Scala News

Mostrando entradas con la etiqueta Felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Felicidad. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de abril de 2012

Sobre la felicidad en comunidad


Acabo de leer en un artículo de Religión en Libertad, que según Chaeyoon Lim, sociólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison, en cuestiones de religión la tibieza no es más que tibieza; vamos que no denota ni transmite  frío ni calor. Lo cierto es que no me hacía ninguna falta el nombre de ningún sociólogo, por muy importante que sea la institución académica a la que pertenezca, porque para eso nada como la propia experiencia. El caso es que este señor viene a decir, en la American Sociological Review, que cuanto más comprometido seas con tu comunidad religiosa más feliz eres, que a mayor número de amigos con los que se comparten experiencias religiosas mayor felicidad. Pues qué importante me siento habiendo llegado por mí mismo a idéntica conclusión, y habiéndolo compartido desde hace ya tiempo por estos medios. Si va a resultar que soy un genio de la sociología.

Vaya, que no soy un bicho raro, que no soy único señores. Ni yo ni ninguno de los que conmigo, mi mujer y mis hijas comparte la fe en PS, ni yo ni ninguno de los que de una manera u otra forman parte de la Familia Redentorista. Y lo pongo así de claro porque el otro día, una logroñesa ciberamiga de Facebook me dijo que lo mío con PS no tenía nombre. Pues por lo visto sí que tiene nombre, y no lo pongo yo, que lo pone ese sociólogo aparentemente tan importante y de nombre para mí casi impronunciable, por lo visto se llama FELICIDAD. No, y no la da PS, la da directamente Cristo -sí el Resucitado, el Dios Vivo-, se mima, cocina y expande en la Familia Redentorista y se concreta en el Perpetuo Socorro de Madrid. Y además no es excluyente, al contrario, se ofrece a todos y de cualquier edad y condición; aunque ya ves, qué tendrá esto, que a mí cuando me ha dado por meterme en el fango me ha dado por hacerlo entre los más necesitados. Y oye, que qué feliz. Concretada en PS, sí, pero esto de tener una Familia tan, tan grande, hace que no sólo se concrete ahí, también en Valencia donde dos queridos amigos el día 1 de mayo se ordenarán diáconos, o en Sevilla, o en Vigo, o en Santander, o en Granada o…… qué más da, allá donde se esté y uno pueda ser útil y necesario. Porque qué tendrá eso de la felicidad que lleva a compartirla, aunque sea a través de un sencillo, personal y humildísimo blog como este.

Por eso hoy, además de compartir mi felicidad y confesar que soy todo un privilegiado por poder vivir mi fe en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, en la Familia Redentorista, quiero animar a todos a que cierren el grifo del agua fría. Que lo cierren para abandonar la tibieza, porque esto consiste en quemarse por dentro con ese calor tan especial. Que se acerquen a sus parroquias, sean cuales sean, que se impliquen, que se ofrezcan, que se den; y que si no existe o no está bien consolidada, que sean los primeros en formar allí una comunidad donde compartir la fe y ser felices dándose a los demás.

Y para que mi ciberamiga no me diga de nuevo que no tengo nombre con PS, pues pongamos que esto lo escribo simplemente por darle la razón al tal Chaeyoon Lim, que debe de ser importantísimo. Y para apoyar empíricamente su estudio con un caso más, porque punto por punto, eso se vive en PS.

sábado, 14 de abril de 2012

Felicidad compartida


Acabo de leer una noticia sobre el II Congreso Internacional de la Felicidad, en el que se afirma que la felicidad es más si se comparte. Una frase bonita, pero bien pensado, es que ¿puede no compartirse? Es decir, cuando uno es feliz creo que lo comparte de manera instintiva, por naturaleza, en el rostro, en ese saludo mañanero en el ascensor sin necesidad de All Bran, en la actitud cotidiana, en la manera de afrontar los obstáculos diarios. Si no es así, si no se nota, se podrá estar más o menos contento, o satisfecho, pero feliz, lo que se dice feliz me temo que no. Bueno, lo que podamos experimentar como cercano a la felicidad, porque yo soy de los que piensan que aquí simplemente la rozamos, pero que la felicidad plena solamente la alcanzaremos cuando experimentemos, cara a cara, la plenitud del Amor de Dios. Y sabemos que la experimentaremos gracias a lo que celebramos los católicos en estas fechas, la Resurrección, la Redención abundante que nos viene de Cristo resucitado: Copiosa Apud Eum Redemptio.

Eso sí, la sensación que experimentas tratando de contribuir a crear el Reino aquí mismo, es extraordinaria. Y eso solamente se hace compartiendo. No puede ser de otra manera. Eduardo Punset afirma que la felicidad es la ausencia de miedo, y desde el punto de vista cristiano es consecuencia directa de la fe, la certeza, la convicción en la realidad de la Resurrección. Esa ausencia de miedo, esa felicidad, esa fe, a lo que te lleva es a compartir, y puede que la experimentes por primera vez compartiendo. ¿El qué? Pues la Vida, tu vida, tratando de llevar Vida a los demás. Uno a veces trata de hacerlo, puede que se quede en un intento, puede que acierte o puede que no, pero el propio intento genera un climax de inercia bastante más que positivo.

No hay más que mirar a la cara de todos aquellos que entregan su vida a los demás, a los más necesitados. Lo que ves es un nítido reflejo de felicidad. Con los problemas personales, con situaciones concretas, con dudas momentáneas, con trabas, pero si miramos fijamente al fondo de los ojos de esas personas encontramos un océano de serenidad y paz. Esta noche, el Grupo de Matrimonios de PS al que pertenecemos María y yo hemos celebrado una Eucaristía en la Capilla de la Comunidad Redentorista, presidida por el P Octavio Hidalgo, en la que compartimos abiertamente experiencias y sentimientos de esta Semana Santa. Uno de los miembros, Marina, quiso expresar en voz alta un agradecimiento explícito a los Redentoristas en su conjunto y personal a cada uno de los que conoce “porque son especiales”. ¿Veis? No es que yo sea raro por contar por aquí lo que vivo, es que son especiales de verdad. Compartir en Comunidad te hace reflexionar sobre lo vivido dejando brillar claramente la auténtica dimensión de todo ello: la fe. Y el gozo por la Resurrección, compartido, se expande e intensifica.

Pero es que eso de que la felicidad es más si se comparte se puede constatar incluso inmerso en situaciones de dolor, trágicas, límite o desesperantes, porque tratar de aliviar el dolor es acercar la felicidad y comenzar a contagiarla. Se puede comprobar en comedores sociales, en hospitales, en alberges para “sin techo”….

Compartir la felicidad la aumenta, compartir el dolor lo difumina.

Si eres feliz no puedes más que compartirlo, si no lo haces o no eres realmente feliz, o dejas de serlo.