domingo, 20 de abril de 2014

Aleluya, aleluya

Parroquia Redentorista de La Inmaculada, Santander. Sábado Santo, 23:00 h. Entrando en el templo con mi madre una de las feligresas se dirige a toda prisa a mí para ofrecerme llevar el Cirio Pascual en la procesión que dé inicio a la Vigilia, y la lectura de la Oración de los fieles. Todo un lujazo y un honor.

Procesión de entrada tras la que yo me coloqué justo debajo de la estatua de la humildad de humildades, San Gerardo Mª Mayela. Una perspectiva nueva para mi. La liturgia impecablemente cantada casi en su totalidad por el párroco, el P Victoriano González. Tras una semana de un extraordinario solazo, justo a la hora de la Vigilia comenzaba a llover, agua que purifica para dar el paso a la ceremonia del fuego que ilumina y purifica. Ha sido una ceremonia bellísima, sencillamente bellísima.

Desde la perspectiva que me daba mi ubicación en el templo, tenía bien cerca al P Marra-López, recién llegado de Granada. Hace poco más de un año celebraba en ese mismo lugar el funeral por mi padre; allí comulgué por primera vez va a hacer la friolera de 40 años; funerales de abuelos; las bodas de mis hermanas… la vida, una extensión de familia y hogar que es una muestra de la vida misma… y celebrábamos la Vida, la Resurrección, la victoria sobre la muerte, la victoria del Redentor, el regalo gratuito e inmerecido de la Redención. Casi nada. Todo.

La Vida y el transcurso natural de la Vida. Casi de reojo podía ver a mi madre que quiso acompañarme y vivir allí la Vigilia Pascual. Recordé mirándola otra celebración central de nuestra fe, una misa del Gallo cuando yo debía tener unos tres años y caí dormido. Me pareció bellísimo recordarlo. La arena del reloj de la Vida que va cayendo casi sin percatarnos. Aún no, pero casi un amoroso cambio de papeles. Y celebrábamos la Vida para todos, la de verdad, la eterna. La Resurrección de Cristo.

Y una luz que nace de dentro, un fuego que quema de dentro hacia fuera, una alegría serena pero que te hace gritarlo, contarlo y querer contagiar.

Que sí, que es verdad, que Cristo ha resucitado. Para todos. Glorifiquémosle con nuestra vida, contémoslo con nuestra vida. Contagiemos, animemos, alegremos, consolemos.


¡Feliz Pascua a todos! Que es verdad: resucitó. Aleluya, aleluya.

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