viernes, 16 de noviembre de 2012

Gestos necesarios


Justo cuando uno se debate entre la frialdad y la falta de empatía, entre el corazón ardiendo y el frío exterior, llega a través de una red social un cálido abrazo familiar del otro lado del charco. ¡Qué bien sienta y cuánto se agradece!

Porque hay situaciones en las que, tras acabar una intensa conversación de teléfono, cuelgas el móvil y te ves rodeado de gente andando por la calle, conocida o desconocida y sientes la necesidad de ese abrazo. Y llegó, como enviado de lo Alto, como si fuera Él que me dijera: eh, Enrique, que estoy aquí contigo. Y alguno más se ha sucedido a lo largo de la mañana.

Hay gestos que son necesarios.

He contemplado uno de esos gestos hoy mismo. Contemplar, exactamente eso, si me atengo a la primera definición que del verbo nos ofrece la RAE: poner la atención en algo material o espiritual. Ese gesto fue material y espiritual al mismo tiempo. Ha tenido lugar en misa de una, en el momento de la paz. Un anciano, extraordinariamente deteriorado físicamente, se volvió con gran dificultad hacia su mujer que estaba en silla de ruedas y, aunque no acertaron más que a rozar sus frentes, me pareció un hermosísimo beso cargado de Amor. Sentí una ternura inmensa. Y envidia; de la buena, eso sí. Envidia pensando en otro anciano. Envidia pensando en mí mismo. Me encantaría ser ese anciano acercándome enamorado a María.

Hace ya bastante tiempo, diez años largos, se pusieron en contacto conmigo unos Head Hunters, y tras un larguísimo proceso de selección dudaban entre otra persona y yo. Decidieron hacer una especie de careo. Nos reunieron a los dos y tras una extensa sesión de preguntas que había que responder sin tiempo para pensar, de repente nos encontramos con la última: “imaginaos que sois ancianos al final de vuestros días y alguien os preguntara cuál fue vuestro mayor éxito en la vida, ¿qué diríais?”. Me tocaba a mí contestar primero. En ese entorno, en ese momento concreto de mi vida, nunca sabré ni cómo ni de dónde me salieron estas palabras: “Haber sido capaz de decirle SÍ a Cristo”. Caras inexpresivas y silencio sepulcral sólo roto por la profesional respuesta del otro candidato, bien seguro de sí mismo, cuando quedó claro que yo no tenía nada más que añadir y además había sentenciado mi descarte. Me cogieron a mí.

Pasaron cosas, me pasaron cosas. Y cuando decidí decírselo me presentó el regalo de hacerlo en la persona de María, mi mujer.

El gesto de ese señor me ha recordado aquel momento; como me ha enseñado que hay gestos que son necesarios. Con tu mujer, con tus hijas, con un amigo, con un desconocido, con quien sea. Porque hay gestos que van tan cargados del Amor de Dios que lo muestran.

6 comentarios:

  1. Precioso, Enrique. Me dejas sin palabras.

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  2. Bello hermano mio... emotivo verdad que felicito a ti en la gracia de Dios por eese amor en tu familia esposa e hijas que Dios y la Virgen Maria te permitan crecer en cristo.

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  3. lindo, y ese gesto también a nuestros seres queridos la familia que no lo hacemos por orgullo y atenido que siempre estarán con nosotros y cuando se acercan las enfermedades graves y la ancianidad, llegamos a la realidad que esa es la verdadera realidad que no somos eternos y los redcuerdos y buenos actos de amor y misericordia si seran eternos, gracias Hno.[or compartir sendo mensaje

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