Scala News

jueves, 30 de enero de 2014

OJALÁ LO MATEN PRONTO

“@PEREZMAURA OJALÁ LO MATEN PRONTO”

No, no me he vuelto loco; al menos no del todo. Las palabras que aparecen arriba no son mías, son de algún insensato superdemócrata y amante de la paz y las libertades, como resulta evidente, que ha decidido no guardárselas sino publicarlas en la red social Twitter. Y a aquel se le suman otros tuits amenazadores.

Hace algún tiempo le tocó a @Xiskya, la Hemana Xiskya Valladares, o a @PaterAbraham, el sacerdote Abrahám Cruz. No guardé silencio, y tampoco lo haré ahora. Aún no había conocido personalmente ni a Xiskya ni al Pater cuando alcé la voz. A @perezmaura, el periodista Ramón Pérez-Maura, no es que le conozca, es que le quiero, es amigo mío y parte de mi vida y de mi historia.

Sin embargo no son ya ni el cariño, ni el peso de los años los que me hacen publicar una nueva entrada en este humilde blog. Es una simple cuestión de conciencia y de justicia. Así como en su momento no entré a valorar las convicciones religiosas de Xiskya o de Abrahám, tampoco pretendo hacerlo con las ideas ni pensamientos de Ramón, porque cada quien es libre de pensar como quiera, sentir lo que quiera y expresarlo libremente siempre que al hacerlo no agreda, ni las palabras o actos sean constitutivos de delito.

Los deseos de muerte, las amenazas, los insultos, tienen siempre un denominador común, y ese no es otro que el perfil de quien los profiere: almas atormentadas, personalidades insatisfechas, fuerzas de las tinieblas. Otros calificativos me los ahorro.

Sí, fuerzas de las tinieblas. Y mientras tecleo me viene a la cabeza la reciente imagen de la paloma atacada por un cuervo y una cigüeña en la Plaza de San Pedro. Bien expresivo.

Marcos, en el Evangelio de hoy (4, 21-25) nos trae la Palabra de Jesús. Y a la Luz de esa Palabra yo no voy a esconder el candil. Al contrario, con él en la mano abrazo a Ramón; con él en la mano, rezo también por quienes insultan y amenazan, para que dejen iluminar sus tinieblas con la única Luz verdadera. Ese mismo pasaje nos recuerda que “la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces”. Pues yo conozco la de Ramón en primera persona, y es la medida de un hombre bueno.

Iniciaba hoy mi andadura cotidiana en twitter con la Lectura breve de Laudes: “Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Consiga o no reflejarla, yo elegí ser luz. Pues eso.

Ramón, que un abrazo fuerte. El de siempre.

domingo, 26 de enero de 2014

Foi oblige

Redondo. Un fin de semana redondo. Familiar, en comunidad y sintiendo al Señor envolviéndolo todo; sintiendo la mirada sonriente del Señor sobre nosotros.

Una Eucaristía especial y en Familia. Un regalazo. Una mesa en Familia. Y, aunque yo fuera de rondón una suerte de punching ball dialéctico, prefiero hacer un guiño a Santo Tomás Moro y tomarlo con sentido del humor. Comunión.

Y la del domingo otra Eucaristía en Familia. Festejando a las Paulas. Con aperitivo en Familia: padres, niños y algún abuelo. Con el Señor por la Plaza de Olavide. Comunión.

“¿Está dividido Cristo?” Pues no, va a ser que no lo está.

Y por lo familiar, normal y pausado, ha sido uno de los fines de semana a conservar en la memoria con luces de neón. Uno de esos que nos serán tan útiles de recordar cuando los momentos no sean tan buenos o armónicos. Porque saberse amado por el Señor no debería olvidarse nunca. Y nos ama tanto cuando las cosas van bien como cuando la tormenta descarga sobre nosotros. No deberíamos olvidarlo jamás. Gracias Dios mío por ser tan afortunado.

Pero hay demasiados que aún no lo saben. Hay demasiadas personas que aún no saben que son amados por el Creador. Demasiados ignoran que sus nombres están inscritos de manera personal e individual en las palmas de sus manos. Pues, así como hubo un momento en la historia en el que la expresión francesa noblesse oblige tuvo una plasmación práctica real, la fe, aquella que es plenamente vivida y radicada en un encuentro personal con Cristo, ha de tener como consecuencia natural una explosión centrífuga de propagación de la Buena Noticia. Una suerte de foi oblige. Propagar por contacto, contagiar con la propia vida. Gracias Señor por todos aquellos que acrecientan mi fe con su ejemplo y con su vida.


¿Lo hago? ¿Lo hacemos? Pues a espabilar y manos a la obra.

Prejuicio

Prejuicio (DRAE):


1. m. Acción y efecto de prejuzgar.

2. m. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

... y duele.


martes, 14 de enero de 2014

Sirven para servir

Servir:

1.     Estar al servicio de alguien.
2. Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone.
3.     Aprovechar, valer, ser de utilidad.
4.     Ser soldado en activo.
5. Dar culto y adoración a Dios y a los santos, o emplearse en los ministerios de su gloria y veneración.

Las anteriores son solamente algunas de las acepciones que nos ofrece el diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Según esto todos y cada uno de los recientemente nombrados cardenales por el Papa Francisco definitivamente sirven para servir. De los 19, de quien más conocimiento tengo es de Monseñor Fernando Sebastián, el arzobispo emérito de Pamplona, y no deja de ser un conocimiento meramente superficial porque ni siquiera he leído uno sólo de sus libros. Acabo de escuchar la rueda de prensa organizada con motivo de su nombramiento y me he encontrado con un joven de 84 años. Creo que es exactamente eso. Cierto es que un joven un tanto especial por su fe, sentido del humor, inteligencia, tino, ideas claras, integridad, paciencia, humildad, disposición de servicio, amén de la energía y mesurado valor para defender alto y claro sus convicciones que no son otras que el propio Evangelio. De lo anterior mucho más que muchos jóvenes y, además, enriquecido por la impagable sabiduría otorgada por el transcurrir de los años.

Simplemente un botón de muestra, pero me he querido fijar en él por su edad. Sus cualidades y años de servicio a la Iglesia ahí están. Sin sesgos. Pero su nombramiento, como el de los otros dos arzobispos eméritos, viene a reforzar la realidad de que el Papa predica con el ejemplo. Cada vez que ha hablado de la cultura del descarte refiriéndose a los ancianos se hace ahora realidad: su homilía en Santa Marta del 19 de noviembre en torno al anciano Eliazar, la lleva ahora a efecto; “un pueblo tiene futuro si va adelante con la fuerza de los jóvenes y con los ancianos”, palabras pronunciadas por Su Santidad en pleno vuelo a Río de Janeiro camino de la JMJ, pues aquí tenemos su praxis… los ejemplos son tan numerosos como contundentes y estos nombramientos lo llevan a la práctica.

Predica con claridad meridiana en las palabras, la fuerza de los gestos, la contundencia de la realidad y una coherencia tan sólida que sólo puede ser inspiración del Espíritu; como lo fue su elección.


Quizás no verlo así sea producto de esos impulsos que sólo pueden ser atemperados por el paso de los años. Creo que fue Jean Jacques Rousseau quien, en pleno siglo de las luces, dijo que la juventud es el tiempo de estudiar la sabiduría y la vejez el de practicarla. Pues eso, que a practicarla, porque sí, sirven para servir. 

jueves, 9 de enero de 2014

¿Miedo?

“Ánimo, soy yo, no tengáis miedo” (Marcos 6, 50). ¿No habéis necesitado nunca recordar esto? Pues yo sí. Necesito hacerlo presente más que recordarlo; más que traerlo a la memoria es hacerlo real lo que necesito. Sentirme y saberme bajo la mirada de Dios, paternal, tierna y cálida.

Quizás sea por eso que, siempre, lo que más me ha asustado es la normalidad, lo que más me ha costado es la normalidad. No es que necesitara de zarzas ardiendo a cada paso, que no; pero sí pararme en la cotidianeidad, en la rutina y verle en lo pequeño, en las nimiedades diarias. Y a veces me costaba, mucho. A veces me cuesta.

Soy un tipo raro, lo reconozco, y lo mío no es que sean dudas; no sé si será bueno o malo, pero no me asaltan grandes dudas existenciales, ni de fe, ni de transcendencia. Ni me asaltan ni me preocupa no tenerlas. Procuro verlo todo de una forma mucho más fácil; en el fondo debo ser muy básico. Lo que me preocupa es perderme en la inercia diaria. Dejar de verle, de saberle, de sentirle.  Pararme a lo largo del día es el mejor método para sentirme bajo su mirada: las horas. Bien cómodas con iBreviary en el Smartphone. Y es en Completas, con la casa en silencio, cuando tantas veces me siento un pobre torpe; nada más que eso. Tantas veces en la Adoración, ante el Sagrario o en la intimidad de corazón a Corazón al final del día brilla con fuerza una de mis principales características: la torpeza. Porque es sólo entonces cuando contemplo que la normalidad, la cotidianeidad, la rutina, lo pequeño, las nimiedades diarias están mecidas por la mano de Dios. Él siempre ha estado ahí. Siempre está ahí.

Soy raro. No doy un grito ante un fantasma. Es no verle lo que me asusta, no sentirle, no saberle lo que me da miedo. No es lo que me pida sino no oírle lo que me asusta. Es exactamente eso, porque Señor, tu siervo escucha.

Y dicho esto me pregunto ¿seré capaz de ser remanso de paz, faro de luz, refugio de esperanza, punto de seguridad para otros? Al menos ¿seré capaz de suscitar preguntas o respuestas? Sé que algo de esto, un poco de cada, quizás, lo soy para mis hijas. ¿Y para los hermanos…?


En fin que ¿quién dijo miedo?

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Cómo acabo el año?

Ya es 31 de diciembre, último día de 2013. Termino el año en Paz. Diez años de matrimonio y cuando miro a mi mujer a los ojos todavía me parece trasladarme a Oruña y siento lo mismo que en el primer cruce de miradas el 15 de agosto del 2002. Afortunado ¿A que sí? Miro a los ojos de mis hijas y siento lo mismo que la primera vez que las vi, y veo en ellos la apuesta de Dios por el mundo, por el hombre. Miro los ojos de mi madre, una joven niñuca de 79, y sé que al mirarme ella también ve a un bebé peloncete. ¿Afortunado? Pues sí, sin duda.

Acabo el año con trabajo y habiendo abandonado el tabaco. Vamos, que no lo acabo mal. Y lo acabo sabiéndome bajo la mirada de Dios, en Paz y aún inflamado tras la Adoración de la Plaza de Colón. Lo acabo tras haber asistido a misa de 20h en PS, en casa, teniendo a mi lado a Oita, y eso es una gracia. Lo acabo con la ALEGRÍA del Evangelio gracias a Francisco.

Lo acabo contento y recordando la visita a Mérida del puente del 1 de noviembre en nuestro décimo aniversario viendo la felicidad de mis niñas, de las tres. Lo acabo contento porque pienso en Bárbara y Josefer y veo a dos vencedores encomiables y en ellos la mano de Dios, por muchos recovecos que quieran darse. Lo acabo contento porque veo a Joaquín y en él la esperanza de una fe incandescente. Lo acabo después de unos recientes encuentros con amigos de siempre, con las cenas familiares de Navidad, habiendo vuelto a ver a Antonio y a María. Lo acabo tras una invitación de Santi y Esther al cine con los niños que hubiera sido como ir en familia; tal cual. Lo acabo con unas recientes manos sobre mi cabeza: el Señor fue bueno conmigo. Lo acabo tras la cena parroquial en familia. Pienso en un grupo dispar y variopinto de personas, muy distintas unas de otras, unidas por algo superior a nosotros mismos, como cualquier familia, y veo a la Comunidad de Laicos Redentoristas, y veo también al Grupo de matrimonios. Lo acabo con el P. Marcelo con un hueco en el corazón y recordando el paseo por Madrid con el P. Manuel Cruz.

Ya es 31 de diciembre, y en unas horas, si Dios quiere, celebraré en familia la última cena del año, y recibiré al nuevo en familia. Por ella le pido al Redentor, por la Familia. No sé muy bien por qué pienso también en Horacio y en sus padres y en su hermana; será porque también los quiero, como pienso en un puñado enorme de Redentoristas. Tampoco sé muy bien por qué ahora echo en falta un último #iEncuentro, como echo en falta una última cena con Miguel, Maira, Juanjo y Rocío. Ahora que acaba el año tengo en la cabeza y en el corazón a Lalo y a Guille. Y pienso en un 150 aniversario por el que tengo motivos personales para dar gracias, porque por ellos también estoy donde estoy y soy quien soy ahora.

Está a punto de acabar el año y me doy cuenta de que sigo aún un poco en Astorga, en Casa San Alfonso, y en Granada. Está a puntito de finalizar, y me gustaría poder abrazar a José Luis Marra-López. Se acaba con Carlos en Filipinas, de quien siempre tengo algo que aprender y que me ha regalado, hace solamente unas horas, una mesa en un rincón de un café de la mano de Miguel Pérez (http://mesarinconcafe.blogspot.com.es).

¿Cómo acabo el año vivido? Pues tranquilo, contento, en Paz y, creo, habiendo crecido un poquito. Lo acabo conscientemente bajo la mirada del Señor, de la mano de San Alfonso, con mi mujer a mi lado y unas hijas felices.

Acabo el año scalando en Familia.

Vamos, que visto lo cual ¿cómo voy a acabar el año? Pues dando GRACIAS a Dios. Tal cual, así, con mayúsculas y bien alto y claro: GRACIAS.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Una misma familia

Qué subidón de Adoración en Colón, por decirlo de una manera coloquial. Mi familia al completo está en Santander y esta tarde me lancé a la calle de paseo; al pasar por la Plaza de Colón, me metí en la carpa donde se ha estado desarrollando durante 33 horas seguidas la Adoración al Santísimo, y me quedé sorprendido de la inmensa cantidad de gente de todas las edades, pero sobre todo jóvenes de toda condición. Estuve allí un rato y salí con la intención de regresar por la noche, pensando que habría mucha menos gente. ¡Qué iluso!

Volví sobre las once y media y de nuevo tuve que sentarme en el suelo. Impresionante, realmente impresionante. La custodia elevada en un monumento blanco y a sus pies, flores, velas y la Sagrada Familia. Ni una sola silla libre y casi sin hueco donde sentarme sobre el suelo. El turno de adoración lo dirigía un grupo de jóvenes de la Parroquia de San Germán de Madrid. Sin palabras, no tengo palabras. La sencillez, la profundidad, la naturalidad, el respeto y la sensación de familia eran sobrecogedoras. Yo llevaba ante el Señor a mi mujer, mis hijas, mi madre, mis hermanos, a un amigo y de manera muy, muy especial a mi ahijado. Entre meditación y meditación me vi entonando canciones para mí más que conocidas.

Meditaciones, música, gente entrando y saliendo con la normalidad de quien anda por casa y mis pensamientos. La carpa abovedada con estrellas sobre el Santísimo era una maravilla. Uno va como va, y de repente se hace el silencio y todo adquiere un color especial, un sonido especial, brilla la Luz, reina la Paz y las piezas del puzzle se recolocan armónicamente. Mis pensamientos, las "Visitas al Santísimo" y los hijos de San Alfonso Mª de Ligorio... Con el transcurrir del tiempo algunas sillas quedaron vacías, pero yo estaba cómodo en el suelo y pensé en una alfombra roja… ¡le llevaba también a una enorme Familia!

En el suelo, a ratos de rodillas, a ratos sentado según el entumecimiento de las piernas. A sus pies. Tenía justo frente a mi la talla de la Sagrada Familia. Era como estar ante el Pesebre y ante la Cruz a la vez. Le miraba y repetía en silencio “Jesús ¿me oyes?” como San Alfonso anciano.

Había un par de confesionarios de los de la JMJ de Madrid 2011 y el Señor fue bueno conmigo. Me levanté para ir a confesarme. Yo no veo muy bien, y en penumbra aún peor, de modo que no me di cuenta de que conocía a aquel joven sacerdote hasta que estuve frente a él. Sus manos sobre mi cabeza. El Señor fue bueno conmigo. Me levanté para arrodillarme de nuevo porque ya retiraban el Santísimo. Era casi la una de la madrugada. Continuaron los cantos y me vino a la cabeza una frase que suele decir siempre el sacerdote redentorista que celebra los domingos la misa de las familias en la Parroquia de la Inmaculada de Santander: “que todos seamos una misma familia”. Todos los desconocidos que allí estábamos éramos una misma familia.

Salí de la carpa y me encaminé hacia la calle de Génova dándole gracias a Dios. Adorando en familia. Scalando en Familia.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Nombres

María, Toya, Paula, Teresa, Juan Manuel, Ana, Juan, Nachón, Pilar, Anuca, Nachito, Jorge, Emilia, Enrique, Eduardo, Luisa, Rosario, Nieves, Teresa, Fernando, María, Ignacio, Almudena, Ana Luisa, Enrique, Marta, Sofía, Javier, Arturo, Lucía, Ana, Iciar, Mª Rosa, Lolita, Angelines, Carmen, Ciano, Dorita, Otelia, Cora…

Jorge, Olegario, Víctor, Nicanor, Pedro, José Luis, Antonio, Octavio, Juan Antonio, Marciano, Michael, Rafa, Manolo, Esteban, Benigno, Fabriciano, Francis, Juan Bautista, Enrique, Víctor, Francisco, Lauri, Miguel, Carlos, Damián, José Luis, Antonio M, Leopoldo, Manuel, Bryan, Tomás, Paul, Klemens… CSsR.

Maximiliano, Julián, Miguel, Laurentino, Manuel, Rafael, Ramiro, Eusebio, Urbano, Javier, Fabián… SchP.

Sor Jacinta, Sor Teresa y Sor Lourdes, Siervas de María.

Gonzalo, Ramón, Ana, Pablo, Pilar, Belén Íñigo, Simón, Rocío, Magdalena, Borja, Manolo, Javier, Miguel, Joaquín, Gonzalo, Pepito, Nacho, Suyapa, Antonio, María, Rocío, Juanjo, Miguel, Maira, Curro, Flavia, Joaquín, Ale, David, Oita, Jorge, Carla, Ana, Julio, Elisa, María, Pepe, José Mari, Bea, José María, Marga, Keka, Alonso, Elías, Douglas, Almudena, Rafis, Gabi, Max, Beth, Horacio, Asun, José Luis…

Bárbara, Mariel, Lolita, Betty, Carol, Vicente, Ana, José, Antonio, Rafa, Pili, Antonio, Inma, Daniel, Mónica, Mª José, Enrique, Maribel, Javier, Marina, Luis, Faus, Álvaro, Pilar, Javi, Antonio, Manuela, Tito, Gonzalo, Lalo, Guille, Cris, Laura, Íñigo, Marcelo, Braulio, Joséfer, Santi, Esther, Marta, Patxi, Julián, Dani, Xiskya, Nando, Juan, Jesús, Dori, Fer, Sergio, María, Pepa, Irene, Xoan, Moncho, Enrique, Mane, Susana, Pedro, Elena, José María, Néstor, Joan, Tille, Pifa, Lita, Tinín, Tilde, Lalo, Jaime…

Son solamente algunos de los nombres que han contribuido a alguna sonrisa, a algún frunce de ceño, a cogerme de su mano, a suavizar el golpe o a evitarlo, a alguna carcajada o a alguna lágrima, a equilibrar los ánimos o a exasperarlos;  Son solamente algunos de los nombres que están o han estado en mi vida. En alguno de esos nombres el Señor es presencia permanente, en otros visita inesperada. En directo, con palabras, desde la distancia, con gestos, con un tuit abierto o privado, o una simple mirada. Lo que me impresiona es cuántos nombres están grabados en las diminutas palmas de las manos de quien nos acaba de nacer. Me impresiona y me sobrecoge que esté el mío. Me anonada saber que llegó el momento en que dos clavos los bañaron de sangre. 

martes, 24 de diciembre de 2013

Un Dios meoncete

A estas horas posiblemente ya han encontrado, por fin, posada; quizás sea José el más nervioso, el más preocupado, que María casi seguro piensa ahora en el Niño. José en los dos: en su mujer y en su hijo. Sí, su hijo, porque aunque sea el Hijo de Dios, el Dios con nosotros, ese bebé que está a punto de nacer es su hijo, lo hizo suyo, lo asumió como propio. Ni el progenitor 1 o progenitor 2, simple y llanamente su padre, y María su mujer. Dios se encarnó en María y José lo hizo suyo y le dio una estirpe y una genealogía que lo entronca en la historia del hombre, y está muy bien y según estaba escrito, pero sobre todo le proporcionó el calor de una familia completa y el amor y la ternura también de un padre. El sí de María es el fundamental, pero sin el sí de José todo habría sido diferente; sólo Dios sabe por qué quiso que su hijo naciera con madre y padre. No creo que fuera por convencionalismos de la época, ni siquiera de quienes escribieron la historia, que es, de entrada, bastante poco convencional, lo suficientemente sorprendente como para haberse saltado cualquier otra norma establecida.

Dios nace niño, tierno, indefenso y habiendo su padre encontrado cobijo casi en el último momento. Nace dependiente como cualquier bebé y además pobre. Lo pequeño y lo más humilde es en realidad lo más grande. Y lo hace así por cada uno de nosotros. Lo curioso es que es el Dios con nosotros desde el minuto 0 de su concepción y fue pasando por todas las fases de desarrollo hasta ver la luz, agarrarse al pecho de su madre y sentir el olor de la paja y los animales que calentaban el lugar. Aquel lugar fue el cielo en la tierra.

Yo quiero estar hoy allí adorando al niño; asombrado por la fortaleza de María y la fe de José. Adorando a un Dios llorón y meoncete que nace por todos. Un Redentor al que hay que cambiar los pañales. No voy sólo, lo hago con mi mujer y mis hijas, le llevo a mi madre, mis hermanos (repartidos en tres puntos de la geografía nacional), mis sobrinos, mi Comunidad; cada uno puede ir por su lado, pero yo los llevo conmigo. Y este año, de manera especial a Bárbara y a Josefer como ejemplos brillantes de superación; a Carlos que vive su Navidad en tagalo; a un alma buena que camina en pos de su entrega; a Marcelo, Bryan o Manuel tan cerca estando tan lejos; a Gonzalo, Mati, Asun, José Luis, y Ramón; iCongreso. Todos a sus pies ante el Pesebre, y la Primera Comunión que recibirá Toya, y quizás Astorga de nuevo, y quizás, quién sabe, un Espino y...

Ojalá encuentren el calor de la Luz de ese Niño todos los que no tienen trabajo, los que están solos, tristes y enfermos, los empresarios que crean riqueza y empleo justamente, los sacerdotes cansados, las religiosas que se sienten agotadas, los niños maltratados, explotados o abandonados, los padres que sufren por no poder alimentar o vestir a sus hijos, los emigrantes que arriesgan su vida por un mundo mejor y no encuentran posada en el nuestro…

Ya no queda casi nada. María estará recostada; José, todo un manojo de nervios sin saber muy bien qué hacer, quizás se vaya afanando por encontrar algunos paños más o menos limpios... Y yo simplemente estoy deseando ver la carita de ese bebé, abrazarle y regalarle manos, ojos, voz, tiempo para que aquellos que se encuentren conmigo en el 2014 puedan conocerle un poquito, que tengan noticias de Él.

Tengo la suerte de esperarle y de hacerlo un año más en Familia; allí, en PS, iremos a adorarle en la misa del gallo. Seremos muchísimos, como cada año. Pero como cada año nada valdrá de nada si antes no le dejamos nacer en nosotros. Aún tenemos horas para prepararnos…

martes, 17 de diciembre de 2013

Cada año

Año tras año son mis niñas quienes contribuyen a que yo me vaya haciendo un poco niño para acercarme al Portal, las tres. La mayor con el coraje, la ilusión y el empuje de una flamante universitaria; las pequeñas que van creciendo felices, y atesoran aún la rompedora inocencia de la infancia. Sus ojos son como libros abiertos, tanto muestran el disgusto, la alegría o la duda como el asombro; sus ojos también buscan a veces, los de su madre o los míos para sentirse seguras.

Cada año por estas fechas, todo lo que vivimos hace que casi quisieran salirse de sus órbitas: las luces en las calles, los escaparates adornados, el color de la liturgia, las velas de Adviento… y una cuna vacía en el Belén. Esos ojos que no dejan de mirar, de ver, de preguntar, de esperar con impaciencia.

Cada año el ritual de la Carta a los Reyes; sólo les dejamos pedir tres cosas, y este año mi hija mayor no ha querido pedir nada más que una, el resto buenos deseos para quienes la rodean y para los niños pobres. Me ha recordado a un niño que nunca pedía para él, sólo escribía cosas para sus padres y hermanos, pero nunca pedía nada para él; casi creía que era una leyenda, hasta que un buen día mi madre me devolvió aquellas cartas. Pues estos días Toya me ha ayudado a recuperar un poquito de aquel niño, y eso es un paso de gigante para acercarme al Portal un poco más niño.

Cada año el ritual de la foto a modo de Christmas con la que felicitar la Navidad a quienes queremos. Siempre alrededor del Belén que cada año montamos entre todos. En esta ocasión ha sido la pequeña la que me ha sorprendido, porque en esa foto aparece, medio intuido, un miembro de la familia que ya no vive en Madrid. La única que se ha fijado en algo que al resto nos pasó inadvertido, pero que muestra que posiblemente sea ella quien más le eche de menos estos días, quizás porque desde los tres años ha sido parte fundamental también de su paisaje navideño, más de la mitad de su vida.

Y así vamos, con estas pequeñeces de la vida diaria caminando al encuentro del Niño; esas nimiedades nos ayudan a aligerar el corazón y scalar en familia, juntos.

Como cada año en breve tendremos la cena parroquial en PS, recogeremos y entregaremos la luz de Belén, llegará el soniquete vacío de los niños de San Ildefonso que nos hará dedicarle un recuerdo a nuestra querida Oita, la mañana por la Plaza Mayor, la cena de Noche Buena y… la explosión de alegría que se espera de la Misa del Gallo en PS, en Familia; en esa Eucaristía estará, como siempre en nuestro corazón y en el altar, la silueta del Christmas.

Cada año desde que empecé el blog, voy animando desde aquí a los rezagados a que traten de abrir el corazón, de dejarse animar, de dejarse acompañar caminito de Belén. Esperamos que nazca, pero es Él quien nos espera a todos.

Casi parece una sucesión litúrgica de hechos, de anécdotas, como las horas… la sacralidad de la vida diaria, que nos va conduciendo con la Paz a dejarnos iluminar por la Luz que vendrá de lo Alto, que nos va llevando en Familia a Adorar al Niño.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cansados y agobiados

Qué maravilla el Evangelio de hoy; cansados y agobiados y Él nos aliviará. Qué maravilla experimentarlo, sí, con el cansancio y el agobio para ser aliviado por Él. Quien lo haya sentido así tendrá la necesidad –sí, necesidad- de que todo el mundo sepa que puede recurrir a Él, que está a nuestro lado para aliviarnos.

¿No le vemos? ¿Seguro? En esa sonrisa inesperada, en el saludo de buena mañana de un vecino en el ascensor o en la oficina, en quien nos tiende la mano o nos ofrece su hombro, su tiempo o su cartera. Porque ahí está también Él, en cada uno de ellos. Caminarán a buen seguro con su propia cruz, pero con ellos están Él y su Amor; el Amor aligera sus cruces y les impele a sonreir, saludar y ofrecer manos, hombros, tiempo o cartera. Las cruces son menos amando, y amando, olvidándonos de las nuestras, ofreciéndonos, vemos que su yugo es llevadero y su carga ligera.

Sólo el Amor es capaz de transformar al irascible en manso y al orgulloso en humilde. Es sólo amando que amamos. No es cierto que no podamos acabar con los males del mundo, pero no lo haremos jamás sino comenzamos por los propios y los cercanos; y los cercanos hoy también están a golpe de tuit al otro lado del mundo porque hoy el otro lado del mundo es también el nuestro. Lo único que no se consigue es aquello que ni se intenta. Porque no se trata del tropezón aislado o reiterado, se trata de la actitud que tomemos en nosotros y en el mundo, se trata de nuestra propia opción voluntaria: amar o no hacerlo.

Yo le he encontrado en el hermano en cada una de las actitudes que describo arriba. ¿Cuáles son las mías? ¿Cuál es mi opción? ¿Han visto mi sonrisa, mi saludo, mis manos, mis hombros, mi tiempo o mi maltrecha cartera? ¿Han encontrado al Señor en mí, en mi vida, en mis actitudes? Porque el corazón no siempre está en el pecho, bien protegido por la caja torácica, el corazón está en las yemas de los dedos que teclean, en los ojos que miran, en los labios que sonríen, en la boca que habla, en los oídos que escuchan, en las manos que se tienden, en la cartera abierta; el corazón está latiendo en el tiempo que ofrecemos; el corazón está en los pies que siguen las huellas de Cristo. Porque el corazón está realmente vivo cuando lo donamos, sino es sólo un músculo.

Vayamos a Él. Le tenemos en la Oración, la compartida y aquella en la que el silencio se hace conversación acompasada del latido propio al Corazón de Cristo; le tenemos en las manos sobre nuestra cabeza acercándonos el perdón en la Reconciliación; le tenemos real, físicamente real en la Eucaristía que “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (EG 47). Ahí le tenemos siempre, en la Eucaristía como alimento y remedio, como Dios vivo a quien Adorar y dirigirnos. Nos espera en casa, en el trabajo, en la calle, en nuestra esposa, en nuestros hijos, en el amigo, en el hermano, en el sacerdote, en el Sagrario, en el altar. Nos espera en el cansado, agobiado, débil, hambriento, torpe, triste, asustado, solo, pecador. Nos espera; cansados, agobiados, débiles, hambrientos, torpes, tristes, asustados, solos, pecadores. Siempre nos espera.

Vayamos a Él, que en Él está la Redención copiosa.