viernes, 12 de octubre de 2012

¿Medias verdades o mentiras a medias?


No me gustan nada las medias palabras, el decir pero callar, la sonrisa que asiente sin en verdad hacerlo, las mentiras piadosas, el constante dar largas; y para qué hablar de la falsa excusa como de rondón. No puedo con esas actitudes. Jn 8, 32; Mt 5, 37. O encierran falta de valor (en cuyo caso no queda sino acogerlo con misericordia), o simplemente tomándote por tonto adornan una abierta mentira (ya, también hay que acogerlo con misericordia aunque haya que redoblar el esfuerzo); puede que no sea sino producto de una descarnada falta de confianza. Me saca de quicio. Casi que prefiero la verdad desnuda y cruda que, a medio/largo plazo duele muchísimo menos. Todo esto me molesta realmente cuando quien me habla es alguien a quien quiero, porque en caso contrario no me afecta demasiado. Si es que estoy cargado de defectos, ya lo sé. Uno intenta mejorar, pero hay veces que se me hace difícil, lo reconozco. Y para colmo de males, tengo una especial sensibilidad para captar gestos, y… sí, “pillar”. Y sí, también estados de ánimo.

Me gustan las opiniones francas. La realidad puede presentarse tal cual o de una manera educada, bondadosa y no ofensiva, pero esta segunda opción nada tiene que ver con la “mentira piadosa”, que de piadosa normalmente tiene bastante poco.

Pero como soy un bicho raro, pero que muy raro, y alguna persona hay en mi vida a la que he cogido cariño en quince minutos y, además, dejar de querer, en mí es un ejercicio infructuoso, pues todo lo escrito hasta ahora podía directamente borrarlo, porque en el fondo carece de valor. Desaparece cuando sopeso el cariño sincero con el dolor causado. Y además, quién soy yo para meterme en la cabeza y/o el corazón de nadie y juzgar (Lc 6,36-38) sus motivos, sus causas. La causa de la causa es la causa del mal causado.

Y en el fondo sonrío, porque sé que muchos ni siquiera pueden evitarlo. Y como bicho raro, muy raro, me acaba enterneciendo. De modo, que sigo queriendo, sigo confiando. Y bien mirado, justo en el comienzo del Año de la Fe creo que es lo mejor que puedo hacer. Aunque no tengo opción; no me sale otra cosa.

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