sábado, 19 de septiembre de 2015

Vocación Redentorista


Es la una de la mañana. No son horas, o sí.

O cada uno es muy peculiar, que todos lo somos, o Dios se las ingenia para llamar a cada uno a su manera, a su ritmo, en su lugar y por su camino.

Hemos iniciado el encuentro de Agentes de Pastoral de la Familia Redentorista, de los distintos puntos de la geografía nacional y de diferentes estados de Vida. Pero en la misma Familia, en la misma Iglesia y compartiendo un mismo carisma.

El Señor sigue llamando. A unos a través de la liturgia, a otros por el sonido de unas campanas, una película, una mirada... Yo qué sé. A cada uno a su manera y, estoy convencido, de que atendiendo a sus debilidades, sus dones, sus necesidades...pero sobre todo atendiendo a las necesidades de su rebaño.

No nos engañemos, la llamada no es exclusivamente a lo que conocemos como Vida Religiosa o Sacerdotal. La llamada es personal y de seguimiento directo e individual a Cristo. A Él, por todos, pero a Él.

La donación se puede dar diferentes maneras. Como consagrados y como laicos. Yo pertenezco a una familia concreta. No me refiero a mi, si no a mi familia nuclear, mi mujer y mis hijas. Como familia pertenecemos a la Familia Redentorista. No producto de la casualidad, consecuencia de la respuesta a una llamada concreta de manera individual y familiar. Es un hecho, un gozo y un servicio.

¿Porqué cuento esto ahora y desde el móvil? Porque hay cosas que uno se ve empujado a compartir. Y cómo no compartir la alegría de la Redención.

No se puede vivir a espaldas de uno mismo.

La grandeza de los carismas pluricentenarios es que no se encapsulan en sí mismos; son revoluciones del Espíritu vivas, que avanzan con el sensus fidelium, de acuerdo a los tiempos. Son útiles y vivas en tanto que son capaces no sólo de dar respuestas, si no de generar preguntas que Cristo responde en cada momento concreto de la Historia de la humanidad. Si fueran estáticas serían estériles. Son opciones abiertas y concretas, caminos ofrecidos en la historia de la Salvación y para propia salvación y superaciones humanas.

En una sociedad como la actual, interconectada, cambiante, hedonista, complejamente simplista, cada respuesta según el Evangelio a cada pregunta concreta es una respuesta eficaz. El problema, muchas veces, es que el individuo no es capaz de reconocer la duda, la debilidad, el miedo o el fracaso como una pregunta personal o concreta. La sociedad genera sordos, y éstos cuando oyen ni se atreven ni saben cómo escuchar, y sin escucha no puede haber respuesta.

Mi familia, la Familia Redentorista, da respuesta desde la alegría más absoluta, con la naturalidad más rompedora, el Amor más tierno y la comprensión más maternal. Cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia, tenemos la responsabilidad de ser testigos. El testimonio que vivimos los Redentoristas, personas, comunidades, familias, religiosos o laicos es de felicidad y alegría, y la opción de la llamada creo que se encuadra precisamente en la alegría como respuesta a los más necesitados. Cuanto más sincero sea nuestro compromiso y nuestra vida mayor será la atracción, la generación de preguntas y el encuentro de respuestas.

No solamente los religiosos, no solamente las comunidades parroquiales, también las familias cristianas somos -hemos de ser- nítidos focos de irradiación vocacional. Yo lo veo así. Mostrar un camino de Vida con la propia vida.

Ya es tarde, pero no estoy cansado. Escribo desde el móvil, lo que no es fácil. Estoy feliz y agradecido. Yo vivo cada día el camino del Evangelio según la inspiración de San Alfonso; le siento más actual cada día. Y al camino que inició se suman jóvenes en todos los lugares del mundo. Todos con la misma alegría de Javier, Borja o Alejandro, tres de los postulantes españoles.

Esa es la vía quizás más generosa, es su vía personal. Pero también se suman familias como la de César y Marta García - Rincón y tantas otras.

No es cuestión de dejar la vida pasar, es cuestión de entregarla con pasión y alegría, respondiendo con valor. Acompañando, tendiendo manos y siendo faros aunque no nos creamos ni dignos ni capaces.

Me acuesto feliz. Tranquilo. Consciente de que mi felicidad no es individual, es compartida en familia y en gerundio. 

Quisiera que también fuera vuestra.

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