domingo, 1 de noviembre de 2015

Cumpleaños de una #Parroquia

“Hoy cumplimos 50 Años como #Parroquia Oramos por cada párroco, misionero y feligrés a lo largo de éste tiempo dando gracias a Dios por ellos”. Con estas palabras comunicaba en la redes sociales mi parroquia, el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, que cumplía 50 años. Sencillez, alegría, oración, agradecimiento en gerundio a Dios… Una parroquia Redentorista, misionera.

Me parece un día magnífico para cumplir años. El santuario tiene muchísimos más, pero hace 50 que somos parroquia. Y cumple años el día de todos los santos ¿no es una maravilla? Me permite regalarle una oración por todos los santos de la parroquia, no solamente San Alfonso, el fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, no solamente los Beatos Mártires de Cuenca que reposan en la capilla del Santuario. Hoy recuerdo y oro por esos santos anónimos que han pasado y pasan por la casa, por la parroquia. Misioneros cuyos nombres muchos tenemos en la cabeza y permanentemente en el corazón; laicos que se desviven por su parroquia, por sus curas y por el resto de feligreses; esas ancianas que pasan horas a oscuras ante el sagrario; jóvenes que crecen y ayudan a crecer en la fe a niños y otros jóvenes; catequistas y catecúmenos. Tantas y tantas personas que con su fe, su vida y su ejemplo sostienen la fe y la vida de tantos. En gerundio, caminando a la santidad.

No son simples nombres. Los santos lo son porque lo fueron en vida. Con alegría, con normalidad, con sencillez; santos bilocando como san Alfonso o con estigmas como el Padre Pío no hay muchos, pero evidentemente los hay, obviarlo o ridiculizarlo no es más que una necedad. Los santos de los que hablo ahora, los santos de andar por casa en casa, en PS, son santos del día a día, santos de la normalidad más absoluta; santos de la sonrisa, la bronca, el tiempo, la escucha, la oración, la entrega, la bolsa y la Vida. Reflejos de Luz que nos alumbran casi sin que nos demos cuenta. 

Santos que abrazan su suerte o su infortunio por y para los demás; santos orantes; santos currantes. Santos divertidos, comprensivos. Santos débiles; débiles santos que no se cansan de levantarse y levantar a otros. Anónimos con nombre y apellido que desparraman la fe de la Iglesia en la parroquia y van implementando en sus vidas y las de los demás el carisma Redentorista. Santos de a pie; santos de barrio, del de Chamberí como pudiera ser cualquier otro barrio de cualquier otro punto del globo. No hablo solamente de los misioneros redentoristas, profesos o laicos. Hablo de quienes son laicos redentoristas porque viviendo su fe en una parroquia redentorista tienen el carisma fusionado en su ADN espiritual. Los pobres que piden, los niños que crecen, los jóvenes que cantan, los adultos que caminan y los mayores que sostienen. Orando, misionando, sosteniendo el templo, scalando en Familia.

En el día del cumple de mi parroquia, de PS, les pido a los santos del cielo por los santos de la tierra, los de aquí, de mi parroquia y mi barrio. A los santos del cielo les pido para que nos ayuden a todos a serlo.


¡Vivan los santos vivos! Porque todos los santos lo están.

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