sábado, 8 de agosto de 2015

El cura con vaqueros pitillo

“Yo lo del cura con vaqueros pitillo me perdonáis pero :(“

Andaba yo tuiteando inocentemente sobre #EEJ2015 de Ávila cuando me topé con el tuit que adorna como inicio la entrada de hoy. Pensé si contestar o no, porque yo soy persona de sangre caliente, pero como la edad y la tranquilidad de espíritu van templando el carácter pues me he decidido a hacerlo.

No contestar, porque los prejuicios no tienen más respuesta que unas manos sobre la cabeza, pero para ello se han de dar los consabidos arrepentimiento y propósito de enmienda. Simplemente comentaré algunas reflexiones personales.

Los prejuicios son, entre otras cosas, una torpeza. Suponen juzgar sin conocer, juzgar de antemano. Esa puede ser una actitud casi inconsciente que limita el crecimiento intelectual, emocional y moral. Moralmente todo prejuicio es insano en sí mismo. Coarta la evolución personal y social. Y yo asumo que tampoco estoy libre de ello. Uno trata de corregirse, pero penosamente acaba cayendo, lo reconozco.

Que un cura lleve vaqueros pitillo, bermudas, zapatillas de deporte, alzacuellos o sotana a mi, personalmente, me es absolutamente indiferente. Hay santos de todo tipo, sacerdotes que arrastran con la fuerza del Espíritu sea cual sea su indumentaria. Los hay también mediocres de buena voluntad, como ha habido monstruos parapetados tras alzacuellos. Lo lamentable y escandaloso es que sean monstruos, no el alzacuellos.

Ese tuit de inicio resulta que fue del agrado de otro sacerdote. Sin duda será un buen hombre que, a lo que parece, se piensa mejor sacerdote por usar clergyman. Una pena. Quizás lo sea, no lo sé; no le conozco. Sin embargo, por el tiempo en que se publicó el tuit, entre los hastags de #EEJ2015, me da la sensación de que yo sí conozco al de los vaqueros pitillo. Sí, prejuzgo quién es ese sacerdote, ya dije que no estoy libre… Se trata de un hermano mío a quien no solamente conozco, le quiero. Pensé haber ilustrado la entrada con imágenes suyas en alguna misión en el tercer mundo como la India u Honduras, o vistiendo el hábito de su Congregación, o rodeado en algún retiro de los cientos de jóvenes a los que arrastra, pero enseguida me he dado cuenta de que los prejuicios ni se vencen ni se combaten desde afuera. Los prejuicios solamente comienzan a desaparecer cuando uno Ama.

El de los vaqueros pitillo es un sacerdote extraordinario, con una fe robusta como la de todos sus cohermanos, un misionero ejemplar. No necesita defensa, mucho menos por mi parte que no soy digno de desatar las correas de sus sandalias (sí, es que a veces también usa sandalias).

El autor del tuit sabe que sinceramente goza de mis simpatías. No nos conocemos, pero lo sabe. No hay más.

Ojalá hubiera muchos curas jóvenes con pantalones pitillo que hagan, como éste, que tantos vuelvan a casa o la conozcan por primera vez. Ojalá hubiera muchos más curas jóvenes con alzacuellos que lleguen a los alejados. Ojalá hubiera muchos más curas y laicos humildes y santos que, sin creerse mejores que nadie, acerquen el Reino a la tierra, a los pobres y abandonados, a todos los necesitados de auxilios.


Gracias al autor del tuit esta noche me acostaré rezando por las vocaciones.

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