Scala News

martes, 20 de marzo de 2012

Mane y Mariela: renovación de Votos


Menudo día del padre intenso. Intenso de verdad. El despertar con las caritas de emoción de dos jovencitas de cinco y siete años – Paula y Toya- con los regalos hechos en el colegio para su padre, para mí. Unos ojos inyectados de emoción, de felicidad, de alegría; ávidos por comerse el mundo a bocados de inocencia. Dos sonrisas abiertas a la esperanza y cuatro brazos para acoger el Amor.

Eso tuvo lugar esta mañana en mi casa, y con algo muy parecido, la misma expresión en los ojos, similares sonrisas e idénticos brazos me he encontrado esta tarde en la Casa Dolores Sopeña de Madrid. Las edades tampoco eran las mismas, ni los nombres. Éstas últimas, Mane y Mariela renovaban sus votos como religiosas del Instituto Catequista Dolores Sopeña. ¡Y yo estaba ahí! Que sí, que yo he sido testigo.

No sólo testigo, es que la propia Mariela me dijo que leyera la Primera Lectura. Buffffffffff ¿Yo?. A ver, pero ¿he entendido  bien? Pues sí, que he entendido bien. Si ya era un honor que Mane me invitara, esto fue un lujazo inmerecido se mire como se mire. A mi, leer en misa me impone, me infunde un respeto especial, porque lo que se lee es la Palabra. Y yo quise que esa Primera Lectura fuera no sólo para los que allí estábamos, sino explícitamente dirigida a ellas. Siempre procuro hacerlo con claridad suficiente, saboreando cada palabra, para que todo el mundo pueda escucharla sin problemas, pero hoy traté de hacerlo con un cuidado especial y con un cariño directo por ellas dos. No suelo levantar mucho la mirada del Libro por mis problemas con la vista, pero hoy sí quise hacerlo, como intentando que además sintieran la cercanía de mi corazón. No había riesgo de perder el hilo, porque simplemente estábamos en familia. Y en familia todo sucede con naturalidad.

La homilía del P Manuel Cabello CSsR fue simplemente imponente (qué voy a decir yo de un Redentorista), pero es que es cierto que su cercanía alcanza a todos, seamos o no parte de esa Familia. Y además Damián a la guitarra, llenándolo todo con el regalo de su voz. Bueno, llenando lo que quedaba libre, porque lo que realmente inundaba todo era la felicidad y generosidad de estas dos mujeres que una vez más le dicen SÍ a Cristo, “al estilo Sopeña”. Dos chicas que son un auténtico ejemplo para todos los jóvenes que necesiten resolver dudas y despejar miedos, porque son una muestra de que la entrega es una recompensa en sí misma.

Pero había otra jovencita que tampoco cabía en sí; la delataban sus ojos, su sonrisa. Sí Beni ¡pero qué contenta estabas! Y no es para menos.

Un delicioso final del día del padre entre muchas caras conocidas, con la anécdota ya recurrente de que la mayor de las hermanas creyera que yo era cura: hermana, sí soy padre, pero de dos niñas pequeñas. Además, pude conocer a un individuo con quien comparto conocidos comunes, Javier Montes SJ.

Todo perfecto, porque incluso la preocupación que me produjo no ver a un amigo con quien había quedado, el dolor de la causa, se tornó en motivo de compartir la propia vida en familia cuando escuché en alto la petición de Mane por su padre y por él mismo.

Mi enhorabuena a vosotras dos, mi enhorabuena al Instituto, mi enhorabuena a la Iglesia. El sábado anterior, durante la Profesión Perpetua de dos queridísimos amigos como misioneros de la Congregación del Santísimo Redentor sentía que San Alfonso estaría pensando “esos son mis chicos”. Pues estoy convencido de que esta tarde Dolores, con un cariñoso codazo, le habrá dicho: “Alfonso ves, esas son las mías”.

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