viernes, 28 de diciembre de 2012

Santos Inocentes


Cada 28 de diciembre tengo un recuerdo especial por nuestras dos criaturas que no llegaron a nacer. El Señor las reclamó para sí antes de que vieran la luz del sol para ver directamente las de su Amor. Nunca me he preguntado por qué. La ilusión de la espera, la ilusión y el amor que generaron sus breves meses de existencia fueron un regalo, aunque no llegáramos a verles. Creo que poder contemplar la vida de esta manera no es más que una gracia, otro regalo para nosotros.

Pero los realmente inocentes en el día de hoy son todos aquellos que no llegan a nacer porque alguien decide que no nazcan, que son incómodos, que complican la vida, que no serán perfectos a los ojos humanos, que vienen para terminar de destrozar vidas de antemano destrozadas, a arruinar corazones sin fortuna, a eliminar adolescencias ya perdidas bajo el imperio del sexo; los inocentes hoy, son aquellos que no han llegado a nacer porque les han matado. Ellos son santos e inocentes. Yo hoy pido por sus madres, por las que se vieron sin ayuda, asustadas, desamparadas y a las que la sociedad, y tantas personas de manera individual, no les ofrecieron otra salida que el aborto. La vía rápida. Hoy las contemplo con misericordia en su dolor, y pido por ellas. Pero pido también por quienes simplemente lo hacen por una cuestión de incomodidad, sin el más mínimo remordimiento: que el Señor ablande su corazón y conozcan también de manera activa, no solamente pasiva, la misericordia. Como pido por todas aquellas personas que participan de esa barbarie, sea como sanitarios, como consejeros, como asistentes o como lo que sea; por los que tienen responsabilidades médicas, como padres, como asistentes o como consejeros espirituales, que de todo hay. El Señor se apiadará de ellos, que ellos se apiaden de los inocentes. Porque en muchísimas ocasiones víctima es la madre, pero mucho más lo es el inocente indefenso en el seno de su madre.

No son los únicos. Igual de inocentes –ni más, ni menos- son todos los niños que a diario mueren de hambre en el mundo o víctimas de la guerra, los niños maltratados, abusados, manipulados, los niños soldados, los empujados a la prostitución. Por ellos pido. Pido por los niños que sufren por situaciones individuales y por quienes lo hacen a causa de unas estructuras viciadas y mantenidas por sociedades enfermas.

No abrimos los ojos, no acabamos de abrir los ojos. Y no lo haremos si antes no abrimos el corazón. Por eso, a los Santos Inocentes les pido hoy que intercedan por nosotros, ya que “los niños Inocentes cantan alabanzas al Señor; lo que en esta vida no pudieron hacer lo han realizado después de su muerte”.

2 comentarios:

  1. Yo también me uno a tu oración por esas vidas radicalmente exterminadas...
    Un saludo y feliz Navidad.

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  2. Bellamente expresado, como siempre Enrique. Mi oración se une a la tuya y a la de otros tantos, con la esperanza y confianza de que pare esta tragedia.

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