domingo, 13 de abril de 2014

Silencio y contemplación

No deja de impresionarme la cantidad de gente unida entorno a Cristo. Parece como si el pueblo de Dios se multiplicara. Son muchos los que ya se han ido de vacaciones y, a pesar de todo, el gentío de hoy en la Parroquia Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid para celebrar el Domingo de Ramos ha sido impresionante. #JuntosSomosMas

Comenzamos la Semana Santa con el toque alegre, campechano, que combina con maestría la sencillez con la solemnidad, tan netamente Redentorista. #MarcandoEstilo Lo comenzamos con la alegría de aquellos que saben que caminan unidos hacia la Pascua.

Reconozco que yo vivo mi fe en una Comunidad singular –como tantos otros lugares diseminados por el mundo- multigeneracional, abierta, sencilla. Una Comunidad que no pregunta, acoge en el Corazón del Redentor con los brazos de María. Acompaña, ayuda, sostiene… En Familia. Multigeneracional en los feligreses y en los religiosos. Llegar a PS, llegar a casa y cruzarse con alguno de los mayores, saludar a los jóvenes y sortear las carreras de alguno de los niños es todo uno. Y hoy estábamos todos (incluidos Lalo y Gullie, como si no se hubieran ido), con nuestros ramos alzados para la bendición, como una multitud de borricos deseando llevar a Cristo. Una real y visible sobreabundancia de Amor.


Nuestro párroco, un curtido misionero de corazón inabarcable, el Padre Nicanor Brasa CSsR, nos tiene ya acostumbrados a salirse de sí mismo en las homilías de las fiestas centrales e importantes. No es simplemente la maestría heredada de su Padre San Alfonso María de Ligorio, es su corazón que gotea a cada palabra, que late en cada frase, que inspira con cada idea. De la de hoy me quedo con estas dos palabras: “silencio y contemplación”. A nadie le sorprenderá ninguna de esas dos palabra pronunciadas por la boca de un hijo del gran maestro de la Oración y autor de las Visitas al Santísimo, pero escucharlas hoy… …en fin, que así es imposible que uno adelgace: gordo de orgullo y con el corazón inflamado (y en él estaban también mis tres niñas que lo celebraban en la Parroquia Redentorista del Alto de Miranda, en Santander).

Participar en la lectura de la Pasión no deja de imponerme. Siempre que leo en misa trato de hacerlo con serenidad, con dicción clara y voz potente para que nadie se pierda una sola coma de la Palabra; con calma y tranquilidad. Pero cada vez que leo la pasión no puedo evitar, por mucho que me esfuerce, no emocionarme en el mismo punto: “Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el Espíritu”. No puedo evitarlo. No puedo evitar sentirme Pedro y escuchar al gallo como no puedo evitar emocionarme.

Celebrar así el Domingo de Ramos, con las palabras de Nicanor y apuntalado por la fe de tantos, es la mejor manera de comenzar la Semana Santa; scalando en Familia. Por eso mismo inicio la Semana de Pasión dando gracias a Dios por ser tan afortunado. Sabiéndome afortunado, sabiéndome amado, me dispongo a acompañar a María siguiendo a Su Hijo camino de la Cruz  y con la mirada puesta en la Pascua.

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