martes, 4 de junio de 2013

Pero... ¿qué es de Dios?

“A Dios, lo que es de Dios” (Marcos 12, 17) ¿Y qué es de Dios?

¿No lo es acaso todo? ¿No lo soy yo? ¿Qué darle entonces? ¿A mí mismo?

Pues no hay más de uno mismo que la propia voluntad, y siendo nosotros suyos, suya ha de ser. “Tratemos no sólo de conformarnos en todo a su santa voluntad, sino de unificarnos con ella de suerte que de dos voluntades no vengamos a formar sino una sola” (San Alfonso Mª de Ligorio). Entrega de la voluntad no como conformismo, más bien como asunción plena de su Amor. Recuerdo haber escuchado una entrevista al P Chinchamoma (sacerdote Escolapio en proceso de beatificación) en la que afirmaba “yo me moriré cuando a mí me dé la gana”, como expresión máxima de que la voluntad del Padre era la suya propia. Y si le entregamos, pero de verdad, con pleno y sincero convencimiento, como expresión de un encuentro personal con Cristo, nuestra voluntad asimilada a su Amor, hecha una con la suya ¿no será eso el inicio de una revolucionaria explosión de cambio de la faz de la tierra?

¿No estamos hechos a su imagen? Pues si así es démosle nuestro cuerpo. Entero, con todo lo que implica. Nuestros ojos para acercar su mirada misericordiosa a la Tierra; nuestros oídos para escuchar al hermano; nuestra boca para proclamar la Buena Noticia de la Redención Sobreabundante; nuestras manos para ofrecerlas y multiplicar panes y peces compartiendo; nuestros labios para mostrar la esperanza con una sonrisa; nuestros pies para andar tras los Suyos. Nuestro cuerpo para entregárselo a Él como acto sublimado del amor humano en el matrimonio o para conservarlo para Él como realidad sublimada del amor divino de los consagrados. Cuidémoslo.

¿No es suyo el tiempo? Pues a Él habremos de ofrecérselo ocupándonos en amar y de ahí procurar el bien. No una bondad meliflua, dulzona y vacía, sino una bondad liberadora y generadora de Vida a nuestro alrededor. Ocupar el tiempo procurando la Justicia, desencadenando actitudes nuevas que rompan estructuras, moldes, hábitos, usos que impidan acercar su Reino a la tierra.

¿No es suya la naturaleza y todo lo creado? Pues hagamos todo lo que esté en esas manos que le damos y en Su tiempo, que es el nuestro, el que cada uno vive en su momento, para conservarla de una manera racional. Conjugando progreso, ciencia y técnica con su defensa, y poniéndolo todo al servicio del hombre que señorea la tierra, que no será otra cosa que ponerlo al servicio del Creador.

¿No es suya la vida? Pues defendámosla desde su inicio, conservémosla dándosela a Él en los demás; en nuestra mujer, hijos, comunidad, hermanos. La nuestra y la de cualquiera, sin ocuparnos de ver ni colores, credos, sexo o procedencia, viendo solamente al propio Cristo en quien tengamos delante. Defenderla, conservarla, cuidarla es hacer todo lo que humanamente podamos para recobrar dignidades perdidas, devolver esperanzas marchitadas, liberar a los oprimidos y cautivos de sí mismos y sus circunstancias existenciales, devolver la vista a la gente con la mirada infinita hacia la eternidad. Disfrutémosla.

¿No es suya la Iglesia? Pues hagamos todo lo anterior en su seno, en donde todos cabemos.

¿Cómo hacer eso? Creo que empezando por la voluntad. “Toda nuestra perfección consiste en el amor de nuestro Dios infinitamente amable; y toda la perfección del amor divino consiste a su vez en la unión de nuestra voluntad con la suya” (San Alfonso Mª de Ligorio). Amor de nuestro Dios, amor divino… Todo se resume en el Amor, en su Amor.


¿Cómo hacer eso en el mundo? Caminando, cayendo, levantándonos, aceptando manos, mirando a los ojos, perdonando, amando… scalando en Familia. En gerundio.

1 comentario:

  1. Como siempre, hermosos comentarios y tan inspirados por el Espiritu Santo, me permito comentar:

    Para que conozca el mundo que amo a mi Padre, y que cumplo con lo que me ha mandado, levantaos y vamos (Jn 14,31) Y dijo tambien que solamente reconocera por hermanos suyos a los que cumpliesen su voluntad divina. Aquel que hiciese la voluntad de mi Padre...., este es mi hermano( Mt 12, 50)
    Pidamos al Espiritu Santo que nos ilumine para conocer y hacer la Santisima Voluntad del Padre Eterno y asi complacer a Jesus.
    Ave Maria Purisima!!!!! De Mexico par nuestra Madre Patria

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