martes, 3 de diciembre de 2013

Mis motivos

Lleno de la alegría del Espíritu Santo, Jesús da gracias al Padre, nos dice el Evangelio de hoy. El propio Jesús dando gracias, alabando. ¿Cuántas veces nos paramos a dar gracias a Dios? Porque motivos para ello no nos van a faltar y si no los encontramos quizás sea porque en el centro, en el mismo centro de nuestra vida no nos tenemos más que a nosotros mismos.

Yo le doy gracias por cosas que pueden ser insignificantes para muchos:

·        Porque cada noche me acuesto junto a mi mujer diciéndole que la quiero.
·   Porque desde que empezó el Adviento las oraciones nocturnas con mis hijas se acompañan de un Villancico; esas caritas valen un mundo por el que no parar de agradecer.
·       Por cada vez que encuentro a mi madre contenta al otro lado del teléfono.
·     Por el puente del 1 de noviembre en Mérida. Por el fin de semana del 26 de abril en Granada.
·     Por un email de Faus, una llamada de David, un abrazo de Marcelo y los tuits de Bryan.
·        Por dónde y con quiénes vivimos nuestra fe en Familia. 
·        Por la Evangelii Gaudium.
·        Porque tengo trabajo.
·        Por mis amigos; porque José está estupendo, por los #microrelatos de Adviento de Santi, por el blog de Patxi.
·        Porque quizás por fin de Año pueda abrazar a Ramón en Corbán.
·   Porque en mi caso no “eran alrededor de las cuatro de la tarde” (EG 13), sino pasadas las once de la mañana de un miércoles, y lo recuerdo, aún cuando no lo haga…
·    Por las noticias que nos acerca Carlos desde Filipinas y las caras sonrientes de esos niños que son un ejemplo y una lección.
·        Por las reflexiones semanales de Víctor.
·       Por un puñado de jóvenes que muestran la alegría del Evangelio; por un puñado de ancianos que muestran el valor impagable de la perseverancia. Por San Alfonso.
·    Porque aunque quizás yo no esté, en alguna iglesia o capillita de algún lugar del mundo cada jueves habrá alguien adorándole.
·        Porque la luz no se apaga y se intensifica por contacto. Por la perseverancia.
·        Por estar aquí tecleando.
·        Porque cada mañana nos visita el sol que nace de lo alto.
·        Porque reconozco que el primer y mayor motivo para dar gracias es estar Vivo.
·      Porque cada vez que se concibe un niño y se le deja nacer el Señor ratifica su confianza en el hombre.
·   Porque ya va faltando menos para que nazca el Niño y yo estoy deseando abrazarlo.


Son mis motivos, sólo algunos de mis motivos. ¿Cuáles son los tuyos? ¿Los compartimos? ¿Caminamos juntos hacia Belén? Y si me dices que no tienes ninguno, que no encuentras ningún motivo por el que dar gracias a Dios, déjame que te hable del Chiquitín que nacerá el 24.

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