jueves, 1 de noviembre de 2012

Todos Santos


«Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero.» (Apocalipsis 7, 14)

El día de hoy, 1 de noviembre, señalado por la Iglesia para guardar memoria y honrar a todos los Santos anónimos que Viven en el cielo, me parece extraordinario. Extraordinario por simple cuestión de justicia hacia ellos, y extraordinario porque a todos nos recuerda la vocación a la Santidad. Así, tal cual. Y a mí, que soy bastante bruto, no se me ocurrió otra manera de explicárselo a mis hijas que tal cual, a bocajarro. De forma que pudieran entenderlo, pero sin tapujos ni medias palabras. Porque condensa la Vida, la muerte y la resurrección, e implica fe, confianza, voluntad y capacidad de sacrificio; no basta un simple deseo. Y creo firmemente que a los niños hay que hablarles de todo eso con claridad, alegría y sin medias tintas. Ya San Alfonso nos enseñaba que “un gran deseo de ser Santo es el primer peldaño para llegar a serlo, y al deseo se ha de unir una firme resolución”. No basta una mera bondad aparente. Es “algo” más. Es Amor hecho humanidad.

De esos santos anónimos que habitan en el cielo, gozando plenamente de la gloria, seguro que todos hemos conocido a muchos, muchísimos en vida. Como conocemos a muchos, muchísimos a nuestro alrededor y en nuestro día a día, que transitan en la gran tribulación, y lavarán sus vestiduras con la Sangre del Cordero. A unos los reconocemos o intuimos, a otros no; pero por ahí andan todos. Dando Vida a su paso, sufriendo esa tribulación con dignidad y altas dosis de estoicismo. Reconocidos sin buscarlo unos, e injuriados y perseguidos otros. De todo hay.

Los que son aplaudidos no buscan el aplauso, sino acercar el Reino a la tierra, como muchos de los incomprendidos e injuriados, empujados por una fe nítidamente robusta y una dignidad que les viene de lo Alto se mantienen firmes en la Verdad por el anuncio de la Redención Abundante. Firmes contra viento y marea, firmes ante la tribulación, firmes ante la incomprensión, porque realmente se sustentan sobre Roca, no sobre arenas movedizas.

Una vida coherente con el Evangelio y con uno mismo, que empuja a uno a una Vida Santa, puede acarrear injurias, desprecios, abandono, incomprensión, arrinconamiento, bullyin, mobbing… No solamente “en el mundo”, directamente en los círculos más íntimos, en la familia (seguro que todos conocemos algún caso, aunque ni lo sepamos), en los amigos, en el trabajo, en el colegio, en la vida diaria. Incluso en las Congregaciones u Órdenes religiosas puede darse, y de eso, ejemplos como los de San Alfonso Mª de Ligorio o San José de Calasanz son bastante explícitos. Personas que mantienen una vida heroica sea pública o anónima. Hoy. Aquí mismo. A nuestro lado.

Todos ellos, sea cual sea el caso de cada uno, santo a su manera. Cada uno a su estilo y con su impronta. El camino a la Santidad nos lo marcó Cristo y cada uno lo recorre con sus propios pies, con su forma de andar.

El caso es que con toda la alegría del mundo, con el gozo de quienes se enfrentaban a los leones o al fuego cantando, yo, scalando en Familia, quisiera el día de mañana ser uno de los que lavaron sus vestiduras y las blanquearon con la Sangre del Cordero. Con alegría en el día a día, con la cotidianeidad de Dios en el hombre, con la claridad de quien no se puede callar, con la contundencia de la Verdad, con el ejemplo de una vida coherente, desde el anonimato de mi propia conciencia y lo público del cuerpo que habito: scalando en Familia.

Todos estamos llamados a ser Santos. Aquellos a quienes hoy recordamos y honramos fueron uno de nosotros, tuvieron defectos que nosotros mismos tenemos; pero tuvieron algo más, el deseo inicial, la resolución y la perseverancia.

¡Ánimo a todos, que el Cielo nos espera!

1 comentario:

  1. verdad hermano perdone si soy atrevida gracias por este mensaje que me parece un aliento, un soplo de vida y deseos de aspirar la santidad,el cielo!

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