miércoles, 2 de septiembre de 2015

Desborda la indiferencia

Desborda la angustia, desborda la desesperación, desborda el miedo, desborda la miseria, desborda el hambre, desborda el frío, desborda la persecución, desborda el desamparo. Hombres, mujeres, niños desbordan fronteras.

Masas de personas huyendo, buscando nada más que vivir; nada más que vivir. No ya dignamente. Simplemente vivir. Yo veo una enorme dignidad en su huida, la dignidad de la lucha, de la supervivencia. Seguro que en ese proceso se dan situaciones tan dramáticas dentro del propio drama que harán aflorar lo mejor y lo peor que cada uno lleva dentro. Sacar lo bueno es siempre elogiable, y yo, desde mi cómodo desconocimiento que me lleva a permitirme el lujo de teclear y opinar, creo lo que aflora entre ellos es en la inmensa mayoría lo mejor. Y cuando aflore lo peor hay que atenerse a las circunstancias vividas y no juzgar.

No son ni animales, ni delincuentes, ni desechos; no son despojos humanos. Son hombres y mujeres como tú y como yo. Son hermanos. Son hijos de Dios, como tú y como yo. Vagando por un mundo que es de todos. Vengan de donde vengan, sea cual sea el idioma que hablen, llamen como llamen a Dios.

Hoy he leído que en Islandia, uno de los cincuenta países más ateos del mundo, la gente quiere abrir las puertas de su casa a los refugiados. Uno de los cincuenta países más ateos del mundo…

Me duele el corazón y me duele la conciencia. Me grita el corazón y me grita la conciencia. No me puedo llamar cristiano y no hacer nada; sería una hipocresía insultante. No me puedo mirar al espejo y no hacer nada sin bajar la mirada. No puedo entrar en una iglesia, arrodillarme o sentarme ante el Sagrario y no hacer nada. Oro y lloro. Pero… ¿qué más? Está en el Sagrario y está buscando asilo, pan, cobijo, justicia. Está en los campos de refugiados buscando algún hermano que lo ampare. No se pueden ver cada día las noticias o leer los periódicos y no hacer nada.

Tengo el corazón desbordado por el horror de quienes desbordan fronteras. Desbordado de dolor. Desbordado de miedo. ¿Desbordado de Amor…? O de indiferencia…

¿Qué se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cómo? Nos examinarán del amor… ¿Tendremos el valor de decir que sí, que amamos, y no hicimos nada…?

Las historia de la humanidad, en su propio deambular, tiene episodios grandiosos y episodios deleznables, demoníacos. Pues nosotros somos protagonistas de éste momento de la historia. No hay momento más importante de nuestra historia que éste.

Que el Señor me ilumine. Que el Señor nos ilumine a todos los hombres de buena voluntad, aunque no sepamos que sea Él quien lo hace. Doliendo. En gerundio.
¿Capaz de rezar con tus hijos pequeños al Niño Jesús y permanecer impasible ante ésta foto?

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