en las Pascuas Redentoristas que han tenido lugar en distintos puntos de España, y junto a PS; vaya adonde vaya, algo de mi queda en ese templo y con esa Familia. Gracias a la tecnología y a la generosidad de un sacerdote Redentorista de PS he podido llevar en mi móvil la imagen del Monumento que colocaron en mi parroquia, y estar informado de los cambios y novedades. Gracias a la tecnología y a la generosidad de un extraordinario hombre joven tocado por el dedo de Dios, he podido ir sabiendo parte de lo que se cocía en su corazón y él en el de mi familia, y especialmente en el mío.

Vivir desde el jueves los oficios en la parroquia Redentorista de Santander con mi mujer y mis hijas ha sido ciertamente especial, porque imbuidas ya de una vida de fe colmada de alegría en Madrid, ha sido sencillo ir explicándoles todo con la mira puesta nítidamente siempre en el Domingo de Resurrección, en la gran fiesta de nuestra Iglesia. Ha sido muy fácil por el día a día en PS, aunque confieso que me sorprendió el relato que me hizo mi hija Toya de la Pasión. Ellas tres celebraron el Domingo de Ramos en Santander, y me lo relató con el lenguaje de una niña de siete años (me encantó cuando hablaba de los Apóstoles como “los amigos de Jesús, los de su grupo”), pero perfectamente comprendido e interiorizado. Y es que José Luis Marra-López no sólo tiene el empaque de un obispo preconciliar, tiene la cercanía, la sencillez, la profundidad y la bondad de cualquier sacerdote o religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, unido a una socarronería personal e inteligentísima. Mis hijas vieron en la misa vespertina del jueves, con el lavatorio de pies, una representación de parte de lo que me habían contado casi como para informarme.

El recorrido de los Monumentos de Viernes Santo iniciado en la Parroquia de la Inmaculada –y que finalicé yo sólo en el mismo lugar, para dedicar un rato largo por alguien muy querido por todos nosotros-, el acompañamiento a la Soledad de la Virgen dirigido por un imponente Padre Eulogio CSsR, la espectacular y solemne Vigilia Pascual (a la que sólo acudimos María y yo) compartida con la comunidad de Santander….. de una alegría desbordante y contagiosa. Y la misa de la mañana del Domingo, adonde quise acudir junto a mi madre para que Toya y Paula constataran esa alegría y esa felicidad de las que María y yo veníamos hablándolas, no sólo en nuestras caras, sino en la expresión de la liturgia, en el cirio Pascual, y en la comunidad donde habían pasado los últimos nueve días. Una feligreseía con menor número de jóvenes y niños, pero de la que aprender y con la que compartir, entre otras cosas, su propia ilusión infantil en una misma fe.

Que tanto José Luis como Eulogio quisieran contar conmigo dejándome participar en todas las celebraciones me hizo sentirme en casa aunque no fuera mi Parroquia, y constata lo que tantas veces me dice un gran sacerdote sobre mi pertenencia a esa Familia. Y la realidad es que para mí, estar en una iglesia Redentorista, sea cual sea y esté donde esté, es estar en Familia.

Pero mi corazón estaba también en lo que se cernía en Jayena, o en PS, o en Nanclares de las Cuevas…

Y, ya en Madrid, no he querido finalizar este día sin vivir la Eucaristía de nueve de la noche en PS, disfrutando de un coro incomparable y que en esta ocasión realmente se ha superado a sí mismo, escuchando la homilía del P Jorge Ambel Galán. Escuchar una homilía de este sacerdote es como estar sentado al lado de alguno de los que plasmaron los Evangelios mientras iba escribiendo. No es que yo le quiera, que sí, que es cierto, pero además es que se reviste, coge el micro y simplemente se sale, y hoy estaba EXULTANTE. Y el relato de Laura Granja Izquierdo (una mujer joven, brillante, sensible y cargada de dones) sobre la Pascua Juvenil de la que acababa de llegar fue la guinda del pastel espiritual. Quería estar allí para felicitar la Pascua a gente querida, muy querida. No se podía salir de PS sin hacerlo sonriendo y lleno de felicidad. Y yo lo hice además con el abrazo de alguien a quien quiero como a un miembro de mi familia. Salir sonriendo y que se me note. Porque como dijo Jorge en su homilía, para que la alegría se quede entre cuatro paredes….

A todos ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

miércoles, 4 de abril de 2012

En silencio hasta el Domingo


Ya es miércoles, y por la tarde me iré a Santander, dejando el hogar ocupado y a buen recaudo. Quedará en Madrid el ordenador, lo que me permitirá así centrarme en estos días y encontrar un poco más de silencio; no porque aporree – que lo hago- las teclas produciendo mucho ruido, sino con la intención de desconectar para conectar.

Pasaré estos días en familia, en casa de mis padres, como cada Semana Santa de mis 45 años. Con toda la familia; ahora con casi toda la familia, porque mis padres hace ya tiempo que también están en su casa estas fechas. Sí, pero preparado para llevar un corazón dispuesto a atomizarse: una parte quedará en PS, otras se esparcirán por Navares de las Cuevas, Sanlúcar de Barrameda y Jayena, algún pedacito llegará a un colegio de Getafe, a Don Benito, otro cruzará el charco hasta Guatemala y Perú y el resto casi entero a un Albergue de Madrid. Y aunque no se note que esos minúsculos trocitos andan por ahí, no importa, porque todos ellos estarán conmigo.

Además me voy dispuesto a que mi saco de recuerdos se quede aquí, que los conserve hasta la vuelta el disco duro del PC; no quiero tener ninguno, solamente las realidades del presente y para el futuro. El Calvario en el calvario de personas de carne y hueso de hoy, de ahora mismo; la corona de espinas de tanta gente que sufre de manera injusta; parados; supervivientes; alguna madre viuda preocupada por sus hijos; amigos que no creen; chicos que dudan; personas sin consuelo; un granadino con alma sevillana; algún enfermo abrasado por un dolor no sólo físico; un profesor desvivido por sus alumnos; el futuro de mis sobrinos; un amigo al que adoramos; un tontorrón impenitente; la inocencia de mis hijas; la entereza de mi madre; el aguante de mi mujer. Son personas reales, con preocupaciones cotidianas, en situaciones concretas y del presente vivo a quienes llevar conmigo a los pies de la Cruz para que a todos nos riegue el Agua de Vida del costado abierto del Redentor. Y el Domingo, aunque no estemos juntos, gritar con ellos la alegría inagotable de la Resurrección.

martes, 3 de abril de 2012

Pascua Redentorista


En breve se pondrán de camino varios grupos para celebrar la Redención abundante que nos viene de la Resurrección de Cristo.

Un Grupo de Laicos Redentoristas y dos sacerdotes de esta Congregación lo harán en un pequeño pueblo de la sierra de Granada, Jayena, desde el que atenderán también a otros lugares, para que la Buena Noticia llegue al mayor número de gente. Confieso públicamente la sana envidia que me producen, sin dobleces ni medias tintas: envida, por muy sana que sea. Conozco a alguno de ellos y espero que les acompañe, además de mi cariño, mi oración para que su servicio en esta Pascua obtenga los mayores frutos.

Otra expresión de la Iglesia Misionera que encarnan lo constituyen las Pascuas Juveniles, que tendrán lugar del 4 al 8 de abril en Navares de las Cuevas (Segovia) y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Una extraordinaria oportunidad que se ofrece a los jóvenes para compartir y entregar su fe y su tiempo, anunciando la Resurrección del Señor.

Una de las que se desarrollará en Navares de las Cuevas, la Pascua Vocacional, estará centrada en aquellos que se plantean la llamada a la vida misionera, religiosa o sacerdotal. La Pastoral Juvenil Vocacional Redentorista (PJVR) está tomando un ritmo imparable para acompañar y ayudar al discernimiento de todos esos jóvenes, sustentado en el ejemplo diario de unas personas que atraen, contagian e ilusionan; que dan sentido a la Vida con la propagación incansable de la Palabra en un carisma propio, centrado en los más necesitados de auxilios. Que nadie con dudas se quede sin resolverlas, que nadie con miedos los guarde sin vencerlos; acallarse a uno mismo no es ni sano ni sensato. ¿Cómo no orar de manera especial por ellos? Mi mujer, mis hijas y yo pediremos por vosotros desde una ciudad marinera... En Santander, en la Parroquia Redentorista de la Inmaculada, en Familia.

Sin tonterias, sin media voz, no puedo sino manifestar mi aplauso por cada iniciativa pastoral. Estas Pascuas no son nada nuevo, lo sé. O quizás sí que lo son, porque cada año se parte con un espíritu nuevo, con una ilusión renovada por compartir, acoger, expandir; por contar lo que no se puede callar.

Sonrientes, amables, entregados, incansables, sustentados en Cristo y con una fe más que robusta. Acercarse a ellos es encontrar la mejor vacuna contra el desaliento.

Y que no me digan que soy un exagerado, porque lo que cuento no es más que un hecho objetivo y, por lo tanto, fácilmente comprobable.

lunes, 2 de abril de 2012

Una Semana Santa nueva


Ya estamos en plena Semana Santa, un tiempo intenso para la reflexión, la meditación, la oración y dedicarnos de pleno al Señor. Un tiempo para vivirlo en familia, y también para darse a los demás.

Mis recuerdos más entrañables son del Viernes Santo, los cuatro hermanos y mi abuela Emilia recorriendo los “Monumentos” de iglesia en iglesia por Santander: Redentoristas, Esclavas, San Roque, Concepción, Carmelitas, Siervas de María y Santa Lucía. Siempre el mismo recorrido, año tras año, desde que los Escolapios decidieron no abrir al público la capilla. Íbamos primero los cuatro hermanos, y luego se incorporó mi abuela cuando vino a vivir a casa. Mis padres por esas fechas estaban siempre en el Festival de Salzsburgo. Mis hermanas y la abuela de negro, y mi hermano y yo con la correspondiente corbata, también negra, a medida que cada uno cumplía unos ciertos años. A mi me gustaba el encuentro con tantas caras conocidas, pero me dolía ver todo aquello convertido casi en un acto social. Por la tarde me marchaba sólo al Muelle para ver las procesiones, rosario en mano, ese rosario que me compré con ocho años en la librería del colegio, para sorpresa del P Manuel, y que hoy cuelga sobre la cabecera de mi cama junto a la acreditación de la JMJ y el carnet de la Alfonsiana. Lo vivía en silencio, con la intensidad de un niño primero, y luego con las angustias de un joven que oía sin querer escuchar y escuchaba sin tener con quien hablar. Eran otras épocas en España y en la Iglesia, puede que sea por eso que lo que más recuerdo es la sensación de luto, de un luto casi imperecedero, como si nunca fuera a tener lugar la Resurrección. Y por cuestiones internas, mi mayor alegría el lunes de Pascua era la llegada de mis padres.

Hoy la Iglesia, por suerte, ha cambiado, he cambiado yo. Este tiempo ahora es personalmente para mí una ocasión más para darle gracias a Dios de que me empujara un día a PS. Gracias a eso puedo contemplar orgulloso que mis hijas viven algo diferente y de una manera distinta, porque desde bien niñas han oído hablar de la Redención, y lo que conocen es la expresión de una alegría infinita producto de esa Redención. La Semana Santa culminada en la Resurrección, sin la que todo carecería de sentido. Me doy cuenta de que su propio día a día combina el respeto con el cariño; la normalidad de la fe en la vida diaria. Todo con ejemplos cercanos y cotidianos. Por eso no paro de agradecer. Alguna persona concreta a la que adoran de manera individual, espontánea y tras quien salen corriendo cada vez que le ven; gente entregada y feliz de todas las edades. ¡Qué importante es una comunidad así!

A alguno de ellos dedicaré de manera especial estos días, vendrán conmigo este Viernes Santo por las iglesias de Santander. El jueves será para alguien a quien no quiero perder, de manera personal. Los cuatro llevaremos a dos personas especiales. Y juntos llegaremos, con la ayuda de Dios, a un Domingo de Resurrección pleno de Esperanza. Sobre todo de Esperanza.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza, uno de cuarenta


Ya es Miércoles de Ceniza, ni un día cualquiera ni un miércoles cualquiera. Hoy comienza un periodo de cuarenta días en el que dejarnos morir con Cristo para renacer en un hombre nuevo con la Pascua. Cuarenta días de solidez y afianzamiento en la fe para acabar celebrando la gran fiesta de la Cristiandad, la Resurrección. Cuarenta días a caminar con Él. Cuarenta días de entrega y abandono de uno mismo, de vaciamiento del lastre acumulado. Cuarenta días de conversión. Cuarenta días de ofrecimiento. Cuarenta días de oración. Cuarenta días de acción. Cuarenta días de meditación y puesta en práctica.

Cuarenta días en los que ir llenándonos de Cristo a medida que le acompañamos a la Cruz. Pero ¿cómo puedo hacerlo? Sin duda la oración es el núcleo y la raíz; la columna vertebral que centra y sostiene el esqueleto de nuestro alma; el sustento que nos mantiene firmes. Pero así como la oración robustece la fe, ésta nos ha de empujar como consecuencia natural a actuar, a obrar. Y no lo tenemos difícil. Con la oración podemos recorrer los pasos con Jesús, y en la vida diaria encontrarle a Él en nuestros semejantes.

Yo le tengo a Él en María, mi mujer, en mis hijas, en mis padres,  hermanos, sobrinos y por eso quiero que vean en mí la alegría de la Esperanza en la Resurrección. Como en ese hermano y amigo por quien rezo y a quien desde mi silencio y mi sombra me gustaría que nunca olvidara que aquí estoy, como un Simón de Cirene dispuesto, sincero, firme y confiado para levantarle el Madero. En el hermano desconocido, a quien con mi gesto y mis manos deseo poder ayudar a llevar su propia Cruz. Todo lo que haga he de hacerlo con Él, para poder hacerlo por Él. Tratar de aliviar su dolor en la Cruz es tratar de aliviar el dolor de la Cruz del prójimo. Él asume y carga sobre Sí los dolores de la humanidad; ayudar a mitigar el dolor de los demás es ayudarle a Él a aligerar esa carga, y al mismo tiempo cooperar a que quizás alguien le sienta cercano. Colaborar en la Justicia es trabajar por su Justicia.

Cada gota de sangre que derramó como prenda por los pecados de la humanidad es un grito para liberarnos de la opresión de nuestro pecado, un imperativo para romper las cadenas que atenazan las estructuras que generan y mantienen el pecado. Liberarme de esa opresión estos días en el sacramento de la Reconciliación me hará llegar a los pies de la Cruz ligero para inundarme del Agua de Vida de su costado.

Hoy comienza el camino de cuarenta días hacia el Sepulcro vacío y yo anhelo llegar con mi corazón como una tumba abierta que deje tras de sí los jirones del sudario para colmarse con la realidad de un hombre nuevo. Ese camino se inicia con el signo de la imposición de la Ceniza y yo recorreré los primeros pasos en familia, con mis hijas que, aunque son aún unas niñas pequeñas, lo andarán cogidas de las manos de sus padres, sintiendo la inmensa alegría y confianza que queremos transmitirles; así acudiremos juntos a la Eucaristía de seis en el Perpetuo Socorro de Madrid a que en nuestra comunidad un Redentorista nos la imponga sobre la frente y nos aliente a convertirnos y creer en el Evangelio.

Y todo con la alegría serena y confiada que nos da la seguridad de que finalmente llegará la Pascua.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Te has vuelto loco?


Esta mañana ha sonado mi teléfono, era un amigo con el que hacía tiempo, quizás demasiado, que no hablaba. De vez en cuando lee lo que voy publicando en el blog, y estaba preocupado de verdad: “¿Te has vuelto loco? ¿Quién te ha comido la cabeza? ¡Esa gente te ha comido la cabeza! Sí, si siempre has sido de ir a misa, de no hacer demasiadas tonterías, religiosillo, pero de eso a lo que leo……”. Me dejó sencillamente anonadado, sobre todo porque me confesó que en algún momento de nuestra juventud “temió” que me encaminara fuera del mundo. No quise preguntarle a qué gente se refería, porque estaba bastante claro, y por ahí no iba a pasar.

Alguna broma de por medio, pero no quise cambiar el tercio, quise afrontarlo y despejarle – o aumentarle- sus miedos. Por un momento comprendí toda la esencia del salir –que no abandonar- del templo para bajar al fango, que escuché en alguna homilía, y sus consecuencias.

Ha sido una conversación larga y densa, un pelín incómoda y que acabó con un “no, si me parece muy bien” por su parte.

Las gotitas que han colmado el vaso se refieren al voluntariado que realizo y al Curso de Voluntariado al que me he apuntado (leyó estas dos entradas al tiempo y creo que se empachó).

Yo fui todo lo claro que pude. Y veo que sí, que tengo que darle la razón: me he vuelto loco. Y qué felicidad cuando uno enloquece por Él, por expresarlo de alguna forma. Pero así son las cosas. Estamos donde estamos por algo y para algo. Nos relacionamos con la gente por algo y para algo. Podemos verlos desde el egocentrismo o desde la gratuidad, es decir, como objetiva presencia de Dios para los demás, como cooperadores de la acción de Dios. Cada gesto, cada palabra, cada actitud tiene un efecto multiplicador y expansivo en los demás. En este punto, nuestro libre albedrío, la libertad total que nos da el Creador, es optar por ser cooperantes de su voluntad, un remedo de su Luz en el mundo, o desentendernos. Algo así como actuar, vivir, no tanto por Él como con Él. Y hacerlo siendo portadores de un mensaje inequívoco de transcendencia, presencia real del Misterio. Y, como consecuencia, alegres.

Moverse por moverse genera inercia, una inercia finita. Hay un verso de Juan Ramón Jiménez, “y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando”, que me produce frialdad y tristeza, sensación de punto y final. El mundo continúa como si nada, y mi tiempo simplemente se agotó; sin más.

Sin embargo, Cristo nos liberó de la muerte, vino a liberarnos de la muerte del pecado y de la carne; su Resurrección es la puerta abierta a la nuestra; su Vida el mensaje y la pauta para acercar el Reino a la Tierra. Vivir en los demás, con los demás, para los demás es hacerlo en, con y para Dios.

El buenismo por el buenismo, la filantropía, la solidaridad desnuda están bien en cuanto mejoran las condiciones de vida de la gente, pero si todo eso no se convierte en auténtica caridad, si no va impregnado del sentido de transcendencia, si no lleva anexo e indisoluble el anuncio de la Buena Nueva, estaremos generando pura y llanamente increencia, y castrando la verdadera Esperanza de nuestros semejantes.

No soy ni mejor ni peor que quien me llamó esta mañana por teléfono; la diferencia, quizás, es que sí, definitivamente me he vuelto loco. Se ve que en casa hemos perdido la cabeza.