viernes, 21 de marzo de 2014

Un hombre íntegro

Se ha muerto a consecuencia del cáncer, como tantos otros fallecen cada día por esa enfermedad. Eso no le hace especial. Se ha muerto en paz y con fe. Me alegro por ello, porque es además un ejemplo; como tantas otras personas mueren de lo mismo, en paz y con fe.

Lo que, siempre desde mi personal punto de vista, sí le hace especial, sí que hacía especial a Iñaki Azkuna es que era una persona íntegra, lo que le hacía ser un político íntegro. No hablo de política, ni de ideología, ni de colores. Cada día fallecen personas muy distintas y a todos les alcanza la sobreabundante Redención. No es eso. Es la honestidad, la integridad más allá precisamente de la propia política lo que hacía enorme a este hombre. Cuando nos vemos inmersos en una cultura de mínimos, en una sociedad light en la que pensar diferente es casi una aberración, donde hablar de la vida en una Universidad es motivo de escarnio, la actitud vital, la trayectoria personal del Alcalde de Bilbao se yergue como un faro de luz en una profesión necesitada como nunca de claridad. Que fuera nacionalista vasco, leal a España y a la Corona es la expresión patente de que cualquier persona puede mantener su integridad, coherencia y conciencia limpia en cualquier entorno. Si abundaran los políticos, de cualquier ideología, con tal carta de presentación muy posiblemente las cosas fueran diferentes en esta España nuestra. Íntegro, coherente y admirador de otro bilbaíno, Don Miguel de Unamuno, ahí es nada.

Pero es que, oh casualidad, Azkuna era un hombre de fe: “Cristo salió a buscarme, me encontró y me llamó. Y desde entonces ni Él me ha dejado a mi, ni yo a Él”.

Pues eso, que es una pena. Personalidades así escasean y ya hay una menos. Una pena y una alegría porque no es el mejor Alcalde del mundo, es simplemente Iñaki quien ya se ha encontrado cara a cara con su Redentor. Que descanse en Paz.

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