jueves, 13 de marzo de 2014

Silencio fértil

El silencio es necesario. Caminar por el propio desierto y hacerlo en silencio me ayuda a que a cada pequeño paso vayan cayendo como costras los restos de las heridas. El silencio es necesario, pero sólo cuando es elocuente; el silencio es necesario cuando el silencio habla.

Revisarse a uno mismo es nada cuando uno se revisa a la luz de Cristo. No hay claroscuros, no hay resquicio a recovecos. Con esa Luz todo es visible. Las heridas del pecado van sanando y caen las costras para mostrar un hombre nuevo.

El silencio. Encerrado en un tubo y bombardeado por ondas. Como esperan los cadáveres la resurrección. La vida puede ser un continuo tubo donde permanecer inmóvil; una vida estéril.

El silencio reestructura cuando se comparte. Porque hasta el silencio puede ser compartido; hasta el silencio debe ser compartido. Así, es elocuente; así, el silencio habla. Así, el silencio es fértil.

Y del silencio a la palabra. Del silencio propio y el respeto al ajeno, a la palabra. De la quietud al movimiento. Y contarlo. Y compartirlo. Lo que no se comparte no es nada; ni existe. Lo que no se comparte es un lastre que te hace caer a plomo. Y compartiendo, las luces no hacen sombras, sino que muestran multitud de colores.

El silencio te puede hacer tierno. Y hablarlo y compartirlo hace florecer la ternura. Y salir del tubo. Y hacer del universo un gigantesco útero generador de vida. No callar. Moverse. Darse hasta el último día. Elegir caminar con el dalle en la mano… o scalando en Familia con una lucecita.

Estamos para eso. En casa, con tu mujer o tu marido, con tus hijos si Dios te los ha dado en custodia, allá donde te encuentres. El universo es inalcanzable si no lo haces tuyo; el universo es oscuro si tú no eliges iluminarlo.

Silencio a gritos. Ejemplo que habla. Sendero programático tras los pasos de Cristo, que no es ideología, ni conoce la izquierda lo que hace la derecha cuando ambas manos se afanan en estrechar otras. Y aquellos que se empeñan en escorar Sus pasos o modelar su Palabra ni entienden ni fecundan. Engañosos vocablos tras falsas apariencias.


Y en silencio, y hablando y actuando, scalar a la Pascua mientras caen las costras. Y llegar desnudo a los pies de la Cruz arropado tan sólo por tu propia conciencia. Pero no llegar sólo, llegar en Familia, arrastrando a otros. Y que a todos nos riegue una gota de Luz.

2 comentarios: