lunes, 21 de septiembre de 2015

La Cruz comunista

Confieso que he encontrado sentido a la Cruz con la hoz que Evo Morales regaló al Papa Francisco, y lo he encontrado precisamente con la visita del Papa a Cuba.

Es la tercera vez que Pedro visita la Isla:

·    En la persona del Papa santo Juan Pablo II. Un Papa que padeció el rigor del régimen comunista y que influyó de manera contundente a su caída en el seno de Europa. “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades”.

·   En la persona de Benedicto XVI, el Papa teólogo. “Luchen por una sociedad abierta y renovada”.

·   En la persona de Francisco, un papa hispanoamericano. “Pueblo con heridas”, “No se olviden”, “soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que éste mundo sea distinto”, “no te arrugues”, “La esperanza es sufrida”, “juntos buscando la esperanza”, “no tirarnos piedras por lo que nos separa”, “nunca el servicio es ideológico, ya que no sirve a ideas, sino que sirve a las personas”.

Siempre Pedro.

Distintas formas, distintas maneras, distintos ritmos, la misma Buena Noticia.

“El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido, me ha enviado a anunciar a los pobres el Evangelio, a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.” Lucas 4, 18-19

Si pienso en Albania, en Afganistán, en China, en Camboya, en Corea del Norte, en Vietnam, en la antigua Unión Soviética, en tantos países de África, en tantísimos lugares del mundo y, también, en Cuba, encuentro sentido a esa hoz a los pies de la Cruz. Tantos muertos, oprimidos, encadenados, abusados, presos, niños, prostitutas, homosexuales, todos los marginados y perseguidos por ese régimen y las estructuras generadas por él a lo largo de su historia, regados por la sangre de Cristo. Regados ellos y los opresores. Porque la grandeza de la Cruz, la Redención, se nos ofrece a todos. Opresores y oprimidos por cualquier régimen totalitario, por cualquier estructura de poder injusta, por cualquier estructura económica opresora, también por el comunismo.

Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados. Hoy todos esperan palabras de consuelo, ternura y esperanza por parte de ese padre que es el Papa. Los tiempos son distintos, entre otras, cosas por el influjo de los dos anteriores. A tiempos diferentes no se puede llevar la esperanza de la misma manera, con igual lenguaje, con idénticos gestos. Cristo maneja el timón de la Iglesia y el Espíritu elige a su Cabeza. Eso siempre lo he visto, y hoy brilla en éste viaje. La esperanza se muestra en palabras sutiles y conciliadoras. “Entonces los justos brillarán como el Sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga” Mateo 13, 43. Pues eso, el que tenga oídos que oiga.
Sutileza en las palabras y sutileza en los gestos.


Hay un gesto de cura hacia un anciano al final de sus días que me parece sensacional por tierno, por profundo, por sutil. Un simple cura con un anciano que actúa como un cura con un simple anciano. Que Francisco regalara a Fidel un libro y dos CD del Padre Armando Llorente SJ, el profesor de Castro exiliado a causa del régimen y que anhelaba poder confesarle y que recobrara la lucidez, es como decirle, “conviértete” o “¿quieres confesarte?”. Hacerle ese regalo es ofrecerle en un gesto la Redención de Cristo. Un Papa y un dictador. Ojalá llegue a reaccionar como Dimas.

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