sábado, 17 de noviembre de 2012

Jornada Familiar en PS


Un montón de niños, padres, un religioso, catequistas, merienda, fantas y una peli con coloquio. Pero era mucho más que un cine fórum. Infinitamente más.

Nosotros cuatro solamente pudimos llegar a la película, pero allí estaba el resto desde las 11:30h de la mañana, compartiendo una Jornada Familiar en PS, mi parroquia. Eucaristía, comida, juegos… en Familia, en casa.

La madre de dos de los chicos que allí estaban, foránea de Madrid como yo, andaluza, me comentaba el lujazo de parroquia que habían encontrado en PS. Y es cierto. La vida parroquial se nutre de los laicos, pero en nuestro caso se ve acompañada, impulsada, alentada y sostenida por una Comunidad Religiosa extraordinaria, y todos nutridos y unidos por el Evangelio de Cristo y el anuncio de la Sobreabundante Redención. Para vivirlo en comunidad y anunciarlo en nuestro día a día o en actividades concretas, porque la mía es una Parroquia netamente misionera.

La fe que nos sostiene y nos impele con ilusión y alegría a tratar de irradiarla. Aquí no se trata de regalar el tiempo, todo o parte, sino de compartir durante ese tiempo; porque ni siquiera el tiempo es nuestro, nuestra es la voluntad para hacer una u otra cosa en su transcurso. Ese es el quid, la decisión que tomemos en cómo empleemos el suceder de las horas. Independientemente de las circunstancias individuales transitorias o no, puedes elegir entre lamentarte perennemente o contagiar a los demás tu alegría; entre encorvarte el espinazo y el alma contemplando incesantemente tu propio ombligo o fijarte en las necesidades de los hermanos; entre ignorar o mojarte; entre guardarte para ti el tesoro de la fe o mostrarlo al mundo para que otros puedan también ser conscientes. Sostenerte en los demás y ser sostén para otros. Ahogarte en tu vida o darla para que más personas tengan eso, Vida.

Y allí estábamos. Oita del Campo (que es en sí misma un tsunami de fe que te arrastra con su sonrisa y su mirada) eligió una película extraordinaria, “Charlie y la fábrica de chocolate”, dirigiendo el coloquio con niños y mayores; sorprendentes las respuestas de esos chiquillos. Todas juntas se erigieron para mí en una gran Respuesta: sí, la formación en la Parroquia y en nuestros hogares va por algo más que el camino correcto.

Pensar en la cantidad de parroquias como la mía, en la cantidad de pequeñas comunidades cristianas repartidas por el planeta y reunidas en Su Nombre, me hace ver que la Iglesia, "mi" Iglesia, es una Iglesia plural y Viva. Sí, plurar y Viva.

Todos juntos. Scalando en Familia.

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