martes, 4 de diciembre de 2012

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!


Esta es una de esas ocasiones en las que se me hace difícil escribir la entrada en el blog. Se me hace difícil porque las palabras se me agolpan a borbotones con la misma intensidad que los sentimientos. No es que no tenga palabras, es que ahora ni sé cómo estructurarlas, porque todas se hacen pequeñas, diminutas, si trato de expresar lo vivido esta tarde, si trato de mostrar el agradecimiento y el cariño. Gracias, gracias, gracias.

A las ocho y media, en mi casa, en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, tuvo lugar un funeral por mi padre. Las voces de parte de mis queridísimos jóvenes de la parroquia anunciaban la entrada de parte de mi Familia: Jorge Ambel un sacerdote al que quiero como a un hermano, Nicanor Brasa, Pedro López, Marciano Vidal, Juan Antonio González Terrón, Octavio Hidalgo y el diácono Damián Mª Montes. Y en los primeros bancos mi familia al completo, con la excepción de Nacho, mi ahijado, que no pudo venir desde Santander. Y un templo repleto de Amigos; amigos de mis padres, de mis hermanos, de mi mujer y mis cuñados, de mis sobrinos, mis “comunitarios” Laicos de PS, los hermanos del Grupo de Matrimonios, muchas personas de la parroquia, amigos míos.

Y el respeto de un silencio sepulcral, roto solamente por el amoroso sonido de las voces del coro o de quien presidía, el Padre Jorge Ambel Galán.

Si en algún momento contuve las lágrimas estas no fueron producto de la pena sino de la emoción de recibir y experimentar tanto Amor. No puedo expresarlo de otra forma. Todo en sí mismo era una inmensa oración por el eterno descanso del alma de mi padre. Era tal la fuerza que podía haber habido una gigantesca explosión de Amor.

Y ante esto uno simplemente puede decir, tímidamente, gracias. Ni siquiera con mayúsculas. He vivido el cariño de la comunidad Redentorista, de los jóvenes, de todos quienes hicieron el esfuerzo por hacerse presentes, desde los más jóvenes a los casi centenarios; y a él uní todas las expresiones de afecto recibidas estos días.

La cercanía de ese hermano con mi madre, el afecto de Pedro con ella, las palabras de Nicanor, el calor de todos. Y esos jóvenes a quienes tanto quiero, y todos, todos, todos.

La emoción de mis hermanos, la enhorabuena de mi madre por esa Familia, tantos amigos.

Aún floto entre el aturdimiento y el agradecimiento, pero con la paz y la alegría que no son producto más que de la fe. Porque lo más importante, lo importante, lo único importante es Él, entorno a Quien todos estábamos reunidos. Y el Perpetuo Socorro de María, el Icono con la Virgen sosteniendo al Niño, la Madre en cuyos brazos se durmió mi padre para despertar en el cielo.

Cuando uno no sabe qué decir, o cómo decirlo, lo normal es que sea mejor callar; pero yo no lo hago, de modo que: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

4 comentarios:

  1. hermano que Dios y la Virgen del Perpetuo Socorro siempre te conceda palabras de agradecimiento haberte regalado por todo este tiempo a tu padre y tu comunidad haber estado contigo en estos momentos..ahora que lo tienes en el cielo sabes que tiene alguien..intercediendo por ti y por todos.

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  2. Nuestra fe, nos deja el consuelo y el gozo del reencuentro, por mucho que el corazón llore en esta tierra. Nuestra mayor alegría debe ser, que alguien muy querido goza ya de un amor, belleza y consuelo sin fin. Encomiendo a todos y llevaré a tu padre en mis oraciones. Un fuerte abrazo.

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    1. Muchísimas gracias Ángelo por tus palabras y tu oración.

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