martes, 14 de enero de 2014

Sirven para servir

Servir:

1.     Estar al servicio de alguien.
2. Estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone.
3.     Aprovechar, valer, ser de utilidad.
4.     Ser soldado en activo.
5. Dar culto y adoración a Dios y a los santos, o emplearse en los ministerios de su gloria y veneración.

Las anteriores son solamente algunas de las acepciones que nos ofrece el diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Según esto todos y cada uno de los recientemente nombrados cardenales por el Papa Francisco definitivamente sirven para servir. De los 19, de quien más conocimiento tengo es de Monseñor Fernando Sebastián, el arzobispo emérito de Pamplona, y no deja de ser un conocimiento meramente superficial porque ni siquiera he leído uno sólo de sus libros. Acabo de escuchar la rueda de prensa organizada con motivo de su nombramiento y me he encontrado con un joven de 84 años. Creo que es exactamente eso. Cierto es que un joven un tanto especial por su fe, sentido del humor, inteligencia, tino, ideas claras, integridad, paciencia, humildad, disposición de servicio, amén de la energía y mesurado valor para defender alto y claro sus convicciones que no son otras que el propio Evangelio. De lo anterior mucho más que muchos jóvenes y, además, enriquecido por la impagable sabiduría otorgada por el transcurrir de los años.

Simplemente un botón de muestra, pero me he querido fijar en él por su edad. Sus cualidades y años de servicio a la Iglesia ahí están. Sin sesgos. Pero su nombramiento, como el de los otros dos arzobispos eméritos, viene a reforzar la realidad de que el Papa predica con el ejemplo. Cada vez que ha hablado de la cultura del descarte refiriéndose a los ancianos se hace ahora realidad: su homilía en Santa Marta del 19 de noviembre en torno al anciano Eliazar, la lleva ahora a efecto; “un pueblo tiene futuro si va adelante con la fuerza de los jóvenes y con los ancianos”, palabras pronunciadas por Su Santidad en pleno vuelo a Río de Janeiro camino de la JMJ, pues aquí tenemos su praxis… los ejemplos son tan numerosos como contundentes y estos nombramientos lo llevan a la práctica.

Predica con claridad meridiana en las palabras, la fuerza de los gestos, la contundencia de la realidad y una coherencia tan sólida que sólo puede ser inspiración del Espíritu; como lo fue su elección.


Quizás no verlo así sea producto de esos impulsos que sólo pueden ser atemperados por el paso de los años. Creo que fue Jean Jacques Rousseau quien, en pleno siglo de las luces, dijo que la juventud es el tiempo de estudiar la sabiduría y la vejez el de practicarla. Pues eso, que a practicarla, porque sí, sirven para servir. 

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