Scala News

domingo, 1 de noviembre de 2015

Cumpleaños de una #Parroquia

“Hoy cumplimos 50 Años como ‪#‎Parroquia Oramos por cada párroco, misionero y feligrés a lo largo de éste tiempo dando gracias a Dios por ellos”. Con estas palabras comunicaba en la redes sociales mi parroquia, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, que cumplía 50 años. Sencillez, alegría, oración, agradecimiento en gerundio a Dios… Una parroquia Redentorista, misionera.

Me parece un día magnífico para cumplir años. El santuario tiene muchísimos más, pero hace 50 que somos parroquia. Y cumple años el día de todos los santos ¿no es una maravilla? Me permite regalarle una oración por todos los santos de la parroquia, no solamente San Alfonso, el fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, no solamente los Beatos Mártires de Cuenca que reposan en la capilla del Santuario. Hoy recuerdo y oro por esos santos anónimos que han pasado y pasan por la casa, por la parroquia. Misioneros cuyos nombres muchos tenemos en la cabeza y permanentemente en el corazón; laicos que se desviven por su parroquia, por sus curas y por el resto de feligreses; esas ancianas que pasan horas a oscuras ante el sagrario; jóvenes que crecen y ayudan a crecer en la fe a niños y otros jóvenes; catequistas y catecúmenos. Tantas y tantas personas que con su fe, su vida y su ejemplo sostienen la fe y la vida de tantos. En gerundio, caminando a la santidad.

No son simples nombres. Los santos lo son porque lo fueron en vida. Con alegría, con normalidad, con sencillez; santos bilocando como san Alfonso o con estigmas como el Padre Pío no hay muchos, pero evidentemente los hay, obviarlo o ridiculizarlo no es más que una necedad. Los santos de los que hablo ahora, los santos de andar por casa en casa, en PS, son santos del día a día, santos de la normalidad más absoluta; santos de la sonrisa, la bronca, el tiempo, la escucha, la oración, la entrega, la bolsa y la Vida. Reflejos de Luz que nos alumbran casi sin que nos demos cuenta. 

Santos que abrazan su suerte o su infortunio por y para los demás; santos orantes; santos currantes. Santos divertidos, comprensivos. Santos débiles; débiles santos que no se cansan de levantarse y levantar a otros. Anónimos con nombre y apellido que desparraman la fe de la Iglesia en la parroquia y van implementando en sus vidas y las de los demás el carisma Redentorista. Santos de a pie; santos de barrio, del de Chamberí como pudiera ser cualquier otro barrio de cualquier otro punto del globo. No hablo solamente de los misioneros redentoristas, profesos o laicos. Hablo de quienes son laicos redentoristas porque viviendo su fe en una parroquia redentorista tienen el carisma fusionado en su ADN espiritual. Los pobres que piden, los niños que crecen, los jóvenes que cantan, los adultos que caminan y los mayores que sostienen. Orando, misionando, sosteniendo el templo, scalando en Familia.

En el día del cumple de mi parroquia, de PS, les pido a los santos del cielo por los santos de la tierra, los de aquí, de mi parroquia y mi barrio. A los santos del cielo les pido para que nos ayuden a todos a serlo.


¡Vivan los santos vivos! Porque todos los santos lo están.

domingo, 18 de octubre de 2015

Caballo de Troya

“Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: No todos vosotros estáis limpios.” Jn 13,11

Un infiltrado en sus filas, Jesús sabía que había uno, y quién era. Lo sabía y compartió el pan en la Última Cena. Judas era ya el pecador que entregaría a Cristo aunque aún no hubiera perfeccionado el contrato, y el propio Cristo, sabiéndolo, lo sentó a la Mesa.

Infiltrados los hay también hoy en la Iglesia. Infiltrados los hay también en los campos de refugiados. ¡Claro que los hay! No creo que nadie dude de eso. Y por supuesto que es labor y obligación de los Gobiernos y los Estados proteger y defender en primer lugar a sus nacionales. Es una obligación natural y no deberían hacer dejación de su cumplimiento. Pero su cumplimiento no habrá de ser obstáculo para dar satisfacción a los Derechos Humanos de quienes huyen de la guerra, la barbarie y una muerte segura; aunque haya infiltrados entre ellos. Conjugar ambas obligaciones compete a quien compete, y en las democracias los elegimos nosotros. El pasado día 16, festividad de San Gerardo Mª Mayela, en Budapest se ha estado homenajeando a Ángel Sanz Briz, un diplomático español, Justo entre las Naciones, que durante la Segunda Guerra mundial salvó a unos 5200 judíos en la Hungría ocupada. Conjugó bien, muy bien; arriesgando su vida. No miró para otro lado ante el dolor de tantos y comenzó expedir pasaportes españoles a los sefardíes húngaros. Lo hizo en virtud de un Real Decreto del directorio de Primo de Rivera de 1924 que no había sido derogado. Eso al principio, porque acabó haciéndolo a cualquier judío perseguido. Eran personas perseguidas; punto. Un cristiano arriesgando hace no tanto en el mismo país que hoy cierra fronteras.

Natural es para todo sacerdote, profeta y rey, para todo bautizado, seguir el Evangelio con la palabra y con el ejercicio diario de la Vida. Dar cumplimiento al Evangelio supone también acoger y alentar la acogida al extranjero, dar posada al peregrino, agua al sediento, pan al hambriento, vestir al desnudo, consolar al triste... …ser misericordioso y limpio de corazón. Y hacerlo sin preguntar ni de dónde vienen ni adónde van. No es simplemente una obligación más o menos abstracta de la Iglesia, lo es concreta y de todos y cada uno de quienes la formamos. De no hacerlo seremos los más grandes hipócritas. ¿O no?


¿Infiltrados? Los hay, los habrá. ¿Porcentaje? Ni idea, pero son muchos más aquellos perseguidos. Hombres huyendo buscando nuestra ayuda. No me pregunto ahora por qué no se deciden a acudir a otros países de cultura similar o idéntica religión. La realidad es que llaman a la puerta de casa; de la nuestra. 







¿Quién llama a la puerta de casa? 

Mateo 25, 35

jueves, 15 de octubre de 2015

Descubriendo a un cura

Nada como ponerse ante el Señor; sin más. Un pedazo de pan en la custodia. Cristo y uno mismo. Todo se desvanece. Las piezas se reestructuran y la cabeza no para de comunicar, serena y veloz. Rodeado de fieles, pero somos uno mismo y Él. Una multitud. Casi sin saber si pides, escuchas o simplemente cuentas; sabiendo que eres todo para Él.

Hoy ha sido la primera vez que he podido ir a la Oración ante el Señor en PS desde que comenzó el curso parroquial. Celebramos a Santa Teresa, tan querida de San Alfonso y ahí estaba yo, en una casa Redentorista preguntando: ¿Qué mandáis hacer de mí?

¿Yo? No, nosotros, todos los feligreses congregados en la Capilla. Todos, con esa fe sencilla que se sostiene en la de quien tienes junto a ti. Sostén de uno a otro que va formando la roca de una comunidad.

Hoy la oración la ha dirigido el P. Jesús Hidalgo CSsR, nuestro párroco; nuestro nuevo párroco. Ha sido para mí todo un descubrimiento. Uno no acaba de conocer a la gente cuando la gente regala de continuo nuevos dones que, de puro luminosos, pueden pasar desapercibidos si uno se muestra ciego. Pero en semejante situación se mira con los ojos del corazón, limpios, nítidos y sinceros. De repente me he visto escuchando a Jesús, primero de rodillas ante la Custodia, luego de pie, más tarde mirándonos a todos y a Él, como conduciéndonos directamente al corazón de Cristo. Lo hacía con el gesto y de manera rotunda con la palabra. He descubierto la profundidad serena y alentadora de mi párroco.

Por un momento me he imaginado al autor de las Visitas al Santísimo, Alfonso, comentando con Teresa, en su día, lo grande que era ese hijo suyo enviado a apacentar el rebaño al que yo pertenezco. Descubrir a la persona, al sacerdote, al misionero es adquirir otra perspectiva sobre la itinerancia; es saborear dones nuevos que de manera individual se encauzan en un carisma común. Y he dado gracias. He tenido la suerte de darle gracias a Él, en persona, por el P. Jesús. Y por un momento me he dado cuenta de que ya no estaban ni mis problemas ni mis planes, que era a él a quien ponía a sus pies; a Jesús y a toda la Congregación.

Todo está en orden; en paz. He podido disfrutar de una nueva cita de cada jueves. En Familia. Así me quedo, descubriendo a mi párroco; descubriendo a un cura, a un misionero.

Pero quizás eso sea poco. De modo que os animo a acercaos al vuestro. Hablad con él, sed cercanos y dispuestos. ¿Os habéis preguntado si a veces se siente sólo, si necesita algo? En demasiadas ocasiones solamente nos acercamos para quejarnos. Dejemos las quejas a los pies del altar y ofrezcámonos para resolver los problemas de otros. Así los nuestros desaparecen.


Ésta noche ni oración, por Teresa, será breve: ¿qué mandáis hacer de mi?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Dando gracias

Cinco minutos. Solamente cinco minutos para dar gracias en persona por un buen mes de septiembre. Nuevo trabajo para mi mujer y para mí y la vida en orden. Lo de la vida diaria en orden es un regalo del que no solemos darnos cuenta por lo cotidiano, por lo normal. Cada pequeño regalo de nuestro día a día es un pequeño regalo; un pequeño e inmerecido regalo. Quizás no nos acordemos a menudo de agradecer porque en el fondo nos pensamos que las pequeñas menudencias de la vida nos son debidas. Cuando realmente todo es simplemente un regalo. Ir y agradecer al Señor y a la Perpe en persona es lo mínimo. Desde allí mismo publiqué un tuit que no decía más que “dando gracias”, con una foto del móvil de la capilla de la Coronación del Santuario.

Muchos son los que no tienen esos pequeños regalos, esos instantes de paz o de serenidad quizás porque nosotros no se los regalamos. Demasiada tirantez, demasiada prisa, demasiado egoísmo, demasiado a lo nuestro. No pensar en el otro, no ponerse en su lugar, ignorarlo, es una especie de pecado de omisión. Un sentido “¿cómo estás?”, una sonrisa, un “buenos días”, un “gracias”, un contar hasta tres y morderse la lengua, ese comentario hiriente que nos ahorramos, el reproche que no hacemos… Comprender al otro, respetar al otro, no juzgar al otro, ayudar al otro, sobrellevar al otro… … Amar al otro. Gestos que no cuestan nada, que son gratis y que podemos regalar. ¿Por qué no hacerlo?

Yo tenía mucho que agradecer. Inmerecido y gratuito. Inmediato, cercano, y no tanto. Agradecí una llamada de hace ya tiempo de Santi Casanova, alguien realmente entregado y desprendido, invitándome a participar en iMisión. Un Regalo con mayúsculas, él e iMisión. Éste fin de semana casi todo el equipo se reunirá en la provincia de Madrid para preparar el curso. Yo no podré ir; me duele. Me acercaré con mi mujer y mis hijas el domingo. ¡El mejor día! Os pido oraciones por ellos. Las debilidades de cada uno suman las fortalezas de un gran proyecto. Apoyad con la oración.

A uno, a veces, le pesa no llegar, no poder, no saber multiplicar el tiempo ni las fuerzas. Pongo ese peso a los pies de la Misericordia y lo balanceo con la oración. La fe cuesta; la fe lleva al descanso. Les pongo a todos en manos del Perpetuo Socorro de María y les encomiendo a un inmenso misionero, San Alfonso. ¡Cuántas veces lo he imaginado tuiteando su Teología moral! Si normalizó como lo hizo el lenguaje en las homilías en pleno siglo de las luces para acercarlo al pueblo qué no habría hecho de haber conocido internet, las redes sociales, la iEvangelización…


En fin, que os pido ese pequeño regalo para iMisión y cada uno de sus miembro. Desde ya os lo agradezco. Acabo como empecé, dando gracias.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Javier Aranguren Echevarría

Voy a hablar de alguien a quien apenas conozco. Soy tan osado que en ocasiones me permito esos lujos. Compartimos algunas horas hace unos tres o cuatro años en casa, en Cabezón de la Sal. Es hermano de un gran amigo y, por lo que voy descubriendo, mucho más que un buen hombre. A veces pareciera que la bondad, como en éste caso, se derrocha en algunas familias casi al completo. Se llama Javier Aranguren Echevarría.

Hoy, día en que los redentoristas celebramos al Beato Gaspar Stanggassinger (http://www.redentoristas.org/redentoristas/santos-y-beatos/gaspar-stanggassinger), sacerdote, profesor y encargado de estudios del Seminario Menor de Dürnberg a finales del siglo XIX, me he acordado de éste otro profesor, Javier. No le he recordado por azar. Casi a diario sigo sus cuitas en su perfil de Facebook. Me he suscrito a su perfil para ir creciendo admirado y, a cada relato, tengo la sensación de estar descubriendo a alguien enorme.

Javier sigue el carisma de San Josemaría Escribá de Balaguer y el pasado 26 de julio volaba hacia África. Lo hacía con billete de ida. No hay fecha de regreso. Esas son las cosas del Espíritu; ya decidirá cuándo ha de regresar o adónde irá después. Javier se ha convertido en un misionero en Kenia que, mostrando su día a día en una red social, lo hace también como iMisionero.

Sencillez en las palabras, magníficas imágenes, naturalidad a raudales y sentido del humor. Nos muestra el mundo de la pobreza a los cómodos occidentales; denuncia las injusticias y las desigualdades. Parece que su vida allí se descubre un auténtico caminar del Evangelio que muestra ese Camino a los abandonados a los que sirve, también, como profesor. Esos niños y sus familias encuentran en los surcos que dejan sus pies pequeñas lucecitas que les guían. Abandonados, necesitados de auxilios materiales y espirituales. ¡Y qué sonrisas!

Las imágenes que comparte son la expresión viva de la felicidad, como lo son las palabras con que él las ilustra. Esa felicidad que es nexo común de todos los misioneros que conozco la descubro en él con admiración y respeto.


Hoy os dejo una tarea, en la festividad de Gaspar, pedidle por Javier. Él los une.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La Cruz comunista

Confieso que he encontrado sentido a la Cruz con la hoz que Evo Morales regaló al Papa Francisco, y lo he encontrado precisamente con la visita del Papa a Cuba.

Es la tercera vez que Pedro visita la Isla:

·    En la persona del Papa santo Juan Pablo II. Un Papa que padeció el rigor del régimen comunista y que influyó de manera contundente a su caída en el seno de Europa. “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades”.

·   En la persona de Benedicto XVI, el Papa teólogo. “Luchen por una sociedad abierta y renovada”.

·   En la persona de Francisco, un papa hispanoamericano. “Pueblo con heridas”, “No se olviden”, “soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que éste mundo sea distinto”, “no te arrugues”, “La esperanza es sufrida”, “juntos buscando la esperanza”, “no tirarnos piedras por lo que nos separa”, “nunca el servicio es ideológico, ya que no sirve a ideas, sino que sirve a las personas”.

Siempre Pedro.

Distintas formas, distintas maneras, distintos ritmos, la misma Buena Noticia.

“El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres el Evangelio, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.” Lucas 4, 18-19

Si pienso en Albania, en Afganistán, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Vietnam, en la antigua Unión Soviética, en tantos países de África, en tantísimos lugares del mundo y, también, en Cuba, encuentro sentido a esa hoz a los pies de la Cruz. Tantos muertos, oprimidos, encadenados, abusados, presos, niños, prostitutas, homosexuales, todos los marginados y perseguidos por ese régimen y las estructuras generadas por él a lo largo de su historia, regados por la sangre de Cristo. Regados ellos y los opresores. Porque la grandeza de la Cruz, la Redención, se nos ofrece a todos. Opresores y oprimidos por cualquier régimen totalitario, por cualquier estructura de poder injusta, por cualquier estructura económica opresora, también por el comunismo.

Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados. Hoy todos esperan palabras de consuelo, ternura y esperanza por parte de ese padre que es el Papa. Los tiempos son distintos, entre otras, cosas por el influjo de los dos anteriores. A tiempos diferentes no se puede llevar la esperanza de la misma manera, con igual lenguaje, con idénticos gestos. Cristo maneja el timón de la Iglesia y el Espíritu elige a su Cabeza. Eso siempre lo he visto, y hoy brilla en éste viaje. La esperanza se muestra en palabras sutiles y conciliadoras. “Entonces los justos brillarán como el Sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga” Mateo 13, 43. Pues eso, el que tenga oídos que oiga.
Sutileza en las palabras y sutileza en los gestos.


Hay un gesto de cura hacia un anciano al final de sus días que me parece sensacional por tierno, por profundo, por sutil. Un simple cura con un anciano que actúa como un cura con un simple anciano. Que Francisco regalara a Fidel un libro y dos CD del Padre Armando Llorente SJ, el profesor de Castro exiliado a causa del régimen y que anhelaba poder confesarle y que recobrara la lucidez, es como decirle, “conviértete” o “¿quieres confesarte?”. Hacerle ese regalo es ofrecerle en un gesto la Redención de Cristo. Un Papa y un dictador. Ojalá llegue a reaccionar como Dimas.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Vocación Redentorista



Es la una de la mañana. No son horas, o sí.

O cada uno es muy peculiar, que todos lo somos, o Dios se las ingenia para llamar a cada uno a su manera, a su ritmo, en su lugar y por su camino.

Hemos iniciado el encuentro de Agentes de Pastoral de la Familia Redentorista, de los distintos puntos de la geografía nacional y de diferentes estados de Vida. Pero en la misma Familia, en la misma Iglesia y compartiendo un mismo carisma.

El Señor sigue llamando. A unos a través de la liturgia, a otros por el sonido de unas campanas, una película, una mirada... Yo qué sé. A cada uno a su manera y, estoy convencido, de que atendiendo a sus debilidades, sus dones, sus necesidades...pero sobre todo atendiendo a las necesidades de su rebaño.

No nos engañemos, la llamada no es exclusivamente a lo que conocemos como Vida Religiosa o Sacerdotal. La llamada es personal y de seguimiento directo e individual a Cristo. A Él, por todos, pero a Él.

La donación se puede dar diferentes maneras. Como consagrados y como laicos. Yo pertenezco a una familia concreta. No me refiero a mi, si no a mi familia nuclear, mi mujer y mis hijas. Como familia pertenecemos a la Familia Redentorista. No producto de la casualidad, consecuencia de la respuesta a una llamada concreta de manera individual y familiar. Es un hecho, un gozo y un servicio.

¿Porqué cuento esto ahora y desde el móvil? Porque hay cosas que uno se ve empujado a compartir. Y cómo no compartir la alegría de la Redención.

No se puede vivir a espaldas de uno mismo.

La grandeza de los carismas pluricentenarios es que no se encapsulan en sí mismos; son revoluciones del Espíritu vivas, que avanzan con el sensus fidelium, de acuerdo a los tiempos. Son útiles y vivas en tanto que son capaces no sólo de dar respuestas, si no de generar preguntas que Cristo responde en cada momento concreto de la Historia de la humanidad. Si fueran estáticas serían estériles. Son opciones abiertas y concretas, caminos ofrecidos en la historia de la Salvación y para propia salvación y superaciones humanas.

En una sociedad como la actual, interconectada, cambiante, hedonista, complejamente simplista, cada respuesta según el Evangelio a cada pregunta concreta es una respuesta eficaz. El problema, muchas veces, es que el individuo no es capaz de reconocer la duda, la debilidad, el miedo o el fracaso como una pregunta personal o concreta. La sociedad genera sordos, y éstos cuando oyen ni se atreven ni saben cómo escuchar, y sin escucha no puede haber respuesta.

Mi familia, la Familia Redentorista, da respuesta desde la alegría más absoluta, con la naturalidad más rompedora, el Amor más tierno y la comprensión más maternal. Cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia, tenemos la responsabilidad de ser testigos. El testimonio que vivimos los Redentoristas, personas, comunidades, familias, religiosos o laicos es de felicidad y alegría, y la opción de la llamada creo que se encuadra precisamente en la alegría como respuesta a los más necesitados. Cuanto más sincero sea nuestro compromiso y nuestra vida mayor será la atracción, la generación de preguntas y el encuentro de respuestas.

No solamente los religiosos, no solamente las comunidades parroquiales, también las familias cristianas somos -hemos de ser- nítidos focos de irradiación vocacional. Yo lo veo así. Mostrar un camino de Vida con la propia vida.

Ya es tarde, pero no estoy cansado. Escribo desde el móvil, lo que no es fácil. Estoy feliz y agradecido. Yo vivo cada día el camino del Evangelio según la inspiración de San Alfonso; le siento más actual cada día. Y al camino que inició se suman jóvenes en todos los lugares del mundo. Todos con la misma alegría de Javier, Borja o Alejandro, tres de los postulantes españoles.

Esa es la vía quizás más generosa, es su vía personal. Pero también se suman familias como la de César y Marta García - Rincón y tantas otras.

No es cuestión de dejar la vida pasar, es cuestión de entregarla con pasión y alegría, respondiendo con valor. Acompañando, tendiendo manos y siendo faros aunque no nos creamos ni dignos ni capaces.

Me acuesto feliz. Tranquilo. Consciente de que mi felicidad no es individual, es compartida en familia y en gerundio. 

Quisiera que también fuera vuestra.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Desborda la indiferencia

Desborda la angustia, desborda la desesperación, desborda el miedo, desborda la miseria, desborda el hambre, desborda el frío, desborda la persecución, desborda el desamparo. Hombres, mujeres, niños desbordan fronteras.

Masas de personas huyendo, buscando nada más que vivir; nada más que vivir. No ya dignamente. Simplemente vivir. Yo veo una enorme dignidad en su huida, la dignidad de la lucha, de la supervivencia. Seguro que en ese proceso se dan situaciones tan dramáticas dentro del propio drama que harán aflorar lo mejor y lo peor que cada uno lleva dentro. Sacar lo bueno es siempre elogiable, y yo, desde mi cómodo desconocimiento que me lleva a permitirme el lujo de teclear y opinar, creo lo que aflora entre ellos es en la inmensa mayoría lo mejor. Y cuando aflore lo peor hay que atenerse a las circunstancias vividas y no juzgar.

No son ni animales, ni delincuentes, ni desechos; no son despojos humanos. Son hombres y mujeres como tú y como yo. Son hermanos. Son hijos de Dios, como tú y como yo. Vagando por un mundo que es de todos. Vengan de donde vengan, sea cual sea el idioma que hablen, llamen como llamen a Dios.

Hoy he leído que en Islandia, uno de los cincuenta países más ateos del mundo, la gente quiere abrir las puertas de su casa a los refugiados. Uno de los cincuenta países más ateos del mundo…

Me duele el corazón y me duele la conciencia. Me grita el corazón y me grita la conciencia. No me puedo llamar cristiano y no hacer nada; sería una hipocresía insultante. No me puedo mirar al espejo y no hacer nada sin bajar la mirada. No puedo entrar en una iglesia, arrodillarme o sentarme ante el Sagrario y no hacer nada. Oro y lloro. Pero… ¿qué más? Está en el Sagrario y está buscando asilo, pan, cobijo, justicia. Está en los campos de refugiados buscando algún hermano que lo ampare. No se pueden ver cada día las noticias o leer los periódicos y no hacer nada.

Tengo el corazón desbordado por el horror de quienes desbordan fronteras. Desbordado de dolor. Desbordado de miedo. ¿Desbordado de Amor…? O de indiferencia…

¿Qué se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cómo? Nos examinarán del amor… ¿Tendremos el valor de decir que sí, que amamos, y no hicimos nada…?

Las historia de la humanidad, en su propio deambular, tiene episodios grandiosos y episodios deleznables, demoníacos. Pues nosotros somos protagonistas de éste momento de la historia. No hay momento más importante de nuestra historia que éste.

Que el Señor me ilumine. Que el Señor nos ilumine a todos los hombres de buena voluntad, aunque no sepamos que sea Él quien lo hace. Doliendo. En gerundio.
¿Capaz de rezar con tus hijos pequeños al Niño Jesús y permanecer impasible ante ésta foto?

jueves, 27 de agosto de 2015

¡Que se resumen en dos!

No entiendo nada. Absolutamente nada. Cada vez leo más opiniones y escucho más comentarios de guardianes de la fe que me recuerdan al Santo Oficio. Un amigo mío habla de tener “paciencia histórica”. Va a ser eso, que debo ejercitar más la paciencia. Hubo un hombre, fundador de una Orden religiosa, una especie de Job, que en su momento estuvo en el punto de mira de la Inquisición. No se amilanó. Su fe era fuerte. Continuó su apoyo y amistad con un apestado de la época y mandó al P Clemente Settimi a atenderle. Ese hombre es San José de Calasanz y Galileo es Galileo. De los inquisidores no se acuerda nadie, a Dios gracias. Bueno, a Dios gracias la Iglesia en camino recuerda al menos un día al año a las ánimas del purgatorio, si no… ¡Pobrecillos! No me extraña nada que, cuando San Alfonso atravesaba momentos complicados encontrara consuelo leyendo la vida de Calasanz. Recientemente las críticas han recaido sobre algien a quien aprecio, que me hace crecer con sus libros, sus blogs, sus posts… uno de esos regalos de las RRSS a quien sólo he visto dos veces. Su sonrisa y su fe le delatan: parece un tipo feliz, tranquilo.

A veces parece que la gente no avanza. Ni leyendo el Evangelio; ni diciendo que se cree y sigue el Evangelio. Miembros anónimos de sanedrines de corrala. Avanza la Iglesia. A su ritmo, pero lo hace. De ahí lo de la paciencia histórica. Dentro de mucho, muchos años, otro Papa que igual ya ni vestirá de blanco, pedirá perdón por esos hijos de ceja levantada, aire crispado e índices rígidos, aunque ninguna culpa tenga él. Por cierto ¿vestiría San Pedro de blanco? ¿Usaría zapatos rojos? ¿Irían los Apóstoles uniformados de rojo, o de morado? Avanza. Que sí, que la Iglesia va avanzando. Con altibajos, como cualquier organización formada por personas, pero segura porque quien lleva la caña es el propio Cristo.

¡Cómo nos gusta la teatralización! ¡Cómo nos gustan unas normas que seguir para sentirnos seguros! Pero, en cualquier caso, sentirse seguro no es lo mismo que sentirse superior. Y todo aquel que se siente superior es, en el fondo, un pobre hombre acomplejado e inseguro.

Lo que no entiendo muy bien es cómo, con unas normas establecidas con claridad, con un veredicto que no es de los electores sino del Espíritu Santo, no aceptan esas normas ni la decisión del Espíritu cuando éste elige a quien les incomoda. Mi mujer trato en su TFG en Magisterio en Edicación Infantil sobre la enseñanza del pensamiento crítico desde la infancia. Esta visto que son como niños, porque realmente lo de enseñar a pensar en las escuelas desde la edad más temprana ni está ni ha estado nunca de moda.

Cada vez que escucho críticas lacerantes tiendo a aturdirme un poco. Luego rezo por el pobre aquel a quien quieren someter a una suerte de escarnio, y también por los justicieros. No son muchos, lo sé, pero meten ruido. Hay cosas peores, por supuesto.

Venga, chicos ¡Relajaos! Si lo dicen las propias normas. Estos Diez mandamientos se resumen en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Amén.


Amad. Seguid el Evangelio. Intentad remar sin prejuicios por la Evangelii Gaudium. Si queréis, llamad a Francisco, Pedro. A ver qué tal. Seguro que acabáis sonriendo. Caminad por la vida en gerundio, amando.

martes, 25 de agosto de 2015

Scholarum Piarum

La foto no es buena. La estampa está gastada por el paso del tiempo porque me acompaña desde segundo de EGB y ya ando cerca de los 49 años. Recuerdo perfectamente cómo me la dio el P Manuel en los Escolapios de Santander y cada una de las palabras que me dijo. Lo recuerdo.

La influencia de Calasanz en mi vida ha sido siempre fuerte y viva. Un día fui uno de esos niños que aparecen en la estampita, en el cuadro, acercándose al Santo. En mi corazón están muchos clérigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, muchos profesores. Los defectos se desvanecen en el agradecimiento de vidas desgastadas por los niños y los jóvenes, siguiendo un ejemplo, un camino, un carisma concreto. Cuántas incomprensiones y cuántas ingratitudes que ya habrán obtenido su premio.

Educar, formar, enseñar a orar, acercar a Dios. Cada 25 de agosto es para mí un día de agradecimiento infinito, de reflexión, de recuerdos alejados de la tentación de la nostalgia. Cada 25 de agosto lo dedico a San José de Calasanz.

Sin embargo, éste año, mi oración tendrá presentes de una manera especial a un matrimonio que el Señor me trajo hace unos pocos años a través de la pantalla del ordenador. No voy a darle más vueltas a que internet y las redes sociales son un lugar más donde encontrar a Dios en tantas buenas personas porque es una obviedad cansina. Ese matrimonio, esa familia, comienza una nueva andadura. Impulsan el rumbo de sus vidas siguiendo plenamente a su santo fundador. Laicos Escolapios haciendo camino calasancio, en Familia, scalando en Familia. Generosos, alegres, entregados; normales. Esther Morales y Santi Casanova, de quienes aprendo y con quienes crezco. Tejiendo veredas en comunión hacia una misma meta. Gracias por vuestro fiat. Y gracias siempre a José Fernando Juan Santos que hace cinco años me regaló “El año con Calasanz”, de Miguel Ángel Asiain.

Otro 25 de agosto, en 1646, José de Calasanz escribía al P. Novari: “Cuanto más le parezca estar abandonado por los auxilios humanos, tanto más cerca estará de ser ayudado por el auxilio divino.” Santi, Esther, recordadlo siempre. Recordémoslo todos.


Si alguien lee estas líneas le animo a rezar por todos aquellos que emplean sus dones en la educación de niños y jóvenes. Unidos, scalando en Familia.

sábado, 8 de agosto de 2015

El cura con vaqueros pitillo

“Yo lo del cura con vaqueros pitillo me perdonáis pero :(“

Andaba yo tuiteando inocentemente sobre #EEJ2015 de Ávila cuando me topé con el tuit que adorna como inicio la entrada de hoy. Pensé si contestar o no, porque yo soy persona de sangre caliente, pero como la edad y la tranquilidad de espíritu van templando el carácter pues me he decidido a hacerlo.

No contestar, porque los prejuicios no tienen más respuesta que unas manos sobre la cabeza, pero para ello se han de dar los consabidos arrepentimiento y propósito de enmienda. Simplemente comentaré algunas reflexiones personales.

Los prejuicios son, entre otras cosas, una torpeza. Suponen juzgar sin conocer, juzgar de antemano. Esa puede ser una actitud casi inconsciente que limita el crecimiento intelectual, emocional y moral. Moralmente todo prejuicio es insano en sí mismo. Coarta la evolución personal y social. Y yo asumo que tampoco estoy libre de ello. Uno trata de corregirse, pero penosamente acaba cayendo, lo reconozco.

Que un cura lleve vaqueros pitillo, bermudas, zapatillas de deporte, alzacuellos o sotana a mi, personalmente, me es absolutamente indiferente. Hay santos de todo tipo, sacerdotes que arrastran con la fuerza del Espíritu sea cual sea su indumentaria. Los hay también mediocres de buena voluntad, como ha habido monstruos parapetados tras alzacuellos. Lo lamentable y escandaloso es que sean monstruos, no el alzacuellos.

Ese tuit de inicio resulta que fue del agrado de otro sacerdote. Sin duda será un buen hombre que, a lo que parece, se piensa mejor sacerdote por usar clergyman. Una pena. Quizás lo sea, no lo sé; no le conozco. Sin embargo, por el tiempo en que se publicó el tuit, entre los hastags de #EEJ2015, me da la sensación de que yo sí conozco al de los vaqueros pitillo. Sí, prejuzgo quién es ese sacerdote, ya dije que no estoy libre… Se trata de un hermano mío a quien no solamente conozco, le quiero. Pensé haber ilustrado la entrada con imágenes suyas en alguna misión en el tercer mundo como la India u Honduras, o vistiendo el hábito de su Congregación, o rodeado en algún retiro de los cientos de jóvenes a los que arrastra, pero enseguida me he dado cuenta de que los prejuicios ni se vencen ni se combaten desde afuera. Los prejuicios solamente comienzan a desaparecer cuando uno Ama.

El de los vaqueros pitillo es un sacerdote extraordinario, con una fe robusta como la de todos sus cohermanos, un misionero ejemplar. No necesita defensa, mucho menos por mi parte que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias (sí, es que a veces también usa sandalias).

El autor del tuit sabe que sinceramente goza de mis simpatías. No nos conocemos, pero lo sabe. No hay más.

Ojalá hubiera muchos curas jóvenes con pantalones pitillo que hagan, como éste, que tantos vuelvan a casa o la conozcan por primera vez. Ojalá hubiera muchos más curas jóvenes con alzacuellos que lleguen a los alejados. Ojalá hubiera muchos más curas y laicos humildes y santos que, sin creerse mejores que nadie, acerquen el Reino a la tierra, a los pobres y abandonados, a todos los necesitados de auxilios.


Gracias al autor del tuit esta noche me acostaré rezando por las vocaciones.